Un Problema de Ajedrez
Capítulo 2: Un Problema de Ajedrez
Al día siguiente, yo estaba de regreso dentro de una pequeña habitación apartada del mundo exterior, frente a frente al papa. Cliff estaba sentado a su lado.
“Su Santidad, espero que se encuentre bien,” dije.
Cliff sabía lo que había pasado anoche. Le conté todo sobre cómo Zenith había sido secuestrada, y él compartió mi furia por las tácticas salvajes de los Latria.
“Necesito la ayuda del papa,” le había dicho.
Ahora yo estaba en mi segunda audiencia seguida con Su Santidad. El papa tenía que tener muchas otras cosas de las cuales encargarse, pero sacó tiempo para mí.
“Debe estar exhausto, Rudeus-sama.”
“¿Es tan evidente?” dije.
Toqué mi rostro y sentí un cosquilleo, incluso aunque me acababa de afeitar. Había pasado toda la noche repasando mi encuentro con Claire, demasiado furioso como para dormir. Debo haberme visto horrible.
“Lo es. ¿Estoy en lo correcto asumiendo que es por eso que solicitó la audiencia del día de hoy?” respondió el papa.
Él actuaba como si hubiese visto a través de mí. Tal vez ya había escuchado sobre lo que ocurrió con Zenith.
“La verdad es, Su Santidad, que mi madre fue secuestrada anoche.”
“¿Oh? ¿Y por quién?” preguntó el papa. Su sonrisa nunca flaqueó mientras miraba hacia mí.
Esa forma de decirlo… Él sabe, pensé. ¿Podría ser que el papa estuviera jalando de los hilos detrás de escena? Esperaba que no.
“Los Latria,” respondí. Procedí a relatar los eventos de anoche.
Los ojos del papa se entrecerraron. “Y ahora, ¿usted desea mi ayuda en sus investigaciones?”
“Eso lo resume,” dije.
El papa acarició su barba parecida a la del Viejito Pascuero mientras consideraba mis palabras. Luego él miró hacia mí. Su sonrisa estaba intacta, pero no llegaba a sus ojos.
“En ese caso, necesitaré un favor de su parte.”
“¿Su Santidad?” dijo Cliff, perplejo. “Rudeus es mi amigo. Él no está aquí como parte de una facción en conflicto, sino por su familia. ¿De verdad cree que es apropiado negociar términos en tal asunto?”
“Piensa cuidadosamente, Cliff,” respondió el papa. Su voz era amable, pero estaba un poco cargada de reproche. “Esta es una disputa de la familia Latria. Yo puedo intervenir, pero eso significará interferir en los asuntos de otra familia. Dudo que los Latria tomen de buena forma que los Grimoire se involucren. Sin embargo, ellos me escucharán si voy hacia ellos en mi posición como papa. Al final del día, todo esto es entre una madre, su hija, y su nieto. Además, a menos que yo use esa autoridad, los Grimoire terminarían con una gran deuda con los Latria.”
Así que los Latria habrán lanzado un anzuelo para un pececillo y terminado pescando una ballena. Desde el punto de vista de la ballena, el negocio necesita algo más para valer la pena.
“Su Santidad, ¿qué quiere que haga?” pregunté.
“Oh, usted dice eso como si no fuera nada,” dijo el papa, “pero todo esto se siente demasiado bueno para ser verdad. ¿La mano derecha del Dios Dragón viene a mí, angustiado, buscando ayuda? ¿Qué instó a los Latria a convertirlo a usted en su enemigo?”
“… No lo sé. Es posible que los Latria no sepan quién es el Dios Dragón, ¿no?” Ahora que pensaba en cómo Claire había tratado a Aisha o cómo me había ignorado totalmente cuando llegamos, parecía obvio que ella me había mirado con desprecio desde el comienzo. ¿El Dios Dragón Orsted? la imaginaba diciendo, Nunca he escuchado de esa sucia deidad.
“Independiente de lo que pueda parecer, el Conde Latria se mantiene bien informado sobre lo que está ocurriendo en el mundo,” dijo el papa. “Él no permitiría que nada concerniente a un guerrero de su calibre se le escape de los dedos, y ciertamente no haría caso omiso de ello.”
¿Conde? Entonces no se refería a Claire, sino a su esposo—Carlisle.
“Yo… todavía no he conocido al conde,” respondí. “Sospecho que Claire, su esposa, puede estar haciendo esto sola. Ella no sabe nada.”
Incluso si ella supiera quién era yo, diferentes personas tenían diferentes visiones de lo importante que era alguien. Yo no era un noble, ni tampoco jugaba un papel importante en algún gobierno. Yo servía a este supuesto Dios Dragón, pero si bien Claire puede haber escuchado el nombre, ella no tenía idea de quién era él más allá de eso. Yo tenía una cierta conexión con Ariel, pero ella no sabía lo cercanos que eran nuestros lazos. En cuanto a Claire, yo solo estaba dando grandes nombres solo para hacerme sonar importante. De ser así, yo difícilmente tenía mucha importancia dentro del mundo de Claire.
“Es cierto que Latria-sama tiene la tendencia a darle demasiada importancia a los títulos y el linaje. Lo que usted dice es plausible…” dijo el papa. Él acarició pensativamente su barba, para luego asentir suavemente. “Bueno, ¿por qué no? ¡Como dicen, sin riesgo no hay recompensa! En cuyo caso, Rudeus-sama… ¿Qué es lo que usted puede hacer exactamente por mí?”
¿Qué puedes hacer por mí? Poniéndolo de otra forma, él estaba preguntando: ¿Qué estás dispuesto a hacer por mí? Él quería saber hasta dónde llegaba mi lealtad.
“Bueno…” comencé a decir, pensando en mi idea de la noche previa. La repentina idea genial que había descartado como demasiado temeraria. “Secuestrar a la Niña Bendita estaría dentro de mi poder,” dije.
“¿¡Secuestrar!?” exclamó inmediatamente Cliff. “¿¡Acaso estás demente, Rudeus!?”
“Básicamente estoy diciendo que podría golpear a los Expulsionistas de Demonios donde más les duele.”
“¡No me refería a eso! ¡Si secuestras a la Niña Bendita por esto, podría significar el fin de la Casa Latria! ¿¡De verdad estás dispuesto a destruir a tu propia familia!?”
Me di la vuelta lentamente hacia Cliff. “¿Los Latria?” dije. “Ellos no son mi familia.”
Cliff apartó su mirada, claramente sin palabras. La sonrisa del papa se mantuvo en su lugar.
“Por supuesto,” continué, “solo sugerí eso debido a que parece que podría tener valor para Su Santidad. Yo podría reducir toda una ciudad a cenizas, o borrar del mapa un bosque, si eso es lo que se requiere.”
Solo lo dije como una demostración de fuerza, mostrando lo que tenía bajo mi manga, pero el papa volvió a acariciar su barba. ¿Acaso suena demasiado bueno como para ser verdad? me pregunté. Él fácilmente podía sospechar que alguien estaba tratando de tenderle una trampa. Si él quería investigarme, eso estaba bien por mí. Yo no tenía nada que ocultar. Mi único plan era recuperar a Zenith.
Repentinamente, Cliff gritó, “¡Estoy en contra de esto! El secuestro es un crimen. ¡Abuelo, los Latria pueden ser nuestros enemigos, pero si hablamos con ellos, de seguro podemos resolver las cosas!”
El papa no respondió.
“¡Y tú, Rudeus!” continuó Cliff. “¿Cómo puedes rebajarte a su nivel? Tú no eres así… ¿Estás seguro de que esto no es solo tu enojo hablando?”
¿Mi enojo? Sí, absolutamente. Las acciones de Claire me habían llenado de ira. Sí, yo estaba furioso. Honestamente era un milagro que no hubiese pasado directamente a la violencia. No habría estado ni de cerca así de furioso si Zenith no hubiese estado involucrada. No me enojé cuando Eris fue herida en la batalla con el Emperador del Norte, o cuando Roxy casi muere en la batalla contra el Dios de la Muerte. ¿Por qué? Porque ellas habían elegido eso. Ellas habían ido conmigo por voluntad propia, entendiendo completamente los riesgos. Si hubiesen muerto como resultado, yo habría estado devastado. Habría respetado sus elecciones, lleno de lamento por haber sido demasiado débil como para protegerlas. ¡Pude haber prevenido esto! habría pensado.
Pero ahora mismo, Zenith no tenía elección. Ella no había consentido ni rechazado la invitación en la carta. Ella estaba aquí debido a mí. Y ahora podría terminar casada con un extraño, forzada a tener sus hijos. Si Zenith hubiese sido capaz de elegir, si ella hubiese decidido venir, sería una historia diferente. Si ella se hubiese negado y luchado contra Claire solo para eventualmente darse por vencida, yo aun así podría haberlo dejado pasar. Solo al punto de que yo no estaría enojado, pero igual. Creo que habría sido consumido por algo más. Algo diferente al enojo, la clase de desesperación que te daba ganas de terminarlo todo. Un sucio y patético sentido del autodesprecio, esa clase de impotencia. Eso habría sido mucho más difícil de soportar que el enojo, pero aun así lo habría dejado pasar.
Pero ¿esto? No podía dejar pasar esto. No podía dar un paso al costado y permitir que Zenith sea tratada como un objeto solo porque no podía decir que no. Tal vez esa era la razón de que yo quisiera infligir esa clase de impotencia en Claire. Quizá lo que yo quería era verla perseguida y denunciada: ¡Es tu culpa que la Niña Bendita fuera secuestrada! ¡No trates de negarlo! Quería que ella sintiera esa clase de desesperación y sensación de derrota. Quería venganza.
… Vaya, soy un verdadero bastardo.
“Todavía hay tiempo, Rudeus,” suplicó Cliff. “Regresa y habla con ellos. Yo incluso iré contigo.”
“Cliff…”
“¿Acaso los Latria no hicieron todo lo posible para ayudar en tu búsqueda de Zenith? De seguro eso prueba que se preocupan por tu madre y tus hermanas. Todavía es posible que todo esto sea un malentendido. Si todos se reúnen y lo conversan, tal vez puedan terminar en la misma página.”
Sus palabras me hicieron pensar un poco, pero yo sabía lo que había ocurrido. Hablar es genial—cuando se podían arreglar las cosas hablando. Pero esa bruja no iba a escuchar. Nuestros valores y actitudes eran demasiado diferentes. Me sentí como si estuviera tratando de razonar con alguien de un lenguaje diferente. ¿Cómo se supone que iba a solucionar las cosas hablando si ni siquiera podíamos entendernos?
Al mismo tiempo, debía aclarar mi cabeza y luego volver a pensarlo.
“… Tal vez tienes razón,” dije.
Claire y yo teníamos diferentes valores, eso era todo. Tal vez con un tercer grupo ahí que pudiera mediar podríamos llegar a una solución. Aunque no podía ser el papa, no con su posición; si él mediaba, solo terminaría debiéndole favores a los Latria. Cliff tampoco era ideal. Él todavía era un donnadie en este país—Claire podría no estar dispuesta a escucharlo. Sin embargo, había alguien más a quien podía pedírselo. Alguien que podría llegar a Claire, y que no terminaría llevándonos a una guerra de facciones.
Para ser honesto, debí haber ido primero con ella, no con el papa.
“Le preguntaré a Therese si puede ayudar… Me disculpo, Su Santidad. Por favor, olvide que mencioné todo eso del secuestro.”
“Considérelo hecho,” dijo el papa con una sonrisa amable. “Incluso dentro de los Caballeros de la Iglesia, Therese es una mujer de integridad. Estoy seguro de que ella estará feliz de ayudarlo.”
Yo asentí y Cliff dejó salir un pesado suspiro de alivio.
Decidí trabajar en Therese comenzando al día siguiente. Solo había un pequeño problema: Therese era la capitana de los guardias de la Niña Bendita. Dentro de las filas de los Caballeros de la Iglesia, ella era una capitana dentro de la Unidad del Escudo. Pasaba cada día viviendo junto a la Niña Bendita, siempre ahí para protegerla. Ah, ¿qué hacía normalmente la Niña Bendita? Nada de nada. Tal como el papa y otros, ella estaba confinada al santuario interior del cuartel general de la iglesia. Aparentemente, ella solía salir de vez en cuando, pero después de algunos incidentes que incluían un intento de asesinato casi exitoso, ella durante mucho tiempo no había estado afuera, excepto por asuntos de la iglesia. Además de este gran número de caballeros y magos especializados en magia divina y de barrera posicionados en el cuartel general de la iglesia, también había alrededor de diez guardias que estaban dedicados exclusivamente a la protección de la Niña Bendita. El santuario interior era una de las ubicaciones más seguras que pudieras imaginar. Therese siempre estaba junto a la Niña Bendita, así que entrar para verla no iba a ser fácil. No le llegarían las cartas, e incluso si yo iba y la buscaba directamente, ella no saldría para verme. Casi deseaba haber conseguido en cambio la ayuda del papa.
Pero no era imposible.
Esto solo se basaba en lo que el papa me dijo, pero parecía ser que la Niña Bendita no pasaba cada segundo de cada día encerrada en su habitación. Cada un par de días, a ella se le permitía salir brevemente hacia los jardines interiores de la iglesia. Su recreo, por así decirlo. Ella salía al jardín, el cual estaba abierto a los fieles normales, miraba hacia las flores y los árboles, charlaba con sus guardias, y ocasionalmente hablaba con un visitante normal. Al vivir en este pequeño y hermético mundo, estas breves salidas eran todo lo que esperaba con ansias la Niña Bendita.
Estas salidas eran mi oportunidad para ver a Therese.
Pero no podía merodear abiertamente mientras la esperaba. Eso levantaría sospechas innecesarias. La Niña Bendita era una persona importante. No importaba si yo tenía asuntos con Therese. Si llegaba a parecer que ella era mi objetivo, podría terminar con los Caballeros de la Iglesia tratando de matarme.
Es por eso que decidí ir a los jardines de la iglesia prácticamente cada día. Entré en la iglesia como si fuera mi derecho, presentándome como el guardaespaldas de Cliff antes de entrar a los jardines. Salí con la excusa de que había adquirido un interés por los Árboles Sarakh. Yo incluso llevé algunos lienzos para poder dibujarlos. El dibujo no tomaría un solo día, así que me daba una buena coartada para estar siempre en el jardín.
Mientras tanto, Geese y Aisha estaban avanzando con todo lo demás. Aisha recorría la ciudad como un tren bala en busca de un edificio para albergar el grupo de mercenarios. Mientras tanto, Geese usaba sus contactos para mantener vigilados a los sirvientes de los Latria. Por supuesto, aún no había pistas.
Los tres seguimos así hasta que finalmente llegó el día que apareció la Niña Bendita.
“¡Ah, Rudeus-sama!” gritó ella tan pronto como me vio, corriendo en mi dirección. “¡Ha vuelto el día de hoy! ¡Ahora debe contarme sobre Eris-sama, tal como prometió!”
Le di en el gusto, repasando lo más reciente de la vida de Eris. Hubo muchas buenas historias, y la Niña Bendita las escuchó con entusiasmo. Sus guardias me mantuvieron vigilado. Su trabajo era mantener a las personas sospechosas lejos de la Niña Bendita—asegurarse de que no sufriera ningún daño. Pero ¿yo? Yo no soy sospechoso. Todos sabían que yo era amigo de Cliff y familiar de la Capitana Therese.
Después de que terminé de hablar con la Niña Bendita, fui a discutir mis preocupaciones con Therese.
“Ah, eso…” dijo ella. Aparentemente también se había enterado del secuestro de Zenith. Ella de inmediato tomó el asunto seriamente.
“Difícilmente puedo creer que Madre haría algo tan barbárico…” dijo ella. “Escucha, pronto tendré un día libre. También iré a hablar con mi madre. No te preocupes, Zenith mientras tanto no será casada con un hombre extraño. Estoy segura de ello.” Ella se llevó su mano hacia sus pechos (los cuales eran tan grandes como los de Zenith) mientras hacía esta promesa.
Sentía que podía confiar en ella.
“El único problema es,” agregó ella, “que Madre estuvo rotundamente en contra de que yo me convirtiera en una caballera, así que podría no escucharme.”
“Entonces… ¿Qué hacemos si no escucha?”
“Si las cosas llegan a eso, hay hilos que yo puedo tirar. Hablaré con Padre, o mi hermano mayor. Solo déjalo en mis manos.”
De verdad sentía que podía confiar en ella.
Pasaron los días. Aún no había señales de Zenith. Geese me dijo que ninguno de los sirvientes estaba actuando de forma sospechosa. No hubo reuniones secretas fuera de la mansión Latria ni extraños entrando y saliendo de la casa. Obviamente tampoco había señales de alguien que se pareciera a Zenith entrando o saliendo. Geese supuso que eso quería decir que Zenith probablemente estaba dentro de la casa.
Aisha había establecido exitosamente la nueva sucursal del grupo de mercenarios. El edificio era una antigua taberna en una esquina del Distrito Comercial. Ella ahora estaba en el proceso de conseguir los suministros de comida en conserva y ropa. Yo coloqué una tableta de contacto en el sótano junto con un círculo de teletransportación de emergencia. El círculo de teletransportación de emergencia estaba conectado a un pergamino que yo mantenía conmigo y que usaba cristales mágicos. Solo podía ser usado una vez. Esperaba no tener que usarlo.
Yo inmediatamente usé la tableta de contacto para llamar a Orsted y pedir su consejo.
“… Y eso nos lleva a este momento,” dije, llegando al final de mi explicación.
“Entiendo,” respondió Orsted. Él procedió a darme información nueva, junto con sus predicciones para los próximos movimientos del Dios Humano.
Primero, él me contó sobre la Niña Bendita.
La Niña Bendita. Ella no tenía otro nombre, prohibiéndosele cuando fue acogida por la iglesia. Desde ese día en adelante, a pesar de que todos la veneraban en público, en realidad ella se convirtió en una herramienta. La Niña Bendita poseía una habilidad llamada robo de recuerdos. Cuando miraba dentro de los ojos de una persona, ella podía ver sus recuerdos.
Su trabajo era llevar a cabo las inquisiciones. Ella era llamada tanto para las investigaciones internas de la iglesia como para los casos de las cortes públicas para leer la memoria de los sospechosos. Una palabra de la Niña Bendita era suficiente para condenarte, incluso si eras un noble o un obispo que logró el crimen perfecto. El detector de mentiras definitivo. El propio Rey de Millis atestiguó sus poderes. Ella era la razón principal de que la facción del cardenal estuviera en ascenso, mientras la facción del papa estaba en declive.
Pero recuerdos… Ella puede ver recuerdos. Solo verlos.
Una pequeña parte de mí se preguntaba: ¿Qué tal si la Niña Bendita podía devolverle sus recuerdos a Zenith? Orsted dijo que probablemente era imposible, dado que los poderes de la Niña Bendita solo se limitaban a ver, pero igual…
Si se presentaba la oportunidad, yo iba a pedirle que lo intente. Desafortunadamente, los no creyentes no podían aparecer y tomar prestada a la Niña Bendita cuando quisieran. La iglesia, la cual en realidad se refería al cardenal, mantenía un control estricto sobre el uso de sus poderes. Tenías que conseguir su permiso. No solo los forasteros, sino todos—incluso la familia real o el papa. La Niña Bendita estaba fuera de alcance. Puede que haya conseguido caerle bien, pero eso no quería decir que podía pedirle que pasara por la mansión Latria y expusiera sus mentiras para mí.
Otra cosa sobre la todopoderosa Niña Bendita era que su destino era extremadamente frágil. No existió ningún bucle donde ella llegó a los treinta años, y con frecuencia moría cerca de sus diez años. Orsted dijo que, dado su destino y sus poderes, las probabilidades de que fuera un apóstol del Dios Humano eran prácticamente inexistentes.
Ahora hablaremos de la Casa Latria. Actualmente había cuatro miembros mayores de edad, sin incluir a Zenith.
El jefe de la familia, el Conde Carlisle Latria.
Su esposa, la Condesa Claire Latria.
Su hijo mayor, el Caballero de la Iglesia Edgar Latria.
Su cuarta hija mayor, la Caballera de la Iglesia Therese Latria.
Su hija mayor, Anise Latria, se había casado con el Marqués de Berkrant, cuya propiedad estaba en una ciudad a un día de viaje al oeste de Millishion. Así que ella no estaba en la ciudad. Lo mismo aplicaba a su hijo mayor, Edgar. Él era un capitán de poca antigüedad en los Caballeros de la Iglesia, y estaba desplegado en la misma ciudad que Anise. Su padre, Carlisle, era un comandante de trayectoria dentro de los Caballeros de la Iglesia. Su papel lo mantenía extremadamente ocupado, y en su deber casi siempre estaba desplegado en el cuartel. Él regresaba a casa cada diez días. Como había concluido a partir de mi investigación previa, Therese, como capitana de la guardia de la Niña Bendita, permanecía en la iglesia. Ella esencialmente vivía ahí incluso cuando no estaba cumpliendo sus deberes. Esto quería decir que, en la práctica, Claire era la señora absoluta de esa mansión.
También le pregunté a Orsted sobre Claire.
Claire Latria era la hija mayor de la familia Latria. Siendo una persona increíblemente testaruda desde el día que nació, ella fue criada para ser exigente consigo misma y aquellos a su alrededor. Ella nunca, nunca se retractaba cuando tomaba una decisión, y aparentemente sería así hasta el día de su muerte. Carlisle se había unido a su familia. Ellos tenían un hijo y cuatro hijas. Según el conocimiento de Orsted, ella era una mujer de la nobleza común y corriente que nunca haría nada particularmente notable, y que dejaría el mundo y que este permanecería igual, como si ella nunca hubiese existido. Ella valoraba la justicia y detestaba el crimen. Orsted dijo que ella no era del tipo que iba por ahí secuestrando gente.
Orsted además me dio un informe detallado sobre las luchas por el poder dentro de la Iglesia de Millis. Como yo ya sabía, la iglesia estaba dividida entre la facción del papa y la facción del cardenal. La división entre los dos ocurrió hace alrededor de tres años. Hasta esa división, la Iglesia de Millis había seguido la palabra de las escrituras, donde estaba escrito que todos los demonios deben ser destruidos, y expulsaban a toda la raza demoniaca. Esta era la postura de la iglesia hasta que un sacerdote se centró en que todas las razas son iguales bajo los ojos de Millis, y argumentó que ¿acaso a partir de eso los demonios no deberían ser tratados como iguales? y por lo tanto gatillando la división. La lucha por el poder entre la facción expulsionista de demonios y la facción integracionista de demonios había estado en marcha desde entonces.
Así estaban las cosas ahora:
La facción del papa—la del abuelo de Cliff—apoyaba la integración de los demonios. Actualmente, esta facción era la más grande. La mayoría de los plebeyos de Millis y los Caballeros Misioneros pertenecían a esta facción. Es comúnmente conocida como la facción del papa, la facción integracionista, etc.
La facción del cardenal apoyaba la expulsión de los demonios. Ellos controlaban a la Niña Bendita. Los Caballeros de la Iglesia y la mayor parte de las familias nobles más antiguas como los Latria pertenecían a esta facción. Es comúnmente conocida como la facción del cardenal, la facción de la Niña Bendita, los Expulsionistas de Demonios, etc.
La familia real y los Caballeros de la Catedral eran neutrales. Hace alrededor de cuarenta o cincuenta años, cuando los expulsionistas estaban ganando, otras razas en Millishion enfrentaron severos prejuicios y hubo muchas peleas con el Gran Bosque. Pero, al final, los integracionistas habían puesto fin a esta relativamente grave trifulca con la raza demoniaca. Su influencia había crecido, y un cardenal que favorecía la integración había tomado el asiento del papa. Después de eso, la facción integracionista tuvo el poder para hacer lo que quisiera, pero entonces nació la Niña Bendita y los expulsionistas se habían reunido a su alrededor. Un arzobispo expulsionista fue ascendido a cardenal, y el balance comenzó a inclinarse a favor de los expulsionistas. Y eso nos llevaba al presente.
Finalmente, la interferencia del Dios Humano. Orsted dijo que actualmente no había nadie de una importancia particular en Millis. Con Millis siendo el país que era, cuando Laplace comenzara su guerra, nunca se aliaría con los demonios sin importar quién estuviera a cargo. Eso quería decir que todas las maquinaciones políticas eran una pérdida de tiempo tanto para Orsted como para el Dios Humano.
Por supuesto, mi resultado ideal tendría a Cliff en el asiento del papa. Era posible que el Dios Humano estuviera orquestando algo para prevenir que eso ocurra, pero de ser así, él tenía una forma extraña de hacerlo. Secuestrar a Zenith no tenía absolutamente ninguna relación. No, ahora mismo no tenía que preocuparme por el Dios Humano.
“Cuando tienes dudas, mata. Las intenciones de tus enemigos morirán con ellos,” me dijo Orsted. Sentía que de verdad podría hacer eso.
Esa por ahora era toda la información por parte de Orsted. Probablemente debí haber investigado todo eso de antemano. Dicho eso, la decisión de venir a Millis había sido una repentina, y mi plan era solo venir, saludar, e irme. Había sido un poco demasiado optimista. Cuando fuera la hora de ir hacia el Reino del Rey Dragón, yo estaría más preparado.
Pasaron algunos días más, y entonces Therese vino hacia mí con buenas noticias.
“¡Ella no lo dijo explícitamente, pero Madre más o menos admitió que tiene a Zenith!” anunció ella.
“¿¡De verdad!?”
Therese había usado uno de sus poco habituales días libres para ir a ver a Claire por mí. Ella había llenado a su madre de preguntas hasta que logró conseguir una confesión indirecta de que Claire había ordenado a un sirviente engañar a Geese y secuestrar a Zenith, y que ella ahora estaba reteniendo a Zenith en alguna parte.
“Pero hay algo extraño en ella…” dijo Therese. “Como si estuviera ocultando algo, o teniendo sentimientos encontrados. Estoy segura de que no tiene la seria intención de casar a mi hermana, pero aun así…”
“Mmm… ¿Qué hay de la ubicación de Zenith?”
“Lo siento, pero no pude sacársela,” dijo Therese, con su rostro nublándose. Sus intentos de sacarle la ubicación a Claire habían fracasado. Ella había tratado de persuadir a su madre de devolverme a Zenith. No sé lo que ha hecho con Zenith, pero de seguro estás exagerando con la idea de tratar de encontrar un compañero a una viuda que ha perdido su mente.
¡Probablemente no te has dado cuenta de lo increíble que es Rudeus, pero él es un hombre que puede aparecer de la nada y ver al papa! De verdad tienes que tratarlo con más respeto.
Si él dice que cuidará de ella mientras siga con vida, ¿por qué no solo permitirle hacerlo?
Pero Claire había permanecido firme y se rehusó a dar una respuesta clara.
“Al final, ella comenzó a preguntar cuándo me iba a casar yo…” suspiró Therese. “Lo siento. Cada vez que ese tema sale a discusión, nosotras siempre terminamos peleando.”
“Mmmm…”
Geese me dijo que, por lo que había notado, nada había sido puesto en marcha desde el secuestro. Therese dijo que parecía que Claire estaba ocultando algo, o que tal vez tenía sentimientos encontrados. El propio Orsted dijo que el secuestro era algo muy fuera de lo normal en su caso.
Definitivamente algo ocurría con Claire.
Pero incluso si era así, ¿entonces cuáles eran sus motivos? No era como si ella alguna vez se hubiese detenido a pensar en mí y mis sentimientos. Ella actuaba como si yo no existiera.
“Pero oye,” dijo Therese, interrumpiendo mis pensamientos, “la Casa Latria ni siquiera puede encontrarme un esposo a mí. No hay forma de que Claire encuentre alguien que se case con Zenith así como así.”
“… ¿Qué? Ah, sí, tienes razón. Definitivamente.” Yo la verdad no entendía qué tenían que ver sus posibilidades con las de Zenith, pero oigan, le tomaría la palabra.
“Madre simplemente es demasiado testaruda. La próxima vez la atacaremos desde todos los flancos. He hablado con Padre, y les he pedido venir a mi hermano y hermana. Puede que no lo creas, pero Madre siempre toma en serio las palabras de Padre. Si tanto él como mi hermano hablan con ella, sé que al menos escuchará.”
“Has pensado en todo… Muchas gracias,” dije.
“No me agradezcas,” respondió ella. “Mi madre comenzó todo eso.”
Therese había hecho un trabajo fantástico, tanto que debía preguntarme qué diablos había motivado este nivel de devoción. Yo solo me la había encontrado una vez antes, tal vez dos…
“Pero si quieres agradecerme, podrías presentarme a algunos caballeros de Asura, tal vez algunos nobles de ahí—”
“¡Therese! ¿Ya terminaste?” La Niña Bendita se acercó a nosotros justo cuando nuestra conversación estaba llegando a su fin. El comportamiento de Therese cambió en un instante.
“¡N-Niña Bendita! Ruego su perdón, no debería estar discutiendo mis asuntos personales mientras estoy de guardia.”
“¡No te preocupes! Después de todo, él es el esposo de Eris-sama. Le debo mucho a ella, y San Millis siempre está observando.”
Ah, ahora tenía sentido. Therese no me estaba ayudando solo por mi bien, sino también por el de Eris. Esta de hecho podría ser la primera vez que alguien me había agradecido por algo en lo que Eris estuvo involucrada.
Está decidido. Traería a Eris aquí una vez que los niños crezcan un poco.
“Niña Bendita, ya casi es hora.”
“Debemos escoltarla a su habitación.”
“¡Rudeus-sama, siga con el buen trabajo!”
Últimamente la actitud de los caballeros otakus hacia mí se había suavizado un poco. Cuando vine por primera vez, mis conexiones con la facción del papa habían puesto en alerta a todos los guardias, pero ellos estos días no me miraban con tanta sospecha. Siempre estarían en alerta, pero parecían haber decidido que yo era un grupo neutral. ¡Qué bien!
Bueno, después del esfuerzo que había puesto en ello debía ser así. Había hecho lo imposible por ser un completo macho beta, rehusándome a hablar de una manera desagradablemente solemne debido a su posición y siempre haciéndola sonreír con historias interesantes. Pasar tiempo conmigo siempre ponía de buen humor a la Niña Bendita, y oí que ella esperaba con ansias mis visitas después de que regresaba a su habitación. Me había esforzado mucho para que fuera así. No hacía daño que Therese, la capitana de su guardia, me tratara de forma tan cordial. Cuando la propia capitana bajó su guardia a mi alrededor, las sospechas comenzaron a sentirse estúpidas y demasiado cautelosas.
Para ser honesto, ellos probablemente deberían ser más cautelosos. Yo podría haber secuestrado a la Niña Bendita en cualquier momento de así quererlo. Tampoco lo haría. A pesar de que, si los esfuerzos de Therese en persuadir a Claire no llegaban a ninguna parte, y yo no recuperaba a Zenith—si yo realmente era arrinconado y no me quedaban otras opciones…
Sí, entonces lo haría.
En última instancia, yo siempre pondría a Zenith primero. Si no, no podría darle la cara a mi difunto padre, o Lilia, quien estaba cuidando a una embarazada Sylphie mientras yo estaba fuera. Fue por eso que me aseguré de nunca encontrarme con la mirada de la Niña Bendita. Yo sabía que ella podía ver recuerdos, pero no lo profundo que podía llegar. Quién sabe, podría ni siquiera llegar lo suficientemente profundo como para ver lo seriamente que estaba considerando secuestrarla.
Pero, por otro lado, podría. La opción cien por ciento segura era asegurarme de nunca hacer contacto visual con ella. Estaba bastante seguro de que ninguno de los guardias se había dado cuenta—incluso si algunos de ellos lo habían hecho, por lo que escuché, todos trataban de evitar la mirada de la Niña Bendita incluso dentro de la iglesia. Supongo que a nadie le gustaba la idea de alguien husmeando en sus recuerdos. Que yo hiciera lo mismo no parecería tan sospechoso.
Secuestrarla sería fácil.
Todo lo que tenía que hacer era colocar un pergamino de teletransportación bajo la silla donde la Niña Bendita siempre se sentaba. Cuando llegara el momento, yo distraería a los guardias para luego activar el pergamino para teletransportarla lejos. Después de que ella desapareciese justo frente a mí, yo definitivamente sería un sospechoso. Pero no habría evidencia. La tinta del círculo mágico desaparecería, dejando solo el papel. A la mayoría de las personas no se les ocurriría sospechar de la teletransportación.
El círculo de teletransportación estaría conectado a la sucursal del grupo de mercenarios, la cual estaba llena de comida y ropa para cuando iniciáramos las actividades. Tendría a Aisha vigilando a la Niña Bendita ahí mientras yo iniciaba las negociaciones.
Pero no quería usar ese plan si podía evitarlo. Me sentiría mal por hacerle eso a Therese. Ella estaba de mi lado, enojada de que Claire hubiese sido tan cruel, y había llegado tan lejos como para llamar a sus hermanos de vuelta a Millishion desde un lugar muy lejano. Yo no sabía cómo Carlisle, quien tenía que estar cerca, se sentía sobre todo esto. Pero la propia Therese estaba esforzándose de corazón para tratar de convencer a Claire.
Si la Niña Bendita era secuestrada, ese sería su fracaso.
“Therese, si no es mucha molestia para ti, estaría muy agradecido que me presentes a Carlisle-sama, y también a mi tío y tía. Realmente espero conocerlos, y quiero solicitar personalmente su ayuda.”
“Ah, por supuesto.”
Pero si eso era lo que debía hacer… Si debía hacerlo, estaría listo para ello. Si deshonrarme a mí mismo me permitía mantener mi promesa con Paul y Lilia, yo lo haría. Pero le daría su oportunidad a Therese. Si parecía que sus esfuerzos no llegarían a ninguna parte, tal vez secuestraría a la Niña Bendita después de enfrentar a los guardias en una pelea justa. Sin trucos sucios.
Un plan totalmente opuesto al que había preparado.
“Desearía que Madre se esforzara por encontrarme un esposo a mí, ya que Zenith claramente tiene a un hombre estupendo encargándose de ella…” dijo Therese con un suspiro.
Ella se marchó, quejándose mientras lo hacía. Bajé mi cabeza hacia ella una vez más mientras pensaba, Créeme, no quieres a un hombre como yo.
Pasaron algunos días más. Era de mañana. Habían pasado cuántos, ¿catorce? Tal vez quince desde que había llegado a este país. Después de que Aisha terminó de montar la sucursal para el grupo y empezó a ayudar con la investigación de Geese, los dos me trajeron información nueva. Ayer, un trabajador de una sastrería había visitado la mansión Latria. Aisha le pagó a alguien para traerle al sastre, el cual reveló que habían sido llamados para tomar las medidas de una mujer para un vestido de novia. La mujer estaba un poco pasada de años para ser una novia, y sus ojos estaban vacíos. Esa era Zenith, sin lugar a dudas.
Más noticias: el mayordomo de Claire se había encontrado algunas veces con alguien de la iglesia en secreto. La única conclusión natural era que Claire estaba escogiendo un esposo para Zenith. Y si ese era el caso, nos estábamos quedando sin tiempo.
Todavía no era el momento para entrar en pánico. Después de recibir el mensaje de Therese, el hijo y la hija mayor de los Latria estaban camino aquí. Ellos habían enviado una carta, según me dijo Therese, en la cual decían, “Casar a una hija que ni siquiera puede hablar por sí misma es algo absolutamente impermisible.” Era genial saber que mi tía y tío eran personas decentes.
Yo aún no había visto a Carlisle. Él probablemente estaba ocupado con sus deberes como un comandante militar. Therese me tranquilizó, diciendo, “Padre nunca aprobaría lo que Claire ha hecho.”
Aisha también tenía buenos recuerdos del jefe de la Casa Latria. Ella me dijo, “Él siempre fue amable conmigo.” No tenía idea de lo que diría sobre el asunto de Zenith, pero quería hablar con él pronto. Claire no podía seguir con esto si su esposo y toda la familia estaba en su contra. Ella podrá estar a cargo de la mansión, pero no era la jefa de la familia. No importaba lo que ella había planeado—la tenía en jaque.
No podía agradecerle lo suficiente a Therese por cómo había entrado en acción para ayudarme. Incluso si las cosas salían mal, ahora sabía dónde estaba Zenith, y tenía una idea de cuán bien equipada estaba Claire para luchar contra mí. Si contactaba a Therese de antemano, estaba bastante seguro de que ella me daría la disposición de la mansión y además me diría dónde creía que estarían los guardias.
Pero si Carlisle se ponía de mi lado, no habría necesidad de la violencia. Yo me abriría paso decididamente hacia Zenith, le diría lo que pienso a Claire, y ese sería el fin del asunto.
Cielos, qué alivio. De verdad parecía que podría terminar esto sin generar consecuencia para otros más allá de los Latria y yo. Eso quería decir evité darle problemas a Cliff y conseguí establecer una relación amistosa con los otros Latria. Había habido algunos giros inesperados a lo largo del camino, pero todo parecía que iba a funcionar. Fue bueno no haber hecho nada estúpido. Contactar a personas a mi alrededor y usarlas para construir puentes fue la decisión correcta. Nunca había habido la necesidad de secuestrar a la Niña Bendita. ¡Sip! Yo no había estado pensando con claridad. Solo tuve esa idea descabellada porque había querido una solución rápida. Pero al final, el que avanza lento pero constante siempre gana la carrera. Bueno, miren el progreso que hemos hecho. Cada pieza estaba sobre el tablero, y podía ver un jaque mate a solo unos movimientos más. Tal vez no sería capaz de igualar las cosas, pero podía dejar pasar eso si recuperaba a Mamá.
Esos eran los pensamientos atravesando mi mente mientras me abría paso una vez más hacia el jardín del cuartel general de la iglesia. Durante más menos las últimas dos semanas los Árboles Sarakh habían perdido sus flores, pero en mis dibujos ellos todavía estaban llenos de flores. Mis árboles pintados mandaban a volar a través del aire una espiral eterna de pétalos rosados. Estaba casi terminado.
Pero daba vergüenza.
Cuando comencé a trabajar en él, el grupo de fanáticos de la Niña Bendita lo había pasado en grande burlándose de mis habilidades. Pero en el momento que agregué a la Niña Bendita en su vestido blanco, ellos cambiaron su tono. Repentinamente era un trabajo conmovedor de un genio asombroso. Estos tipos no eran muy difíciles de leer, ¿entienden?
La Niña Bendita incluso me pidió regalarle el dibujo cuando estuviera terminado. Le dije que, si bien yo no era un artista, si ella lo quería, era suyo. Yo iba a fabricar una figura en secreto para dársela junto con el dibujo. Se me ocurrió que no necesitaba acabar con la influencia de los Expulsionistas de Demonios y fortalecer la voz de la facción papista—si solo podía conseguir que la Niña Bendita declare desde arriba, “¡Doy mi permiso para la venta de las figuras!” deberíamos estar bien. Yo no comenzaría a vender las figuras de demonios de inmediato—introduciríamos nuevos modelos uno a uno, para luego a lo largo del camino agregar un demonio como parte de la serie…
Bueno, olvídenlo. La Niña Bendita de todas maneras no tenía esa clase de autoridad.
“Esperen un momento…”
Mientras llegaba a la entrada al jardín, sentí algo fuera de lugar. Había alguien aquí.
“¿Ya están aquí?” me pregunté en voz alta. Cada vez hasta ahora, un par de guardias salían a patrullar después de mi llegada, y entonces la Niña Bendita saldría. Pero hoy, yo debí haber sido el único aquí. Tal vez el patrullaje ya había empezado. O quizás era alguien más. Di un paso dentro del jardín.
No había nadie ahí. El aura que había sentido probablemente fue solo mi imaginación. Bueno, no era como si yo tuviera ese ojo detector que tiene Ruijerd.
“¿Mm?”
Vi un objeto que no reconocía. Sobre mi atril, había una vela encendida. Solo una, ahí sola. La llama se estremecía a la luz del sol. Cuando me acerqué, vi huellas sobre el suelo. Un conjunto. Llevaban hacia los Árboles Sarakh. ¿Acaso alguien se estaba escondiendo ahí, detrás de los troncos?
“¿Therese…?” dije de forma vacilante.
No hubo respuesta. Oh, eso es extraño. Activé mi Ojo de la Premonición mientras hablaba.
“¿¡Quién está ahí!?” volví a preguntar, poniendo más fuerza en mi voz. Mientras tanto, activé mi Armadura Mágica.
Estaba listo para la batalla. Me acerqué a los Árboles Sarakh, permaneciendo alerta ante cualquier movimiento a mi alrededor. No necesitaba que ellos salieran—mantendría mi distancia, y luego los golpearía con magia en su punto ciego. A la Niña Bendita le gustaba ese árbol, así que debía tener cuidado de no dañarlo. La magia de viento sería suficiente. Gana el que ataque primero.
“¿Qué dem—?” La magia en mi mano se dispersó. Para el momento que logré pensar, Qué extraño, ya era demasiado tarde. Traté de retroceder, y me topé con una pared. Me di la vuelta, pero no había nada ahí. No, la pared estaba ahí, pero era invisible.
Miré abajo hacia mis pies. Ahí, brillando ligeramente azul a la luz de la mañana, había un círculo mágico.
“Magia de barrera…” murmuré. Ya había visto antes esta magia de barrera. Si trataba de salir del círculo, yo sería bloqueado por una pared invisible, y cualquier magia que tratara de usar mientras estaba en su interior sería disipada. Ya había estado en esta situación.
“Es una barrera de nivel Real, Rudeus,” dijo una voz desde detrás del árbol. Una figura salió lentamente de las sombras. Una mujer, usando una armadura azul. Su rostro, de no haber estado oculto bajo ese gran casco, se habría parecido mucho al de Zenith. Y ella no había salido sola. Comenzaron a salir hombres usando armaduras, uno desde detrás del árbol, otro desde un montón de arbustos. Eran los otakus, los que siempre estaban junto a su princesa. Comúnmente conocidos como los Caballeros de la Iglesia.
Bueno, estaba bastante seguro de que eran ellos, pero todos estaban usando extraños cascos, así que era difícil asegurarlo al cien por ciento.
“Lo siento,” dijo ella, “pero recibí información de que estás planeando secuestrar a la Niña Bendita.” Miré hacia ella. No sabía qué decir. Los caballeros se esparcieron para formar un círculo alrededor de la barrera. Therese, la única fuera del círculo, me encaró directamente.
“Estás acusado de herejía. Tu inquisición comienza ahora,” dijo ella. Como uno, los hombres usando cascos desenfundaron sus espadas y las enterraron en el suelo. Un extraño y áspero sonido metálico reverberó a través del jardín.
Notas de los lectores
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