El Demonio en el Almacén
Capítulo 5: El Demonio en el Almacén
La distribución de la ciudad de Puerto de Zant era similar a la del Puerto del Viento. Había un buen número de colinas onduladas como su borde, y un puerto que era más animado que la propia ciudad. El Gremio de Aventureros estaba a la misma distancia del puerto que del centro de la ciudad.
Dicho eso, había algunos contrastes. Aquí había notablemente más edificios de madera que en el Puerto del Viento. También eran más coloridos, tal vez para proteger el material del aire marino salado. Los árboles estaban alineados a un costado del camino, y uno podía ver un bosque más allá de los límites de la ciudad.
El verde estaba por doquier. Era un marcado contraste al Continente Demoniaco, el cual solo había tenido colores blancos, grises y cafés. Un océano era todo lo que separaba a los dos continentes, pero aun así eran como dos mundos diferentes.
Debí haber esperado esto, ya que este era el Continente de Millis, pero las personas caminando por las calles no eran la mezcla descabellada de diferentes tribus de demonios que había visto antes. En vez de eso, había gente bestia, elfos, enanos, y medianos —todas razas de personas que se parecían mucho a los humanos.
Antes de ir a buscar una posada, tenía que revisar el estado de nuestras finanzas. En la moneda del Continente Demoniaco, teníamos dos monedas de mineral verde, dieciocho monedas de hierro, cinco monedas de chatarra, y tres monedas de piedra. Eso era todo. Cuando las cambiamos, recibimos tres monedas de oro de Millis, siete monedas grandes de cobre de Millis, y dos monedas de cobre de Millis. Menos de lo que había asumido que recibiríamos, pero sospechaba que eso era debido a las tarifas de intercambio. Si hubiéramos usado un negocio de intercambio de divisas que no hubiese estado ligado al gremio, de seguro habrían tomado más. Esto seguía estando dentro de un rango aceptable.
“Deberíamos quedarnos en una posada cerca del gremio, ¿no?”
“Sí, necesitamos tomar algunas misiones,” estuvo de acuerdo Eris.
Eso dependía de cómo salieran las cosas esta noche. Asumiendo que salieran bien, estaríamos realizando trabajos del gremio mientras al mismo tiempo esparcíamos el buen nombre de Fin del Camino. Hasta ahora, parecía que el nombre no era tan conocido aquí en el Continente de Millis. El día en que el nombre perdiera todos sus significados nefastos pronto podría estar ante nosotros.
Con eso en mente, comenzamos a buscar una posada cerca del gremio. Misteriosamente, todas las de precios convenientes no tenían habitaciones disponibles. Esta era la primera vez que había experimentado esto. Seguro, antes habíamos sido rechazados porque la posada estaba llena, pero nunca soñé que todas ellas estarían iguales.
¿Estaba en marcha alguna clase de festival o algo así? Cuando pregunté, uno de los propietarios de posada respondió, “La temporada de lluvias está cerca. Casi todas las posadas de calidad estarán completamente reservadas.”
La temporada de lluvias era un fenómeno exclusivo del Gran Bosque, precipitaciones que duraban tres meses completos. Los diluvios hacían del Gran Bosque, como también de la carretera, intransitables. Como resultado, había muchas personas que reservaban estadías prolongadas.
Normalmente, la mayoría de las personas evitaban quedarse atrapados en lugares como este durante la temporada de lluvias, pero al parecer ciertos monstruos solo aparecían durante esta fecha, gracias a las lluvias que los desplazaban hacia la ciudad. Los materiales conseguidos de esos monstruos se vendían por un buen precio, así que muchos aventureros venían a la ciudad y se quedaban durante esta temporada.
Decidí cambiar mis planes al oír eso. Si pasábamos los próximos tres meses consiguiendo dinero de forma diligente aquí, podríamos conseguir el dinero para todos los gastos del resto de nuestro viaje. Al mismo tiempo podíamos esparcir rumores positivos sobre Ruijerd. Decidirnos por un plan de acción haría que el resto de nuestro viaje a través del Continente de Millis fuera bastante tranquilo.
Dicho eso, no hay que contar las ganancias antes de tiempo, ¿cierto? No teníamos mucho dinero, y tampoco pudimos encontrar una posada para quedarnos. Los únicos lugares con habitaciones disponibles eran ya sea los que estaban por sobre nuestro presupuesto, o los que se veían como pocilgas.
No podíamos pagar con dinero que no teníamos, así que solo nos quedaba una opción: reservar una habitación en un lugar desagradable y quedarnos en lo que era, francamente, una casa de suburbio. Una noche costaba tres monedas grandes de cobre y no incluía ningún otro servicio, ni siquiera comidas. Al menos era barato y decente si solo lo usábamos para dormir. En el Continente Demoniaco nos habíamos quedado en lugares mucho peores. Aunque valdría la pena cambiarnos de lugar una vez que consiguiéramos más dinero.
“Mmm. ¡Supongo que no está tan mal!” Eris era la hija de una familia noble, pero no tenía quejas sobre el estado dilapidado del edificio o de la falta de servicios.
De hecho, yo era el que tenía quejas. “A mí personalmente me gustarían algunas comodidades.”
“Estás actuando como un bebé mimado.”
Si bien quería responder con, “¿En serio? Bueno, tú no tienes el derecho para decir eso,” no podía. Al pensar cuidadosamente, recordé que esta chica noble solía dormir cómodamente sobre un montón de heno en un establo infestado de cucarachas y que olía a excremento de caballo. Ella no había despertado incluso mientras manoseaba su pecho. Eris no era como yo. Yo todavía anhelaba la calidez de una buena cama incluso después de haber reencarnado.
Decidí no actuar como un bebé mimado. Todo lo que podía hacer era usar magia para crear un aire caliente que aniquilaría cualquier rastro de ácaros del polvo, y después rápidamente limpiar la habitación. Yo no era un maniático de la limpieza. Para ser honesto, a mí en realidad me gustaban las cosas un poco desordenadas, pero algunas veces en posadas como esta las personas que se quedaban antes olvidaban algunas de sus cosas. Podría haber algunas monedas debajo de la cama, o un pequeño anillo que se había caído de un cajón. Podíamos quedarnos con cualquier dinero que encontráramos, pero algunas veces si se quedaba un anillo o algo similar, podría haber una solicitud en el gremio al respecto. Podría darnos una recompensa en efectivo, sin importar el rango de la solicitud. Normalmente era solo algo de cambio, pero en ocasiones podía darte una gran suma. Fue por eso que limpié la habitación cuidadosamente.
Mientras tanto, Eris tomó prestada una cubeta para lavar algo de ropa. Después ella rápidamente realizó el cuidado diario de su equipo. Para la hora en que ambos habíamos terminado, el sol ya estaba comenzando a ocultarse.
“Eris, casi es la hora de que vayamos a buscar a Ruijerd.” Inmediatamente memoricé dónde estaba ubicada nuestra posada. Los suburbios estaban cerca, lo cual significaba que la seguridad pública no estaba garantizada.
Una vez nos habíamos quedado en una posada cerca de los suburbios. Un ladrón entró en nuestra habitación mientras estábamos realizando un trabajo. Ruijerd había seguido el rastro del ladrón, y lo había castigado severamente, pero los bienes que nos robó ya habían sido entregados a alguien más y nunca los recuperamos. Los artículos no fueron particularmente importantes para nosotros en ese entonces.
Por lo tanto, no tenía la intención de dejar nada de valor en esta habitación de posada mientras estábamos fuera. Aun así, parecía prudente colocar algunas medidas para prevenir robos. También me daba un buen pretexto para no llevar a Eris conmigo.
“Eris, tú quédate aquí para cuidar nuestro equipaje.”
“¿Me dejarás aquí? ¿No puedo ir contigo?”
“No es eso. Es solo que esta zona no es muy segura.”
“Eso está bien; no es como si alguna de estas cosas fuera particularmente importante.”
Estaba sorprendido. Eris no comprendía la importancia de la prevención de los crímenes. Estaríamos en problemas si nos robaban nuestros artículos de uso diario, ya que no teníamos el dinero para reemplazarlos. Tenía que usar esta oportunidad para inculcar en ella la importancia de tener cuidado contra posibles ladrones.
“¿No lo entiendes? Alguien podría robar la ropa interior que acabas de lavar.”
“¡La única persona que robaría algo así eres tú!”
Gruñí internamente ante ese golpe.
… Pero Eris, sabes, yo nunca intenté robar tu ropa interior después de que la habías lavado. Nunca.
Caminé solo a través de la ciudad de noche. Me tomó bastante tiempo persuadir a Eris. Aunque la prevención de los delitos era realmente importante.
Se nos instruyó llevar a cabo nuestro trabajo de noche, pero nuestro empleador nunca especificó la hora. Cualquier momento después de la puesta de sol estaba bien siempre y cuando rescatáramos a los prisioneros. Teníamos la libertad de operar a nuestro ritmo. Sin embargo, con la temporada de lluvias casi sobre nosotros, los contrabandistas estarían ansiosos de mover su barco tan rápido como sea posible, así que no podíamos confiarnos.
En la actualidad, Ruijerd estaba siendo tratado como un esclavo. Ellos harían lo mínimo para mantenerlo con vida, pero él podría haber soportado condiciones adversas durante esta última semana. Ellos de seguro no le habían dado de comer nada decente. Él probablemente estaba hambriento. Y cuando las personas estaban hambrientas, se enojaban. Era por eso que tenía que apresurarme.
Con la lanza de Ruijerd en una mano, me abrí paso hacia el puerto, y después hacia el muelle en el borde. Ahí había cuatro grandes almacenes de madera. Me escabullí dentro del que se llamaba Almacén Tres.
En su interior había un solitario hombre, limpiando tranquilamente. Él tenía uno de los cortes de cabello más comunes del siglo, un mohicano. Me acerqué a él y le pregunté, “Hola, Steve. ¿Cómo está Jane, ya sabes, la que vive en la playa?” Esa era nuestra contraseña.
Mohicano me miró de forma inquisitiva. “Oye niño, ¿qué estás haciendo aquí?”
Mierda, ¿me había equivocado? No, no era eso —quizás él solo no me tomaba en serio porque yo era un niño.
“Estoy haciendo un encargo para mi señor. Estoy aquí para recoger un paquete.”
El hombre pareció entenderlo una vez que dije eso. Él asintió silenciosamente y dijo, “Sígueme.” Luego se dirigió más profundo dentro del almacén.
Lo seguí en silencio. En lo profundo del almacén había una caja de madera, lo suficientemente grande como para meter al menos cinco personas en su interior. Mohicano sacó una antorcha desde adentro y la caja se movió. Unas escaleras aparecieron debajo de ella, y Mohicano apuntó su quijada hacia ellas como diciéndome que bajara.
Cuando lo hice, comprendí que estábamos en una cueva húmeda. Mohicano venía detrás de mí con su antorcha encendida y tomó la delantera. Lo seguí de cerca, con cuidado de dónde pisaba para no tropezarme.
Seguimos caminando por casi una hora. Finalmente, salimos de la cueva y nos encontramos en medio del bosque. Aparentemente ahora estábamos fuera de la ciudad. Seguimos caminando hasta que nos encontramos con un gran edificio oculto dentro de filas de árboles. No se veía para nada como un almacén, sino más bien como la villa de un hombre adinerado.
Entonces esta era su área de detención.
“Estoy seguro de que sabes esto, pero es mejor que mantengas en secreto la ubicación de este lugar. Si no lo haces…”
“Sí, lo sé.” Asentí con firmeza. Si le decía a alguien, ellos me cazarían para matarme, ¿cierto? Gallus ya me había dicho eso en el Puerto del Viento. Ellos preferirían hacerme firmar con sangre en vez de una promesa con palabras vacías. ¿Entonces por qué no lo hacían? Porque existían razas que no tenían huellas digitales. Además, probablemente no había nadie que quisiera plasmar algo así en papel. Solo dejaría evidencia de sus fechorías.
“…”
Mohicano golpeó la puerta del frente. Golpe, golpe. Golpe, golpe. También debe haber habido una regla para cómo golpear la puerta.
Después de unos segundos, un hombre de cabello blanco usando un uniforme de mayordomo apareció. Él revisó nuestros rostros antes de decir cortésmente, “Entren.”
Y entramos. Frente a nosotros, unas escaleras daban al segundo piso. A cada lado había otras escaleras que daban hacia el sótano. Había puertas tanto a nuestra derecha como a nuestra izquierda. Hablando francamente, se parecía al vestíbulo de una mansión. En una esquina, algunos hombres de aspecto sospechoso tenían sus codos apoyados sobre una mesa redonda.
Comencé a ponerme nervioso.
En ese momento fue cuando el mayordomo de cabello blanco me miró, con sospecha en sus ojos mientras preguntaba, “¿Y de parte de quién vienes?”
“Ditz.” Ese era el nombre que Gallus nos dijo que mencionáramos.
“Así que él. Aun así, no esperaba que usara a un niño para esto. Él de seguro es alguien cuidadoso.”
“Así es la naturaleza de los bienes que manejamos.”
“Mm, en efecto. Entonces llévatelo rápido. Es aterrador y más allá de nuestro poder.” El mayordomo sacó un manojo de llaves desde el bolsillo de su pecho y le entregó una a Mohicano. “Habitación 202.”
Mohicano asintió tranquilamente y comenzó a caminar.
Podía escuchar los crujidos del piso debajo de sus pies, como también el sonido de alguien gimiendo dentro de algún lugar del edificio. Ocasionalmente se mezclaba en el aire el olor de un animal. En ese momento fue cuando noté que había una habitación adyacente al área principal con barras de hierro en ella. Di un vistazo en su interior. Dentro de la tenue luz que se filtraba, pude ver un círculo mágico en el suelo. Contenida dentro de sus límites había una gran bestia que estaba encadenada y tumbada sobre el suelo. Estaba demasiado oscuro para estar seguro, pero nunca antes había visto esa clase de criatura en el Continente Demoniaco. Debe haber sido algo nativo del Continente de Millis.
¿Dónde estaban los esclavos que habían sido capturados? Nos ordenaron liberarlos, pero no nos dijeron dónde estaban ubicados. Tal vez Ruijerd lo sabía.
Mohicano descendió por unas escaleras ubicadas más adentro de la mansión. El mayordomo había dicho Habitación 202, así que asumí que sería arriba, pero parecía que en cambio estaba en el sótano.
“Así que está en el sótano, ¿eh?”
“El segundo piso es una fachada para despistar a las personas.”
Entonces eso significa que no importaba si alguien encontraba los objetos en el segundo piso. Los bienes que tenían impuestos altos o de otra forma provocarían una dura condena si eran contrabandeados estaban abajo.
“Aquí es.” Mohicano se detuvo frente a una puerta con una placa que decía 202. Cuando miré en su interior, vi a Ruijerd con sus manos esposadas detrás de su espalda, con cabellos de color esmeralda comenzando a crecer sobre su cabeza. No era de sorprender que, después de dejarlo así por una semana, él ahora se viera como si le estuviera creciendo musgo sobre la cabeza.
“Gracias por tu ayuda.”
Mohicano asintió e hizo guardia afuera de la puerta principal. Supuse que estaba vigilando. “No remuevas sus grilletes aquí. No hay nada que podamos hacer para detener a un Superd si pierde el control ahora.” Mohicano se veía un poco pálido mientras decía eso.
Parecía que el cabello verde esmeralda, incluso lo poco que había en la cabeza de Ruijerd, era efectivo. Mohicano estaría incluso más aterrado si yo removía las ataduras de Ruijerd y comenzaba a darle órdenes. Nah, no había necesidad de realizar tal actuación —pretender ser el débil genio malvado que controlaba al monstruo.
Ahora bien, ¿dónde puse la llave de sus grilletes? Revisé mi bolsillo del pecho, pero no estaba ahí. Tal vez la dejé en la posada. No tenía caso preocuparse por eso, así que decidí simplemente usar mi magia. Mientras me acercaba a Ruijerd, noté una mirada sombría en su rostro.
Sip, lo sabía. Las personas se enojan cuando están hambrientas, pensé. Solo espera un poco más y te conseguiremos algo de comi—
“Rudeus, acerca tu oído,” susurró Ruijerd.
“¿Qué sucede?”
Cuando acerqué mi cara, Mohicano pareció entrar en pánico y dijo, “¡O-oye! ¡Detente! ¡Él te arrancará un pedazo!”
Nah, no te preocupes. Estamos hablando de Ruijerd, él solo simulará un mordisco, pensé mientras me acercaba.
“Ellos han secuestrado niños. Siete de ellos.”
¿Oh? Eran más de los que había esperado.
“Niños gente bestia. Capturados contra su voluntad. Puedo escucharlos llorar incluso desde aquí.”
“Mm, ¿quizás esos son los que necesitamos rescatar?”
“No lo sé. Pero no parece haber ninguno más aquí.”
Niños. Asumí que esclavos. Dentro de los cuales estaba la persona que Gallus mencionó que causaría problemas para ellos en el futuro. O tal vez era alguien más, alguien importante.
“Vamos a salvarlos, ¿cierto?”
“Bueno, después de todo, ese es el trabajo que tomamos,” respondí.
De cualquier forma, podíamos revisar cada habitación para estar seguros. Solo quedaba un problema.
“Hay bastantes guardaespaldas dentro de este edificio.”
“Eso ya lo sé,” dijo él.
“¿Entonces qué vamos a hacer con ellos?”
Incluso aunque estábamos hablando de Ruijerd, todavía sería difícil para él liberar a todos esos esclavos sin ser detectado.
“Matarlos a todos.”
¡Qué miedo!
“Conque matarlos a todos…”
“Ellos secuestraron niños.” Él tenía una mirada conmocionada en su rostro. Como si yo lo hubiera traicionado.
No era como si yo hubiera expresado mi oposición. Gallus nunca especificó cuáles métodos podíamos usar y cuáles no. A juzgar por la forma en que hablaba, él probablemente asumió que lo dejaría masacrarlos a todos. Pero yo originalmente había planeado liberarlo y marcharme, para después infiltrarme sin ser visto y liberar a los prisioneros. Parecía que mis planes habían sido demasiado ingenuos. Matarlos a todos podría no hablar honorablemente del nombre de la tribu de Ruijerd, al menos en mi opinión, pero esta vez no teníamos opción.
“Solo no dejes a nadie con vida.”
No dije eso para ser implacable o cruel. Una organización de contrabandistas le pagaría a un cliente que los traicionaba enviando asesinos que habían educado desde su nacimiento. La única cosa que les esperaba a los traidores era una muerte sin misericordia.
No estaba seguro de lo que Gallus haría luego de esto. Él podría enviar asesinos por nosotros para silenciarnos. Siempre y cuando Ruijerd estuviera con nosotros, no le temíamos a los asesinos, pero no seríamos capaces de dormir en paz. Además, no había garantía de que Ruijerd estaría con nosotros todo el tiempo.
“Sí, déjalo en mis manos.”
¡Vaya, vaya, justo la respuesta que habría esperado de Ruijerd! Esas eran palabras reconfortantes.
“No dejaré a ninguno con vida. A ninguno.”
Aterrador. Una vena azul apareció en su frente. Últimamente pensaba que él había madurado un poco, pero hoy estaba sediento de sangre. ¿Qué habían hecho estos contrabandistas para hacerlo enojar tanto?
“¿Puedo preguntar qué les hicieron a esos niños?”
“Lo sabrás cuando los veas.”
Eso no me decía nada.
“No te preocupes. No tendrás que ensuciar tus manos,” dijo Ruijerd, malinterpretando mi comportamiento.
Mi cuerpo se congeló y dije, “No.” Sus palabras fueron como una rama que perforó mi corazón. “Yo… también lo haré.”
Era verdad que durante este último año había evitado tomar la vida de las personas. Mataba bestias sin problemas, incluso aquellas que eran humanoides. Sin embargo, no cometí homicidio. En parte porque no tuve la necesidad, pero también tenía muchas razones para no hacerlo. Tampoco había sentido la necesidad de matar a alguien.
Este mundo no tenía misericordia. Era un mundo donde las personas luchaban diariamente batallas de vida o muerte. Tendría que matar a alguien eventualmente. Esa era una situación que algún día enfrentaría. Pensé que me había preparado mentalmente para eso, pero lo que había hecho no fue una preparación mental. Todo lo que había hecho fue reducir el poder de mi Cañón de Piedra a un nivel donde no fuera capaz de matar a nadie.
Al final, tenía dudas sobre tomar la vida de alguien. Podía asegurar lo contrario de así quererlo, pero la verdad era que no quería cometer el tabú de asesinar. No me había preparado, no podía prepararme. Ruijerd sintió eso. Es por eso que él dijo específicamente lo que dijo. Él se preocupaba por mí.
“No pongas esa cara. Tus manos son para proteger a Eris.”
En fin. Supongo que él tenía razón. No tenía sentido forzarme a matar. Decidí que hoy le dejaría ese trabajo a Ruijerd. Si podía hacerlo solo, entonces era mejor confiárselo a él. Si eso me convertía en un cobarde, que así sea. Era mejor concentrarme en lo que era capaz de hacer en vez de lo que no era capaz.
“Muy bien. Liberaré a los niños. ¿Sabes dónde están?”
“En la siguiente puerta.”
“Muy bien. Trata de juntar los cadáveres. Después vamos a quemarlos a todos.”
“Entendido.”
La conversación terminó y removí sus grilletes. La puerta crujió mientras Ruijerd se ponía de pie lentamente.
“¡Oye, tú! ¿¡Cómo diablos te quitaste los grilletes!?” dijo en pánico Mohicano.
“No te preocupes. Él me escuchará.”
“¿E-en serio?” Mohicano se vio un poco aliviado al escucharme decir eso.
Le entregué su lanza a Ruijerd. “A pesar de que de todas formas él perderá el control.”
“¿Eh…?”
Mohicano fue la primera víctima. Ruijerd lo mató sin hacer ningún ruido. Luego, de la misma forma, él corrió hacia las escaleras. Yo avancé en la dirección opuesta, hacia la habitación donde los niños estaban prisioneros.
“¡Gaaaaah!”
“¡Un S-Superd! ¡Se quitó los grilletes!”
“¡Mierda! ¡Tiene una lanza!”
“¡Es un demonio! ¡Aaah, es un demonio, aaah!”
Los gritos provenientes desde el otro lado de las escaleras comenzaron tan pronto como llegué a la puerta.

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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