Distorsionado, Pero sin Cambios
Capítulo Extra: Distorsionado, Pero sin Cambios
Había vastas extensiones de arrozales llenos de agua en el Reino de Sanakia. Un carruaje avanzaba lentamente por un camino separando dichos arrozales, protegido por un buen número de caballeros. Los caballeros caminaban a un lado con expresiones relajadas en sus rostros, y el carruaje no se veía costoso, así que era seguro asumir que nadie importante iba en su interior.
Y, de hecho, las únicas personas dentro del carruaje eran tres mujeres. Una era una caballera del Reino de Shirone, llamada Ginger York. Ella estaba sentada cerca de la puerta, escuchando la conversación de las otras dos.
“El Hermano Domador de Perros era encantador.” Quien estaba hablando de forma tan emocionada era la niña usando un traje de sirvienta holgado, Aisha. “Si alguna vez tengo que casarme, definitivamente tiene que ser con alguien así. ¿Cierto, Madre?”
“S-sí, por supuesto.” Sentada al frente había una mujer idéntica a Aisha, pero mayor y que usaba anteojos. Su nombre era Lilia. Cualquiera que viera a través de los marcos vería el brillo frío en sus ojos, dando una impresión fría y distante. Aun así, su mirada actualmente estaba perdida.
“Él fue totalmente increíble cuando me salvó, ¿sabes? Él apuntó su dedo hacia el piso de esta forma, y bam, entonces un agujero se abrió, ¡y después de eso terminamos volando a través del aire! ¿Me pregunto si eso también era magia? Es increíble que él pueda lanzar todo eso sin recitar nada. Casi como la magia en los cuentos de hadas.”
“Sí, en efecto. Es increíble… ser capaz de lanzar hechizos de esa forma sin encantamientos.”
Aisha había estado alabando al Hermano Domador de Perros ya por un tiempo. Lilia estaba un poco desconcertada. Ella al principio había estado segura de que Aisha había descubierto que el Domador de Perros en realidad era su hermano mayor, Rudeus, pero estaba comenzando a parecer que ella solo estaba usando Hermano como una palabra de cariño hacia una figura masculina mayor.
“Además, esa fue mi primera vez. Estuve tan asustada que me oriné, y, aun así, no estaba avergonzada porque él era quien estaba conmigo. No me importó que me ayudara a cambiarme de ropa… ¿Podría ser… que esto sea amor?” Aisha juntó sus manos como si estuviera rezando, mientras sus ojos brillaban.
Al ver a su hija de esa forma, Lilia comenzó a preocuparse. ¿Debería decirle que el Domador de Perros en realidad era Rudeus? Hace solo unos días, Aisha lo odiaba. Es verdad, el enfoque de Lilia no había sido el mejor. Ella siempre había descrito lo increíble y maravilloso que era Rudeus, esperando que Aisha le sirviera algún día, pero Aisha era excepcionalmente inteligente, por lo que había visto a través de las palabras exageradas de su madre sobre que su hermano era perfecto. Ella había olfateado los defectos que Lilia estaba cubriendo, y se había aferrado a ellos.
Las personas tendían a darle gran importancia a las cosas que ellos descubrían por sí solas, en vez de a las cosas que escuchaban de las demás personas. En algunos años, Aisha descubriría que lo que le habían dicho era una información tan verídica como la que ella había descubierto por su cuenta, pero todavía era demasiado joven para eso. Ella pensaba que su madre solo decía mentiras y que Rudeus en realidad era un ser humano bueno para nada.
Lilia reconocía que en parte tenía la culpa de eso. Ella pudo haber encontrado mejores maneras de contarle a Aisha acerca de Rudeus, unas que no incluyeran hablar una y otra vez sobre él como si fuera un objeto de devoción. Pero no importaba si ella admitía sus errores ahora; Aisha ya se había decidido sobre Rudeus. En algún momento durante su estadía en el Reino de Shirone, Lilia se había rendido acerca de cambiar la opinión de su hija. Sin embargo, gracias a cierto giro del destino, Aisha ahora estaba alabando a su hermano el Domador de Perros.
Lilia se puso a pensar. Si ella revelaba que el adorado Domador de Perros de Aisha era en realidad Rudeus, ¿no desaparecería el odio de Aisha hacia su hermano? ¿No estaría ella dispuesta a servirle, tal como Lilia deseaba?
Por otro lado, Aisha odiaba las mentiras y el engaño, y Rudeus había ocultado su verdadera identidad de ella todo el tiempo. Lilia no tenía idea de por qué él lo había hecho, pero Aisha era una chica lista que veía directamente a través de los intentos de los adultos de embellecer las cosas. Revelar que el Domador de Perros en realidad era Rudeus a esta altura del juego podría hacer que lo odiara todavía más. “¡Ves, él es poco confiable!” podría decir ella, o “¡Lo sabía, mi hermano es un pervertido!” o “¡Él tenía tantas ganas de lavar mis bragas que me mintió!” Lilia prefería evitar eso.
“Oyeee, Madreee. Si mi hermano en realidad está muerto, me gustaría servir al Domador de Perros~”
“…”
Normalmente, en este punto, Lilia golpearía a Aisha en la cabeza y la regañaría por decir cosas tan preocupantes. Esta vez, ella no podía hacer más que ofrecer una sonrisa amarga mientras el sudor frío se reunía en su rostro.
¿Debería ella decirle o no a Aisha que el Domador de Perros era Rudeus? Si ella jugaba bien sus cartas, Aisha llegaría a amar a su hermano. Pero si fallaba, Aisha lo odiaría aún más. Lo último era inaceptable, pero Lilia no tenía la confianza de poder persuadir a su demasiado astuta hija. ¿Qué debería hacer ella?
Incapaz de llegar a una respuesta, ella fue forzada a escuchar los delirios de Aisha.
“Me esforzaría mucho si llegara a servir al Domador de Perros. Pero entonces, un día, cuando tenga la guardia baja y me esté cambiando de ropa despreocupadamente, él entrará y me arrojará hacia la cama, completamente excitado, y me convertirá en su amante. Para mí, al principio solo será una relación física, pero entonces, un día, él me propondrá matrimonio, diciendo, también quiero tu corazón, y… ¡jeje!”
“…”
A espaldas de Lilia, quien estaba agonizando por llegar a una respuesta, Aisha se estaba riendo en su interior. Ella ya había visto a través de todo —sabía que el Domador de Perros en realidad era su hermano, y si bien no era perfecto, él era tan excepcional como su madre había dicho. Ella solo estaba utilizando esta oportunidad para atormentar a Lilia.
A decir verdad, Aisha no tenía la mejor de las relaciones con su madre. Lilia siempre había sido demasiado controladora, ordenándole que hiciera esto o aquello desde que era pequeña, y rehusándose a darle una explicación incluso si le pedía una. Y, aparentemente, todo el entrenamiento estricto por el que la estaba haciendo pasar su madre era para que algún día ella pudiera servir a su hermano mayor. No era de sorprender que Aisha se hubiera cansado de eso… hasta que ella vio a su hermano en persona. Ella presenció su habilidad para reaccionar con su entorno en mente y usar magia sin encantamientos para asegurar su escape, como también su valor a la hora de ir hacia el Palacio Real de Shirone para rescatar a su madre, y su amabilidad después de ver que ella se orinó, ayudándola a lavarse y cambiarse sin mostrar ninguna señal de disgusto. Todo eso fue suficiente para hacer a Aisha sonreír, mientras ella gritaba en su mente, “¡Entonces a esto se refieren las personas cuando dicen de ensueño!”
Su hermano era excepcional, y si ella quería estar a su lado, también tendría que ser excepcional. Una vez que entendió eso, Aisha al final estaba agradecida por todo lo que su madre le había obligado a hacer. Sin todo ese entrenamiento, ella podría dudar ante la idea de servir a un hermano mayor tan extraordinario.
“Haaa, me pregunto si mi hermano está muerto. De ser así, entonces podré lanzarme hacia los brazos del Domador de Perros.”
“S-siempre y cuando Rudeus-sama no haya fallecido, vas a servirle a él, ¿entiendes?”
“Por supuesto, eso lo sé.” Esta era la primera vez que Aisha había visto a su madre tan nerviosa. “Pero solo por un año, ¿bien? Después de eso quiero pasar el resto de mi vida con el Domador de Perros~”
“N-no, es eso inacep… mmm…”
Aisha siguió disfrutando de jugar con Lilia por un rato luego de eso.
La mujer conocida como Lilia nació en una aldea remota del Reino de Asura. Más tarde, ella fue la única chica en un salón de entrenamiento de esgrima que enseñaba el Estilo del Dios del Agua, en una ciudad de tamaño medio en la Región de Donati. Ella no tenía apellido. A los ciudadanos comunes y corrientes del Reino de Asura no se les daba apellido. Lilia nació solo como Lilia, y ya que su padre era el dueño del salón, ella tomó una espada a temprana edad y aprendió rápidamente.
Como sus padres, Lilia era terrible con las palabras. Ella se comportaba de forma fría y tranquila, y no tenía mucho encanto. Sin embargo, ella trabajaba duro, así que aquellos a su alrededor la amaban. Incluso aunque estaba claro que no tenía talento para la esgrima, ella todavía era atractiva para los otros estudiantes que veían el esfuerzo que ponía en cada práctica. Los estudiantes la trataban como si fuera su pequeña hermana, y a cambio se ganó un montón de hermanos mayores. Su vida era la pacífica escena que esperarías de un pequeño salón de entrenamiento de esgrima rural.
Las miradas de los estudiantes comenzaron a cambiar cuando Lilia tuvo alrededor de trece años. Mientras su cuerpo le daba la bienvenida a los cambios que acompañaban a la pubertad, los otros estudiantes dejaron de ducharse con ella y evitaban hablarle a solas. Ellos no intentaron específicamente evitarla o tratar de excluirla, pero Lilia podía sentir vagamente sus miradas lascivas sobre ella.
Lilia era una chica bastante realista. Ella no tenía hermanos, y la salud de su madre había empeorado después de su nacimiento. Sin ningún hijo que herede el salón de entrenamiento de esgrima, su madre terminó sintiéndose culpable mientras su padre se estrujaba el cerebro pensando qué hacer. Fue por eso que Lilia asumió que eventualmente se casaría con uno de los estudiantes, quien después heredaría el salón en su lugar. Todos los estudiantes eran como hermanos para ella, lo cual era la razón de que ninguno de ellos destacara particularmente como un candidato para el matrimonio, pero Lilia se daba cuenta de la forma en la que ellos se contenían cuando ella estaba cerca.
Dentro del salón surgió la discusión sobre a quién el maestro, su padre, seleccionaría como su pareja de matrimonio y el próximo maestro del salón. Detrás de escenas, aquellos interesados en convertirse en el maestro o simplemente interesados en casarse con Lilia comenzaron a competir entre ellos. El tiempo pasó sin nada siendo decidido, pero Lilia estaba segura de que el futuro que ella visualizaba eventualmente llegaría.
Fue en ese entonces que Paul apareció. Incluso aunque él no tenía dinero ni un lugar donde vivir, el padre de Lilia le dio la bienvenida felizmente. Con su brillante y animada personalidad, Paul se volvió amigo de todos en un instante. Él también había sido bendecido con un talento para la esgrima, y absorbía rápidamente sus técnicas, muy probablemente en parte gracias a lo que él ya había aprendido del Estilo del Dios de la Espada. A Lilia le había tomado diez años lograr eso y él la había alcanzado, y después incluso superado. En poco tiempo, se había vuelto tan hábil que incluso su padre no podía competir con él.
Paul tenía talento con la espada y era popular con los otros estudiantes. Gracias a eso, pronto fue decidido que él sería la pareja de Lilia. Aunque Lilia estuvo sorprendida por lo repentino que fue, la velocidad con la que las cosas habían avanzado hizo acelerar su corazón. Paul era diferente de todas las personas que ella había visto. Él era un espíritu libre; Paul no poseía el pensamiento rígido de un espadachín, ni las firmes creencias del linaje y la herencia. Su estilo de vida despreocupado era cautivador para Lilia.
Pero Paul era un poco demasiado diferente a los otros moradores del salón de entrenamiento, y no era solo su relajada visión de la esgrima, deberes del hogar, o linaje, sino también su aproximación a las mujeres. A pesar de que los otros estudiantes inmediatamente le habían dado la bienvenida a Paul, la discordia comenzó a surgir entre ellos. Ellos no veían con buenos ojos a alguien que había aparecido de la nada y les había robado el asiento del maestro del salón a ellos, pero estaban dispuestos a aceptarlo de mala gana debido a que se trataba de Paul. Sin embargo, si él iba a despreciar algo que ellos consideraban importante, algo que habían luchado tan duro para obtener, entonces eso cambiaba las cosas.
Ellos decidieron tratar de deshacerse de Paul. Durante los combates de práctica, ellos concentrarían sus ataques en él, irían hacia él desde atrás con patadas voladoras, y arrojarían agua a propósito a su traje de entrenamiento. Lilia se puso del lado de Paul y los regañó. Los estudiantes tampoco vieron eso con buenos ojos, por lo que su comportamiento escaló.
Si Paul fuera un chico normal, habría terminado ahí. Él se habría calmado y dejado algo para los demás, o habría huido del salón luego de ser echado. No obstante, Paul era un chico malo. Enojado, él decidió actuar.
Una noche, él se coló dentro de la habitación de Lilia y robó su inocencia. Lilia por supuesto trató de resistirse, pero no hubo nada que pudiera hacer. Una vez que todo terminó, ella quedó desconcertada. No pudo procesar lo que le había ocurrido. Lilia nunca imaginó que Paul, con quien ella había hablado tan animadamente hace solo unos días, haría algo así. Para el momento que su madre entró a la habitación para despertarla a la mañana siguiente, Paul ya había abandonado la ciudad.
Lilia como resultado desarrolló una desconfianza hacia los hombres. Ella sentía miedo cuando recibía la mirada de los otros estudiantes y evitaba abiertamente el contacto físico. Eso no cambió, incluso después de que cumplió quince años y se convirtió en una adulta. Su padre estaba moralmente obligado a velar por la supervivencia del salón de esgrima, el cual había estado en la familia por generaciones. Él no tenía ningún hijo, y el nacimiento de Lilia había deteriorado el cuerpo de su madre. Él tendría que casarla con uno de sus estudiantes para ver continuar su legado. Aun así, un padre era un padre. Como padre, él no podía forzar a su hija a estar con un hombre después de todo el daño mental que había sufrido.
En cambio, él usó sus conexiones personales para recomendarla a la Familia Real de Asura como una sirvienta y dama de compañía, cuyos deberes incluían tomar las armas para proteger a la familia real cuando fuera necesario. Lilia gradualmente superó su desconfianza de los hombres durante su tiempo sirviendo como espadachina, pero entonces sufrió una herida mientras protegía a la princesa. Después de ser despedida de su trabajo, ella se dirigió hacia la Región de Fittoa en vez de regresar a casa, donde, por algún giro del destino, encontró un trabajo como una sirvienta para la nueva familia de Paul. Lilia y Paul retomaron su aventura, ella quedó embarazada de su hijo, y después se convirtió en su segunda esposa.
A decir verdad, Lilia en ese entonces no sabía si ella era feliz o no. Ella básicamente era una sirvienta, y Paul probablemente amaba a Zenith mucho más que a ella. Zenith era una amiga importante para ella, pero Lilia tenía sentimientos encontrados de culpa y remordimiento. Los Greyrat la habían aceptado como parte de su familia, pero su ansiedad e inseguridad continuaron.
Rudeus, quien la apoyó en un momento de confusión mental, había sido quien convenció a Zenith de permitir que Lilia se quedase. Criar a su hija para que algún día lo sirviera era de lo único que Lilia estaba segura querer, aunque esto le hizo preguntarse qué decía esto acerca de cuánto amaba ella a Aisha. Su propio padre se había preocupado más por su felicidad que por la continuidad de su salón de esgrima, lo cual era la razón de que él la hubiera ayudado a encontrar otro camino para su vida. ¿Acaso Lilia estaba pisoteando los sentimientos de Aisha —su propia hija— si ella la usaba para pagar su deuda con Rudeus y ganarse algo de paz mental? Aquellas preocupaciones solo empeoraron cuando ella se dio cuenta de que su hija no era una niña ordinaria, sino una extremadamente inteligente.
El punto de inflexión llegó con el misterioso Incidente de Desplazamiento, dentro del cual Lilia y Aisha fueron teletransportadas juntas hacia el Reino de Shirone. En un momento habían perdido la consciencia, y al siguiente, ellas estaban en una habitación de apariencia lujosa. Muy pronto, ellas fueron completamente rodeadas por guardias.
Enfrentadas a hombres hostiles y peligrosos, la mente de Lilia quedó en blanco. Incapaz de comprender lo que estaba pasando, el único pensamiento que apareció en su mente fue tengo que proteger a mi hija. Lilia agarró el candelabro más cercano, puso a su hija detrás suyo, y luchó. Sin embargo, después de su larga ausencia de las batallas reales, su cuerpo no se movía como ella quería, y la vieja herida en su pierna solo empeoraba aún más su movilidad. Incapaz de ofrecer mucha resistencia, ellas fueron capturadas y Aisha fue tomada por los soldados y separada de su madre.
“¡Por favor! ¡Perdonen a la niña! ¡Por favor, ayuden a mi hija! ¡No importa lo que pase conmigo! ¡Solo no le hagan daño a mi hija!” Lilia lloró y gritó de forma patética, pero aquellas palabras salieron de forma espontánea e inconsciente. Eran sus verdaderos sentimientos.
Sus verdaderos sentimientos.
Después de eso, Lilia fue confinada al castillo, sin poder hacer ningún contacto con el mundo exterior, y forzada a trabajar como una sirvienta. Sin embargo, su corazón estaba más tranquilo que antes. Las palabras que habían salido de ella en un momento de desesperación fueron suplicas por la vida de Aisha. Ella ya no dudaba de su amor por su hija, y estaba satisfecha de que su deseo de hacer que ella sirviera a Rudeus no fuera uno egoísta.
Aisha era animada e independiente, tal vez debido a haberlo heredado de Paul. Ella odiaba estar encerrada y encontraba a su madre sofocante. Ella no podía comprender por qué debía servir a Rudeus, y al ser tan lista, Aisha detestaba esforzarse por un objetivo que no tenía ningún significado para ella.
Aun así, Lilia no se dio por vencida. Ella le enseñó a su terca hija todo el conocimiento que había aprendido a través de los años. Un día, Aisha lo entendería. Siempre y cuando Rudeus siguiera siendo la misma persona que había sido en ese día que protegió a Lilia, Aisha lo entendería. O eso creía…
“Aah, Hermano Domador de Perros… Aah, solo puedo pensar en él. Esos robustos brazos que me levantaron, su rostro apuesto, y esa actitud maravillosa…”
Aisha lo entendía. Ella había visto a Rudeus con sus propios ojos y entendía el significado detrás de lo que Lilia había estado haciendo —pero al mismo tiempo, esto estaba mal. Esta no era la forma en la que ella había visualizado que su hija llegaría a entender la grandeza de Rudeus.
“Aisha.” Lilia se puso de pie lentamente dentro del traqueteante carruaje.
Aisha, quien había tenido una sonrisa maliciosa en su rostro, tembló de la sorpresa debido al movimiento repentino de su madre. Lilia tenía el hábito de golpear a Aisha en la cabeza cuando ella decía o hacía algo malo. Es verdad, Aisha era lista. Ella podía estimar, hasta cierto grado, qué provocaría ser golpeada y qué no, y ella era lo suficientemente traviesa para hacer que Lilia la golpeara, después sacar su lengua y resolverlo diciendo “Lo shiento.”
Pero esta vez ella no sabía por qué su madre estaba enojada. Ella estaba hablando bien de Rudeus —hablando bien del hermano mayor que su madre quería que ella sirviera. ¿Se había equivocado en algo? ¿O después de todo el Domador de Perros no era su hermano? Aquellas preocupaciones cruzaron su mente mientras la mano de su madre se acercaba a ella.
“¿Eh…?”
Aisha se congeló cuando sintió algo suave acariciar la parte superior de su cabeza. Lilia la estaba acariciando. Ocasiones como esta, donde su madre acariciaba su cabello, eran muy, muy raras.
“¿Madre?”
Por alguna razón, Lilia se sintió avergonzada cuando su hija le habló. Su mano, la cual había estado acariciando la cabeza de Aisha, ahora se movía hacia la espalda de la niña, acercando su pequeño cuerpo. “Aisha. Ya sea que elijas al Domador de Perros o a Rudeus-sama… cualquiera está bien para mí.”
Rudeus se había rehusado a llevar a Aisha consigo, pero Lilia estaba segura de que, en algunos años, llegaría el día donde ellos se volverían a encontrar.
“Y cuando ese día llegue, da todo lo que tienes para servirle.” Mientras Lilia decía aquellas palabras, ella se juró a sí misma que criaría a Aisha para convertirla en una mujer maravillosa, y que no sería por el bien de Rudeus. O por el suyo. Lilia estaba al tanto de que sus propios sentimientos egoístas seguían mezclados en ese deseo, pero ella verdaderamente, desde el fondo de su corazón, quería que Aisha creciera para convertirse en una mujer extraordinaria.
“Jajaja… Supongo que después de todo me atrapaste… ¿eh?” Aisha se sintió nerviosa a causa de la sensación suave en su cabeza, y sus labios se curvaron hacia arriba. “¡P-por supuesto que lo sabía! Que el Domador de Perros es mi hermano… así que solo quería jugar un poco contigo, solo un poco…”
Mientras ella tartamudeaba su incoherente excusa, Aisha de pronto se dio cuenta de que ella nunca antes había sido abrazada de esta forma por su madre. Tan pronto como pensó eso, una increíble ola de felicidad la inundó. Era la primera vez que la niña había experimentado llorar de la alegría. Confundida por las lágrimas que se rehusaban a detenerse, ella solo envolvió sus brazos alrededor de su madre y empapó su hombro.
Ginger, quien las había estado observando, apartó su mirada. Su vista se posó sobre los arrozales llenos de agua mientras se agitaban a causa del viento, extendiéndose tan lejos como el ojo podía ver.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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