El Camino Escogido por Zanoba
Capítulo 12: El Camino Escogido por Zanoba
Zanoba
Hubo un tiempo donde yo no podía diferenciar a los humanos de las muñecas. La única diferencia era que uno hablaba mientras que el otro no. Con el paso de los años, fui capaz de distinguir entre ellos un poco más, pero todavía se sentían como lo mismo para mí. Si agarrabas a un humano y lo agitabas un poco, su brazo o su cabeza se saldría, tal como una marioneta de madera.
Yo amaba las muñecas. A todas ellas. Sí, había algunas que estaban mejor fabricadas que otras, pero yo adoraba incluso las inferiores. De hecho, el único tipo de muñeca que no me gustaba eran los humanos. A pesar de ser exactamente como las muñecas, todo lo que hacían era quejarse y tratar de robarme mis libertades. Los odiaba.
No fue hasta que conocí a mi maestro que mi visión de ellos comenzó a cambiar. Aun así, el cambio fue gradual. Después de que él se fue, yo me dirigí hacia la Ciudad Mágica de Sharia, donde los dos nos reunimos. En algún punto durante los años posteriores, yo dejé de odiar a todos lo humanos.
Sospecho que Julie fue el catalizador de ello. Ella era una esclava que nosotros—y con nosotros me refiero al Maestro, Sylphie-sama, y yo—escogimos juntos, una que educaríamos para fabricar figuras. Al principio, ella no podía ni hablar ni cuidarse sola, convirtiéndola en un estorbo.
Pero mi Maestro me confió la tarea de cuidarla. Aunque era problemático, no era diferente de fabricar una figura; primero tenías que tallar una pieza regular de madera hasta que tomase forma. Naturalmente, decidí ser diligente con el cuidado de Julie y le enseñé todo, un paso a la vez.
En algún punto durante el proceso, Julie dejó de ser un estorbo. Tenía sentido; ella escuchaba obedientemente y absorbía rápidamente las habilidades que mi Maestro le enseñaba. Yo observaba mientras ella se transformaba gradualmente en exactamente la clase de humano que a mí me gustaba, así que, por supuesto, no podía odiarla.
Aunque no me di cuenta de eso hasta que Ginger volvió a mi vida. Desde mi perspectiva, Ginger era alguien que siempre encontraba algo malo en todo, y nunca se lo guardaba para sí misma. Ella calificaría como importantes las cosas más banales e irrelevantes. Por ejemplo, si estábamos hablando sobre un árbol, ella seguiría quejándose del estado de sus hojas o ramas, e incluso aunque yo le argumente que las raíces sólidas—o una base sólida—era lo que hacía saludable a un árbol, ella nunca entendería lo que yo estaba tratando de decir. Para ser honesto, Ginger era un dolor en el cuello.
No fue hasta que nos volvimos a encontrar en Sharia que dejé de verla de esa forma. Ella todavía se quejaba innecesariamente, pero de alguna forma ya no me molestaba. ¿Por qué? ¿Por qué mis sentimientos habían cambiado tanto?
Sabía que tenía que ser gracias a la influencia de mi maestro. Él nunca me habría abandonado, sin importar la razón. No importaba si yo era torpe, que todo lo que tenía a mi favor era mi fuerza física, o que yo destruiría una figura tan pronto como la fabricaba. A él no le importaba que yo careciera de poder mágico y que no pudiera cumplir sus expectativas. Ni tampoco parecía guardarme resentimiento por todos los esfuerzos desperdiciados que él había hecho tratando de enseñarme sus técnicas secretas para fabricar figuras.
Yo casi me había dado por vencido sobre ese sueño. Estaba convencido de que nunca podría crear mis propias figuras, que era una habilidad reservada solo para los dioses. Mi Maestro no lanzó la toalla. Él trató de enseñarme toda clase de métodos. Intentó encontrar alguna forma de incluirme en el proceso. Yo estaba agradecido. Hasta ese punto, ni una sola persona en mi vida me había visto como una persona.
Si no hubiese sido por mi Maestro, yo probablemente nunca me habría dado cuenta de que Ginger también me veía como una persona.
Por idiota que suene, solo entonces finalmente entendí la diferencia entre los humanos y las muñecas. Sabía que era importante hacer esa distinción, pero, una vez más, siendo un idiota, yo no entendía el porqué. Solo sabía que era importante. Mi Maestro no me lo dijo directamente. En cambio, él me guio con su ejemplo y me ayudó a darme cuenta por mí mismo.
Le debía mucho a mi Maestro por guiarme, y también lo respetaba por ello. De hecho, yo incluso estaba orgulloso de mí mismo por tener la visión de reconocerlo como mi maestro.
Por desgracia, yo seguía siendo un idiota que no entendía algunas de las acciones de mi Maestro. Nanahoshi-san—la chica conocida como Silent Sevenstar, Shizuka Nanahoshi—era un gran ejemplo. Ella parecía estar estudiando magia de invocación como un método para regresar a su hogar. Nadie nunca había elaborado sobre dónde exactamente estaba ese hogar, pero yo no tenía el interés de saberlo. Personalmente, yo solo tenía malos recuerdos de mi propio hogar. No podía empatizar con su intenso deseo de regresar al lugar del que provenía. Por lo que había escuchado, los propios recuerdos de mi Maestro de su hogar en Asura eran mayormente amargos. A pesar de eso, él se dedicó a ayudar a Nanahoshi-san. Cuando ella colapsó, él la llevó hacia su propia casa y la cuidó. Cuando ella estuvo mortalmente enferma, él viajó hasta el Continente Demoniaco en busca de una forma de sanarla.
Yo también ayudé, pero solo porque no me molestaba hacerlo. Si mi Maestro estaba haciendo algo y yo podía ayudarlo, no lo pensaría dos veces. Pero eso no cambiaba el hecho de que yo no entendía la razón por la que él la estaba ayudando.
Fue en medio de todo eso que algo dentro de mí cambió. En algún punto, yo comencé a desarrollar algo de apego hacia mi propio lugar de nacimiento. Hubo algunos días donde yo terminé sintiéndome inmensamente nostálgico pensando en el palacio de Shirone, a pesar de lo horrible que había sido. Nanahoshi siempre estaba hablando sobre su hogar, así que solo podía asumir que algo de eso se me había pegado. Muy probablemente fue por eso que inmediatamente me sentí obligado a responder al llamado de Pax cuando recibí su carta solicitando mi ayuda. Yo amaba genuinamente mi país y quería protegerlo si alguna vez era necesario, así que cuando fue así, sentí que tenía que ir.
Pero estaba equivocado.
Cuando mi Maestro trató de persuadirme de regresar a casa con él en el Fuerte Karon, mi corazón vaciló. Yo lo consideré. Mis días eran muy gratificantes en Sharia creando figuras con mi Maestro, lo suficiente como para considerar honestamente abandonar mi tierra natal por esos días. Pero no podía hacerlo. Fue como si una muralla se hubiese elevado frente a mí, diciendo que no podía regresar.
“Pax es mi hermano, así que quiero salvarlo.”
Eso no fue más que una excusa que inventé en el momento. Fue un movimiento calculado, ya que sabía que era la única cosa que de seguro lo convencería. Aun así, de alguna forma, esa respuesta también resonó conmigo. No sabía la razón. En el pasado había escuchado que, si decías una mentira, en ocasiones terminarías creyéndotela. Al principio pensé que era eso, pero no, no era así.
No fue hasta que Pax saltó de ese balcón y vi sus restos que me di cuenta de la verdad. Trajo un recuerdo de mi distante pasado y lo dejó muy presente en mi mente.
Mi hermano mayor, el segundo príncipe, había estado siendo el anfitrión de una fiesta, y yo fui invitado. Ahora no recuerdo para qué fue la fiesta, pero era del tipo donde la asistencia era obligatoria. Pero ni recordaba si había asistido o no.
Lo que sí recordaba era que, por pura coincidencia, el joven Pax había estado sentado junto a mí. Esto fue antes de que Roxy-sama estuviera trabajando en el palacio. Pax no pudo haber tenido más de diez años en ese momento.
Nosotros no hablamos. Solo nos sentamos uno al lado del otro. Sentí que él quería hablarme, pero a mí no me importaba tener una charla vacía. Ni siquiera miré en su dirección. Y Pax nunca reunió el valor para hablarme. Incluso aunque él nunca me había dicho nada, de cierta forma, yo lo había ignorado.
Mientras acunaba su cadáver en mis brazos, yo no pude evitar pensar, ¿Por qué no le dije nada en ese momento? Incluso pudieron haber sido una o dos palabras.
Eso disipó cualquier duda en mi interior. Finalmente lo entendí. Mis propias acciones confusas se reflejaron en las de mi Maestro. Ahora tenía sentido para mí el motivo por el cual había ayudado a Nanahoshi—él muy probablemente la veía como una hermana menor.
¿Por qué no me había dado cuenta antes? Mi Maestro tenía dos hermanas biológicas, y la forma en que interactuaba con Nanahoshi-san era casi idéntica a la forma en que trataba a sus dos hermanas. Él la vigilaba, y si había algún problema, no dudaba en saltar a la acción. Mi Maestro la cuidaba con tanto cariño como a sus dos hermanas reales.
Yo me había estado haciendo muchas preguntas. ¿Por qué ayudé a mi Maestro en el Continente Demoniaco? ¿Por qué terminé recordando mi tierra natal justo después? ¿Por qué, cuando llegó la carta de Pax, ignoré la oposición de todos a mi alrededor y decidí regresar a casa? Tras la batalla en el Fuerte Karon, ¿por qué me sentí obligado a rescatar a Pax? ¿Por qué dije esa mentira sobre querer salvarlo porque éramos familia? Y finalmente, ¿por qué esa mentira resonó tanto?
Al fin tenía las respuestas. Todo tenía sentido para mí. Las piezas del rompecabezas finalmente encajaron.
Pero ya era demasiado tarde. Ese fue mi desatino—darme cuenta de ello demasiado tarde. Pax estaba muerto. No fuimos capaces de salvarlo como lo hicimos con Nanahoshi.
Aun así, aún quedaba algo que yo sí podía hacer.
Rudeus
Regresamos a Sharia. Las personas con frecuencia dicen cosas como, “Ir es la parte fácil, regresar es lo difícil.” Pero al final no fue así para nosotros; tuvimos un tranquilo viaje de regreso. Yo usé mi Armadura Mágica para tirar de nuestro carruaje de regreso al bosque, donde teníamos un círculo de teletransportación preparado para llevarnos de regreso. Zanoba y yo trabajamos juntos desarmando mi armadura, para luego llevarla hasta la fortaleza flotante. Roxy se adelantó mientras Zanoba y yo nos quedamos atrás para darle nuestros respetos a Perugius.
Él dijo un corto “Ya veo,” cuando nos vio, y nosotros le dimos un resumen de todo lo ocurrido. Después, él nos guio hacia la habitación en la que habíamos hablado la última vez y nos ofreció sus propias palabras de sabiduría: “Es estúpido permitir que un país te ate.”
Zanoba asintió seriamente y le contó a Perugius que estaba abandonando su posición real, lo cual dejó a Perugius viéndose complacido. Él incluso me ofreció algunas palabras de aliento, diciendo, “Lo hiciste bien.” Para ser honesto, yo estaba aliviado de no haber perdido un amigo con el cual disfrutaba tomar té.
También le hicimos una visita a Nanahoshi, quien reaccionó a nuestro regreso con un cansado suspiro. Podía entender su exasperación; que Zanoba hubiese regresado como si nada de seguro arruinaba cualquier sentimentalismo que ella había sentido durante su despedida de todo corazón y con los ojos llorosos.
En fin. Eris iba a dar a luz dentro del siguiente mes. Lo menos que yo podía hacer era estar con ella en el parto. El problema era que, a pesar de que quería regresar directamente a casa, primero necesitaba hacer algo más. En concreto, reportar la situación a Orsted.
El Dios Humano realmente me había derrotado esta vez. Viéndolo por el lado positivo, había tenido éxito en mi objetivo de traer a Zanoba sano y salvo a casa, y yo no había sido asesinado ni mutilado. En cuanto al lado negativo, no habíamos descubierto nada sobre los objetivos del Dios Humano esta vez, y habíamos fracasado manteniendo a Pax con vida. Orsted ya me había dicho que alguien fundamental para sus planes nacería en la República de Shirone, lo cual quería decir que él había perdido una pieza importante en el tablero a causa de esto. Era una derrota absoluta.
Tal vez nuestro regreso había sido un poco prematuro. Quizá habría sido mejor quedarnos un poco más de tiempo e influenciar las cosas para que Shirone todavía terminase convirtiéndose en una república.
Nah, si fuera así de fácil convertir la nación en una república, entonces Orsted no me habría ordenado mantener con vida a Pax.
Sin embargo, probablemente lo mejor era ser completamente honesto sobre cómo había resultado todo. Si existía alguna forma de compensar este fracaso, yo lo haría.
“Bueno, Roxy, yo ahora iré hacia la oficina. Me gustaría guardar la Armadura Mágica,” dije.
“Entiendo. Yo iré a casa y les haré saber a todos que estamos bien.”
Ambos nos separamos en la entrada de la ciudad, y yo me dirigí hacia la oficina. Por alguna razón, Zanoba decidió acompañarme.
“¿Sucede algo?” le pregunté.
“No, pero esa armadura ayudó a mantenerme con vida, así que creí que podría agradecerle a Orsted por prestármela y disculparme por hacer que la destruyeran durante nuestro viaje.”
“Ah, entiendo.”
Era extraño que Zanoba quisiera agradecerle a Orsted directamente. Yo supuse que la maldición de Orsted sería lo suficientemente potente como para apagar cualquier emoción positiva que tuviera Zanoba. Tal vez este repentino cambio era cortesía de la meticulosa investigación de Cliff. Quizá Zanoba podría atacarlo cuando realmente estuviese cara a cara con Orsted, pero siempre y cuando yo lo contuviera, de seguro todo saldría bien.
Sintiéndome confiado, ambos caminamos juntos el resto del tramo hasta la oficina. Yo almacené mi Armadura Mágica, cerré con llave la puerta del almacén, y me dirigí hacia el edificio principal. Pasamos a través del vestíbulo desierto y fuimos directamente hacia la oficina del jefe.
Respiré profundamente antes de entrar. Después de todo, estaba a punto de reportar un fracaso. No es como si no hubiese fallado numerosas veces antes (sí lo había hecho), pero este era un fracaso considerablemente más grande que los demás. Él podría regañarme por esto.
¿Tal vez tendré suerte y no estará aquí el día de hoy?
Nah. Lo mejor era terminar con esto de una vez.
Bueno, primero lo primero… es hora de golpear la puerta.
En efecto, un llamado cortés podía poner a alguien de buen humor. Yo necesitaba mantener el mío calmado y educado. Levanté mi puño y golpeé la puerta con suavidad.
“¿Rudeus?” se escuchó una voz desde el otro lado.
Y así había sido destruida mi ilusión de que él no estuviera aquí.
A pesar de mi ansiedad, yo ya había planeado de antemano una explicación. Todo lo que debía hacer era apegarme a la verdad y ser honesto con él.
“¡Perdone la intromisión! ¡Yo, Rudeus Greyrat, finalmente he regresado del Reino de Shirone!” Abrí la puerta de par en par, entré, y bajé mi cabeza respetuosamente. Cuando me enderecé, un grito de sorpresa se escapó de mi garganta. “¿¡Gah!?”
Orsted estaba usando un casco de cara completa negro. Solo podía asumir que este nuevo casco—er, este nuevo implemento mágico, supongo—había sido fabricado recientemente por Cliff.
“Parece que has regresado sano y salvo,” observó Orsted.
“Eh, s-sí.”
Su apariencia me había dejado desconcertado, pero aun así seguí. Yo tenía la intención de dar un reporte sincero y preciso sobre el fracaso de mi misión. Sí, en efecto. Todo lo que tenía que hacer era decir, “¡Orsted-sama, he logrado absolutamente nada!”
Esperen un momento, eso no suena bien…
“Permítame entregarle mi reporte,” dije, y empecé mi resumen pragmático de los eventos que habían ocurrido. Destaqué todas las cosas de las que había estado alerta, además de todas las señales que no había notado en ese momento. Mientras hablaba, tuve cuidado de mantener la cabeza fría y dar cada detalle uno a uno, para que así no fuera un problema si él quería ser meticuloso. Mi reporte tuvo cierta estructura: primero, yo describía un evento, luego lo que sentía sobre él, lo que pensaba sobre él, con quién lo había discutido, qué conclusiones saqué, y qué acciones tomé. Después, yo le conté cuáles fueron los resultados. También incluí los motivos que según yo tuvo el Dios Humano, y cómo creía que era mejor actuar en relación a eso. No dejé nada fuera.
“Le ofrezco mis más sinceras disculpas. Fracasé a la hora de cumplir mi deber, y eso provocó la muerte de Pax.”
Un ambiente sofocante llenó la habitación. No podía leer su expresión debido a ese casco, y eso solo lo hacía varias veces más aterrador de lo usual. Para ser franco, yo lo prefería sin el casco.
De hecho, mientras estamos en el tema, ¿por qué estaba usando esa cosa? ¿No podía solo—no lo sé—sacárselo mientras habla conmigo?
“El rey del Reino del Rey Dragón, Leonardo Kingdragón, es uno de los apóstoles del Dios Humano. Muy probablemente, el General Jade del Reino de Shirone también es uno. Él los manipuló a ambos para arrinconar a Pax, forzándolo a cometer suicidio,” dijo Orsted.
Así que hubo dos apóstoles involucrados esta vez. El Dios Humano había usado al monarca del Reino del Rey Dragón para apoyar a Pax, lo cual luego inculcó en Pax la idea de que tenía que vivir a la altura de las expectativas del rey, para no volver a terminar como un fracaso. El rey le regaló una reina y al Dios de la Muerte, lo cual le dio una gran ventaja. Pero cuando estaba en su punto más alto, el Dios Humano usó a Jade para orquestar la caída de Pax.
Bueno, esa era mi lectura de la situación. Si el Dios Humano realmente podía ver el futuro, entonces él conocía exactamente cuáles piezas sobre el tablero tenía que mover para llevar a Pax a quitarse su propia vida. Quién sabe si mi interpretación es correcta, pero parecía la conclusión más directa.
“¿Entonces quién era el último apóstol?” pregunté.
“Tal vez el rey del Reino de Bista, a pesar de que existe una buena probabilidad de que él no haya empleado a un tercero.”
“Ah, ahora que lo pienso, el Dios de la Muerte mencionó que el Rey Demonio Badigadi pudo haber sido uno de sus apóstoles.”
Hubo una breve pausa antes de que Orsted respondiera, “Si él fue un apóstol esta vez, no tiene sentido que no haya hecho una aparición.”
Es cierto. Badigadi era del tipo que le gustaba estar en el centro de atención.
En cuanto al Dios Humano, yo era una irregularidad. Así que era probable que él escogiera personas que yo muy probablemente no he conocido. Por desgracia, esta vez había fallado a la hora de leer sus planes. Me sentía patético.
“Si usted quiere, podríamos deshacernos de Jade,” ofrecí.
“Es demasiado tarde.” La voz de Orsted fue sombría.
“Um… de verdad lamento mucho todo esto.”
“Yo fui el que hizo una predicción incorrecta. Después de deshacerme de Leonardo, debí haber ido hacia el Reino de Shirone personalmente, en vez de dejarlo todo en tus manos. Ese fue mi error. Sin embargo…” Su voz se detuvo. No parecía que él fuera a consolarme y decirme que no tenía nada de qué preocuparme. Aparentemente, mi fracaso en esto tendría grandes repercusiones.
“Um, ¿no existe nadie más que pueda servir como un reemplazo de Pax?”
“No.”
“¿De verdad no hay otra opción?”
Él no respondió.
¿De verdad la República de Shirone era tan importante en sus planes? Yo había tratado de impulsarlo a tomar otro camino, pero él me había rechazado dos veces. ¿Ahora qué? ¿Cómo se supone que salve esta situación?
“Orsted-sama, ¿le importa si hablo?”
Una voz se escuchó detrás de mí. Miré atrás y encontré a Zanoba ahí de pie. ¿Desde cuándo estaba ahí? Err, supongo que desde el comienzo, ¿no? Él no había dicho palabra alguna todo este tiempo, así que supuse que estaba esperando afuera.
“Eres Zanoba Shirone, ¿no?” murmuró Orsted como si tampoco se hubiese dado cuenta de la presencia de Zanoba hasta ahora.
No, no era como si—creo que él realmente no se había dado cuenta de su presencia hasta ahora. Orsted probablemente no podía ver nada en frente de él con ese casco puesto. De hecho, en ese momento me di cuenta de que él finalmente era capaz de hablar con esa cosa puesta. Eso tenía que significar que también podía respirar, a diferencia de antes.
“Primero que nada, permítame expresarle mi más sincera gratitud por prestarme esa armadura que usé durante nuestro viaje a mi tierra natal. Por desgracia, fue destruida en el proceso, pero felizmente, me salvó la vida.” Zanoba dio un paso al frente y bajó su cabeza.
Yo aún no podía leer la expresión de Orsted debido a ese casco, pero probablemente ayudaba a mitigar el aura amenazante que él de otra forma habría exudado. Es cierto. Supongo que esa probablemente es la razón por la que lo está usando. Orsted probablemente había sentido a Zanoba y se lo colocó por esa misma razón.
“Si quieres agradecerle a alguien, debería ser a Rudeus. ¿Eso es todo lo que deseas decir?”
“No, no lo es.”
Qué extraño. Hace un momento, yo tenía la impresión de que él solo quería decirle eso, pero ahora dio un paso al frente, como si estuviese tratando de exudar su propia aura intimidante.
“A juzgar por su conversación con mi Maestro justo ahora, asumo que Pax quedó atrapado en medio de su batalla con este enemigo. ¿Esa interpretación es correcta?”
Vaya. ¿Acaso él creía que todo esto fue obra de Orsted? De ser así, ¿tal vez lo mejor sería tratar de detenerlo?
“Aunque a mí me pareció que usted era el único tratando de salvar a mi hermano menor. ¿Es eso correcto?” continuó Zanoba.
“Yo no estaba precisamente tratando de salvarlo, no. Lo que quería era a una persona que nacería en el país que tu hermano construiría.”
Confundido, Zanoba repitió, “¿El país que construiría? ¿Y usted quería a alguien que nacería ahí?”
Orsted estaba siendo más misterioso de lo usual. Para ser honesto, yo también quería saber más sobre todo esto. Sin toda la información, sería imposible para nosotros rectificar la situación.
“Orsted-sama,” intervine, “de ser posible, creo que apreciaríamos una explicación más detallada, por favor.”
Orsted no respondió inmediatamente. El silencio dominó la habitación, y solo fue roto cuando lo escuché inhalar profundamente desde dentro de su casco. Bajo cualquier otra circunstancia, eso podría haber aliviado algo de la tensión en la habitación, pero yo sentí enojo en la forma que inhaló. Mi ansiedad se incrementó.
“Después de convertirse en rey, Pax Shirone habría creado una república,” explicó él.
Él ya me había contado esa parte. Lo que yo quería saber era lo que ocurría después de eso.
“Después de que Shirone se convierte en una república, un hombre que en el pasado había sido un comerciante de esclavos terminaría siendo importante. Un hombre llamado Bolt Macedonius. Pax colocaría a este hombre en una posición importante.”
Hah. Entonces la persona clave que necesitábamos era a Bolt Macedonius.
“Bolt Macedonius seguiría siendo una autoridad en la república y echaría raíces ahí.”
“¿Entonces qué papel desempeña?” pregunté.
“El propio Bolt no desempeña ningún papel en mis planes. Pero uno de sus descendientes da a luz al Dios Demonio Laplace.”
¿Laplace? Así que por eso era importante, ¿eh?
“Ahora que Pax está muerto,” explicó Orsted, “no tengo idea de dónde nacerá Laplace.”
En otras palabras, que Shirone se convirtiera en una república era un precursor del renacimiento de Laplace.
“En ese caso, aún podríamos convertir Shirone en una república. O al menos podríamos asegurarnos de que Bolt Macedonius conozca a su supuesta pareja, para que así pueda casarse y tener hijos,” propuse.
“No tiene caso. ¿Realmente crees que no lo he intentado?”
Sin duda Orsted había intentado todo tipo de cosas durante los largos bucles en los que había estado atrapado. Aparentemente el renacimiento de Laplace era un comodín realmente impredecible, y era por eso que Orsted había esperado precisarlo, facilitándole encontrarlo. Yo sospechaba que la República de Shirone no era la única pieza requerida para esta parte del plan de Orsted. Él probablemente había estado orquestando cosas por cientos de años solo para asegurarse de que Laplace renazca ahí. Tal vez algunas de mis otras misiones habían sido parte de eso. Pero sin un elemento, todo el castillo de cartas había colapsado.
“Llegar hasta el Dios Humano requiere que primero mate a Laplace,” explicó Orsted. “Después de que reencarne, él pasará un poco de tiempo con un perfil bajo antes de reunir a sus camaradas y comenzar una guerra. En ese punto requeriría un esfuerzo significativo y una gran cantidad de poder mágico deshacerse de él y sus seguidores, y entonces tendré que enfrentar al Dios Humano inmediatamente después.”
“Um, ¿entonces no existe la opción de derrotar a Laplace, tomarse algo de tiempo para recuperar su poder mágico, y luego enfrentarlo?” pregunté para aclararlo.
“La reencarnación de Laplace hace mucho que está escrita en piedra. Siempre ocurre cerca del final de un bucle. He intentado acelerar su renacimiento, pero en vano.” Orsted dejó salir un gran suspiro. “Pasar por una guerra como esa significa que no seré capaz de llegar hasta el Dios Humano. Este bucle es un fracaso.”
Un fracaso. La palabra hizo eco dentro de mi cerebro, rebotando de un lado a otro. El pedazo de basura dentro de mí gritaba en respuesta, ¿Entonces por qué no fuiste hacia Shirone si era tan malditamente importante? Pero permanecí en silencio. Él me había confiado esta misión, y yo había fallado. Esta había sido una prueba para determinar mi utilidad.
Supongo que eso significa que todo se acabó para mí, ¿eh? Él probablemente ya se aburrió de mí, ¿no? Asumo que eso significa que se va a dar por vencido con este bucle. Pero si lo hace, ¿dónde me deja eso? ¿Y qué hay de mi familia?
“Es un poco apresurado llamarlo un fracaso en este punto,” intervino alegremente Zanoba.
Zanoba, ¿acaso entendiste todo lo que él acaba de decir? Me pregunto si tal vez estaba confundido después de toda esa conversación sobre el futuro y lo que venía.
Él dijo, “Si se acerca una guerra y debemos derrotar a Laplace y sus seguidores, entonces eso significa que debemos comenzar a preparar nuestras propias fuerzas para combatirlos.”
“¿Oh?” dijo Orsted.
“No tenemos que reunir un ejército completo, pero de seguro podemos comenzar reuniendo camaradas lo suficientemente poderosos como para luchar mano a mano con Laplace.”
Ohh, Zanoba de hecho acaba de decir algo muy bueno. Su plan además tenía sentido. Si el problema principal era que todo esto consumiría el poder mágico de Orsted, entonces todo lo que teníamos que hacer era que Orsted no tuviera que luchar.
“Entiendo que su maldición dificulta que usted reúna tales camaradas por su cuenta, pero tiene a mi Maestro para ayudarlo. Y yo también lo ayudaré.” Zanoba dio un par de pasos más hacia el frente y luego colocó una rodilla al suelo, bajando su cabeza. “Aunque mi propuesta solo está basada en lo que entendí de nuestra breve conversación, no negaré que puede estar equivocada.”
Parecía una buena idea, incluso si daba resultados o no. Si, como Orsted aseguraba, el renacimiento de Laplace era consistente en todos los bucles, entonces teníamos cerca de ochenta años, más o menos. En el intertanto, podíamos reunir un grupo de poderosos aliados—personas como el Dios de la Muerte o Perugius—quienes podían enfrentar a Laplace cuando regrese. Eso dejaría a Orsted intacto para la siguiente batalla.
“No conozco los detalles precisos de la situación,” continuó Zanoba, “pero he escuchado que ustedes dos han combinado fuerzas para luchar contra este Dios Humano, como ustedes lo llaman. Este Dios Humano…” Zanoba hizo una pausa y levantó su mentón, mirando directamente hacia Orsted. Luego él colocó sus manos contra el suelo. “¡Él es quien mató a mi hermano menor!” Zanoba presionó su frente contra el piso, postrándose a sí mismo. Al menos lo hizo de una forma menos violenta de lo usual, manteniendo algo de gracia incluso mientras bajaba la cabeza. “Orsted-sama, se lo ruego, permítame ser uno de sus subordinados.”
Silencio.
“¡Quiero vengar a mi hermano!”
El cuello de Orsted se movió apenas un poco, como si estuviera mirando en mi dirección. Yo estaba bastante seguro de que él no podía ver nada mientras usaba ese casco, pero tal vez quería que yo interviniera.
“Con Zanoba de nuestro lado, podríamos avanzar mejor con la Armadura Mágica. Creo que la sugerencia que hizo hace solo momentos además es inteligente. Este fracaso ciertamente ha incrementado nuestra carga para el futuro, e incluso un par más de manos que ayuden sería—”
“Entiendo,” me interrumpió Orsted, sin molestarse en dejarme terminar. Él asintió y se puso de pie, mirando (o al menos parecía que lo estaba haciendo) hacia Zanoba. “En ese caso, estarás trabajando para Rudeus y recibirás órdenes de él. Si propones que consigamos más aliados, entonces eso es lo que debemos hacer.”
“¡Sí, señor!”
Orsted hizo su declaración sin molestarse en quitarse su casco. Zanoba siguió con su frente pegada al suelo todo el tiempo. Y así, yo repentinamente tenía un compañero de trabajo y Orsted un nuevo subordinado.
Pax estaba muerto, y Shirone nunca se convertiría en una república. Estos dos hechos habían descarrilado mucho el plan de Orsted. Habíamos perdido una enorme cantidad de progreso. Todo porque yo no había tomado las decisiones correctas.
Viéndolo por el lado positivo, habíamos ganado a Zanoba como aliado. No tenía idea cómo influía eso en el panorama general, pero al menos mi Armadura Mágica recibiría mejoras constantes con Zanoba de nuestro lado.
No estaba seguro de si esto era o no beneficioso para Orsted. A partir de lo que me había dicho, todos mis esfuerzos hasta este punto le habían dado una cantidad considerable de margen de maniobra, pero sentía que mi fracaso esta vez lo había arruinado todo. Tal vez yo me estaba convirtiendo más en una molestia que una ayuda. ¿Acaso mis esfuerzos en el futuro serían suficiente para compensar esto?
No, tenían que serlo. Necesitaba asegurarme de que lo fueran. De otra forma no tendría sentido que Orsted me hubiese rescatado de las garras del Dios Humano.
Además, si bien Orsted era capaz de abandonar casualmente un bucle para concentrarse en otro, yo tenía una sola vida. Era un milagro que pudiera estar viviendo una segunda oportunidad. Era muy improbable que tuviera la suerte de tener otra.
E incluso si tuviera otra oportunidad para vivir como Rudeus Greyrat desde el comienzo, quería vivir al máximo la vida que tenía ahora mismo. Yo ya había arruinado los planes de Orsted con esta metida de pata. Si seguía haciendo las cosas mal, él podría empezar a verme como un intruso destructor en vez de simplemente como un idiota inútil—no es como si fuera mucho mejor—y deshacerse de mí.
Si no daba vuelta la página y hacía un buen trabajo ahora, no habría una próxima vez. Si Orsted decidía que yo causaba más daños que beneficios, entonces, en el siguiente bucle, yo podría ser usado una vez más por el Dios Humano y tratar de encontrar una forma de regresar al pasado, solo para que mi yo joven sea obligado a luchar contra Orsted y muera. Asumiendo que él no decidiera matarme antes, claro está. Él podría deshacerse de mí cuando yo todavía era un niño en la Aldea Buena, o después de que comencé a trabajar como tutor particular de Eris, o incluso cuando acabábamos de regresar al Reino de Asura después de ser teletransportados al Continente Demoniaco. Lo que decidiera hacer conmigo la próxima vez dependía de lo que ocurriera de ahora en adelante.
Orsted ahora estaba siendo amable conmigo. Estaba seguro de que había una gran cantidad de razones para eso, pero probablemente era un movimiento calculado de su parte. No podía olvidar que él siempre estaba contemplando su siguiente bucle, y que era perfectamente posible que estuviera tanteándome para ver lo que podía hacer y lo que no.
Durante esta misión, yo como siempre había sido demasiado dependiente de él. En alguna parte dentro de mí, yo había estado convencido de que siempre y cuando obedeciera sus órdenes, él intervendría en mi rescate si terminaba en problemas y necesitaba ayuda. Que las cosas funcionarían mágicamente. Una parte de mí genuinamente creía eso.
No podía seguir apoyándome en Orsted como si fuera una muleta. Me juré a mí mismo que ya no lo haría.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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