La Capital
Capítulo 8: La Capital
La casa estaba tranquila. Una olla hirviendo burbujeaba sobre el brasero en el centro de la habitación. En frente de ella estaba sentado un hombre de cabello verde. Ruijerd. Yo estaba sentado en el lado opuesto a él, con el brasero entre nosotros. No hablamos. Solo hubo silencio entre Ruijerd y yo.
No necesitábamos hablar. O tal vez era más preciso decir que no teníamos ese lujo. Ahora mismo, toda mi atención estaba concentrada justo en frente de mí. No podía arruinar esto. Esperé la llegada del momento oportuno, con mis ojos pegados sobre el brasero.
Y entonces llegó el momento. Me estiré lentamente… y extinguí el fuego del brasero. Aún no terminaba. No podía apresurar esto.
Me quedé ahí donde estaba por diez minutos, sin moverme. Entonces, cuando el tiempo se cumplió, yo finalmente hablé.
“Ruijerd, ¿estás preparado?”
“Lo estoy,” dijo él. Y así, yo estiré mi mano hacia el objeto a mi lado. Era perfectamente blanco y áspero al tacto, con la forma de un huevo —no, no tenía la forma de un huevo. Era un huevo de gallina.
Sin decir palabra alguna, yo rompí el huevo y deposité su contenido dentro de un pocillo, para luego batirlo con unos palillos. Hice todo esto en una serie de movimientos fluidos, como si lo hubiese estado haciendo toda mi vida.
Como dice el dicho, El niño es el padre del hombre. Practicas montar una bicicleta hasta que puedes hacerlo y luego nunca lo olvidas, sin importar cuántos años pasen. Esto es lo mismo.
Excepto que yo nunca lo había practicado. Puede que haya tenido esta habilidad desde el nacimiento. Era puro instinto.
La clara y la yema ahora estaban combinadas.
Repetí este mismo proceso una vez más. Ahora había dos pocillos de huevos revueltos. Los dejé a un lado, para luego estirarme hacia la tapa de la olla.
Levanté la tapa, miré en su interior, y asentí. “Muy bien.”
Los granos blancos en su interior estaban perfectamente cocinados. Hubo un siseo mientras la humedad escapaba y el aire en la habitación se volvía denso con el aroma del arroz humeante recién cocinado. Me descubrí tragando saliva mientras mi boca comenzaba a llenarse de ella. El impulso de meter el arroz dentro de mi boca en ese preciso momento me atacó, pero me forcé a resistirlo —en cambio, despegué gentilmente los granos del fondo de la olla. Tomé un pocillo y apilé el arroz en su interior. El pocillo tenía la cantidad precisa. Demasiado o muy poco habría terminado en desastre.
A continuación, levanté mis palillos e hice un agujero en medio del arroz. Dentro del agujero, yo vertí el huevo recientemente revuelto. El arroz blanco tomó un color amarillo dorado. Pero aún no había terminado.
Lo importante era lo que venía a continuación. Esta era la parte del proceso que había anhelado desde que vine a este mundo. Tomé la pequeña botella a mi lado. Incliné la botella cónica sobre el arroz dorado. Un líquido oscuro surgió. Era tan oscuro que podrías haberlo confundido con veneno: salsa de soya.
Lo vertí en un movimiento circular, una sola vez. Dos también habría estado bien, pero, por ahora, una bastaría. Solo eso era suficiente para teñir de negro la superficie del arroz dorado. Era del mismo color del flan con salsa de caramelo, lo cual hizo gruñir mi estómago.
Mantén la calma, me dije a mí mismo. Podrás comerlo muy pronto.
Cocí cuatro tazas de arroz para esto. Desde ahora en adelante, yo podía comer esto cada vez que tuviera ganas, y en cualquier momento. Iba a disfrutar al máximo cada momento de esta primera vez.
“Está listo,” finalmente anuncié, entregándole el pocillo a Ruijerd. Él lo aceptó con un sonido de agradecimiento, para luego esperar por mí. Inmediatamente, yo repetí el proceso para producir otro pocillo con el mismo contenido.
“Gracias por la comida,” dije, juntando mis manos y bajando mi cabeza. Tomé el pocillo con mi mano izquierda y los palillos con la derecha. Abrí ampliamente mi boca. Metí una gran porción.
“¡Mm! ¡Mmm!”
Este sabor. Esto es. La perfección. Había espacio para mejorarlo, pero este era. Este era el sabor que había estado buscando todo este tiempo.
“Mm… mm… ¡mmmm!” Comí otro bocado, luego otro, luego un tercero. Sin hablar, solo comer, masticar, tragar, deteniéndome ocasionalmente para exhalar, para luego llevarme a la boca otro bocado de arroz con la siguiente inhalación. No paré de comer.
Antes de darme cuenta, mi pocillo estaba vacío. “Gracias por la comida,” dije. Mi momento de felicidad terminó en un parpadeo. Terminé sintiéndome satisfecho, pero al mismo tiempo quería más. Sin embargo, antes de prepararme el pocillo número dos, miré hacia el hombre frente a mí. Ruijerd todavía estaba comiendo en silencio. Él nunca fue del tipo de conversar durante las comidas, pero parecía más callado de lo usual. Por supuesto, él y yo éramos los únicos aquí. No podía esperar una conversación cuando yo tampoco estaba hablando. Pero ¿no estaba comiendo demasiado lento? Parecía que apenas se había comido la mitad.
Bueno, tal vez yo fui demasiado rápido.
“¿Rudeus?”
“¡Agh!”
Norn estaba sentada justo al lado del brasero. No me había dado cuenta.
“Norn, ¿cuándo llegaste?”
“Acabo de hacerlo. Aunque sí dije algo cuando estabas comiendo…”
Ah, entiendo.
“¿Qué es eso?”
“Un platillo especial. ¿Quieres un poco?”
Norn miró hacia Ruijerd antes de responder. “Bueno.”
Yo inmediatamente llené de arroz otro pocillo, luego revolví un huevo, lo vertí en su interior, y lo cubrí con salsa de soya. El proceso completo tomó menos de diez segundos, pero podía asegurar que no habría diferencia en el sabor. Esto era destreza.
“¡Come!” la insté.
“Ni siquiera sé qué es esto.”
“La comida de mi gente.”
Norn vaciló por un largo momento, para luego tomar el pocillo con un “Gracias,” y comenzar a comer.
Esperé. Me quedé ahí sentado esperando que ambos terminaran. ¿Todavía no? Apresúrense, quiero escuchar sus opiniones. No importa si no tienen mucho que decir, solo quiero escuchar algo.
Ruijerd terminó de comer. “¿Esta es la comida que mencionaste durante nuestros viajes?” preguntó él.
“Sí. ¿Qué te pareció?”
“Estaba buena.” Eso era todo lo que él tenía para decir, pero era más que suficiente para mí. En los viejos tiempos, cuando estábamos viajando juntos, esto era lo que yo había estado añorando. Ahora lo estaba comiendo junto a mi viejo compañero de viajes. Lo único que lamentaba era que Eris no estuviera aquí con nosotros.
“Gracias por la comida,” dijo Norn cuando terminó de comer. Ella acababa de comenzar, así que debe habérselo devorado.
“Entonces quiero tu opinión, Norn. De esto era de lo que te estaba hablando en casa.”
“En realidad, estaba… bastante bueno. Nunca antes había saboreado algo como esto. ¿Fue a causa de ese aderezo?”
“Así es. La salsa de soya es increíble. Puedes agregarla a lo que sea y tendrá buen sabor.”
“Vaya…”
También recibí una buena crítica de parte de Norn. Lo volvería a preparar para ella en casa. Hoy era un día histórico. El día de hoy marcaba el nacimiento de la salsa de huevo sobre arroz en este mundo.
“El único problema es que,” agregué, “comer huevo crudo puede enfermarte. Recitaré magia de desintoxicación sobre ti cuando termines.”
“¡No puedes darle de comer algo que necesita magia de desintoxicación a una persona que todavía se está recuperando!” exclamó Norn. En este día histórico, yo me había ganado un regaño.
Pasaron dos días. Los Superd se estaban recuperando rápidamente. Muchos todavía estaban en cama, pero aquellos con síntomas leves habían regresado a sus vidas normales. Y así, yo decidí construir una habitación oscura en un rincón de la aldea y plantar Hierba Sokas. No sabíamos si la plaga era el resultado del suelo o del Rey Abismal Vita, pero si alguna vez llegaban a tener los mismos síntomas, tener esto haría una gran diferencia. Si el Rey Abismal Vita había causado la plaga, supongo que ya no había probabilidad de que volviera a ocurrir, ya que estaba muerto. Si fue por los vegetales, los Superd tendrían que cambiar su estilo de vida, ya sea mudándose más cerca del borde del bosque o yendo hacia la Aldea de la Quebrada del Wyrm de Tierra por provisiones. Una de las dos. Fuera cual fuera, ellos necesitarían la bendición del Reino de Biheiril. Mudarlos al Reino de Asura también era una opción, pero muchos de los Superd estaban preocupados o se oponían tajantemente a la idea. Ellos habían vivido durante mucho tiempo sobre esta tierra, y estaban poco dispuestos a irse. Sin mencionar que la fe de Millis tenía gran influencia en el Reino de Asura. Puede que los Superd hayan aceptado la presencia de Cliff, pero su miedo por la Iglesia de Millis era profundo.
Y así, decidí emprender rumbo hacia la Ciudad Capital de Biheiril, para negociar con el Reino de Biheiril. Yo tenía dos objetivos. Primero, la aceptación de los Superd. Segundo, la disolución del grupo de cacería. Los Superd generalmente eran directos en sus interacciones, y habían sufrido una persecución constante, así que eran un poco aislacionistas. Aunque eran personas buenas. Incluso si el Reino de Biheiril tenía sus reservas, yo tenía toda clase de formas en las que podía persuadirlos. La más rápida sería hacer que alguien venga a la aldea. Una vez que vieran a los Superd por sí mismos, vieran que eran difíciles, pero de buen corazón, vieran a los niños inocentes, sabrían que eran inofensivos… Al menos, eso era lo que esperaba. No podía confiarme. Los inspectores del Reino de Biheiril podrían ver a los niños y pensar ¿¡Se están reproduciendo!? ¡Debemos exterminarlos de inmediato! como si fueran cucarachas.
Si llegaba a eso, yo simplemente instaría a la Tribu Superd a mudarse. Establecerlos en el norte del Reino de Asura significaría otra carga sobre los hombros de Ariel, pero… Si todo lo demás fallaba, le pagaría con mi cuerpo.
Todo estaría bien. Sin importar lo que pensaras, todos los niños Superd era lindos y dulces. No quería creer que el Reino de Biheiril estaba lleno de idiotas que ni siquiera serían conmovidos al ver a esos niños jugando con su pelota de piel de animal, la imagen de la inocencia.
“Así que,” concluí, “voy hacia el Reino de Biheiril.”
“Ya veo.”
“Cliff dice que él se va a quedar para vigilar cómo progresan las cosas, y Elinalise se quedará con él. Creo que Norn va a seguir cuidando a Ruijerd. Orsted-sama, ¿qué va a hacer usted?”
“Yo permaneceré aquí. Cliff Grimoire está investigando la plaga. La próxima vez, podría ser capaz de curarla.” Mientras hablaba, una pelota vino volando hacia Orsted y él la golpeó fuera de su camino. Sucedió en un instante. Apenas vi su mano moverse. La pelota voló de vuelta con un arco gentil, justo hacia las manos del niño.
“Mi presencia no debería ser requerida para las negociaciones,” continuó él.
“No puedo negar eso. Incluso con el casco manteniendo la maldición a raya—” Otra pelota vino volando y golpe, voló de regreso. “—eso no significa que se ha ido por completo, ¿cierto?”
“En efecto.” Golpe. La pelota regresó.
“Aunque si se vuelve necesario, apreciaría que pudiera aparecer ahí. Incluso con la maldición, verlo a usted debería provocar asombro en ellos.”
“Muy bien.”
Otro golpe.
“¿Debería decirles que se detengan?” pregunté, mirando en dirección del lugar del cual venían las pelotas, donde un grupo de niños Superd las estaban arrojando hacia Orsted. No se veían hostiles, más bien curiosos. ¿Quién es este tipo raro? ¡Vamos a golpearlo con la pelota! Debe ser algo así. Sin el casco, ellos podrían estar arrojando piedras en vez de pelotas…
“No hace falta. Tales disparos insignificantes no cuentan como un ataque.”
“No… no me diga.” ¿Acaso Orsted estaba jugando? No había forma de saber qué expresión estaba mostrando bajo el casco, pero no sonaba molesto.
“¿Está disfrutando esto?”
“No está mal,” admitió él. Muy bien, entiendo.
“Genial. Entonces volveré pronto.”
Orsted gruñó su aprobación y yo me fui. Dohga y Sandor ya estaban esperando por mí en el círculo de teletransportación. Mientras yo estuviera en la capital, Sandor iba a ir hacia la Segunda Ciudad para hacer contacto con el informante. No era como lo planeamos, pero habíamos decidido que separarnos en dos grupos sería más eficiente. Dohga iría conmigo para protegerme. Ahora mismo, no lo veía siendo de mucha ayuda. Supongo que era mejor tenerlo ahí que no tenerlo.
“¡Ah!” Me encontré con Ruijerd por el camino. Claramente todavía le costaba estar de pie, ya que se estaba apoyando en Norn. “Ruijerd, ¿puedes caminar?”
“Distancias cortas,” dijo él. A juzgar por la mirada seria en el rostro de Norn, no se suponía que él lo estuviera haciendo.
“Voy al Reino de Biheiril por un tiempo para negociar con ellos. Cuando regrese, podría traer algunos soldados conmigo. Sería de mucha ayuda que sean tan acogedores como sea posible.”
“Muy bien. Se lo haré saber al Jefe,” dijo Ruijerd, pero él estaba mirando hacia Orsted. Orsted se estaba apoyando contra una pared, con los niños arrojando pelota tras pelota hacia él. No podrían culparte por pensar que ellos lo estaban acosando, pero había algo encantador al respecto. Orsted desviaba cada pelota con precisión —los niños estaban riendo.
“Las apariencias pueden ser engañosas,” comentó Ruijerd.
“Tienes mucha razón,” dije, con las esquinas de mi boca curvándose en una sonrisa.
Llegué al círculo mágico en la oficina de Orsted, para luego ir hacia el que me llevaría al Reino de Biheiril. Naturalmente, cuando pasé por la oficina, revisé las tabletas de contacto. Zanoba reportó que todo iba bien. Aisha y el Grupo de Mercenarios dijeron lo mismo. No había nada de parte de Sylphie, pero eso estaba bien. Ella estaba bastante lejos, y no se suponía que estuviera cerca de su círculo de teletransportación más cercano. Roxy había progresado un poco. Ella no sabía dónde estaba el Dios Ogro, pero algunos rumores decían que los ogros se estaban preparando para la batalla en la Isla Ogro. Ella también dijo que Eris estaba ansiosa de venir a mi lado. Ella quería ver a Ruijerd. Apuesto que sí, pero necesitaba que esperara un poco más.
Además, envié mensajes a todos para hacerles saber que los Superd estaban en el camino hacia la recuperación. Todo había sido resuelto en un par de días. Me hacía sentir como si estuviera molestando a todos pidiéndoles toda la ayuda posible, para rápidamente decirles que ya no hace falta, pero ellos tendrían que lidiar con eso. Cuando eso estuvo terminado, yo me coloqué mi anillo de disfraz una vez más y salté sobre el círculo de teletransportación que daba hacia la capital del Reino de Biheiril.
Zanoba había colocado el círculo de teletransportación en una aldea abandonada dentro del bosque, a medio día de viaje de la ciudad.
En el momento que llegué, Zanoba bajó su cabeza y dijo, “¡Lo he estado esperando, Maestro!” Julie y Ginger estaban junto a él.
“¿Estabas esperando por mí?” pregunté.
“En efecto. Vine de inmediato cuando se me informó que usted vendría.”
Qué diligente.
“¡Esto es perfecto!” continuó él. “Ahora puedo contarle sobre lo que ha estado sucediendo sin preocuparme por personas oyendo.”
“Eso es cierto. Muy bien, vamos a escucharlo.”
“Debo admitir que no hemos tenido mucho éxito,” confesó Zanoba. Él me contó lo que habían estado haciendo. Primero, después de llegar a la capital y conseguir un alojamiento, él colocó el círculo de teletransportación aquí en el bosque. Luego comenzó a recolectar información en la capital, donde descubrió que el reino estaba reuniendo un grupo de cacería —en ese momento fue cuando envió su primer reporte a través de la tableta de contacto. Yo lo había leído. Después de eso, él descubrió que el Dios del Norte se había unido al grupo de cacería. Ahora Zanoba estaba buscando noticias sobre Geese y haciendo reconocimiento para identificar al Dios del Norte. Eso lo resumía.
“Así que no sabemos nada,” resumí.
“Mis más sinceras disculpas. Oí que el Dios del Norte Kalman III era un hombre al cual le gusta llamar la atención, así que pensé que lo encontraríamos de inmediato, pero no ha sido tan simple…”
“No, no te disculpes.” Nosotros no habíamos estado en el Reino de Biheiril por tanto tiempo. El grupo de Zanoba había llegado a la ciudad, colocado el círculo mágico, para luego ponerse a trabajar. Solo había sido una semana. Era demasiado pronto para demandar resultados.
“Solo estamos comenzando,” dije. “Es hora de seguir adelante.”
“Entendido,” respondió Zanoba.
Era interesante que el Dios del Norte se hubiese unido al grupo de cacería. Si eso era cierto, me encantaría ponerme en contacto con él. Solo que… a pesar de ser un hombre tan llamativo, ¿no estaba por ninguna parte? Eso me hacía sospechar que él estaba tramando algo. Tal vez Geese ya lo había reclutado. Cuando Vita falló, Geese probablemente decidió que el plan había fracasado. Él había perdido la ventaja y se retiró junto al Dios del Norte. O Vita pudo haber sido una distracción. Él había caído fácilmente.
Puede que las noticias sobre Vita ni siquiera hayan llegado a Geese, pero eso probablemente era demasiado optimista. De cualquier forma, yo aun así había obtenido la ayuda de Ruijerd. Eso era suficiente para hacer que valiera la pena haber venido al Reino de Biheiril.
“Muy bien, Maestro, ¿nos vamos? Lo llevaré hacia la capital.”
“Sí, por favor.”
Lo que tengo que hacer no ha cambiado, pensé mientras partíamos hacia Biheiril.
La capital del Reino de Biheiril me recordaba un poco al Reino de Shirone. Tenía la atmósfera de una nación de tamaño medio del Continente Central. Este país tenía madera en abundancia, y casi todas las edificaciones estaban hechas de madera. Los árboles delineaban la ciudad. Tal vez ellos eran los que proporcionaban su atmósfera única. Era de noche cuando llegué, lo cual además le daba una sensación particularmente acogedora, pero al mismo tiempo imponente. En este país, ellos encendían grandes braseros en la calle cuando se oscurecía.
Aparte de eso, nada la diferenciaba de cualquier otra ciudad. Pasamos a un lado de posadas y vendedores ambulantes cerca de la entrada. Mientras nos acercábamos al centro de la ciudad, esta se volvió cada vez más extravagante —las casas de los comerciantes daban paso a mansiones de nobles. Justo en medio había un castillo. Estaba construido en el punto de encuentro de dos ríos, similar al Fuerte Karon en Shirone y tal como el Castillo Sunomata en Gifu. Detrás del castillo, al otro lado del río, estaban los suburbios. Tal como en cualquier otra ciudad.
“Bueno, tenemos que ver al rey.”
“¿Cree que podamos conseguir una audiencia?” dijo Zanoba. “La autoridad de Su Majestad Ariel no se extiende a lugares como este…”
“Mmm.”
Zanoba y yo estábamos planeando nuestra jugada en una habitación que habíamos rentado a una posada. Esta no era la clase de lugar donde se alojaban los aventureros; era un establecimiento ostentoso que estaba enfocado a los nobles que venían de visita desde las ciudades provinciales. No estaba seguro de si destacar la forma diferente en la que las personas adineradas vivían en comparación al resto de nosotros o regañarlo por algo que podría llamar la atención. Tampoco era tan ostentoso como para arruinarlo todo.
“¿Qué hay de mezclarnos con el grupo de cacería? Habrá una ceremonia de despedida donde el rey dará un discurso. Usted podría abrirse paso hacia él; de esa forma definitivamente obtendrá su audiencia.”
“Para ese momento será demasiado tarde. Si tratamos de pedir tiempo justo cuando el reino tiene todo listo y dicen, ‘Adelante,’ ellos podrían comenzar de todas formas.”
Existía un orden en esta clase de misiones. Formabas un grupo, reunías los suministros de comida y armas, y luego partías. Si alguien aparecía en el último momento diciéndote, ¡Esperen un momento! existía una gran probabilidad de que no te detuvieras. No podías —la reputación del reino dependería de llevar a cabo esto.
“Puede que ya sea demasiado tarde, pero quiero explicarle el motivo por el cual no hay necesidad de atacar a los Superd.”
Le contaría al rey sobre la existencia de la Tribu Superd, conseguiría que el reino garantice su seguridad, y luego el grupo de cacería podía cazar algunos Lobos Invisibles o lo que sea y regresar a casa. Yo incluso podría cubrir un porcentaje del dinero que ellos habían invertido en esto. Orsted desembolsaría una buena cantidad si se lo pedía.
Es por eso que quería reunirme con el rey tan pronto como fuese posible, antes de que el grupo de cacería parta. Comuniqué esto a Zanoba mientras trataba de pensar en una forma de lograrlo.
“Primero intentemos ir por la puerta principal. Podría atraer atención indeseada, pero me presentaré como un subordinado del Dios Dragón, para luego nombrar al Reino de Asura y —si la situación lo amerita— a Perugius. Si eso no funciona, podemos pensar en algo más.”
No se me ocurría ninguna otra buena idea. Decidimos solicitar una audiencia como cualquier otro.
Al día siguiente, después del desayuno, partimos hacia la zona alrededor del castillo. De verdad se parecía a la de Shirone, desde el tamaño hasta la sensación… La diferencia principal era el número de partes de madera que usaba este castillo. Eso quería decir que era vulnerable al fuego, tal como Zanoba.
“Probablemente seremos rechazados en la puerta,” dije.
“Estoy seguro de que el nombre de la Reina Ariel al menos nos conseguirá una reunión.”
“El Reino de Asura no tiene ningún lazo diplomático con este país… Será complicado si seguimos los procedimientos apropiados.”
“¿No va a seguir los procedimientos apropiados?”
“No puedo seguirlos.”
Era inesperadamente difícil conseguir una audiencia con el rey. En el pasado, yo siempre me había saltado la mayoría de los pasos para conseguir audiencias reales. Usualmente, aprovechabas conexiones con la nobleza para conseguir una cita, conseguías un buen traje y un carruaje, y entregabas la documentación necesaria para probar tu identidad. Luego eras enviado con un oficial de palacio que se aseguraba de que eras confiable. Después de eso, ellos te colocaban oficialmente en la agenda del rey e ibas a la cámara de audiencias. Ese era el proceso. Era una tarea difícil si no tenías las conexiones. Eso no quería decir que era imposible obtener una. Si eras lo suficientemente importante como para que el rey quiera verte, incluso un aplicante apareciendo de la nada podía conseguir una audiencia. El único problema era que Geese nos encontraría si llamábamos demasiado la atención. Eso limitaba nuestras opciones. Para ser honesto, yo simplemente podría asumir que había sido identificado hace tiempo, ya que había derrotado a Vita.
“Bien, Zanoba. No será bueno si nos ven juntos —las demás personas podrían comenzar a hablar. Dohga y yo nos encargaremos de las cosas desde este punto.”
“Que la fortuna esté con usted en batalla,” dijo Zanoba. Nos separamos en una calle concurrida, y yo fui junto a Dohga a una caseta de vigilancia cerca de un canal. A pesar de ser temprano, los soldados estaban marchando por el lugar animadamente. Ellos no iban a arrestarme como una persona sospechosa si aparecía de la nada y solicitaba una audiencia, ¿cierto? Yo al menos estaba vestido como un noble, pero en este país no había una embajada. No sabía cuál era el atuendo adecuado.
Esperen un momento. No es una caseta de vigilancia. Se ve como una recepción.
“Disculpe, ¿tiene un momento?”
“Diga su asunto.” Sentado en la recepción había un hombre con un magnífico bigote. Él usaba una túnica de aspecto oficial, así que supuse que no era un soldado. Necesitaba halagarlo por el bigote, pronto —al diablo eso, él me había preguntado por la razón de mi visita. Debía decirle porqué estaba aquí.
“Bueno, verá, estaba esperando solicitar una audiencia con Su Majestad el rey…”
“¿Cuándo?”
“¿Eh? Supongo que hoy. Si no es problema, tan pronto como sea posible…” Ya sé, no soy quién para decirlo, pero este procedimiento parecía súper sospechoso.
Como sea. No tenía nada que perder, así que bien podría aceptar que estábamos llamando la atención y pasar por el procedimiento apropiado.
El hombre con bigote miró hacia mí, para luego revisar una pila de papeles. “Una moneda de oro,” dijo él.
“¿Disculpe?”
“Por la audiencia. Es una moneda de oro.” Ah, supongo que es una propina.
“Aquí tiene.”
“Para estar seguro —¿eh?” El hombre miró intensamente hacia la moneda que le había dado. Luego la mordió. ¿Había un problema? ¿Era una falsificación y yo no me había dado cuenta?
“Este es dinero de Asura, ¿no?”
“Um, sí, por cierto, esta es mi identidad,” dije, mostrando hacia él la insignia que Ariel me había enviado. Él no dijo nada. Eso no era ideal. Él ahora me estaba mirando con sospecha. La autoridad del Reino de Asura de verdad no llegaba a este lugar, tal como dijo Zanoba. Esto era malo.
Pero él luego guardó la moneda de oro en su bolsillo, revisó su pila de papeles y llenó algo, para finalmente estirar la hoja hacia mí.
“Escriba su nombre y el propósito de su audiencia.”
“Um, bueno.”
“Regrese aquí cuando suenen las campanadas del mediodía.”
“Um. Bueno. Se lo agradezco mucho.” A pesar de la reacción pobre, parecía ser que mi propina había funcionado. Él iba a entregar mi solicitud. El dinero había comprado nuestro paso a través del primer obstáculo. ¡El dinero de verdad era lo que hacía girar al mundo!
Llegó el mediodía y yo estaba de pie en la sala de espera para entrar a la cámara de audiencias. Estaba nervioso. Había venido al palacio pensando que no había forma de conseguir una audiencia para ese día, pero Bigotes de la recepción me había enviado con otro oficial. Este último me había traído aquí, y antes de darme cuenta, yo era el siguiente. Pronto me llamarían para entrar a la cámara de audiencias. Era como haber superado el nivel uno solo para descubrir que el jefe final estaba esperando por mí. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido. Mi mente estaba en blanco.
Ya basta. Tranquilízate, me dije a mí mismo. Los demás esperando sus audiencias me habían dicho algunas cosas. En este reino, el rey concedería audiencias a cualquiera durante las dos horas después del mediodía. Por supuesto, había ciertas condiciones con respecto a cualquiera. Primero, si querías una audiencia, tenías que pagar una moneda de oro de Biheiril. Una moneda de oro era lo que podía reunir una aldea entera si todos contribuían. Cada persona tenía quince minutos. Solo ocho personas podían entrar cada día. Cualquiera podía pagar para obtener una audiencia con el rey, ofrecer sus opiniones, hacer preguntas, y realizar solicitudes —era una política de este país permitir que cualquiera que tuviera un problema viniera a realizar su petición. La tarifa evitaba que las personas vinieran por trivialidades. Supongo que el sistema era justo. El Reino de Biheiril no era un país tan malo. Por supuesto, probablemente existían problemas reales en lugares que no podían permitirse pagar una moneda de oro. Por otro lado, si podías hacerle la petición directamente al rey, cada persona caminando por la calle estaría aquí. Los comerciantes turbios que nunca podrían codearse con el rey y la riqueza de la ciudad traerían sus lamentables reclamos para ganancia personal. En cualquier caso, cuando nosotros vinimos, el rey ya tenía su agenda copada. ¿Acaso no siempre sería así? Sin embargo, la suerte estuvo de nuestro lado, ya que alguien había cancelado. Un verdadero golpe de suerte para nosotros. Apuesto a que la moneda de oro de Asura, la cual valía diez veces más que una moneda de oro de Biheiril, había ayudado. Las personas no podían resistirse al dinero. En fin, sin importar la razón de que esto haya sucedido, las cosas se veían bien para nosotros.
La audiencia duraba quince minutos. No era mucho tiempo. Aunque no había razón para entrar en pánico. Yo solo tenía dos peticiones. ¡Si revelaba mi identidad y explicaba mi caso claramente, el futuro sería uno brillante!
“¿Rudeus-sama? Por favor, proceda hacia la cámara de audiencias.”
“Volveré pronto,” le dije a Dohga.
“… Ajá,” gruñó él. Respiré profundamente, para luego ponerme de pie y avanzar por el corredor que daba hacia la cámara de audiencias. En cuanto a la propia cámara… supongo que le daría una C. No era tan espaciosa, la alfombra era monótona, y los ocho soldados de pie alrededor parecían estar aburridos. Tampoco había muchos adornos. No se veía real. Sin embargo, cuando considerabas que los plebeyos venían aquí cada día, tal vez era lo correcto. No podía quejarme de la practicidad. Le doy tres estrellas.
Entré a la cámara de audiencias, avancé hacia el lugar indicado, para luego arrodillarme y bajar mi cabeza. “Es un honor conocerlo, Su Majestad,” dije.
Después de unos momentos, el rey se dirigió a mí. “Veo que eres un hombre refinado. Levántate, y declara tu nombre y el propósito de tu visita.”
Hice lo que me ordenaron y miré hacia arriba. El rey era un hombre de edad. Él se veía cansado, como si no le quedara mucho en este mundo. No me sorprendería si me dijeras que él estaba enfermo.
“Mi nombre es Rudeus Greyrat, subordinado del Dios Dragón Orsted, el segundo de los Siete Grandes Poderes.”
“¡Ooh, así que el Dios Dragón!” El rey fue incapaz de ocultar su sorpresa. Una reacción positiva. Eso era una rareza. Supongo que este rey sabía quiénes eran los Siete Grandes Poderes. Tal vez era gracias a su conexión con los ogros.
“¿Qué asunto tiene con nosotros un asociado de los Siete Grandes Poderes… quiero decir, con este reino?”
“Bueno, Su Majestad, he escuchado que usted planea cazar a los diablos en el Bosque del No Retorno. Estoy aquí para solicitar que eso no se lleve a cabo.”
“¿Que no se lleve a cabo?”
“Así es, Su Majestad.”
“¿Por qué pides algo así?”
“Porque las personas en el bosque no son diablos,” dije. Luego le conté sobre la Tribu Superd. Ellos habían vivido dentro del bosque desde hace mucho tiempo, tal vez incluso antes de la creación del Reino de Biheiril. Ellos no eran la raza a la que se llamaba comúnmente diablos. En el distante pasado, los Superd hicieron un pacto con la aldea cercana, el cual consistía de cazar a los monstruos invisibles y mantener la zona segura. Recientemente todos los Superd habían contraído una plaga, lo cual quería decir que los monstruos invisibles no habían sido mantenidos a raya. Gracias a los esfuerzos del Dios Dragón Orsted, ellos se habían recuperado de la plaga y regresado a cazar a los monstruos, tal como antes.
Me aseguré de que mi explicación fuera breve y de destacar que los Superd eran buenas personas.
“Una raza de diablos, y ahora también monstruos invisibles…” murmuró el rey. “Tu historia es una difícil de creer.”
“Creí que diría eso, Su Majestad, así que vine aquí con una propuesta. La única forma de entenderlo es verlo con sus propios ojos. ¿Consideraría enviar a alguien de confianza a ver la aldea?” Yo le mostraría la vida secreta de los Superd —las mujeres alrededor de la olla común, los hombres que se ganaban la vida cazando monstruos invisibles, los niños que se entretenían arrojando pelotas hacia el Dios Dragón…
“Mmmm…” El rey acarició su mentón, considerándolo. Pero luego sacudió lentamente su cabeza. “Incluso si lo que dices es cierto, no puedo cancelar al grupo de cacería a esta altura. Muchas almas valientes de todo el reino ya se han reunido aquí.”
“Si Su Majestad simplemente les comunica que las Personas del Bosque que habitan más allá de la Quebrada del Wyrm de Tierra no son diablos, que el grupo de cacería no ataque, eso sería suficiente. Los monstruos invisibles existen —sugiero humildemente que en cambio los cacen a ellos. Si el dinero es una preocupación, nosotros estamos preparados para compensarlos.”
“Mmmm.”
Volví a respirar profundamente. “Desde tiempos inmemoriales, los Superd han mantenido seguro este país en secreto. Incluso ahora, ellos no piden un trato especial. Solo desean permanecer en un bosque en un rincón de su reino, donde no molesten a nadie… Si Su Majestad se rehúsa incluso a eso, si no los quiere en su reino, entonces yo mismo haré los arreglos para su reubicación.”
“Eres un leal aliado de estos Superd,” dijo el rey después de una pesada pausa.
“Ellos salvaron mi vida cuando yo era solo un niño,” respondí. El rey acarició su mentón. A través de la esquina de mi visión, me di cuenta de que un oficial estaba mirando la hora. Mis quince minutos deben estar por terminarse. Mierda. El tiempo pasó más rápido de lo que esperaba.
“Se acabó su tiempo. Por favor, salga de la cámara de audiencias.”
“¡Su Majestad, le ruego que considere mi petición! ¡Prometo que su reino no lo lamentará!” Volví a respirar profundamente, para luego dar un paso al frente y bajar mi cabeza.
“¡Galixon, Chandle!” llamó el rey. Dos soldados dieron un paso al frente. Uno tenía un gran bigote, mientras que el otro tenía un rostro largo como un caballo. Estaba a punto de ser echado a patadas. Creí haber hablado bien, pero aparentemente al final todo había sido demasiado repentino. Esta vez lo había arruinado. La próxima—
“¡Vayan con este hombre y confirmen la verdad de lo que acaba de decir!”
“¡Sí, Su Majestad!”
Miré hacia el rey. “¿¡E-está seguro, Su Majestad!?”
“Te enviaré junto a estos soldados. Debes saber que, si me has mentido, personalmente daré la orden de partir al grupo de cacería.”
Bueno, por un momento entré en pánico, pero él en realidad estaba enviando soldados para comprobarlo todo. Él no me estaba rechazando sin más. Iba a tomar su decisión después de confirmar los hechos. Me agradaba este rey. Tal vez escuchar peticiones día tras día lo habían vuelto flexible ante las sugerencias. La credibilidad del Reino de Biheiril ante los ojos de la Sociedad del Dios Dragón se había disparado. ¡Buen trabajo!
“Agradezco su comprensión, Su Majestad,” dije. Bajé mi cabeza una vez más antes de irme.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.