Negociaciones Implacables
Capítulo 4: Negociaciones Implacables
Había un antiguo dicho: “Cuando tragas veneno, no olvides el plato.” En otras palabras, si has sido envenenado, bien puedes comerte también el plato en el que vino. Este proverbio era de la época donde era normal usar pan duro en lugar de un plato. Colocabas la carne—o lo que fuera el plato principal—encima para darle sabor, para luego trozarlo y remojarlo en sopa para ablandarlo antes de comértelo. “No olvides el plato,” por lo tanto significaba “termina tu comida.” Come todo lo que te den, incluso si es veneno. Todo es un regalo.
Sí, solo estoy diciendo tonterías.
Lo que de verdad significa es que, si de todas formas vas a morir, bien podías arriesgarte un poco. Es un mensaje bastante positivo. Después de todo, normalmente no comes platos. La idea es que, si el veneno te mata o si la porcelana desgarrando tu estómago lo hace, es lo mismo. Bien podrías vivir un poco.
Obviamente, yo inventé todo eso.
¡En fin! En este momento, yo estaba dentro del edificio donde Aisha montó la sucursal del grupo de mercenarios. Estaba en el Distrito Comercial, debajo de un bar clausurado. Yo estaba rodeado de barriles de alimentos en conserva e hileras de abrigos negros aún por ser procesados. Un pergamino de teletransportación me había traído aquí—un círculo de teletransportación bidireccional que yo había colocado en caso de que algo así ocurriese.
Había una mujer sentada frente a mí. Ella siempre mantenía su acto de niña linda, pero en realidad probablemente tenía más de veinte años de edad.
“Este lugar tiene mucho carácter, ¿no?” destacó la Niña Bendita. Ella estaba sentada con sus rodillas dobladas y sus pies hacia sus costados, directamente sobre el piso polvoriento, incluso aunque yo no había atado sus manos o pies ni nada. Yo la había traído desde el jardín hasta aquí.
“¿Qué estaba pensando?” pregunté.
“¿A qué se refiere?”
“Aparecer en ese momento crítico, y después ni siquiera tratar de huir…” Cuando lo pensaba, la sincronización de su entrada había sido perfecta. Era como si ella hubiese estado esperando para poder cooperar educadamente con mi plan de secuestro.
“Salí de casualidad, eso es todo,” respondió ella. “Nadie me contó sobre esa terrible pelea… Cuando salí y todo estaba cubierto de niebla me asusté mucho.”
Te decidiste bastante rápido para alguien que de casualidad salió.
“Está mintiendo.”
“Ah, sí. La verdad es que busqué dentro de los recuerdos de uno de mis guardaespaldas y descubrí lo que Therese y los demás iban a hacerle. Fue por eso que salí.”
“Hah… ¿Fue a mi rescate?”
“Así es. Entonces, cuando salí y miré dentro de sus ojos, de inmediato supe lo que había ocurrido.”
En el momento que hacía contacto visual con alguien, ella podía ver sus recuerdos. Era impresionante que hubiese encontrado mis ojos a través de la Armadura Mágica, pero tal vez eso era una parte de su poder. Tampoco era como si yo entendiera la habilidad peculiar de Zanoba.
“Yo estoy de su lado,” dijo ella. “Quiero ayudarlo.”
No respondí. En cambio, apunté un dedo hacia ella.
Cuando tragas veneno, no olvides el plato. Yo ya la había secuestrado, así que ya estaba jodido. No más planes. Ya estábamos en esto.
Me quedaban dos cartas por jugar. Yo y esta chica. Imaginemos el peor escenario posible.
El papa, el cardenal, Therese, y Claire eran mis enemigos. Trabajando como agentes del Dios Humano, ellos ya habían tomado a Cliff, Aisha, y Geese como prisioneros. Durante la media hora más menos desde que me llevé a la Niña Bendita, los Caballeros de la Iglesia ya estaban en movimiento. Mi suposición de que nadie me había visto teletransportarme estaba equivocada—alguien me había visto—y los Caballeros de la Iglesia se estaban dirigiendo hacia nosotros ahora mismo. Yo no había tenido el tiempo para configurar un círculo de teletransportación para la Armadura Mágica Mark I, así que había recitado Pantano para enterrarla en el jardín por ahora, pero los Caballeros de la Iglesia ya la habían desenterrado y la estaban confiscando.
Eso sería lo peor. Lo suficientemente malo como para que, si las cosas terminaban de esa forma, yo estuviera acabado… Tenía que encontrar una forma de salir de esta con solo dos cartas—mis propias habilidades de combate y la Niña Bendita.
“Niña Bendita,” dije, “antes de confiar en usted, tengo algunas preguntas.”
“Naturalmente,” respondió ella.
Si iba a seguir con esto, necesitaba interrogar a la Niña Bendita. Más tarde podía decidir si confiar o no en ella—ahora mismo, yo necesitaba información.
“¿Cuál es su poder como Niña Bendita?”
“¿Acaso ya no lo sabe?”
“Quiero escucharlo de usted.”
Ella podría decirme algo diferente a la información de Orsted. Quería comprobarlo.
“Puedo ver la superficie de los recuerdos de las personas.”
“¿La superficie?”
“Sí. Cosas que están en sus mentes, y los recuerdos asociados. Pero solo un poco.”
“¿Cuál es la diferencia entre eso y leer mentes?”
“La diferencia es que yo solo veo el pasado. Aunque si mantengo el contacto visual, puedo retroceder hasta el inicio de sus recuerdos.”
Entonces veía partes de sus pasados que estaban relacionados a lo que sea que estaban pensando en vez de ver dentro de sus recuerdos.
“¿Solo lo ve?” confirmé.
“Eso es correcto.”
“Digamos que una persona perdió su memoria. ¿Podría usted traerla de regreso?”
“No. Aunque imagino que sería posible si uso mis poderes en conjunto con magia de sanación.”
Ella no puede traer de regreso a Zenith.
“Lo cual quiere decir… que usted en realidad no puede leer mentes.”
“No, pero puedo usar lo que veo para hacer suposiciones,” dijo ella. La Niña Bendita no podía ver lo que yo estaba pensando ahora mismo, pero era imposible seguir con la conversación mientras pensaba constantemente en otra cosa. Si alguien te pregunta, “¿Qué comiste en el desayuno?” tú no ibas a dar una explicación científica sobre la razón por la que el cielo es azul como respuesta.
“Veo que nadie con una consciencia culpable quiere cruzar miradas con usted,” dije. Ella era un detector de mentiras perfecto. Todo lo que tenía que decir era que sus ojos se habían encontrado, y eso era suficiente para establecer culpabilidad. No había forma de que ella misma estuviera mintiendo, pero supongo que nadie vigila al vigilante. Ella podía condenar a cualquiera que no le agradara; así funcionaban las cosas para un Niño Bendito. Solo tenías que dar un vistazo a Zanoba para ver cómo esta clase de poder te convertía en un activo y en una amenaza increíble. Siempre y cuando alguien con poder te respalde, estarías a salvo.
“Usted no está apartando la mirada, Rudeus-sama,” destacó la Niña Bendita.
“Supongo que mi consciencia está limpia.”
Yo ya la había estado mirando fijamente por un rato. Parte de ello era solo que ya no me importaba, pero, además, si ella podía ver el pasado, mantener el contacto visual me ahorraría muchas explicaciones.
“Tal vez no, pero ¿está seguro de que no le importa que yo sepa todo lo demás?”
No respondí.
“Santo cielo, Orsted-sama tiene una maldición como esa… ah, el Dios Humano… sus primeras palabras fueron… ¡oh, cielos!” El rostro de la Niña Bendita repentinamente se puso rojo.
¿Qué? ¿Viste algo pervertido? ¿Acaso no ves cosas como esa todo el tiempo en las inquisiciones? Debes dar un buen vistazo cada vez que un sacerdote de Millis se acuesta con alguien.
“Cielos, dos al mismo tiempo… dos, pero todavía con amor… ah… ah, un altar… esperen… ¡oh!” Ella estaba sudando y sin aliento.
¿Hmm? ¿Viste algo que no deberías?
“¿Qué vio?” pregunté.
“Herejía—” tosió ella. “Ah, bueno, veo que aquellos que no siguen la fe de Millis tienen rituales bastante extre—quiero decir, rituales diferentes a los nuestros…”
“Usted acaba de ver el núcleo de mi alma.”
“Y-ya veo,” dijo ella, jugando con el borde de su vestido y alejándose un poco de mí.
Relájate. Tal vez la fe de Roxy no es tan pura como la suya aquí en Millis, pero todavía es de un bonito tono de azul. Aquí no encontrarás ningún duijin erótico.
Ambos tosimos. “Volvamos al asunto entre manos,” sugerí.
“Sí, eso es lo mejor,” estuvo de acuerdo ella.
Que la Niña Bendita viera todo eso no me causaría ningún problema, pero era un poco vergonzoso que alguien supiera de ello. Si ella me había visto hacerlo con ambas, también podría saber lo que dije en ese momento.
¡No es lo que parece! Solo me excité un poco de más y se me salió. ¡Esto nunca me ocurre!
En fin, de vuelta a nuestra conversación.
“Primero, quiero saber cómo ocurrió esto. ¿Quién cree usted que está jalando de los hilos?”
“Imagino que fue ya sea Su Santidad el papa, o el cardenal que quiere deshacerse de él. No creo que el Dios Humano esté involucrado.”
Así que las personas más importantes de ambas facciones. Pero ¿qué hay de los Latria…?
“¿No cree que los Latria estén involucrados?”
“Es posible que alguien más los esté usando, pero no creo que estén detrás de todo esto.”
Así que el secuestro de Zenith no estaba relacionado. Ahora mismo, todo se reducía a los papistas, o los cardenalistas. Ambos líderes eran sospechosos.
“¿Qué le hace pensar que el Dios Humano no está involucrado?”
“Si Su Santidad se sometiera a la voluntad del Dios Humano, eso traería desgracia a toda la Iglesia de Millis. Puede que Su Santidad no sea una buena persona, pero no me puedo quejar de su fe.”
“Pero ¿cómo puede estar segura?”
“Lo sabré cuando mire dentro de sus ojos.”
Bueno, ahora una pregunta estúpida: ¿Podía confiar en ella?
“Si usted no confía en mí, lo mejor será que me use como una rehén para conseguir lo que quiere.”
“No tengo suficientes cartas como para lograr que eso funcione. Los Caballeros de la Iglesia probablemente ya me están buscando. Incluso si demando algo a cambio de usted, yo todavía—”
“Yo lo soy todo para los Caballeros de la Iglesia,” dijo ella, interrumpiéndome. Ella sonrió cariñosamente hacia mí. “Los Caballeros de la Iglesia—no, toda la facción expulsionista de demonios—saben que, si muero, ellos perderán su oportunidad de victoria.”
“Básicamente, sin importar lo que traten de decirme, si me vuelvo implacable y amenazo con matarla, ¿ellos harán lo que yo quiera?”
“Me avergüenza decir que, sí, soy así de valiosa.”
No lo sé… Mierda, será mejor que no tenga que ver morir a Aisha frente a mí porque confié en ti.
“Los Caballeros de la Iglesia no son estúpidos, y tampoco son incompetentes,” dije. “Por lo que sé, ellos ya podrían haber arrestado a Aisha y haberle sacado esta ubicación. Demonios, ellos ni siquiera tendrían que hacer eso. Si me estaban vigilando, ellos aparecerán aquí en cualquier momento. Podrían irrumpir y rescatarla mientras yo estoy haciendo mis demandas en el cuartel general de la iglesia.”
“Entonces claramente usted debería llevarme consigo cuando realice sus demandas.”
“Es una movida audaz, pero si nos emboscan de camino ahí, podría convertirse en una batalla sin cuartel.”
“De seguro usted podría encargarse de todos ellos, ¿no? Pudo darles batalla a poderosos enemigos como Orsted-sama y Auber, ¿no?”
¿Ella también había visto eso? Seguro, era posible que yo pudiera defenderme de los Caballeros de la Iglesia. No es por alardear, pero me he encargado de muchos guerreros de poca monta. Podrían llamarme Rudeus el destruye novatos Greyrat. En la batalla en el jardín, yo me aseguré de contenerme, pero si hubiese estado luchando para matar, ellos no habrían tenido oportunidad.
“Además,” dijo ella, “si fuéramos atacados, serían los papistas, no los Caballeros de la Iglesia.”
“¿Cómo lo sabe?”
“Los Caballeros de la Iglesia no harán nada que pueda terminar en mi muerte. El papa, por otro lado, estaría encantado si yo solo muero de casualidad.”
Si les preguntabas, por supuesto que los papistas protegían a la Niña Bendita. Sin embargo, si de casualidad hubiese una pelea y ella de casualidad era asesinada durante el fuego cruzado… solo serían buenas noticias para ellos.
“¿Qué tal si los Caballeros de la Iglesia usan magia de barrera o algo para recuperarla sin correr el riesgo de que salga herida?”
“Usted acaba de derrotar a los mejores luchadores dentro de los Caballeros de la Iglesia. No es su estilo repetir una estrategia fallida. No correrían ese riesgo.”
¿Los tipos de antes eran sus mejores luchadores…? Es decir, se coordinaban bien, pero ¿de verdad…? No, vamos, eso no es justo. Ellos fueron lo suficientemente buenos como para seguir disparando magia hacia mí incluso mientras esquivaban mis Cañones de Piedra. Y ese sujeto no vaciló cuando trató de enfrentar mi Armadura Mágica con una espada.
Asumiendo que ellos eran, en promedio, espadachines de rango Avanzado en el Estilo del Dios de la Espada y rango Avanzado en el Estilo del Dios del Agua, con magia de ataque Intermedia, magia de barrera Intermedia, y magia de sanación Intermedia, entonces realmente eran un equipo de élite y versátil. Había que tomar en cuenta algunas variaciones individuales, pero su coordinación perfecta contra mí era un testamento de su calibre general. Bueno, Therese estaba un escalón por debajo de los demás, pero ella había sido una comandante capaz. Estaba bastante seguro de que yo podría haberme defendido bien incluso sin la Mark I, pero habrían tenido una posibilidad real de vencerme. Pero yo aun así había derrotado a sus mejores luchadores, así que tal vez ella tenía razón…
Esperen un momento, solo estábamos hablando de los Caballeros de la Iglesia.
“¿Acaso no hay también Caballeros Misioneros y Caballeros de la Catedral?” pregunté.
“Esas órdenes solo sirven al País Sagrado de Millis,” respondió la Niña Bendita. “No se involucran en escaramuzas lamentables de la iglesia. Además, los Caballeros Misioneros actualmente están fuera del país.”
¿Ni siquiera están aquí? Estaba comenzando a sentir que puedo tener una oportunidad. Les mostraría mi rehén y comenzaría una negociación justa y honesta con ellos.
Después de este violento y repentino ataque, yo, el todopoderoso Rudeus, subordinado de Orsted, he pasado a la ofensiva. Aunque sería mi derecho tomar y descuartizar a la Niña Bendita y traer oscuridad a la Iglesia de Millis, seré misericordioso. Si cumplen mis demandas y se disculpan honestamente, pasaré por alto esta ofensa, y perdonaré la vida de la Niña Bendita.
Estaba en construcción, pero iríamos con eso. Mientras negociaba, haría que la Niña Bendita descubra quién me había traicionado y las identidades de los apóstoles del Dios Humano. Era posible que algo de esto vuelva para perjudicarme más adelante, pero asumiendo que las propias negociaciones salgan bien, estaba confiado de que podríamos salir de este país sanos y salvos. El grupo de mercenarios probablemente tendría que esperar. Eso estaba bien. Regresaría en algunos años, una vez que Cliff se estableciera como una figura importante, y entonces lo discutiríamos. Aunque tendría que mantener vigiladas las cosas. Si, por ejemplo, resultaba que el papa era un apóstol del Dios Humano, no tendría más opción que apartar a Cliff de sus ambiciones en Millis. No sería justo con él, pero en ocasiones la vida es injusta.
“Si las demás órdenes de caballeros le preocupan, le sugiero actuar más temprano que tarde. Si arrestaron a uno de sus amigos, mientras mayor sea la espera, es más probable que pase algo terrible.”
“Estoy de acuerdo.”
Solo había pasado una hora desde que secuestré a la Niña Bendita. El peor escenario posible era que Aisha y Geese ya estuviesen bajo arresto, pero no había forma de que los caballeros hubiesen tenido el tiempo para encontrarlos a ambos, arrestarlos, y torturarlos. Aun así, mientras más tiempo permanezca oculto, más desesperados se volverían. Las personas hacían cosas locas cuando estaban desesperadas.
Bien. Lo siguiente va a ser una apuesta. Si esto sale mal, alguien va a morir junto con la Niña Bendita. Tengo que estar preparado para eso.
Me quería sentir preparado, pero no podía. Lo que yo quería era una carta del triunfo bajo mi manga.
“Oiga,” dije.
“¿Sí?”
“Dígame, ¿por qué me está ayudando? ¿Por qué solo se quedó ahí y me dejó secuestrarla?”
La Niña Bendita miró confundida hacia mí, pero luego sonrió suavemente. Esa sí que era una sonrisa digna del símbolo de la Iglesia de Millis.
“Le debo mi vida a usted y al guerrero de la Tribu Superd,” respondió ella.
¿Acaso vio eso en mis recuerdos? ¿O vio dentro de los recuerdos de Eris la última vez? Era imposible asegurarlo, pero fuimos Ruijerd y yo quienes trajimos a Eris antes.
Yo de todas maneras estaba escéptico—su respuesta fue muy parecida a lo que yo habría querido escuchar.
“¿Eso no lo convence? Entonces qué tal esto: yo estaba enojada—enojada de ver a mi nuevo amigo y mis más confiables sirvientes siendo forzados a matarse entre ellos.”
Hm…
“También quería agradecerle,” continuó ella, “por todo el tiempo que usted pasó conmigo haciéndome reír, y por el dibujo que hizo para mí. Como dice San Millis, Debes ser cortés y pagar lo que recibes.”
Hmmm…
“Yo desde un comienzo tenía la intención de encontrar una forma de ayudarlo en secreto cuando vino buscando ayuda por el bien de su madre… pero nunca me la pidió a mí.”
Debido a que yo todavía no decía nada, la Niña Bendita hizo un puchero, y dijo, “En primer lugar, usted solo me secuestró porque de un solo vistazo se dio cuenta de que yo no era su enemiga, ¿no?”
“Supongo,” dije.
Sí, supongo que había pensado eso. Fue por eso que la había secuestrado de inmediato, y cómo terminamos aquí, teniendo esta conversación.
Cierto. Era demasiado tarde para arrepentirse. Estar a la defensiva fue lo que me metió en este predicamento, y pensar no iba a mejorarlo.
Sin importar hacia dónde fuera a continuación, necesitaba asegurarme de que yo estaba en una posición ventajosa para poder conseguir lo que quería. Mis objetivos eran los siguientes:
Uno: Recuperar a Zenith.
Dos: Garantizar la seguridad de Aisha, Geese, y Cliff.
Tres: Asegurarme de no causar problemas a Cliff a largo plazo.
Cuatro: Instalar el grupo de mercenarios.
Cinco: Conseguir el permiso para vender las figuras de Ruijerd.
Seis: Convertir a Millis en un aliado.
Mi objetivo inmediato era tachar el uno y dos.
Esta vez, yo iba a realizar el primer movimiento. Había sacado una buena carta—la Niña Bendita. Tampoco era como si yo fuera una carta infalible. Entonces lo que debía hacer ahora era actuar primero y sin aviso… antes de que algún otro idiota que no entendía lo que estaba pasando pudiera complicar las cosas.
“Si todo esto sale bien, y no hago enemigos…” dije al final, “traeré a Eris de visita la próxima vez.”
“Eso me encantaría,” dijo la Niña Bendita.
Bueno, en marcha.
Fuimos de vuelta hacia la iglesia.
Deben haber pasado dos o tres horas desde mi pelea con el grupo de Therese. No había ni un solo Caballero de la Iglesia en las calles. Era casi espeluznante. Eso tenía que significar que Geese y Cliff no habían informado mi paradero. Yo había usado un pergamino de teletransportación para sacarnos a la Niña Bendita y a mí del jardín. La mayor parte de la sociedad ni siquiera sabía que los círculos de teletransportación existían, mucho menos los pergaminos. Los Caballeros de la Iglesia habían sellado la entrada hacia el jardín, así que la suposición lógica era que nosotros todavía estábamos en el interior. Tal vez le tomaría una hora a quien sea que esté a cargo deducir que habíamos escapado, y entonces ellos pasarían al siguiente paso: llamar al resto de los Caballeros de la Iglesia para revisar la ciudad. Agreguen otra hora para reunir un grupo de búsqueda. Finalmente agregué otra hora por demoras… para este momento, ellos podrían haber cerrado la ciudad, pero no deberían haberse movilizado todavía. ¡Movilizar a un batallón como ese no es fácil!
Tanto Cliff como Geese estaban al tanto de los círculos de teletransportación. Geese estuvo ahí cuando yo configuré este como una ruta de escape de emergencia, y Cliff me ayudó cuando dibujé el círculo de teletransportación en el sótano de nuestra sucursal en Sharia. Más aún: si Cliff o Geese me hubiesen traicionado, los Caballeros de la Iglesia habrían sabido hacia dónde llevaba el círculo de teletransportación. Podía descartarlos ahora mismo como soplones. Pero el papa y el cardenal deben haber supuesto que yo me estaba moviendo usando círculos de teletransportación. Ellos habían recolectado suficiente información sobre mí. Lo mismo aplicaba si el Dios Humano estuviera jalando de los hilos detrás de escena.
Había descartado a cada sospechoso. Qué extraño. Solo habían pasado unas horas, pero de seguro mi oponente estaba mal parado. No había forma de que Therese hubiese estado actuando sola. ¿Cierto?
Llegamos al cuartel general de la Iglesia mientras yo estaba reflexionando sobre el asunto. Mientras nos acercábamos, una procesión de sujetos en armadura azul comenzó a salir, uno tras otro.
“Es la Niña Bendita…”
“¡Rudeus trajo a la Niña Bendita!”
“¡Pidan refuerzos!”
Más y más y más de ellos salieron de la iglesia, y desde la ciudad a nuestro alrededor. Estuvimos rodeados en poco tiempo. ¿Cómo iba a salir de esta?
“Rudeus-sama,” dijo la Niña Bendita, “haga lo que haga, no se separe de mí.”
Yo no respondí. Ella era mi seguro de vida. Mantuve su brazo agarrado firmemente.
Ninguno de los Caballeros de la Iglesia tenía su espada desenfundada, pero sonaban bastante molestos. No iban a arriesgarse a lastimarla. Tal como la Niña Bendita había dicho.
“¡Cómo pudiste tratarla con tal violencia!”
“¡Al tomar de rehén a la Niña Bendita trajiste vergüenza a todos los seguidores de Millis! ¡No te saldrás con la tuya!”
“Rudeus, bastardo… incluso yo nunca he puesto mis manos sobre la Niña Bendita…”
Eso es, um, algo interesante por lo que estar enojado, pensé. Antes de siquiera poder hablar, todos habían asumido que la Niña Bendita era mi rehén. Bueno, no se equivocan. Después de noquear a su guardia y llevármela del lugar, ¿qué más se supone que iban a pensar? Tal vez quien sea que esté detrás de esto sabía cómo se vería.
“¡Capitán, vamos por él! Después de su batalla contra los Guardianes de Anastasia, a él no le debe quedar mucho poder mágico,” dijo un caballero.
“Todavía no—él debe tener suficiente en reserva como para matar a la Niña Bendita,” advirtió otro.
El primero respondió, “No hay problema. Si atacamos todos juntos, él va a salvar su propio pellejo antes de tratar de lastimarla.” Ese trató de seguir incitando a los demás. ¿Acaso era la mente maestra?
“¿A quién sirve?” pregunté en voz baja. “¿Al Dios Humano?”
“No,” susurró en respuesta la Niña Bendita. “Él trabaja para Su Santidad, el papa. No tiene conexión con el Dios Humano, y no creo que sepa los detalles de lo que ha ocurrido.”
Entiendo. Tal vez me estaba volviendo un poco paranoico. Bien. Es hora de empezar con esto.
“¡Demando hablar con el papa sobre los eventos del día de hoy! ¡Fuera de mi camino!” grité usando la voz más fuerte y amenazante que pude. En respuesta, los Caballeros de la Iglesia se pusieron más agitados.
“¡Cómo te atreves!”
“¿Crees que el papa le concederá una audiencia a alguien como tú?”
“¡Libera a la Niña Bendita de inmediato y enfrenta tu juicio!”
Algunos incluso comenzaron a desenfundar sus espadas.
Aunque cuando la Niña Bendita se retorció en mis brazos, todos ellos devolvieron sus espadas a sus vainas de mala gana.
Maldición, ellos están totalmente indefensos en su contra. Tuve la sensación de ello mientras estaba con los Guardianes de Anastasia, pero ella literalmente es una celebridad para ellos.
Aquí vamos… Aclaré mi garganta.
“¡Mi nombre es Rudeus Greyrat! ¡Represento al Dios Dragón Orsted! ¡Juro por su todopoderoso nombre que no deseo lastimar a la Niña Bendita!”
Levanté mi mano izquierda, mostrándoles el brazalete brillante que Orsted me había dado. No era la mejor prueba de identidad, pero servía como un bluff decente.
“¡No obstante!” continué. “¡Si mi solicitud de hablar con el papa es denegada, no puedo garantizar su seguridad! ¡Sepan que, al convertirse en enemiga de Rudeus Greyrat, la Iglesia de Millis será enemiga del Dios Dragón y todos sus seguidores!”
Yo me lo estaba jugando todo aquí. Incluso había memorizado un pequeño discurso. Estaba usando el nombre de Orsted sin permiso, pero eso debería estar bien. Además, él en realidad no tenía tantos seguidores. Eran solo detalles.
Los Caballeros de la Iglesia se alejaron un paso de mí. Con solo un par de palabras, les había hecho ver que yo no solo era un lamentable secuestrador de niños, sino alguien peligroso con una organización respaldándolo.
Ya había mostrado mis cartas. Genial.
“¡Demando una explicación de parte de Su Santidad por el vergonzoso ataque que sufrí más temprano! ¿Por qué fue realizado un intento de tomar la vida del representante del Dios Dragón? ¿Por qué mi madre está siendo mantenida cautiva? ¡Las respuestas a estas preguntas decidirán si su Niña Bendita vive o muere!”
Oigan, yo solo soy un visitante aquí. Un día, sin advertencia, fui acusado de planear un secuestro, e intentaron tomar mi vida. Ahora estoy enojado. En serio, estoy furioso. Quiero una disculpa, y compensación. Y mientras estoy aquí, también estoy haciendo de Zenith un problema de la Iglesia de Millis.
Hubo una pausa.
“¿Qué hacemos…?”
“¿Qué se supone que hagamos? Él tiene a la Niña Bendita como su rehén…”
Los Caballeros de la Iglesia todavía no me dejaban pasar. Ellos seguían confundidos. Supongo que eran un montón de gruñones que no querían tomar la decisión.
Tal vez su comandante saldría si yo esperaba. Al menos, eso es lo que estaba pensando, cuando—
“¡Permítanle el paso!”
“¡Fuera del camino!”
“¿Acaso van a permitir que la Niña Bendita sea asesinada ante nuestros ojos?”
De pronto, estalló una pequeña conmoción en la parte trasera del grupo. Cuatro hombres y mujeres se estaban abriendo paso. Yo conocía a tres de ellos. Eran parte de los Guardianes de Anastasia. Dolía ver las abolladuras en sus armaduras. Uno de los tres era Therese. Ella me vio, y luego bajó la mirada de la vergüenza.
La cuarta persona era un hombre a finales de sus cincuentas con una barba blanca. Su rostro estaba cubierto de profundas arrugas, pero su mirada era audaz y juvenil. ¿Quién era él? Nunca antes lo había visto. Él usaba una armadura azul, el uniforme de los Caballeros de la Iglesia, pero su armadura era un poco más elaborada que las demás. Un nivel más arriba que la de Therese.
Si los sujetos a nuestro alrededor fueran Caballeros de la Iglesia normales, y los Guardianes de Anastasia y Therese fueran Caballeros de la Iglesia de élite, entonces este sujeto era el Rey de los Caballeros de la Iglesia.
“Soy el comandante de la Unidad de la Espada de los Caballeros de la Iglesia. Mi nombre es Carlisle Latria.”
Ah. Así que él es Carlisle. Mi abuelo.
“Lamento que tuviéramos que conocernos bajo tales circunstancias,” respondí rápidamente. “Mi nombre es Rudeus Greyrat, hijo de Zenith Greyrat.” Carlisle me miró como un halcón. Sus ojos eran más penetrantes que los de Claire. Al menos en eso, esposo y esposa se parecían. No quería terminar en una discusión verbal con este sujeto.
“¿Eso es todo?” dijo él.
“… No.” Me tomó un momento entender lo que quiso decir, pero entonces recordé mi intercambio con Claire, y sacudí mi cabeza. Ahora mismo, yo era un subordinado de Orsted. Por supuesto, todavía era hijo de Zenith, pero ese no era el único papel que estaba asumiendo aquí. No podía haber negociaciones justas a menos que viéramos al otro como un igual.
“Mi nombre es Rudeus Greyrat, representante del Dios Dragón Orsted,” dije, inflando mi pecho y levantando mi mentón, tal como lo haría Eris. “He venido a demandar una audiencia con Su Santidad el papa.”
Después de que terminé, el rostro de Carlisle se suavizó por un breve momento. “Mm,” dijo él. Entonces, su expresión volvió a ponerse seria. “Lo llevaré con él. Por favor, sígame.”
Con esa penetrante mirada fija en su rostro, él se dio la vuelta y comenzó a caminar. Therese y los demás lo siguieron, viéndose acomplejados.
“¿Qué opina?” le pregunté en voz baja a la Niña Bendita.
“Parece que Therese simplemente estaba siguiendo órdenes del cardenal,” respondió ella. “Carlisle trató de no mirarme a los ojos, así que, en cuanto a él, no puedo asegurarlo.”
Ese era un truco útil. Entonces Carlisle era un misterio. No se sentía como un enemigo, pero no confiaba en él. Lo mejor era permanecer en guardia. Yo fui tras Carlisle y los demás, dejando atrás a los Caballeros de la Iglesia que se apartaron para abrirnos el paso, observándonos desde una distancia segura.
Él nos guio directamente hacia el santuario interior. Mientras caminábamos, los otros miembros de los Guardianes de Anastasia se posicionaron a nuestro alrededor. Ellos esta vez no estaban usando sus cascos. Todos ellos estaban ilesos y de pie sin problemas, probablemente gracias a la magia de sanación. Yo no iba a bajar mi guardia, pero su plan claramente no era atacarme.
En una batalla frente a frente, yo había roto su preciosa barrera de nivel Real y le había dado una paliza a cada uno de ellos. Si bien tampoco habían tenido la intención de matar, yo había sido blando con ellos. Deben haberse dado cuenta de eso. Todos teníamos muy claro quién era el más fuerte aquí, y por cuánto. Para colmo, yo tenía a la Niña Bendita. Ellos no iban a buscar una pelea con el tipo que los noqueó hace solo horas cuando su vida estaba en juego. Pero ¿por qué todos se veían tan incómodos? Bote era el peor. Él había estado evitando mi mirada todo este tiempo.
Aunque no estaba sintiendo hostilidad. No me daba esa sensación. De hecho, ni siquiera parecían estar en guardia por mi presencia. Si no estuviera seguro, diría que me estaban protegiendo.
Hmm…
Seguimos caminando a través del santuario interior por un tiempo. Antes de darme cuenta, yo había perdido completamente el sentido de la orientación. La culpa la tenían la ligera curva en el pasillo combinado con todas esas esquinas de setenta grados en las que habíamos girado…
La última vez que estuve aquí pensé que esta mazmorra de pasillos sinuosos era un laberinto.
“Este lugar es como un laberinto,” comenté.
“En efecto. Fue construido de esta forma para que el papa y yo podamos escapar rápidamente de ser necesario,” me informó la Niña Bendita. Entonces no era magia de barrera o algo de esa naturaleza. No tenía que preocuparme por ser repentinamente puesto a dormir o pisar una trampa explosiva.
“¡Así es!” Su club de fans comenzó a comentar orgullosamente a nuestro alrededor.
“¡La Niña Bendita conoce cada centímetro de estos pasillos!”
“¡Ella siempre solía escaparse de nosotros cuando jugábamos a pillarse!”
Así que estaba diseñado de esta forma para permitir que las personas importantes escapen. Era una medida de seguridad normal. Pero estaba comenzando a perder la noción de dónde estaba. Si fuese emboscado por detrás, no habría forma de salir… Esperen, no, yo simplemente podría abrirme paso a través del techo y salir por ahí. O las paredes… Bueno, probablemente había magia de barrera por todo el lugar, pero la piedra de absorción debería encargarse de eso.
Probablemente debí haber pensado esto un poco mejor antes de entrar, pero todo va a estar bien.
“¿Ya casi llegamos? Preferiría no entrar demasiado profundo…”
“Solo un poco más,” dijo Carlisle, sin mirar atrás.
¿De verdad? Es mejor que no me estés guiando hacia una trampa. Miré cautelosamente hacia los otros sujetos detrás de nosotros. Todos se estremecieron, y luego comenzaron a protestar.
“¡Carlisle-sama! ¡No debe ser grosero! ¡Al menos dese la vuelta cuando se dirija a él!”
“¡Quién sabe lo que podría hacerle a la Niña Bendita si se molesta!”
“¡Mi señor, mire estas abolladuras! ¿Ve lo que le hizo a mi Armadura de Caballero de la Iglesia? ¡Él posee un poder increíble!”
“Imagine la horrible cicatriz que podría dejar sobre la Niña Bendita si lo ofendemos…”
“¡Todos ustedes, silencio!” rugió Therese, y los otakus se callaron. Carlisle dejó de caminar y se dio la vuelta. Lentamente se posicionó de frente a mí.
“Solo un poco más.”
“… Gracias,” dije mientras asentía, y seguimos caminando.
Solo dimos más menos otros diez pasos para el momento que Carlisle se detuvo en frente de una puerta y anunció su llegada.
“He traído a Rudeus Greyrat para verlo, Su Santidad,” anunció él.
De verdad estaba solo un poco más adelante. Me sentía un poco mal por apresurarlo. Ahora que lo pienso, yo ya no sabía cuál era la dirección frente a mí, pero en realidad solo habíamos girado en dos esquinas. Si necesitaba una ruta de escape, tenía una.
“Pasen,” se escuchó la voz del papa. Carlisle se colocó de frente a la puerta, ofreció una breve plegaria, y entonces la abrió. Él sostuvo la puerta y me indicó que entrase.
“Adelante,” dijo él. Entré en la habitación mientras afirmaba con fuerza a la Niña Bendita. Parte de mí creía que era seguro soltarla… pero no. Todavía no podía bajar mi guardia.
Terminé en lo que parecía ser una sala de conferencias. Había una larga mesa en la cual había sentadas diez personas. Una de ellas era el papa. Cliff también estaba ahí, y un anciano usando ropa lujosa similar a la del papa. Ese tenía que ser el cardenal. También había un hombre cubierto de una armadura blanca. En la parte trasera de la habitación había siete caballeros de pie con sus manos juntas detrás de sus espaldas. Dos de ellos los reconocía como los guardaespaldas del papa. Todos estaban mirando hacia mí. Parecía ser que mi llegada había interrumpido un feroz debate. Ellos miraban en silencio hacia nosotros.
En el lado más lejano de la mesa estaban sentadas dos personas más. Una era una anciana, con sus labios fuertemente cerrados mientras miraba hacia mí. Era Claire Latria. Y junto a ella…
Está aquí, pensé. Finalmente la encontré. A su lado estaba sentada una mujer que miraba hacia el techo con ojos vacíos. Ella estaba cerca de los cuarenta años, pero se veía más joven. La mujer que mi padre había amado más que a cualquier otra persona en el mundo.
Era mi madre. Zenith.
Esperen un momento, pensé. ¿Por qué están aquí?
¿Qué estaba pasando? Yo aún no había hecho mis demandas. No le había pedido a nadie traerme a Zenith.
Portazo.
La puerta se cerró con fuerza detrás de mí, rompiendo con el silencio. Los Caballeros de la Iglesia se movieron para posicionarse frente a ella, de pie en fila como para encarar a los caballeros en la parte trasera de la habitación. Solo Therese tomó asiento en la mesa.
“Ahora que todas las piezas están sobre el tablero,” dijo el papa desde su asiento en el lado más lejano, “vamos a hablar, ¿quieren?” Aparentemente, muchas cosas habían ocurrido durante las últimas horas. No sirvió de nada hacer el primer movimiento. Yo era un peón en el plan de alguien más. Otra vez.
“Ugh,” suspiré a través de mis dientes.
“Rudeus-sama, Niña Bendita,” continuó el papa, “¿por qué no toman asiento?”
Parecía ser que yo tenía un talento para ser tomado desprevenido. Pero aún no había perdido.
Veamos hacia dónde nos lleva esto.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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