Por el Bien de Mi Hija y Mi Familia
Capítulo 6: Por el Bien de Mi Hija y Mi Familia
Desde el día que nació, Claire Latria fue presumida y terca. De niña, ella nunca admitió sus malas acciones, y solo se disculpaba cuando la obligaban a hacerlo.
Su propia madre—la bisabuela de Rudeus, Meredy Latria—le dijo, “Compórtate correctamente.”
Pero este consejo fue gravemente malinterpretado. Claire, sin la intención e incapaz de ver sus propios errores, creyó que no tenía ninguno. Que su terquedad estaba justificada. Pero los errores nos hacen humanos.
Sin embargo, Claire tomó el consejo de su madre y eso la convirtió en una chica dura. No correcta—solo dura. Más que nada consigo misma. Ella comenzó su educación y cometió errores—porque, en cierta forma, de eso se trata la educación. En vez de aceptar eso, sus estándares hacia sí misma solo incrementaron su rigidez y crueldad. Y si ella solo hubiese aplicado esos tortuosos estándares para sí misma, ya saben, estaría bien. Pero eso no fue lo que ocurrió. Nadie pudo cumplir esos estándares tan altos, y ella se aseguró de que sufrieran por ello.
El consejo de su madre la había arruinado al no primero haber controlado su terquedad y vanidad. Ella ahora tenía estos valores retorcidos. Claire era dura, tanto que era capaz de atravesar cualquier adversidad. Ella era vanidosa, y por lo tanto se aseguraba de que nadie supiera cuando estaba herida. Y ella esperaba eso de todos a su alrededor. Claire simplemente no podía escuchar que estaba equivocada.
No le agradaba a nadie.
Para los demás, parecía que ella tenía éxito sin esfuerzo, solo para después darle la espalda y regañar a cualquiera que tuviera problemas en las mismas tareas. Y nunca se disculpaba, por nada. Ella era fría, temperamental, y sin corazón.
Por supuesto, algunas personas podían ver a la verdadera Claire. Ellas reconocían lo mucho que se esforzaba cuando nadie estaba mirando. Pero debido a que ella no podía ser vulnerable, el reconocimiento era todo lo que podían ofrecer. Estos individuos bienintencionados dirían, Claire, veo a la tú real, pero si sigues así, nadie más lo hará. Aun así, ella se rehusó a cambiar. Claire no veía nada malo en las palabras de su madre, ni en su propia filosofía. Esto estaba funcionando para ella. ¿Entonces por qué cambiar?
Para el momento que llegó a la adultez, todos estaban cansados de ella y nadie la tomaría como esposa. El tema del matrimonio fue abordado un buen número de ocasiones—después de todo, ella era la hija mayor de la Casa Latria—pero cuando los nobles interesados la conocían y veían su dureza y terquedad con sus propios ojos, ellos huían gritando.
“Si no puedo encontrar un esposo, entonces simplemente me convertiré en una monja,” declaró Claire cuando cumplió dieciocho años. Ella era una mujer de la Casa Latria. Convertirse en una monja era preferible a traer vergüenza al nombre de la familia al convertirse en una solterona. En Millis, estos días ese era un camino común para las mujeres jóvenes.
Claire Latria era dura consigo misma y dura con todos a su alrededor. Y eso era, básicamente, todo lo que tenía.
Había una vez un joven llamado Carlisle Granz. Carlisle era una nueva incorporación a los Caballeros de la Iglesia, que servía como miembro de la Unidad de la Espada, la cual estaba bajo las órdenes directas de Ralkan Latria, el padre de Claire.
Un día, el padre de Claire llegó a casa ebrio. El propio Ralkan era un hombre rígido. Ese era el único lado que Claire y su madre veían de él. Por lo tanto, era algo muy fuera de lo común para él llegar a casa ebrio. Fuera de lo común en el sentido de que era incongruente, pero no en el sentido de que era raro. La madre de Claire conocía la rutina cada vez que él llegaba tambaleándose. Ella removía su armadura, le daba agua para beber, y lo ayudaba a acostarse, para que los sirvientes solo pensaran que estaba cansado. Ella nunca lo regañó por ello. Ella sabía lo estresante que podía ser el trabajo como un Caballero de la Iglesia.
Sin embargo, él tuvo mala suerte en una ocasión en particular. La madre de Claire había ido a visitar a sus padres y estaba fuera de casa. Así que, por primera vez, Claire enfrentó los defectos de su padre sin su madre para protegerlo. Ella lo regañó severamente.
No puedo creer que hicieras esto. ¿No eres el jefe de la familia Latria? ¿Acaso todo lo que me enseñaste fueron palabras vacías?
Su padre estaba ebrio, pero sin embargo estaba avergonzado de haberse mostrado ante su hija de esta forma.
En cambio, el joven caballero que lo había acompañado a casa habló por él. Este era Carlisle.
“Yo puedo explicar la razón por la que el capitán estuvo bebiendo hoy,” dijo él. “Uno de nuestros caballeros fue asesinado cumpliendo su deber. No fue culpa de nadie, pero fuimos a beber en su honor. El capitán solo bebió demasiado porque sintió remordimiento por la muerte de su subordinado. No me quedaré de pie aquí para ver que lo insultan por eso, incluso si se trata de su propia hija.”
Claire no respondió. Ella no sabía qué decir. Su enojo había desaparecido.
Ella se encargó de su padre en silencio. Claire le dio agua, y le permitió apoyarse sobre su hombro mientras él trataba de disculparse con ella. Sin embargo, Claire no podía soportar sola su peso, así que Carlisle terminó ayudándola a llevar a su padre hacia su habitación, sacarle su armadura, y recostarlo sobre la cama.
A través de todo este proceso, Claire no dijo ni una sola palabra. Ella sabía que estaba equivocada, pero no podía permitirse disculparse con su padre, mucho menos con Carlisle. Ella era demasiado terca para eso. Pero Carlisle lo entendió. Él vio debajo de su triste expresión que ella reconoció su error.
Mientras se iba, él dijo, “Eres más amable de lo que crees que eres.”
En ese entonces, Claire no entendió el significado de esas palabras. Todo lo que sabía era que este joven, tal vez un año o dos menor que ella, había reconocido algo en su interior.
Luego de eso, Carlisle comenzó a recibir invitaciones frecuentes a la mansión Latria, y muy pronto él y Claire se casaron.
Claire y Carlisle tuvieron cinco hijos juntos: un niño y cuatro niñas. Claire crio a las niñas tan severamente como su propia madre la había criado a ella. Su hijo mayor se unió a los Caballeros de la Iglesia. Su hija mayor se casó con un marqués. Ellos eran los perfectos marido y mujer, exactamente como Claire había deseado; ella los presentaría orgullosamente en todo Millis.
Claire tenía grandes esperanzas puestas sobre su segunda hija, quien nació un poco después. Esta hija tenía mucho más potencial que los primeros dos hijos. Todos quienes la conocían eran cautivados por su belleza e integridad. Ella era el mejor trabajo de Claire, lo cual la llenaba de orgullo y alegría: Zenith Latria. Pero Zenith se fue. Ella huyó de todas las esperanzas de Claire, y terminó tomando el camino de una aventurera. Y luego no quedó nada.
Claire estaba perpleja de la ira. Ella maldijo a Zenith en frente de sus otros hijos, llamándola una hija idiota que había tomado la elección más estúpida imaginable, y les advirtió no seguir de ninguna forma los pasos de su hermana. Fue la primera vez que ella había mostrado sus sentimientos de forma tan abierta. La hija en la que había puesto todas sus esperanzas había escogido la vida más sucia que ella podía imaginar.
En toda su vida, este fue el evento que más afectó a Claire.
El destino de su tercera hija Saula de igual forma divergió de los deseos de Claire. Saula se casó con un barón, pero él terminó envuelto en una lucha por el poder que perdió. Saula fue asesinada como consecuencia de aquello. La magia de sanación de Millis era altamente avanzada, por lo que las muertes eran raras. Su muerte fue una de esas raras excepciones.
La familia puso en juego la reputación de la Casa Latria para asegurarse de que el asesino de Saula tuviera un final poético.
Claire sufrió la muerte de su hija. Ella la sufrió como cualquier otra madre lo habría hecho.
Y mientras sufría, su cuarta hija Therese escogió una vida que Claire no habría escogido para ella—se unió a los Caballeros de la Iglesia.
Claire maldijo a su cuarta hija tanto como a su segunda: “¡Idiota! ¿De verdad crees que tienes lo necesario para ser una caballera? Si solo me hubieses escuchado y aprendido a ser una dama, yo te habría encontrado un buen esposo. Podrías haber sido feliz.”
Therese respondió, “¿Acaso morir en una lucha por el poder hizo feliz a mi hermana?”
Se había convertido en una pelea horrible.
Claire echó a Therese, diciéndole, “¡Nunca volverás a poner un pie en esta casa!”
Ella en ningún momento pensó que había hecho algo malo. Tanto Zenith como Therese se habían ido, pero algún día regresarían arrastrándose por perdón. Ella realmente creía eso.
Pasaron diez años. No se sabía nada de Zenith, pero Therese lo estaba haciendo bien en los Caballeros de la Iglesia y fue promovida a capitana de la guardia personal de la Niña Bendita. Claire creía que los caballeros solo le dieron esa posición a Therese porque la Niña Bendita también era mujer. Ella no estaba equivocada en eso. Therese era una excelente administradora y comandante, pero no más que un caballero promedio. Aun así, en todas las familias a las que la acompañó en busca de un esposo, ella escuchó a las personas decir, “Los Latria son impresionantes. ¡Sea donde sea que mires, hay uno tratando de superarse a sí mismo!”
Claire era dura con los demás, pero era igual de dura consigo misma. Cuando se daba cuenta de que ella había cometido un error por el que nunca se disculpó, sí era capaz de cambiar su forma de pensar. Ahora que la hija que había cometido un terrible error estaba siendo halagada, a ella no le quedó más opción. Claire perdonó y se reconcilió con Therese.
Sin embargo, las palabras que usó cuando se reunió con su hija no fueron unas de disculpa, sino un arrogante, “Te perdono.”
En la actualidad, Therese ya estaba acostumbrada a lidiar con personas difíciles todos los días como una Caballera de la Iglesia. Si no fuese por esa práctica, y si su hermano mayor (quien sabía cómo era Claire) no hubiese intervenido físicamente entre ellas, habría habido otra pelea.
Incluso esta experiencia no le hizo considerar a Claire el perdonar a Zenith. Sin embargo, ella sí pensó que, si Zenith alguna vez aparecía en la puerta, podría volver a hablar con ella.
Fue unos años después cuando Paul llegó a la mansión Latria pidiendo su ayuda. Una calamidad mágica había golpeado al Reino de Asura: El Incidente de Desplazamiento de la Región de Fittoa. Paul era el capitán de un escuadrón de búsqueda y rescate que ubicaba a aquellos que habían desaparecido, y él había venido a solicitar la ayuda de la Casa Latria.
Cuando Claire descubrió que Zenith estaba dentro de los desaparecidos, ella accedió sin dudarlo. Claire persuadió a Carlisle de contribuir tanto con dinero como hombres. Su esperanza era encontrar a Zenith rápidamente para así poder decirle, “¿Ahora lo entiendes? ¿Ves lo que ocurrió porque no me hiciste caso?”
Pero Zenith siguió desaparecida. Pasó un año, luego dos, y aún no había señales de ella. El esposo de Zenith, Paul, se fue consumiendo. Él no se esforzó por ocultar su sufrimiento, y a pesar de que tenía una hija muy joven, comenzó a ahogar sus penas en alcohol.
Claire inmediatamente decidió que debía hacerse algo por Norn. Ella decidió separar a su joven nieta de su padre y acogerla en su hogar. Ella la convertiría en una señorita hecha y derecha. Eso, pensó Claire, era lo más importante. Sin embargo, Carlisle estuvo en contra, y por lo tanto ella al final fracasó en separar a la niña de su padre. Los días pasaban y Claire no podía hacer más que observar a Norn y acumular su propia frustración.
Entonces, un día, Paul se reformó. Therese reportó que su hijo mayor Rudeus había aparecido, le dio una paliza, y lo volvió a colocar en el camino correcto. Esto despertó una chispa de curiosidad en Claire sobre este Rudeus. Esta chispa se apagó rápidamente; cuando el chico no se presentó en la mansión Latria, ella decidió que él era igual que su padre y lo descartó del disgusto.
Más adelante salió a la luz que Paul tenía dos esposas.
Su amante Lilia y su hija Aisha vinieron a Millis. Claire pertenecía a la Iglesia de Millis, y por lo tanto no podía tolerar la perversión de tener dos esposas. Pero Paul no era un creyente, y Claire sabía que era estúpido tratar de empujar sus propias creencias religiosas sobre alguien más. Ella permitió que ambas chicas se reunieran con ella un par de veces al mes y les instruyó las costumbres de la familia Latria: modales apropiados y rituales meticulosos. Claire sentía que estaba haciendo lo que debía hacerse al enseñarles la forma correcta de vivir.
Norn estaba constantemente molesta porque era incapaz de igualar a Aisha. Claire odiaba la actitud de la chica. Ella siempre se rendía y se rehusaba a intentar cosas que indudablemente podría lograr con algo de esfuerzo. Pero Norn, por temor a ser vencida por Aisha, dejó de intentarlo. Claire vio esto y le dijo a Norn que no había necesidad de que ella fuera la mejor. Ella solo necesitaba vivir acorde a la reputación de una dama de la Casa Latria. Esta era la versión de Claire de una charla motivacional. Norn no mejoró. Claire trató de motivarla de todas las formas posibles para ella, pero nada funcionó.
Mientras tanto, ella estaba furiosa de ver a Aisha, la hija bastarda, burlarse de Norn. Su ira la hizo irracional, y por eso fue cruel tanto con la chica como su madre. Al final, tanto Aisha como Norn dejaron su casa como decepciones.
Pasaron algunos años más sin ninguna noticia del regreso sano y salvo de Zenith. Claire solo se quedó con los recuerdos de su tiempo con su nieta. Los hijos de su hijo mayor e hija mayor se convirtieron en adultos uno a uno. Todos ellos terminaron siendo personas espléndidas. Jóvenes que ella podía presentar en cualquier situación con seguridad y confianza.
Ya no había ningún niño en la vida de Claire, y ella dejó de ver con frecuencia a sus nietos. Claire se preguntaba cómo estaban Aisha y Norn. Ambas pronto se convertirían en adultas. Ahora que lo pensaba, ellas eran las únicas dos nietas que no habían salido como ella había esperado. Tal vez era de esperarse de las hijas de Zenith. Ella se preguntaba cómo demonios Zenith las había criado… y entonces se dio cuenta. Ella no había criado a su propia hija. El Incidente de Desplazamiento había ocurrido justo después de que las niñas habían nacido. Norn había tenido uno, tal vez dos años de edad. A Zenith se le había arrebatado la posibilidad de conocer a sus hijas como personas reales. Norn había sido criada por un padre soltero. El Incidente de Desplazamiento podría explicar el motivo por el que Aisha nunca aprendió a respetar apropiadamente a la hija legítima de su padre.
Zenith había sido rebelde, pero era inteligente. En el pasado, las personas la habían llamado el modelo a seguir para todas las jóvenes de Millis. Aventurera o no, las cosas podrían haber sido diferentes si solo Zenith hubiese estado ahí para educarlas…
Claire extrañaba tanto a Zenith que en ocasiones terminaba sentimental. Ella quería ver a su hija. Claire sabía que probablemente no tendría más que palabras duras para ella si se encontraban, y que Zenith probablemente no le causaría más que tristeza, pero de todas formas quería verla. El solo hecho de verla valía la pena.
En ese entonces fue cuando ocurrió. En ese momento fue cuando llegó un mensaje de parte de Rudeus. Zenith había sido encontrada. Había perdido su memoria, y no era la misma de siempre, pero estaba viva.
La carta de Rudeus fue breve y al grano, describiendo los hechos de dónde había sido encontrada Zenith y su condición. Fue tan concisa que solo mencionó la muerte de Paul. Rudeus escribió que planeaba conseguir un tratamiento para Zenith, pero no mencionó que la traería a casa.
Claire respondió a la carta inmediatamente. Ella quería ver a Zenith más que nada en el mundo.
Transcurrieron varios años más, durante los cuales Claire buscó formas de curar a Zenith. Ella fue con los doctores y magos sanadores de Millis, y visitó la biblioteca de la Iglesia de Millis una y otra vez. Incluso se rebajó a estudiar los textos escritos por demonios en su investigación. Era imperdonable, pero Claire estaba convencida de que debe haber habido otros casos en la historia como el de Zenith.
Entonces, finalmente, ella encontró uno. Claire no tenía idea de si lo que había leído era confiable. El caso descrito era sospechoso, increíble, y realmente nauseabundo. Pero sí existía un método. Había un precedente para una cura.
La cura que encontró no era una de origen demoniaco. Ella leyó que, en el pasado, había vivido una elfa que sufrió de una condición similar a la de Zenith. Esta mujer elfo perdió su mente, pero eventualmente regresó a ser ella misma… después de tener relaciones sexuales con docenas de hombres.
Claire apenas podía creerlo. No podía ser verdad. Ella ciertamente nunca podría intentarlo. Pero mientras continuaba su investigación para tratar de encontrar el fundamento de la historia… ella descubrió que la mujer elfo realmente existió. Y que todavía estaba, incluso ahora, teniendo sexo con hordas de hombres.
Claire no sabía qué hacer. ¿De verdad podría probar tal tratamiento? ¿Acaso Zenith no lo odiaría? Pero… Pero… Podría ser su única posibilidad de recuperación.
Mientras ella estaba paralizada por la indecisión, Rudeus trajo a Zenith a casa.
Solo tres de ellos vinieron. Zenith, su hijo, Rudeus, y la hija bastarda Aisha. Habían pasado tres años desde que Claire envió su carta. Claire no estaba acostumbrada a comunicarse con lugares lejanos, y por lo tanto creyó que Rudeus había venido tan rápido como pudo.
Primero, ella pensó, le diría lo mucho que apreciaba que hubiese venido desde tan lejos, para luego comenzar con las presentaciones. Después de eso, ella preguntaría por la recuperación de Zenith y cómo pretendía él seguir con el tratamiento. Si había tiempo, ella preguntaría por Norn y Aisha.
Pero en el momento que vio a Zenith, su plan se fue por la ventana. Cuando Claire entró en la habitación y vio el rostro de su hija, ella caminó directamente hacia Zenith, y se acercó, pero no tanto. Ella vio la mirada perdida de Zenith, y entonces—sintiendo como si su corazón fuese a salir de su pecho—suspiró impacientemente y llamó a Ander, el médico de la familia. Ander estaba cuidando de Claire, cuya salud últimamente no había estado muy bien. Él la había aconsejado en cuanto al tratamiento para Zenith. Claire, después de finalmente ver a Zenith por primera vez en muchos años, supo que era grosero ignorar a Rudeus, y se dio la vuelta para ofrecerle su debida atención. Pero entonces vio a quien estaba sentada en la esquina del sillón. Una mujer usando un traje de sirvienta, con el cabello castaño oscuro, y un rostro que Claire nunca olvidaría. Aunque justo en ese momento su atención estaba más centrada en su ropa.
¿Un traje de sirvienta?
“Aisha, es bueno volver a verte. En, er… ¿En calidad de qué has venido el día de hoy?”
“¡Ah! Um, estoy aquí por Zenith-sama, um, bueno, estoy ayudando a cuidar de ella.”
Claire no pudo evitar dejar salir las palabras duras que salieron de su boca ante esta respuesta. ¿Cuidando de ella? En otras palabras, Aisha estaba aquí como la sirvienta de Zenith. Si eso era cierto, no había excusa posible para que Aisha estuviese sentada mientras su amo y señora estaban de pie. Claire solamente la regañó para recordarle los modales adecuados. Sin embargo, Rudeus intervino. Como debería haber hecho. Fue la propia Claire la que había dejado de lado los modales adecuados.
Ahora que veía a Rudeus por primera vez, ella se dio cuenta de su gran parecido con Paul. Ella no pudo evitar ver el rostro de Paul sobre el suyo. Paul, el borracho. Paul, quien había llevado a Zenith a terminar en este estado. Todo el resentimiento hacia el padre del chico comenzó a fluir. Tal vez fue por eso que, durante la conversación que tuvieron, las cualidades menos admirables de Claire asomaron sus cabezas. Su vanidad y terquedad tomaron las riendas. Ella dejó de lado la débil conciencia de sus propios errores y se atrincheró.
Rudeus, por otro lado, era un joven directo. Él respondió a sus comentarios llenos de odio con argumentos directos y razonables. Su franqueza hizo que Claire revaluara su opinión de él. Después de eso, su conversación procedió de acuerdo a sus expectativas. Primero hablaron del progreso en el tratamiento de Zenith, luego de la situación de Norn. Ella no preguntó por Aisha, debido a que todavía estaba avergonzada por su anterior estallido. El conocimiento de Rudeus con respecto a las costumbres básicas de Millis era un poco pobre, pero parecía estar al tanto de su responsabilidad como jefe de su familia y estaba tomando en cuenta seriamente el futuro de Norn. Claire comenzó a verlo de manera diferente. Él era joven, pero desempeñaba su papel seriamente. Era un joven respetable. Al menos, así lo veía ella. Claire no tenía una noción clara de lo importante que era el papel de subordinado del Dios Dragón. Su conocimiento de los asuntos militares era pobre, pero los lazos cercanos con la monarca de Asura tenía que implicar un cierto nivel de estatus, incluso si esta persona acababa de tomar el trono. Con un estatus mayor venía una mayor responsabilidad, y mayores logros. Claire dedujo que Rudeus era una figura de mucha mayor importancia de lo que había pensado previamente.
Él era el hijo de Zenith. La idea creaba una complicada mezcla de irritación y orgullo en su interior.
Por desgracia, él sería un problema.
El curso del tratamiento que ella había planeado para Zenith de seguro causaría revuelo. Entregar a una mujer para que una procesión de hombres tenga sexo con ella era un pecado imperdonable.
Ella trató de hacerle preguntas capciosas para calcular las probabilidades de que Rudeus aceptara su plan, pero al final solo lo hizo explotar de la ira hacia ella. Claire vio que su amor por Zenith, incluso en su estado actual, estaba intacto. Pero supuesto que lo estaba. Nada más podría haberlo motivado a realizar ese largo viaje para traer a Zenith a Millis. El tanteo de Claire además confirmó que él no había probado el tratamiento que ella planeó y que no sabía de su existencia.
Ella se preguntó si debía decírselo o no. Explicar que, si bien podría provocar revuelo, podría traer a Zenith de vuelta. Incluso era posible que, si ella lo explicaba todo, él pudiera darle su consentimiento.
Pero algo la hizo detenerse. Este joven tenía un futuro brillante en sus manos. Se decía que él era un amigo cercano de un sacerdote de la facción del papa. Ella además había escuchado que el propio nieto del papa había regresado a Millishion recientemente. Dada la distancia del viaje, ella no estaría sorprendida de descubrir que él y Rudeus habían realizado el viaje juntos. La propia Claire no tenía interés en las luchas por el poder de la iglesia, pero ¿qué tal si Rudeus comenzaba a trabajar en favor de la facción del papa? ¿Qué tal si se hacía de un nombre en Millishion no como un Latria, sino como un Greyrat y subordinado de Orsted—un miembro de los papistas? El tratamiento que planeaba Claire podría arruinar sus posibilidades. Si se sabía que él le había hecho tal cosa a su propia madre, sería un escándalo. Cada ciudadano de Millis hablaría a su espalda. Sería imposible para él permanecer en este país.
Por lo tanto, debatió Claire en su interior, ¿estaba bien decirle? ¿Estaba bien colocar ese peso sobre sus hombros?
No. Él no podía saberlo. Lo mejor para él era permanecer ignorante sobre que su madre está siendo forzada a tener relaciones sexuales con todos esos hombres. Lo mejor era que no tuviera nada que ver con eso.
Todo esto sería por decisión de Claire. Rudeus no era un miembro de la familia Latria, y por lo tanto no tenía nada que ver con ello. Eso, pensó ella, sería lo mejor. Claire nunca consideró no llevar a cabo el tratamiento. Ella había esperado veinte años por esto—por la oportunidad de volver a ver a Zenith, de volver a hablarle.
Por lo tanto, Claire puso su plan en acción. Ella asumiría la desgracia que esto traería.
Claire deliberadamente se opuso a Rudeus, y luego lo desheredó de la familia Latria. Finalmente, ella le ordenó a un sirviente secuestrar a Zenith.
Sin embargo, en este punto, su plan se estancó. Zenith fue traída a la casa. Ella ahora era una adulta, y estaba envejeciendo, pero todavía era hermosa. Zenith todavía era una mujer deseable. Sobre todo, ella era la hija de Claire.
Claire no se atrevió a forzar a Zenith a tener relaciones sexuales con un número desconocido de hombres. Pero, al mismo tiempo, no estaba bien esperar que el hijo de Zenith siguiera cuidando a su madre en su estado actual. Claire incluso creó excusas para sí misma: Si Zenith pudiera hablar, ella le pediría a Claire curarla. No había duda de ello.
La forma en que ella se justificó le repugnaba.
Ella quería que alguien la detuviese. Claire estaba a punto de hacer algo horrible, pero no podía detenerse. Ella dudó, agonizó, y luchó consigo misma. Pasó cada día en la habitación de Zenith, con su rostro enterrado en sus manos.
Zenith permaneció ahí sentada tan inexpresiva como siempre, haciendo nada. Pero, de vez en cuando, ella mostraría una reacción humana y Claire sería atormentada por la indecisión una vez más.
Al final, fue Carlisle quien puso fin a su sufrimiento. Carlisle escuchó un resumen de los eventos de parte de Therese, y luego obtuvo el resto del médico de la familia, Ander. Él se enteró de cuál era el tratamiento, y cómo Claire estaba agonizando sobre si debía o no llevarlo a cabo. Cuando él se enteró del acto imperdonable que estaba considerando su esposa, Carlisle fue con ella, y fue amable.
“Antes de que atravieses por todo esto,” le dijo él, “primero permite que la Niña Bendita la revise.” Si ellos conocieran los recuerdos de Zenith, eso podría arrojar algo de luz sobre la situación. Podría ser lo que fortaleciera su resolución. O tal vez sería lo que finalmente les permitiera dejar de lado el asunto.
Carlisle realizó una solicitud para que los recuerdos de Zenith fueran leídos por la Niña Bendita. Él usó toda la influencia que tenía como capitán superior de los Caballeros de la Iglesia para conseguir una audiencia, mientras mantenía fuera de la solicitud el nombre de Zenith. Él se aseguró de que Rudeus no supiera de ello.
La Niña Bendita—quien oficialmente nunca examinaba los recuerdos personales—haría exactamente eso por ellos ese mismo día. Mientras Carlisle y Claire escoltaban en secreto a Zenith hacia el cuartel general de la iglesia para ver a la Niña Bendita, Rudeus la secuestró.
Rudeus
“Y eso nos lleva al presente,” concluyó Carlisle. Los ojos de Claire estaban rojos, y el rostro de Carlisle estaba lleno de tristeza.
Las personas alrededor de la mesa reaccionaron de formas distintas. Algunas pusieron una mueca, otras fruncieron el ceño y cruzaron sus brazos. Therese tenía sus manos sobre su boca de la conmoción. La Niña Bendita sonreía como si desde el principio hubiese conocido todos los detalles. El rostro de Cliff era indescifrable, lo cual me hacía preguntarme si él tal vez ya había escuchado antes esta historia.
Todo tenía mucho sentido ahora que conocía los detalles. Lo que Claire había planeado era imperdonable. Ella no lo había concretado, pero el hecho de que siquiera hubiese pensado hacerle eso a su propia hija era suficiente. Yo no iba a perdonarla por aquello, y estaba completamente seguro de que no era una diferencia cultural, o algo aceptable bajo la doctrina de la Iglesia de Millis. No estaba seguro de si en realidad constituía un delito en Millis, pero a partir de las reacciones que estaba viendo aquí, ella definitivamente había tenido éxito deshonrando a la Casa Latria.
Si yo hubiese sido su cómplice, no hacía falta decir que tendría que haberme olvidado completamente de la idea de hacer negocios en esta ciudad. Y fue por eso que ella me desconoció. Fue por eso que ella trató de hacerlo sola. Ella agonizó sobre la decisión y planeó recibir todo el castigo sola.
Pero el asunto era que Claire había malinterpretado los hechos.
“¿Acaso ese, um, tratamiento… de casualidad es de hace doscientos años?” pregunté.
Claire levantó la mirada de la sorpresa. “¡L-lo es!” dijo ella. “Se dice que, hace cerca de doscientos años, hubo una mujer en un estado similar…”
“¿Y esa mujer fue echada de su aldea por lo que hizo?”
“Conoces la historia… ¿Eso quiere decir que lo intentaste?”
“Por supuesto que no,” dije. El otro caso que Claire había encontrado tenía que ser Elinalise. Por supuesto, la historia que Claire conocía era una manipulación bastante generosa de los hechos. Sí, Elinalise había estado en un estado similar al de Zenith, pero ella mejoró después de algunas décadas. No fue hasta más adelante que se convirtió en una verdadera prostituta.
Para ser justos, está en la naturaleza de las historias antiguas ser retocadas un poco con el paso del tiempo. Tiene sentido que terminase un poco retorcida.
“No probé ese tratamiento,” continué, “pero sí conocí a la mujer y escuché su historia directamente de su boca.”
Supongo que yo no había mencionado a Elinalise en mi carta. En ese entonces me había guardado demasiadas cosas.
“Ya… veo,” dijo Claire. Sus hombros se desplomaron como si se hubiese desinflado. Pero creí haber visto algo así como alivio en su rostro. “Entonces todo lo que hice fue en vano…”
“Sip,” estuve de acuerdo.
“… Ya veo.”
Si ella me hubiese dicho sus planes durante el primer día, yo no me habría enojado tanto.
Espera un momento, Abuela, habría dicho, riéndome un poco de su idea. Conozco a la mujer de la que hablas, y puedo asegurarte que no tienes la historia correcta. ¿Cómo pudiste pensar que eso funcionaría?
Bueno, quizá habría sido algo así.
“Debiste habérmelo dicho,” dije.
“Si no hubieses conocido ninguna otra forma de curarla, ¿habrías sido capaz de resistir las ganas de probarla?”
No respondí. No sabía cómo responder. No podía simplemente decir no. Si Elinalise me hubiese dicho, “Tener sexo me curó,” yo podría haberlo probado. Aunque no de inmediato. Primero habría probado cualquier otra cosa. Pero habían pasado algunos años desde que conocí a Elinalise. Si nada hubiese funcionado, ¿cómo me sentiría ahora? Después de sopesar el asunto por años, ¿quién sabe a qué decisión podría haber llegado?
“Pensar que sabías, y yo todavía… qué idiota fui…” Claire comenzó a llorar una vez más.
Después de descubrir que ella había tratado de exponer a su hija a un abuso horrible para nada, tal vez ella nunca querría volver a verla. Tal vez aún había algo de hostilidad. Tal vez ella aún tenía sentimientos encontrados.
Aunque yo me sentía genial. Todo lo que Claire había dicho y hecho finalmente tenía sentido. Cuando ella dijo, “Por el bien de mi hija y mi familia,” Claire había estado diciendo la verdad.
Y aquí estábamos ahora. Toda esta escena fue a causa de que se aprovecharon de nuestro desacuerdo para usarlo como carta bajo la manga en una lucha por el poder. Claire se esforzó por ocultar su plan a todos, de esa forma no involucrando a nadie. Supongo que ella quería proteger a la familia Latria de la deshonra—Therese, y el tío y la tía que yo aún no había conocido. Pero ella lo había malinterpretado todo. Había otro lado en todo esto. Debe haber habido una opción mejor. Todo tipo de opciones mejores.
Aun así, ella lo había hecho por Zenith. Y por mí.
Por el bien de mi hija, y mi familia. Supongo que fue por eso que Zenith nos abofeteó a Carlisle y a mí.
Dejé salir un suspiro. En ese momento recordé a Cliff. Cliff, quien había tratado de proteger a Claire.
“Y dime, Cliff, ¿cuándo fue que te enteraste de todo esto?” pregunté.
“Esta mañana. Me encontré con ellos tres cuando llegué a la iglesia,” respondió él.
“… ¿Y no trataste de detenerlos en ese momento? Tú sabes todo sobre Elinalise, ¿no?”
“Lo único que me dijeron sobre el tratamiento fue que era algo que una persona decente no aprobaría.”
Hm, entiendo. Supongo que era de esperarse. Después de todo este tiempo sin decirle nada a nadie, Claire no iba a contarle todo a Cliff.
“Tenía la intención de contártelo hoy, pero entonces…” su voz se fue apagando. “Lo siento.”
Entonces todo esto ocurrió, y nunca tuviste la oportunidad.
Estábamos hablando de Cliff. Yo estaba preparado para apostar que él se puso realmente furioso con Claire y Carlisle. Lo que están haciendo está mal. Regresen a Zenith y discúlpense con Rudeus. Algo así. Entonces Carlisle, intimidado por el enojo de Cliff, confesó. A Cliff probablemente le preocupó la parte de algo que ninguna persona decente aprobaría. Tal vez le hicieron jurar confidencialidad.
Era por eso que aquí, en frente de todos los demás, él había tratado de razonar conmigo en vez de decir algo de esto en voz alta. Él había creído que, si podía solo detener las cosas aquí, si podía hacerme entender que Claire realmente tenía el bienestar de Zenith como prioridad, habría una posibilidad con reconciliación.
No podía exactamente decir que era un buen plan… Aun así, fue empujado por consideración hacia Claire y Carlisle. Así era Cliff.
Lo importante aquí era que yo al fin tenía todas las piezas del rompecabezas. Ahora me sentía aliviado.
Justo cuando me estaba sintiendo bien sobre todo esto, Cliff miró alrededor de toda la habitación y dijo, “Muy bien, permítanme preguntarlo una vez más. Acabamos de escuchar que todo esto se reduce a una madre tratando de ayudar a su hija. ¿Todavía tienen la intención de asegurar que unirse en contra de esta mujer para usarla como chivo expiatorio en sus maquinaciones es la voluntad de San Millis?”
El papa estaba mostrando su sonrisa cálida de siempre. El cardenal aún se veía malhumorado. Los Caballeros de la Catedral y los Caballeros de la Iglesia de hecho se veían aliviados. Todos los ojos estaban puestos sobre Cliff.
“Todo este incidente fue un gran malentendido,” continuó él. “Afortunadamente, nadie terminó muerto. Todo este asunto comenzó con el amor de una madre. Admito que se desperdició tiempo y se sufrieron pérdidas durante la confusión que provocó. Algunos de ustedes han sufrido incomodidad temporal o heridas. Pero ¿acaso algo de eso es tan importante? ¿No podemos dejar atrás el pasado? ¿No podemos perdonar a esta mujer, mostrando algo de misericordia?” Cliff miró hacia mí. “Rudeus, la decisión está en tus manos. Tú eres quien ha sufrido más aquí, y te has ganado el derecho.”
Yo solté a la Niña Bendita hace mucho tiempo, pensé. Pero ella todavía estaba sentada a mi lado, y todavía estaba sonriendo como si nada de lo que había escuchado la hubiese sorprendido. Como si ella fuese una verdadera sabelotodo por haber visto a través de esto.
“No tengo problemas con eso,” dije tranquilamente. Aún había cierta hostilidad entre nosotros, pero apartaría el tiempo para tener una buena y larga conversación con Claire más tarde. Si ella era la persona que yo creía que era, nosotros podríamos ser capaces de solucionar eso después de hablar. Ella probablemente haría algo que me irrite durante el proceso, pero esa era una parte normal de conocer a las personas.
“Sin embargo, tengo tres condiciones,” dije, para luego exponer mis demandas: “Primero, quiero que la Niña Bendita revise los recuerdos de mi madre y vea si puede sanarla.” Dirigí esto hacia el cardenal, pero fue la Niña Bendita quien respondió.
“Por supuesto que lo haré. Después de todo, ya lo teníamos agendado.” Ella todavía tenía esa actitud de sabelotodo. ¿Acaso había sabido que iba a examinar a Zenith el día de hoy? ¿Acaso ella se dejó secuestrar porque lo sabía, y luego manipuló las cosas para lograr esta reunión? Era plausible.
“Sin embargo,” agregó ella, “yo no tengo el poder de restaurar recuerdos perdidos. Dudo que esté dentro de mis habilidades curarla…”
“Aun así, me gustaría intentarlo. Su Eminencia, ¿tiene alguna objeción?”
El cardenal dejó salir un ruido para dar su consentimiento. Él parecía estar de buen humor. Probablemente porque vio que sus aliados, los Latria, iban a salir de esta más o menos libres de castigo.
“Segundo, a cambio de que yo deje todo esto en el pasado, espero su completa e incondicional cooperación con el Dios Dragón Orsted.”
“Así será,” dijo el papa.
Su cooperación era un hecho, pero el cardenal también asintió y murmuró, “Bien.”
Incluso podría ser capaz de demandar la aceptación de las figuras de Ruijerd, pensé. Parte de mí quería intentarlo, pero decidí que lo mejor era terminar el asunto mientras todavía estaba ganando. Las cosas estaban bien por ahora. Si me volvía codicioso, eso volvería para perjudicarme en el futuro.
“Ahora, mi tercera condición y final,” dije. Miré hacia Claire y Carlisle. Ellos estaban de pie completamente rígidos, mirando de vuelta hacia mí. “Solicito ser reincorporado como un miembro de la familia Latria.”
Así fue como el incidente de Millis llegó a su fin: la primera en reaccionar fue Therese. Su mano se movió hacia su pecho y jadeó. Carlisle bajó su cabeza, viéndose avergonzado, y Claire comenzó a llorar de forma desconsolada. Ella estaba diciendo algo que pudo haber sido Gracias y Lo siento. Era difícil asegurarlo debido a su llanto. Mientras Claire lloraba, Zenith estaba acariciando su cabeza con su mano.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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