Secuelas
Capítulo 11: Secuelas
Yo sugerí cremar a Pax; incinerar sus restos y enterrarlo me parecía la mejor opción. Esa era, después de todo, una de las formas universalmente comunes en este mundo de honrar la memoria de alguien que había fallecido.
Zanoba sacudió su cabeza y me detuvo antes de que pudiera empezar. Él razonó que la rebelión no terminaría si ellos no encontraban los restos de Pax. Su voz fue plana e indiferente mientras elaboraba que sería mejor dejarlo ahí intacto, para que así el caos reinante dentro de Shirone finamente pudiera desaparecer.
Pax había sido un rey, por corto que hubiese sido su reinado. Yo no creía que fuera correcto entregar su cadáver a los rebeldes, pero hubo algo indescriptiblemente persuasivo en la forma en que Zanoba me convenció. Al final, yo no objeté, y en cambio usé mi magia de agua para al menos limpiar a Pax antes de llevarlo de regreso al quinto piso.
Para el momento que llegamos, encontramos a Randolph con Benedikte sobre su espalda y con equipaje en sus manos. Roxy aparentemente lo ayudó; ante la solicitud de Randolph, ella había vestido a la chica desnuda y amarrado las sábanas para formar correas y así mantenerla asegurada a su espalda. Una vez que terminó, Roxy había sacado la ropa del armario y metido dentro de una maleta para que Randolph se la llevase. Ella hizo todo esto sin decir palabra alguna.
“¿Qué ocurrió con Su Majestad?” preguntó Randolph. Esas fueron las primeras palabras que salieron de su boca cuando nos vio.
“Está muerto,” respondió secamente Zanoba. “Entregaré sus restos a los rebeldes para poner fin a su insurrección.”
La expresión de Randolph permaneció plácida, sin revelar nada. Ese fue el mayor indicativo para mí de que él ya sabía la respuesta incluso antes de preguntar.
“Su Majestad solicitó que tome a su reina conmigo y escape, para así poder llevarla de regreso sana y salva al Reino del Rey Dragón,” explicó Randolph.
Yo ahora estaba incluso más confiado de que él tuvo que haber sabido que Pax contemplaba suicidarse. Por mucho que quisiera preguntar la razón por la que no detuvo a Pax, yo no tenía el derecho de regañarlo al respecto.
“En ese caso,” dijo Zanoba, “probablemente lo mejor es que venga con nosotros. Conocemos la salida.”
“Muy bien, Su Alteza. Aprecio mucho su consideración.” Randolph bajó su cabeza para terminar con ese breve intercambio.
Habíamos estado apuntando hacia la garganta del otro hace solo momentos, luchando hasta la muerte, y ahora Randolph nos estaba acompañando pacíficamente. Normalmente, yo habría mantenido la guardia, sospechando que esta podría ser la trampa real del Dios Humano—que la última batalla todavía esperaba por nosotros en el horizonte. Pero yo sabía que no era así. Estaba claro que Randolph no tenía el deseo de luchar contra nosotros. Era extraño lo seguro que estaba de eso, pero lo estaba.
Randolph Marianne, el Dios de la Muerte, quinto entre los Siete Grandes Poderes. Su fuerza lo colocaba en un nivel que excedía por mucho el mío, y aun así él se veía fatigado. Por supuesto, Randolph no era el único; Roxy y yo también estábamos agotados. Si alguien repentinamente apareciese y me rogase luchar contra él una vez más, yo probablemente sacudiría mi cabeza sin fuerzas. A ninguno de nosotros le quedaba energía. Zanoba no era la excepción. Él permaneció horriblemente silencioso.
Nuestro grupo estaba compuesto de cuatro personas—cinco, si contabas a Benedikte. Comenzamos a bajar las escaleras, con nuestros pasos pesados mientras íbamos en dirección del túnel de salida y su estrecho pasaje secreto para completar nuestro escape.
Todavía estaba completamente oscuro afuera, faltando varias horas para el amanecer, cuando por fin logramos regresar al molino de agua. Mi Espíritu de Luz avanzaba a través de la oscuridad, iluminando el camino hasta que su luz se posó sobre la Armadura Mágica que habíamos dejado junto al molino de agua.
“¿Acaso esta es… la armadura de Dios de la Lucha?” preguntó abruptamente Randolph. Él miró arriba hacia ella, perplejo.
“No, esto es algo que Zanoba y yo creamos juntos,” dije. “Es un implemento mágico—Armadura Mágica, como la llamamos—y es usada para batallas intensas.”
“Ah, ¿de verdad…?” murmuró pensativamente él. “Sí, si usted hubiese usado esa cosa, yo podría haber estado en muchos problemas.”
Yo sacudí mi cabeza. “No estoy muy seguro. Al final, terminé indefenso contra su Hoja Cautivadora.”
Randolph sonrió. “Ustedes me arrinconaron antes de siquiera tener la oportunidad de usarla.”
“¿Disculpe?”
“Su ataque sincronizado me dejó bastante golpeado, y lo último de mi poder mágico básicamente fue usado deshaciéndome de esos Cañones de Piedra que usted disparó hacia mí,” explicó él, como tratando de consolarme.
En otras palabras, tal vez su Hoja Cautivadora real había sido él pretendiendo que aún podía seguir luchando. Mi propia cobardía me había convencido de no presionar con el ataque, pero de haberlo hecho, podríamos haber ganado. En cualquier caso, así sonaba, pero quién sabe si sus palabras eran genuinas.
No, de cualquier forma… Comencé a decir para mí mismo, incapaz de hacer más que suspirar. Supongo que de todas formas no luchar fue la mejor opción. Ganar o perder, no habría importado. Y ahora me sentía más cansado después de pensar al respecto.
“Por cierto, Randolph-sama, usted dijo que sabía sobre el Dios Humano, ¿cierto?” Decidí hacer la pregunta mientras estaba en mi mente. Era raro que alguien supiera sobre el Dios Humano, y después de todos mis esfuerzos aquí, yo había dejado morir a Pax. Sería patético irme de este lugar sin obtener nada por todos mis problemas.
“Sí, pero no sé mucho sobre él,” respondió Randolph.
“Bueno, ¿le importaría contarme lo que sí sabe?”
“Claro. Todo lo que escuché fue que un pariente tomó prestado su poder hace mucho tiempo para enfrentar a un enemigo extremadamente poderoso.”
Fruncí mis cejas. “¿Acaba de decir un enemigo extremadamente poderoso?”
“Lo hizo para proteger a su prometida. Siguiendo la sugerencia del Dios Humano, él robó la armadura del Dios de la Lucha, la usó, y fue a luchar contra el Dios Dragón Laplace—quien, en ese entonces, supuestamente era la persona más poderosa del mundo. Pero al final el pobre diablo no fue capaz de proteger a su prometida, y la batalla casi acabó con ambos.” Hubo una breve pausa mientras terminaba antes de sonreír y seguir, “Quién sabe si algo de ello siquiera es cierto.”
Yo estaba bastante seguro de haber escuchado una historia como esta. Sí, ahora que lo pienso, Kishirika y Orsted habían dicho algo similar—sobre como el Dios Dragón y el Dios de la Lucha habían luchado.
“Era una historia que yo escuchaba mucho cuando era joven, cuando el alcohol estaba involucrado. Supuse que probablemente era ficticia, pero… crecí escuchándola todo el tiempo, así que, naturalmente, terminé recordando el nombre Dios Humano,” continuó Randolph.
Esta era, de hecho, información muy valiosa. Él estaba rememorando una historia sobre uno de los anteriores apóstoles del Dios Humano. Aunque sospechaba que Orsted ya sabía sobre esto, indagar más en ello no me haría daño.
“Y dígame, ¿cuál es el nombre de este pariente?” pregunté.
“Badigadi, el Rey Demonio de la Región de Biegoya.”
Ah. Eh, mmm. Tal vez al final si era solo ficción. El Badigadi que yo conocía era heroico, incluso un poco blando a veces. Podía imaginar a alguien inventando tal historia sobre él. No es como si pensara que Orsted estaba mintiendo sobre la historia, para nada, pero las personas con frecuencia hacían suyas las hazañas de otras personas.
“Gracias,” dije, con mi voz apagándose al final.
Después de que todo estuvo dicho y hecho, yo estaba totalmente agotado. Ni siquiera tenía la energía para decir algo más. Pensar que estuve tan alerta todo este tiempo por nada.
Hah…
Ya no quería pensar. Solo quería ir a casa y dormir. Para ser justo, no había dormido por un día entero.
“Randolph-sama, ¿qué planea hacer ahora?” preguntó Zanoba.
“Planeo regresar al Reino del Rey Dragón.”
“¿Después de eso?”
“Protegeré a Su Majestad hasta que ella dé a luz. Después, le enseñaré a su hijo habilidades académicas, con la espada, y también culinarias.”
¿Dé a luz? ¿Entonces Benedikte estaba embarazada? Era difícil saberlo con solo mirarla.
“Se me dijo que debía felicitar mucho a los niños mientras crecían, para que así no terminen completamente podridos,” confesó Randolph mientras se encogía de hombros.
“Entiendo,” murmuró Zanoba.
Benedikte daría a luz al niño, y Randolph lo criaría. Me pregunto si Benedikte sabía que Pax estaba planeando morir. Tal vez lo lógico era pedirles la razón por la que no lo habían detenido si ya lo sabían, pero yo no iba pedírsela a ninguno de ellos. No podrían haberlo detenido. Y era probable que ellos fueran los que se sentían más miserables por su partida.
“Randolph-sama, ¿me permite una última pregunta?” preguntó Zanoba, como si algo repentinamente hubiese aparecido en su mente.
Rodeado por la oscuridad, Randolph ladeó su rostro cadavérico como si estuviera esperando la pregunta de Zanoba.
“¿Por qué se quedó junto a Pax por tanto tiempo? ¿Debido a que el rey del Reino del Rey Dragón se lo ordenó?”
Randolph mostró una delgada sonrisa. “Nop. Lo hice debido a que él me agradaba.”
“Entiendo, entonces permítame extenderle mi más sincera gratitud.”
“Gratitud,” repitió Randolph, como si estuviera saboreando la palabra. “Príncipe Zanoba, usted es un hombre intrigante.” Su delgada sonrisa permaneció en su rostro mientras se daba la vuelta hacia mí y decía, “Ah, por cierto, Rudeus-sama…”
“¿Sí? ¿Qué sucede?”
“Por lo que escuché, lo mejor es no involucrarse con ese Dios Humano. Mi pariente dijo que, sin importar si estás de su lado o en su contra, no terminará bien para ti de cualquier forma.”
“Sabias palabras,” dije. Aunque llegaban un poco tarde. Si solo Randolph me hubiera dicho eso hace diez años.
“Gracias a su relación con este Dios Humano, mi pariente lo pasó muy mal,” continuó Randolph.
Cierto, Badigadi. Recordé que Badigadi en una ocasión había dicho algo que insinuaba que conocía al Dios Humano. Por desgracia, yo no tenía absolutamente ninguna idea de dónde estaba ahora mismo.
“Bueno, chicos, cuídense,” dijo Randolph, despidiéndose de nosotros.
“Usted también.”
Él intercambió un apretón de manos con Zanoba antes de darse la vuelta e irse. Su rostro cadavérico desapareció en la oscuridad.
Ahora solos, nadie pronunció palabra alguna. Nos arrastramos de regreso dentro del molino de agua y nos desplomamos, quedándonos dormidos como troncos.
Despertamos alrededor del mediodía del día siguiente y regresamos a la capital. El ejército rebelde ya había entrado al castillo, y los grupos acampando fuera de las murallas habían desaparecido. La cadena que alguna vez estuvo cerrando la puerta no estaba por ninguna parte.
El Ojo de la Separación. Así había llamado Randolph al ojo demoniaco que poseía, pero yo no tenía idea de cómo había evitado que los enemigos del rey se infiltrasen en el palacio. En cualquier caso, los efectos habían desaparecido en algún punto, ya sea porque Randolph se había alejado demasiado del castillo o porque había pasado demasiado tiempo desde que lo había activado.
Pilares de humo se elevaban desde el interior del castillo, probablemente desde las fogatas usadas para cocinar. Casi podías sentir la euforia en el aire. Aquellos en su interior tenían que estar ebrios de la victoria, tal como los soldados del Fuerte Karon estuvieron al final de nuestra batalla. Y ese ambiente no era exclusivo del palacio. El ánimo de celebración se extendía a través de todos los rincones de la ciudad, como si las personas estuvieran celebrando la caída del rey idiota y el futuro brillante que ahora les esperaba. No había ninguna señal de lamento o desesperación.
Los restos de Pax fueron exhibidos en la plaza principal de la ciudad. Los rebeldes rechazaron mostrarle algo de decencia, despojándolo de toda su ropa. Por alguna razón, había un feo corte en su hombro, y él estaba cubierto de mugre. Eso, también, era obra de los rebeldes, quienes presumiblemente querían presentar su muerte como algo que ellos habían orquestado.
El General Jade había hecho su declaración: “Pax era un tirano irracional. ¡Mi sobrino es el verdadero rey!”
La típica propaganda. Sin educación en asuntos políticos, yo no podía asegurar que Pax había sido un verdadero tirano. La descripción probablemente habría encajado hace muchos años, pero el hombre que había conocido en la actualidad no parecía ser ni irracional ni un tirano. Seguro, si te concentrabas en la parte donde él masacró a toda la familia real, podías argumentar que Pax era un déspota.
Pero incluso con estos escandalosos rumores circulando, solo un pequeño grupo podía ser visto arrojando piedras hacia el cadáver del antiguo rey. Las personas no lo habían amado, pero tampoco odiado. Él había pasado demasiado tiempo en el extranjero y gobernado por un periodo demasiado corto. De hecho, la mayoría de las personas probablemente pensaban, Oigan, ¿quién demonios era ese sujeto? En otras palabras, la mayoría sentía indiferencia hacia su muerte. Esa era la impresión que yo tenía.
Zanoba temblaba mientras observaba esto. Sus ojos permanecieron completamente abiertos, con sus puños temblando a su lado. Incluso yo podía sentir la bilis subiendo por mi garganta. Tal vez al final lo mejor habría sido cremarlo. Quizás entregar su cuerpo al ejército rebelde no fue la mejor idea. Ellos probablemente supieron que habían asegurado la victoria en el momento que tomaron el control del castillo.
De hecho, antes que todo eso—yo pude haber salvado a Pax de su destino. Puede que no haya anticipado que él saltaría del balcón, pero pude haberme lanzado por el borde junto a él y desplegado mi magia en medio del aire. Tal vez entonces yo—
No. No era bueno tener tales pensamientos.
Ni en mis más salvajes sueños habría pensado que él saltaría. Para el momento que lo hizo, ya era demasiado tarde. De hecho, yo debí haberme dado cuenta antes de que él estaba contemplando el suicidio, pero incluso eso era exigir demasiado de mí.
“¿Acaso volví a tomar la decisión equivocada?” comentó repentinamente Zanoba mientras yo estaba perdido en mis pensamientos.
Yo no tenía idea de lo que él estaba sintiendo. Era imposible saber lo mucho que le había importado Pax, como su hermano. Todo lo que sabía después de estudiar su rostro ahora mismo era que él había sentido algo especial por ese hombre. Tal vez algo en su pasado—algo que yo desconocía—había desencadenado tales emociones.
“No lo sé,” confesé honestamente. “Pero ver esto debería desalentar a las personas de tratar de oponerse al siguiente rey. Y, supongo que… ¿el país será más estable ahora?”
No podía recordar el nombre de este supuesto onceavo príncipe, pero si la memoria no me falla, solo tenía tres años. No había forma de que él pudiera haber incitado todo esto. El General Jade debe haber sido el instigador. Yo entendía el porqué de hacerlo, pero eso no quería decir que estuviera bien con ello.
Me pregunto si el General Jade en realidad había sido el apóstol del Dios Humano. ¿Entonces tenía que matarlo? Pero si su objetivo solo había sido matar a Pax, entonces la tormenta ya había pasado. Todo había terminado. Era posible que el Dios Humano ya se hubiese desentendido de este lugar.
Lo mejor es dejar las cosas como están, decidí.
No tenía caso seguir con eso. Cualquier cosa que hiciera probablemente ya no sería en ayuda de nuestro objetivo principal. De hecho, yo ya había perdido toda confianza en mis propias decisiones. Lo mejor que podía hacer era regresar a casa y recibir más órdenes de Orsted. Necesitaba informarle sobre la muerte de Pax… pero no podía irme sin Zanoba.
“Zanoba, estoy pensando en regresar a Sharia a primera hora mañana. ¿Qué hay de ti? ¿Planeas quedarte un poco más?” pregunté.
“Tengo la intención de regresar con usted, pero antes de hacerlo, ¿podemos esperar aquí a Ginger? Sospecho que ella ya se está dirigiendo a este lugar,” dijo él.
“Ah, es cierto. Entiendo.”
Ups. Me había olvidado por completo de Ginger. Sí necesitábamos reunirnos con ella primero; podíamos irnos una vez que lo hiciéramos.
Decidimos hacer justamente eso y encontramos una posada en la que permanecimos por tres días. Además, habíamos decidido no ir hacia el Fuerte Karon para encontrarnos con Ginger en el camino. Yo estaba ansioso de regresar a casa, pero al mismo tiempo quería ver un poco más de este país antes de partir. No creía que fuéramos a encontrarnos con ninguna revelación trascendental durante los pocos días adicionales que íbamos a pasar aquí, pero de todas maneras me aseguré de reunir toda la información que pude.
Por supuesto, el tema en boca de todos era el incidente más reciente. Las personas hablaban de cómo el ejército rebelde había rodeado la ciudad, chocando con las fuerzas reales de Pax. Ellos describían cómo el Dios de la Muerte Randolph había luchado contra el General Jade en una batalla a muerte que duró varios días. También había rumores de lo sabio y noble que era su nuevo rey. Eso era todo de lo que hablaban las personas, desde los mercados hasta el comedor de nuestra posada, hasta los pozos donde las personas se reunían. Era difícil diferenciar la realidad de la ficción en estas historias, y la mayoría parecían ser invenciones. Como dicen, la historia es escrita por los ganadores, por cruel que pueda ser esa realidad.
Por supuesto, no todos estos rumores fueron inventados por el General Jade. Algunos pueden haber comenzado como bromas, con fisgones tomando esos rumores como hechos. A juzgar por lo rápido que se esparcían los rumores, probablemente ya habían comenzado mientras el ejército rebelde todavía acampaba fuera del palacio. Después de todo, las personas amaban el drama. Y dicen que la verdad es más extraña que la ficción. En mi experiencia, la realidad era extraña, pero al mismo tiempo despiadadamente depresiva e inmisericorde.
Dentro de toda la información que reuní, algunos rumores sugerían que el próximo rey vendería la mitad del territorio del reino a su vecino del norte. Yo me pregunto, ¿qué pasó con las negociaciones de cese al fuego? ¿Acaso los soldados en el fuerte habían continuado lo que nosotros comenzamos, o al final todos nuestros esfuerzos habían sido en vano?
No tenía idea, y a Zanoba ya no parecía importarle. Él pasó la mayor parte de cada día dentro de la posada perdido en sus pensamientos, sentado en su silla y mirando al vacío. Me di cuenta de que él ahora había perdido a toda su familia. Sus hermanos, sus padres—a todos. Zanoba había llamado hogar a este país, pero su lugar aquí había desaparecido. Quizás él sentía que ya no valía la pena proteger este lugar.
Aunque Zanoba no estaba particularmente deprimido o melancólico. Él simplemente pasó la mayor parte de su tiempo reflexionando. Tal vez pensando en lo que haría de ahora en adelante.
La persona que terminó deprimida de hecho fue una completamente diferente—Roxy. Apenas había hablado durante los últimos días. Ella con suerte había tocado su comida. Cuando llegaba la noche, Roxy pasaba su tiempo mirando hacia la chimenea con una mirada abatida en su rostro.
Al parecer, la muerte de Pax había causado una gran conmoción en ella. Podía entender la razón. Durante sus momentos finales, Pax solo tuvo palabras de reproche para ella. Era como si la hubiese culpado de su suicidio. Si yo estuviera en el lugar de Roxy, probablemente también habría terminado así.
“Regresé,” dije.
Después de una larga pausa, Roxy respondió, “Bienvenido.” Ella estaba abrazando sus rodillas mientras miraba ausentemente hacia el fuego, como ya lo había hecho por varios días.
Como siempre, yo tomé asiento a su lado.
“Oye, um, Roxy…”
La conversación murió ahí como siempre. Todo lo que podía pensar para decirle eran cosas demasiado trilladas e insensibles. No podía reunir el valor para sacar las palabras, incluso si podían apaciguar cualquier culpa que ella sentía.
“Es cierto,” murmuró ella, hablando por primera vez. “Yo sí suspiré en su cara esa vez.”
Roxy no miró hacia mí mientras hablaba, pero podía notar que me estaba hablando a mí. Su lamento no terminó ahí.
“Me refiero al día en que el Príncipe Pax dominó ese hechizo de nivel Intermedio. Él estaba muy emocionado cuando vino a mostrármelo, y yo solo respondí con un suspiro. Puede que incluso haya murmurado, De seguro te tomó mucho tiempo.”
“Eso sería doloroso,” reconocí.
Roxy se aferró con fuerza al borde de su túnica. “Para ser honesta, creo que cuando lo estaba educando, yo seguí comparando su progreso con el tuyo. Terminaba pensando cosas como, Rudy podría haber entendido esto de inmediato, o Rudy podría haber aprendido esto con un chasquido de mis dedos. Y debido a eso, lo vi como alguien inferior a ti. Tal vez realmente lo desprecié.”
Yo aprendí magia de nivel Intermedio casi instantáneamente. Asumía que la propia Roxy la había aprendido igual de rápido. Pero no todos la aprendían de forma tan intuitiva. Yo lo había descubierto de la forma difícil cuando les enseñaba magia a Eris y Ghislaine. Pax probablemente lo había dado todo. Él se esforzó, llegó a sus propios métodos para el uso de la magia, los practicó, y finalmente alcanzó el siguiente nivel. Pax probablemente estaba esperando que Roxy lo felicitase por su logro, pero para su decepción, ella había suspirado. Si Roxy me hubiese hecho lo mismo cuando yo estaba viviendo en la Aldea Buena, entonces… bueno, probablemente no la habría respetado de la forma en que lo hago ahora. Puede que tampoco me hubiese casado con ella.
“En ese entonces, yo estaba más concentrada en el poder y los hechizos que no había dominado. E incluso después de alcanzar el rango Real, tenía mi vista puesta en algo incluso más grande. Tal vez yo era arrogante, e ignoré a aquellos que no estaban a mi nivel.” Roxy se mordió el labio, mientras apretaba con fuerza sus rodillas.
Yo estiré mi brazo y acaricié su espalda. Ella se estremeció suavemente al contacto.
“Creí que había aprendido de mis errores. Sabía que me había equivocado y juré hacerlo mejor,” dijo ella, con sus ojos llenándose de lágrimas. “Pero parece que no aprendí nada. Se me ocurrió que, aunque sea un poco, tal vez yo había fallado como profesora, pero traté de defenderme insistiendo que no, que el problema fue ese ambiente en el palacio.”
Lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas mientras continuaba, “Nunca se me ocurrió que fue mi actitud la que lo retorció. Nunca se me pasó por la cabeza—ni siquiera una vez—no hasta el día en que él lo dijo.”
Mientras ella comenzaba a sollozar, Roxy presionó su rostro dentro de sus rodillas, como tratando de contener sus lágrimas. Ella se acurrucó sobre sí misma, temblando incluso mientras yo seguía acariciando su espalda.
“Siempre pensé que podía hacerlo mejor con el próximo estudiante, pero… Pax solo tuvo una oportunidad para aprender por primera vez. Y yo la arruiné.”
Roxy siguió llorando. Yo seguí consolándola, dejando que el silencio se posase sobre nosotros. El único sonido dentro de la habitación era su llanto. Ella todavía estaba temblando, pero no dejé que eso me detuviera.
Después de un tiempo, las lágrimas se detuvieron. Cuando ella levantó su cabeza, sus ojos estaban completamente rojos.
“Rudy, ¿crees que está bien que yo siga siendo una profesora después de esto?” preguntó ella.
¿Cómo se supone que iba a responder a eso? No lo sabía. Yo no era un profesor. La única cosa que se me vino a la mente fue la palabra con la que yo solía referirme a ella hace mucho tiempo.

“Maestra,” dije.
Las siguientes palabras que tenía eran superficiales, sacadas directamente de las páginas de un manga o un videojuego, pero no podía recordar de cual. Tal vez era un poco ególatra de mi parte decirlo. Quizá solo le proporcionaría un consuelo vacío. Y quizá yo solo estaba tratando de ofuscar el problema.
“Maestra, no has fallado. Solo has ganado más experiencia.”
Otros podrían juzgarlo de forma diferente, pero yo no creía que estuviera mal decir esto.
“Siempre y cuando no repitas los mismos errores, entonces los otros estudiantes crecerán para ser adultos increíbles y encontrar su propia felicidad, tal como yo lo hice,” dije.
Roxy me miró fijamente. Yo la estudié—el cabello azul, las pestañas azules, y esos pequeños y temblorosos labios. Todas estas eran cosas que no podía tener en un punto de mi vida, pero las cosas ahora eran diferentes.
“Rudy, ¿eres feliz?” me preguntó ella.
“Sí. He pasado por cosas horribles, pero gracias a tus enseñanzas, he encontrado la felicidad.”
“Rudy… tú siempre dices eso.”
Por supuesto que sí. Ya que era la verdad. Eso no cambiaría.
“No puedo explicarlo muy bien,” admití, “pero la única razón por la que fui capaz de dar mi primer paso hacia esta vida fue gracias a que me subiste sobre ese caballo contigo.”
Ella sacudió su cabeza. “Estás exagerando. Estoy segura de que es debido a que ocurrió hace mucho tiempo, y te has convencido de que es más importante de lo que realmente es.”
“Puede que sea cierto, tal vez estoy exagerando un poco. Pero una cosa es segura; cada vez que fracaso, yo recuerdo que tú seguirías adelante incluso después de fracasar. Eso me dio fuerzas,” dije sinceramente.
Sí, tal vez tener a Roxy como profesora sí guio a uno de sus estudiantes a escoger el camino equivocado. Pude haberle dicho que ella no era el único factor que llevó a ese desenlace, pero ya que se sentía personalmente responsable, en su mente, Roxy bien pudo haberlo empujado de ese balcón con sus propias manos.
No obstante, podía argumentar que había otros estudiantes todavía con vida debido a que ella había sido su profesora. Yo ciertamente era un ejemplo de eso. Seguro, ella no fue la única que me dio motivos para seguir adelante, pero al final había sido una influencia importante.
“No tengo intenciones de decirte que solo olvides lo que ocurrió,” dije. “De hecho, creo que es mejor que no lo hagas. Pero al mismo tiempo, no quiero que ignores el hecho de que hay otros estudiantes cuyas vidas salvaste, como la mía.”
Yo sabía que sonaba arrogante decir eso, pero era como realmente me sentía. No quería que Roxy abandonase su carrera como profesora.
La mandíbula de Roxy cayó mientras ella miraba hacia mí. Parecía estar teniendo alguna clase de epifanía. Su cuerpo se estremeció, y gracias a todo lo que había llorado, ahora había mocos bajando a través de su labio superior. En pánico, ella enterró su rostro en los pliegues de su túnica.
“Rudy,” murmuró ella.
“¿Sí?”
“Estoy segura de que Lara debe haber estado tratando de empujar las cosas para que yo volviera a encontrarme con el Príncipe Pax.”
¿Quién podía asegurarlo? Solo Lara. Roxy puede estar convencida de que ese era el caso, pero yo no estaba tan seguro.
Aun así, a pesar de mis dudas, dije, “… Sí, estoy seguro de que ese debe ser el caso.”
Roxy siguió llorando por un rato después de eso. Yo me quedé a su lado todo el tiempo. Pero para el momento en que el sol salió al día siguiente, ella estaba de mejor ánimo que todos los días anteriores.
Pasaron cinco días más. El General Jade hizo los arreglos para la coronación. Él planeaba tirar la casa por la ventana. Aunque yo dudaba de que las arcas del país pudieran pagarlo, después de toda la carga financiera generada tanto por el golpe de estado como por las hostilidades con sus vecinos del norte, entendía la importancia de dar un espectáculo para dejar muy claro el cambio de liderazgo.
Mientras los rumores de los planes de coronación se esparcían, finalmente logramos reunirnos con Ginger. Después de que nosotros dejamos atrás el Fuerte Karon, ella permaneció ahí hasta que recuperó suficiente energía como para alcanzarnos. Ya que había exigido a su caballo mucho más allá de sus límites, Ginger necesitó encontrar uno nuevo, lo cual retrasó su viaje para reunirse con nosotros.
Mientras ella descubría lo que ocurrió—entre ver la situación en la capital y escuchar nuestra versión de los eventos—su expresión se puso rígida, como si creyera que las cosas siguieron su curso natural. Pero casi tan rápido, su rostro se volvió inexpresivo una vez más y murmuró un inocuo, “Ah, ya veo.”
No podía culparla por no sentirse mal por la muerte de Pax; él le había hecho cosas horribles. Pero eso no lo hacía menos deprimente.
“Ahora bien, Su Alteza, ¿qué planea hacer ahora?” preguntó ella.
Zanoba tarareó pensativamente, considerando la pregunta.
“Asumo que muy probablemente… ¿planea seguir protegiendo el reino?”
A pesar de que la expresión de Ginger no mostraba emociones, su voz temblaba ligeramente. Pax estaba muerto. Ya no quedaba nadie que pudiese amenazar la vida de Zanoba. Sí, el próximo monarca podría verlo como una amenaza potencial, pero el General Jade era un hombre sagaz. Él no guardaría un rencor personal contra Zanoba a causa de las malas acciones de su hermano, y vería la utilidad de tener a un Niño Bendito de su lado. Aún había riesgos, pero al menos el General Jade era alguien con quien se podía razonar. Él sería mucho más fácil de manejar y servir que Pax, si eso es lo que escoge Zanoba.
“No.” Zanoba sacudió su cabeza débilmente. “Regresaré a Sharia.”
Después de una breve pausa, Ginger asintió empáticamente, suprimiendo una sonrisa mientras decía, “Entendido.”
Yo siempre creí que ella quería que él fuera un ejemplo perfecto de alguien de la realeza y que se apegase a los deberes que eso conllevaba, pero su reacción me dijo que ella estaba más interesada en verlo sano y feliz.
Para ser honesto, estaba aliviado. Yo había sido capaz de lograr mi objetivo inicial—mantener con vida a Zanoba. Aun así, al mirar hacia su rostro, sentí un retorcijón en el estómago.
“Ginger,” dijo Zanoba con su rostro firme de la resolución. Era la misma mirada de determinación que él había tenido cuando partió este viaje hacia Shirone. “Estoy considerando… abandonar mi país.”
“¿Abandonar su país?” repitió Ginger, confundida. “Ah, ¿habla de desertar? Es una idea espléndida. El Reino de Ranoa de seguro le daría la bienvenida con los brazos abiertos. Tal vez si Rudeus-sama hablara bien de usted, incluso el Reino de Asura podría—”
Zanoba sacudió su cabeza. “No, no hablo de desertar.” Él miró abajo hacia ella mientras Ginger seguía arrodillada ante él y dijo, “Estoy considerando renunciar a mi posición como parte de la realeza. Le haremos pensar a las personas que morí durante el curso de esta rebelión, y regresaré a Sharia no como el Tercer Príncipe Zanoba Shirone del Reino de Shirone, sino simplemente como Zanoba. Y así, creo, es como quiero pasar el resto de mis días.”
El rostro de Ginger se nubló. Ella probablemente lo desaprobaba. No tenía idea de qué significaba exactamente renunciar a tu posición de esa forma, ya que yo nunca había poseído tal posición.
Después de otra breve pausa, ella finalmente dijo, “Creo que esa también es una idea espléndida.”
Para mi sorpresa, ella no se opuso.
Zanoba había vivido una buena vida en Sharia. Él solo quedaría mal si regresaba a Shirone ahora. Incluso si desertaba hacia otro país, ellos muy probablemente lo usarían por el poder que tenía como un Niño Bendito. Si esas eran sus únicas opciones, tal vez lo mejor era abandonar su posición para que pudiera vivir como quisiera. Ya no ser parte de la realeza podría ser difícil financieramente, pero yo podía ayudarlo. Él podía convertirse en un mecánico especializado de mi Armadura Mágica, y yo podía pagarle un sueldo para que le hiciera la mantención. Si eso no le llamaba la atención, él en vez de eso podía realizar alguna clase de trabajo en nuestro grupo de mercenarios.
“En efecto,” dijo Zanoba. “Ginger, has sido una subordinada leal.”
“Me honra con esas palabras.”
Zanoba asintió, viéndose complacido consigo mismo. Por su parte, Ginger parecía aliviada.
“Habiendo dicho todo eso, ¿qué planeas hacer tú ahora?” le preguntó Zanoba.
Ella lo quedó mirando fijamente. “Obviamente, planeo seguir sirviéndole como siempre lo he hecho.”
Él frunció su frente. “Puede que seas mi guardia personal, pero eres una caballera de Shirone. Si yo ya no soy parte de la realeza, entonces tú ya no tienes razón para seguir sirviéndome.”
“Por mi parte, difícilmente es relevante si usted es parte de la familia real o no.”
“Mm, pero no seré capaz de pagarte, ¿comprendes eso? Si recuerdo correctamente, tú has estado enviando tus pagos a tu familia, ¿no?”
“Todos ellos han crecido y ahora son independientes. Ya no queda nadie a quien deba apoyar financieramente,” respondió ella.
La aspereza en el tono de Zanoba se suavizó mientras seguían argumentando entre sí.
“También entiendes que, si permaneces a mi servicio por demasiado tiempo, tus posibilidades de encontrar a un compañero adecuado para casarte desaparecerán, ¿no?”
Ahora que lo pienso, ¿qué edad tiene Ginger? Estoy bastante seguro de que ella ya había pasado la edad ideal para casarse, al menos con respecto a los estándares de este mundo.
“¿¡Casarme!?” gritó Ginger, perdiendo la calma. Su mentón subió mientras ella se levantaba para quedar con ambas rodillas al suelo, para luego abrir completamente sus brazos. Al principio me pregunté qué estaba haciendo, pero luego ella se lanzó hacia el frente, golpeando el suelo con sus puños. Parecía estar postrándose. Tal vez esta era la mayor señal de respeto que alguien podía mostrar en Shirone. Tendría sentido, dado que Zanoba con frecuencia hacía lo mismo.
“¡Minerva-sama me solicitó directamente que lo cuidara! No importa si usted es parte de la realeza o no. Tampoco me importa si permanezco a su lado siendo una sirvienta en vez de una caballera. ¡Pero se lo ruego! ¡Si de verdad está tan preocupado por mí, por favor, no me aparte de su lado!”
Su declaración fue tan repentina que no pude ocultar mi confusión.
Minerva… si recuerdo bien, ese es el nombre de la madre de Zanoba.
“Mm.” Zanoba acarició su mentón, considerando su petición. Él lentamente se puso de cuclillas y respondió, “Tu petición ha sido escuchada, Ginger. Levanta tu cabeza.”
Ginger hizo lo que se le ordenó, con sus ojos llenos de lágrimas a punto de caer.
“Si de verdad esa es tu intención, yo no te apartaré contra tu voluntad. Sin embargo, al mismo tiempo no te trataré como una caballera o ni siquiera como una sirvienta. Desde ahora en adelante, serás mi amiga. ¿Entendido?”
Las lágrimas finalmente se derramaron, bajando por sus mejillas mientras respondía, “¡Sí, señor!” Y entonces ella bajó su cabeza, postrándose una vez más.
No podía decidir si esta era una escena hermosa o no. Desde el exterior, se veía irreal.
En cualquier caso, Zanoba había decidido que regresaría a casa. Nuestra misión aquí había terminado. No podía decir que habíamos llegado hasta aquí sin ningún obstáculo; en realidad no habíamos resuelto ningún problema. Todo esto dejó un mal sabor en mi boca. Yo no solo estaba desanimado por no haber podido salvar a Pax, sino que además parecía que todos nuestros esfuerzos habían sido en vano, dejando solo estrés.
Dejando de lado los sentimientos persistentes, ya todo había terminado. Era la hora de regresar a casa.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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