El Final de la Batalla
Capítulo 4: El Final de la Batalla
Pasó un mes.
Yo estaba de pie cerca del límite del bosque en el cual estaba ubicada la Quebrada del Wyrm de Tierra. A mi alrededor yacían casas de madera de construcción sencilla. Un revoltijo de personas caminaba de un lado a otro dentro de un claro, donde los árboles habían sido cortados. Había Superd, humanos carpinteros y obreros contratados desde el Reino de Biheiril, leñadores… y mercenarios de Rupan.
“Oye, Onii-sama, ¿podrías despejar algunos árboles que están por el lado oriental del bosque?”
Naturalmente, Aisha también estaba ahí. Ella recorría la aldea y les daba instrucciones a todos. Después de recibir sus órdenes, los mercenarios pasaban a estar bajo el mando de Linia y Pursena. Viendo esto, tendrías problemas para decir quién era el verdadero líder de la compañía.
“Sí, no hay problema.” Yo estaba trabajando junto a ellos para reconstruir la aldea Superd. Me deshice de los árboles con mi magia. Luego usé magia de tierra para construir los cimientos de las casas y un camino desde la aldea hacia la Quebrada del Wyrm de Tierra. Había muchas cosas por hacer.
Estoy seguro de que se mueren de ganas de saber por qué Aisha y el Grupo de Mercenarios Rupan estaban por aquí, y por qué, cuando Alek apareció, no había nadie aparte de Orsted.
Supongo que es mejor que lo explique.
Es una historia corta: todo fue obra de Aisha. Bueno, obra suena como si ella estuviera tramando algo malo, así que vamos a llamarlo idea —todo fue idea de Aisha. Cuando los círculos de teletransportación y las tabletas de contacto dejaron de funcionar, ella y el grupo de mercenarios habían terminado en un estado de caos. Con sus líneas de contacto hacia las naciones lejanas cortadas, empezó a surgir el nerviosismo, para finalmente transformarse en pánico. Pero Aisha no fue afectada por eso. Ella permaneció en calma y enfrentó fríamente la situación. Ellos estaban cerca de la frontera. Si la lucha ya había comenzado, ellos no llegarían a tiempo, y no habría mucho que pudieran hacer. Ella concluyó que, como existía una gran probabilidad de que Geese pudiera huir del lugar, ellos trabajarían en volver a activar los círculos de teletransportación —en otras palabras, restaurar la infraestructura.
El problema era que, además de los círculos de teletransportación, todos los círculos mágicos en la oficina que correspondían a los círculos mágicos de repuesto que ella llevaba consigo habían sido destruidos. No había nada que ella pudiera hacer. De haber estado en sus zapatos, yo me habría dado por vencido justo en ese momento. Bueno, yo me di por vencido. Pero verán, Aisha tuvo una idea genial. Su cerebro superdotado recordó que un cierto individuo tenía una técnica secreta. Esta técnica le permitía a uno dibujar un nuevo círculo mágico correspondiente a un círculo de teletransportación cuyo par había sido destruido, y por lo tanto viajar hacia donde querías ir.
El individuo en cuestión… vamos, ya deben saber la respuesta. Era nada menos que el Rey Dragón Acorzado, Perugius Dola.
Para solicitar su ayuda, Aisha había ido en busca de un monumento a los Siete Grandes Poderes ubicado cerca de la frontera. Cuando lo encontró, ella usó la flauta de Perugius para viajar hacia la fortaleza flotante. Perugius, sabiendo que nosotros queríamos ayudar demonios, estaba reticente, pero algo sobre Aisha lo convenció.
“Conectaré uno para ti,” dijo él.
Aisha escogió conectar el círculo mágico cerca de la frontera con el círculo de teletransportación que llevaba hacia la aldea Superd.
Y aquí estábamos.
“Me sorprende que convencieras a Perugius-sama.”
“Sí, él de verdad no quería. Pero le dije que Orsted le debería un favor y él accedió.”
Luego de eso, mientras yo estaba ocupado luchando, ella había viajado hacia la aldea Superd. Después de enterarse de lo que estaba sucediendo, ella usó el círculo de teletransportación para evacuar a los residentes y a los demás hacia la aldea cerca de la frontera… Estuvo muy cerca. Si Roxy, después de regresar a Sharia, hubiera priorizado los círculos de teletransportación normales en vez de invocar la Armadura Mágica Mark Zero, habría sido todo para nada. Por suerte, Aisha había terminado cubriendo el error de Roxy.
Simplemente así era como habían caído las cartas. Roxy todavía estaba mortificada por ello.
“¿Los de por aquí?”
“Sí, solo despeja todos los que están aquí. Siempre es mejor tener más espacio, ¿cierto?”
“Tienes razón. Yo me encargo.”
“Avísame cuando hayas terminado, ¿bien? Haré que los mercenarios se lleven la madera en carros.”
“Sí, señora.”
Había pasado un mes desde la batalla. Yo había permanecido en alerta, listo para luchar, pero la siguiente batalla nunca llegó. No habría otra. Así que hice que Roxy, Sylphie, Zanoba, y todos los demás regresaran a Sharia. Eris también fue lo suficientemente amable como para acompañar su grupo como un guardaespaldas. Tanto el círculo mágico para invocar la Mark Zero como el usado en la evacuación habían sido destruidos durante la batalla de Orsted con Alek, así que yo le había pedido a Perugius enviar de regreso a una buena parte del grupo. Aquellos que regresaron trabajarían en reconstruir la oficina y restaurar las tabletas de contacto y los círculos de teletransportación. Aparentemente, no había ocurrido nada en Sharia. Incluso la chica elfo estaba sana y salva. Lo peor del daño fue que las armas y armaduras que eran guardadas bajo la oficina estaban enterradas, junto con los documentos detallados que Orsted había escrito cada día. Los aldeanos Superd evacuados fueron llevados al círculo mágico en la Segunda Ciudad de Irelil y regresaron desde cerca de la frontera. Después de eso, el Reino de Biheiril le dio la bienvenida a los Superd de manera oficial. El reino estaba feliz de aceptarlos como ciudadanos. Probablemente ayudó que, después de perder la Tercera Ciudad y al Dios Ogro, ellos no estaban en una posición para rehusarse. Aunque sí colocaron una condición, la cual era que, para facilitar el recibimiento de los Superd, un mínimo de tres Superd de la aldea serían enviados para servir al reino. Así fue como había sido establecida la paz con los ogros. Esos tres enviados habían sido escogidos y ahora estaban trabajando para restaurar la aldea. Si la reconstrucción avanzaba sin problemas, los Superd tendrían un hogar dentro del Reino de Biheiril en poco tiempo.
Nosotros habíamos derrotado a los apóstoles y hecho de los Superd, los ogros, y el Reino de Biheiril, nuestros aliados. Habíamos ganado. Pero ¿de verdad esto podía ser llamado una victoria?
“Rudeus-sama.”
“Ah, Sandor.” Sandor apareció detrás de mí mientras yo estaba cortando los árboles, perdido en mis pensamientos. Él no estaba solo. Ghislaine, Isolde, y Dohga estaban junto a él.
Sandor había regresado casi diez días después del término de la batalla. No solo el Dios de la Lucha lo había herido mortalmente, sino que también había sido arrojado al océano. Él de alguna forma logró llegar a la Isla Ogro, donde le tomó algún tiempo recuperarse. Era impresionante que hubiese enfrentado al Dios de la Lucha y regresado con vida. Solo que, cuando lo volví a ver, él se veía incómodo. Supongo que, tal vez, cuando tenías el título de Dios del Norte Kalman, perder cualquier batalla era una razón para sentir vergüenza. O esperen, tal vez no tenía nada que ver con eso, y él estaba avergonzado porque había estado actuando como alguien importante todo este tiempo…
“Hola. ¿Necesitas algo?”
“Ah, nada de eso… Verá, nosotros estamos planeando regresar pronto al Reino de Asura. Así que vinimos a despedirnos.”
“Ah. Es cierto.”
Su trabajo aquí había terminado. Al final del día, ellos eran subordinados de Ariel, así que, si no había una batalla que luchar, tenían que regresar a casa.
“Muchas gracias, Sandor,” dije. “Nunca habríamos llegado tan lejos de no ser por ti.”
“Por favor, es a la Reina Ariel a quien debe agradecerle.”
“Lo haré. Por favor, dile a Su Majestad que me haga saber de inmediato si necesita algo. Dile que no dudaré en ir en su ayuda.”
“Entendido.”
Sandor, Dohga, Ghislaine, e Isolde. Cada uno de ellos era al menos un luchador de rango Real. No podía agradecerle lo suficiente a Ariel por enviarme una alineación tan poderosa.
“Gracias a ti también, Ghislaine.”
“No me agradezcas. Por cierto… Estoy pensando en visitar la tumba.”
“Entendido. Estaré esperando ese momento.”
Ghislaine dejó las cosas ahí.
“Y tú, Dohga. Habría muerto después de caer dentro de la quebrada si no hubieses estado ahí, así que te lo agradezco mucho.”
“Ajá.”
“Si alguna vez necesitas un favor personal, por favor, házmelo saber. Quiero retribuirte el haber salvado mi vida.”
“¡Ajá!”
Todo lo que dijo Dohga fue “Ajá,” pero parecía estar un poco triste de irse.
“Y gracias a ti también, Isolde. Si no te hubieses interpuesto entre el Dios de la Lucha y yo, probablemente estaría muerto.”
“¡No me lo agradezca! Fue una batalla realmente educativa. Yo debería estar agradeciéndole a usted.” Isolde hizo una reverencia agraciada, para luego sonreír. Ella era tan hermosa como siempre, desde su rostro hasta la forma en que se comportaba. Me hacía preguntarme por qué los hombres de Asura no se fijaban en una mujer como esta.
“Y, por favor, denle las gracias al equipo médico,” dije.
“Lo haré. Si eso es todo… ya es hora de irnos.” Sandor bajó su cabeza, para luego darse la vuelta. Sin embargo, mientras lo hacía, recordé algo que había olvidado decir y le hablé.
“Sobre Atofe-sama… lo siento mucho.”
Sandor había regresado, pero fue el único. Atofe todavía estaba desaparecida. Ella debe haber sido arrastrada por el océano. Atofe no sería encontrada por siglos, y lo mismo podía decirse para Moore.
“No necesita preocuparse por mi madre,” dijo al final Sandor. “Uno de estos días aparecerá donde menos lo espere. Es por el Dios Ogro por quien realmente siento pena.”
“Sí… Tienes razón.”
La muerte del Dios Ogro había sido confirmada. Él había luchado bien contra el Dios de la Lucha, pero no era un demonio inmortal. Al final, su fuerza le había fallado, y había muerto. Y justo después de habernos logrado reconciliar. Era una verdadera lástima.
“Aun así, no tiene caso lamentar la muerte.”
“Estoy de acuerdo. Tenemos que mirar hacia el futuro.”
Yo le había hecho una promesa al Dios Ogro. Si él moría, yo protegería a los ogros sobrevivientes. Ellos no estaban en ningún peligro en este momento, pero incluso si solo fue una promesa, yo quería mantener mi palabra si una amenaza asomaba su fea cabeza.
“Entonces me despido,” dijo Sandor.
“Sí. Gracias por todo.”
“Ah, una cosa más… Cuide de Alek por mí.”
Al final, yo dije, “Lo haré.”
Sandor se fue. Tan pronto como él se había ido, vi a Cliff acercarse. Elinalise estaba junto a él.
“Rudeus.”
“Cliff.”
“¿Ellos también se van a casa?”
“Así es. Cliff, ¿ustedes también se van?”
“Sí. Ya que todo parece haber terminado… Nunca llegamos al fondo de lo que causó la plaga, pero ya que ha pasado un mes sin otro caso, y que se han mudado… Decidí irme a casa, por ahora.”
Yo estaba tan en deuda con Cliff como con los demás. No podríamos haber curado la plaga sin él… incluso si técnicamente fue obra del Dios Abismal en vez de una verdadera plaga.
“Gracias, Cliff. No sé lo que habría pasado si no hubieses venido…”
“Estamos hablando de ti. Estoy seguro de que habrías encontrado alguna solución. Llámame si hay otro caso.”
“Lo haré… Cliff, no he hecho más que depender de ti. Ni siquiera sé cómo agradecerte.”
“Solo puedo irme a hacer mi mejor esfuerzo en Millis porque sé que tu familia va a cuidar de Lise y Clive en Sharia. Es algo mutuo, Rudeus.”
Era amable de su parte decirlo.
“En fin, nos veremos… Ah, pero primero planeo pasar por tu casa de camino a Millis. ¿Hay algo que quieras que les diga?”
“Diles que estaré en casa muy pronto.”
“Así será,” dijo Cliff.
Ellos se fueron luego de eso. Elinalise me guiñó el ojo antes de seguir a Cliff. Ella también había sido de mucha ayuda, pero no había sido capaz de decirle nada… pero bueno, ella era una vecina. Podía mostrarle mi agradecimiento a través de mis acciones.
De verdad había recibido mucha ayuda esta vez. Tomen a Cliff como ejemplo: sin él, los Superd podrían haber sido víctimas de la plaga. Sin Sandor y Dohga, yo no estaría aquí ahora. La sincronización de Atofe había sido prácticamente perfecta. Primero la Mano Atofe, luego el ataque en el momento justo a la Isla Ogro. Podrían decir que también le debía la vida a ella.
La batalla terminó, y todos se fueron a casa. Sentí un cierto vacío, como cuando un gran evento termina y todos se van de él.
“Muy bien.” Había terminado de despejar los árboles durante mi reflexión. Ante mí se extendía un prístino pedazo de tierra. Después de sacar los árboles de raíz, yo los había apilado perfectamente usando magia de tierra. Si me permiten decirlo, fue un trabajo muy bien hecho.
“Genial, entonces Aisha ahora podrá… ¿Oh?” Me di la vuelta justo mientras Ruijerd y Norn caminaban hacia mí.
“Ahí estás, Nii-san.”
“¡Norn! Llegas en el momento perfecto. ¿Puedes ir a decirle a Aisha que ya terminé de despejar los árboles?”
“Sí, por supuesto,” respondió Norn. Ella se dio la vuelta inmediatamente y corrió hacia la aldea.
Ruijerd se acercó. “Rudeus.”
“Ruijerd.”
“Siento hacerte pasar por todo esto.”
“Oye, vamos,” respondí, “prometimos no hablar de esto, ¿recuerdas?”
“Yo no hice tal promesa.”
“No, supongo que no.”
Ruijerd estaba trabajando en la restauración de la aldea. Después de eso, él probablemente frecuentaría nuestra oficina, o de lo contrario sería parte de las negociaciones con el Reino de Biheiril. Norn lo seguía a todas partes. Parecía ser que ella planeaba quedarse para ayudarlo, al menos hasta que la aldea fuera reconstruida.
“Por favor, ve a visitar Sharia una vez que la aldea esté terminada.”
“Lo haré. Quiero conocer a tus hijos.”
“Son súper lindos.”
“Todos los padres dicen eso de sus hijos,” comentó Ruijerd, sonriendo. Luego miró hacia mí. Teníamos prácticamente la misma estatura. “Te has vuelto realmente fuerte,” dijo él. “Nunca pensé que llegarías a convertirte en uno de los Siete Grandes Poderes.”
“Tú podrías convertirte en uno ahora mismo si quisieras. Un puñetazo tuyo me mataría, Ruijerd. Un puñetazo.”
“No juegues con eso.”
“Aun así, es un hecho que yo no llegué aquí solo gracias a mi propia fuerza.”
“Tal vez esa es tu propia fuerza.”
“Tal vez.”
Ruijerd sonrió después de observarme por un tiempo. Él se sacó el pendiente que colgaba alrededor de su cuello y me lo ofreció. Era el pendiente de Roxy.
“Es hora de que te regrese esto.”
“Pero esto es…”
“Debería ser tuyo.” Yo le había dado este pendiente a Ruijerd cuando nos separamos la primera vez. Era el pendiente de Roxy, el que en algún momento parecía haberse convertido en mi sello. Este mismo pendiente había sido el que me inspiró a explorar el mundo.
“Gracias,” dije, y lo acepté. Cuando se lo di en ese entonces, solo había sido por una razón estúpida. Cuando nos separamos, yo no necesitaba que me lo diera de regreso, solo quería que se lo quedara. Tal vez quería una conexión con él. Ahora, él me lo había regresado. Debido a que ya éramos hermanos. No nos volveríamos a separar por mucho tiempo.
“Ruijerd, cuidarás mi espalda, ¿cierto?”
“Por supuesto, aunque podría estar más allá de mí.”
“Podemos ser lo que al otro le falta.”
Ruijerd rio. “Eso es posible.”
Yo sonreí, y Ruijerd sonrió en respuesta.
Norn trajo a los mercenarios consigo, y Ruijerd regresó a la aldea. Yo dejé el sitio de construcción y caminé hacia los círculos mágicos. Creí que ya era hora de regresar a Sharia por un tiempo.
Entonces, repentinamente, me di cuenta de la llegada de otra persona. Era Orsted usando su casco negro de siempre, y no estaba solo. Un niño de cabello negro lo seguía como un asistente. Me recordaba a Atofe y Moore, o a Perugius y Sylvaril. Como si hubiese tenido este papel por cien años. Por mucho que quisiera destacar que yo había estado aquí primero, si las cosas llegaban a los golpes, perdería. Decidí mantener la boca cerrada.
Aun así, cada vez que lo veía, mis dientes no podían evitar tiritar.
“¿Hay algún problema?”
“No,” murmuré.
“Si he hecho algo para ofenderlo, por favor, hágamelo saber. Me aseguraré de no repetirlo.”
A pesar de mi cautela, Alek se había vuelto sumiso a partir de ese día. Él era tan honesto que me hacía preguntarme si no era una fachada para algo más. Aunque Orsted también demandó obediencia absoluta de mí, así que sabía que era genuino.
“Entiendo el porqué está siendo cauteloso, pero después de la batalla del otro día, conozco mi lugar. Ahora entiendo lo inexperimentado e insignificante que soy. Espero dedicarme a estudiar bajo las enseñanzas de Orsted-sama y suyas, Rudeus-sama, para así, durante ese tiempo, tratar de entender lo que significa ser un héroe, y lo que significa ser el Dios del Norte. Pedí que sellaran la mano de mi espada —como puede ver aquí— tanto como prueba de mis intenciones como un recordatorio.” Alek levantó su mano derecha para mostrarme. Estaba cortada limpiamente en la muñeca, con un patrón grabado en el muñón. Orsted se había encargado de ese sello. Debido a su sangre de demonio inmortal, Alek se regeneraba incluso si era cortado en pedazos. Él no podía hacerlo tan rápido como Badigadi o Atofe, pero inevitablemente sucedería después del tiempo suficiente. Era por eso que, después de cortar su mano derecha, él le había pedido a Orsted colocar un sello en ella para impedir su regeneración. Era prueba de su lealtad.
Por cierto, yo suministré el poder mágico para el círculo mágico de sellado.
“Difícilmente soy una amenaza solo con mi mano izquierda, ¿no cree?” continuó Alek.
“De hecho, creo que podrías matarme sin ambos brazos. Con un cabezazo o algo así.”
“No necesita preocuparse… pero supongo que tal modestia debe ser alabada. Espero con ansias contar con sus consejos y orientación.”
“C-claro… Realmente creo eso, sabes.”
Orsted aparentemente confiaba en Alek, ya que no dijo nada para evitar que se mantuviera cerca. Yo, mientras tanto, tenía la sensación de que Alek me iba a apuñalar en la espalda un día de estos. Para ser franco, él me aterraba. Incluso sabiendo que ya no estaba en perfectas condiciones, todavía me daba miedo.
“Así que, eh, si alguna vez terminas pensando, ‘Cielos, de verdad me gustaría volver a estar dentro de los Siete Grandes Poderes,’ házmelo saber, ¿bien? Te devolveré el título cuando quieras.”
“¡Oh! Sobre eso, una vez que crea haber ganado la experiencia suficiente, creo que se lo pediré de vuelta.”
“Me lo pedirás, ¿cierto? Los ataques furtivos por la espalda están prohibidos.”
“Puede que termine desafiando al Dios de la Espada en vez de a usted, Rudeus-sama. ¡Pero le aseguro que, si lo desafío a usted, lo haré con honor!”
“Y sin armas afiladas, ¿bien? No quiero luchar a muerte.”
“¡Entendido!”
En la actualidad, los Siete Grandes Poderes eran los siguientes:
Número Uno: Dios de la Técnica Laplace.
Número Dos: Dios Dragón Orsted.
Número Tres: Dios de la Lucha Badigadi.
Número Cuatro: Dios Demonio Laplace.
Número Cinco: Dios de la Muerte Randolph.
Número Seis: Dios de la Espada Gino Britz.
Número Siete: Pantano Rudeus Greyrat.
Yo era el único que se veía ridículamente fuera de lugar, y eso no me gustaba. Además, me preocupaba tener que lidiar con idiotas atacándome repentinamente para tratar de ganar un lugar en esa lista.
Mi emblema era el de los Migurd, el cual yo raramente había mostrado hasta hace poco. Incluso después de que Ruijerd me había regresado el pendiente de Roxy, yo no planeaba comenzar a agitarlo para que todos lo vieran. Nadie debería saber quién era realmente el Gran Poder. Mi nombre tampoco era muy conocido, así que eso debería mantener a raya a los retadores.
Sí, lo dejaría como “Número Siete: Identidad Desconocida” por un tiempo.
En caso de que estén interesados, el rango del Dios de la Lucha no cambió durante la última batalla. Orsted dijo que no cambiaría a menos que la Armadura del Dios de la Lucha fuera totalmente aniquilada.
Aparté la mirada del emocionado e inquieto Alek y la posé sobre Orsted.
“Orsted-sama, eh… ¿cómo se ha sentido últimamente?” pregunté. Él había estado escuchando nuestra conversación en silencio.
“Bien. De todas formas, usar un poco de poder mágico no empeora mucho las cosas.”
Orsted había usado poder mágico en la última batalla, y mucho. Él dijo que había consumido cerca de la mitad de su total. La batalla se había visto como una victoria fácil desde donde yo estaba parado, y dado que había terminado con toda su VIT y solo usó la mitad de su PM, no podías decir que no lo había sido. Aunque las cosas se veían diferente cuando considerabas que él no podía recuperar nada de ese PM. Él había usado el poder mágico que había estado guardando para Laplace y el Dios Humano. Nosotros habíamos ganado, pero el Dios Humano había cumplido una de sus propias condiciones para la victoria. ¿Todavía contaba como una victoria para nosotros?
“Nuestros aliados son más numerosos y nuestros enemigos menos. Tendré todavía menos razones para usar poder mágico desde ahora en adelante.”
A Orsted no parecía preocuparle. Tal vez estaba tratando de ser optimista.
“Eso espero,” dije.
“Incluso si las cosas resultan no ser tan favorables, esta vez fue diferente a todo lo anterior. Por lo tanto, solo necesitamos seguir un camino diferente al de la vez pasada. Ya tomé esa decisión.”
Parecía ser que, para él, esta había sido una victoria perfecta. Si él creía que era una victoria, lo era. Sin duda casi no había habido ninguna muerte —el Dios Ogro, varios Superd, y varios de los guardias personales de Atofe. Esa era la amplitud de las bajas. El poder mágico de Orsted era la única área donde sentía que habíamos sido derrotados.
“Ah, sí. ¿Para qué me necesitaba?”
“Regresaré a Sharia.”
“Entendido. Yo también estaba pensando en regresar… Ah, pero la oficina aún no ha sido reconstruida, ¿o sí?”
“Eso no importa. De seguro habrá un lugar en el cual pueda dormir.”
El sótano con los círculos de teletransportación había sido desenterrado un poco con magia de tierra, pero con los trabajos de restauración todavía en marcha, necesitaría ser expandido. Yo además había ideado una contramedida para impedir que algo como el alboroto destructivo del Dios Ogro volviera a ocurrir. Reconozco que tenía muy buenas ideas en ese frente. Lo mejor podría ser no tener ningún círculo de teletransportación en las naciones que no fueran importantes. Me sorprendía nunca haber considerado la posibilidad de que un enemigo los usara para atacar.
“Pero primero, iré a verlo por última vez.”
Ah. Él.
“Lo acompañaré,” dije.
Esa noche, Orsted y yo fuimos hacia la Quebrada del Wyrm de Tierra —al fondo de la quebrada. Recorrimos el camino construido por el hombre y rodeado de hongos y musgo azules, hacia un pequeño agujero excavado para pasar desapercibido dentro de la pared. Tenía cerca de un metro de alto; debido a su ligera curvatura, desde afuera parecía que daba directamente hacia un camino sin salida. Si lo seguías por cerca de diez metros, terminarías dentro de una gran cueva. Dentro de la cueva había un vasto y brillante círculo mágico con una espada en su centro. Tal vez decir vasto era exagerado. Como mucho tenía cinco metros de radio. Dentro de él yacía un hombre reclinado.
“Así que han venido.”
Era el Dios de la Lucha Badigadi. Su cuerpo había sido cortado en cinco partes, cada una de las cuales estaba sellada en una ubicación diferente de la quebrada. Su cuerpo principal estaba aquí. Esta barrera no podía ser rota a menos que los otros cuatro sellos fueran rotos primero. Funcionaba usando el poder mágico del cuerpo del propio Badigadi y era amplificada —y, por lo tanto, mantenida— por la Hoja del Rey Dragón y la Armadura del Dios de la Lucha. Seguiría operando casi a perpetuidad. Era un círculo mágico de barrera personalizado, una especialidad de Perugius. Era magia de barreras de rango Divino, creada para sellar al Dios Demonio. El sujeto sellado servía como medio y los implementos mágicos como vectores, y mientras más poderosos fueran, más fuerte sería la barrera. Esta usaba tanto la Armadura del Dios de la Lucha como la Hoja del Rey Dragón, lo cual quería decir que la barrera que generaba era tan poderosa que incluso Orsted no tendría oportunidad de escapar de ella. Usar dos piezas de equipo de rango Divino como una parte de una barrera podría haber sido exagerar un poquito. Pero ese equipo era mucho más formidable en las manos de nuestros enemigos que usados por nosotros. Dado que apenas el otro día nuestros enemigos habían usado nuestros círculos de teletransportación contra nosotros, esto no era desproporcionado a la amenaza. Siempre y cuando el sello sobre Badigadi permaneciera intacto, dejaba eficazmente selladas tanto a la Armadura del Dios de la Lucha como a la Hoja del Rey Dragón.
Si alguien atravesaba esto, bien podríamos darnos por vencidos aquí y ahora. Ese era el razonamiento.
Orsted había acudido a Perugius para solicitar la base para la barrera. Él había bajado su cabeza y pedido la ayuda de Perugius, y Perugius había accedido. No se trató solo sobre la barrera: ahora Perugius era aliado de Orsted. Ellos estaban unidos por un lazo de compañerismo. Pero Orsted más adelante tendría que matar a Perugius. Él había escogido el camino de la traición.
Yo estaba en deuda tanto como Perugius como con Orsted, así que mis sentimientos al respecto eran complicados. Sabía que Orsted no había querido hacerlo de esta manera. Que él de todas formas lo hubiese escogido significaba que yo no tenía derecho a opinar. Si solo, pensé, hubiera una forma de llegar al Dios Humano sin usar los tesoros sagrados de la tribu dragón, pero sabía que no era un problema que pudieras resolver con deseos y un poco de tiempo en la biblioteca.
Como sea. Tal vez no era algo en lo que debía estar pensando. Ahora mismo tenía que preocuparme por el sujeto frente a mí.
“Lo siento muchísimo, Su Majestad, pero como usted es un apóstol del Dios Humano, no tuvimos opción.”
“Estoy apretado,” dijo pomposamente Badigadi, mientras yacía ahí como un Buda reclinado. “Me gustaría un poco más de libertad de movimiento.”
Yo tenía mi propia historia con las celdas, pero creo que incluso yo encontraría apretada esta barrera. Habiendo dicho eso, odiaba la idea de matarlo. Kishirika además nos había pedido no hacerlo.
“Realmente lo siento, pero esto es lo mejor que puedo hacer.”
“Hmph. ¡Entonces no queda de otra!” dijo Badigadi, agregando un pequeño buajaja de risa.
Él tenía dos brazos, y su cuerpo era más pequeño que antes. Eso era a causa del sello.
“¡Ahora bien! ¿Les importaría decirme qué los trae por aquí? Asumo que no han venido a beber y divertirse mientras disfrutan de mi encanto seductor, ¿o sí?”
“Orsted-sama quiere hablar con usted de algo,” dije, para luego dar un paso al costado para Orsted.
“Rey Demonio Badigadi,” entonó él.
“Buenos días para ti, Gran Dios Dragón. ¿Y cómo puedo serte de ayuda?”
“Abandona al Dios Humano y sométete a mí.”
Badigadi se quedó boquiabierto por un momento. Pero poco después dejó salir su estridente risa. “¡Buajajajajajajaja!” Hizo eco a través de la cueva.
“¿El marginado de la tribu dragón se atreve a ordenarme a mí, un demonio inmortal, a bajar su cabeza ante él?”
“Hubo un tiempo durante el cual fuimos enemigos, pero eres un amigo de Rudeus. Alex, Alexander, y Atofe se han aliado conmigo. De seguro vale la pena considerarlo.”
“¡No lo vale!” dijo desafiantemente Badigadi.
“Pero ¿por qué, Tío Abuelo?” Alek, quien había estado de pie cerca de la entrada de la cueva, dio un paso al frente. “Fuiste derrotado, ¿no? De acuerdo a las leyes de los demonios inmortales—”
“Alek, no lo malinterpretes. Esa no es una regla de todos los demonios inmortales. Es solo una regla de Atofe.”
“Tío Abuelo, ¿entonces has jurado lealtad al Dios Humano?”
“Claro que no.” Badigadi se sentó y sacudió su cabeza. Él luego cruzó su único par de brazos y también sus piernas. “Originalmente, a mí no me gustaba luchar. Lo que me gustaba era viajar, beber y divertirme, seducir mujeres y acostarme con ellas de vez en cuando. Recibir una paliza de un prometido furioso, hacer amigos y beber, reír, y cantar, para luego mirar alrededor hacia los rostros cansados, dormidos y satisfechos. El Dios Humano vino a mí, bajó su cabeza, y me pidió luchar, y por eso lo hice. Eso fue todo. ‘Quiero matar al Dios Dragón Orsted y a Rudeus Greyrat, sin importar lo que deba hacer,’ dijo él. ‘¿A quién debes agradecerle que tú y Kishirika estén con vida en la misma época?’ dijo él. Y me pidió recordar lo que ocurrió hace cuatro mil doscientos años y pagarle la deuda que tenía con él. Como resultado, yo accedí a prestarle mi ayuda esta vez.” Badigadi hizo una pequeña pausa. “Pero esa vez ya ha pasado. ¡Ahora no soy un aliado de nadie! Si mis opciones son luchar o estar sellado en este lugar, entonces elijo permanecer sellado.”
Eso me hizo pensar que tal vez podíamos liberarlo. Aunque él todavía era un apóstol del Dios Humano, así que no podíamos simplemente dejarlo hacer lo que quisiera después de una conversación civilizada.
“Como sea,” continuó Badigadi, sonriendo hacia mí mientras yo reflexionaba, “Ustedes me liberarán cuando concluya la batalla contra el Dios Humano, ¿cierto?”
“Sí,” dijo Orsted. Yo lo miré a los ojos, y en ese momento fue cuando me di cuenta.
Esto no sucedería durante mi vida, pero si Orsted ganaba su batalla contra el Dios Humano, no habría la necesidad de seguir manteniendo a Badigadi sellado aquí.
“Será en cien años más.”
“Entonces no será tan pronto. Tendré que ser paciente,” dijo Badigadi, para luego reclinarse. Orsted se dio la vuelta para marcharse después de asentir. Parecía ser que la conversación había terminado. Eso fue rápido.
“Su Majestad, yo… yo sé que este podría no ser el mejor momento para decirlo, pero quería agradecerle por todo lo que hizo por mí en la Universidad de Magia.”
“Escucha bien, Rudeus. Esta podría ser la última vez que nos veamos, así que lo diré ahora: felicitaciones.”
“¿Felicita… ciones?”
“Ustedes salieron victoriosos, por lo tanto, te felicito.”
“Aunque no estoy seguro de que haya sido así…”
Eso era exactamente lo que me preocupaba. Al final, Orsted había usado su poder mágico. Yo había metido la pata en el último momento.
Pero Badigadi no mencionó eso.
“Le has hecho probar el sabor de la derrota al Dios Humano.”
“Yo hice… ¿qué?”
“Le has hecho pensar que, sin importar lo que intente, no podrá matarte. Él ha perdido toda voluntad de intentarlo. En efecto, es difícil describir cómo se veía la última vez que lo vi, excepto que era la viva imagen de la derrota. ¿Cómo más podrías llamar a quien luchó contra él sino victorioso?”
“¿Es eso cierto?” pregunté.
“Solo necesitas quitarte ese brazalete y hacerle una visita tú mismo para verificarlo.” Él apuntó hacia mí, y mi mano inconscientemente se movió para cubrir el brazalete.
“Yo… no creo que vaya a hacerlo, gracias.”
“¿No? Bueno. ¡Es tu decisión!”
Yo no iba a caer en eso. Yo nunca más quería ver al Dios Humano, aunque se veía bastante desesperado la vez que lo visité desde el fondo de la quebrada. Tal vez él realmente había sentido la derrota después de esta batalla. Aunque yo no podía creerle a Badigadi que el Dios Humano había perdido la voluntad de seguir intentándolo.
“¿Eso es todo?”
“Sí, al menos de mi parte.”
“Entonces cuídate, Rudeus.”
Me di la vuelta para seguir a Orsted. Mientras lo hacía, Alek corrió hacia el frente, viéndose angustiado.
“Tío Abuelo… yo…”
“Escucha bien, pequeño Alexander. Si buscas ser un héroe, encuentra a tu verdadero enemigo. Eso fue algo que tu padre nunca hizo. Lo superarás una vez que hayas derrotado a ese enemigo.”
“Gracias,” respondió Alek, y él, también, se dio la vuelta para marcharse.
Esta probablemente sería la última vez que vería a Badigadi en esta vida. Nada me impedía pasar a visitarlo una vez al año o algo así, pero hablar con él podría ablandarme, lo cual podría llevarme a romper el sello. Lo mejor era no volver a venir. Tampoco le había dicho a los demás de la Universidad de Magia que Badigadi estaba sellado aquí. Solo cinco personas lo sabían: yo, Orsted, Ruijerd, Alek, y Perugius. Ya habíamos decidido que Ruijerd se aseguraría desde la aldea que nadie visitara la quebrada. No muchos podían llegar al fondo de la quebrada o volver a subirla. Cien años no debería ser tiempo suficiente para que el sello falle espontáneamente.
Y entonces…
“Rudeus, la entrada.”
“Entendido.”
Yo taparía la estrecha entrada. Cualquiera que viniera tendría que cavar si quería encontrarla de nuevo. Este era el adiós.
Al final, aunque muy débilmente, creí escuchar la voz de Badigadi.
“Espero que tu maldición desaparezca algún día, joven Dios Dragón.”
Yo regresé a Sharia temprano a la mañana siguiente, antes de la salida del sol. Entre la nueva oficina actualmente en construcción y los escombros que quedaron de la anterior, había un alojamiento improvisado donde Zanoba —nuestro actual director del proyecto— y los demás estaban durmiendo, todos apretados. ¡Zanoba! Él también había sido de gran ayuda. Esperaba que pudiéramos seguir siendo la clase de amigos que se cuidaban las espaldas.
“Adiós, Rudeus,” me dijo Orsted. “Hasta la próxima vez.”
Lo mismo iba para Orsted. Nos separamos a las afueras de la ciudad. Yo caminé a través de las calles cubiertas de la neblina de la mañana. Estaba cargando los recuerdos del Reino de Biheiril —principalmente salsa de soya. Siempre y cuando tuviera esta salsa de soya, nunca me quedaría sin opciones sobre qué comer. La salsa de soya queda bien con todo.
Bueno, todo podría ser una exageración.
Miré a mi alrededor. Sharia estaba tal como la recordaba. Las personas eran las mismas —granjeros dirigiéndose a sus campos, aventureros entrenando en los patios de la posada, y un hombre usando una túnica que podría haber sido un profesor de la universidad. Veredas llenas de nieve enmarcaban el camino que estaba transitando mientras pasaba a un lado de cada peatón, dirigiéndome a casa. Atravesé la plaza central para llegar al distrito residencial. Verlo me hizo sentir algo nostálgico. Era la calle que recorría prácticamente todos los días, y aun así verla me hacía sentir que estaba regresando a casa por primera vez en mi vida.
Desde la calle, doblé hacia un callejón. Este callejón, demasiado estrecho para los carros, proporcionaba un pequeño atajo que yo usaba con frecuencia. Pude ver mi casa al salir del callejón. Treb estaba enrollado firmemente alrededor del poste de la puerta y la abrió para mí mientras me acercaba. Entré al recientemente descuidado jardín. Dilo el armadillo me vio y se acercó a frotarse contra mis piernas. Me agaché para acariciar su cabeza, ante lo cual él se dio la vuelta para mostrarme su barriga. Dilo ronroneó felizmente mientras acariciaba su barriguita. Él era muy lindo.
En ese momento escuché un grito desde la entrada de la casa.
“¡Papi!” Una niña con el mismo color de cabello que el mío se acercó corriendo. Era Lucie. Ella corrió hacia mí como si fuera a estrellarse contra mis rodillas, así que me agaché para recibirla. Con un ligero golpe, una bola de suavidad y calidez se arrojó a sí misma dentro de mis brazos. Esto era inusual —ella siempre se estaba ocultando detrás de Sylphie.
“Ya estoy en casa, Lucie.”
“Bienvenido,” dijo eventualmente ella.
“¿Has sido una buena niña?”
“¡Sí! ¡He estado cuidando a Lara y Ars y Sieg!”
“¿De verdad? Así que ahora eres una buena hermana mayor, ¿eh?” dije. Los brazos de Lucie se enrollaron con incluso más fuerza a mi alrededor, instándome a levantarla en brazos. Caminé hacia la casa con ella en mis brazos. Desde el interior venía un aroma que de alguna forma me tranquilizaba —el aroma que siempre estaba presente en nuestra casa. El número de habitantes se había incrementado desde que la compramos. Mientras habíamos vivido en ella, esta había cambiado, pero estaba tan acostumbrado a esta casa que no me había dado cuenta de este aroma. Pero ahora, regresando después de un largo tiempo, y nada menos que después de estar al borde de la muerte, sentí que toda la tensión abandonaba mi cuerpo. Mi corazón estaba en paz. Era el aroma que me decía que estaba en casa.
“Hola, Lilia. Hola, Madre.” Mientras yo estaba de pie ahí, llenando mis pulmones con el aroma de mi hogar, vi a Lilia y Zenith en frente de las escaleras.
Lilia bajó su cabeza profundamente cuando me vio. “Bienvenido a casa, Rudeus-sama.”
“Gracias por cuidar la casa mientras yo estaba fuera, Lilia.”
“No fue nada, Rudeus-sama. Me alegra ver que regresó sano y salvo.”
“Norn y Aisha regresarán a casa en un tiempo más.”
“Gracias por informármelo. Ah, estoy muy feliz de verlo a salvo… Cuando la residencia del Dios Dragón a las afueras de la ciudad fue atacada, estuve fuera de mí de la preocupación. Estoy feliz, tan feliz…” Lilia conversó normalmente al principio, pero no pasó mucho tiempo antes de que se llevara una mano a su boca, como si ya no pudiera seguir conteniéndose. Sus hombros comenzaron a temblar. Y las lágrimas comenzaron a derramarse.
“Lamento mucho haberte preocupado…”
Yo no había tenido los medios para contactarla, así que no había nada que pudiera hacer. Pero tenía sentido que, después de que la compañía en la que estaba trabajando fuera destruida por una compañía rival, ella terminara tan preocupada. Y, a decir verdad, las cosas fácilmente pudieron haber terminado como ella temía. Y no solo para mí; cualquiera de los demás podría no haber regresado de esa batalla. Yo había hecho todo lo posible para asegurarme de que todos regresaran a casa, pero era un milagro que no hubiera muerto ninguna de las personas que me importaban.
Por otro lado, de ninguna forma podía decir que me era posible impedir que algo así volviera a ocurrir.
“No debería haber otra gran batalla como esta por un tiempo, así que, por favor, deja atrás esa preocupación.”
“Me alegro,” dijo Lilia. “Lamento mucho que tuviera que verme desmoronarme de esta forma.”
Me di cuenta de que Zenith estaba sobando la espalda de Lilia. ¿También había preocupado a Zenith? Ella parecía haber perdido sus emociones negativas, pero quería creer que al menos se preocuparía por mí. Ella era ese tipo de persona.
En fin.

“Estoy en casa,” dije. Di un paso dentro de la casa. Finalmente se sentía real que mi larga batalla con Geese había terminado.
Era el día después de que finalmente sentí que la batalla había terminado, y no podía relajarme. La batalla con Geese terminó, lo cual quería decir que el contrato que había hecho conmigo mismo también había llegado a su fin.
Bueno. Ya saben a lo que me refiero.
La batalla se había prolongado por tanto tiempo que este estilo de vida había comenzado a sentirse natural para mí, pero temprano esa mañana, mi pequeño había comenzado a quejarse. Hablando de un buen recordatorio.
Mi nombre era Rudeus Greyrat, hijo de Paul Greyrat, lo cual quería decir que la gran cantidad de energía en la zona debajo de mi cinturón era parte de mi ADN. El pequeño Rudeus tendría mucho trabajo de ahora en adelante. Tendría que esforzarme al máximo. Como el Rudeus principal, era mi deber que él fuera recompensado apropiadamente. El pequeño Rudeus había cumplido su parte del contrato.
Salí de la cama antes de la salida del sol, bajé las escaleras, y me dirigí hacia la puerta principal. Ahí encontré a Leo y Eris.
“¡Rudeus! Hoy te levantaste temprano.”
“Buenos días, Eris. ¿Dónde están todos?”
“Todos están a salvo.”
“No me refiero a eso. Preguntaba qué estaban haciendo.”
Eris lo pensó por un momento. “Lilia y Sylphie están preparando el desayuno, y Roxy y los niños y tu madre todavía están dormidos. Yo acabo de terminar de entrenar, así que estaba a punto de salir a correr.”
“Entiendo,” dije suavemente, tomando la mano de Eris. Ella apretó mis dedos. Tal vez era porque acababa de terminar de entrenar, pero su mano estaba cálida. Me di cuenta de que su rostro también estaba un poco sonrojado.
“¿Q-qué?” dijo ella.
“Eris, vamos a tomarnos el día libre.”
“¡E-entiendo! ¡Bueno!” La forma que dijo bueno sonó como si hubiese adivinado exactamente lo que yo tenía en mente. Tal vez mi rostro me delataba.
Ella estaba en lo correcto.
“Lo siento, Leo, pero hoy no habrá paseo.”
“Guau.” Leo se veía un poco decepcionado, pero lamió un poco mi mano, para luego regresar dentro de la casa.
Yo lo seguí adentro, todavía sosteniendo la mano de Eris, y me dirigí hacia la cocina. Lilia y Sylphie estaban cocinando lado a lado.
“Sylphie,” dije.
“Ah, buenos días, Rudy. Hoy te levantaste temprano.”
“Buenos días, Rudeus-sama.” Ambas mujeres sonrieron hacia mí como siempre lo hacían. En ese momento me di la vuelta hacia Sylphie, con una sonrisa tan natural que hasta a mí me sorprendió, y dije, “Sylphie, vamos a tomarnos el día libre.”
“¿Qué? No me molesta, pero cuando dices día libre…” Ella miró hacia mí con curiosidad. Pero al parecer Lilia lo entendió de inmediato.
“Entendido. Yo terminaré el desayuno, Sylphie-sama.”
“Ah…” dijo Sylphie, con su rostro sonrojándose. “A eso es a lo que te refieres.” Ella sonrió tímidamente, para luego tomar la mano que Eris no estaba sosteniendo. Sus dedos estaban un poco fríos, tal vez porque había mojado sus manos mientras cocinaba.
“Rudy, cuando lo dijiste, la mirada en tu rostro fue tan normal que no me di cuenta. Eris, ¿tú lo descubriste de inmediato?”
“¡De alguna forma lo supe!”
Yo me di la vuelta hacia Lilia mientras las otras dos conversaban. “Lilia, por favor, cuida a los niños hasta el almuerzo. Ah, y esta noche todos saldremos a comer afuera.”
“Entendido, Rudeus-sama.” Ella sonrió como si hubiese visto de inmediato a través de mis planes, aunque también se veía un poco avergonzada.
Bueno, ya era un poco tarde para eso.
Nos dirigimos hacia la habitación de los niños mientras estábamos tomados de la mano. Abrí la puerta silenciosamente y miré en su interior. Los cuatro niños estaban profundamente dormidos. Lucie, Lara, Ars, y Sieg. Leo estaba acurrucado en una esquina de la habitación, cuidándolos.
Durante la batalla, yo estuve muy preocupado por mi familia. A pesar de mis miedos, todo estaba tranquilo aquí. A menos que, sin saberlo, alguna batalla hubiese tomado lugar aquí en casa, y Leo los hubiese protegido…
En fin, después de comprobar que todos los niños estaban bien, yo volví a cerrar la puerta de la forma más silenciosa posible. Luego subimos las escaleras hacia la habitación de Roxy. Llamé a la puerta para mostrar mis buenos modales.
Hubo una pausa por algunos segundos, y entonces, “¿Sí?”
Abrí la puerta y vi a Roxy, con sus ojos evidenciando su sueño. Su cabello estaba despeinado y alrededor de su boca había señales de haber babeado. Su camisa de dormir estaba abierta al frente, tanto que casi podía ver en su interior. Muy sensual.
“Ah… Rudy. Buenos días. Es muy temprano, ¿acaso ocurrió al…?”
“Buenos días, Roxy. Pensé en tomarnos el día libre. ¿Qué dices?”
Roxy miró en blanco hacia mí, para luego darse cuenta del significado de día libre. Sus mejillas se sonrojaron mientras ella jugaba con su flequillo despeinado, para luego decir, “Bueno, no me molesta, pero…” Seguí su mirada hacia una de las dos mujeres sosteniendo mis manos. “¿Eris accedió a esto?”
Miré hacia Eris. Su rostro estaba rojo, y se veía un poco nerviosa.
“Estaba a punto de preguntarle.” Dándome la vuelta para estar de frente a Eris de manera apropiada, dije, “Eris, me gustaría que vayamos hacia mi habitación nosotros cuatro. ¿Eso está bien contigo?”
Eris pareció entender lo que quise decir. Su rostro se puso todavía más rojo, y frunció sus labios. Ella probablemente habría utilizado su postura característica si hubiese tenido ambas manos libres.
“Bueno, supongo, si es lo que de verdad quieres…”
Lo siento, Eris. Solo quería consentirme un poco el día de hoy. Y decirle adiós a Rudeus el Célibe.
“Gracias,” dije. No lo dije solo porque Eris había dado su permiso. Les estaba agradeciendo a las tres por todo lo que habían hecho para apoyarme hasta este momento. Estaba muy agradecido de no haber perdido a ninguna de ellas.
Tanto Geese como Badigadi habían dicho que esto había terminado. Que el Dios Humano ya no me molestaría. Yo no les creía para nada: el Dios Humano sería mi enemigo de por vida. Pero hoy yo me relajaría y haría absolutamente nada. Nada de nada. Descansar. Recuperar mi fuerza para mañana, y pasar un día en paz. Para recordarme a mí mismo que aún podía reír, y—
Nah, solo juego con ustedes. Iba a tener sexo. Desde hoy en adelante, yo era Rudeus el Libre. Se sentía genial.
Y así, los cuatro nos dirigimos hacia la habitación.

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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