Intermedio: El Par que Ella se Encontró
Intermedio: El Par que Ella se Encontró
Roxy Migurdia llegó a la ciudad de Krasma, ubicada en el extremo noroccidental del Continente Demoniaco. Era una ciudad próspera, a pesar de que no tan robusta como Rikarisu. Aunque se veía impresionante a primera vista, toda esta zona estaba gobernada por un Rey Demonio. Uno con lazos íntimos con la gente del océano, permitiéndole a la ciudad comerciar con ellos. La presencia de la gente del océano significaba comida marina, y la presencia de los demonios se traducía en especias fuertes y dulces únicos del Continente Demoniaco, y era en la ciudad de Krasma que podías probar comida deliciosa que resultaba de esa combinación. La ciudad se jactaba de una gastronomía tan sabrosa que regularmente luchaba con el Puerto del Viento por el título del lugar dentro en el Continente Demoniaco con la comida más deliciosa.
“¡Esta comida tiene un sabor realmente genial con algo de alcohol!”
Desde que llegamos a esta ciudad, Talhand había estado de buen ánimo. Krasma no solo tenía el alcohol amargo del Continente Demoniaco, sino que también el alcohol dulce de la gente del océano. Talhand, al ser un enano, amaba el alcohol, y siempre y cuando el hecho de beber fuera divertido, no parecía importarle el sabor que tuviera. Cuando iba a una taberna, siempre se hacía amigo de los rufianes del lugar y bebía suficiente alcohol como para llenar una bañera. Las tabernas estaban por todo Krasma, así que entre eso y la buena comida, Talhand estaba en el paraíso.
En cuanto a Roxy, ella aún tenía el paladar de una niña a pesar de su edad, así que la gastronomía de esta ciudad no era de su gusto. En general, la comida y las especias del Continente Demoniaco no eran lo suyo. A ella le gustaban las cosas dulces.
Lo único que salvaba era la especialidad de la gente del océano, la cual era un alcohol dulce. Fue una gran sorpresa para Roxy, quien siempre había asociado el alcohol con la amargura. El licor tenía una fragancia marina, y si tomabas un sorbo, un sabor indescriptiblemente dulce se esparciría por tu boca. El regusto dejaba un poco de sabor a sal, lo cual solo te daba ganas de comer mientras bebías.
“¡Esta sí que es una vista rara! ¡Así que tú también estás tomando, ¿eh, Roxy?!”
“Sí.”
“Hoy estás de buen humor, ¿eh?” Talhand miraba mientras Roxy bebía y felizmente hizo su próxima orden. “¡Cantinero, tráenos un barril! ¡Te enseñaré cómo beber como un enano!”
En ocasiones como esta, Roxy pensaba que de seguro eran afortunados de que las cosas fueran tan baratas en el Continente Demoniaco. Podías beber y comer tanto como quisieras y todavía cubrir la cuenta con una moneda de cobre de Asura.
“¡Viejo, te estás bebiendo eso realmente rápido!”
“¡Bebe! ¡Bebe! ¡Bebe! ¡Bebe!”
“¡Tal como esperarías de un enano!”
“¡Bieen, tengamos una competencia! ¡Cantinero, también tráeme un barril!”
Por cierto, Elinalise ya había desaparecido para pasar la noche con un hombre. Este normalmente era el punto donde Roxy comenzaría a sentirse un poco alienada, pero antes de darse cuenta, ella y la chica sentada a su lado estaban silbando hacia el animado Talhand.
“¡Bwajaja! ¡Sí que eres un buen enano! ¡Sin importar cuánto tiempo pase, los enanos siguen iguales! Estás de acuerdo conmigo, ¿no?” preguntó la chica.
“Sí, ciertamente,” respondió Roxy.
“¡Oh, aquí vamos! ¡Vamos, traga! ¡Traga! ¡Traga!”
“¡Traga, traga!”
Talhand encaró descaradamente a su compañero de tragos —un demonio gigante— con sus brazos alrededor de su barril, vaciándolo. Su cuerpo ciertamente era grande, pero aun así no podías evitar preguntarte hacia dónde iba todo ese licor. Una vez que vació su enorme barril, él dejó salir un suspiro gutural. Igual de rápido, el próximo trago fue pedido.
“¡Ese alcohol se está demorando!”
“¡Oh, ya cállate! ¡Ya no me queda!”
“¡En ese caso, ve a comprar a la taberna del lado!”
“¡Ooh, esa es una buena idea! ¡Bien, tú ve a comprar para nosotros!”
“¡Solo déjenmelo a mí! ¡Entreguen sus monedas, pónganlas aquí! ¡Esta noche vamos a beber como nunca!”
“¡Síííííí!”
Ellos caminaron por los alrededores con una bolsa, pidiendo donaciones.
“¡Jaja! ¡Señorita, usted está siendo bastante generosa con unos patéticos borrachos como nosotros!”
“¡Sí, hoy yo invito!” Roxy dejó caer una moneda de mineral verde dentro de la bolsa.
Viendo eso, el hombre sosteniéndola sonrió ampliamente y se rio entre dientes mientras bajaba su cabeza hacia ella. “¡Impresionante, señorita! ¡Usted debe ser rica!”
“¡Por supuesto que lo soy!” Roxy estaba de muy buen humor, sintiéndose bastante ligera y alegre mientras asentía hacia él de una forma exagerada. A decir verdad, ella ya estaba ebria.
“¡Jajaja! ¡Yo también soy rica el día de hoy, así que aquí tienes, tómala! ¡Y que aumente el alboroto! ¡Hoy todos somos amigos!” La chica sentada a su lado sacó una pobre moneda de hierro de su bolsillo y también la echó a la bolsa.
El hombre sosteniendo la bolsa pudo haberse burlado de ella porque su donación era patética, pero él mismo también estaba ebrio. “¡Jeje! ¡Muchas gracias, princesa! ¡Usaré esto para asegurarme de que todos beban hasta vomitar!”
“¡Sí, vamos a vomitarlo todo!” La chica asintió de forma presumida mientras el hombre seguía pidiendo donaciones, reuniendo el dinero de las personas en el lugar.
“¡Sí, eso es, esto es genial! ¡Me recuerda a los viejos tiempos!”
Roxy no tenía ni idea de cuándo la chica se había sentado a su lado. Para el momento que se dio cuenta, la chica ya estaba ahí, comiéndose la comida que Elinalise había dejado. A Roxy no le importaba. Ella estaba ebria.
“Bueno, toma, ten otra.”
“Aah, gracias. Me alegra ver este ambiente tan animado, me hace feliz haber venido. ¡Toma, tú también bebe un poco!” dijo la chica.
“Ya estoy bebiendo,” respondió Roxy.
“¡Bebe más!”
“¿Más? Supongo que no tengo opción.” Roxy hizo lo que le dijeron, y se bebió el contenido de su jarra. “¡Pwah!”
“¡Muy bien, una más para la jovencita de aquí!”
“Oh, gracias.”
Roxy golpeó su jarra contra la mesa y un caballero jovial se acercó a rellenarla. Ella de verdad podría beber este licor dulce por siempre.
“¡Eres una bebedora realmente impresionante! ¡Bastante bien para alguien tan joven!”
“No quiero escuchar eso de ti,” respondió Roxy, criticando a la chica. Ella usaba botas que llegaban a sus rodillas, shorts de cuero, y un top de cuero ajustado. La pálida piel de su clavícula, su cintura, su ombligo, y sus muslos estaban expuestos. Ella tenía un voluminoso cabello púrpura ondulado, y cuernos como los de una cabra. Era evidente, sin importar cómo la vieras, que ella era más joven que Roxy.
“Jeje, no son necesarios los halagos. ¡Sé lo vieja que soy!”
Roxy debió haber sospechado que algo andaba mal a estas alturas, pero ella no tenía los medios en ese momento. Porque estaba ebria.
“Yo también estoy consciente de mi edad,” dijo ella. “Bueno, bebe.”
“Ooh, gracias. El alcohol de aquí de seguro se ha vuelto mejor durante los últimos cientos de años. En el pasado, el Continente Demoniaco no tenía un alcohol dulce como este.”
“Este es el alcohol de la gente del océano,” le dijo Roxy. “El Rey Demonio de aquí hizo un trato con ellos.”
“¡Que qué! ¡Bagura Hagura, bastardo, me lo ocultaste! ¡Nunca te lo perdonaré!”
“Olvídalo,” murmuró Roxy, “hoy todos los presentes somos iguales, ¿cierto? ¡Iguales!”
“¡Ooh, es cierto, todos aquí somos iguales!”
El Rey Demonio Bagura Hagura era el gobernante de esta región. Él era un demonio fornido con cara de cerdo, que se decía era el ser con mayor conocimiento dentro del Continente Demoniaco cuando se trataba de comida y alcohol. Políticamente, él era un moderado, pero aun así participó en las líneas frontales de la Guerra de Laplace. Cuando él estuvo en las tierras humanas, robó comida y licor de casa tras casa, ganándose el título de Rey Saqueador.
“¡Ooh, él ya cayó!”
“Gwajajaja, ¿quién sigue? ¡Me enfrentaré a quien sea! ¡Si quieren, que sean dos a la vez!”
En algún momento, Talhand se había sacado la parte superior de su ropa y se había subido sobre una mesa. Él tenía su codo equilibrado sobre un barril y estaba desprendiendo un aura de superioridad.
“¿Alguien? ¿¡No hay nadie más!?”
La chica junto a Roxy habló. “¡Muy bien, déjenmelo a mí!”
“¿Qué paasa, chica, crees poder ganarme? Quizá deberías volver a intentarlo en otros veinte años.”
“¡Jajaja! ¡Estúpido enano! ¡Ya he vivido por trescientos años! ¡Solo veinte no cambiarían nada!”
“Ah, ¿en serio? Entonces me equivoqué. ¡Adelante, ven por mí!”
“Ah, pero… primero, ¡quiero que me digas tu nombre! ¡Me aseguraré de recordarte por ser lo suficientemente estúpido como para retarme!”
“¡Talhand de las Duras y Largas Montañas Summit!”
“¡Muy bien! ¡Quien te derrotará seré yo, la Emperatriz Demonio de los Ojos Demoniacos, Kishirika Kishirisu!”
Y así, la batalla entre Kishirika y Talhand comenzó. El alcohol adicional que compraron pronto desapareció y los fondos tuvieron que ser solicitados una segunda y después una tercera vez. Roxy decidió donar la enorme cantidad de cinco monedas de mineral verde, enviando al chico de los mandados de la taberna a conseguir más. Hombres corpulentos llegaron cargando una gran cantidad de alcohol, el cual aquellos en la taberna compartieron mientras Talhand y Kishirika se batían en duelo. Roxy tuvo que ser la jueza. Ella no tenía ni idea de qué se supone que hacía un juez, pero se sentó entre ellos y bebió su propio trago mientras aceptaba el papel de contar los suyos.
“Ese es el número cuarenta,” anunció ella.
Dejando de lado a Talhand, cuyos hábitos para beber hacían honor a su herencia de enano, a su lado estaba Kishirika, quien se veía como una niña y se autoproclamaba una Emperatriz Demoniaca, bebiendo todo ese alcohol. A nadie parecía importarle porque todos estaban ebrios. Y entonces llegó el momento decisivo.
“Mrgh… burgh…” Solo segundos después de que Talhand dejó salir esos extraños sonidos, alcohol salió disparado de él como una fuente de agua. Después colapsó, sosteniéndose el estómago, el cual ahora se parecía a los barriles de los que había estado bebiendo. Él cayó desde arriba de la mesa hacia el suelo con un sonido pesado, y el alcohol todavía saliendo de su boca.
“¡Gané!”
“¡Vaaaaya! ¡Increíble! ¡Derrotaste a un enano en un concurso de bebidas!”
“Por algo mi nombre es Kishirika. ¡La Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco Kishirika Kishirisu! ¡Ahora, digan mi nombre!”
“¡Kishirika! ¡Kishirika! ¡Kishirika!”
“¿¡Quién es la mejor del mundo!?”
“¡Kishirika! ¡Kishirika! ¡Kishirika!”
Un coro de cánticos estalló cuando Kishirika fue anunciada como la vencedora, levantando su ánimo.
“¡Jajajajajaja! ¡Jajajajaja!”
“¡Eso es, sigue así!”
“¡Sácatelo! ¡Sácatelo!”
Roxy no recordaba mucho después de eso. Ella sabía que necesitaba vengar a su compañero caído, pero de pronto estuvo mareada, y cayendo en el mundo de los sueños. La última cosa que vio fue a Kishirika subiéndose a la barra y bailando sobre ella desnuda.
Roxy abrió sus ojos a la mañana siguiente.
“Urgh…”
Su cabeza estaba palpitando, y su rostro se retorció cuando sintió el olor a alcohol de su propio aliento. Ella inmediatamente usó un hechizo en específico, útil sobre resacas para remover las toxinas de su cuerpo, y después usó un hechizo de sanación sobre su cabeza. Cuando miró a su alrededor, ella se dio cuenta de que estaba en una taberna. Parecía haber habido una pelea; la mesa estaba rota, y los barriles vacíos y las botellas rotas yacían por todo el lugar.
“Urgh, tal parece que bebí demasiado.” Su memoria estaba borrosa, pero recordaba haber bebido demasiado.
Ella miró hacia el lado para ver a un medio desnudo Talhand tendido ahí, solo mostrando el blanco de sus ojos. Por un momento, Roxy pensó que él podría estar muerto, pero un enano nunca moriría de algo así. Además, Talhand solía decir que él una vez había soñado morir ahogado en alcohol, así que incluso si había pasado, habría sido la muerte que él quería.
Roxy miró alrededor de la habitación una vez más. Había pilas de cuerpos por todos lados, todos retorciéndose y quejándose. Dentro de ellos estaba el hombre que había solicitado el dinero para más tragos. Todos los presentes claramente se habían emborrachado hasta quedar inconscientes y ahora estaban sufriendo los estragos de una resaca.
Eso es lo que se ganan por beber tanto cuando ni siquiera pueden usar magia de sanación, pensó Roxy.
Dentro del mar de siluetas inconscientes, solo dos personas estaban de pie —un cantinero enojado y una abatida Kishirika.
“Una compensación, te estoy pidiendo una compensación. No puedo vender nada con toda la destrucción que causaron.”
“Sí, eh, pero…”
“¿Qué? ¿No puedes pagar? ¿No fuiste tú la que dijo que los invitarías a todos?”
“Lo dije, pero pensé que ya había pagado lo suficiente…”
“¿Entonces ya no tienes más dinero?”
“No, eh, lo siento, ni una sola moneda.”
“Entonces no tengo más opción que venderte en el mercado de esclavos.”
“¿Qué? ¿¡Te atreverías a venderme…!? ¡Espera, espera, contactaré a Hagura, solo espera un poco!”
“No voy a esperar. Solo estás diciendo eso para poder escapar.”
Roxy dejó salir un suspiro y metió su mano en su bolsillo. Ella frunció el ceño cuando sacó su bolsa de monedas y vio su contenido. Ella había donado una porción considerable de sus fondos mientras estaba ebria anoche.
No, quien en realidad se bebió todo eso fue Talhand, pensó ella. Roxy se dirigió hacia el inconsciente Talhand y le quitó su bolsa de monedas. Ella hurgó dentro, encontrando una cantidad decente, y comenzó a caminar. Había un olor agrio proveniente de su hombro, por el cual frunció el ceño mientras se acercaba al cantinero. “Toma tu dinero.”
“¿Mm?”
Roxy sacó seis monedas de mineral verde y las puso sobre la mano del cantinero.
“Esto no es suficiente.”
“Compramos todo tu alcohol antes de mandar a comprar más. Tienes las ganancias de eso, ¿no?”
“Ah… bueno, eso creo,” dijo él mientras se daba la vuelta y se dirigía hacia el área de la cocina.
Roxy dejó salir otro suspiro mientras lanzaba la bolsa de monedas hacia el estómago de Talhand.
“Ooh… oooooh… ¡Lo siento, lo siento mucho!” Kishirika estaba temblando mientras miraba hacia el rostro de Roxy.
Roxy miró hacia ella, recordando lo que había escuchado del viejo jefe de su aldea acerca de la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco. Ella era un poco diferente de lo que Roxy se había imaginado, pero sus peculiaridades encajaban. Si ella era de una tribu demoniaca con un tiempo de vida largo, tenía sentido que su apariencia física no encajara con su edad. Ella también parecía estar en buenos términos con el Rey Demonio del área.
“Disculpe, solo para confirmarlo —no me equivoco en asumir que usted es la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco, la mismísima Kishirika Kishirisu, ¿cierto?”
“¿Mm? ¡Oh, así es! ¡Aunque nadie parece creerme últimamente! ¿Y cuál es tu nombre?”
“Perdone mi tardía presentación,” dijo Roxy. “Mi nombre es Roxy, de la Tribu Migurd en la Región de Biegoya.”
Kishirika dejó salir un, “Oooh,” cuando escuchó el nombre de Roxy. “¿Roxy? ¡Ooh, te conozco! ¡Eres la maestra de Rudeus!”
“… ¿Conoce a Rudy?”
“Me lo encontré de casualidad en el Puerto del Viento. ¡Ese niño de seguro era interesante!”
“N-no me diga…” Roxy se preguntó con sospecha qué era lo que había dicho Rudeus sobre ella, pero estaba demasiado asustada como para preguntar.
“Mm, Rudeus me ayudó en un momento difícil, y tú has demostrado ser una gran maestra. También me ayudaste, así que veamos… ¿por qué no darte una recompensa?”
El corazón de Roxy saltó dentro de su pecho cuando escuchó la palabra recompensa. La Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco era famosa por otorgar ojos demoniacos a las personas. Era precisamente debido a ese poder que ella era llamada Emperatriz en vez de solo Reina, y era esa habilidad la cual le había concedido el poder militar para comenzar la Gran Guerra entre Humanos y Demonios.
Lo cual le dio a Roxy una idea. “Eh, Su Majestad, ¿es usted capaz de encontrar personas desaparecidas con sus ojos demoniacos?”
“Sí, puedo. No existe persona en el mundo a la cual no pueda encontrar,” presumió Kishirika.
“Muy bien… entonces me gustaría que buscara a Rudeus y a su familia. Actualmente están desaparecidos,” dijo Roxy, sin vacilación. Era una lástima dejar pasar la oportunidad de recibir un ojo demoniaco de Kishirika, pero ella había escuchado que el Ojo que Todo lo Ve de Kishirika podía encontrar lo que sea y a quien sea, hasta en el rincón más alejado del mundo.
“¡Oho! ¡Qué admirable de tu parte usar tu único deseo por el bien de otro! ¡Si pudiera hacerlo, te otorgaría la posición de Reina Demonio!”
“No, así estoy bien.”
“Oh, ya veo, eres demasiado humilde para eso. Bueno, entonces…” El ojo de Kishirika rotó, cambiando de color. Ella giró su cuello varias veces, murmurando para sí misma mientras asentía. “Rudeus está en la parte norte del Continente Central. Él está usando ropa ligera y corriendo. Tal vez está entrenando.”
Roxy sacudió su cabeza. Parecía que, tal como solicitaba el mensaje dejado para él en los tablones de anuncios, Rudeus iba a buscar en la parte norte del Continente Central. Él pudo haberse dirigido directamente hacia Begaritt desde Millishion, pero probablemente había querido ver el estado de su hogar antes de partir.
“Su padre está en Millishion, junto con una sirvienta. Mmm, la sirvienta aparentemente se llama Lilia… y están viviendo en el mismo edificio, con sus dos hijas.”
“Oh,” suspiró Roxy. Ella había escuchado que Lilia y Aisha todavía estaban desaparecidas, pero aparentemente habían sido encontradas y estaban a salvo. Tal vez Rudeus las había encontrado en el Continente Demoniaco y las había escoltado de vuelta a casa.
“Su madre está… espera un momento,” murmuró Kishirika y frunció su rostro, entrecerrando su ojo. “Ella está en el Continente Begaritt, en la Ciudad Laberinto de Rapan… eso creo.”
El rostro de Roxy se iluminó. Estaba lejos de aquí, pero al menos ella había confirmado que todos ellos estaban con vida. Como esperarías de la familia Greyrat —su suerte era increíble.
“Sin embargo… hay algo un poco extraño.” El rostro de Kishirika se frunció y su ojo giró lentamente.
“¿Hay algún problema?”
“No… mmm, no puedo ver bien.”

“¿No puede ver? ¿Incluso con su ojo, Su Majestad?”
“Todavía no he recuperado todo mi poder,” explicó Kishirika. “Bueno, lo entenderás una vez que lo veas por ti misma.”
“Eso es problemático. Si hay algún problema, necesito saber los detalles.” Roxy la presionó para sacarle más información. En sus aventuras hasta la fecha, ella había visto las tragedias que le sucedían a los refugiados. Era desconcertante que incluso la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco tuviera problemas para ver a Zenith con su ojo demoniaco.
“Bueno… quéjate si quieres, pero no puedo ver lo que no puedo ver. Aah, es cierto. Esto podría ser una sorpresa, pero ella podría estar en medio de ese laberinto. Es una ciudad laberinto, y nunca he estado ahí en persona, así que no puedo asegurarlo.”
“¿No puede ver dentro del laberinto?” preguntó Roxy.
“No. El laberinto de Begaritt está lleno de una alta concentración de poder mágico.”
Roxy comenzó a pensar. En el pasado, Zenith había explorado laberintos junto a Paul, Elinalise, y Talhand. Ella entendía bien su fuerza después de viajar junto a ellos. Sin embargo, ¿por qué aún no se había contactado? Habían pasado tres años desde el Incidente de Desplazamiento.
“En cualquier caso, ella está viva, ¿cierto?”
“En efecto, no hay duda de eso,” le aseguró Kishirika.
Roxy decidió creer aquellas palabras. Sea cual sea la razón, ellos tendrían que explorar ese laberinto.
Ella bajó su cabeza. “Lo entiendo. Muchísimas gracias.”
“No fue nada. Es una muestra de gratitud por la ayuda que me proporcionaste.” Kishirika asintió de forma exagerada y, todavía un poco tambaleante, comenzó a dirigirse hacia la salida de la taberna.
Esa noche, Talhand despertó y siguió bebiendo como si nada hubiese pasado, y Elinalise regresó con chupones por todo su cuello. Roxy los llamó a ambos para una reunión.
“Fue afortunado encontrarse con la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco.” Cuando ella escuchó acerca de Kishirika, Elinalise solo se rio tranquilamente. Roxy no creía que fuera un evento tan significativo, tal vez porque se habían encontrado mientras estaban ebrias en una taberna. O tal vez era la falta de dignidad de Kishirika.
“Dejando eso de lado, esto significa que nuestro viaje ha terminado, ¿cierto?” respondió Talhand, viéndose un poco reacio de ver el término de su misión.
Les tomaría un año llegar al Continente de Millis desde aquí, pero era verdad que su objetivo había sido cumplido. Ellos habían confirmado que toda la familia de Paul estaba con vida, e incluso conocían la ubicación de los últimos dos. Se había terminado.
“Roxy, ¿qué vas a hacer tú?”
“Voy a regresar a Millishion y hablar con Paul sobre lo que descubrí,” dijo ella.
“Entonces te diremos adiós en algún lugar antes de eso,” respondió Elinalise.
Parecía ser que Elinalise y Talhand no querían encontrarse con Paul. La razón aparentemente era la gran pelea que habían tenido cuando él se fue, pero ellos no le dirían lo que había pasado exactamente. Roxy tampoco estaba particularmente interesada, así que ella no había insistido mucho en preguntar.
“Mmm, pero Rudeus está bastante lejos y solo,” dijo Talhand, llevando su mano a su mentón.
Ese comentario hizo que Roxy se diera cuenta de algo. Ella se dirigiría hacia Millishion desde aquí, y entonces, muy probablemente, viajaría junto a Paul hacia el Continente Begaritt. Si ella hacía eso, entonces Rudeus terminaría sin saber las circunstancias, buscando solo dentro de la parte norte del Continente Central.
“Necesitamos encontrar una forma de hacérselo saber,” dijo Elinalise, preocupada.
Pero ¿cómo? La parte norte del Continente Central se veía cerca en un mapa, pero en la práctica, estaba mucho más lejos. Roxy regresó a pensar. Rudeus era excepcional, pero seguía siendo joven. Era cruel dejarlo esforzándose en vano en un periodo tan vulnerable de su vida. Ya sea si él se reunía con su familia o seguía solo, ella al menos quería decirle que ya no necesitaba buscar.
“¡Y ahí es donde entro yo… ta-ta-ta-tan!”
“¡Y yo! ¡Tan-ta-tan!”
Repentinamente, dos intrusos aparecieron de la nada.
“¡Escuché su conversación!”
“¡Por casualidad!”
El primero en entrar por la puerta fue un hombre corpulento. Un solo vistazo era suficiente para darse cuenta de que él era un demonio, ya que tenía la piel color obsidiana y seis brazos. Los de arriba estaban cruzados sobre su pecho, los del medio estaban apuntando en forma de pistola hacia Roxy, y los de abajo estaban descansando sobre su cadera. Su cabello, el cual fluía hasta su cintura, era púrpura. Sobre su hombro, recostada como si nada, estaba la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco.
“¡Aquí vamos! ¡Yo soy Kishirika Kishirisu! ¡Las personas me llaman… la Gran! ¡Emperatriz! ¡Del! ¡Mundo! ¡Demoniaco!”
“¡Y yo soy su prometido, el Rey Demonio Badigadi!”
Los otros tres estaban mirando desconcertados. La primera en reaccionar fue Elinalise. “Eh, creo que la última vez que nos vimos fue esta mañana, señor.”
“¡Jajaja, tuve una noche increíble junto a usted, señorita!” Badi cerró un puño e insertó su pulgar entre su dedo índice y medio mientras respondía.
Roxy de pronto comenzó a sudar frío mientras preguntaba, “¿U-ustedes dos se conocen?”
“Eh, básicamente, ¿supongo que sí…?”
Aparentemente, Elinalise había dejado la taberna en la que Roxy estaba y se fue con un hombre a una diferente anoche. Ahí, el hombre le había comprado alcohol a Elinalise, y ella felizmente había devuelto el favor. Lo siguiente que ella supo fue que estaba despertando en los brazos negros del hombre ante ellos. Después de eso, ambos lo hicieron de nuevo toda la tarde.
“¿Eh? Pero justo ahora, dijo prometido… ¿qué? Ah, ¿supongo que primero deberíamos presentarnos?” Los ojos de Roxy iban de un lado a otro del nerviosismo, pero ella finalmente bajó su cabeza.
“Mm, Roxy, levanta tu cabeza. Ya que Badi es tan popular, esto es una ocurrencia casi del día a día.”
“Mm, es debido a que ahora mismo es físicamente imposible para mí ponerlo dentro de Kishirika, así que no tengo otra opción.”
Las palabras fueron dichas de una forma tan despreocupada que el cerebro de Roxy tuvo problemas para digerir su significado. Cortesía de Elinalise, ella había ganado un conocimiento superficial sobre tales asuntos, pero las relaciones de adulterio entre su compañera y un hombre que se hacía llamar a sí mismo un Rey Demonio y el prometido de la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco iban más allá de su comprensión.
“¡No obstante! ¡Dejando todo eso de lado!”
“¡En efecto; al final es solo algo insignificante!”
Roxy sabía del Rey Demonio Badigadi, o el Rey Demonio Inmortal Badigadi, como era conocido. Él era el Rey Demonio que gobernaba la Región de Biegoya, y el hermano menor de la Reina Demonio Inmortal Atofe. Badigadi estuvo del lado de los moderados durante la guerra y luchó contra el Dios Demonio Laplace en el Castillo de Kishirika, donde él fue derrotado. Su ubicación actual era desconocida, pero él era una figura venerada.
“Roxy, yo tengo una deuda con Rudeus. ¡Si él ha perdido el rumbo, entonces le concederé mi fuerza!”
“¡Aunque ella utilizará mi fuerza para hacerlo!”
Antes de que Roxy, debido a lo confundida que estaba, pudiera responder, Talhand se recuperó. Él se acarició su espesa barba, dirigiendo una mirada burlona hacia Kishirika. “¿Estás segura de esto?”
“¡Ooh, tú eres el enano de ayer! Sí, estoy segura, ¿cierto, Badi?” Kishirika lo golpeó en la cabeza y el Rey Demonio asintió.
“¡Sí, tengo curiosidad sobre este mocoso llamado Rudeus que Kishirika sigue alabando cada vez que puede! ¡Quiero ver con mis propios ojos lo genial que es en realidad!”
“¿Qué es esto? Cariño, ¿estás celoso?” bromeó Kishirika.
“Por supuesto que lo estoy, cariño,” respondió a cambio Badi.
“Tch, todavía eres un niño. Te amo a ti y solo a ti.”
“Je, no voy a dejar que me engañes con eso. Aplastaré a cualquier rival que aparezca.”
Que aplastes a Rudeus sería malo, pensó Roxy para sí misma, pero tenía el presentimiento de que no la escucharían.
“Jejeje.”
“Jajaja.”
“¡Jajajajaja! ¡Jajaja! ¡Jaja-urk!”
“¡Jajajaja! ¡Jajaja! Ja… ¿estás bien?”
La conversación siguió así antes de que Roxy incluso pudiera encontrarle algo de sentido.
Era de conocimiento común en este mundo que los mares eran gobernados por la gente del océano, quienes por su parte controlaban la habilidad de cruzarlos de aquellos viviendo en tierra. Esta configuración era resultado de la discordia que estalló durante el final de la Guerra de Laplace, pero por ahora dejaremos eso de lado.
El Rey Demonio Bagura Hagura y el Rey de la Gente del Océano eran amigos cercanos, y el Rey de la Gente del Océano le permitía a su amigo pasar por su territorio en secreto. Mientras tanto, el Rey Demonio Badigadi y el Rey Demonio Bagura Hagura también eran viejos amigos. Al hacer uso de esa conexión, su grupo podría evitar la ruta que los llevaría a través del Continente Divino, y en cambio dirigirse directamente hacia el Continente Central.
Sin embargo, si Roxy iba con ellos, el reporte a Millishion se retrasaría. Alguien tenía que ir hacia Millishion para informar a Paul, y Roxy no podría hacerlo sola. El Continente Demoniaco era demasiado peligroso, incluso para una maga excepcional como ella. Su juicio era agudo y su recitación de hechizos rápida, pero ella todavía necesitaba dormir de noche.
“Me rehúso con todo mi ser. No quiero ver la cara de Paul,” dijo Elinalise.
“Sí, yo tampoco,” intervino Talhand.
“Muy bien. Yo iré.” Ya que ellos dos estaban siendo egoístas, Roxy se dirigiría primero hacia Millishion. Personalmente, ella habría preferido ver a Rudeus, pero no tenía otra opción.
Ella solo necesitaba que alguien más fuera con ella. Los dos intercambiaron miradas, y muy pronto, Talhand se dio por vencido. “Supongo que seré yo. A decir verdad, no tengo ganas de estar de nuevo en uno de esos barcos.”
“Simpatizo,” dijo Elinalise.
Los hombros de Talhand se desplomaron. Roxy no entendía por qué ellos dos no podían solo dirigirse hacia Millishion e informar a Paul por medio de una carta, pero aparentemente tenían sus razones, así que ella no se molestó con pensarlo demasiado.
Y así, el grupo de Roxy se dividió en dos. Roxy y Talhand regresarían por sus pasos hasta Millishion. Elinalise viajaría con la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco Kishirika Kishirisu y el Rey Demonio Badigadi hacia la parte norte del Continente Central. Todavía quedaba mucho tiempo antes de la partida del barco de estos últimos, así que Roxy decidió partir antes que ellos.
“Elinalise-san, gracias por todo.”
“Lo mismo digo, Roxy.” Las dos intercambiaron un firme apretón de manos. “Si encuentras un buen hombre, es mejor que no lo dejes escapar. Tienes que usar tus labios superiores y también los inferiores para que no escape.”
“¿De nuevo con eso?”
“Nada de eso, solo escúchame. Si hay alguien que realmente te guste, ve con todo por él. El amor es algo que puede surgir después.”
Talhand suspiró pesadamente ante las palabras de Elinalise. “Le dijiste lo mismo a Zenith, ¿no?”
“Así es. Por eso ella consiguió a Paul. Mis enseñanzas son infalibles.”
Entonces así fue, pensó Roxy mientras escuchaba. Para ella, Paul y Zenith parecían ser la pareja perfecta. Fue el consejo de Elinalise el que los juntó, así que era un consejo digno de ser escuchado.
“Muy bien, Elinalise-san. Si encuentro a tal persona, no la dejaré escapar.”
“Por supuesto. Me aseguraré de decirle a Rudeus lo miserable que te sentías de noche, revolcándote en tus sábanas mientras te masturbabas.”
“Espera… ¿cómo es que sabes de eso? Y, por favor, no lo digas así. No estaba pensando en Rudy cuando lo hice.”
“Claro, claro.”
Roxy se dio cuenta de algo justo en ese momento. Si Elinalise comenzaba su viaje ahora, ella probablemente encontraría a Rudeus en menos de un año. Rudeus ya tenía trece o catorce años. A esa edad, no era extraño pensar que Elinalise pudiera interesarse en él. Eso le molestaba un poco.
“De pronto te quedaste callada. ¿Cuál es el problema?”
“No, es solo que… Si Rudy se convierte en un buen hombre, ¿irías por él?”
Roxy trató de decirlo tan despreocupadamente como pudo, y cuando lo hizo, Elinalise dejó salir un enojado, “¡Ja! No tengo ni el más mínimo deseo de convertirme en la nuera de Paul.” Ella se veía genuinamente asqueada.
Sintiéndose tranquila, Roxy solo dijo, “Oh, ya veo.” Después, “Bueno, es mejor que nos pongamos en marcha.”
“Adiós, Roxy. Ten un buen viaje.”
“Sí, tú también, Elinalise-san.”
Elinalise miró hacia Talhand. Ella se acercó hacia el pequeño y regordete enano, mirándolo con desprecio como si fuera alguna clase de insecto. “Talhand, por favor, vete y muere en algún agujero.”
Talhand se veía igual de molesto de verla y escupió hacia el suelo. “Te regreso esas palabras.”
Viendo esto, Roxy recordó una vez más que ellos dos eran, de alguna extraña manera, cercanos.
Más tarde, Elinalise abordó su propio barco. Era un barco de la gente del océano, uno de los del pasado. Era jalado por criaturas marinas, haciendo que los barcos fabricados por los humanos se vieran pobres en comparación, pero los barcos humanos en realidad eran más rápidos y seguros.
Elinalise subió la rampa junto a Badigadi. Desde detrás de ellos venía la risa característica de Kishirika.
“¡Jajajaja! ¡Pues bien, volvamos a encontrarnos, Badi! ¡Cuando quieras verme de nuevo, regresa al Continente Demoniaco!”
“¡En efecto, y tú también cuídate, mi amada! ¡Nos volveremos a encontrar eventualmente! ¡Jajajaja!”
“¡Aunque quién sabe cuántos años pasarán hasta la próxima vez! ¡Buajajaja!”
La Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco, Kishirika Kishirisu, no abordó el barco. Cuando Elinalise vio eso, ella ladeó su cabeza. “¿Mm? ¿Ella no vendrá con nosotros?”
“Mm. Kishirika no puede dejar el Continente Demoniaco.”
“Oh, ¿una maldición?”
“Algo así.”
Si así eran las cosas, Elinalise habría preferido que Kishirika acompañara a Roxy y Talhand. Su seguridad estaría asegurada con la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco cerca. Por otro lado… ella pensó sobre cómo sería para Roxy tener a alguien como Kishirika siguiéndola, por lo que cambió de opinión.
Mientras tanto, el viaje de Roxy Migurdia continuó.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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