Recorrido Educacional de Cuatro Días Sobre la Aldea Superd
Capítulo 9: Recorrido Educacional de Cuatro Días Sobre la Aldea Superd
Regresé a la aldea Superd con los dos caballeros acompañándome. Viajar con ellos quería decir que no podía usar el círculo de teletransportación, así que hicimos un viaje en carruaje de regreso a Irelil, el cual tomó un día entero. Pasamos la noche en Irelil. Yo quería recoger a Sandor en el camino, pero él dijo que todavía no encontraba a nuestro informante, así que solo intercambiamos reportes de progreso. Decidí apresurarme, decepcionado de que Geese nos hubiese evitado por tanto tiempo. Logramos llegar a la Aldea de la Quebrada del Wyrm de Tierra después de otro día. Tal como la última vez, estaba llena de personas. Eso era esperable, dado que ni siquiera habían pasado diez días desde la última vez que estuve ahí. Quería tranquilizar a la Abuela diciéndole que todo estaba bien y que las Personas del Bosque estaban seguras, pero aún era un poco prematuro para eso. Habría tiempo después de que el grupo de cacería fuera desmantelado. Pasamos la noche en la aldea, para luego entrar al bosque a la mañana siguiente.
“Está a una distancia en la cual deberíamos llegar para la puesta de sol si salimos en la mañana. Les pido un poco más de su paciencia.”
“Guía el camino. No quiero perder el tiempo.”
“Me duele el pie.”
Mis dos soldados tendían a quejarse. Primero estaba Galixon: él tenía un magnífico bigote y se parecía mucho al oficial en la recepción. Puede que incluso sean hermanos. Aunque su tono y la forma en la que hablaban eran totalmente diferentes. A diferencia de Bigotes de la recepción, Galixon era mucho más directo y parecía ser un poco difícil. Además, era impaciente. Yo iba a pagar su parte en la posada, pero antes de que pudiera mencionarlo, él ya había pagado todo, incluyendo mi parte. Durante el camino, en el momento que decidió que era la hora de prender una fogata, él ya estaba reuniendo leña. También hubo una ocasión en la que fuimos atacados por monstruos. Él en realidad trató de tomar el mando de la batalla. Por supuesto, al final yo fui quien lidió con los monstruos. No podía permitir que él saliera lastimado.
En cuanto a Chandle, él era de la raza de rostros alargados —cara de caballo, si lo prefieren. A diferencia de Nokopara, sea donde sea que esté, él en realidad no era un caballo. Comparado a Galixon, él era más relajado. Siempre mostraba una sonrisa boba y ni siquiera desenfundaba su espada cuando aparecían monstruos. Tampoco era muy hablador —estaba en silencio a menos que fuese realmente necesario hablar. Pero, aunque parezca extraño, él sentía curiosidad por todo. Una vez que descubrió que yo podía usar magia sin encantamientos, me hizo una lluvia de preguntas. Él estaba vestido como un soldado, pero tal vez era un mago.
En ocasiones me encontraba con Chandle mirándome fijamente, como si estuviese evaluándome. Me hacía sentir que estaba bajo observación, pero no podía hacer nada al respecto. Yo era el sujeto que había aparecido de la nada solicitando de forma urgente cancelar el grupo de cacería. Él probablemente tenía órdenes de vigilarme en caso de que yo hiciera algo sospechoso. Era normal que estuviera en guardia. Observarme era literalmente su trabajo. Aun así, por alguna razón, eso me daba escalofríos. Por extraño que parezca, ellos apenas miraban hacia Dohga. A pesar de su apariencia, él era un niño inocente y yo no creía que tuviera las neuronas suficientes para engañar a alguien. Tal vez ellos habían llegado a la misma conclusión y por eso no estaban en guardia.
Durante el camino, yo realicé una positiva campaña de información en favor de los Superd, apuntada hacia Galixon y Chandle.
“La Tribu Superd son buenas personas. Son un poco directos, pero siempre y cuando sean racionales, ellos responderán de buena fe. Ellos además son buenos con sus niños, por cierto.”
“Nosotros no somos niños.”
“Sí, por supuesto, pero no se preocupen. Ellos les darán la bienvenida.”
Por desgracia, ellos estaban escépticos sobre los Superd. Si llegaban pensando así, no importaría si los Superd les daban la bienvenida —ellos incluso sospecharían de la comida frente a sus ojos. Sin mencionar que en la aldea había habido una plaga hasta hace poco. Ellos podrían dudar sobre comer la comida. Pero, felizmente, los Superd ahora tenían las provisiones del equipo médico. Todas esas cosas fueron producidas en el Reino de Asura, así que deberían ser deliciosas. En fin, yo quería que ellos vieran lo mejor de la aldea Superd. Lo pasaríamos bien juntos.
Llegamos a la Quebrada del Wyrm de Tierra. Ante nosotros había dos puentes.
“¿Por qué hay dos puentes?”
Uno había estado originalmente ahí. El otro era el que yo había construido.
“No quería que el viejo puente colapsara cuando estuviera a medio camino, así que usé magia de tierra para construir uno nuevo.”
“Hah. ¿Cuál cruzamos?”
“Este,” dije, apuntando hacia mi puente. Galixon inmediatamente subió sobre él y comenzó a cruzarlo. A pesar de la altura y la falta de un pasamanos, él caminó sin vacilar. ¿No tenía miedo? Supongo que no. Yo lo seguí con Chandle detrás de mí y Dohga en la retaguardia.
“Por favor, no colapses,” dije en voz baja. Si yo hubiera cruzado primero y el puente hubiese comenzado a colapsar, podría haberme salvado, pero Galixon insistió en ser el primero. Él era tal como Eris. Tal vez Galixon también era un espadachín del Estilo del Dios de la Espada.
“Um, hay Dragones de Tierra ahí abajo…” dijo Chandle. Me di la vuelta y lo vi aclarando su garganta, mirando debajo de nosotros.
“Provienes de este país, ¿cierto, Chandle? ¿Acaso no lo sabías?”
“Lo sabía, pero esta es mi primera vez aquí.”
Entiendo. Las personas que habían conocido todos los lugares famosos de su país natal eran muy pocas, y esta no era una ubicación turística. Él era un soldado, así que no iba a entrar en un bosque al cual todos tenían la entrada prohibida.
Tomen como ejemplo al Rango Montañoso del Wyrm Rojo en el Reino de Asura. Casi nadie había escalado ese conjunto de montañas. Era lo mismo.
“Rudeus-sama, usted se presentó a sí mismo como un subordinado del Dios Dragón Orsted…” comenzó a decir Chandle. “Pero ¿alguna vez luchó contra un Dragón de Tierra?”
“Nunca.”
“Usted nos mostró magia espectacular durante el camino. Si lucha contra uno, ¿cree poder ganar?” Su voz temblaba. Tal vez tenía miedo de que un Dragón de Tierra pudiera subir la quebrada y atacarnos. Nosotros no podíamos ver el fondo de la quebrada. Eso hacía que tu imaginación se saliera de control, imaginando lo que podría estar rondando ahí abajo… y lo que podría salir repentinamente.
“No te preocupes,” le dije. “No puedo prometer nada si caemos en medio de una manada, pero puedo derrotar a uno o dos.”
“Uno o dos…” repitió Chandle. “Entiendo…” Él no sonaba tranquilo.
“¡Oigan! ¡Muévanse!” gritó Galixon. Mientras estábamos hablando, él ya había llegado al otro lado y estaba esperando por nosotros. Apresuré mi paso para alcanzarlo, junto a nuestro temeroso compañero.
“Una vez que crucemos el puente, prácticamente estaremos a las puertas de la aldea Superd.”
En ese momento comenzaría lo difícil.
¡Bienvenidos al Recorrido Educacional sobre la Aldea Superd, guiado por Rudeus Greyrat y su asistente, Dohga! Aunque había solo dos turistas.
“La aldea Superd tiene una sola entrada, con dos guardias cuidando que no entren monstruos. Los Superd tienen un órgano sensorial único, y gracias a eso nunca se les pasa un intruso. Ellos ya están al tanto de nuestra presencia, pero no tienen nada de qué preocuparse. Son una raza muy amigable.”
“¿Por qué estás hablando así?” preguntó con sospecha Galixon.
“Es una explicación,” respondí. Había muchas cosas que no podías entender con solo mirar, así que tenía que explicar todo lo que ellos no pudieran ver. Es por eso que tienen a su guía. Para eso es la presentación.
“Ya podemos ver la entrada. ¿Los ven? Esos son Superd. ¿Ven que sus rostros están apuntando en esta dirección incluso aunque nosotros todavía seguimos dentro del bosque?”
Apunté hacia la aldea y los dos soldados se pusieron rígidos. Ellos eran Superd, en carne y huesos.
“Su cabello es verde.”
“Así es. Pero no hay nada que temer. Ustedes se llevan muy bien con los ogros, con su piel roja y cuernos. El cabello de los Superd es un poco diferente, eso es todo. Por dentro, ellos son tal como ustedes… a pesar de que, como cualquier tipo de persona, existirán algunas diferencias culturales. Si son amigables, ustedes les agradarán. Si son hostiles, los pondrán en guardia. Son tal como nosotros. Por favor, miren.”
Mientras hablaba, uno de los guardias se acercó a nosotros. Primero que nada, yo necesitaba hacerles entender que los Superd no eran diablos. Saludar con una sonrisa y recibir una sonrisa a cambio. Ese era el primer paso en una saludable relación humana. Levanté una mano y saludé al guardia.
“¡Jambo!”[1]
El guardia miró hacia mí confundido, con su mano levantada a medias. Él se dio la vuelta para mirar hacia su compañero. Ups. Me dejé llevar un poco.
“Disculpen. Estoy aquí junto a estos enviados del Reino de Biheiril. Quiero mostrarles la aldea. ¿Les importaría dejarnos entrar?”
“Adelante. Ruijerd ya nos informó sobre esto.”
“Muchísimas gracias. También me gustaría hablar con el jefe, si es que se puede.”
“Muy bien. Yo iré a solicitar una reunión.”
Uno de los guardias jóvenes salió corriendo dentro de la aldea. Lo vimos irse, y luego dije, “Síganme.”
Galixon y Chandle entraron lentamente a la aldea detrás de mí, con sus rostros tensos. Estaban nerviosos. Disminuí el paso para evitar ponerlos más nerviosos.
“Había una plaga aquí hasta hace unos días, pero los humanos no pueden contraerla.”
Yo no sabía si eso era cierto. El Té Sokas parecía curarla, pero ni siquiera sabía si la causa fue Vita u otra cosa. Tal vez yo ya estaba infectado, y en un mes más el Reino de Biheiril estaría siendo azotado por una pandemia… Yo aun así escogería la supervivencia de los Superd sobre el riesgo de infectar humanos que no conocía.
“Por ahí están preparando comida. Considerando la hora, supongo que están preparando la cena. Ese lugar de ahí es donde cultivan vegetales. Al otro lado, ellos están cortando su botín de la cacería. ¿Ven los cadáveres? Ahora son visibles, pero son monstruos invisibles. No nos atacaron de camino aquí, pero están en el bosque. Los Lobos Invisibles se vuelven visibles después de que han estado muertos por un tiempo. Tal como implica el nombre, ellos son lobos, y también invisibles. Solo los Superd pueden cazarlos efectivamente.”
El jefe y los demás necesitarían prepararse, así que los llevé a dar una pequeña vuelta alrededor de la aldea, dando explicaciones en el camino. Ninguno de los Superd se nos acercó. Yo tampoco iba a acercarme a ellos descuidadamente. Con lo distantes que estaban siendo, no podía evitar preguntarme si eso no tendría un efecto negativo en la imagen mental de ellos que tenían los soldados.
Me estaba preocupando demasiado. Todo lo que ellos estaban viendo eran las escenas idílicas que encontrarías en cualquier otra aldea. Todo estaba bien. Todo bien.
“Hay un hombre de la Iglesia de Millis por ahí.”
“Y un elfo.”
Miré en esa dirección y vi a Cliff y Elinalise hablando sobre algo. Ellos estaban caminando y apuntando hacia un montón de papeles. Probablemente todavía estaban investigando la causa de la enfermedad.
“Sí, él es el artífice clave de la recuperación de los Superd.”
“¿Entonces la fe de Millis acepta a los Superd?”
“No la fe de Millis en su totalidad, pero algunas de sus facciones están aceptando a los demonios. Al menos puedo asegurarles que la Iglesia de Millis no va a desplegar un ejército hacia el Reino de Biheiril solo porque alojan a los Superd.”
Los dos soldados no respondieron.
“¿Debería presentarlos?” sugerí.
“No, así está bien.” Yo levanté una mano para saludar a Cliff. Él asintió hacia mí y cruzó sus brazos. Verlo viviendo pacíficamente en la aldea Superd confirmaría que los Superd no eran un peligro.
Cliff se veía serio mientras miraba hacia Galixon y Chandle. Necesitaba una distracción.
“¡Ah, miren por ahí! Vienen algunos niños Superd.”
Los niños pasaron corriendo a un lado de nosotros, sosteniendo pelotas y riendo entre sí.
“¿No son adorables sus colas? Todos los Superd las tienen. Ellas eventualmente se convertirán en las lanzas blancas que portan. Los niños son dulces e inocentes, sin importar en dónde estés,” dije, siguiendo a los niños con la mirada. “¿No creen lo mismo?”
Los soldados no se dieron la vuelta para mirarlos. ¿Acaso odiaban a los niños? No era eso. Ellos estaban mirando en la dirección de la que habían venido los niños. Ahí yacía de pie una desconcertante figura usando un abrigo blanco y un casco negro.
Galixon tragó saliva y su mano se movió hacia su espada. Yo rápidamente me coloqué frente a él.
“Eeeeh, ese no es un Superd. ¡Solo ignórenlo!”
“¿Entonces quién es?”
“Ese es mi jefe, el Dios Dragón Orsted. Sé que se ve un poco intimidante, pero no se preocupen. Él se irá de su reino una vez que esto esté solucionado. Es inofensivo y no se quedará aquí por mucho. Por favor, tengan plena seguridad de eso.”
“Entiendo,” dijo Galixon, después de una pausa que se prolongó por demasiado tiempo.
Orsted miró hacia ellos por algunos segundos, para luego darse la vuelta y alejarse. Mientras se iba, la tensión de los soldados se disipó. La maldición de Orsted tenía el efecto de volver tensas estas situaciones complicadas. Por otro lado, después de ver a Orsted, debería estar todavía más claro que los Superd no eran más que aldeanos comunes y corrientes.
“Hay muchos guerreros dentro de los Superd, pero como pueden ver, más de la mitad de ellos son mujeres y niños inofensivos. Por favor, dejen de lado sus ideas preconcebidas y mírenlos sin prejuicios. ¿Les parecen diablos?”
Les pregunté eso justo después de que le habían dado un buen vistazo a Orsted. Yo estaba insinuando descaradamente que Orsted se veía mucho más siniestro. Me disculparía con él más tarde.
“No,” dijo Chandle durante el silencio que siguió a mi comentario. “Dejando de lado al, eh, ¿Dios Dragón-sama? La propia aldea se ve como cualquier otra.”
“Sí. Se ve como mi ciudad natal,” estuvo de acuerdo Galixon. Dejando de lado si Orsted había sido efectivo o no, las impresiones de Galixon y Chandle hasta ahora no eran malas.
Me di cuenta de que el guardia joven de antes venía hacia nosotros. “El jefe los recibirá,” dijo él.
“Gracias. Por favor, si son tan amables, síganme. Los presentaré con el jefe de la aldea.”
El jefe estaba listo para vernos. Sintiendo que esta era una buena señal, yo guie a los dos soldados hacia donde nos esperaba el jefe.
El jefe estaba esperando dentro de la casa más grande. Ya que el vestíbulo todavía estaba siendo usado como una enfermería, él había tenido que realizar preparativos de emergencia. Había un total de tres personas esperando por nosotros: dos de los cuatro que habían estado ahí durante mi reunión con el jefe, más Ruijerd. Los otros dos ancianos todavía se estaban recuperando.
Norn yacía a un lado de Ruijerd, y mientras nosotros entrábamos, ella nos trajo té que había preparado de antemano. Mi hermanita era muy considerada, si me permiten decirlo. Ella no habría podido pensar en hacer esta clase de cosas en el pasado. Supongo que eran los frutos de una educación formal.
“¿Y bien, Rudeus-sama? ¿De qué debemos hablar?”
“De la historia de los Superd, la situación actual, y su petición al reino.”
“Entiendo.”
Después de la modesta bienvenida, la reunión avanzó de una forma relativamente amistosa. El jefe Superd habló y los soldados escucharon sobre el pasado de la Tribu Superd, su presente, futuro, y su pequeño deseo de vivir en paz sin hacer daño a nadie. Los soldados se relajaron con el paso del tiempo. La aldea era tranquila y el comportamiento del jefe era gentil. Incluso Ruijerd se estaba esforzando mucho para bajar su guardia.
“Muy bien. Informaremos de todo esto a Su Majestad, tal como lo escuchamos,” dijo Chandle. “No se preocupen, no los defraudaremos.” Y así, la reunión llegó a su fin.
Los soldados pasaron la noche en la aldea. Ellos regresarían a casa al día siguiente. Yo los guie hacia la casa que les habíamos prestado a Sandor y Dohga. Dohga y yo también nos quedaríamos ahí.
Norn se había estado quedando junto a Ruijerd todo este tiempo. Ella prácticamente estaba pegada a su cintura; era como si le recordara a Paul.
“¿Qué les parece la aldea Superd?” les pregunté antes de ir a dormir.
“Fue un viaje mucho más fructífero de lo que esperaba,” dijo Galixon, y Chandle estuvo de acuerdo. Ambos se veían felices.
“Siempre escuché que los Superd eran diablos. Pero las cosas son diferentes cuando las ves con tus propios ojos, ¿no?”
“Es una aldea normal. Con una gran comida.”
“Aunque todavía no estoy convencido sobre estos monstruos que no puedes ver. Se llamaban Lobos Invisibles, ¿no?”
“Supongo que entonces es cierto que ellos están cazando a los monstruos invisibles, ¿eh?”
Ambos continuaron encontrando palabras para elogiar a la aldea Superd hasta la hora de dormir. Parecía ser que el Recorrido Educacional sobre la Aldea Superd había sido un éxito rotundo.
Al día siguiente, decidimos que escoltaría de regreso a los soldados hasta la capital. Les dije que, si nos quedábamos por dos o tres días más, ellos tendrían la oportunidad de ver a los verdaderos Lobos Invisibles, pero dijeron que tenían que regresar de inmediato para informar al rey y hacer que el grupo de cacería fuera cancelado. Partimos de inmediato. De verdad había sido un viaje relámpago. Yo realmente quería permitirles usar el círculo de teletransportación, pero me contuve. Como dice el dicho, la prisa mata. Si lo arruinaba ahora, sería mortificante.
Fui a contarle a Ruijerd que los acompañaría de regreso, para luego salir de la aldea.
Ahora los Superd deberían estar a salvo. Es hora de concentrarse en Geese. También quería saber dónde estaban el Dios del Norte y el Dios Ogro. La recolección de información de Sandor parecía haberse estancado por el momento, y ellos bien podrían ya haber huido del país para ocultarse en otro lugar… Eso podría significar que Sylphie estaba en peligro. Ese otro lugar podría ser el Santuario de la Espada.
Me pregunto cómo le estaba yendo a Sylphie. Esperaba que hubiese podido contactar a Nina sin problemas. ¿Y cómo estaba Eris? Esperaba que ella no hubiese causado ningún problema. Eris probablemente estaría bien siempre y cuando Roxy estuviera con ella, pero Roxy en ocasiones metía la pata. No podía sacudirme mis preocupaciones. En cuanto a Aisha y su grupo… De una u otra forma estarían bien.
“¿Vas a regresar solo?” preguntó Galixon.
“¿Eh?” Yo estaba caminando solo, perdido en mis pensamientos, cuando él se dio la vuelta y me hizo esa pregunta.
Miré a nuestro alrededor. Galixon, Chandle, y yo.
“¿Y ese caballero? Él estaba profundamente dormido cuando salimos. Ni siquiera roncaba,” dijo Chandle, y me di cuenta de que Dohga no estaba con nosotros. Ni siquiera me había dado cuenta. El tipo era enorme, pero no tenía presencia. Es más, ¿él había dormido adentro?
“Ah, bueno,” dije despreocupadamente, “Por favor, no se preocupen. Seré capaz de protegerlos sin problemas, incluso solo.”
Los otros dos intercambiaron una mirada. Ellos no se veían convencidos. No se preocupen, eso no es un problema. Si terminábamos en una batalla, la presencia de Dohga no iba a hacer una diferencia.
A mí me habían dicho que tuviera cuidado de no estar solo. Podía hacer que estos dos esperaran por mí dentro de una Fortaleza de Tierra mientras iba a buscar a Dohga, pero íbamos a encontrarnos con Sandor en la Segunda Ciudad de Irelil…
Me di cuenta de que el bosque se había convertido en un claro. Habíamos llegado a la Quebrada del Wyrm de Tierra. Frente a nosotros había dos puentes. Perfecto. Al otro lado del puente difícilmente habría algún Lobo Invisible, así que era relativamente seguro. Podían esperar por mí una vez que llegáramos al otro lado.
“Yo iré primero,” dijo Galixon, como si este fuera el orden natural. Chandle y yo lo seguimos. Tal vez debí haber tomado la retaguardia para asegurarme de que ellos no caigan, pensé. Me mantuve en alerta, para así estar listo si alguno de ellos llegaba a caer.
Galixon se detuvo repentinamente.
“¿Qué sucede?” pregunté. Galixon se dio la vuelta. Su rostro no mostraba expresión alguna. No le quedaba bien con su magnífico bigote.
“¿Lo harás tú?” La pregunta estaba dirigida a Chandle. Me di la vuelta y lo vi encogerse de hombros.
“Él es todo tuyo. Adelante.”
¿Disculpa? ¿De qué están hablando?
“Chicos, si hay algo que quieran discutir, ¿no podemos esperar hasta cruzar el puente?”
“Hah,” exhaló Galixon casi como un suspiro, para luego mover su mano derecha hacia su muñeca izquierda. Mientras me preguntaba qué estaba pasando, él metió su dedo dentro de su guantelete y lentamente se sacó su guante. “Pensé que lo notarías,” comentó él.
Mi corazón estaba latiendo con fuerza dentro de mi pecho. En su dedo había un anillo. Un anillo que reconocía.
“¡Tenía el corazón en la mano cuando vi a Cliff Grimoire con ese Ojo de Identificación! Sin los guantes, él nos habría descubierto.” Al darme la vuelta, vi que Chandle también se había quitado su guante. Él estaba usando el mismo anillo. El anillo que reconocí porque era el mismo anillo en mi dedo. El implemento mágico del Reino de Asura que cambiaba tu rostro.
Galixon exhaló profundamente. “Me duelen los hombros de tanto actuar,” dijo él, para luego quitarse el anillo. Su rostro comenzó a cambiar ante mis ojos. Su bigote desapareció y fue reemplazado por el rostro de un hombre de mediana edad en sus cuarentas. Un rostro como el de un lobo hambriento que encajaba con su forma de hablar. Él era una persona completamente diferente.
“Tengo un mensaje de Geese: No asumas que cualquier implemento mágico es único,” dijo Chandle. Me di la vuelta hacia él y descubrí que su rostro también había cambiado. Ya no tenía una cara de caballo. Él ahora era un niño de cabello negro y un rostro con los últimos rastros infantiles. “Debo decir que estoy decepcionado. Tenía tantas esperanzas después de escuchar que derrotaste a Auber…”
Me quedé sin palabras. Mi boca estaba seca. Tanto Galixon como Chandle miraban hacia mí con sed de sangre.
“Geese dijo, Si llevan al Jefe a un lugar estrecho con un suelo desventajoso, todos sus trucos quedarán en nada. No esperaba que nos siguieras tan obedientemente, y que permitieras ser flanqueado con tanta facilidad…”
“Quiénes… ¿quiénes son ustedes?” logré preguntar. No sabía si la suposición que hice en ese momento era correcta o no.
“Gal Farion, espadachín del Estilo del Dios de la Espada.”
“Yo soy el Dios del Norte Kalman III, Alexander Rybak.” Ambos hablaron al unísono. El antiguo Dios de la Espada, Gal Farion, y el Dios del Norte Kalman III. Ellos habían usado el nombre de Geese. Eran mis enemigos. Estos dos eran mis enemigos.
En el momento que estuve seguro de eso, me estiré hacia mi cintura y presioné el botón para liberar el pergamino para la Armadura Mágica Mark I.
Pero mi brazo no se movió.
Observé mi brazo derecho caer ante mis ojos, golpear el puente, y luego caer por la quebrada. Galixon —es decir, Gal Farion— había desenfundado su espada. Él cortó mi brazo, me di cuenta, demasiado tarde.
“¡Aaaaaagggh!” Finalmente, una ola de un dolor insoportable recorrió mi cuerpo. Traté de cubrir el muñón en mi brazo derecho… pero mi brazo izquierdo tampoco se movió.
No, no fue tampoco se movió. No estaba ahí. Desapareció. Vi mi brazo izquierdo caer por la quebrada a través del borde de mi visión.
“Así que esa es tu cara, ¿eh? Nada mal. Mucho más apuesta que la de ese matón que estabas usando antes.”
Gal miró hacia mi rostro y rio. Cuando mi brazo cayó, el anillo debe haber dejado de funcionar.
“El Jefe recita magia desde sus manos. Córtenlas y podrían ser capaces de dejarlo sin salida,” agregó Chandle. Sangre salía de los muñones de ambos brazos. Él tenía razón. Yo no podía usar magia. No saldría, como si los circuitos que disparaban mi magia hubiesen estado en esos brazos.
“Podríamos haberlo derrotado sin todo esto, ¿no?”
“Nah, no hay forma de saber lo que podría pasar cuando luchas de manera justa. Geese estaba siendo realmente cuidadoso.”
“Yo no lo creo. Cuando él tenía ese guardaespaldas, Dohga, era una cosa. Pero dudo que hubiese perdido contra él solo.”
Mi magia no saldría de mis brazos. Cuando me di cuenta de eso, yo comencé a enviar poder mágico hacia la Armadura Mágica.
“Up—”
Incrementé el poder del segmento de las piernas, luego me di la vuelta. De frente a Chandle, yo me lancé. No estaba atacando. Estaba apuntando más allá de él, pasar a su lado, y regresar a la aldea Superd—
“—si.”
Algo golpeó mi espalda. Fue una espada, estaba seguro. Fue un corte que cortó la Armadura Mágica como mantequilla. La Espada de Luz. Mi torso fue partido en dos… ¿cierto? Pensé que había sido así, pero entonces sentir un impacto en mi espalda no tenía mucho sentido.
Repentinamente, me sentí ligero. Estaba cayendo.
Mi visión estaba dando vueltas, pero pude ver a Gal y Alexander mirando abajo hacia mí desde el borde del puente desmoronándose. Aah, pensé, pateé el suelo con toda la fuerza de la Mark II mejorada y esta atravesó el puente.
Seguí cayendo. Sin ambos brazos y nada que pudiera hacer, yo seguí cayendo. Todo el poder abandonó mi cuerpo. El miedo tomó su lugar. Estaría muerto en un momento.
Justo mientras me rendía ante la inevitable muerte, algo golpeó con fuerza mi cuerpo y perdí el conocimiento.
Gal Farion miró abajo dentro de la quebrada por la que Rudeus acababa de caer y suspiró. “¿Él cayó?”
Alexander también miró dentro de la quebrada, con sus cejas fruncidas de la sospecha. “Gal, ¿te contuviste al final? Casi pareció que no lo cortaste.”
“Claro que no… Fue por esta cosa.” Él levantó su espada. Estaba rota en la empuñadura. Como cualquiera con algo de conocimiento sabría, la espada era de acero fundido, una de las distribuidas a los soldados normales de Biheiril. No era basura, pero tampoco era una espada fabricada para durar.
“La armadura de ese bastardo era mucho más dura de lo que pensé…”
Sea como sea, Gal Farion era un maestro de la espada, y un artesano nunca culpaba a sus herramientas. No había necesidad de usar una hoja famosa para cortar a un oponente de carne y hueso. La espada de acero debería haber sido más que suficiente, pero la armadura de Rudeus había sido más resistente de lo que él había contemplado. Cuando Gal cortó a Rudeus en la espalda, se había encontrado con una resistencia más fuerte que cualquier otra en el pasado.
“Debí haber traído mi propia espada,” murmuró Gal mientras arrojaba la espada hacia la quebrada.
“No te preocupes tanto por eso,” dijo Alexander, encogiéndose de hombros. Él siguió mirando abajo hacia la quebrada. “Si hubiésemos tenido nuestras propias espadas, nuestras identidades habrían sido expuestas.” Él también tenía una espada normal de Biheiril en su cintura. No era una espada adecuada para el Dios del Norte, sin lugar a dudas.
“Bueno, ¿ahora qué? ¿Bajamos y terminamos el trabajo?”
Alexander dejó salir un mmm de forma indecisa. “Después de perder sus brazos, él no podrá usar magia. Siempre y cuando eso no fuera una mentira, creo que estamos bien.”
“Y está lleno de Dragones de Tierra ahí abajo.”
“Él mismo dijo que podía encargarse de uno o dos, pero definitivamente no de una manada,” dijo en conclusión Alexander. Él tampoco quería bajar hasta el fondo de esa quebrada solo para comprobar que Rudeus estaba muerto. Matar a Rudeus nunca había sido el objetivo.
“Bueno, nuestro mayor obstáculo ya está fuera del camino. ¿Regresamos?”
“No puedo esperar por luchar contra Orsted,” dijo Alexander. “Oye, te dejé a Rudeus, así que me dejarás a Orsted, ¿cierto?”
Ambos regresarían atravesando el puente desmoronándose. Disfrutando la brisa como si nada de importancia hubiese pasado, ellos regresarían por el camino que daba hacia la capital del Reino de Biheiril.
“¿Hah? Solo quieres subir de rango dentro de los Siete Grandes Poderes. ¿Cuál es el problema si yo lucho primero?”
“Te equivocas. No quiero un rango más alto. Lo que quiero es ser un héroe. Quiero ser un héroe más grande que mi padre —un Dios del Norte más grande que él.”
“Hah,” resopló Gal.
Nadie los siguió. Nadie estaba observando este lugar, ni siquiera un Superd con su tercer ojo. Debido al caos causado por la plaga, sus grupos de cacería no se estaban aventurando tan lejos de la aldea. Si alguien los hubiese estado viendo, los dos hombres no habrían realizado su ataque sobre el puente.
“Ya tuviste tu turno. Vamos, tenemos que apegarnos al plan. Esa fue una de las condiciones.”
Gal se quejó. “Es malditamente lento. Y después de que Vita estiró la pata, ¿a quién mierda le importa el plan?”
Y así, Gal Farion y Alexander Rybak desaparecieron dentro del bosque.
La quebrada estaba vacía. Solo permanecía el puente desmoronándose. Solo el puente y el silencio.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.