El Traidor se Escapa
Capítulo 8: El Traidor se Escapa
Geese Nukadia. El último de la tribu Nuka. Debilidad: el combate. Fortaleza: todo lo demás. A pesar de ser un inútil con una espada y una molestia usando magia, él perseveró y logró convertirse en un aventurero de rango S.
Ese era el Geese que conocía Orsted.
“Geese siempre había sido consistente, sin importar mis movimientos, y por lo tanto decidí que no podía ser un apóstol… hasta ahora.”
Así era como operaba Orsted. Él actuaba, observaba cómo el mundo y las personas reaccionaban a él, y entonces usaba eso para identificar a los apóstoles del Dios Humano o cualquier otra cosa que estuviese buscando. Orsted presenció el desarrollo del mundo cuando intervino y cuando no lo hizo, pero en todos los bucles las acciones de Geese habían permanecido siendo las mismas. Geese vivió su vida como un aventurero y murió como un aventurero. Sin importar lo que ocurriese a su alrededor, él nunca había hecho algo para levantar las sospechas de Orsted.
Orsted era bueno detectando a los apóstoles del Dios Humano. No había muchos apóstoles como Geese—no muy buenos en combate, que se especializan en recolectar información y esparcir desinformación—pero existían. Se mantenían en las sombras, llevando a cabo sus planes en la oscuridad, ayudando a otros apóstoles en momentos cruciales. Estos apóstoles siempre eran cuidadosos de no revelar su verdadera naturaleza. Orsted los mataba a todos ellos. Él tenía los bucles temporales. Con suficientes repeticiones, no era difícil descubrir quién era un apóstol y quién no.
Pero Geese era diferente. Geese no levantó sospechas; Orsted dijo que él nunca había sido un apóstol. Sin importar lo que Orsted hiciera, él nunca actuaba como uno. Ni siquiera cuando estaba a punto de ser asesinado.
“Pero lo que eso significa es,” me dijo Orsted, “que él fue un apóstol en cada bucle, pero que lo ocultó perfectamente.”
Geese nunca había admitido ser un apóstol en ninguno de los bucles anteriores. Orsted tuvo sospechas antes y lo asesinó, pero incluso a momentos de morir, incluso con un cuchillo en su garganta, Geese nunca se quebró.
“Me engañé creyendo que este era el curso normal de la historia… y de ahí esta derrota.”
Cuando nos comunicábamos a través de mensajes, yo siempre podía darme cuenta de cuando Orsted estaba sintiendo lástima por sí mismo.
Orsted nunca sospechó que Geese era un apóstol hasta mi mensaje. El Dios Humano tiene que estar orinándose de la risa: ¡Recién se dio cuenta! ¡Jajajajaja!
Creo que Orsted no consideró que Geese fuera tan importante al principio, eso es todo.
“Aun así, buen trabajo, Rudeus,” me dijo él. “Él era la carta del triunfo del Dios Humano… pero ya no más.”
Aunque no podía haber ningún otro apóstol como Geese. Al final del día, Orsted tenía los bucles y el Dios Humano no. Bueno, los apóstoles actuaban de forma más independiente de lo que podrías pensar. Incluso si el Dios Humano quería más apóstoles como Geese, sería más fácil decirlo que obtenerlos.
Lo cual quería decir que Geese muy probablemente era la última línea de defensa del Dios Humano. El último apóstol que había mantenido oculto era Geese… Yo todavía estaba teniendo problemas para procesarlo.
Orsted ahora creía que estaba a solo unos turnos de una victoria fácil. Lo cual… sí. Él tenía los bucles temporales. Pero, incluso si nosotros lo arruinábamos esta vez, él podía solo matar a Geese en su Nueva Partida+. Entonces Orsted estaría un paso más cerca de la victoria.
El único problema era que, si Orsted perdía y pasaba al siguiente bucle, yo me quedaría solo. Fin del juego.
“Yo quiero ganar en este bucle,” respondí, con la ansiedad llenando mi pecho.
La respuesta de Orsted fue: “Solo quise decir que él ya ha jugado su carta del triunfo.”
Yo resoplé. Buena jugada, Orsted.
Pasó un mes desde que Geese había revelado ser un apóstol del Dios Humano.
Traté de encontrarlo durante ese tiempo. Con la ayuda de las órdenes de caballeros, recorrimos de pies a cabeza el Continente de Millis. La Iglesia de Millis y los Latria fueron tan lejos como para echarnos una mano y la búsqueda todavía estaba en marcha. Pero parecía muy probable que él ya hubiese escapado.
No hace falta decir que yo no solo me estaba concentrando en Millis. Inmediatamente me comuniqué con la tribu Doldia y les pedí colocar una orden de arresto en el Gran Bosque. Además, notifiqué a Ariel y le pedí hacer lo mismo en el Reino de Asura, y luego le pedí a Roxy hacer la misma solicitud al Reino de Ranoa.
Incluso con todo eso, estaba bastante seguro de que no lo atraparíamos. Este gran mundo estaba compuesto del Continente Central, el Continente Begaritt, el Continente Demoniaco, el Continente Divino, y el Continente de Millis. Había muchos lugares donde mi influencia no llegaba. Ni siquiera sabía hacia qué dirección había huido. ¿Hacia el norte? ¿El sur? Si él tenía contactos con el Reino del Rey Dragón, entonces eso significaría que él de seguro había ido hacia el Continente Demoniaco. Pero después de la muerte del rey, ese lugar era un desastre. El Continente Demoniaco era extenso, y Geese podía mezclarse ahí. Tal vez había usado un círculo de teletransportación del que yo no sabía, y entonces podría estar literalmente en cualquier lugar.
Geese fue completamente tragado por la tierra. Me hacía enfermar. Para ser honesto, había esperado poder atraparlo de inmediato. Pero eventualmente tuve que aceptar que eso no iba a pasar y comenzar a pensar en cómo protegerme a mí mismo. En su carta, Geese dijo que la próxima vez iba a luchar contra mí de frente. Qué ridículo. Estábamos hablando de Geese; él mentía tanto como respiraba. ¿Qué cree que soy, un idiota?
Pero otro lado…
Pensándolo bien, me di cuenta de que Geese fácilmente pudo haberme matado en cualquier momento en Millis. Bajé la guardia a su alrededor. Yo había confiado en él. Pero Geese no lo había hecho. Todo lo que había hecho fue tratar de hacerme caer en su trampa, e incluso después de que la trampa se cayó a pedazos, él aún no hizo un movimiento en mi contra. Demonios, Geese incluso pudo haber tomado a Aisha como rehén. Aisha podía defenderse con una espada y magia, así que él pudo haber pensado que era más de lo que podía morder, pero había tenido la oportunidad. Aun así, no lo hizo.
Tal vez podía confiar en la carta. Tal vez, a pesar del hecho de que él estaba trabajando bajo las órdenes del Dios Humano, el propio Geese quería luchar de forma justa.
Cuando tienes que matar a alguien, es mejor hacerlo de forma justa o terminará saliendo mal. Esa se siente como una de las supersticiones de Geese, ¿no?
Pero podría estar equivocado. Él podría querer que yo piense eso mientras en realidad estaba planeando lo contrario. Por lo que sabía, él en realidad podría estar oculto en un armario de la casa de Cliff, esperando para cortar mi garganta con un cuchillo envenenado cuando me quede dormido.
Imaginar personas ocultas en las sombras no es de ayuda.
Yo aún no había sido atacado, lo cual quería decir que Geese no había reunido sus fuerzas de antemano. Él probablemente estaba en algún lugar ahí afuera, reuniendo aliados. Iba a venir por mí, pero no todavía.
Eso fue lo que traté de decirme. En la realidad, no podía sacudirme la sensación de que podría ser atacado en cualquier momento.
Tenía miedo.
Ahora bien. Mientras yo estaba ocupado cazando a Geese, Aisha tuvo que llevar a cabo todo el trabajo de poner en orden la sucursal del grupo de mercenarios. Ella escogió a un administrador de sucursal, reclutó miembros, e ideó un plan para el futuro del negocio. Usualmente todo necesitaba mi aprobación, pero Aisha se encargó de todo ello. Los Latria ayudaron a cuidar a Zenith, así que eso le quitó algo de presión, pero incluso tomando eso en cuenta, su eficiencia era inigualable.
Ella incluso pensó en mí en medio de esto. Eris llegó al País Sagrado de Millis un mes después de que Geese desapareció. Ella vino por medio de un círculo de teletransportación. Vino a protegerme.
Cuando llegó, ella ya estaba en su modo de batalla. En vez de usar la ropa de un ciudadano común, Eris estaba usando el abrigo de una Reina de la Espada y cargando dos espadas—un audaz anuncio para cualquiera cerca de que ella era una guerrera de la que debían cuidarse.
“¡Todo estará bien ahora que yo estoy aquí! ¡Partiré a cualquiera a la mitad!” alardeó Eris. “¡Fue muy tonto de parte de Geese darte la espalda! Ese gusano estaba en lo correcto cuando dijo, ¡Aw, no, no soy rival para el Jefe, de ninguna forma!”
Escuchar sus palabras llenas de confianza, tan animadas como siempre, calmaron un poco mis nervios. No voy a terminar atrapado en una batalla y ser asesinado esta semana, me consolé. En cierto nivel, yo probablemente incluso lo creía.
“Eris…” dije, entonces la abracé con fuerza. Eso llevó a que le sobara los pechos, en cuyo punto ella me golpeó hasta la muerte. Mientras mi consciencia se desvanecía, todo quedó claro:
Así que era esto.
Este había sido el plan de Geese todo este tiempo.
— FIN —
… Bueno, dejemos de lado las bromas.
Ahora que las cosas se habían calmado un poco, era hora de organizarse.
Primero que nada, debía tomar en serio las palabras de Geese. Asumiendo que él realmente estaba reuniendo sus fuerzas para atacarme de frente, había tres cosas que yo necesitaba hacer:
Primero: Encontrar a Geese.
Segundo: Fortalecer la Armadura Mágica (y a mí mismo).
Tercero: Planear una contraestrategia.
Cuando lo resumí a eso, me di cuenta de que era lo que había estado haciendo todo este tiempo. La única diferencia era que ahora, en vez de ochenta años, yo tenía un margen de tiempo significativamente menor. Solo un par de años hasta entonces. Y Geese no era alguien normal. ¿Quién sabe cómo sería un ataque justo y de frente suyo? ¿Vendría hacia mí con números o habilidad?
De acuerdo a Orsted, no existían muchas personas ahí afuera que pudieran vencerme cuando yo estaba usando mi Armadura Mágica. Aun así, había aprendido en carne propia el otro día que los números podían inclinar la balanza. Si él podía reunir a quince o más guerreros de clase mundial que pudieran coordinarse como los Caballeros de la Iglesia, yo estaría acabado.
Pero él necesitaría tiempo para encontrar personas así. No había muchas. Un año, ¿tal vez dos? Me sentía bastante confiado de que como mínimo le tomaría ese tiempo. ¿Caer en una trampa cuidadosamente colocada sobre el transcurso de año, y con los números de su lado? Incluso yo no podría salir de algo así. Los Caballeros de la Iglesia por un momento tuvieron una oportunidad de ganarme, y un apóstol del Dios Humano sería mucho peor.
Simplemente tenía que detenerlo antes de que las cosas llegaran a eso. Viajaría por el mundo y me haría aliado de sus objetivos antes de que él pudiese llegar a ellos. Si él ya había convencido a algunos de ellos, entonces los derrotaría antes de que pudieran unirse en mi contra. En cada trabajo de ahora en adelante, sin importar lo menor que sea, yo tenía que buscar enemigos. Si estuviese obligado a suponer, podía reducir la probable ubicación de Geese a ya sea todo el Continente Demoniaco, y potencialmente el Reino del Rey Dragón. Sí, el Continente Demoniaco parecía particularmente probable. Los desquiciados como Atofe probablemente tomarían la oportunidad de luchar cuando escucharan que Geese estaba tratando de derrotarme.
Yo había planeado dejar para el final el Continente Demoniaco, pero parecía ser que lo íbamos a subir un poco en la lista. Pero probablemente debía priorizar pasar por el Reino del Rey Dragón. Ahí era donde estaba el Dios de la Muerte Randolph, y él me venció usando la mejorada Mark II. Sería un aliado poderoso. Lo quería de mi lado lo más pronto posible.
Y así, mi curso de acción estaba trazado.
El grupo de mercenarios todavía estaba dando sus primeros pasos, pero los Latria y la iglesia estaban aquí para respaldarlo. Siempre y cuando los dos pesos pesados de la Iglesia de Millis estuvieran trayéndonos trabajos, la sucursal debería ser capaz de mantenerse a flote durante un futuro cercano. Había logrado lo mínimo que vine a hacer a Millis. Era hora de regresar al cuartel general en Sharia. Entonces Orsted y yo podríamos trazar el resto de nuestro plan.
Pero primero, debíamos despedirnos.
Fui hacia la mansión Latria, donde presenté a Eris y anuncié que iba a regresar a casa.
“Ya veo,” dijo Claire. Incluso frente a Eris, quien no era exactamente una dama, ella no mostró ninguna señal de desaprobación. Parecía ser que había tomado en serio mis palabras. La única emoción que podía detectar, aunque levemente, era decepción.
“¿Asumo que te llevarás a Zenith?” preguntó ella.
“Así es. Me tomo en serio mi responsabilidad de cuidarla.”
“Muy bien.”
Mientras Aisha y yo estábamos ocupados, Zenith se había quedado con los Latria durante el último mes. Claire dijo que ella había estado bastante activa. Tal vez era la nostalgia de estar de vuelta en la casa en la que había crecido. Aparentemente, ella vagó a través de la mansión y con frecuencia salía a cuidar los jardines. Ella siempre quería estar afuera. Zenith estaba tan distraída como siempre, pero estaba claro que ella estaba disfrutando al máximo estar de regreso en su tierra natal.
Cada hombre y mujer en la mansión Latria la observaba con tristeza.
Al final, yo no pude conocer a Edgar o Anise… Todo por culpa de Geese. Le pedí a Claire entregarles el mensaje de que yo definitivamente apartaría tiempo para encontrarme con ellos la próxima vez que estuviese en Millishion.
“Me duele no haber tenido la oportunidad de volver a ver a Norn…”
“Regresaremos,” le aseguré. “Traeré a Norn la próxima vez. Y también a mis hijos. Aisha… Bueno, no puedo garantizar nada con respecto a ella.”
La relación de Aisha y Claire no había mejorado. Puede que Claire haya prometido que ya no iba a interferir con mi familia, pero el desagrado de Aisha por Claire no era algo que pudiera cambiar de la noche a la mañana. Claire, por lo que yo sabía, básicamente solo había hecho lo que creyó mejor para Aisha. Una bastarda debería conocer su lugar y dejar que la hija legítima pudiera brillar. Una hija de la familia Greyrat debía actuar como una dama. Una sirvienta de la familia Greyrat debía dedicarse por completo al jefe de la casa.
Claire estaba tratando de decirle que se comportase de acuerdo a su situación.
Pero Aisha era todas esas cosas y al mismo tiempo ninguna. Ella no tenía un papel fijo, y Claire aparentemente tenía su opinión sobre eso. Incluso ahora, después de hacerme esa promesa, su mirada era dura cada vez que se posaba sobre Aisha.
“Como prometí, no ahondaré mucho en eso, pero me preocupa su futuro,” dijo Claire.
“¿Qué? Ah, no, creo que ella estará bien.”
Aisha era increíble e inteligente—ella casi era demasiado inteligente. Aisha estaría bien.
“No lo sé…” dijo Claire, sonando poco convencida. “No me puedo sacudir la sensación de que ella cometerá algún error que no podrá remediar.”
“No hay muchas cosas que no puedas remediar. Además, sin importar lo que ocurra, yo estaré ahí para ella. Yo, Sylphie, y Roxy. Eris también puede ser de mucha ayuda, al menos para cierta clase de problemas.”
Claire se quedó en silencio por un momento, y entonces dijo, “Si esa es tu opinión, entonces no diré más sobre el tema.”
Pero ella se veía como si quisiera decir más. Pero oigan, si estaba preocupada por Aisha, eso era algo bueno. Ella era libre de preocuparse por quien sea.
“Solo espera un poco, volveremos muy pronto,” dije. “Estoy seguro de que Aisha crecerá en el intertanto. Aunque no puedo prometer que será en una dirección que tú apruebes.”
Seguro, había habido algunos problemas a lo largo del camino, pero Claire no era una mala persona. Tal vez no la más amable, pero no era malvada. Yo no tenía problemas con traer a mis esposas e hijos para una visita. La próxima vez, me aseguraría de hacerla breve y agradable. Mostrarle que todos estábamos bien, comer juntos, charlar sobre los acontecimientos recientes, y luego despedirnos con una sonrisa.
“Me temo que, dada mi edad, este podría ser nuestro último adiós.”
Nuestro último adiós. Claire tenía más de sesenta años. No estaba seguro de cuál era la esperanza de vida promedio de este mundo, pero ella aún tenía buena salud. Pero era un viaje de regreso de cuatro años desde Millis hacia Sharia. No era un viaje corto. No íbamos a darnos la vuelta y regresar en el momento que lleguemos allá; serían como mínimo diez años antes de volvernos a ver. Claire tendría más de setenta años. A esa edad, bueno… no sería una gran sorpresa.
Entendía lo que estaba tratando de decirme.
Por supuesto, mi familia se movía usando círculos de teletransportación, así que en realidad los viajes no tomaban mucho tiempo. Podría contarle sobre eso, pero al mismo tiempo… no quería hacer público que yo me estaba teletransportando por doquier. Lo mejor era mantenerlo en secreto en caso de que alguien lo usara en mi contra. Además, ya saben, la teletransportación era un tabú en todo el mundo. Todavía era usada en cierta medida por el Reino de Asura, y el Reino del Rey Dragón, y probablemente también por la Familia Real de Millis—pero esas eran las naciones más grandes del mundo e incluso ellos lo mantenían en secreto.
“Rudeus,” dijo Claire, “gracias por traerme a Zenith.” Ella bajó su cabeza hacia mí. Aparentemente, ella y Zenith habían tomado un carruaje para ver una obra de teatro el otro día. Claire tuvo el ceño fruncido todo el tiempo, pero uno de los sirvientes dijo que, desde hace mucho, mucho tiempo que la señora de la casa no había estado tan feliz.
“Regresaré,” dije. “Pronto.” Las palabras salieron antes de que tuviera la oportunidad de detenerlas.
“Pero…”
“Definitivamente regresaré,” dije, colocando tanta fuerza como pude en las palabras.
Claire sonrió.
Lo último que ella me dijo, todavía sonriendo, fue: “Zenith crio a un buen hijo.”

También fui a despedirme de la Niña Bendita. Yo tenía dos regalos de despedida para ella. Durante el último mes, Aisha había encontrado a un artesano de Millishion para fabricarle algo. Así que mi primer regalo fue un brazalete casi idéntico al mío. El diseño usual tenía una ranura para incrustar una joya. Para este, yo mismo fabriqué la joya con magia de tierra. Era negra y brillante, y tenía grabado el emblema del Dios Dragón. Debía convencer a cualquiera que lo viera de que el portador era uno de sus subordinados. El segundo regalo: un pergamino que Orsted me envió para invocar a una Bestia Guardiana.
Mostré mis regalos e hice que llamaran a la Niña Bendita, solo para que su escuadrón de otakus saliera a recibirme. Therese también estaba con ellos. Ella había esquivado la transferencia. Aparentemente una petición con mi nombre en ella había ayudado con eso. Aun así, ella fue degradada, así que ya no estaba comandando la guardia de la Niña Bendita. Había sido escogida una nueva capitana, así que ahora Therese le servía a ella como una especie de ayudante.
Por cierto, la nueva capitana resultó ser un poco inflexible. El brazalete era una cosa, pero la idea de usar magia de invocación desconocida dentro de la iglesia fue rechazada como algo totalmente atroz. Aunque al final la obligué a hacer las cosas a mi manera.
“¡Este es un regalo del Dios Dragón Orsted para la Niña Bendita, para agradecerle por su ayuda a su humilde sirviente Rudeus!” declaré. “¡Tú, una simple capitana de guardaespaldas, no tienes derecho de interferir!”
Yo era un dolor de cabeza para las carreras de estas personas…
La bestia que emergió del pergamino resultó ser un búho plateado. Tenía cerca de un metro de altura—más pequeño que Leo, pero bastante imponente, y sus ojos dorados tenían algo cautivador en ellos. No era uno de los espíritus de Perugius, pero esos eran súper raros. Dudaba que espíritus como esos aparecieran con frecuencia. Además, este era para el uso exclusivo de la Niña Bendita, ¿así que probablemente era de un grupo diferente? Al menos la bestia del tipo pájaro que obtuvimos tenía un aire sagrado. Podría haber sido difícil hacer que la capitana acepte una gigantesca araña negra brillante.
“Lo cuidaré bien,” dijo la Niña Bendita, con sus ojos brillando mientras miraba hacia el búho. Ella se estiró para acariciarlo, y este cerró sus ojos con evidente placer. La Niña Bendita parecía feliz de que le hubiese tomado cariño justo después de ser invocado.
“De hecho, ese es el trabajo del búho,” respondí. No era una mascota. Ella necesitaba relajarse y permitir que él la proteja, nada más.
“Bueno. Nos vemos.”
“En efecto. ¡Cuídate, Rudeus!” respondió la Niña Bendita.
En mi camino fuera de la iglesia, hice una reverencia hacia Therese y también los otros Guardianes de Anastasia. Probablemente me los volvería a encontrar.
Solo quedaba despedirse de Cliff.
Él parecía estar teniendo un increíblemente buen comienzo aquí. Después del otro día, tanto los papistas como los cardenalistas habían notado sus habilidades. Estaban circulando todo tipo de historias sobre él, aunque ninguna de ellas muy precisa.
“Cliff Grimoire tranquilizó al hombre que es la mano derecha del Dios Dragón y salvó a la Niña Bendita.”
“En medio del feudo entre el papa y el cardenal, él habló en nombre de la justicia y al final logró que todos entrasen en razón.”
“Él es un ejemplo para todos nosotros quienes seguimos a Millis. Un joven verdaderamente admirable.”
Lo divertido era que, por lo que podía ver, los orígenes de los rumores eran el comandante de los Caballeros de la Iglesia y el vicecapitán de los Caballeros de la Catedral. Gracias a eso, los caballeros y sacerdotes de bajo rango confiaban en sus reportes y estaban convencidos de que el papa se había conseguido una excepcional mano derecha.
Además, tal vez gracias a esas historias, Cliff había conseguido trabajos reales. Ahora mismo, eso significaba oficiar bodas para nobles importantes. Sin importar lo que estuviera ocurriendo en el mundo, un sacerdote nunca se quedaría sin trabajo. Sin entrar en detalles, Cliff había conseguido mucha experiencia de la vida real en Sharia. Él era nuevo, pero tenía muchas habilidades, y sus superiores lo veían como un empleado con un talento excepcional. Aparentemente algunas personas no estaban tan felices de tenerlo cerca… pero oigan, ¿qué ibas a hacer? Es natural que, cuando un talentoso empleado nuevo aparece y de casualidad también es el nieto del papa, algunas personas se pongan celosas. Cliff tendría que sobreponerse a eso solo.
Pero yo no estaba preocupado. No sobre Cliff. No del Cliff que yo conocía. Él había terminado sobreponiéndose a cualquier cosa que el mundo le había arrojado.
Una sola cosa me estaba molestando.
“Ahora me voy a casa. Cuídate, Cliff,” dije.
“Tú también…” respondió él. “Saluda a Lise de mi parte.”
“Así será. Le diré que no te sea infiel.”
Por lo que yo sabía, Cliff aún no le había dicho a nadie que él estaba casado. Todo lo que había dicho públicamente era que su corazón ya le pertenecía a alguien… y eso era extraño en él. Pero entendía el motivo por el cual anunciar su matrimonio con Elinalise podría ser un poco complicado. Incluso por aquí, todos los aventureros conocían las historias sobre Elinalise la Puta. Ahora había aventureros experimentados discutiendo sobre quién había sido el primero en acostarse con ella.
Sí, tal vez lo mejor era que Cliff todavía no dijera con quién se había casado. No haría daño esperar hasta que fuera lo suficientemente importante como para poder lidiar con algunos rumores a sus espaldas. Él llegaría ahí algún día. Yo estaba seguro de que él no se llevaría ese secreto a su tumba.
Pero siempre estaba la posibilidad de que comenzaran a llegarle propuestas de matrimonio. Y también estaba Wendy. Ella era una sirvienta e iba a casa de noche, pero cuando una joven y un joven pasaban algo de tiempo juntos bajo un mismo techo… Olviden eso, fue estúpido. Estábamos hablando de Cliff. No le hagan caso a mi retorcida mente. No había forma de que Cliff fuera a ser infiel después de pregonar tanto sobre la fidelidad. ¡No después de haberme regañado tanto por eso!
Ups. Es mejor que deje de pensar en esto o atraeré la mala suerte. Haz tu mejor esfuerzo, Cliff.
“No caigas ante la tentación,” le advertí. “¡San Millis siempre está observando!”
“No te preocupes, ni siquiera sé de dónde sacaría el tiempo para eso,” respondió él.
Cliff últimamente había estado muy ocupado. Él era bueno en su trabajo, y las personas venían a visitarlo como la mano derecha del papa. Con su capital social aumentando de esta forma, incluso había algunos nobles tratando de quedar en buenos términos con él.
“¿De verdad? Escuché que últimamente eres muy buscado. Podrías simplemente empujar a la dulce Wendy y…”
“Wendy es prácticamente mi hermanita,” objetó Cliff. “Si tú no has tocado a las tuyas, ¿por qué algo así siquiera cruzaría por mi mente?”
¡Yo nunca intentaría algo así con mis hermanas! ¡Me sorprende que pienses eso de mí!
Adquirí una expresión ofendida, y Cliff miró hacia el suelo.
“Es solo que…” comenzó a decir él. “De verdad quería llegar hasta aquí gracias a mi propio mérito.”
Mostré una sonrisa mientras respondía, “Si no fuera por ti, ¿crees que algo de esto habría terminado bien?”
“¡Snrk!” Quise sonar genial, pero Cliff no pudo contener la risa, por lo que terminó resoplando por su nariz.
Entiendo, entiendo. Cliff salvó el día, pero también me trajo aquí, y, en primer lugar, yo fui quien comenzó los problemas.
Quedaba la sensación de que yo me había buscado todo esto. Aun así, él había permanecido fiel a sí mismo a lo largo de todo eso, y ahora estaba siendo reconocido por ello. Al final, las buenas acciones de Cliff regresaron para recompensarlo.
“En fin,” continuó él, “gracias, Rudeus. Ahora estoy destacando, y es todo gracias a ti.”
“No, gracias a ti. Me conectaste con las personas correctas en Millis, y ahora además tengo al grupo de mercenarios instalado aquí.”
Por otro lado, la venta de las figuras de Ruijerd… Eso podría tomar un poco más de tiempo. Si apresuraba las cosas, podría comenzar la venta inmediatamente, pero no nos veía teniendo muchos clientes. Además, el grupo de mercenarios todavía no estaba funcionando completamente, así que también causaría problemas con eso… Pero oigan, cualquier otro desafío que enfrentamos aquí estaba resuelto. Yo solo se los había arrojado a Cliff para que tuviera otra oportunidad de probarse a sí mismo.
“Todo lo que suceda desde ahora depende de mí,” dijo él.
“Tú puedes. Buena suerte,” dije.
Las cosas no terminaron exactamente como las había planeado, pero estaba bastante seguro de que también había cumplido mi promesa con Elinalise. Cliff estaría bien. Sin importar lo que ocurriera con los otros sacerdotes, él había comenzado con el pie derecho. Y no parecía que fueran a faltarle los problemas para poder probar su valía. La lucha por el poder entre los papistas y cardenalistas seguía prácticamente igual. Estaba emocionado por ver a Cliff lograr grandes cosas por su cuenta. Y si todo se iba al demonio, él siempre podía regresar y trabajar para mí.
Trata de tomártelo con calma, pensé.
“Siento no haber podido hacer mucho por ti durante el último mes,” dijo él.
“Ah, no te preocupes por eso,” respondí. Yo tenía mis batallas; Cliff tenía las suyas. “Pero si algo ocurre con uno de los apóstoles del Dios Humano, envíame un mensaje de inmediato a través de la tableta de comunicación. Estaré ahí tan rápido como pueda.”
“Dalo por hecho,” dijo Cliff, asintiendo decididamente. Yo no iba a estar ahí en cada batalla, pero vendría corriendo en una emergencia. Después de todo, él era mi amigo.
“Muy bien, Cliff… cuídate.”
“Tú también, Rudeus.”
“Pero ten esto en mente—podría terminar regresando aquí en un año.”
“Bien. Para ese entonces debería estar listo para presentar a Lise con todos.”
Ah, sí, también estaba el asunto de la maldición de Elinalise. Este no puede ser un adiós por mucho tiempo.
“… Ha pasado mucho tiempo desde que tú eras el estudiante nuevo en la universidad, ¿eh?” dijo él.
“Nah, tú para mí siempre serás el mismo mago genio, Cliff,” respondí.
Cliff se encogió de hombros mientras mostraba una sonrisa incómoda.
Y así, mis batallas en Millis habían terminado. El choque con los Latria, luego las maquinaciones de la Iglesia de Millis, y finalmente la traición de Geese… Muchas cosas habían ocurrido, pero todas estas nuevas experiencias me impulsaron hacia lo que tenía que hacer.
Prepárate, Geese. Voy por ti.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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