¿Qué te Detiene?
Capítulo 5: ¿Qué te Detiene?
Evité que se reflejase en mi rostro la sorpresa que sentí de ver a Zenith y Claire aquí… creo. No estaba seguro de poder ganar este enfrentamiento o de que todo saldría bien. La única cosa que podía controlar era yo, y haría lo que pudiera. Solo me tomó un segundo simular la forma en que sacaría a Zenith.
No podía usar un círculo de teletransportación en frente de tantas personas, pero tenía una buena idea de las capacidades de los Caballeros de la Iglesia. No sabía lo fuertes que eran los Caballeros de la Iglesia alineados detrás del papa, pero si la Niña Bendita estaba diciendo la verdad, ellos no serían más fuertes que los Guardianes de Anastasia.
Podía sacar a Zenith. El solo hecho de saber eso era tan bueno como cumplir uno de mis objetivos. Sacaría a Zenith y Cliff, y luego a Aisha, y Geese. Luego nos largaríamos para siempre de este lugar. Estaba preocupado de que Aisha y Geese estuvieran siendo retenidos en algún lugar, pero de ser así, podía sacárselo a uno de estos tipos.
Con ese plan en mente, yo escolté a la Niña Bendita a su asiento y me posicioné a su lado. Mantuve un agarre firme de sus brazos.
Antes de sentarme en la silla a su lado, yo dije, “Me alegra que todos estén aquí. Hará que todo sea más rápido.”
Yo estaba perfectamente tranquilo—las palabras salían suavemente de mi lengua. Había pasado un tiempo desde que me sentí como yo mismo.
“Creo que esta es la primera vez que varios de nosotros nos hemos encontrado,” continué. “Yo represento al Dios Dragón Orsted, y vine aquí para profundizar sus lazos de amistad con la Iglesia de Millis.”
El título Dios Dragón provocó una onda de escalofríos de la incomodidad a través de la mesa. Nadie aquí había conocido en persona a Orsted, y yo seriamente dudaba de que ellos conocieran sus objetivos. Contra qué nos enfrentábamos. Posiblemente algunos de ellos ni siquiera habían escuchado de los Siete Grandes Poderes. Pero todos conocían el título Dios Dragón. Usualmente era asociado con otro título: Dios Demonio.
“Debido a circunstancias desafortunadas,” continué, “actualmente tengo la vida de la Niña Bendita en mis manos.”
Apunté hacia ella y concentré mi poder mágico para crear una pequeña llama en la punta de mi dedo. La tensión en la habitación se incrementó.
“No puedo expresar lo mucho que lamento que las cosas llegasen a esto. Rebajarse a tomar rehenes es deshonrar el nombre de un ser súper excepcional como Orsted-sama. Por desgracia, fue una medida necesaria para facilitar estas negociaciones—para garantizar mi propia seguridad y la de mis subordinados. Espero que todos lo entiendan.”
“¿Un ser súper… excepcional…?”
Mi lengua me jugó una mala pasada ahí. No estaba tratando de ser gracioso, lo prometo.
Tosí antes de continuar, “¿Por qué?” dije, mirando alrededor de la habitación, “¿Por qué se llevó a cabo este intento por tomar mi vida? ¿Por qué fui forzado a traer vergüenza al nombre de mi señor?” Mis ojos terminaron descansando sobre Claire. Ella frunció el ceño. “¿Alguien podría explicarlo? Si no recibo una explicación, yo, junto con el Dios Dragón Orsted y todos sus seguidores, no tendremos más opción que tomar acciones hostiles contra la Iglesia de Millis.”
Esta no era una amenaza vacía. Si el Dios Humano tenía a los miembros importantes de la Iglesia de Millis en su bolsillo, entonces era un desarrollo potencial que debía considerar.
La habitación permaneció en silencio. Ninguna persona mordió el anzuelo. Nadie gritó “¡Entonces vengan!”
¿Acaso todos estaban aterrados por la batalla que ocurrió más temprano? ¿O volví a decir algo extraño?
Bueno, al menos había dejado claro que estaba enojado.
“Rudeus-sama, aprecio que esté enojado.” La respuesta vino desde el fondo de la habitación. Él estaba sentado frente a mí, con Cliff a su lado. El papa Harry Grimoire. La persona más importante aquí.
“Sin embargo, como acaba de destacar,” continuó él, “usted no está familiarizado con varias de las personas reunidas aquí el día de hoy. ¿Puedo presentarlos a todos?” Viendo que no respondí, él agregó, “No tomaré mucho de su tiempo.”
Traté de descifrar su enfoque. ¿Por qué realizaría presentaciones? ¿Para ganar tiempo? ¿Acaso su gente estaba capturando a Aisha mientras hablábamos? Pero no había tantas personas aquí. No podía hacer daño saber un poco más sobre los demás. Cuando hacías demandas, era importante hacer todo en el orden correcto. Las personas solo te escucharán si les das tus condiciones apropiadamente. Si todo lo que haces es vociferar lo que quieres decir cuando la otra parte no estaba lista para escuchar, las cosas no pasarían de eso.
“Por supuesto. No debí haber apresurado las cosas.”
“Se lo agradezco… Cliff, ¿serías tan amable?”
“Sí, Su Santidad,” dijo Cliff, poniéndose de pie. “Buenos días a todos. Yo soy el padre Cliff Grimoire. Su Santidad el papa Harry Grimoire es mi abuelo.” Él se alejó un paso de la mesa. Aparentemente Cliff iba a hacer de interlocutor.
“Cardenal Leblanc, ¿puedo pedirle que comience?” dijo él. El hombre cuya vestimenta rivalizaba con la del papa se puso de pie. Su rostro era, en una palabra, gordo. Era perfectamente redondo, como cierto aliado de la justicia con cara de pan. Él además era el líder de los Expulsionistas de Demonios.
“Yo soy el Cardenal Leblanc McFarlane,” dijo él. “Superviso a los Caballeros de la Iglesia y asisto al Santo Padre.” En otras palabras, él efectivamente era el segundo al mando dentro de toda la Iglesia de Millis. Cierto, el trabajo del cardenal era aconsejar al papa… Algo así como el primer ministro en una monarquía.
El papa y su relación con los cardenales en la Iglesia de Millis no era igual a la relación que existía dentro de la religión que yo conocía. Pero lo que sí sabía era que este papa y este cardenal definitivamente estaban enfrentados.
Él tenía en la mira convertirse en el próximo papa. Me pregunto si realizan elecciones cada cierta cantidad de años o algo así…
El cardenal tomó asiento mientras yo pensaba en esto. Entonces por presentación lo que literalmente quiso decir era que debían dar su nombre y ocupación.
“Bellemond-sama,” dijo Cliff. Un hombre usando una armadura blanca y que estaba sentado junto a Leblanc se puso de pie. Su rostro estaba lleno de cicatrices, y solo tenía un ojo. Parecía estar cerca de los cuarenta años. La armadura blanca significaba que era un Caballero de la Catedral. Cielos, sí que se veía siniestro. Por lo que recuerdo, los Caballeros de la Catedral eran algo así como los paladines de Millis. Él debe estar molesto por todo el alboroto que causé en su ciudad.
“Yo soy Bellemond Nash Vennik, subcomandante de la Unidad de la Flecha de los Caballeros de la Catedral,” dijo secamente él, para luego volver a sentarse.
¿Acaso no había escuchado ese nombre antes en algún lugar?
Él siguió mirando intensamente hacia mí, pero no dijo nada. Tal vez su rostro solo me recordaba a alguien. Como Orsted, o Ruijerd…
Ah, ahora lo recuerdo. El caballero que Ruijerd conocía tenía un nombre similar. Sí, Galgard Nash Vennik. Gash, para los amigos.
“Yo conocí a un Galgard Nash Vennik…”
“Soy su hijo,” respondió él.
“Él es un hombre que me alegra haber conocido.” Interesante. Su padre era un Caballero Misionero, pero aceptaron que él se uniera a una orden diferente. Bueno, él había llegado a subcomandante, así que supongo que no fallaba en sus deberes filiales.
“Railbard-sama,” continuó el papa. Dos caballeros más que usaban una armadura blanca se pusieron de pie a continuación. Yo no los conocía, pero se presentaron como capitanes superiores de la Unidad de la Flecha. Estas unidades eran alguna clase de escuadrones militares. Capitán superior era el rango más importante después del comandante, subcomandante, y líder de unidad.
“Carlisle-sama.”
“Puede saltarme; Rudeus y yo ya hablamos antes,” dijo Carlisle Latria, declinando presentarse. Me pregunto si eso estaba permitido, pero entonces me di cuenta de que el papa tampoco se había presentado. Claire probablemente también optaría por no hacerlo.
Las presentaciones continuaron. Había un arzobispo, y el líder de unidad de la Unidad del Escudo de los Caballeros de la Iglesia. Decidí recordar sus nombres, solo por si acaso. Podrían nunca ser de utilidad, pero no hacía daño saberlos. En momentos como este, desearía que pudiéramos intercambiar tarjetas de negocios…
“Claire-sama.” Ella había sido nombrada. ¿Qué estaba haciendo Claire dentro de todas estas personas importantes? ¿Acaso era alguna clase de testigo? Tal vez ella fue quien había esparcido ese falso rumor de que yo quería secuestrar a la Niña Bendita. ¿Y por qué había traído a Zenith?
“Mi nombre es Claire Latria, esposa del Conde Carlisle Latria, y esta es mi hija, Zenith. Por favor, disculpen su comportamiento. Me temo que ella no se siente bien,” dijo solemnemente Claire, y luego se sentó.
Esos parecían ser todos los presentes. Los guardias no se habían presentado, pero eso probablemente solo quería decir que ellos no tenían voz en esta mesa.
“Muy bien,” dijo el papa. “Ahora que Rudeus-sama está con nosotros, me gustaría escuchar lo que ocurrió.”
Y así comenzó nuestra discusión.
“Primero que nada, Rudeus-sama, me gustaría establecer claramente el contexto de todo esto. ¿Le importaría?” A partir de la elección de palabras del papa, supuse que él mismo se había enterado de lo ocurrido hace no mucho tiempo.
“No tengo objeciones. Me gustaría escucharlo.”
Habían pasado varias horas desde la batalla. Que el cardenal y las personas importantes de cada Orden de Caballeros estuvieran reunidas aquí parecía un poco sospechoso, pero la ausencia de los comandantes de orden de alguna forma disminuía un poco eso. Se sentía más como si, después de escuchar del secuestro de la Niña Bendita, ellos hubiesen reunido a las personas más importantes que tenían a mano. Aunque me parecía un poco extraño ver a los Caballeros de la Iglesia que habían estado en medio de todo esto aquí también.
“Muy bien, por dónde comenzamos…” dijo el papa. “Le ruego me disculpe—yo acabo de enterarme de los detalles hace solo momentos. Todavía no he tenido el tiempo para procesarlos.” Él acarició su frente. Un hombre levantó su mano. Era Bellemond. Besh, si recuerdo correctamente.
“Creo que nosotros tenemos la menor cantidad de información dentro de los presentes. Vinimos por orden del cardenal. Nuestras órdenes eran regresar con el cadáver del hombre que buscaba matar a la Niña Bendita y traer ruina al país.”
Como Zanoba me había explicado, un Niño Bendito era un importante activo nacional. Su secuestro era una causa lo suficientemente buena como para provocar la ruina de una nación. A pesar de que la Iglesia cuidaba a esta Niña Bendita, convirtiéndola en su propiedad privada, su pérdida todavía sería un duro golpe para toda la nación. Suficiente como para que una orden así no pueda ser ignorada.
“Sin embargo, al llegar, encontramos a sus guardias inconscientes y no había señales de la Niña Bendita. Ahora, el propio secuestrador está aquí, enojado y declarando no tener culpa alguna,” continuó Besh. Él lanzó una mirada intensa hacia el cardenal. “Dado que la orden que recibimos dista mucho de la realidad, me gustaría declarar nuestra neutralidad en este asunto.” Él se sentó.
El papa sonrió ampliamente, y luego se dio la vuelta para mirar hacia el cardenal. “Su Eminencia, ¿le importaría explicar por qué tomó la decisión de dar tal orden? Por favor, mire hacia Rudeus-sama mientras da su respuesta.”
Tal parece que esto fue obra del cardenal, pensé.
El cardenal se puso de pie mientras mostraba una sonrisa gentil, y entonces dijo, “Recibí información de parte de la Casa Latria. El mensaje decía que alguien había escuchado de causalidad en la calle comentarios preocupantes sobre secuestrar a la Niña Bendita.”
La Casa Latria… escuchó de casualidad en la calle… ¿Acaso alguien me siguió a casa después de mi segunda visita a la mansión de Claire? No me había dado cuenta en lo absoluto, pero sí monté una escena antes de irme. Ella debe haber enviado a alguien para vigilarme, para asegurarse de que yo no tratase de hacer algo. Supongo que sí había hablado de secuestrar a la Niña Bendita en la calle. Cualquiera pudo habernos escuchado. Fácilmente pudo haber llegado a oídos de un sirviente de los Latria por simple coincidencia. Como dicen, las paredes tienen oídos, o en este caso, las calles. Ningún lugar era seguro.
“Cuando investigué la identidad de quien lo dijo,” continuó el cardenal, “descubrí que fue Rudeus Greyrat. El subordinado que envié a investigar aseguró que Rudeus estaba abusando de su relación con Therese para acercarse a la Niña Bendita.”
De acuerdo al cardenal, él usualmente no les daba mucha credibilidad a los rumores. Esta clase de conversaciones no estaban fuera de lo común y los Caballeros de la Iglesia no tenían el tiempo para perseguir cada comentario desagradable que escuchaban en la calle. Pero yo tenía demonios como amigos cercanos, y era cercano al nieto del papa, quien abogaba por el buen trato hacia la raza demoniaca. Para colmo, yo además había cortado mis lazos con los Latria. De seguro eso me convertía en una figura bastante sospechosa. Entonces, justo después de que me peleé con los Latria, yo había ido directamente por la Niña Bendita. Distraer a los guardias de la Niña Bendita para poder secuestrarla y asesinarla claramente estaba dentro de mis capacidades, y eso era un factor decisivo. Yo tenía tanto la habilidad como el motivo.
“Decidí tomar acciones preventivas contra él,” finalizó el cardenal.
“Ya veo… Pero, cardenal, eso no encaja con el testimonio de los Caballeros de la Catedral. Hay una diferencia significativa entre secuestro y asesinato.”
“Imagino que el mensajero que envié se dejó llevar un poco entregando el mensaje,” respondió el cardenal. Su rostro estaba plácido, pero los últimos hechos me dijeron todo lo que necesitaba saber sobre sus intenciones.
Él había querido inculparme por tratar de asesinar a la Niña Bendita, para luego hacer parecer que el papa me estaba dando órdenes detrás de escena. Qué mal por él. Sus preciados Caballeros de la Iglesia fueron noqueados y ahora todos podían ver que yo no había matado a ni uno solo de ellos, mucho menos a la Niña Bendita.
“Entiendo… Antes de llegar a usted, Carlisle-sama,” continuó el papa, “vamos a escuchar a Rudeus-sama. ¿Qué dice?”
Me quedé en silencio por un momento, tomado por sorpresa por esta repentina pregunta. Después de considerarlo un segundo, me di cuenta de que no tenía la necesidad de mentir. No tenía nada de qué avergonzarme.
“Admito que dije cosas de más y eso terminó en la idea de secuestrar a la Niña Bendita… pero ese solo fue un comentario debido al calor del momento. Mis compañeros inmediatamente rechazaron la idea, y nunca pasó de eso.”
“¿Entonces por qué se acercó a la Niña Bendita?”
“Busqué la ayuda de mi tía Therese para resolver un desacuerdo familiar con los Latria. Entiendo que puede haber parecido que la Niña Bendita era mi objetivo.”
“¿Oh? Pero si eso fuera cierto, ¿cómo es que usted ahora tiene a la Niña Bendita como rehén?” La voz del papa era amigable, incluso aunque su pregunta se sentía como un interrogatorio. Era una voz que decía, no te preocupes, solo di la verdad y todo estará bien.
“Como dije antes,” respondí, “tomé a una rehén importante para garantizar mi propia seguridad. Por supuesto, solo después de que la Niña Bendita me dio su consentimiento.”
“¿Es cierto eso?” preguntó el papa.
“Lo es,” respondió la Niña Bendita. “Solo necesité dar un vistazo dentro de los ojos de Rudeus-sama para ver que no era culpable.” Ella miró alrededor de la habitación, y el papa y el cardenal evitaron su mirada casualmente.
Debe ser difícil tener que cargar con tanta culpa, pensé.
“Si ese es el caso, ¿por qué noqueó a los Caballeros de la Iglesia? De seguro pudo haber resuelto esto a través de las palabras,” preguntó el papa.
“Fui encerrado dentro de una barrera sin previo aviso y sujeto a un ridículo juicio mientras todas mis protestas caían en oídos sordos. Ellos me dijeron que iban a cortar mis brazos. No había razón para no resistirse,” respondí. Aunque supongo que no necesitaba noquearlos a todos ellos.
Dejar consciente a Therese y razonar con ella podría haber sido el movimiento más inteligente. Si Therese hubiese estado ahí cuando la Niña Bendita salió y me hubiese visto hacer nada, ella podría haber escuchado… No, eso era estúpido. Yo no tenía idea de si la Niña Bendita aparecería, y las vibras en ese momento no me habían hecho sentir que íbamos a resolver las cosas con palabras. Era un juicio donde el veredicto ya estaba decidido. También había experimentado algo así en mi vida anterior.
“Ya veo… Bueno, entonces…” dijo el papa. Él lentamente estaba llevando las cosas al corazón del asunto. “¿Entonces de qué se trata este desacuerdo familiar?”
Vi a Claire estremecerse, y algo oscuro se acumuló en mi interior. El recuerdo de su detestable narcisismo atravesó mi mente. Pude soportar todo lo que me dijo a mí. Lo que no pude tolerar fue lo que le dijo a Aisha. Lo que le dijo a Zenith. Ella también había sido horrible con Geese.
“Mi madre—esa mujer—fue secuestrada por la condesa y alejada de mí,” dije. Dejé salir mi frustración mientras hablaba. “Ella tiene la intención de forzar a mi madre, quien ni siquiera puede hablar, a casarse con un desconocido, sin tomar en cuenta los propios deseos de mi madre. Ella incluso tiene la intención de forzarla a tener hijos.” Mi voz se volvió irregular. “Cuando objeté, la condesa usó medios cobardes para secuestrar a mi madre. ¡Entonces, cuando fui con ella a demandar respuestas, solo fingió ignorancia de todo el asunto!”
Todos en la mesa se veían horrorizados. Therese y los demás Caballeros de la Iglesia habían llevado sus manos a sus espadas, con rostros serios. La Niña Bendita frunció un poco el ceño. Parecía ser que yo tenía la mano ganadora aquí.
“… Eso es todo lo que tengo para decir,” terminé.
Tenía más para decir, pero decidí dejarlo ahí. Ya había transmitido mi ira. Todos estaban mirando hacia los Latria.
Carlisle y Claire. El par estaba mirando hacia Zenith con lástima en sus ojos. Zenith, en cambio, miraba distraídamente hacia el techo.
“Muy bien, Carlisle-sama, Claire-sama. Todo lo que acabamos de escuchar parece colocar la culpa de este asunto a sus pies. ¿Qué pueden decir en su defensa?” preguntó el papa.
Ambos intercambiaron una breve mirada. ¿Qué estaban planeando? No me daba la sensación de que el cardenal fuese a ir en su rescate.
“Mi esposa actuó por iniciativa propia. Yo no sé nada al respecto,” dijo Carlisle.
Él la había arrojado a los lobos. A su propia esposa. Aunque tal vez no era tan descabellado. Si Claire realmente era así todo el tiempo, y Carlisle se hubiese estado cansando cada vez más de ella, tal vez decidió que este era el momento de dejarla.
Yo sabía que, sin importar cuánto caos causara Eris con sus estallidos, yo nunca le haría eso. No iba a asegurar que, después de años de matrimonio, era absolutamente impensable que yo me fuera a cansar de las cualidades más molestas de mis esposas, pero sabía que nunca les daría la espalda o las abandonaría. En primer lugar, nunca me hubiese casado si no creyera eso.
Ver a Carlisle hacerlo me molestó un poco. Recordé algo que Cliff había dicho hace mucho tiempo. En Millis, cuando un matrimonio era arreglado, la familia de la novia proporcionaba una dote. A cambio, el novio juraba proteger la casa la familia de la novia con su vida. La definición de familia en estas circunstancias era poco clara, pero, aun así, no podía creer que Carlisle realmente fuera a abandonar a Claire…
“Yo soy el jefe de la familia, y por lo tanto debo tomar toda la responsabilidad. Sin embargo, deseo dejar claro que esta no fue una decisión tomada por toda la familia Latria,” dijo él.
Esa pequeña adición es tu forma de mostrar que tienes una consciencia, ¿eh?
“Ya veo. Claire-sama, ¿qué dice usted?” dijo el papa.
Claire no respondió. Su boca estaba cerrada con fuerza. Ella se veía como una niña enfadada.
“El silencio será tomado como una confesión de culpa,” dijo el papa, mirando alrededor de la mesa. Entonces, sin esperar que alguien hablase, él continuó. “En ese caso, encontramos a Claire-sama responsable por este caso, junto con Carlisle-sama como su colaborador. Claire-sama recibirá un castigo, y Carlisle-sama tomará responsabilidad por sus acciones. ¿Alguna objeción?”
Algo estaba mal; esto fue demasiado fácil. Habíamos pasado por alto algo crucial. Era como si solo estuviéramos pasando de largo las mociones para llegar a la conclusión inevitable.
“¡Sin objeciones!” El primero en responder fue el cardenal.
“¡Sin objeciones!” repitieron los demás, asintiendo. El rostro de Claire era lúgubre, pero ella mantuvo su compostura.
¿Acaso no va a decir nada? ¿Ninguna excusa? pensé. Pero de todas formas sus excusas mediocres solo me harían enojar. Yo estaba feliz siempre y cuando Zenith regresara a casa conmigo. Después de esto, yo nunca volvería a acercarme a los Latria. Tampoco dejaría que Zenith, Aisha, o Norn volvieran a acercárseles. Eso sería todo.
“Rudeus-sama, ¿está satisfecho con eso?” me preguntó el papa. “No era nuestra intención que las cosas ocurrieran de esta forma. Nunca tuvimos la intención de ofenderlo, ni tampoco provocar la enemistad de Orsted-sama. Espero que podamos seguir en términos amigables…” Él todavía estaba mostrando esa sonrisa cordial. Miré hacia el cardenal. Él mantenía su propia sonrisa, pero tragó saliva cuando nuestros ojos se encontraron, y vi que estaba sudando.
“N-naturalmente, todos queremos evitar un conflicto con Orsted-sama. No sé cómo llegó a prever la resurrección de Laplace, pero no desecharé ningún aliado en esa lucha. Tendremos que considerar seriamente esta propuesta de permitir la venta de estas supuestas figuras de demonios en una fecha posterior…”
Durante el curso de este último intercambio, yo elaboré una idea del panorama general de lo que estaba ocurriendo.
Aquel detrás de la acusación de secuestro y todo el resto era el papa. Estaba bastante seguro que la filtración vino de sus subordinados. Él había tomado el nombre de los Latria para que el cardenal fuese provocado a llevar a cabo un intento por tomar mi vida. Era eso, o él tenía un agente en la mansión Latria y la información vino de allí, pero los detalles no importaban. Él de seguro sabía que el cardenal actuaría. Pero desde la perspectiva del cardenal, yo era un problema indudable: un seguidor del Dios Dragón que había aparecido como un amigo del nieto del papa. Yo había causado problemas para los Latria, quienes estaban en la facción del cardenal, y entonces esa pelea familiar sirvió como mi coartada para acercarme a la Niña Bendita. Para él, yo probablemente me veía como un asesino enviado por el papa. No podías culparlo por pensar que tenía que sacarme del tablero. ¿Acaso había enviado a unos cuantos de los Caballeros de la Iglesia porque me había subestimado, o porque había visto venir esto y quería estar listo?
¿Acaso el papa había sabido que yo no iba a matar a la Niña Bendita, o no le importaba de cualquier forma?
Si yo moría a manos de los Caballeros de la Iglesia, bueno, él no perdía nada. Yo era amigo de Cliff, pero no era uno de los suyos. A través de todo esto, él no se había ensuciado las manos directamente, ni me había ordenado llevar a cabo el secuestro. Él estaba confiado de que podía zafarse incluso de una inquisición con la Niña Bendita, y si todo eso fallaba, podía echarle toda la culpa a Cliff. Además, incluso si Orsted aparecía más adelante, él podía asegurar que solo había quedado atrapado en una trampa de los Expulsionistas de Demonios. Tal vez incluso lo usaría como una oportunidad para reparar las relaciones con Orsted.
Y llegamos a esta conclusión. Al final, los Latria tomaron la culpa por todo el asunto. Apostaría mi dinero a que ni al papa ni al cardenal les importaba una mierda quién terminaba en la guillotina por todo esto. La única razón por la que terminó siendo Claire fue porque yo estaba molesto con ella—todo lo que yo quería era castigarla. El papa podía declarar victoria, sabiendo que había dado un golpe a los cardenalistas a través de los Latria. La facción del cardenal era la única perdedora aquí. Sentía que habían jugado conmigo… pero ¿saben qué? Iba a recuperar a Zenith y tener mi venganza sobre Claire. A este paso, además tendría al grupo de mercenarios listo y funcionando muy pronto. No tenía ninguna razón para objetar.
“Suena bien para mí,” dije.
“Muy bien. El precedente dicta que Claire Latria será sentenciada a diez años de prisión por incitar al caos de la nación.”
“¿Fueh?” Vaya, ese sí que fue un sonido extraño.
“Rudeus-sama, ¿objeta esto?”
“Um… ¿Acaba de decir diez años?”
“Así es. Claire Latria secuestró a un miembro de la familia de un asociado del Dios Dragón. Sus acciones también llevaron a un ataque sobre la Niña Bendita.”
“Pero… es decir, sí, pero—”
“Su comportamiento ha insultado a individuos poderosos e incitado al caos. Si usted no fuese un hombre de tan buen corazón, la Niña Bendita probablemente ya estaría muerta. Diez años es misericordioso cuando consideras eso.”
Es decir… ¿de verdad? Bueno, tal vez eso es justo. Esto sí creció lo suficiente como para que las personas más importantes en las cercanías terminaran reunidas aquí.
Claire probablemente no sería la única que sufriera por esto, pero, aun así, pasar diez años en prisión… Ese… era mucho tiempo. Hace diez años, yo acababa de romper con Eris. Fue hace mucho tiempo.
Aunque yo no podía hacer mucho al respecto. Claire fue quien decidió jugar sucio. Todo esto empezó porque había decidido secuestrar a Zenith.
Al ver que no dije nada, el papa dijo, “¿No tiene objeciones? Bien, entonces este tribunal provisorio, precedido por al menos tres arzobispos y tres capitanes superiores, encuentra a Claire Latria culpable de incitar al caos público y recomienda una sentencia de diez años en prisión. Dejaré en sus manos, Carlisle-sama, que organice un juicio formal para ella.”
“Sin objeción.”
“Sin objeción.”
El cardenal, el arzobispo, y todos los caballeros entonaron su acuerdo solemnemente.
“Bien. Bellemond-sama, como nuestro grupo neutral, solicito que usted tome en custodia a los Latria. Una vez que sea entregada la sentencia formal, el resultado deberá ser transmitido al resto de ustedes.” El papa miró hacia los Caballeros de la Catedral y levantó una mano. Besh y los otros dos se pusieron de pie de inmediato, para luego rodear la mesa en dirección de Carlisle y Claire.
Mientras pasaban a un lado de Therese, ella frunció el ceño por medio segundo. Uno de los caballeros sacó un conjunto de esposas y las colocó sobre Carlisle. Carlisle permitió que sus manos fuesen esposadas sin decir palabra alguna, para luego seguir al caballero fuera de la habitación por voluntad propia.
¿Claire? Ella no se movió. Ella estaba de pie, pero todo su cuerpo temblaba. Su expresión no había cambiado, pero sus hombros y piernas estaban temblando.
“Muy bien, Claire-sama.”
“Yo…” dijo ella, “Yo…” Los Caballeros de la Catedral se acercaron a ella. Claire iba a ser arrestada y arrojada dentro de una celda. Dejaba un sabor un poco amargo en mi boca, pero también significaría que uno de mis problemas estaba resuelto.
Repentinamente, mis ojos se encontraron con los de Cliff. Él estaba mirando hacia mí, con una expresión llena de pánico y confusión. ¿Por qué? Es decir, seguro, había partes de esto que no me gustaban—por ejemplo, este tribunal improvisado dando una condena de diez años. Lo encontraba un poco vengativo.
Pero estas son las reglas que siguen ellos, ¿no? Pensé en cómo los Caballeros de la Iglesia habían tratado un truco similar conmigo. Esta conclusión es legal para ustedes, ¿cierto?
“Vamos, Claire-sama,” dijo Besh, estirándose lentamente hacia Claire como si estuviera tratando de no provocarla. Claire miró abajo hacia sus manos con miedo en sus ojos. Se veía como si quisiera escapar de su cuerpo.
“¡Ugh!” Al instante siguiente, algo se estrelló contra Besh. Él se tambaleó hacia atrás, lo que hizo sonar su armadura. Sin perder un instante, él adoptó una postura de combate, se movió para desenfundar su espada, y entonces se congeló. Lo que lo detuvo no fue Claire.
De pie ahí, entre Claire y Carlisle, estaba Zenith. Ella se había interpuesto entre Claire y Besh. Zenith tenía ambos brazos estirados, bloqueando el paso. Su rostro todavía estaba inexpresivo mientras lo enfrentaba, pero la hostilidad en sus acciones era clara. Ella estaba protegiendo a Claire. Yo estaba incluso más confundido que antes. ¿Por qué Zenith protegería a Claire? ¿Fue una decisión del momento? Pero ella había reaccionado a sus alrededores en el pasado, y siempre que lo hizo fue por el bien de su familia. ¿Acaso estaba reaccionando automáticamente, para proteger a su madre sin entender lo que ella estaba tratando de hacerle?
Tenía que estar pasando algo por alto. Yo nunca tenía la respuesta correcta en este tipo de situaciones. Ahora que lo pienso, había sido igual con Pax.
Tranquilízate, pensé. Si piensas en esto detenidamente, podrías ver lo que estás pasando por alto.
El problema era que no había tiempo. Besh haría a un lado a Zenith y llegaría a Claire en segundos. ¿Debería detenerlo? ¿Podía hacer eso sin antes pensar en las consecuencias? ¿Debería obtener más información antes de actuar?
“¡Por favor, detengan esto!” mientras dudaba, otra voz se escuchó, lo cual detuvo a Besh. Una pequeña figura avanzó para posicionarse frente a Zenith. El sujeto que me había estado mirando con reproche ya por un rato. Era Cliff.
“¡Esto no está bien!” dijo él, colocándose en medio como para proteger a Zenith de Besh. “Confabular contra una anciana, echarle toda la culpa… ¡San Millis nos castigará por esto!”
“¡Cómo te atreves! ¿¡Un simple sacerdote se atreve a hablar en nombre de San Millis y desafía las justas reglas de la iglesia!?” gritó el cardenal.
“¿Usted cree que esta es la voluntad de San Millis? ¿Un esposo dándole la espalda a su esposa, mientras su hija interviene sola para defender a su madre de un grupo que intenta llevársela?”
“¿Qué hija? ¡Ella es una mujer adulta, y está fuera de sí!” respondió el cardenal.
“¡La edad no tiene nada que ver con ello! ¡Un padre es un padre, y un hijo es un hijo!” dijo Cliff, silenciándolo. Enojado, el cardenal se dio la vuelta hacia sus propios sirvientes, los Caballeros de la Iglesia. Dio una orden silenciosa de callar al alborotador. Pero los ojos que se encontraron con los suyos fueron los de Therese. Cliff también miró hacia ella.
“¡Capitana Therese Latria de la Unidad del Escudo de los Caballeros de la Iglesia! ¿Acaso usted no es también hija de esta mujer? No San Millis dijo, Un caballero no abandona su lealtad, aunque enfrente cualquier clase de juicio. Pero que, en ocasiones, ¿los lazos de amor deben ser colocados por sobre aquellos de lealtad? ¿Acaso no considera a su propia madre digna de su amor? Durante todos los años que la crio, ¿nunca sintió amor por ella? ¿No le debe nada?” Therese apartó la mirada, con su rostro acongojado. Cliff, con su furia incesante, posó sus ojos sobre la habitación. Ellos terminaron posándose en mí. “¡Y tú, Rudeus!” gritó él. Su mirada era, como siempre, imperturbable. Me atravesó por completo. “¿Esto es lo que querías? ¡Nunca creí que te rebajarías a tomar rehenes—pero entonces también te ensañas con tu propia abuela y haces que termine en prisión! ¿¡Estás feliz con esto!?”
No respondí. El argumento de Cliff estaba un poco alejado de la realidad. Yo no había secuestrado a la Niña Bendita porque quise. Y enviar a Claire a la cárcel obviamente no había sido mi idea. Además, lo que Claire hizo estuvo mal. Eso era un hecho. Si haces algo malo, bueno, hay consecuencias, y no puedes salir de eso solo dando un gran discurso emotivo.
“Sé que tuviste tus desacuerdos con ella. ¡Pero en todas tus discusiones de familia hasta ahora, tú las has resuelto considerando el punto de vista de la otra parte! Norn me contó de ello. Después de la forma horrible en que Norn te trató, tú todavía fuiste a su lado cuando ella estaba desesperada, sin pensar en el pasado. ¡Esta vez también, trataste de resolver las cosas! Fuiste con mi abuelo y Therese para tratar de llegar a una solución pacífica. Después de todo eso, ¿de verdad puedes decir que estás feliz con esto?”
Bueno, Cliff estaba confundido en algunas cosas. La única razón por la que quise una solución pacífica fue por el bien del grupo de mercenarios y del propio Cliff. No fue por amor de familia. Aunque esta era una discusión, y Cliff no estaba de humor, así que permanecí en silencio.
“¡Respóndeme!” gritó Cliff. “Rudeus Greyrat, ¿estás de acuerdo con esto o no? ¡Tu respuesta decidirá mi opinión de tu persona!” Por alguna razón, eso me dolió. De verdad dolió. ¿Por qué?
Duele, pensé, porque incluso yo no estoy lo suficientemente loco como para arrojar a un miembro de mi familia a prisión. Aunque se trata de Claire… No es como si ella me hubiese tratado como familia.
Claire era diferente. Claire no era parte de mi familia. Pero algo todavía me molestaba. No podía descubrir lo que era, y hasta que lo hiciera, no podría responderle a Cliff.
“Escucha, Cliff…” comencé a decir. “Te daré una respuesta, pero primero quiero preguntarle algo a Claire. ¿Estás bien con eso?” Cliff parecía haber sido tomado por sorpresa, pero yo no esperé por su respuesta. En cambio, me di la vuelta hacia Claire. Había temor en sus ojos, pero ella respondió mi mirada sin dejarse intimidar.
“¿Por qué alejaste a mi madre de mí?” pregunté. Su expresión no cambió.
“Por el bien de mi hija, y de mi familia,” respondió ella sin dudarlo.
“¿De verdad creíste que casar a tu hija en su estado actual sería por su propio bien?”
“Dadas las circunstancias, sí,” respondió ella. Antes de darme cuenta, mis manos estaban curvadas en puños. Mi mandíbula estaba apretada con fuerza. ¿Cómo era posible que Claire fuera así? Ella debe saber que, si solo decía, “No, yo estaba equivocada,” estaría fuera de peligro.

Me quedé en silencio. Toda la mesa miraba hacia mí de forma expectante, como si yo repentinamente tuviese toda la autoridad.
Esperen, tal vez la tengo, me di cuenta. Todavía estoy sosteniendo el brazo de la Niña Bendita. Desde el comienzo, esta nunca había sido una conversación entre iguales.
“¿Qué es más importante para ti? ¿Tu hija o tu familia?” pregunté.
“Ambas. Ninguna es más importante que la otra,” respondió Claire de forma evasiva.
Eso me irritó. ¿Por qué no estaba tratando de persuadirme? Ella sabía que era yo quien tenía todo el poder en la habitación. Si decía que deberíamos perdonarla, todo esto quedaría en el pasado. Bueno, tal vez no completamente, pero ella al menos se salvaría de ir a prisión por diez años. No es como si alguien hubiese muerto. Podíamos acordar otro castigo.
Vamos. Deja de lado tu orgullo y solo dilo. Discúlpate…
Mientras yo vacilaba, Claire resopló, “No necesitas hacer nada por mí,” dijo ella. “Yo nunca pedí que me salvaras. Si voy a ser castigada por algo que hice por el bien de mi hija, que así sea.”
Estaba sin palabras. ¿Qué mier…? Tú… Ah, a la mierda, esto no va a llegar a ninguna parte.
Zenith la había defendido. Cliff la había defendido. ¿Y ahora salía con esto? Ya fue suficiente.
“Si eso es todo lo que tienes que decir, creo que hemos… ¿Eh?” Dejé de hablar cuando sentí que algo tocaba mi hombro. Mirando alrededor, vi que fue la Niña Bendita. Ella me había tocado con la mano que yo no estaba sosteniendo.
“Rudeus-sama,” dijo ella.
“¿Qué?” La Niña Bendita ya no mostraba su sonrisa serena de siempre. En cambio, su rostro estaba inexpresivo. Inexpresivo, pero de alguna forma… tranquilo. Como una santa.
“Perdónela, Rudeus-sama,” dijo ella.
“¿Por qué?”
Yo no iba a caer en esto. Yo ya no tenía la intención de perdonar a Claire. De hecho, ella obviamente no tenía interés en resolver las cosas. Esa estúpida bruja quería el control total sobre su hija y odiaba a su fastidioso nieto por meterse en el camino. Ella era como una niña haciendo una pataleta, lanzando sus juguetes a través del aire cuando las cosas no salían como quería.
“Claire-sama de verdad solo estaba pensando en el bien de su hija y su familia,” insistió la Niña Bendita.
“Las buenas intenciones pavimentan el camino a las malas acciones,” respondí.
Pensar en los demás no significaba nada si no pensabas en los puntos de vista de otros aparte de ti. Si te empeñabas en empujar lo que pensabas en alguien que no lo quería, solo estarías molestando. Además, lo que Claire estaba empujando sobre Zenith era realmente horrible. Nadie querría eso.
“Claire-sama también lo considera a usted parte de esa familia.”
“¿Disculpe?”
“Todo esto también fue por su bien.”
¿Por mí? ¿Cómo era eso posible? ¿Entonces cómo terminamos aquí? Necesitaba una explicación más detallada. Sus palabras no tenían sentido.
“Por favor, Rudeus-sama. Confíe en mí. Cuando miré dentro de sus ojos, lo supe.” Cierto, el poder de la Niña Bendita. Ella podía ver tu pasado en tus ojos. Entonces eso quería decir que Claire tenía que tener una razón—no es como si yo tuviese una idea de cuál puede ser.
“Claire, ¿te importaría iluminarnos sobre lo que la Niña Bendita está diciendo? Porque no lo entiendo.”
“Me temo que no tengo una respuesta,” respondió ella. “Supongo que en ocasiones incluso la Niña Bendita debe mentir. Estoy bastante segura de que yo nunca hice algo por ti.”
Ahí lo tienen. Cliff, Niña Bendita, pueden tratar de defenderla todo lo que quieran, pero no puedo dar marcha atrás después de eso. Aunque sí me siento un poco mal al respecto…
Era el momento de poner fin a esto.
Suspiré. “No puedo reconciliarme con ella cuando yo no le importo en lo absoluto.” Claire asintió, manteniendo una mirada firme. Cliff miró hacia mí con desprecio. La Niña Bendita se veía triste. Los ojos de Therese se posaron sobre Claire, y Bellemond se puso de pie. Zenith—me di cuenta de que Zenith estaba de pie justo frente a mí.
Um…
Bofetada. Su mano golpeó mi mejilla. Casi no hubo poder detrás del golpe. Probablemente ni siquiera dejaría una marca.
“¿Qué?”
Pero, por alguna razón, dolió. Sentí que el lugar donde me había golpeado se volvía insoportablemente caliente.
“Nngh…”
Las lágrimas repentinamente comenzaron a fluir a través de mis mejillas. Durante el tiempo que me tomó darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, Zenith ya había pasado a mi lado. Me di la vuelta y vi a Carlisle. El hombre que había estado ahí de pie esposado, observando todo este desarrollo. Debido a que estaba de pie detrás de mí, yo no había sido capaz de ver su rostro, pero evidenciaba una gran mezcla de emociones—preocupación, temor, arrepentimiento.
Zenith también lo abofeteó. Tal como hace un momento, el golpe no tuvo fuerza. Después, ella siguió caminando, tambaleándose con cada paso que daba. Nadie la detuvo. Ni los Caballeros de la Catedral, ni los Caballeros de la Iglesia, nadie. Era como si el tiempo se hubiese congelado a su alrededor.
Finalmente, ella se detuvo en frente de Claire. Zenith levantó su mano, con la palma lista para… No hubo ninguna bofetada. Ella acunó el rostro de Claire en ambas manos, inclinándose hacia el frente hasta que sus narices casi se estaban tocando, para poder ver dentro de los ojos de su madre. No podía ver la expresión de Zenith desde donde yo estaba de pie. Pero cuando Claire miró hacia el rostro de su hija, el efecto fue dramático.
Primero, sus ojos se abrieron completamente. Luego, sus labios comenzaron a temblar, seguidos por sus mejillas, sus hombros, y entonces todo su cuerpo. El temblor se extendió hasta la punta de sus dedos, para entonces, como impulsada por el temblor, sus brazos se levantaron, para tomar con fuerza las manos de Zenith.
“Guh… aaaa… waahh…”
El llanto que salió de Claire fue algo entre un sollozo y un gemido. Ella llevó las manos de Zenith hacia su rostro como si quisiera besarlas y las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Entonces, tal vez sucumbiendo al temblor, sus rodillas cedieron y se desplomó en el suelo.
“¡Ah!” se escuchó una voz desde detrás de mí justo mientras alguien pasaba a mi lado. Era Carlisle. Con sus manos todavía esposadas, él se apresuró hacia el lado de Claire. Mientras se agachaba para quedar a su altura, él dijo, “Claire, cariño, tienes que parar esto.”
“Pe… eh, guh, pero Zenith…” gimió Claire, con su rostro lleno de lágrimas.
Carlisle se movió como si quisiera abrazarla, pero entonces recordó que las esposas no se lo permitirían. En cambio, él colocó sus manos sobre las de Claire, las cuales todavía estaban sobre las de Zenith.
“Ella está bien. No necesitas preocuparte. Ella está bien,” dijo Carlisle, y luego se puso de pie. El llanto de Claire hizo eco a través de la habitación.
Carlisle miró alrededor hacia todos los presentes, y entonces dijo, “Lo siento muchísimo. Les contaré todo. Solo pido que posterguen el juicio hasta que me hayan escuchado.” Ante esto, el tiempo volvió a transcurrir. No me pareció que Carlisle se estuviese dirigiendo a alguien en particular, pero el papa, el cardenal, Cliff, Bellemond, Therese, y todos los Guardianes de Anastasia se dieron la vuelta para mirar hacia mí. La Niña Bendita estaba tirando de mi manga. Con ambas manos.
Dejé ir su brazo. Ya no tenía caso seguir sosteniéndolo.
“… Bien,” dije, para luego colapsar sobre mi silla.
Mi mejilla quemaba donde Zenith me había abofeteado.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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