Una Adulta
Capítulo 8: Una Adulta
Abandonamos el Reino de Shirone y viajamos muy, muy hacia el oeste. Nuestro destino era el Reino de Asura. El camino en dirección de dicho país era plano, y el clima lo suficientemente cálido para provocarte sueño. A cada lado de la carretera había campos de pasto hasta donde el ojo podía ver, y directamente adelante estaba el fino contorno de las Montañas del Wyrm Rojo. Sobre ellas, podías ver sombras moviéndose lentamente en círculos. Era tranquilo.
En una ocasión, bandidos que no entendían para nada la situación se acercaron y demandaron que dejáramos nuestras monedas y nos fuéramos. Eris les concedió amablemente su deseo ofreciéndoles su puño de hierro, mandándolos a volar hacia el horizonte. Ruijerd al principio quiso matarlos a todos, pero una vez que escuchamos que ellos simplemente estaban haciéndolo por comida, él decidió dejarlos ir por ahora. Pero solo esta vez.
Aunque este era el Continente Central, la carretera por estos lados no era particularmente segura. Desearía que tomaran como ejemplo al Continente Demoniaco. Los bandidos nunca iban ahí, a pesar de que, a cambio, los monstruos aparecían diez veces más en número.
El hecho de que las personas pudieran hacer lo que quisieran aquí era prueba de lo pacífica que era la región. Si viajábamos solo un poco más hacia el norte, había un revoltijo de pequeños países enfrascados en guerras. De hecho, ese conflicto probablemente era la causa del creciente número de bandidos aquí.
Ahora permítanme explicar un poco las características geográficas de la zona. Las Montañas del Wyrm Rojo eran un enorme rango montañoso que se extendía a través del Continente Central, dividiéndolo en tres partes, con los Wyrms Rojos viviendo dentro de ellas. Se decía que los Wyrms Rojos eran los monstruos más poderosos en el Continente Central. Su fuerza era temible en un uno a uno, pero ellos comúnmente se reunían en hordas de varios cientos.
Su habilidad de detección era destacable. Ellos siempre detectaban cualquier cosa que invadiera su territorio, incluso a los animales tan pequeños como un perro. Y no importaba lo feroz que fuera el oponente —los wyrms arremeterían juntos y lo devorarían, con huesos y todo. Si traspasabas su territorio, morías. Eso era de conocimiento público en este mundo.
En este mundo había un gran número de especies diferentes de dragones. Cada una de ellas era de rango A o superior. Dentro de ellas, el Wyrm Rojo era la más feroz y peligrosa. Uno solo de ellos era de rango S menos, pero siempre estaban en grupos y siempre tenían vastos territorios. Y ya que el borde montañoso era el lugar al que estas criaturas llamaban hogar, llegó a ser conocido como las Montañas del Wyrm Rojo; un rango montañoso impenetrable, que era un símbolo de la muerte.
Los Wyrms Rojos eran bestias peligrosas, pero en realidad tenían una debilidad. Ellos tenían excelentes habilidades de combate, pero eran terribles surcando los cielos, y no podían levantar el vuelo desde un terreno plano. Para volar, ellos necesitaban saltar desde acantilados pronunciados o bajar corriendo una gran pendiente. A pesar de que el Continente Central tenía montañas altas, la tierra en su mayoría estaba constituida de planicies y bosques. Por lo tanto, era raro que aquellos que vivían en las planicies fueran atacados por un Wyrm Rojo.
Sin embargo, había idiotas ocasionales dentro de las hordas que terminarían atrapados en un viento turbulento o algo parecido y caerían hacia las planicies. El gran rey que cae desde los cielos pierde sus poderes… o eso decía el dicho, pero estas bestias no perdían su poder. Aquellas que caían cerca de una aldea humana perdían el control, desolando el área. Cuando esto pasaba, los aldeanos llamarían a los soldados o los aventureros para lidiar con el problema. Aunque estas solicitudes de exterminación eran de rango S, grupos de alrededor de diez personas eran formados para atraer a la criatura a una trampa, haciéndolas relativamente fáciles de cazar. En general, la carne de dragón y sus huesos eran materiales de alta calidad para fabricar armaduras, y su piel era altamente codiciada como una pieza de arte. Por supuesto, no solo esas partes eran valiosas. El cuerpo entero de un wyrm podía ser utilizado para esto o aquello.
A pesar de que la recompensa en dinero era distribuida dentro de los equipos de diez que derrotaban a una de estas criaturas, seguía siendo suficiente dinero para que cada uno de ellos viviera bien por un año. Para ser más preciso, un dragón equivalía a cerca de cien monedas de oro. Incluso aunque ellos no podían aceptar la misión directamente, al parecer había muchos novatos de rango C que de forma impulsiva aceptarían el desafío, solo por los lucrativos materiales que podrían obtener del cuerpo de un wyrm. Por supuesto, la mayoría de ellos eran quemados vivos y luego devorados.
Había dos caminos para atravesar estas montañas en donde merodeaban vastos números de Wyrms Rojos. Estos caminos eran las quebradas rodeadas por dos precipicios escarpados, conocidas respectivamente como la Mandíbula Inferior del Wyrm Rojo y la Mandíbula Superior del Wyrm Rojo. Estas quebradas habían existido desde los tiempos de la Segunda Guerra entre Humanos y Demonios y eran los únicos caminos en ese entonces lo suficientemente amplios para que los soldados pudieran pasar. Anticipando eso, Laplace había aprovechado la oportunidad para liberar Wyrms Rojos sobre los ejércitos que lo intentaban. Ruijerd confirmó esa historia, así que no había duda de su veracidad.
Nuestro carruaje se estaba moviendo hacia la Mandíbula Inferior del Wyrm Rojo, la cual conectaba las regiones sur y occidental del Continente Central. Una vez que la atravesáramos, estaríamos en el Reino de Asura. Sin embargo, estábamos tomando una ruta indirecta para rodear las montañas, y había una señorita dentro de nosotros que detestaba los caminos indirectos.
“No necesitamos rodear esta cosa. Tenemos a Ruijerd con nosotros; ¡podríamos atravesar directamente estas montañas!” dijo Eris, siendo completamente irracional mientras miraba hacia los Wyrms Rojos, los cuales estaban haciendo pequeños círculos en el cielo sobre el rango montañoso.
“No seas ridícula,” respondió Ruijerd, con una sonrisa amarga.
Había considerado que podríamos ser capaces de cruzar las montañas con Ruijerd en nuestro grupo, pero incluso él encontraba esa idea imposible. En ese caso, yo no tenía oportunidad. Después de todo, no podía derrotar a Ruijerd.
“¡Pero Rudeus definitivamente podría hacerlo!” resopló Eris.
“No, de ninguna manera. ¿De qué estás hablando?”
“¡Ghislaine dijo que ella había matado a un Wyrm Rojo rezagado!”
“¿En serio?” Yo nunca había escuchado eso. Quizá no era una de las historias de su tiempo como aventurera. Si lo hubiera sido, Paul de seguro habría presumido al respecto.
“¡Por lo que escuché, ella luchó contra uno antes de convertirse en una Santa de la Espada!”
“¿Oh? ¿Y por su cuenta?”
“Eh, bueno, ella dijo que hubo otros cinco que eran espadachines de rango Avanzado.”
“¿Y cuántos de ellos murieron?” la presioné.
“Dos,” respondió Eris.
Idiota, pensé. Eso significaba que su grupo perdió al 40% de sus integrantes. ¿Qué demonios la hacía pensar que yo podría derrotar a una de esas criaturas?
“Además,” dije, “hay una diferencia importante en fuerza entre los rezagados y los de aquí en estas montañas. Después de todo, estos están en el aire, ¿sabes?”
El vuelo le daba una enorme ventaja a los wyrms por sobre los humanos. Esto no era un videojuego donde tener una habilidad de vuelo te hacía débil contra los arcos y las flechas. Además, ellos se movían en grupos. Una cosa era enfrentar a los Dragones Rey, cuyos grupos consistían solo de unos cuantos wyrms, o los Wyrms Negros, quienes ni siquiera formaban bandadas. Con la forma en la que los Wyrms Rojos te rodeaban de cientos, no había forma de que pudieras esperar derrotarlos uno a uno. “Ruijerd, ¿tengo razón?”
“Sí. No tienes oportunidad contra una horda de Wyrms Rojos. Si existiera alguien, sería alguno de los rangos más altos de los Siete Grandes Poderes. Incluso el Dios del Norte y el Dios de la Espada probablemente se rendirían a medio camino.”
“¿De verdad?” Vaya. Creí que los Siete Grandes Poderes fácilmente podrían derrotar a algunos dragones, pero parecía ser que estaba equivocado.
“Sí, su resistencia muy probablemente se agotaría a mitad de camino. No es como si pudieras dormir con dragones por todos lados.”
Eso tenía sentido. Tendrías a varios cientos de ellos atacándote sin descanso, incluso de noche. Dejando de lado la fuerza de combate, ellos te abrumarían solo con sus números.
“Dicho eso, Laplace subyugó al Rey de los Wyrms Rojos, así que aquellos en la cima de los Siete Grandes Poderes probablemente podrían atravesarlos sin ningún problema. Aunque si estuviéramos hablando de los Siete Grandes Poderes del pasado, incluso el Dios en el último lugar podría haber pasado a través del territorio de los Wyrms Rojos sin problemas, estoy seguro.”
“Pero aun así me gustaría cazar a uno de ellos algún día…” Una vez más, Eris estaba expresando sus ideas peligrosas de siempre. Yo estaba seguro de que estaría ayudándola cuando ese algún día llegara.
Pasó otro día tranquilo. Solo un par más y llegaríamos a la Mandíbula Inferior del Wyrm Rojo.
Estaba pensando en el Dios Humano mientras preparaba comida para el grupo. Más específicamente, sobre qué pasó en el Reino de Shirone hace unos días. Para ser perfectamente honesto, sentía que las cosas salieron demasiado bien para mí. Tal vez el Dios Humano, además de su capacidad de premonición sin igual, también tenía el poder de cambiar el futuro.
No. Incluso si no hubiese llevado esa figura conmigo, tenía la sensación de que Ginger igual habría llevado a Zanoba para reunirse conmigo. Y él igual habría llevado su figura de Roxy, habría dado el mismo discurso, y yo igual habría señalado el lunar que él había removido.
¿Qué tal si yo hubiese usado mi nombre real con Aisha? Sola en la posada con su pervertido hermano… Si yo fuera ella, habría temido por mi castidad. Aisha era una niña lista. Ella estaba tratando de enviar una carta, así que podría haber robado mi dinero y huido.
Estaba seguro de que la habría perseguido en ese caso. Tan pronto como hubiera sabido que ella no estaba, habría perdido toda mi compostura y, sin pensar en las consecuencias, habría lanzado magia hacia el cielo para contactar a Ruijerd. Le diría que había encontrado a mi hermana, pero que había escapado, y él me ayudaría a buscarla. Ruijerd era amable con los niños. Estaba seguro de que ella confiaría en él.
Mientras más lo consideraba, más comenzaba a pensar que el consejo del Dios Humano fue para asegurarse de que las cosas terminaran más o menos de la misma forma, sin importar lo que yo hiciera. Incluso si nosotros no hubiéramos decidido aceptar la ayuda de Ruijerd, él de alguna forma habría terminado viajando junto a nosotros. Sin importar qué ojo hubiera elegido del arsenal de Kishirika cuando la conocí, igual habría sido capturado por la Tribu Doldia en el Gran Bosque.
El Dios Humano estaba considerando muchas cosas mientras me daba consejos. Tal vez podía confiar en él. Sin embargo, tal como siempre, no podía visualizar sus motivos. Si solo pudiera descubrir qué era lo que quería, entonces podría ser más honesto con él.
Mientras repasaba mi conversación con el Dios Humano, Eris y Ruijerd estaban practicando juntos como siempre. Últimamente, Eris se había vuelto tan fuerte que era impresionante. Hace solo un año, yo habría podido vencerla fácilmente usando mi ojo demoniaco. Incluso podría haberle bajado las bragas en medio de la batalla. Ahora, eso era imposible. Probablemente aún terminaría ganando si usaba mi ojo demoniaco y todo mi poder mágico, pero incluso con eso, estaría muy reñido. Yo ciertamente ganaría si comenzábamos la batalla con algo de distancia entre nosotros, pero una batalla a larga distancia me quitaría la posibilidad del contacto físico durante el calor de la batalla, así que en realidad no podías llamar a eso una victoria.
De vuelta a la conversación acerca del talento. Creí que yo me había esforzado, pero Eris me superaba por mucho en eso. La calidad y la cantidad de su trabajo duro ponía en vergüenza al mío. Mi cuerpo simplemente no podía seguir el ritmo. Mi resistencia era bastante promedio de acuerdo a los estándares japoneses, pero para los estándares de este mundo, yo era mediocre.
El entrenamiento del día llegó a su fin mientras estos pensamientos me acomplejaban. “Terminamos.”
“Haa, haa… sí…”
Últimamente Ruijerd le había dejado de preguntar a Eris si entendía su entrenamiento o no. Ya no necesitaba ser dicho. Eris lo estaba absorbiendo de forma natural.
“Eris,” dijo repentinamente Ruijerd, mientras ella se acercaba hacia donde yo estaba de pie.
“¿Qué?” Eris tomó la toalla húmeda que yo había preparado y entregado. Ella la metió dentro de su ropa, limpiando el sudor. Eris solía quitarse la ropa hasta quedar solo con su sostén y limpiarse, pero yo me excitaba demasiado por solo eso, así que ahora ella se dejaba puesta la ropa, incluso aunque probablemente se sentía asqueroso tener todo ese sudor sobre su cuerpo. Lo siento, me disculpé en mi interior.
“Desde hoy en adelante, eres una guerrera,” dijo Ruijerd mientras se sentaba.
Una guerrera, ¿eh? No una espadachina, ¿sino una guerrera? ¿Por qué él…? Ah. Finalmente entendí a qué se refería.
Eris pasó su mano bajo su axila para limpiar el sudor, y luego se detuvo. “¿Eso significa…?”
“Ahora eres una adulta,” dijo tranquilamente Ruijerd.
Los movimientos de Eris se volvieron bruscos mientras me lanzaba la toalla de vuelta. Usé magia de agua para limpiarla, después la giré como un resorte y la desenrollé hacia el aire para escurrirla. Eris tomó asiento a mi lado. Ya había visto antes esta expresión en su rostro. Era del tipo donde ella estaba tan feliz que una gran sonrisa estaba amenazando extenderse por todo su rostro, pero que ella estaba tratando de contener, pensando que necesitaba actuar de forma más reservada. “¡P-pero, Ruijerd, todavía no te he derrotado!”
“Eso no importa. Ya tienes la cantidad de fuerza suficiente para ser una guerrera.” Tal vez esta era su forma de darle su aprobación a Eris. Tal como Ghislaine lo hizo cuando ella le permitió a Eris usar el título de espadachín Avanzado, Ruijerd ahora estaba haciendo lo mismo al decirle que podía hacerse llamar una guerrera.
“Felicidades, Eris,” dije.
Sus ojos se posaron sobre mí con la sorpresa reflejada en ellos. “R-Rudeus, esto no es un sueño, ¿cierto? ¿Podrías pellizcarme?”
“¿No me golpearás si lo hago?”
“No te golpearé.”
Ya que tenía su palabra, estiré mi mano y pellizqué su pezón entre mis dedos. Por supuesto, gentilmente. ¿O tal vez de forma sensual es más adecuado en este caso?
El puño de Eris, por otro lado, no fue gentil. “¿¡Dónde diablos estás pellizcando!?”
“Lo siento… pero no es un sueño. Si lo fuera, esto no dolería tanto,” dije, con mi rostro volviéndose pálido mientras me sobaba la quijada. En contraste, el rostro de Eris estaba brillando de rojo mientras se cubría su pecho con sus brazos.
“Entiendo, una guerrera…” Ella miró hacia la palma de su mano como si finalmente pudiera sentir el poder que yacía ahí.
“Que no se te suba a la cabeza. Eso solo significa que ya no te voy a tratar como una niña. ¿Entiendes?” Ruijerd sonaba como un padre dándole una advertencia a su hija.
“¡Sí!” Eris tenía una mirada sumisa mientras respondía, a pesar de que sus mejillas se estaban retorciendo, amenazando con delatar su sonrisa.
Nuestra comida de hoy fue más sabrosa de lo usual.
Esa noche, justo cuando Eris se estaba preparando para dormir, algo me estaba molestando. Le hablé a Ruijerd, quien estaba en alerta con sus ojos cerrados. “¿Por qué le dijiste eso a Eris?”
Él abrió lentamente sus ojos y miró hacia mí. “Porque sin importar cuánto tiempo pase, tú sigues tratándola como una niña.”
… Bien, reflexionemos al respecto. ¿Eris era o no una niña? Ella era veinte años más joven que yo había sido cuando morí en mi vida anterior. Además, yo había sido su increíblemente paciente tutor desde que era pequeña, incluso mientras ella me había usado como su saco de arena personal. ¿Cuál era el problema con que la viera como una niña?
Seguro, Eris había madurado mucho últimamente, y no solo en términos de cómo su cuerpo se había desarrollado. Lento pero seguro, ella había comenzado a aprender a diferenciar el bien del mal. Ella ahora raramente se metía en una pelea sin pensar antes en las consecuencias. Sus instintos salvajes no habían desaparecido por completo, pero la frecuencia de sus estallidos había disminuido. Podrías decir que ella estaba en proceso de pasar de una niña a una adulta. O así me gustaba pensar, como si fuera mejor que ella, aunque no era como si pudieran llamarme un ejemplo de un adulto, incluso solo como un cumplido.
“Mmm…”
Ruijerd cerró sus ojos lentamente. “Bueno, no hay problema si no lo entiendes.”
Por alguna razón, tenía un mal presentimiento sobre esto. Esto se sentía horriblemente parecido a la clase de conversación final que los personajes de la televisión tenían antes de ser asesinados.
“Ruijerd-san.”
“¿Qué?”
“Por favor, coloca esta moneda de oro dentro del bolsillo de tu pecho,” dije, sacando una de mis propias monedas y arrojándosela.
Él se veía desconcertado. Después de todo, no tenía un bolsillo en su chaleco. Aun así, él logró colocarla satisfactoriamente dentro de una costura cerca de su pecho. “Muy bien, ¿y esto para qué es?”
“Un amuleto para la buena suerte.”
Satisfecho, me fui a dormir.
Un par de días después, finalmente llegamos a la entrada del Reino de Asura: la Mandíbula Inferior del Wyrm Rojo. Habían pasado cuatro meses desde que salimos del Reino de Shirone.
Cuando las cosas pasaban, pasaban rápidamente. En específico, las cosas malas pasaban cuando menos las esperabas. En mi antigua vida, mis padres habían muerto repentinamente. Que mis hermanos me echaran también había sido repentino. Paul me había enviado a ser un tutor sin previo aviso. Ser teletransportado hacia el Continente Demoniaco también había sido abrupto.
Había algo más que me faltaba comprender, y era lo peligroso que era este mundo en realidad. Lo fácil que morían las personas. Sin importar quién fuera la persona, la muerte podía llegar en un instante. No había excepciones a eso.
Me tomaría mucho tiempo, pero, eventualmente, llegaría a entender que la muerte era un fenómeno que me arrebataba abruptamente a aquellos más cercanos a mí. Si lo hubiese sabido en ese entonces, no tendría que estar lamentándome tanto ahora. Si solo hubiera sido más serio sobre ser más fuerte —lo suficientemente fuerte para no ser derrotado por nadie. Después de lo que pasó, no podía más que consumirme en lamentos, deseando haber transitado por un camino un poco diferente.
Aunque había una sola cosa que podía decir con seguridad.
Eris nunca dejaba de impresionarme.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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