No Tiene Nada de Malo Estar Feliz
Capítulo 13: No Tiene Nada de Malo Estar Feliz
Con eso fuera del camino, era hora de regresar con mi familia. Eris estaba cerca de dar a luz, así que podría no estar en el mejor estado mental. Ella también se deprimía a veces, tal como cualquier otra persona.
Decidí que Zanoba también fuera hacia nuestra casa. Quería volver a confiarle el cuidado de Julie. No es como si se hubiese quedado más de lo que debía, sino que supuse que ella estaría más feliz con él.
Por cierto, Ginger estaba fuera buscando un lugar en el que pudieran vivir—Zanoba había renunciado a su habitación de dormitorio y ya no era una opción para ellos. Pero, incluso si él decidía no regresar a un dormitorio, ¿no había alguna otra forma de que pudiera regresar a sus estudios en la universidad? Tal vez si se lo solicitábamos a Jenius, él podría tirar de algunos hilos para nosotros. Para ser honesto, yo estaba seguro de que muchos terminaban siendo investigadores como miembros del Gremio de Magos después de sus graduaciones.
“Bueno, Zanoba, espero con ansias trabajar contigo de ahora en adelante,” dije.
“Lo mismo digo, Maestro.”
Al menos Zanoba se quedaría conmigo de ahora en adelante. Eso era algo digno de una celebración. Nuestra investigación de la Armadura Mágica avanzaría de forma constante, y tampoco teníamos que renunciar a vender esas figuras. Ya que Zanoba había perdido su hogar aquí, yo siempre podía pasarle dinero hasta que él pudiera volver a ponerse de pie. Prestar dinero usualmente involucraba problemas innecesarios, pero yo no dudaría si se trataba de Zanoba.
Llegamos a la casa mientras yo estaba perdido en mis pensamientos. Treb estaba enrollado alrededor de nuestra reja. Entre él y el techo verde, nuestra casa se veía como una ecológicamente consciente.
Mientras nos acercábamos, Treb nos abrió la puerta, tal como siempre lo hacía.
“Solo espero que Julie no le haya causado problemas innecesarios a su familia,” murmuró Zanoba.
“Estoy seguro de que todo estuvo bien. Ella se lleva bien con Aisha y—”
¡Wush!
Mientras entrábamos a la propiedad, el aire silbó como si algo lo estuviera cortando. Yo instantáneamente supe lo que era; ya había escuchado el mismo sonido miles y miles de veces en el pasado. Alguien estaba practicando con su espada. Solo podía asumir que Norn había regresado para visitarnos.
¡Wush!
Hah. Qué extraño. Los balanceos de Norn sonaban más confiados y seguros que nunca antes. Yo no había supervisado su entrenamiento ya por un tiempo, pero el sonido no había sido tan agudo cuando yo le estaba enseñando. Era más un wuuush, no un wush, lo cual significaba que la hoja se estaba moviendo a mucha velocidad. Mis propios balanceos nunca hacían un sonido tan placentero.
Sí. De hecho, este sonido me recuerda un poco a los de Eris—
Miré en la dirección de ese sonido, y al principio no pude creer lo que estaba viendo.
De pie ahí había una solitaria mujer, blandiendo una espada de madera que yo había fabricado para ella para practicar sus balanceos. Su cabello era de un rojo tan vívido que parecía que alguien había arrojado un tarro de pintura sobre su cabeza. Y a pesar del peso del arma—dado que era de piedra—ella la blandía con facilidad, usando una sola mano.
¡E-esa es mi esposa embarazada! ¡Eris!
“Ah, Rudeus,” dijo ella al notar mi presencia. “Bienvenido a casa. Regresaste un poco tarde.”
“¡E-e-espera un s-segundo!” chillé, tartamudeando incontrolablemente. “¡Eris! ¿¡Qué estás haciendo!?” Yo corrí hacia ella.
No puedes estar haciendo esto, ¿bien? Estás a punto de dar a luz. Sí, sí, entiendo que eres lo suficientemente fuerte como para mover tu espada con facilidad, ¡pero esa cosa es pesada! Flexionar tu estómago de esa forma…
Esperen un minuto. ¿Su estómago…?
Miré abajo hacia su abdomen y lo encontré inesperadamente plano y delgado.
Um… ¿Dónde está mi bebé?
“¿Eh?” dije de la sorpresa. Solo para estar seguro, coloqué mi mano contra su estómago.
Ooh, es increíble. Ella tiene los abdominales marcados, y sus músculos son muy firmes. Esta definitivamente no es la clase de barriga embarazada que había visto antes.
“¿Eh?”
¿Qué diablos estaba ocurriendo? ¿Acaso su musculoso abdomen marcado de alguna forma había comprimido a nuestro bebé como una banda abdominal? Por dios, no.
No, deja eso, me regañé a mí mismo. Este no es el momento de entrar en pánico. Tal vez el bebé había sido empujado más al fondo a causa de los abdominales marcados. “¿O acaso ahora está aquí?”
“¿¡Qué crees que haces!?” gritó Eris, golpeándome en el rostro mientras yo sobaba su trasero.
Miré arriba hacia ella, habiendo caído sobre mi propio trasero. Eris había adoptado una postura amplia, cruzando sus brazos sobre su pecho. Su mentón estaba levantado mientras ella miraba abajo hacia mí y finalmente decía, “Ya salió.”
“¿Qué salió?” Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera procesarlas, incluso aunque la respuesta era evidente.
“El bebé.”
“¿El bebé de quién?”
“¡Por supuesto que el mío!”
Eris… había dado a luz… a nuestro bebé.
Mordí mis labios mientras digería esta información y me senté derecho, con las piernas perfectamente dobladas debajo de mí. “Um, disculpa por preguntar, pero ¿aproximadamente cuándo ocurrió esto?”
“¡Hace diez días! ¡Fue muy tarde en la noche, pero yo lo logré!”
¿Hace diez días? ¿Qué estaba haciendo yo en ese momento? Ah, es cierto. Yo todavía estaba en Shirone. Probablemente estaba en la posada con Roxy, y ambos probablemente estábamos—No, no hay necesidad de relatar esa parte. Básicamente, lo que esto quería decir era…
“¿No llegué a tiempo… para el parto?”
“Sí. ¡Habría sido genial si hubieses regresado antes, pero ya es demasiado tarde!” Una sonrisa burlona se extendió por su rostro, como si estuviera tratando de restregarme en la cara que ella fue perfectamente capaz de hacerlo todo sin mí.
Bueno, ¿y ahora qué? ¿Debería postrarme ante ella? No, no era como si yo hubiese hecho algo malo. Habíamos sabido que esta era una posibilidad antes de partir. Pero yo aún no podía sacudirme la culpa.
Mientras yo estaba demasiado perplejo como para responder apropiadamente, Eris frunció el ceño. “¿Q-qué te sucede? ¿No estás feliz?”
No, ese definitivamente no era el caso. “S-sí estoy feliz, pero tengo algunos… sentimientos encontrados.”
“¡Ah! Es cierto. ¡Por supuesto, fue un niño! ¡Su nombre es Ars, tal como el héroe humano de las leyendas!”
¿Acaso la felicidad era la emoción correcta ahora mismo? Yo había fallado a la hora de cumplir la misión que Orsted me había asignado. Había dejado morir a Pax, el hermano menor de Zanoba. Habíamos logrado sobrevivir sin que todo se viniera abajo, pero yo había metido tanto la pata que no habíamos logrado lo que debíamos lograr. El nacimiento de mi hijo eran noticias alentadoras—aunque un poco repentinas—pero considerándolo todo, ¿tenía permitido estar feliz al respecto?
“¡Maestro!”
Mientras yo trataba de digerir mis emociones, la puerta principal se abrió de golpe. Una pequeña figura con cabello naranja salió corriendo. Ella pasó como un rayo a mi lado y se lanzó hacia Zanoba, aferrándose a su muslo.
“¡Ah, Julie! ¡Mi querida aprendiz, he regresado a casa!” Zanoba se agachó, pasando sus manos bajo los brazos de Julie y levantándola en el aire.
Lágrimas comenzaron a bajar a través de las mejillas de Julie. Sus diminutos dedos se aferraron a sus mangas. “He… ¡He estado esperando pacientemente su regreso todo este tiempo, Maestro!”
“Lo sé,” dijo él.

Era una reunión conmovedora. De hecho, Julie mostró tanta emoción ante su regreso que yo casi comencé a cuestionarme si mi familia había sido cruel con ella mientras yo no estaba.
Las siguientes palabras que salieron de la boca de Julie fueron impactantes.
“Sabe, yo… ¡yo lo amo desde el fondo de mi corazón, Maestro!”
“¿Oh? ¿De verdad? Nunca me di cuenta de que—”
Antes de que él pudiera terminar, ella lo interrumpió y siguió balbuceando. “Por favor… ¡no vuelva a dejarme atrás de esta forma! ¡Por favor, permítame estar con usted hasta el día de su muerte! Se lo ruego. ¡Por favor…!” suplicó ella, con una voz llena de tristeza. La forma en que habló dejó muy claro cuán preocupada había estado.
Zanoba la quedó mirando, al principio perplejo, pero sus labios pronto dieron paso a una sonrisa gentil. “Ya no necesitas preocuparte,” dijo él. “Desde ahora en adelante, estaré junto a ti. Por siempre.”
“¡Maestro! ¡Waaah!” Su llanto por él se convirtió en un constante río de lágrimas.
Zanoba la acercó a él y acunó su cabeza contra su hombro. Él parecía estar muy feliz por la reacción de Julie a su regreso.
Ah, es cierto, me di cuenta. Es cierto que Pax murió, que mi misión fue un fracaso, y que el Dios Humano nos había arrebatado la victoria de nuestras manos esta vez. Pero regresamos con vida. Zanoba, Roxy, Ginger, y yo estábamos sanos y salvos. No perdimos a nadie.
Eso, al menos, era algo que celebrar. No tiene nada de malo estar feliz.
“¡Eris!”
Yo no iba a luchar con la ola de emociones que me inundaba. Lancé mis brazos alrededor de Eris y le di un beso. Ella al principio estuvo sorprendida, pero respondió regresando mi abrazo y besándome de vuelta. Mis manos bajaron por su espalda, encontrando su camino hacia su trasero. Cuando lo apreté, ella agregó fuerza a su abrazo y profundizó nuestro beso. Tomando esto como una invitación, yo pasé una mano por su pecho y comencé a sobarlo. En el instante siguiente, terminé besando no sus labios, sino el suelo después de que su puño golpeó mi rostro una vez más.
“¡Fuiste demasiado lejos!”
“¡Lo siento!”
Ella chilló de la sorpresa cuando me puse de pie de un salto y la cargué, acunándola en mis brazos como una princesa. Ya no podía aguantarlo. Quería ver el rostro de mi hijo de inmediato.
“¿Y bien? ¿Dónde está nuestro hijo? ¿Dónde?” pregunté ansiosamente.
“¡En la casa!” Extrañamente, Eris no trató de soltarse de mi agarre. Ella envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, haciendo una pausa solo una vez para apuntar hacia la casa en respuesta a mi pregunta.
“Mm… ¡Maestro!” gritó Zanoba.
“¡Sí, Zanoba!”
“¡Me despido respetuosamente por el día de hoy! ¡Nos volveremos a ver mañana! ¡Asegúrese de agradecer de mi parte a Roxy-sama!”
“¡Así será!”
Después de este breve intercambio, Zanoba se dio la vuelta y se marchó. Aparentemente él no quería entrometerse en nuestra armoniosa familia.
Corrí directamente hacia la casa, atravesé la puerta principal y fui hacia la sala de estar, donde encontramos a dos chicas sentadas en el sillón. Una de ellas estaba acunando un bebé en sus brazos.
“¡Mira, Norn, mira! ¡Acaba de sonreír!”
“¡Aisha! ¡Vamos, déjame tomarlo!”
“Aw, bien,” se quejó Aisha en respuesta. “Supongo que ya has sostenido a Lucie y Lara antes. Ah, él está tocando mis pechos. ¿Supongo que debe estar hambriento?”
Norn se encogió de hombros. “Es difícil saberlo. Ambas sabemos cómo es su padre.”
Las dos chicas de catorce años acunaron a mi pequeño y lo adularon en voz alta. Esperen un momento. ¿Mi pequeño? Eso sonaba como un eufemismo para algo sucio…
“Bueno, Eris, ahora voy a bajarte,” anuncié.
“Bien.”
Mis hermanas notaron nuestra presencia cuando yo bajé a mi esposa. Ellas miraron arriba hacia mí, con sonrisas en sus rostros.
“Bienvenido a casa,” dijo Norn.
“Me alegra que hayas regresado,” dijo Aisha.
Ellas estaban sonriendo. Ambas realmente estaban sonriendo. Yo tuve un repentino recuerdo del rostro de Pax, la sonrisa de autodesprecio y resignada que mostró antes del final.
“Roxy-san nos contó lo que sucedió, “dijo Norn. “Sobre lo mal que lo pasaron.”
“Olvida eso. Es tu turno de tomarlo,” insistió Aisha.
“Ah, sí. Cierto. Nii-san, este es tu bebé, el pequeño Ars.” Después de tomar al bebé en sus brazos, Norn rápidamente me lo entregó a mí.
Yo lo sostuve delicadamente y analicé sus rasgos. El pequeño mechón de cabello sobre su cabeza era rojo, y sus ojos eran exactamente como los de Eris. Este es mi hijo… Tal vez se sentía tan irreal debido a que yo no había estado presente para el nacimiento. Ansiedad se reunió en la boca de mi estómago. Mi pequeño miró arriba hacia mí, estirando sus gorditos brazos hacia mi pecho. Él colocó sus manos contra mí, como si estuviera tratando de sobar algo suave, pero por desgracia para él, mis pectorales eran duros como una roca.
“¡Gwaaah! ¡Aaaaah!” Él inmediatamente comenzó a llorar.
Toda la tensión dentro de mí desapareció, con una sensación de alivio tomando su lugar. Sí, ahora no tengo dudas. Este definitivamente es mi hijo—y el nieto de Paul.
“Um, ¿Ars? Ese es tu papi,” intervino Norn. “Él no es un extraño.”
“O-Onii-sama, ¿estás bien?” preguntó Aisha. Tanto ella como Norn me estaban mirando con preocupación en sus ojos.
Solo momentos antes, ellas dos habían estado sosteniéndolo, llamándolo lindo, y sonriendo mientras lo hacían. Estaba claro lo mucho que ya lo amaban. Yo también sabía que ellas me amaban a mí, como familia.
Una vez más, mi mente regresó a Pax. Zanoba no tenía hijos, pero supuse que algunos de sus hermanos probablemente sí. Pax los había asesinado a todos. A cada uno de ellos. Él no pudo amarlos. Escogió no hacerlo. Él tampoco fue amado.
Ah, me di cuenta. Tal vez esta era la clase de relación que Zanoba quería con Pax.
Mi vista se volvió borrosa, con mis ojos llenándose de lágrimas.
“¡Oye! ¿¡Por qué estás llorando!?” se quejó Eris.
“No lo sé. No puedo evitarlo.”
“Bien, entonces no me dejas opción,” dijo ella. “Dame al bebé. Yo lo sostendré, así que deja de llorar.”
“No quiero.” Yo sacudí mi cabeza como un niño petulante, siguiendo acunando a nuestro bebé mientras me sentaba en el sillón entre Aisha y Norn. Las lágrimas siguieron bajando a través de mis mejillas por un rato.
Me pregunto por qué no pude darle a Pax el reconocimiento que él deseaba, incluso al final. Pensé, en ese momento, que yo entendía sus sentimientos. A pesar de lo retorcidos que eran sus motivos, yo debí haber sido capaz de entender su preocupación de ser incapaz de amar a otros. El entorno en el que estaba era tan duro que esforzarse parecía ridículo. También debí haberme dado cuenta de eso. Debí haberlo visto que, a pesar de que las cartas estaban echadas contra él, Pax había escalado con uñas y dientes su camino hacia el trono. Esa clase de reconocimiento tenía el poder de cambiar las actitudes de las personas. Seguro, tal vez yo no lo perdonaría inmediatamente por todo lo que les hizo pasar a Lilia y Aisha, pero debí haber sido capaz de hacer algo para convencerlo de no tomar su vida.
Alguien debió haber escuchado mi llanto, ya que pasos se escucharon bajando las escaleras. Después de unos momentos, Sylphie y Lucie asomaron sus cabezas. Roxy las siguió de cerca, sosteniendo a Lara en sus brazos. Lilia y Zenith, quienes probablemente habían estado en la cocina, también se asomaron por la puerta.
Sylphie probablemente ya sabía todo lo ocurrido gracias a Roxy. Ella me vio llorando y comenzó a acariciar mi cabeza en silencio. Lucie decidió imitar a su madre, subiéndose sobre mi regazo antes de estirar sus pequeños dedos para acariciar mi cabeza.
“Para ser honesta, sí que eres un llorón,” dijo Eris incluso mientras se unía a ellas acariciando mi cabeza. Cada una de ellas estaba siendo muy amable.
“Aisha… Norn…” murmuré, mientras las lágrimas seguían cayendo. “Sin importar lo que ocurra, yo siempre estaré ahí para ustedes. Si alguna vez están en problemas, no lo piensen dos veces para pedirme ayuda. Ustedes pueden pensar que yo no soy muy confiable, pero les juro que haré todo lo que esté en mi poder para ayudarlas.”
Ambas intercambiaron miradas. A juzgar por las miradas en sus rostros, ellas parecían estar pensando, De hecho, ahora mismo estamos preocupadas porque no dejas de llorar.
Yo tenía que recuperar la compostura. Si seguía así, ellas con toda certeza no me pedirían ayuda cuando la necesitasen.
“Bien,” dijo Aisha, “así será.”
“Sí, nos aseguraremos de hacer lo que pides,” estuvo de acuerdo Norn.
Ellas asintieron al unísono.
Bien. Parece que no hay ningún problema con nuestra familia.
Mientras yo sollozaba, miré hacia Roxy y Lara. Ella se veía tan audaz como siempre mientras descansaba en los brazos de su madre.
Fue una suerte que mi vida no hubiese estado en serio peligro esta vez. A pesar de que podría haber sido una historia diferente si Roxy no hubiese estado ahí. ¡Roxy sí que era confiable! Sin importar lo mucho que me esfuerce, yo siempre terminaba siendo débil. Sin ella a mi lado, yo fácilmente pude haber titubeado a mitad de nuestro viaje. Tenía que agradecerle a Lara por montar una pataleta y convencer a Roxy de acompañarme. Ninguna cantidad de gratitud hacia ambas sería suficiente.
“Roxy… estuviste increíble en este viaje,” dije.
“Tú también, Rudy.”
Nuestro viaje había terminado. Había sido uno difícil. Yo había terminado dudando de cosas de las que no debería haber dudado, y me había afectado mucho mentalmente. Todo lo que obtuve de mis esfuerzos fue un fracaso y recordar un trauma. Yo había dejado morir a Pax. Todo se sintió como una pesadilla, pero ahora había terminado. El día de mañana de seguro traería cosas nuevas.
Pero antes de eso, había algo de lo que necesitábamos hablar.
“Familia,” dije, “quiero que todas escuchen con atención lo que voy a decir.”
Ese día, yo le conté a mi familia todo lo relacionado al Dios Humano. Sobre él, sobre Orsted, sobre la intensa guerra entre ellos dos, y todo lo que me había ocurrido a mí en el pasado. Mencioné que Lara podría ser una salvadora en el futuro e incluso expliqué la razón por la que yo estaba cooperando con Orsted. No dejé ningún detalle fuera. Y una vez que dije todo lo que tenía que decir, les pedí su apoyo. Cuando finalmente llegara el momento, quería que ellas estuvieran ahí para mí—y, por ende, para Orsted.
Cada una de ellas asintió. Cada una de ellas—Eris, Sylphie, Roxy, Lilia, y por supuesto Norn y Aisha también—estaban perplejas por este repentino mar de información. Lucie en particular no parecía entender lo que estaba siendo dicho. Pero todas ellas mostraron la misma expresión seria mientras asentían.
Fue como si me hubiese quitado un gran peso de mis hombros.
Bueno, vamos a repasar los pasos que se requieren para derrotar al Dios Humano.
Para llegar a él, necesitábamos cinco tesoros ocultos pasados de generación en generación entre la gente dragón, tesoros que originalmente fueron creados por sus distantes ancestros. Cada uno de los Cinco Generales Dragón poseía uno, y al usar el arte secreto del Dios Dragón, la puerta del mundo podía ser abierta.
Mi yo del futuro había caído en la desesperación al comprender que él no sería capaz de poner sus manos sobre el último tesoro. Yo sospechaba que Laplace era quien tenía esta pieza final. A juzgar por lo que Orsted dijo sobre necesitar matarlo, asumí que necesitaríamos matar a cada general para obtener su tesoro. El Rey Dragón Maníaco Caos ya estaba muerto, probablemente a manos de Orsted, lo cual quería decir que ya teníamos el objeto que poseía.
Por lo tanto, solo quedaban cuatro Generales Dragón: El Emperador Dragón Sagrado Shirad, el Rey Dragón Abismal Maxwell, el Rey Dragón Acorazado Perugius, y el Rey Dragón Demoniaco Laplace. Era posible que Shirad y Maxwell ya estuvieran muertos; Orsted no compartiría esa información conmigo. Tal vez debido a que estaba preocupado por mí—posiblemente no quería que yo supiera de sus acciones debido a que podían considerarse como matar a su propia raza—o tal vez él en realidad se sentía culpable sobre lo que había hecho. Especialmente ya que no parecía estar en malos términos con Perugius.
En cualquier caso, la resurrección de Laplace era una parte absolutamente esencial de este plan. Él regresaría eventualmente, renacido como un niño. El objetivo de Orsted había sido saber exactamente dónde renacería; sería más fácil asesinarlo en su cuna.
Por desgracia, nosotros esta vez habíamos fracasado logrando eso. Ya no conocíamos la ubicación del regreso de Laplace, solo que comenzaría una guerra contra los humanos. Orsted necesitaba navegar por ese conflicto y tomar su vida. Parecía ser que conseguir ese último tesoro sería un verdadero desafío, incluso para Orsted. Tan grande como para que termine gravemente debilitado para su posterior batalla contra el Dios Humano justo después de eso.
Por lo tanto, Orsted había declarado este bucle como un fracaso. Aun así, yo sentía que él no se había resignado completamente al fracaso. Definitivamente estaba desanimado por este traspié, pero no se había dado por vencido. De hecho, mientras más pensaba en ello, más estaba seguro de que él había predicho este resultado.
Tomen por ejemplo la situación con Ariel. Orsted dijo que el Reino de Asura enfrentaría una gran crisis en cien años en el futuro, pero eso podía ser evitado si Ariel se convertía en reina. Él además mencionó algo sobre alguien útil que nacería en el Reino de Asura más adelante—no conocía muy bien los detalles sobre eso—pero sospechaba que él quería estabilidad en el Reino de Asura para la guerra contra Laplace. El Reino de Asura era el mayor de los poderes del mundo. Si ellos podían dar una buena resistencia y ralentizar a Laplace, Orsted tendría menos problemas para acabar con él.
También era posible que Orsted pudiera haber sospechado que su resurrección sería diferente en este bucle desde el momento que supo de mí. Existían muchas razones para creer que mi sola existencia hubiera sacado de curso el flujo normal de los eventos que llevaban a su resurrección en Shirone.
Yo encontraba raro que el Dios Humano hubiese interferido con el regreso de Laplace, pero mis dudas rápidamente fueron disipadas. Mientras más pensaba en ello, más me daba cuenta de que si bien las predicciones del Dios Humano no podían predecir los movimientos de Orsted, él ya veía a los Dioses Dragón como enemigos. Si alguien había estado agitando la bandera anti-Dios Humano por siglos, ese tenía que ser Laplace. Él probablemente sospechaba que Orsted reviviría a Laplace para tratar de aliarse con él. En algún momento dentro del bucle de Orsted, el cual era de varios cientos de años, el Dios Humano debe haberse dado cuenta de lo que podría estar planeando él, lo cual lo llevó a tratar proactivamente de obstruir los esfuerzos de Orsted. Eso tendría sentido. Después de todo, cualquier cosa que tratase de lograr el Dios Dragón solo sería perjudicial para el Dios Humano.
En cualquier caso, esta versión del mundo se estaba dirigiendo en una dirección diferente a la que conocía Orsted a partir de sus muchos, pero muchos bucles. Mis días de realizar obedientemente los mandados de Orsted y colocar las piezas clave en el tablero habían terminado. Si sus planes ya estaban completamente descarrilados, no tenía caso seguirlos.
Laplace iba a resucitar. Iba a haber una guerra. Si no derrotábamos a Laplace, no seríamos capaces de llegar con el Dios Humano. Y sería inútil si Orsted necesitaba gastar gran parte de su poder para lograrlo. No había forma de que él pudiera derrotar al Dios Humano en un estado tan débil.
Aquí era donde entraba la propuesta de Zanoba. Necesitábamos reunir aliados. Trabajando de forma separada de Orsted, nosotros podíamos buscar libremente poderosos compañeros para construir nuestras fuerzas. Teníamos entre ochenta y cien años hasta la guerra. Ese era tiempo suficiente para construir una facción anti-Dios Humano y reunir aliados que apoyen a Orsted—o al menos construir los cimientos para reunir tal grupo. Orsted tendría sus propias tropas para el momento de la verdad.
Muy probablemente, yo no viviría lo suficiente para ver la guerra. No sería capaz de participar. Pero aun así podía dejar atrás a esos compañeros y la organización que nosotros construyéramos, confiando en que ellos llevarían a cabo mi voluntad. Estaba seguro de que Orsted seguiría adelante y mataría al Dios Humano por mí también.
Este sería mi objetivo por el resto de mis días.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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