La Resolución de la Joven Ama
Capítulo 13: La Resolución de la Joven Ama
El sol ya se había ocultado para el momento que terminó la reunión. Regresé a mi habitación. Estaba amueblada apenas con lo esencial, y mi equipaje estaba esparcido por ella. Si bien reconocía la necesidad de ordenar, no sentía la motivación para hacerlo. En cambio, me senté en mi cama. Mi cuerpo se hundió en la dura manta. Parecía estar más exhausto de lo que pensaba.
“Fiu…”
No es como si hoy hubiese hecho algo particularmente agotador. Aun así, la fatiga se aferró rápidamente a mi cuerpo. ¿Tal vez esto era lo que las personas llamaban cansancio mental? No, no era eso. Era solo que había recibido una gran conmoción.
Sauros, Phillip e Hilda… yo nunca había tenido una conversación particularmente íntima con ninguno de ellos. Aun así, cuando cerraba mis ojos, recordaba haber salido en un largo paseo junto a Sauros, inspeccionando las cosechas de la región mientras él me preguntaba cómo le estaba yendo a Eris. Recordaba a Phillip con esa horrible sonrisa en su rostro mientras me proponía que juntos tomáramos el control de la familia Boreas. Recordaba cómo Hilda me rogó para que me casara con su hija y formara parte de su familia.
Ahora todos ellos estaban muertos. Ni siquiera quedó su casa. Esa enorme mansión, a través de la cual sus voces hicieron eco, ya no existía. La sala de recepción donde Eris y yo habíamos bailado, la torre donde el viejo tenía sus encuentros, la librería llena de documentos relacionados a la región… todo había desaparecido.
Y tampoco fue solo la mansión. La Aldea Buena también había desaparecido; aunque no es como si lo hubiera visto con mis propios ojos. El árbol en nuestro jardín que Zenith había querido tanto, el que fue partido en dos por un rayo cuando Roxy me estaba enseñando magia de agua de nivel Santo, y el gran árbol bajo el cual Sylphie y yo habíamos jugado… todos ellos también habían desaparecido.
Esperen… ¿por qué lo único que se me venía a la mente eran árboles cuando trataba de recordar la Aldea Buena? Bueno, como sea. Ahora todos habían desaparecido. Había entendido eso de forma lógica después de que Paul me lo contó, pero verlo en persona era algo mucho más impactante de lo que pensé que sería.
“Fiu…”
Justo mientras dejaba salir otro suspiro, un golpe sonoro resonó en mi puerta.
“Pase.” Le di permiso de entrar.
Era Eris. “Buenas noches, Rudeus.”
“Eris, ¿ya estás bien?”
“Estoy bien,” dijo ella mientras se acercaba hasta pararse delante de mí, adoptando su pose usual. Ella no se veía para nada deprimida. Era tan impresionante como siempre. Su familia había desaparecido por completo, lo que evidenciaba la diferencia de fortaleza a su favor. De hecho, ella usualmente ni siquiera golpearía, solo abriría de golpe la puerta con su pie. Tal vez sí estaba deprimida.
“Bueno, supuse que las cosas terminarían así.”
“Oh, ¿en serio…?”
Eris hablaba como si no le importara en lo absoluto. Como ella había dicho antes, parecía ser que se había preparado para esto. Específicamente, para la posibilidad de que su familia estuviera muerta. Yo no podía ni pensar en hacer lo mismo. Incluso ahora, sin saber dónde estaba Zenith, yo tenía que creer que estaba viva. Era mucho más probable que ella estuviera muerta, y entendía eso intelectualmente, pero no tenía la fuerza para aceptarlo.
“Eris, ¿qué vas a hacer después de esto?”
“¿A qué te refieres?”
“Eh, escuchaste las cosas que dijo Alphonse-san, ¿cierto?”
“Sí. Pero ¿a quién le importa todo eso?”
“¿A quién le importa…?” repetí.
Eris estaba mirando directamente hacia mí. De pronto me di cuenta —a pesar de que un poco tarde— de que su atuendo era diferente. Ella estaba usando la ropa interior negra de una pieza que no había usado desde que la compró en Millishion. Combinaba tan bien con su cabello rojo que casi se veía como un vestido. Podía ver sus pechos sobresaliendo a través de su delgado material.
¿Eh? ¿Entonces ella no está usando un sostén? Al hacer una inspección más detallada, comprendí que su cabello estaba un poco mojado. También podía oler el aroma a jabón, algo que solo notaba después de que ella se bañaba. Y eso no era todo. Normalmente, Eris no desprendía un olor en particular, pero ahora estaba percibiendo una fragancia suave y dulce. ¿Era perfume?
“Rudeus, ahora estoy sola.”
Sola —eso era cierto. Ella no tenía familia. Ella tenía hermanos relacionados por sangre, pero ellos no eran su familia.
“Y además de eso, recientemente cumplí quince años.”
En el momento que la escuché decir quince, entré en pánico. ¿Cuándo? ¿Cuándo había sido su cumpleaños? El mío fue hace solo alrededor de dos meses, lo cual significaba que el suyo debe haber sido cerca de un mes antes. Ni siquiera me di cuenta.
“Eh, siento no haberlo recordado.”
¿Cuál día había sido su cumpleaños? Ni siquiera podía recordarla dando una pista al respecto. Había pensado que Eris armaría un gran alboroto por cumplir quince. ¿Realmente no hubo nada? ¿No hubo ningún día en el que ella dijera algo para indicar que era su cumpleaños?
“Puede que no lo hayas notado, pero fue el día que Ruijerd me dijo que era una adulta.”
“Aah.” Así que fue ese día. Ahora todo tenía sentido.
Esto apesta. De verdad no me di cuenta, pensé.
“Eeeh, ¿debería regalarte algo? ¿Hay algo que quieras?”
“Sí, hay algo que quiero,” dijo ella.
“¿Qué cosa?”
“Una familia.”
Me quedé sin palabras cuando ella dijo eso. Tal cosa no era algo que podía darle. No podía revivir a las personas.
“Rudeus, conviértete en mi familia.”
“¿Eh?” Cuando de pronto miré hacia ella, a pesar de lo oscura que estaba la habitación, pude notar que Eris estaba sonrojada. Acaso esto… bueno, ya saben… ¿era una propuesta de matrimonio? “¿Te refieres como hermano y hermana?”
“No me importa cómo quieras llamarlo.” Ella estaba completamente roja hasta sus orejas, pero aun así no apartó su mirada de mí. “A-así que, básicamente, lo que estoy diciendo es… um… pasemos la noche juntos.”
¡No tenía ni la menor idea de lo que ella estaba hablando, créanme!
Solo cálmate y reflexionemos acerca del significado de sus palabras, me dije a mí mismo. Podía suponer, basado en su propuesta para dormir juntos, que ella también estaba muy conmocionada por lo que había pasado. Ella probablemente quería estar conmigo para sanar las heridas en su corazón.
Una familia. O en este caso, ¿supongo que una familia sustituta?
Pero…
“Hoy me siento algo solo, así que podría terminar haciéndote algo pervertido.”
Para ser honesto, no confiaba en mí mismo. Es decir, no tenía la confianza de poder meterme a la cama con ella, sentir el calor de su cuerpo, y todavía ser capaz de contenerme. Incluso Eris debería entender eso. Pero…
“H-hoy puedes hacerlo.”
“Ya te lo dije antes, no va a ser solo un poco si lo hago,” le advertí.
“Lo recuerdo. Y yo estoy diciendo que puedes hacerlo conmigo.”
Después de escuchar su respuesta, miré fijamente el rostro de Eris. ¿Qué diablos estás diciendo? me descubrí pensando. Es decir, vamos. Después de escuchar eso, ahora mi pequeño estaba aplaudiendo de pie.
“¿P-por qué de pronto estás diciendo todo esto?” pregunté.
“Te prometí que lo haríamos cuando yo cumpliera quince, ¿no?”
“Era cuando yo cumpliera quince.”
“No me importa como sea,” dijo ella.
“A mí sí.”
Esto era extraño. Algo estaba pasando. Vamos, piensa, ¿qué era lo extraño? ¡Ah, lo tengo! En otras palabras, Eris se sentía devastada. Así que ella tal vez estaba siendo autodestructiva. Había visto escenas como esta varias veces en los juegos eróticos. Las personas se consolaban unas a otras cuando perdían a alguien. Y por consolar, me refiero a unir sus cuerpos físicamente. Bien, sip, lo entiendo.
Aun así, ¿qué decía eso de mí si ponía mis manos sobre ella en esta clase de situación? Era casi como si me estuviera aprovechando de ella cuando estaba débil. Por supuesto, yo quería hacerlo, ¿bien? La peor parte de mí estaba regocijándose: ¡vamos a perder nuestra virginidad!
Pero ¿eso no era algo que debería hacer bajo circunstancias más normales? Ambos estábamos sufriendo, y si nos dejábamos atrapar por el momento, lo lamentaríamos más tarde, estaba seguro.
Aah, pero podría no tener otra oportunidad de recibir su permiso de esta forma. Si ella de pronto decidía irse y estar con Pilemon, nuestra promesa terminaría arrojada por la ventana.
No, olviden eso. Yo de verdad no quería que Eris me fuera robada por alguien más. Quería hacerlo. En serio. Pero tenía la sensación de que no debíamos.
En el pasado me había burlado de todos los protagonistas indecisos de historias de harem. Los había llamado cobardes que no podían reunir el coraje cuando era necesario. Y ahora que era mi turno de estar en la misma situación, yo era quien estaba vacilando.
¿Qué se suponía que hiciera? Sin importar lo que decidiera, sentía que lo lamentaría más adelante. Solo lo dejaría de lamentar dos años en el futuro cuando, en mi decimoquinto cumpleaños, Eris se regalaría a sí misma con cinta alrededor de su cuerpo. “Toma tu regalo. Ya que podría golpearte por accidente, también até mis manos. Siéntete libre de hacerme lo que quieras,” diría ella mientras se sentaba en mi cama.
Aah, no. Esperen. Recientemente casi había muerto. Durante lo que pensé que serían mis momentos finales, había estado lleno de arrepentimientos. Aún había cosas que quería hacer, y no había garantías de que algo similar no pasaría durante los dos años que quedaban hasta mi decimoquinto cumpleaños. No era como si pudiera escapar de las garras de la muerte por siempre. ¿Quizá debía deshacerme de mi virginidad ahora mismo, antes de que cualquier problema similar aparezca en el futuro?
No, pero… esperen un segundo…
“¡Cielos!”
Eris debe haber estado frustrada por mi indecisión. Ella se aclaró la garganta y después suavemente se subió sobre mi regazo. Eris se posicionó de lado para poder envolver mi cuello con sus brazos, regalándome la vista de sus tonificados pechos y hermoso rostro. Ella abrió su boca como si fuera a hablar, pero entonces se dio cuenta de que algo estaba presionándose contra su muslo. Su rostro se puso todavía más rojo. “¿Qué diablos es eso…?”
“Es porque eres muy linda.”
Eris apenas susurró en respuesta, y puso sus muslos contra la cabeza de mi pequeño. Era una sensación suave y placentera. Mi pequeño estaba muy feliz, y su padre (yo) se estaba quedando sin aliento.
“¿Esto significa que ahora mismo estás excitado?” preguntó ella.
“Sí.”
“Entonces no te desagrado, ¿verdad?”
“Nop.”
“¿Estás preocupado sobre mi abuelo y mi padre?”
“Sí.”
“Rudeus, me has estado mirando de forma obscena todo este tiempo.”
“Sí.”
“Pero ¿aun así vas a rechazarme?”
“… Sí.” Asentí finalmente.
Mi mirada estaba fija en la base de su cuello, su pecho. Ella ya había conquistado mi cuerpo con sus suaves muslos, la sensación de su pecho presionado contra mí, y su esencia, la cual llenaba mis pulmones mientras inhalaba. Yo era como un perro sacudiendo su cola. Pero reuní la última pizca de razón que quedaba dentro de mí y dije, “Una promesa es una promesa, ¿no? Dijimos que esperaríamos hasta que yo tuviera quince.”
En el momento, francamente hablando, esa promesa no significaba mucho para mí. Ni siquiera estaba completamente seguro de por qué me estaba conteniendo.
En respuesta a mis palabras, Eris solo sopló. Su aliento acarició mi mejilla.
“Oye, Rudeus. Mi madre me enseñó esto, pero ya que es vergonzoso y se me prohibió usarlo, solo voy a decirlo una vez,” dijo ella, inhalando profundamente. Eris acercó su rostro a mi oído.
Entonces se escucharon algunas palabras, en un tono tan suave y dulce que parecía que un sello prohibido había sido roto. “Rudeus, quiero ser tu pequeña gatita. Miau~”

Aquellas palabras atravesaron por completo mi oído y se infiltraron en mi estúpido cerebro, derrotando a los últimos remanentes de razón que estaban evitando que me diera por vencido. Eris era una perra. Una perra salvaje, incluso aunque su última palabra fue miau. En respuesta a esas palabras, yo también me convertí en una bestia. Una criatura de instinto, una que tendió a Eris sobre la cama.
Esa noche, Eris y yo ascendimos juntos los escalones hacia la adultez. Durante ese tiempo, me olvidé de todos los otros asuntos complicados que nos preocupaban. Todo lo que podía pensar era lo mucho que quería estar con Eris. No lo dije de esa forma, pero creo que la amaba. Quería protegerla por siempre. No me importaban las circunstancias.
El propio Paul lo había dicho, ¿no? ¿A quién le importan los deberes de un noble? No necesitaba preocuparme por ese tipo de cosas. Haría lo que fuera para ayudarla. Ya que estábamos en eso, tres niños estarían bien, pero estaba seguro de que tendríamos más.
Yo estaba eufórico. Nunca cruzó por mi mente preguntarme qué podría estar pensando Eris.
Eris
Mi nombre es Eris Boreas Greyrat.
Ese día, me convertí en una adulta. Rudeus me dio el regalo que quería en mi decimoquinto cumpleaños. Fue un poco diferente a lo que habíamos prometido, pero nos unimos de todas formas.
Yo amaba a Rudeus. ¿Cuándo fue la primera vez que me di cuenta de mis sentimientos? Es verdad —fue durante su décimo cumpleaños. Yo estaba durmiendo cuando mi madre de pronto me sacudió para despertarme, me vistió con ropa de noche rojo brillante, y con una expresión seria en su rostro, me dijo, “Ve a la cama de Rudeus y entrégale tu cuerpo.”
Yo no estaba contra el sexo, pero estuve confundida. Mi madre y Edna me lo habían explicado y se aseguraron de que yo entendiera que algún día pasaría. Aun así, yo no estaba preparada para ello en ese entonces. Había pensado que sería mucho más adelante en el futuro.
Rudeus, sin considerar mi ansiedad, tocó mi cuerpo de todas formas. Él y mi padre se habían quedado hablando juntos hasta tarde, así que tal vez ya sabía acerca de esto. Mientras consideraba eso, otro pensamiento apareció en mi cabeza.
Quizás él en realidad no me ama.
Tal vez él solo lo estaba haciendo porque mi padre se lo ordenó. Incluso en ese entonces, Rudeus era una persona impresionante. Él lo sabía todo y podía hacer de todo, pero eso no entorpecía su deseo de seguir aprendiendo. Él siempre seguía hacia adelante.
Yo estaba segura de que él era de mi gusto. Aun así, mientras su respiración se agitaba, no me pareció que se preocupara por mis sentimientos. Yo solo era una recompensa dada por mi padre. Cuando me di cuenta de que ya no estaba bien con eso, lo aparté y salí corriendo. Regresé a mi cuarto, pero entonces me asusté. Quizá había hecho algo que nunca podría enmendar. Quizá había desperdiciado mi última oportunidad. Mi madre me dijo que nadie más que Rudeus me tendría, y yo estaba segura de que ella tenía razón. Me había reunido varias veces con niños de otras familias nobles, pero ninguno de ellos tenía tanta resistencia como Rudeus.
Rudeus había estado interesado en mi cuerpo desde que nos conocimos. Él había tratado de levantar mi falda, sacarme las bragas, y sobar mis pechos. Cada vez, yo lo había golpeado para apartarlo. Cuando todavía iba a la escuela, yo golpearía a los chicos que se burlaban de mí, y ellos nunca más volverían a ser arrogantes frente a mí. Eso no funcionó con Rudeus. De verdad sentí con cada fibra de mi ser que, cuando mi madre me dijo que Rudeus era el indicado, ella tenía razón. Si él me odiaba, creía que pasaría toda mi vida sola.
¿A quién le importa si solo soy una recompensa? pensé. Al menos podemos estar juntos. Así que regresé a su habitación.
Pero cuando Rudeus me vio, él se arrodilló y se postró como una rana. Se disculpó, diciendo que él había tenido la culpa. En respuesta, yo solo lo miré y le dije que esperara cinco años más. En ese entonces, pensé que eso sería suficiente. Rudeus era lo suficientemente adulto para esperar por mí.
En ese momento fue cuando comencé a enamorarme de él.
Sin embargo, las cosas pronto cambiaron. Fuimos teletransportados a quién sabe dónde, y, cuando despertamos, había un Superd frente a nosotros. Pensé que estaba siendo castigada. Castigada por siempre hacer lo que quería. Cada vez que yo estaba siendo egoísta, mi madre me advertía que un Superd vendría a comerme. Creí que sería devorada por el demonio que había aparecido ante nosotros. Debí haber permitido que Rudeus me hiciera lo que quisiera, pensé. Podíamos guardar el sexo serio para cuando tuviéramos quince. Simplemente debí haberlo soportado y darle mi permiso esa noche, hasta que él estuviera satisfecho.
Perdí la calma y me acobardé en el suelo. Y la persona que vino a mi rescate no fue ni mi abuelo ni Ghislaine —fue Rudeus. Rudeus llegó a un acuerdo con el Superd. Incluso aunque él mismo debió haber estado abrumado por la ansiedad, incluso aunque yo era mayor que él, Rudeus me tranquilizó. Debió haberle tomado mucho coraje hacer eso. Me enamoré aún más de él.
Después de eso, incluso mientras su rostro palidecía, él lidió con los demonios. Rudeus no comía mucho. Ocultó el hecho de que no se estaba sintiendo bien físicamente. Yo estaba segura de que él estaba guardándose su sufrimiento porque no quería preocuparme, así que también decidí contenerme un poco. Reprimí la urgencia de gritar y golpear a las personas, y en cambio dejé que Rudeus manejara las cosas. Intenté actuar igual que siempre, pero hubo ocasiones en donde simplemente no pude contenerlo —cuando la ansiedad se acumulaba muy en lo profundo de mí hasta desbordarse.
Pero Rudeus no se enojó. Él permaneció a mi lado. No hubo palabras hirientes —él solo acarició mi cabeza, envolvió sus brazos alrededor de mis hombros, y me consoló. Durante aquellas ocasiones, él nunca cruzó algún límite. Rudeus normalmente bromeaba sobre sentirse atraído por mí, pero durante aquellas ocasiones, él nunca me tocó más de lo necesario. Tal vez estaba tratando de aliviar mi ansiedad. Él estaba pensando en mí, no solo en sí mismo.
Yo quería volverme más fuerte. Al menos lo suficientemente fuerte como para no ser una carga para él. La única cosa que podía hacer mejor que Rudeus era blandir mi espada, e incluso en ese aspecto, no podía compararme a nuestro compañero, Ruijerd. Y si bien yo podría tener alguna oportunidad en una lucha con espadas, no podía vencer a Rudeus cuando él usaba magia.
A pesar de todo eso, Rudeus me dejó obtener experiencia al luchar junto a ellos. Yo estaba segura de que el grupo habría estado mejor matando a los monstruos y viajando si solo hubiesen sido ellos dos. La idea me daba ganas de llorar. Me preocupaba que Rudeus pudiera darse cuenta de que yo los estaba retrasando, y pudiera odiarme. Me preocupaba que él me dejara atrás, así que me esforcé desesperadamente para ser más fuerte.
Le pedí a Ruijerd que me entrenara. Él me derribó numerosas veces. Cada vez, Ruijerd me preguntaría, “¿Lo entiendes?” Y cada vez yo recordaría las palabras de Ghislaine y asentiría. Racionalidad —es verdad, racionalidad. Había una cierta racionalidad en la forma que se movía un experto. Cuando entrenabas con alguien más fuerte que tú, la primera cosa por hacer era observarlo.
Ruijerd era fuerte. Muy probablemente más fuerte que Ghislaine. Y, por lo tanto, yo observé. Observé sus movimientos atentamente y los imité cuando me era posible. Ruijerd me ayudó en mi misión de ser más fuerte. En medio de la noche, después de que Rudeus finalmente se quedaba dormido, exhausto, Ruijerd entrenaría conmigo sin nunca quejarse al respecto. Por supuesto, él todavía me dejaba tendida en el suelo cada vez. Tal vez a él le era difícil derribarme de la forma en la que lo hacía, dado que amaba a los niños, pero llegué a sentir la confianza para llamarlo Maestro.
Pasó un año desde el comienzo de nuestro viaje. Pensé que me había vuelto más fuerte. Era diferente del entendimiento que había creído que debía llegar, cuando me habían recalcado lo de ¡Racionalidad, racionalidad! repetido por Ghislaine. A través de mi entrenamiento con Ruijerd, finalmente entendí el verdadero significado de la palabra. Anteriormente, no había visto ningún problema con mis torpes movimientos en batalla, pero ahora entendía que cada movimiento tenía un propósito.
Entonces, un día, logré derrotar a Ruijerd. En retrospectiva, él parecía haber estado distraído por algo. Aun así, no me importaba que una distracción hubiera creado la abertura. Finalmente había conectado un golpe en él. Ahora ya no sería una carga. Podría caminar a un lado de Rudeus.
Sí, de seguro se me fue a la cabeza.
Rudeus fácilmente desinfló mi hinchada cabeza. Él de un momento a otro adquirió un ojo demoniaco y no tuvo problemas usándolo para contrarrestar mis movimientos. Perdí contra él en un combate de práctica físico, sin nada de magia. Terminé desconcertada. Era trampa, pensé —algo injusto. De un solo salto, él me había superado en un camino que yo había recorrido por años.
Yo había vuelto a ser una carga como siempre.
Lloré en secreto. Temprano en la mañana fui a la playa y lloré mientras balanceaba mi espada. Ruijerd me dijo que no le diera mucha importancia. Fue solo que Rudeus era muy compatible con el ojo demoniaco que había adquirido. Él me dijo que, si entrenaba, yo me volvería más fuerte. Que yo tenía talento, y que no debía darme por vencida.
¿Qué talento? Todo lo que hicieron Ghislaine y Ruijerd fue mentirme. En ese entonces, Rudeus se veía inalcanzable para mí. Él brillaba tan intensamente que ni siquiera podía mirarlo directamente. Lo había puesto en un pedestal. Quería alcanzarlo, pero en algún momento me había dado por vencida, pensando que era inútil.
Eso cambió después de que cruzamos hacia el Continente de Millis. En ese momento fue cuando conocí a Gyes y descubrí que había técnicas de combate que se podían usar además de las técnicas de espada y la magia. Quise tratar de aprenderlas, pero él se rehusó. En ese entonces, me pregunté por qué. No podía aceptarlo.
Después sucedieron los eventos en Millishion. Quería probar que podía hacer las cosas sola, así que fui a matar a las más débiles de las criaturas —los goblins. Fue en ese momento que vi un destello de mi propio talento. Luché contra esos extraños asesinos, y los abrumé. En algún punto, había comenzado a crecer.
Pero cuando regresé a la posada, Rudeus estaba devastado. Cuando pedí los detalles, descubrí que Paul estaba en la ciudad, y que él y Rudeus habían peleado. Incluso aunque Rudeus no estaba llorando, cuando vi lo profunda que era su depresión, finalmente recordé que él era dos años menor que yo. Aun así, a pesar de su edad, Rudeus se había convertido en el tutor de alguien tan egoísta como yo. Él había tenido que celebrar su décimo cumpleaños lejos de su familia, y fue forzado a viajar a través del Continente Demoniaco mientras cargaba un estorbo como yo. Después su padre lo había dejado de lado.
Yo por ningún motivo podría perdonar eso. Como alguien cuyo nombre estaba dentro de la nobleza de Asura, había prometido que iba a matar a Paul Greyrat. Había escuchado sobre la fuerza de Paul de la boca de mi propio padre. Él era un espadachín genio que había alcanzado el rango Avanzado en el Estilo del Dios de la Espada, el Estilo del Dios del Agua, y el Estilo del Dios del Norte. Él también era el padre de Rudeus. Aun así, no tenía duda de que podía ganar. Ghislaine me había enseñado esgrima, pero Ruijerd me había enseñado tácticas de combate. Si combinaba las dos, no había forma de que pudiera perder contra ese bruto.
Sin embargo, Ruijerd me detuvo. Cuando pregunté la razón, él me dijo que esta era una pelea entre padre e hijo. Sabía que Ruijerd lamentaba lo que pasó con su propio hijo, así que decidí hacerle caso.
Al final, Rudeus y Paul hicieron las paces. Fue tal como Ruijerd había dicho. Pero lo diré una vez más: no podía aceptarlo. No podía entender por qué Rudeus había perdonado a su padre. Yo nunca podría haber perdonado a una persona así. Rudeus no dijo mucho al respecto, y Ruijerd tampoco me lo diría. Ambos eran adultos.
Desde ahí, cruzamos hacia el Continente Central. En ese momento fue cuando Rudeus comenzó a comer mucho más, tal vez porque había recobrado su espíritu. Como siempre, él era increíble. En un solo día, él había logrado hacerse amigo del Tercer Príncipe del Reino de Shirone y salvado a su familia.
En cuanto a mí, lo único que pude hacer fue armar un alboroto junto a Ruijerd. Al final sí logramos ayudar a Rudeus, pero lo hicimos sin la intención de hacerlo. Después, Rudeus dijo cosas como, “Yo no hice nada,” y, “Ustedes me ayudaron bastante,” pero a juzgar por lo que pasó, él pudo haberlo resuelto por sí solo.
Rudeus era impresionante. Demasiado. Y se hizo incluso más impresionante el día que nos encontramos con el Dios Dragón. Durante el enfrentamiento con Orsted, Ruijerd y yo estábamos aterrados por lo que creímos que era la personificación del miedo de pie ante nosotros. Solo Rudeus no fue afectado por ello.
Él había logrado herir a Orsted —un oponente al cual Ruijerd no había podido ni tocar. Mis ojos no pudieron seguir la magia que él liberó en ese momento. Cuando Rudeus se ponía realmente serio en batalla, él era increíble. Rudeus de verdad pudo defenderse del hombre considerado como el más fuerte del mundo, el Dios Dragón.
Pero justo cuando pensé eso, Rudeus fue herido de forma fatal y quedó agonizando. Hasta entonces, había pensado que la muerte era algo irrelevante para nosotros. Rudeus era fuerte. No había forma de que pudiera morir, y siempre y cuando lo tuviera protegiéndome, yo tampoco moriría. También teníamos a Ruijerd con nosotros, así que estaríamos a salvo. Eso es lo que había pensado.
Pero estaba equivocada.
Si esa chica acompañando al Dios Dragón no hubiese hablado a su favor, o si el Dios Dragón no hubiese sido capaz de utilizar magia de sanación, Rudeus habría muerto en ese mismo instante. Estaba aterrada. Ese incidente renovó mis miedos de ser una carga.
Ahora, Rudeus era casi un dios para mí. Incluso aunque casi había sido asesinado, él estaba completamente indiferente al respecto. Solo tres días después de que casi había muerto, él estaba anticipando un futuro encuentro con el Dios Dragón y practicando una nueva magia en preparación para ello. No podía comprenderlo. No podía, y estaba asustada, así que solo me quedé a su lado. Sentía que, si no estaba junto a él, desaparecería y me dejaría atrás.
Entonces nos despedimos de Ruijerd. Ruijerd dijo que derrotar al Dios Dragón era imposible, pero justo al final, él me enseñó algo. Él me recordó la técnica que el Dios Dragón había usado. En mi mente estaba grabada la forma en la que había desviado mi ataque.
Había un método para lograrlo. El Dios Dragón no era un monstruo sin nombre. Él era un maestro, pero estaba usando técnicas conocidas por los hombres.
Finalmente, llegamos a casa y descubrí que no quedaba nada. Mi padre, mi abuelo, y mi madre estaban muertos. Estaba devastada. Después de todo lo que había sufrido para regresar aquí, mi casa y mi familia habían desaparecido. Ghislaine y Alphonse estaban ahí, pero se sentían distantes y formales, como si fueran personas diferentes.
Todo lo que me quedaba era Rudeus, y quería que nos convirtiéramos en familia. Estaba impaciente. Su contrato como mi tutor había sido de cinco años, y ya habíamos pasado esa fecha hace mucho tiempo. Él había terminado su deber de escoltarme a casa. No todos los integrantes de su familia habían sido encontrados. Estaba segura de que él partiría de nuevo inmediatamente, y me dejaría atrás. Lo sentía.
Usé mi cuerpo para mantenerlo aquí. Él al principio vaciló, y me preocupé de que no me aceptara. Rudeus siempre había estado interesado en mi ropa interior, pero nunca me había espiado cuando me estaba bañando. Incluso dentro del barco viajando hacia el Continente de Millis, cuando él había tenido numerosas oportunidades para tocarme, no lo hizo. Tal vez no estaba interesado en mi cuerpo. Yo pasaba todo mi tiempo practicando con la espada, y carecía de la feminidad que tenían otras chicas. Me preguntaba si tal vez, a pesar de lo pervertido que era, él en realidad no quería tener sexo con alguien como yo.
Aunque ese no era el caso. Rudeus estaba excitado por mí, y verlo así también me excitó.
Así que unimos nuestros cuerpos. Nunca antes lo había hecho, así que al principio fue extraño, pero gradualmente comenzó a sentirse bien. En comparación, Rudeus parecía estar disfrutándolo desde el comienzo. Y, aun así, él a mitad de camino se debilitó, como si se fuera a romper. En ese momento fue cuando comprendí, una vez más, que Rudeus era menor que yo. Él era bastante robusto ahí abajo, pero era más bajo que yo y con una complexión un poco menos fornida.
Él era bastante joven, y aun así siempre me había protegido. Cuando estuvimos en el barco, él pasó todo el viaje sanando mi mareo, y estuvo extremadamente exhausto cuando desembarcamos. ¿Cómo podía estar bien después de montar esa atrocidad? Era increíble. Así es —si Rudeus no hubiese gastado tanta energía sanándome, entonces tal vez él no habría sido derrotado por Gyes esa noche. Comparado a eso, ¿qué era yo? Me había vuelto más fuerte. Me había vuelto una espadachina bastante decente. Pero estaba tan cautivada por la magnificencia de Rudeus que ignoré lo pequeño que era. Al final, usé mi ansiedad por perder a mi familia como una excusa para tener relaciones con él, y lo traté mal en la búsqueda de mi propio deseo.
Lo diré una vez más. Yo amaba a Rudeus. Pero no era adecuada para estar a su lado. Solo sería un estorbo para él. Nos habíamos convertido en familia, pero no podíamos ser más que eso. No podíamos ser esposo y esposa. Era tal como él había dicho: estábamos mejor como hermano y hermana. No estábamos bien balanceados. Incluso si estuviéramos juntos, yo solo lo seguiría conteniendo.
Por ahora, lo mejor sería pasar algo de tiempo separados. Este pensamiento llegó a mí naturalmente. Siempre que estuviera con él, yo me aprovecharía de su amabilidad. Las dulces sensaciones de la noche que habíamos pasado juntos aún permanecían en mi cuerpo, tanto que las anhelaba una vez más. Este era un rasgo de la familia Greyrat, aunque inesperadamente, Rudeus podría no compartir estas tendencias de forma tan fuerte. Él hizo su mejor esfuerzo para mantener mi ritmo, pero a este paso, la ferocidad de mi deseo podría confundirlo. No podía hacerle eso.
No tenía ninguna intención de hacer lo que dijo Alphonse, y casarme con otro hombre. Era muy tarde para que me dijera que viviera como la hija de una familia noble. Escuchar que debía hacer sacrificios por los ciudadanos de la región cuando yo ni siquiera conocía a esos ciudadanos no tenía valor para mí. Mi abuelo, mi padre, y mi madre habían fallecido. La Región de Fittoa había desaparecido. ¿Cuál era el punto de eso?
Descartaría el apellido Boreas. Pero seguía siendo la nieta de Sauros, y la hija de mis padres, y por lo tanto continuaría mi vida con una voluntad de hierro.
Voy a volverme más fuerte, decidí.
Me separaría de Rudeus y seguiría entrenando. No descansaría hasta que pudiera luchar lado a lado con él. No tenía que ser capaz de derrotarlo. Pero al menos, quería convertirme en una mujer que estuviera a su altura. Una que no levantara susurros a su espalda si se acercaba a él.
Yo no tenía la inteligencia de Rudeus, así que, en cambio, buscaría poder. Ghislaine, Ruijerd, y Gyes habían dicho que yo tenía talento con la espada, y confiaría en sus palabras. Seguiría la recomendación de Ghislaine y me dirigiría al Santuario de la Espada. Ahí, me volvería una espadachina poderosa y certera.
Una espadachina (yo) y un mago (Rudeus). El dúo tradicional estaba invertido, pero ambos estábamos bien con eso. Creceríamos, nos volveríamos más fuertes, y nos encontraríamos una vez más en el futuro. Entonces daríamos el próximo paso en nuestra familia y nos convertiríamos en esposo y esposa. Yo tendría a sus hijos y viviríamos felices por siempre.
Ahora bien, ¿cómo debería ir a despedirme de él? Rudeus era un orador excelente. Sin importar qué intentara decir, él podría detenerme. Él podría tratar de venir conmigo porque estaba preocupado de que yo estuviera sola.
¿Tal vez debería dejar una nota…? Pero conociéndome, probablemente dejaría alguna clase de rastro cuando lo hiciera. Rudeus podría usar eso para rastrearme, y sería un caos. Él necesitaba seguir adelante. Yo no quería contenerlo.
En ocasiones como esta, lo mejor era actuar como el espadachín en todas las historias e irse en silencio. Pero Rudeus siempre estaba hablando sin parar sobre los reportes, la comunicación, y las discusiones. No quería que me odiara.
Muy bien. Dejaría algo corto. Entonces, de seguro, Rudeus lo entendería.
Rudeus
¡Buenos días a todos! ¡Sí, buenos días a todos los vírgenes ahí afuera! Dicen que solo se permite ser virgen mientras todavía estás en primaria, ¿entonces qué hay de ustedes? Aah, ¿yo? No es para tanto. Jaja, pronto tendré trece. Si convertimos eso en años escolares, significa que ya estoy en la escuela secundaria. ¡Jaja!
¡Además, hola también para todos los que no son vírgenes! ¡Desde hoy en adelante, soy uno de ustedes! ¡En otras palabras, ahora soy normal! Nunca pensé que me uniría a ustedes, pero espero que me puedan dar una calurosa bienvenida, ya que solo soy un principiante. ¡Como dicen, a las personas ricas solo les preocupan las ganancias y luchar solo trae pérdidas, así que seamos amigos!
Había escuchado rumores de que una vagina artificial se sentía incluso mejor que el cuerpo de una mujer real, pero eran completamente falsos. Además, a las vaginas artificiales les faltaban varias cosas, como labios reales y una lengua. La vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato —había algo en el sexo que satisfacía todos los sentidos.
En mi antiguo mundo había un dicho: No actúes como si fueras su novio solo porque tuvieron sexo una sola vez. Entendía a qué se referían con eso, pero —y en realidad no estoy seguro de cómo decir esto— cuando envolví mis manos alrededor de su cintura y la jalé hacia mí, ella envolvió los suyos alrededor de mi espalda y regresó el abrazo. Pude escucharla jadear con fuerza en mi oído, y cuando miré su rostro, nuestros ojos se encontraron. Y cada vez que la besaba, ella sacaba su lengua, y fue un baile de arriba y abajo.
Realmente sientes que perteneces al lado de la otra persona en ese momento. Supongo que no es solo una satisfacción física, sino también una mental. ¿Querer al otro y entregarte al otro? Aquellos de ustedes con toneladas de experiencia probablemente están pensando, “No te dejes llevar solo porque lo hiciste una vez.” Pero no podía evitarlo. Quería actuar como si fuera su novio. Eris probablemente también quería actuar como si fuera mi novia.
Ups, siento eso. Probablemente fue demasiado estimulante para ustedes los vírgenes. Qué grosero de mi parte. Basado en mi reloj interno, había estado sediento por cuarenta y siete años, así que ahora estaba un poco emocionado de finalmente haber obtenido lo que quería. ¿O quizás era más preciso decir que había perdido lo que quería?
Hace mucho tiempo, pensaba que podría mantener la calma incluso si lograba perder mi virginidad. ¡Ups! Supongo que estaba equivocado. Vaya, ¿ya es tan tarde? Lo siento, tengo una cita a una plática de almohada con mi novia. Estoy seguro que esta noche las cosas se pondrán calientes una vez más. ¡Quizá también tendremos algo de diversión por la tarde!
¡Vamos, Eris, ya amaneció! Despierta. Si no despiertas, voy a jugarte una broma, pensé juguetonamente.
Excepto que ella no estaba ahí. El espacio en la cama junto a mí estaba vacío. Bueno, ella después de todo tendía a levantarse temprano. Qué lástima. Realmente quería tener la tradicional plática de almohada y el subsecuente café.
“¡Oof!”
Me senté en la cama. Había una placentera sensación de cansancio en el área alrededor de mis caderas. Era la prueba de que lo que había pasado anoche no fue solo un sueño. Una sensación verdaderamente satisfactoria.
Encontré mis pantalones, pero mi ropa interior no estaba. No importa. Solo me puse los pantalones sin ella, y ya que las bragas de Eris estaban a un lado de la cama, las guardé en mi bolsillo. Después me puse una chaqueta y dejé salir un gran bostezo.
“Mmm, esto es genial.” Nunca antes había tenido una mañana tan refrescante.
Justo en ese momento, me di cuenta de que algo estaba esparcido por el suelo. Había algo rojo esparcido por todas partes.
“¿Qué…?”
Era cabello. Cabello carmesí que había caído por todo el suelo.
“¿Qué… diablos es esto…?” Levanté una hebra de cabello y la olfateé. Era la misma fragancia que había olfateado mucho anoche —la fragancia de Eris.
“¿Qué…?” Confundido, miré en frente de mí y vi una solitaria pieza de papel. La agarré y leí las palabras escritas en ella.
Nosotros dos no estamos bien balanceados ahora mismo. Me voy.
Digerí detenidamente aquellas palabras.
Un segundo. Dos. Tres.
Salí volando a través de la puerta.
Revisé la habitación de Eris. Su equipaje había desaparecido. Salí de la habitación y entré al cuartel general, donde encontré a Alphonse.
“¡Alphonse-san! ¿¡Dónde está Eris!?”
“Ella se fue de viaje junto a Ghislaine.”
“¿¡H-hacia dónde!?”
Alphonse me miró con una indiferencia fría en sus ojos. Después, él lentamente dijo, “Se me ordenó que lo mantuviera en secreto de usted.”
“Ah… ya veo…”
¿Eh?
¿Por qué?
No lo entendía.
¿¿Eh??
¿Por qué terminó conmigo?
No… ¿ella me abandonó?
¿Ella me dejó atrás?
¿Eh?
¿Familia…?
¿¿Qué??
Pasé una semana entera sentado incapaz de hacer nada, completamente desconcertado. Ocasionalmente, Alphonse vendría y me regañaría sobre conseguir un trabajo o que hiciera algo. No creía que quedara nada en la Región de Fittoa, pero pequeñas aldeas en desarrollo estaban siendo construidas gradualmente a poca distancia del campo de refugiados. Las personas incluso estaban comenzando a cultivar trigo.
Siguiendo las órdenes de Alphonse, usé magia de tierra para construir una muralla defensiva alrededor del campo. El río amenazaba con desbordarse con su orilla erosionada, así que construí un dique. El progreso era gradual, pero la restauración estaba avanzando. Aparentemente, los primeros esfuerzos de reconstrucción comenzarían una vez que una vasta cantidad de personas terminaran de migrar aquí desde Millishion.
Eris había escogido su muerte.
La persona conocida como Eris Boreas Greyrat ya no existía. En su lugar, ahora solamente estaba Eris. Alphonse dijo que su decisión iba a causar varias complicaciones, así que cualquier anuncio oficial de su muerte sería pospuesto algunos años. Él probablemente estaba actuando bajo las órdenes de Darius. No me importaba.
Incluso aunque Eris de pronto había desaparecido, la expresión de Alphonse ni siquiera indicaba que le estuviera molestando. Medio en broma, le dije, “Es una lástima que Eris hubiera escapado,” pero él solo respondió con indiferencia, “Ya no importa, tengo que trabajar en la recuperación de la Región de Fittoa.”
Necesitaba hacer más preguntas para comprender mejor la situación. Sin embargo, con la partida de Eris, me sentía un poco apático acerca de todo. Si los nobles querían pelear por la autoridad o lo que sea, por mí podían hacerlo.
Medité profundamente sobre la razón detrás de la partida de Eris. Reflexioné sobre mis palabras y acciones de esa noche. Sin embargo, sin importar cómo traté de recordarlo, la única cosa que permanecía en mi mente era el recuerdo de nosotros teniendo sexo. Era como si ese momento hubiera absorbido todos los otros detalles de esa noche.
¿Quizá yo era malo en eso? Solo seguí mis deseos cuando tomé la iniciativa, ¿así que tal vez ella se sintió desilusionada por cómo se habían desarrollado las cosas? No, eso sería extraño. Yo fui quien quiso, pero ella fue quien me invitó.
No, no era eso. Sus sentimientos hacia mí simplemente se habían terminado. Mientras recordaba los últimos tres años, me di cuenta de que nuestro viaje estuvo lleno de fracasos. Al final llegamos aquí, pero eso fue por mucho gracias a Ruijerd. Eris debió haber odiado la idea de ser seguida por la causa de todos esos fracasos por otros dos años. Fue por eso que ella había cumplido antes su promesa y dijo adiós.
No tenía idea de por qué ella actuó como si hubiera un significado más profundo detrás de sus acciones, pero por el momento, esa fue la conclusión a la que llegué. Al final, yo no había madurado para nada. Con razón sus sentimientos por mí habían desaparecido.
Fue entonces que repentinamente recordé que tenía otra misión. “Ah, es verdad. Tengo que buscar a Zenith…”
Y así fue como partí hacia la parte norte del Continente Central.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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