El Final del Viaje
Capítulo 11: El Final del Viaje
Tres días después, los tres finalmente llegamos al Reino de Asura. Estaba justo ante nosotros… o, más bien, estábamos justo sobre él. A pesar de eso, los eventos de ese día todavía nos molestaban, dejando miradas sombrías en nuestros rostros.
Habíamos sido completamente derrotados. Habíamos sido diezmados de forma demasiado abrupta, e incluso me habían asesinado. Orsted me había resucitado a causa de un extraño capricho, y de no ser por eso, yo no estaría aquí. Aún no lo habíamos asimilado.
Era verdad que yo había pensado que no quería morir cuando él lanzó su ataque final. Esperarían que yo estuviera traumatizado, pero, aun así, cuando abrí mis ojos, me sentí renovado. Bueno, esa era una pequeña exageración. Fue más como, oh, ¿fue solo un sueño? Fue la misma sensación que tenía cuando despertaba de una pesadilla. Tal vez todo se sentía irreal porque había visto al Dios Humano justo después de morir.
Poniéndolo de esa forma, parece que el Dios Humano debe haber entendido lo que estaba pasando y forzó su entrada en mi consciencia. Para ser honesto, en un nivel instintivo, yo no quería nada más que olvidarme de él, pero el Dios Humano sí se preocupó de Ruijerd y sus problemas, así que tal vez el dios en realidad no era tan malo.
Dejando eso de lado, desde que casi morí, Eris se había pegado bastante a mí mientras estábamos dentro del carruaje. Antes, ella solo se pararía diagonalmente al otro lado de mí y diría, “Estoy en mi entrenamiento de balance. ¿Por qué no lo intentas?” Pero, últimamente, ella había comenzado a sentarse abajo. En específico, justo a mi lado. Lo suficientemente cerca para que nuestros muslos se toquen. Ayer había piel asomándose del dobladillo de sus shorts. Es un instinto humano querer tocar algo que puedes ver, así que la toqué con mi mano derecha, solo un poco, y la acaricié. En respuesta, Eris solo miró hacia mí, con su rostro completamente rojo.
Ella no me golpeó. Eris, la que siempre golpeaba a las personas, de pronto había dejado de hacerlo. Incluso cuando hice algo que definitivamente se merecía un golpe, ella no lo hizo. Su rostro se puso rojo y solo miró hacia mí con el ceño fruncido. Y ella siguió haciendo eso, mirándome. No solo eso, sino que siguió sentada a mi lado. En el pasado, Eris se apartaría cuando yo hacía cosas así, pero ahora, ella permanecía cerca.
Para ser completamente honesto, estaba llegando al punto donde yo quería meter mi mano dentro de sus shorts a continuación, así que deseaba que ella pusiera algo de distancia entre nosotros. Sé que hay algunas cosas que puedes dejar pasar con una sonrisa, y otras que no. Yo me estaba conteniendo. Pero sin importar si ella sabía o no de mi conflicto interno, Eris permaneció cerca de mí todo el tiempo.
Si terminaba con mis manos libres, ellas se estirarían en la dirección de Eris, así que actualmente estaba creando magia con mi mano izquierda y usando mi derecha para distorsionar el flujo de poder mágico saliendo de ella. Esta era la magia que Orsted había usado. Creo que él la había llamado Distorsión Mágica. Justo antes de que el poder mágico pudiera tomar forma mientras se reunía en mi mano, usaba un poder mágico diferente para interrumpirlo y dispersarlo.
Era simple y no requería mucho poder mágico, pero aun así era una técnica increíble. En retrospectiva, este método de anulación era similar a la barrera de nivel Real en la que había sido atrapado en el Reino de Shirone. Era simple de explicar, pero en la práctica era bastante difícil. Tal vez era debido a que yo estaba usando mi mano no dominante para conjurarlo, pero por lo general la magia aún tomaba forma, aunque de manera imperfecta. Era extremadamente difícil anular por completo la magia de la forma en la que Orsted lo había hecho. Pero todavía podría ser usado como un último recurso, incluso así de imperfecto. Él al final me había enseñado algo bastante útil.
“Oye, Rudeus, ¿qué has estado haciendo todo este tiempo?”
“Estoy tratando de imitar la magia que Orsted usó,” dije.
Eris miraba fijamente hacia mis manos. En mi izquierda, había fabricado un pequeño y tosco Cañón de Piedra que cayó al suelo con un sonido seco.
Otro fracaso. Casi sentía como si estuviera jugando piedra, papel, o tijeras con mis manos. Sin importar cuántas veces lo intentaba, seguía dejando ganar a mi mano izquierda. Mmm. Esto no iba a funcionar si no me ponía serio al respecto. En otras palabras, había algunas reglas involucradas a la hora de distorsionar magia. ¿Eso significaba que, si pudiera liberar magia de acuerdo a esas reglas, incluso podría anular su Distorsión Mágica? Las probabilidades estaban incrementándose.
“¿Qué clase de magia es?”
“La clase de magia que anula otra magia,” respondí.
“¿Eso se puede hacer?”
“Lo estoy practicando ahora mismo.”
“¿Por qué estás haciendo algo así?” preguntó Eris.
“Últimamente ha habido muchas ocasiones en donde mi magia ha sido sellada y no pude hacer nada. Supongo que podrías decir que estoy en medio de una investigación. Al menos, si volvemos a encontrarnos con Orsted y se convierte en una batalla, quiero ser capaz de huir de él. ¿Tiene sentido?”
Eris se quedó en silencio. Por un corto periodo de tiempo, el único sonido fue el de los Cañones de Piedra cayendo al suelo.
“Oye, Rudeus, ¿por qué eres tan fuerte?”
¿Yo era fuerte? “Creo que tú eres más fuerte que yo,” le dije.
“Eso no es cierto.”
“…”
“…”
La conversación se estancó. Eris parecía querer preguntar algo, pero no dijo nada. Me pregunto qué había en su mente, ya que no tenía ni la menor idea. No, eso no era completamente cierto.
“¿Estás preocupada sobre el hecho de que fuiste derrotada con facilidad el otro día?”
“… Sí,” dijo Eris.
No era su culpa. De acuerdo al Dios Humano, Orsted era el Dios Dragón, el ser más fuerte de este mundo. Él incluso había derrotado fácilmente a Ruijerd. No fue una lucha justa. Él existía en una dimensión que no podías alcanzar solo con esfuerzo. En mi vida anterior, me había esforzado mucho en algunas áreas y había logrado escalar algunos peldaños, pero nunca había llegado al nivel de aquellos en la cima. Incluso con los juegos en los que estaba absorto, donde pensaba que no había forma de que perdiera, siempre hubo personas mejores que yo.
Había maldiciones restringiendo a Orsted, y a pesar de eso, su habilidad de combate físico sobrepasaba la de Ruijerd. Él había derrotado a Eris con una mano y me había dejado completamente indefenso. Para colmo, él luchó de una forma tan precisa que no realizó ningún esfuerzo más del necesario para reducir tu VIT completa a cero, lo cual significaba que él aún tenía energía disponible. No tenía idea de lo fuerte que sería si él iba con todo.
“Es injusto tener a un oponente como ese. No es tu culpa.”
“Pero…”
Podía entender por qué Eris estaba tan preocupada. Ella había sido derrotada de un solo ataque. Él había recibido de lleno su ataque con la espada y la mandó a volar.
“Todavía eres joven. Siempre y cuando trabajes duro, te volverás más fuerte,” le aseguré.
“¿Tú crees…?”
“Sí, incluso Ghislaine y Ruijerd dijeron lo mismo, ¿no?”
Eris de repente giró su cabeza y miró directamente hacia mí. “Sabes que casi mueres, ¿cierto? ¿Por qué tú…? ¿Cómo es que puedes decir eso con tanta facilidad?”
Bueno, porque se sentía irreal para mí. Tampoco estaba pensando en tener una revancha con él en el futuro. La próxima vez que lo viera, iba a huir como un cohete. O quizá me escondería en las sombras como una rata. Si no podía encontrar una forma de huir, quizá le rogaría que me perdonara la vida. Rezaría para que Eris no estuviera ahí para ver esa escena.
“Porque no quiero morir la próxima vez,” dije finalmente.
“Es verdad, no quieres morir, ¿no…?”
“Por favor, no te preocupes. Voy a esforzarme para que, si alguna vez terminamos en otra situación peligrosa como esa, pueda ser capaz de tomarte y correr por nuestras vidas.”
Eris tenía una expresión complicada en su rostro mientras apoyaba su cabeza contra mi hombro. Pude haber ganado más puntos de afecto si hubiera usado la oportunidad para acariciar su cabeza, pero estaba en medio de lanzar Distorsión Mágica con mi mano derecha.
“Bueno, sin importar lo que pase, tenemos que volvernos un poco más fuertes.”
Solo un poco más. No había forma de que pudiera convertirme en el más fuerte de este mundo. La cima aquí era demasiado alta. Pero quería al menos volverme lo suficientemente fuerte para que pudiéramos huir en caso de ser atacados por algún rarito.
Mientras pensaba eso, presioné mi cara contra el cabello de Eris e inhalé su aroma.
Una vez que cayó la noche y Eris estaba dormida, le hablé a Ruijerd. Nosotros habíamos hablado incluso menos de lo usual desde ese incidente. Ruijerd desde un principio no era alguien tan expresivo, pero desde entonces, se había vuelto malhumoradamente callado. Él probablemente se culpaba a sí mismo por lo que pasó, ya que, a pesar de su promesa de llevarnos a casa sanos y salvos, no había sido capaz de protegernos. Pero al menos yo seguía con vida, sin importar cuánto fue lo que influyó la suerte en eso.
“Ese hombre, Orsted… él aparentemente es el Dios Dragón,” le dije. “El número dos de los Siete Grandes Poderes.” Inicié la conversación con ese hecho, enfatizando la idea de que, ya que nuestro oponente fue demasiado fuerte, era normal que hubiéramos perdido.
“Entonces era él. No hay duda de que fuera tan…”
“Fuerte, ¿cierto? Después de que quedaste inconsciente, no pude hacer nada para oponerme a él.”
“Esta es la primera vez desde Laplace que di un solo vistazo hacia alguien y sentí que no podía derrotarlo.”
Ruijerd no sabía sobre las maldiciones restringiendo a Orsted. Él no sabía que había sido vencido en un combate físico por un oponente que se estaba conteniendo. Si él supiera la verdad, podría desconcertarlo.
“Incluso yo no creo tener oportunidad alguna contra la élite de los Siete Grandes Poderes. Aquellas personas son monstruos más allá de cualquier comprensión. Fue mala suerte que nos encontráramos con alguien así en el camino. Solo puede ser considerado buena suerte que lográramos sobrevivir.” Las palabras sonaban a que estaba poniendo excusas, pero también se sentía que había una pizca de remordimiento en el tono de Ruijerd. Tal vez él reconocía que no había nada que hubiera podido hacer, pero veía eso como un asunto separado de que él fuera incapaz de cumplir su deber.
“Rudeus,” continuó él. “Si alguna vez nos volvemos a encontrar con alguien así, por ningún motivo debes iniciar una pelea con esa persona. Ni siquiera la mires a los ojos. Eso si no quieres que las cosas terminen de la misma forma que esta vez.”
“S-sí. Bueno, la próxima vez probablemente solo apartaré la mirada y seguiré mi camino.”
Él estaba enojado conmigo. Bueno, si yo no hubiese detenido a Orsted, nosotros probablemente solo habríamos pasado uno al lado del otro. Admitía ese error. A pesar de que al principio no se veía tan peligroso. No… después de que Ruijerd y Eris reaccionaron de esa forma hacia él, debí haber sido más cuidadoso.
“Y bien, ¿qué te está molestando?” pregunté.
Ruijerd miró intensamente hacia mí. “¿Quién es el Dios Humano?”
Oh. Entonces de eso se trataba.
“Al principio, él parecía tener la intención de dejarnos ir. A pesar del aura de sed de sangre que irradiaba, en realidad no había sed de sangre en sus ojos. Pero en el momento que escuchó el nombre Dios Humano, él envió toda esa hostilidad hacia ti.”
Cerré mis ojos. ¿Debía decirle o no? Era una decisión que pensé haber tomado antes. Pero por desagradable que se viera, el Dios Humano no era una persona tan mala, y después de lo que nos había pasado, no me gustaba la idea de mantenerlo en secreto.
“De hecho, el Dios Humano es…”
A pesar de lo mucho que reflexioné sobre si debía decirle o no a Ruijerd, una vez que tomé mi decisión, las palabras salieron inmediatamente. Le conté que, desde la época del Incidente de Desplazamiento, un ser misterioso que se hacía llamar Dios Humano había aparecido ocasionalmente en mis sueños. Que él me había aconsejado ayudar a Ruijerd; que también me había dado consejos en otras ocasiones. Que mi comportamiento misterioso era debido a que estaba siguiendo ese consejo. Después le conté que parecía ser que el Dios Humano y el Dios Dragón eran enemigos. Le conté que mis conversaciones con el Dios Humano eran vagas y que yo probablemente estaba olvidando muchos detalles, pero lo narré todo tan detalladamente como pude.
“El Dios Humano y el Dios Dragón… Los Siete Dioses del pasado… Todo es demasiado repentino, y difícil de creer,” dijo Ruijerd.
“Apuesto a que sí.”
“Pero hay partes que tienen sentido.” Después de decir eso, Ruijerd se quedó en silencio. El aire estaba dominado por los sonidos de las chispas saltando de la fogata. Las sombras que creaba danzaban por los alrededores, posándose sobre el rostro de un viejo guerrero. Gracias a sus genes, Ruijerd se veía bastante joven, pero había algo en su expresión que daba una pista de una historia marcada por las batallas.
De pronto recordé que, en mi último sueño, el Dios Humano y yo habíamos hablado un poco acerca de la maldición de Ruijerd. “Por cierto, Ruijerd. Sobre la mala reputación de la Tribu Superd… aparentemente, es una maldición.”
“… ¿Qué?”
“Para ser preciso, era una maldición de Laplace, la cual transfirió a sus lanzas, la cual después se pegó a toda la Tribu Superd. O al menos eso dijo el Dios Humano.”
“Ya veo… así que es una maldición…” Había compartido esa información con él pensando que serían buenas noticias, pero Ruijerd simplemente frunció el ceño y se hundió en sus pensamientos. “Nunca antes he escuchado acerca de transferir una maldición, pero estamos hablando de Laplace, así que es posible. Él era capaz de hacer lo que sea.”
Yo no sabía mucho sobre maldiciones, así que Ruijerd probablemente tenía más conocimiento de ellas que yo. Él pareció considerarlo un poco más de tiempo, pero al final, solo dejó salir una pequeña risa. “Si es una maldición, entonces no hay forma de removerla.”
“¿No la hay?” pregunté.
“No. Se llaman maldiciones porque no hay forma de removerlas. Nunca antes había escuchado de una maldición que afecte a toda una tribu, pero… si es lo que dijo un dios, entonces probablemente es cierto.”
Él dejó salir una risa de autodesprecio, como expresando que todo lo que él había hecho hasta ahora había sido en vano. Puede haber sido solo la luz, pero parecía haber lágrimas en las esquinas de sus ojos.
“Pero…” comencé a decir.
“¿Qué pasa?”
“El Dios Humano dijo que, a diferencia de las maldiciones ordinarias, esta está desapareciendo con el paso del tiempo.”
“¿Qué?”
Él también dijo que todavía permanece en ti, Ruijerd, pero que la has reducido severamente gracias a que cortaste tu cabello.”
“¿¡Es eso verdad!?”
Él lo gritó tan repentinamente que Eris se dio la vuelta dormida, murmurando, “Mm…” Esta probablemente era una conversación que debí haber tenido también con ella, pero… como sea, podía volver a decirlo cuando despertara.
“Sí. Él dijo que ahora mismo lo que queda son solo vestigios de la maldición y los prejuicios iniciales que creó. La reputación de la Tribu Superd puede recuperarse de forma lenta pero segura, dependiendo de lo duro que te esfuerces de aquí en adelante.”
“Ya veo… eso tiene sentido…”
“Pero eso solo es lo que dijo el Dios Humano,” agregué. “Incluso si confías en lo que dice, lo mejor sería tomarlo con cuidado. Deberíamos seguir siendo tan cautelosos como lo hemos sido hasta ahora.”
“Lo sé. Aun así, escuchar eso es suficiente para mí.” Ruijerd volvió a quedarse en silencio. Ya no era solo la luz que lo hacía verse así. Había lágrimas bajando a través de sus mejillas.
“Bueno, es hora de que me vaya a dormir.”
“Sí.”
Pretendí no ver sus lágrimas. Nuestro Ruijerd era un guerrero confiable y un hombre fuerte que no lloraba.
Después de eso pasó un mes. No visitamos la capital, sino que solo seguimos una ruta angosta, avanzando más y más hacia el norte. Pasamos a través de muchas pequeñas aldeas granjeras, y vimos campos de trigo extendiéndose ante nosotros y molinos de agua a un costado mientras continuamos nuestro viaje.
No reunimos información. Solo nos dirigimos hacia el norte tan rápido como nos fue posible. Supusimos que averiguaríamos todo lo que estaba pasando una vez que llegáramos al campo de refugiados, pero aún más importante, ya casi habíamos llegado ahí. Solo queríamos llegar a nuestro destino tan rápido como nos fuera posible.
Finalmente, llegamos a la Región de Fittoa, la cual ahora estaba vacía. Incluso en los lugares que una vez había habido rastros de civilización, ahora no había absolutamente nada. No había campos de trigo, campos de flores Vatirus, molinos de agua, ni tampoco almacenes para las cosechas. Pasto era todo lo que se extendía ante nosotros —un campo de pasto se extendía hasta donde la vista podía ver. La escena creaba una sensación de vacío, una que se acunó muy profundo dentro de nosotros mientras llegábamos a la actual (y única) ciudad en la Región de Fittoa: el campo de refugiados. Nuestro destino final.
Fue justo antes de llegar a la entrada que Ruijerd detuvo el carruaje.
“¿Mm? ¿Qué pasa?”
Ruijerd descendió del asiento del conductor. Miré a mi alrededor, pensando que tal vez había aparecido algún monstruo, pero no vi enemigos. Ruijerd vino a la parte de atrás del carruaje y dijo, “Aquí es donde me despido.”
“¿Qué?” Alcé mi voz debido al desconcierto causado por su repentina declaración.
Los ojos de Eris también se abrieron por completo. “¡E-espera un segundo!”
Casi nos caímos del carruaje mientras nos poníamos de pie para posicionarnos frente a Ruijerd. Esto era demasiado repentino. Acabábamos de llegar al campo de refugiados. No, estábamos a un solo paso. “¿No puedes al menos descansar un día —no, al menos solo entrar a la ciudad junto a nosotros?”
“Sí, es decir—” comenzó a decir Eris.
“Eso no es necesario.” Las palabras de Ruijerd fueron secas mientras miraba hacia nosotros. “Ustedes dos ya son guerreros. No necesitan mi protección.”
Eris se quedó en silencio cuando él dijo eso. Para ser honesto, yo ya había olvidado que la única razón por la que Ruijerd se había quedado con nosotros por tanto tiempo fue para asegurarse de llevarnos de regreso a casa, y una vez que llegáramos ahí, diríamos adiós. Pensé que estaríamos juntos por siempre.
“Ruijerd-san…” comencé a decir, pero entonces vacilé. Si trataba de detenerlo ahora, ¿se quedaría con nosotros? En retrospectiva, yo le había causado bastantes problemas. Era verdad que él también había aportado su parte de problemas, pero yo le había mostrado mucha más de mi patética debilidad. A pesar de eso, aquí estaba él, reconociéndome como un guerrero. No podía pedirle más.
“Si no hubieras estado con nosotros,” dije, “estoy seguro de que no habríamos llegado tan lejos en tres años.”
“No, estoy seguro de que lo habrían logrado de todas formas.”
“Eso no es verdad. Yo soy demasiado descuidado para algunas cosas, así que habríamos caído en alguna trampa a lo largo del camino.”
“Siempre y cuando seas capaz de reconocer eso, estarás bien.”
Hubo numerosas ocasiones en las cuales terminé en problemas, como por ejemplo cuando fui capturado en Shirone. Si Ruijerd no hubiese estado junto a nosotros, yo probablemente habría entrado en pánico.
“… Rudeus, ya te lo dije antes.” El rostro de Ruijerd se veía incluso más tranquilo de lo usual. “Como un mago, ya has alcanzado una clase de perfección. A pesar de todo el talento que posees, todavía no dejas que se te suba a la cabeza. Deberías darte cuenta de lo importante que es ser capaz de hacer eso a tu edad.”
Tenía sentimientos encontrados acerca del significado de aquellas palabras. Incluso si él me llamaba joven, mi edad real estaba por sobre los cuarenta. La razón de que no hubiera dejado que se me fuera a la cabeza era porque aún retenía esos recuerdos. A pesar de que cuarenta probablemente todavía era considerado joven para los estándares de Ruijerd.
“Yo…” Me detuve mientras comenzaba a hablar. Pude haber enlistado una gran cantidad de mis debilidades justo ahí, pero eso sería demasiado patético. Yo quería estar de pie en frente de este hombre con mi cabeza en alto. “No, lo entiendo. Ruijerd-san, gracias por todo lo que has hecho por nosotros hasta ahora,” dije. Comencé a hacer una reverencia, solo para que él me agarrara y me detuviera.
“Rudeus, no bajes tu cabeza hacia mí.”
“¿Por qué no…?” pregunté.
“Tú puedes pensar que yo he hecho mucho por ti, pero yo creo que tú has hecho mucho más por mí. Gracias a ti, ahora veo esperanza en que mi tribu pueda recuperar su honor una vez más.”
“Yo no hice nada. Básicamente no fui capaz de hacer nada.”
Había intentado convertir el nombre Fin del Camino en algo positivo dentro del Continente Demoniaco, pero nunca fuimos nada más que un grupo de aventureros mientras estuvimos ahí. En el Continente de Millis, ese nombre no tenía el mismo peso. Había querido utilizar una nueva estrategia, pero seguía posponiéndose, y entonces llegamos al Continente Central y no fui capaz de hacer nada más para ayudarlo. Me gustaba pensar que todo lo que habíamos hecho tuvo algún impacto, pero no podía eliminar la considerable historia de opresión en el mundo, y no podía hacer nada sobre los prejuicios que las personas tenían hacia la Tribu Superd.
“No, hiciste mucho. Me enseñaste que mi método directo de salvar niños no era la única forma que había.”
“Pero ninguno de mis métodos fue muy efectivo,” contrataqué.
“Aun así, yo he cambiado. Lo recuerdo todo. Las palabras de esa anciana en la Ciudad de Rikarisu que, gracias a tus planes, dijo que no le tenía miedo a la Tribu Superd. La mirada en los rostros de esos aventureros cuando escucharon el nombre Fin del Camino —que no estaban aterrados, sino que reían animadamente. La cercanía que sentí hacia los guerreros de la Tribu Doldia y cómo me aceptaron incluso después de decirles que yo era un Superd. Y los soldados de Shirone, y cómo ellos lloraron mientras me agradecían cuando se reunieron con sus familias.”
Dejando los primeros dos de lado, el resto pasó gracias a los propios esfuerzos de Ruijerd. Yo no había hecho nada. “Esas fueron cosas que hiciste por tu cuenta,” le dije.
“No. Yo no pude hacer nada por mi cuenta. Trabajé solo durante los cuatrocientos años después de la guerra, incapaz de dar un solo paso hacia adelante. Quien me mostró el camino fuiste tú, Rudeus.”
“Pero eso en realidad pasó gracias al consejo del Dios Humano.”
“No me importa un dios que nunca he visto. La persona que realmente me ayudó fuiste tú. Sin importar lo que pienses, yo siento una gran deuda de gratitud hacia ti. Es por eso que no quiero que bajes tu cabeza hacia mí. Nosotros dos somos iguales. Si quieres agradecerme, mírame a los ojos,” dijo Ruijerd mientras estiraba su brazo hacia mí.
Lo miré a los ojos mientras estiraba mi propio brazo y apretaba su mano con la mía.
“Lo diré una vez más. Gracias, Rudeus, te agradezco todo lo que hiciste por mí.”
“Lo mismo digo. Gracias por todo lo que hiciste por nosotros.”
Cuando apreté su mano, sentí la fuerza proveniente de él. Las esquinas de mis ojos comenzaron a arder. Ruijerd había aceptado a alguien como yo —alguien patético, que había fallado a lo largo de todo el camino.
Después de unos momentos, él apartó su mano, y la puso sobre la cabeza de Eris. “Eris,” dijo él.
“… ¿Qué?”
“¿Puedo tratarte como una niña una última vez?”
“Bien, como quieras,” respondió ella de forma cortante.
Había una suave sonrisa en el rostro de Ruijerd mientras acariciaba su cabeza. “Eris, tienes talento. Lo suficiente como para que seas mucho, pero mucho más fuerte que yo.”
“Mentiroso. Después de todo, yo perdí con…” Su boca se curvó en un puchero.
Ruijerd se rio y dijo las mismas palabras que siempre había usado cuando ellos practicaban. “Sobreviviste a un ataque en batalla de un hombre que posee el nombre de un dios. Tú…” Entiendes lo que eso significa, ¿cierto?
Ella miró fijamente hacia él. Entonces, sus ojos finalmente se abrieron por completo al comprenderlo. “… Lo entiendo.”
“Buena chica.” Ruijerd acarició su cabeza una vez más antes de retirar su mano.
Eris mantuvo el rostro serio y apretó con fuerza sus manos. Parecía ser que ella estaba haciendo su mejor esfuerzo para contener sus lágrimas. Aparté mi mirada de ella y le pregunté a Ruijerd, “¿Qué vas a hacer ahora?”
“No lo sé. Por ahora, tengo la intención de buscar a cualquier sobreviviente de la Tribu Superd dentro del Continente Central. Restaurar el honor de mi tribu es solo un sueño dentro de un sueño si sigo estando solo.”
“Entiendo. Buena suerte. Si tengo algo de tiempo libre, veré si puedo hacer algo para ayudarte con eso.”
“… Heh. Y si yo tengo algo de tiempo libre, veré si puedo ayudarte a buscar a tu madre,” dijo Ruijerd mientras se daba la vuelta. Él no necesitaba prepararse para su viaje. Él podía seguir adelante incluso si partía solo con la ropa que llevaba puesta.
Aun así, él de pronto se detuvo y se dio la vuelta. “Eso me recuerda, necesito regresar esto.” Ruijerd removió el pendiente que estaba colgando alrededor de su cuello. Era el pendiente de la Tribu Migurd que yo había recibido de Roxy. Era el único objeto que nos unía a mí y a Roxy… al menos, lo había sido.
“Por favor, quédatelo,” le dije.
“¿Estás seguro? ¿No es importante para ti?”
“Es exactamente por eso que quiero que lo conserves.”
Él asintió cuando le dije eso. Parecía estar dispuesto a recibirlo. “Muy bien, Rudeus, Eris, hasta pronto,” dijo Ruijerd mientras se alejaba de nosotros.
Habíamos hablado de muchas cosas desde que él dijo que vendría con nosotros al comienzo, y ahora, mientras se iba, todo parecía estar pasando en un instante. Había muchas cosas que quería decirle. Habían pasado muchas cosas desde que nos conocimos en el Continente Demoniaco hasta que llegamos al Reino de Asura. Tantos sentimientos que las palabras ni siquiera podían comenzar a describirlo. Como no querer decirle adiós a nuestro compañero.
“Hasta pronto.”
Todos esos sentimientos estaban dentro de aquellas palabras mientras su silueta desaparecía en la distancia. Así es —nos volveríamos a ver, me dije a mí mismo. De seguro sería así. Siempre y cuando siguiéramos con vida, definitivamente nos volveríamos a encontrar.
Eris y yo observamos a Ruijerd alejarse, en silencio y agradecidos por todo lo que había hecho por nosotros hasta ahora, hasta que él desapareció por completo.
Así fue como nuestro viaje llegó a su fin.

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.