La Otra Esclava – Segunda Parte
Capítulo 11: La Otra Esclava – Segunda Parte
La mitad de la vida de Juliette había estado manchada por la desesperanza. Ella nació de una pareja de enanos y literalmente le dieron el nombre, “La hija de Bazar del Acero Sagrado y Lilitella de la Hermosa Cadena Nevada.” Los enanos tenían la costumbre de no darles nombre a sus hijos hasta que alcanzaban los siete años de edad, así que no había nada extraño con que ella no tuviera uno propio. En ese entonces, los padres de Juliette se referían a ella como nuestra bebé o nuestra querida hija, y ella no lo encontraba para nada extraño.
Pero suficiente de eso. Vamos a hablar de Bazar y Lilitella. Ellos eran un poco diferentes de los otros enanos. La mayoría de los enanos vivían en el Continente de Millis, en la parte sur del Gran Bosque, justo al pie de las montañas. Ellos pasaban su tiempo extrayendo minerales y usándolos para fabricar armas, las cuales eran usadas para cazar, o vendidas para comprar comida. En ese sentido, ellos eran una raza bastante simple.
Sin embargo, los padres de Julie se ganaban la vida viajando por el mundo y fabricando armas y accesorios en cada región que visitaban, usando cualquier material que pudieran encontrar ahí. Julie no conocía la razón por la que ellos decidieron dejar su hogar y convertirse en nómadas. Tal vez tuvieron una buena razón, o tal vez fue meramente la indulgencia juvenil la que los llevó a aventurarse lejos de su país de origen.
Sea cual sea el caso, una cosa era evidente: la vida que habían escogido no era una fácil. Aún peor, ya estaban al borde de la bancarrota cuando Julie nació. Ellos habían contraído más deudas pagando las deudas que tenían, y sin importar cuánto trabajaran, no estaban ganando lo suficiente como para poder pagar el incremento de los intereses. Su deuda solo crecía y crecía.
No era como si le faltara algo a las habilidades de sus padres; ellos simplemente no tenían la habilidad para los negocios o la visión para hacer un uso apropiado de sus talentos. Ellos creyeron que, si fabricaban productos de buena calidad, las personas estarían dispuestas a comprarlos, lo cual era la razón de que pidieran préstamos para comprar materiales de gran calidad más allá de sus posibilidades y trataran de vender esos productos. El problema era que muy pocas personas se detendrían en una tienda a un lado del camino a comprar algo tan exorbitante. A la pareja le tomaba demasiado tiempo vender sus bienes, y se hundían cada vez más en números rojos mientras los intereses de sus deudas crecían. Ellos se alegrarían cuando tenían algo de suerte con sus ventas, hasta que tenían que gastar en cosas básicas, y luego regresaban a estar en números rojos.
Honestamente era impresionante que ambos pudieran vivir de esa forma por tantos años. Ellos solo lo lograron porque ya sabían ser autosuficientes. En ocasiones, incluso recurrían a idear medios para seguir a flote, tales como no pagar las deudas más pequeñas al saltarse ciudades en su camino hacia otro país. La pareja por varios años estuvo desesperada obteniendo lo suficiente para vivir, y definitivamente no había nada bueno en eso para ellos.
El recuerdo más antiguo de Julie era de sí misma recostada en la cama y mirando a sus padres encorvados, con sus espaldas hacia ella mientras trabajaban en fabricar algo. Ellos tenían sus frentes casi pegadas mientras jugaban con algo en sus manos. Una brisa fría entró por una grieta en la habitación y acarició la mejilla de Julie. Ella lloró, y Lilitella sonrió de mala gana mientras regresaba con ella y la acunaba en sus brazos, tratando de consolarla.
La forma en que se veían estaba grabada en la mente de Julie incluso ahora—las lágrimas amenazando con caer de los ojos de Lilitella, y la mirada sombría y culpable en el rostro de Bazar. Julie no podía recordar haberlos visto sonreír alguna vez.
Unos años más tarde sus padres finalmente fueron abrumados por sus deudas. Ellos se habían saltado tantas cuotas que los tiburones de los préstamos habían comenzado a ponerlos en sus listas negras, haciendo imposible que siguieran pidiendo prestado. Sin los medios para comprar los materiales que necesitaban, ellos no tuvieron forma de seguir obteniendo el dinero básico para vivir, mientras ya era invierno en los Territorios del Norte en ese momento.
Sus únicas opciones eran morir como una familia o encontrar una forma de vivir como esclavos. Sin otras opciones a su disposición, ellos escogieron esta última.
A pesar de sus circunstancias, Bazar y Lilitella probablemente fueron más afortunados que la mayoría. Los enanos tenían constituciones fuertes, y ya que Bazar era un herrero tan hábil, él rápidamente encontró a un comprador. Lilitella no tuvo una espera muy larga; ella era hábil con sus manos, y podía fabricar bellos accesorios y reparar variados objetos y ropa, y tenía experiencia cuidando de niños. Ninguno de ellos moriría, incluso si eran separados. Aún había personas ahí afuera que necesitaban sus habilidades.
Por supuesto, excepto por Julie, quien era la más desafortunada de su familia. Ella era demasiado joven como para tener algún uso. Julie apenas podía hablar para su edad. Ella no llenaba las necesidades de nadie, y por lo tanto no había compradores para ella. Julie estuvo de pie al borde del mercado de esclavos día tras día, mirando hacia sus pies. Incluso los comerciantes de esclavos se estaban preocupando sobre qué hacer con ella. Los esclavos todavía eran personas como todos los demás, lo cual quería decir que los comerciantes de esclavos tenían que alimentarlos, darles un lugar cálido para dormir, y asegurarse de que estuvieran saludables.
Lo único bueno de esto era que Bazar y su esposa habían logrado venderse a sí mismos al comerciante de esclavos Febrito, quien era uno de los más grandes en este rubro. Él se había asegurado un lugar importante en el mercado, y tenía la reputación de tener mercancía de calidad. Fue por eso que mantuvieron a Julie y la cuidaron incluso aunque ella había fallado a la hora de atraer compradores, en vez de abandonarla a un lado de algún camino.
Pero ahí terminaba su suerte. Incluso Febrito no podía darse el lujo de preocuparse por lo que consideraba bienes defectuosos en su almacén. Su trato hacia Julie gradualmente se hizo más descuidado, hasta que él dejó de llevarla a la zona de ventas.
A pesar de lo joven que era, Julie sabía que nadie la necesitaba. Ella también sabía que sus padres la habían abandonado. Aún peor, ella sabía que probablemente sufriría de frío y hambre en esa jaula hasta que el dulce abrazo de la muerte finalmente se la llevara.
Julie no estaba particularmente preocupada por la idea del fin de su vida. Ninguno de sus recuerdos era sobre algo bueno. Ella nació en la pobreza y pasó toda su vida con un dolor en su estómago. Sus comidas consistieron de sopas con hierbas amargas y carne vieja al borde de estar podrida. Ella había hecho su mejor esfuerzo por no estorbarles a sus padres, acurrucándose en las esquinas y permaneciendo quieta todo el tiempo. Cada día era tan aburrido y sin sentido como el anterior. El único recuerdo decente que ella tenía era de la época donde sus padres lograron vender uno de sus trabajos por dinero decente. Su padre le permitió beber un sorbo de alcohol esa vez. Fue un ron atroz, mezclado con todo tipo de cosas. Pero como una enana probando licor por primera vez, Julie pensó que era absolutamente delicioso.
Julie no tenía deseos de seguir viviendo. Ella no soñaba con encontrar la felicidad. Ni siquiera tenía idea de cómo podría pasar eso. Fue por eso que, cuando dos hombres se acercaron a ella, Julie no pudo imaginar nada bueno saliendo de ello. De hecho, ella estaba segura de que algo nuevo y horrible estaba en el horizonte.
“¿Ya no quieres vivir?” le había preguntado uno de los hombres.
Sí, tienes razón, había pensado ella en ese momento. Quiero morir.
“Si es tan malo, ¿debería terminarlo por ti?”
Una parte de ella sintió alivio. Al fin, todo esto terminará. No más frío, no más hambre. Su oscura vida llegaría a su fin.
El hombre que le hizo esta pregunta tenía una expresión en blanco. Era tan difícil de leer que ella tenía la impresión de que él lo decía en serio—que, si ella asentía, él tomaría su vida tan fácil y rápidamente como respirar. Sus ojos estaban demasiado serios como para que fuera una broma. Pero mientras más los estudiaba, más se acumulaba algo extraño en su interior. Era casi como si él en realidad estuviera tratando de decir, “Todavía te quedan las ganas suficientes como para volver a darle una oportunidad a la vida, ¿no?”
Por supuesto, si él realmente lo decía, ella probablemente habría sacudido su cabeza e insistido en que no quería hacerlo. Pero él no lo dijo, solo la quedó mirando en silencio.
No era como si Julie no lo considerase una opción. Pero al final las siguientes palabras atravesaron sus labios de forma espontánea.
“No quiero morir.”
Nada en sus recuerdos le daba una razón para querer vivir, pero no era como si ella realmente quisiera morir.
Es cierto… no quiero morir.
Después de que ellos lavaron su cuerpo de toda la mugre, le colocaron ropa costosa que ella nunca antes había usado, y la alimentaron con la comida más deliciosa que ella había tenido en toda su vida, ellos finalmente dijeron…
“Desde hoy en adelante, tu nombre será Juliette.”
Ellos le habían dado un nombre. Al escucharlo, ella sonrió. Julie ni siquiera sabía la razón por la que lo hizo, pero lo hizo.
Fue solo más tarde, después de reflexionar al respecto, que ella se dio cuenta de algo—en ese momento, ella finalmente sintió que toda la miseria que había experimentado en su vida llegó a su fin. Su sonrisa debe haber sido a causa del alivio… o eso creyó ella.
La vida como una esclava era muy diferente de como la había imaginado. Es cierto, su imaginación estaba limitada debido a su escasa experiencia de vida, pero ella escuchó cómo los otros esclavos en la casa de esclavos lamentaban todo lo que les ocurrió. Ella naturalmente esperaba que la desesperación continuase.
Julie pasó sus días sirviendo a Zanoba y aprendiendo magia de tierra para así poder conjurar y fabricar figuras. Había muchas cosas que ella debía recordar, muchas órdenes que debía seguir, y si no se apegaba a las reglas o mantenía las promesas que había hecho, ellos se enojarían con ella. Era un trabajo duro para alguien tan joven. No ayudaba que ella fuera una esclava dentro de la universidad; los otros estudiantes la trataban mal cuando Zanoba no estaba observando.
Aun así, ella había experimentado peores cosas antes de convertirse en esclava. Ellos la mantenían alimentada, le permitían usar agua caliente para sus baños, y le daban un lugar cómodo para dormir. Más importante, su maestro, Zanoba, era increíblemente amable con ella. Él a veces se enojaba, pero nunca le gritaría. Él siempre era extremadamente paciente y dejaba las cosas absolutamente claras cuando se comunicaba con ella, a pesar de no hablar una lengua en común al comienzo.
“Tú no me perteneces,” diría él. “Eres la esclava de mi maestro.”
Esa fue la frase que Zanoba repitió los primeros meses que ella vivió con él. Para ser honestos, Zanoba probablemente lo creía. Para él, Julie simplemente estaba a préstamo. Era por eso que él era tan educado con ella, tal vez no como sería con un invitado, pero más como lo sería con un sirviente. Julie no podía hacer nada sola, pero Zanoba no la despreciaba por aquello; él le enseñó cada una de las cosas que ella sabía. A limpiar, cómo cuidar las figuras y muñecas, a lavar la ropa, cómo mantener a las muñecas y figuras organizadas, a doblar la ropa, modales apropiados a la mesa, y cómo limpiar figuras y muñecas. A pesar de ser de la realeza, Zanoba era bastante independiente. Gracias a eso, Julie aprendió a servirle en un parpadeo.
Más tarde ella tuvo que aprender el lenguaje y las habilidades para su artesanía. Rudeus era el principal responsable de enseñarle eso, y él nunca perdía la paciencia con ella. Incluso cuando ella tenía problemas para aprender alguna palabra y se encogía del miedo por su regaño, él mantuvo su voz calmada y trató de descubrir amablemente qué era lo que le estaba costando. Sin embargo, él era estricto a su propia manera, haciéndola repetir la misma cosa una y otra vez por días hasta que finalmente se le grabara.
Para ser honestos, a Julie al principio no le agradaba mucho Rudeus. En parte porque él se parecía al villano de un cuento de hadas que sus padres le habían contado cuando ella era una niña, pero también en parte porque sus palabras de cuando se conocieron tuvieron un impacto duradero. Ella sabía que él podía terminarlo todo por capricho. Si él así lo quería, Rudeus podía despojarla de la vida a la que ella se había acostumbrado. Esa idea dificultaba que pudiera relajarse a su alrededor.
Afortunadamente, esa sensación pronto se desvaneció. Rudeus no le hizo nada incluso cuando ella falló en alcanzar sus expectativas. De hecho, él la trató bien y sonrió hacia ella. Cualquier ansiedad que sentía desapareció gradualmente hasta que estuvo totalmente cómoda a su lado.
Probablemente Zanoba también era responsable de aquello. Él siempre comía junto a ella, dormía cerca, y cada vez que ella se enfermaba, se lastimaba, o incluso se sentía un poco mal, él inmediatamente correría en busca de Rudeus o un sanador. Cuando ella experimentó su primer periodo el otro día, Zanoba se esforzó por estar ahí incluso aunque él no tenía idea de lo que estaba haciendo. Zanoba realmente la había tratado como si fuese su hermana menor, eso a partir del pánico y la preocupación que él había mostrado por ella.
Julie de hecho no tenía idea de si él en realidad tenía o no algún hermano, y si los tenía, qué clase de personas eran. Zanoba nunca hablaba sobre su familia. Por otro lado, Zanoba hablaba diariamente sobre cualquier figura o muñeca que él había visto en el mercado, o sobre las que tenía en su posesión. Él siempre se veía genuinamente feliz cuando lo hacía. Tal vez Zanoba nunca antes había tenido a alguien con quien compartir su pasatiempo, pero al mismo tiempo era natural que alguien disfrute hablando sobre las cosas que le apasionan. Julie supuso que la razón de que no hablase de su hogar o familia era debido a que no era una conversación agradable para él. Ella sentía lo mismo; Julie en realidad no quería recordar cómo era su vida antes de convertirse en una esclava.
Zanoba pasaba cada noche—y en ocasiones en las tardes—balbuceando sobre muñecas y figuras. Él tenía una gran amplitud de conocimiento a lo largo de variados campos, todos ellos exactos y precisos. Gracias a él, ella gradualmente también se volvió una conocedora. Cada vez que ella le mostraba las habilidades o conocimiento que había adquirido, Zanoba estaría complacido y la halagaría, lo cual la motivaba incluso más para estudiar.
Ginger fue estricta con Julie cuando llegó, particularmente cuando se trataba de modales, ropa, y hablar apropiadamente. A pesar de esto, la vida de Julie no cambió mucho, especialmente ya que Ginger no trataba a Julie como una esclava; ella la trataba como una compañera que también servía a Zanoba.
Con el paso de los días, Julie encontró algo que era preciado para ella—su trabajo fabricando figuras. Ciertamente no era un trabajo que ella había deseado. Solo era algo que ella había comenzado debido a que, como una esclava, su maestro le había ordenado hacerlo. Sin embargo, si le pedían ser honesta al respecto, ella diría que lo encontraba bastante divertido.
Zanoba francamente era terrible cuando se trataba de fabricar figuras, pero él le enseñó todo lo que pudo y le proporcionaba herramientas cuando ella las necesitaba. Así fue como Julie lentamente adquirió sus habilidades, una nueva técnica a la vez. Mientras más mejoraba, mejor podía fabricar las cosas que imaginaba en su cabeza.
Zanoba estaba inequívocamente feliz cada vez que ella completaba una figura, pero en ocasiones donde ella se superaba él no solo la bañaba en halagos, sino que también le permitía beber un buen alcohol. Como enana, el alcohol era como el néctar de la vida para ella. Calentaba todo su cuerpo y hacía que su corazón se sintiese libre y satisfecho. Hacía que los oscuros recuerdos de su niñez desaparecieran lo suficiente como para que realmente pudiera disfrutar lo feliz que era su presente. Esos sentimientos se transformaban en la energía que ella necesitaba para seguir esforzándose cada día, y le proporcionaban la motivación para comenzar una nueva figura.
A Julie le causaba mucha felicidad sentir que sus habilidades mejoraban y ver que sus creaciones causaban tal felicidad en alguien más. Era la primera vez que ella había experimentado tal cosa, y la ayudaba a dedicarse en cuerpo y alma a fabricar figuras. Ella se esforzaba al máximo en fabricar figuras para Zanoba. Él normalmente se veía abrumado de la felicidad, a pesar de que en ocasiones ofrecería una estricta crítica. Cuando eso ocurría, ella fabricaría la siguiente con incluso más cuidado, encontrando formas de mejorar a partir de sus errores pasados. A veces el producto final sería un poco mejor y a veces sería un poco peor.
Y así pasaban los días, uno tras otro. La vida de Julie era pacífica y feliz, y estaba agradecida con Rudeus y Zanoba por haberle proporcionado eso. Ella rezaba de todo corazón poder seguir junto a ellos por siempre, fabricando figuras durante ese tiempo. En algún punto, fabricar figuras se había transformado en su propia identidad.
En un día común y corriente dentro de los muchos felices que ella había pasado en Sharia, Julie terminó una figura tal como siempre lo hacía. Sin embargo, esta era un poco diferente—por supuesto, no era nada dramático, solo tenía una pequeña diferencia. Esto era evidente, ya que ella la había fabricado usando las mismas técnicas que había usado en las demás. Ella conjuró la base de la figura con magia de tierra y cinceló el exceso hasta que era de un tamaño uniforme. Luego usó su cuchillo para perfeccionar la forma, mientras su magia se encargaba de pulir el resto. Ese era su proceso normal.
Sin embargo, esta vez ella se dio cuenta de que tenía algo extraño cuando la terminó. Más bien, no había absolutamente nada extraño sobre la figura. Era exactamente eso lo que le molestaba. La figura era prácticamente perfecta. Sus habilidades todavía solo estaban en un nivel intermedio, así que ella normalmente cometía un error en el proceso. Era natural; estas figuras no eran figuras de tamaño real de personas, sino que miniaturas que no mantenían las proporciones exactas o la anatomía. Aun así, esta carecía de esos errores esperables. Estaba bien balanceada—los brazos y piernas tenían curvas naturales, la superficie estaba limpiamente pulida, e incluso los detalles más intrincados fueron perfectamente retocados hasta la perfección.
Más importante, podías notar de un solo vistazo rápido que la figura era hermosa. Julie no tenía idea de qué cosa en particular había causado esto, pero ella recordaba esta sensación peculiar. Cuando Zanoba le mostró las figuras que él mantenía cuidadosamente guardadas en lo más profundo del área de almacenaje de su dormitorio, ella había sentido algo similar. En pocas palabras, eran obras maestras.
Cuando Julie se dio cuenta de lo que estaba sintiendo, algo indescriptible subió hasta la boca de su estómago—una emoción que no sabía cómo llamar. Ella nunca soñó que sería capaz de crear algo como esto. Julie creía que le tomaría más años el solo hecho de fabricar algo equivalente a una obra maestra. No—a decir verdad, ella no estaba confiada de que algún día sería capaz de lograr tal cosa. Era increíble que ella hubiese logrado eso ahora, de la nada.
No era como si ella hubiese fabricado esto solo con algunas horas de trabajo. Ella le había dedicado una cantidad considerable de tiempo. Julie debería haberla terminado más rápido, ya que ella hizo uso de la totalidad de su magia mientras la fabricaba, pero le había tomado un mes entero. Ella usó cada pizca de conocimiento y experiencia que había acumulado creando esta, pero igual: nunca, ni en un millón de años ella habría esperado que saliera tan bien. Julie no se creía capaz de tal cosa. Si alguien le pidiera hacerlo de nuevo, ella dudaba poder lograrlo. Pero no había dudas: la figura en sus manos era algo que ella había creado.
La emoción la abrumó, y muy pronto, un rostro apareció en su mente—uno de forma ovalada usando lentes, el cual pertenecía a un hombre maduro de apariencia aburrida—Zanoba.
Tengo que mostrarle esto al Maestro, pensó ella.
Sin duda Zanoba gritaría con toda la fuerza de sus pulmones y correría en círculos dentro de la habitación cuando la viera. Ella también estaba segura de que él la bañaría de halagos.
¡Tengo que mostrársela inmediatamente!
Con esa idea en mente, ella tomó la figura, con la intención de ir directamente con Zanoba. El problema era que él en este momento estaba en las afueras de Sharia trabajando en ajustar la Armadura Mágica de Rudeus. Si corría en su búsqueda, ella sería capaz de llegar con él antes de que tuviera la intención de volver a casa. Eso garantizaría que ellos no pasaran uno al lado del otro sin encontrarse.
Julie se detuvo en la puerta, con sus labios apretados y pensando mientras sostenía la figura en su mano. Era una pieza de una calidad inigualable. Eso era seguro. Cada célula de su cuerpo gritaba que esta era una obra maestra. Pero ¿de verdad podía mostrársela a Zanoba así? Seguro, él estaría encantado, pero pensándolo mejor, todas las otras obras maestras que él le había mostrado estaban cuidadosamente colocadas dentro de cajas de madera adornadas con hermosa tela.
Cada dos o tres días, Zanoba abriría las cajas de sus figuras más importantes para comprobar su estado. Él siempre tenía una mirada ansiosa cuando jalaba del hilo que mantenía cerrada la caja. Su rostro se iluminaría cuando veía la figura en el interior, sacándola delicadamente y colocándola sobre su escritorio, admirándola mientras dejaba salir suspiros de fascinación.
Sí, una caja. Era un componente necesario para amplificar la calidad de una obra maestra.
Julie miró alrededor de su área de trabajo. Ella comprobó todas las herramientas y suministros de trabajo que usaba para fabricar figuras, pero nada se parecía a una caja. Ya que su magia suministraba todos los materiales necesarios para su artesanía, siguiendo el estilo que Rudeus le había enseñado, ella no tenía los suministros con los cuales poder fabricar una caja. Sin embargo, ella sí tenía una bolsa de lino blanca. Tintineó cuando ella la levantó. No era tan pesada, pero tenía un peso considerable. Dentro había algunas monedas de plata y cobre de Asura.
Zanoba le daba un sueldo a Julie por todo su trabajo. Ella no podía recordar bien cuándo había empezado, pero él insistió en que ella debía tomarlo en caso de que alguna vez necesitase algo repentinamente. Últimamente, él había estado pagándole una suma particularmente generosa. Ginger no estaba muy feliz por esto, insistiendo en que, “No veo porqué es necesario que ella tenga dinero,” pero Zanoba ignoró sus protestas. Su insistencia en pagarle le hizo sospechar que el Gran Maestro Rudeus le había dicho algo.
Julie reflexionó profundamente sobre esto. Esta era precisamente la clase de situación donde ella necesitaba algo repentinamente.
Ella agarró el dinero y se dirigió al distrito de los artesanos. El lugar al que se dirigía era nada menos que la tienda de Belfried. Zanoba la había llevado ahí varias veces en el pasado, así que ella sabía lo mucho que él respetaba la calidad del trabajo de Belfried. Fue por eso que ella decidió comprar un dormitorio que encajase con su figura, para así poder presentársela a Zanoba.
Por desgracia, las cosas no salieron de la forma que ella había anticipado. El precio era mucho más alto de lo que ella podía pagar. Los productos en exhibición en su tienda estaban más allá de su alcance con sus ingresos actuales. Eso era normal, ya que su trabajo estaba enfocado a la nobleza. A pesar de lo sorprendida que estaba por los precios, ella se rehusó a darse por vencida y trató de hacer un trueque con Belfried.
Zanoba era uno de los clientes valiosos de Belfried. Él no compraba ninguna muñeca, pero sí tenía en muy alta estima los dormitorios que Belfried fabricaba. Él traería sus propias figuras y haría que Belfried les construyera dormitorios especialmente para ellas. Mientras mejor fuera la calidad del trabajo que trajera, más estaba dispuesto Belfried a reducir sus precios. Era por eso que ella había esperado hacer un trato que pudiera pagar al mostrarle la figura que tenía.
Esta vez las cosas tampoco salieron como ella había esperado. Bueno, no, eso no era del todo correcto: su plan en realidad funcionó. En el momento que Belfried posó sus ojos sobre su figura, su emoción se disparó. Él chilló como una criatura inhumana y salió corriendo hacia las profundidades de su tienda, regresando con una enorme bolsa de monedas de oro. Él inmediatamente la usó para suplicarle que le vendiera la figura.
“Estaría más que feliz de fabricar un dormitorio para ella,” dijo él. “¡Fabricaré uno tan grandioso que ella podrá dormir cálida y confortablemente a mi lado por el resto de su vida! No encontrarás a nadie más adecuado que yo para tenerla, especialmente con mis habilidades para fabricar dormitorios. ¡Colocaré a esa hermosa chica a descansar y le permitiré dormir pacíficamente sobre un colchón único en su tipo! ¡Así que, por favor! ¡Sé buena y acepta mi oferta!”
Sus ojos estaban extrañamente abiertos y saliva caía de su boca mientras la presionaba para vender. Naturalmente, eso la asustó. Todo su cuerpo comenzó a temblar. Julie instintivamente lo apartó y corrió hacia la puerta. Belfried la persiguió, pero el miedo impulsó sus pequeñas piernas para alcanzar su máxima potencia. Ella se estrelló en un estante en su camino hacia la puerta y envió su contenido a volar por el suelo, pero no miró atrás mientras realizaba su escape. Desafortunadamente para ella, Belfried también ignoró eso y siguió persiguiéndola, gritando algo incomprensible mientras lo hacía.
De alguna forma, Julie logró perderlo y regresó a la habitación en el dormitorio, jadeando en busca de aire. Su cuerpo siguió temblando del miedo por un tiempo después de eso. Ella temía que él pudiera patear la puerta en cualquier momento y entrar para continuar su persecución. Afortunadamente, eso no ocurrió, y Zanoba regresó más tarde, lo cual la ayudó a tranquilizarse.
Julie ahora no podía regresar a esa tienda, no después de lo que había experimentado. ¿Entonces qué más podía hacer? Esa noche, ella reflexionó sobre el asunto hasta que al final recordó algo que Rudeus le había dicho. “Si necesitas algo y no lo tienes ya, solo fabrícalo.” Ella no podía recordar cuándo y porqué él había dicho eso, pero, no obstante, ellos la habían comprado a ella para ese propósito: para fabricar cosas. Y ahora, ella tenía la magia de tierra y las herramientas necesarias para darle forma a cualquier cosa que conjurase y pulirla hasta la perfección.
Al día siguiente, Julie comenzó a usar sus suministros para construir una caja. Ella conjuró la forma básica con su magia de tierra, y luego usó poder mágico y herramientas para recortarla. Ella había hecho esto miles de veces en el pasado. Al menos en las fases iniciales, no importaba si era una caja en vez de una figura. Aunque completar el proyecto era difícil, ya que los detalles más intrincados requerían un proceso y conjunto de habilidades diferentes. Después de varios días de trabajo, ella aún no había terminado: tal vez llevaba cerca del setenta por ciento. Sin embargo, era un progreso impresionante considerando que ella nunca antes había fabricado algo como esto.
Mientras ella fabricaba la caja, un recuerdo de sus primeros años regresó a ella. Julie vio los rostros de sus padres, tenuemente iluminados en su triste y agobiante casa. Ella honestamente no tenía buenos recuerdos de ellos. Sus padres con frecuencia se gritaban el uno al otro por dinero o de otro modo se veían tristes. Lo único bueno que ella podía decir de ellos era que se esforzaban mucho. Noche tras noche, con una sola vela para iluminar el lugar, ellos fabricaban algo lentamente. Su padre normalmente era escandaloso durante el día, pero cuando caía la noche, él era aterradoramente silencioso mientras forjaba el metal para crear sus productos.
Lo que más se destacaba en los recuerdos de Julie eran los accesorios de su madre, los cuales eran tallados en madera. Ella podía convertir un bloque de madera en la más hermosa azucena. Julie no recordaba en lo que su madre había colocado eventualmente esas azucenas, pero recordaba vívidamente las propias flores. Con esos recuerdos como guía, ella talló azucenas en su propia caja. Ver que se acercaba gradualmente a estar completa hacía que cada día fuera más divertido que el anterior. De seguro Zanoba estaría complacido, ¿no? Ella se preguntaba cómo expresaría su alegría. ¿Acaso gritaría de la forma en que normalmente lo hacía? ¿O cerraría sus ojos con tanta fuerza que estos desaparecerían dentro de sus mejillas, mostrando una alegría más tranquila? Mientras más lo imaginaba, más su corazón latía con fuerza de la anticipación.
Como ya había sido dicho muchas veces, Julie estaba verdaderamente agradecida con Zanoba y Rudeus. Además, estaba satisfecha con su vida actual. Ella quería que las cosas siguieran así. Ese era su deseo.
“Julie… ¿Deseas dejar de ser mi esclava?”
Esas palabras fueron como una puñalada a su corazón.
Ella tuvo un mal presentimiento en el momento que lo vio entrar con Belfried detrás suyo. Después de todo, ambos eran buenos amigos, y ella había empujado a Belfried y huido de su tienda. Cuando golpeó uno de sus estantes en el proceso, ella pudo haber dañado algunos de sus productos. Solo ahora se daba cuenta de lo grosera que había sido. Julie esperaba que Zanoba estuviera enojada con ella. Él nunca le gritó, pero Zanoba había sido duro con ella algunas veces. Él era especialmente estricto cuando ella había hecho algo malo. A veces incluso la castigaría, para asegurarse que ella entendiera que lo que había hecho estaba mal y que no volviera a cometer el mismo error.
Cada vez que Zanoba se enojaba con ella, Julie trataría de corregir su equivocación frenéticamente. Con frecuencia, eso era suficiente para arreglar las cosas. De hecho, Zanoba y Rudeus siempre la perdonaban rápido. ¿Entonces por qué entró en pánico? La respuesta era simple. Muy simple.
Julie frunció sus labios y lo pensó detenidamente. Ella estaba convencida de que había hecho enojar a Zanoba a causa de su trato hacia Belfried. Si ella había dañado su hermosa mercancía, por supuesto que Zanoba estaría enojado por ello. Aquellos eran bienes costosos producidos para la nobleza, lo cual quería decir que sería una gran pérdida personal para Belfried si estaban rotos. El costo probablemente eclipsaría cualquier precio que ella pudiese alcanzar si ellos la vendieran.
Esto era mucho peor de lo que ella había anticipado. Ahora incluso Rudeus estaba involucrado, y ellos estaban considerando separarse de ella. Esa era su suposición.
Tal vez habría sido diferente si fueran solo ella y Zanoba. Quizá las cosas no habrían terminado así si ella no hubiese ido a la tienda de Belfried. Tal vez ella no habría sentido tanta presión si Rudeus tampoco hubiese estado presente. Tal vez, ella podría haber considerado tranquilamente lo que él estaba diciendo y respondido de corazón que todavía quería permanecer a su lado.
Por desgracia, ese no era el caso.
La visión de Julie comenzó a teñirse de blanco, con su mente girando en círculos mientras trataba de estrujar su cerebro en busca de una respuesta. ¿Qué debía hacer en esta situación? Tenía que hacer algo, ¿no? Sus pensamientos vagaban entre la forma que Belfried había actuado en la tienda y el precio que él había ofrecido por su figura.
En un intento desesperado por aferrarse a su última esperanza de remediar esto, Julie corrió de vuelta dentro de su habitación. Se sentía como si el mundo estuviera cerrándose a su alrededor. Sus piernas estaban inestables mientras las usaba y sus manos seguían temblando, pero ella de alguna forma logró estirarse bajo su cama y sacar lo que ella había estado ocultando ahí—la figura, la mismísima obra maestra que ella había fabricado. La única cosa que Belfried deseaba desesperadamente.
Julie apretó su creación en sus manos y regresó rápidamente con Zanoba y los demás. Ella caminó a su lado y se arrodilló en frente de Belfried.
“¡Le daré esto, así que, por favor, por favor, discúlpeme!” lágrimas y mocos comenzaron a bajar por su rostro. Lo primero que ella tenía que hacer era aplacar su enojo, y era por eso que había traído su figura y se la había ofrecido.

Tanto Rudeus como Zanoba estaban atónitos por sus acciones. El primero, en particular, nunca imaginó que ella tendría una reacción tan exagerada a su pregunta. Él asumió que ellos debían abordar gentilmente el tema con Julie, ya que sería difícil para ella admitir que ya no quería ser su esclava. Es por eso que él fue tomado con la guardia baja cuando Zanoba caminó hacia ella y le hizo directamente la pregunta.
Y ahora las cosas habían llegado a esto. Por supuesto que él estaba totalmente anonadado. La única persona presente que no lo estaba era Belfried. Él había planeado negociar un precio con Julie después de que ellos lidiaran con sus asuntos, pero cuando el objeto de sus deseos repentinamente fue empujado hacia él, Belfried se estiró felizmente hacia él.
“¿Mm? ¡Oooh! ¿Me permitirás quedármela? ¡Ah, bueno, si insistes!” Sus dedos se estiraron hacia la figura.
“Espere.” Alguien agarró su mano antes de que él pudiera recibir su premio. “¿Cuál es el significado de esto?”
Rudeus fue quien intervino. Todos los rastros de confusión y sorpresa habían desaparecido de su rostro, y en cambio se veía tanto enojado como en guardia. “¿Por qué Julie está llorando y rogando por perdón?” demandó él.
“M-me temo que no tengo ni la más mínima idea,” dijo Belfried.
“Bueno, tampoco yo, pero ¿de verdad estaría satisfecho al conseguir gratis una figura que quiere? No se engañe. Usted sabe que es demasiado bueno para ser cierto.”
“Cuando lo dice de esa forma, sí, tiene razón,” admitió Belfried mientras asentía de mala gana. “Podría… ¿mm? Um, ¿Rudeus-sama? La fuerza de su agarre es… bastante dolorosa.”
Gracias al Guantelete Zaliff, la fuerza normal de Rudeus era amplificada a un nivel impresionante. Él sostuvo a Belfried con tanta fuerza que este último no podría escapar incluso si lo quería. Aún peor, el agarre de Rudeus se estaba fortaleciendo lentamente. Sudor frío comenzó a reunirse en la frente de Belfried.
“Sin importar lo amigable que usted sea con Zanoba, esa no es excusa para robarle su figura a una niña inocente. ¿Entiende eso?” Rudeus miró afiladamente hacia él.
“Lo que dije fue en serio, no tengo ni la más mínima idea de porqué ella está haciendo esto… Um, Zanoba-sama, ¿podría ayudarme?”
Ambos hombres miraron hacia Zanoba, quien había estado congelado en su lugar ya por todo un minuto. Sus ojos estaban pegados a la figura en las manos de Julie, y él no se había movido ni siquiera un centímetro. A partir del rostro de Rudeus, él probablemente estaba pensando, ¿Zanoba? ¡Oh no! ¿¡No me digan que él de alguna forma murió de pie!? O algo así.
Afortunadamente, Zanoba no estaba muerto. Como prueba de eso, su cuerpo se movía lenta, pero muy lentamente, casi como si el propio tiempo estuviese avanzando a un paso de tortuga. Él se dio la vuelta hacia Julie y la miró. Rudeus y Belfried estaban de pie sin palabras mientras lo observaban. Ellos tragaron saliva mientras esperaban su reacción. La expresión de Zanoba estaba horriblemente pálida. Para describirla en una sola palabra, era aterradora. Incluso Julie se dio cuenta del cambio en su comportamiento. Ella se dio la vuelta para quedar de frente a él y murmuró, “Lo siento muchísimo.”
En ese instante, Zanoba se inclinó hacia el frente y golpeó sus propias rodillas frente a ella. Él se estiró hacia sus manos—o, más precisamente, hacia la figura que ella sostenía en sus manos—y solo se detuvo a milímetros de tocarla.
“Maestro,” jadeó ella.
“Es increíble,” dijo él con un tembloroso suspiro. Su halago no se detuvo ahí; fue casi como si una represa se hubiese roto. “Es… absolutamente deslumbrante. Esto es… es… ¡Las palabras no son suficientes para expresar su magnificencia! Desde la cima de su cabeza hasta la punta de sus pies, es impresionantemente hermosa. Sería inútil tratar de destacar sus fortalezas con precisión, pero su postura, las puntas de sus dedos, y los pequeños dobleces en la ropa… ¡Incrementan la calidad a un nivel completamente diferente! ¡Y todo encaja perfectamente! ¡Oooh!”
A partir de la forma en que estaba balbuceando sobre ella, él probablemente quería tomar la figura en sus manos y estudiarla desde cada ángulo, pero por alguna razón, sus dedos se rehusaban a tomarla. Estos permanecieron suspendidos en el aire, temblando. Él quería tocarla con todo su ser, pero no podía. Era casi como si la figura fuera tan divina que él temía tocarla.
“¿Entonces por qué, Julie…?” Sus palabras salieron ahogadas. “¿¡Por qué!?”
“¿Eh?” jadeó ella hacia él.
“¿Por qué trataste de dársela a Belfried sin siquiera habérmela mostrado primero? ¿Acaso he hecho algo para ofenderte? ¡No lo entiendo—tú siempre me has mostrado cada uno de los proyectos que has completado!” Zanoba comenzó a llorar, dejando caer grandes y feas lágrimas a través de su rostro. ¿Acaso eran lágrimas de frustración por no poder tener esta figura en particular? ¿O estaba triste por la traición de Julie? Rudeus sospechaba groseramente que la primera tenía un sesenta por ciento de probabilidad, pero ignoraremos este pensamiento ofensivo por el momento.
“Supongo que realmente querías obtener dinero para comprar tu propia libertad. Si ese es el caso, ¿por qué no lo hablaste conmigo primero? ¡Yo habría pagado felizmente trescientas monedas de oro por esta figura! ¡No, tal vez no podría reunir los fondos inmediatamente, pero juro que habría encontrado la forma de ser necesario! ¡Pongo mi honor en juego! ¡Y tú ya deberías conocerme lo suficiente como para saber lo dispuesto que yo estaría a pagar por ella!”
“Um, eh… Maestro, um…”
“¿O es que temes que yo pueda tratar de usar mi influencia sobre ti para robarla? Debo admitir que, en retrospectiva, tú has fabricado un buen número de figuras para mí sin recibir una compensación adecuada. ¡Creí que estaba bien ya que tú eres una esclava y todavía eras experimentada en ese entonces, e incluso aunque últimamente has mejorado inmensamente, yo todavía no te he pagado lo que mereces!”
Zanoba siguió lamentándose, sosteniendo su cabeza con sus manos mientras miraba hacia el techo. “Lo siento mucho, de verdad, Julie. Permíteme disculparme. Bajaré mi cabeza como disculpa las veces que sea necesario. ¡Puede que yo no sea capaz de ofrecerte la misma cantidad que Belfried, pero a cambio, como tu maestro, te concederé cualquier deseo que tengas! Por lo tanto, te lo ruego, por favor… ¡permíteme tener esta figura!”
La forma en que suplicó era similar a como Belfried se había comportado antes, pero con Zanoba, ella no sintió nada de miedo. Eso era porque Julie sabía que él no estaba mostrando consideración por la figura, sino por ella. Él ciertamente no estaba enojado con ella, eso era evidente. No era como si él estuviera tratando de dejarla de lado.
En el momento que Julie entendió eso, una emoción desconocida se acumuló en su interior. Lágrimas llenaron sus ojos y pronto caudales cálidos bajaron por sus mejillas, pero esta vez ella no estaba llorando del miedo o la desesperación.
“Sí, entiendo, Maestro,” dijo Julie. Ella nunca tuvo la intención de rehusarse a su solicitud. A pesar de que estaba sollozando mientras lloraba, Julie logró sonreír hacia él.
“¡Ooh, gracias, Julie!” Zanoba le devolvió la sonrisa.
La atmosfera entre ellos era un poco incómoda, pero suavizada por una cierta calidez.
“¿Alguien puede explicarme cómo las cosas llegaron a esto?” preguntó Rudeus mientras dejaba salir un suspiro.
Zanoba y Julie intercambiaron miradas en blanco.
Ellos lograron resolver el malentendido rápidamente. Para el final de la conversación, Rudeus y Zanoba estuvieron inmensamente aliviados, e incluso Julie se veía más relajada. Belfried se deshizo en disculpas, y a pesar de las miradas furtivas hacia la figura, él se marchó.
Afortunadamente, Rudeus era muy tolerante cuando las personas cometían errores a causa de malentendidos. Él perdonó rápidamente a Belfried, se disculpó por agarrar su brazo con tanta fuerza, y les ofreció a Julie y Zanoba una sonrisa incómoda antes de irse a su propia casa.
Ginger regresó justo mientras ellos dos se marchaban. Cuando ella escuchó sobre lo ocurrido, Ginger regañó a Zanoba, diciendo, “Usted la trata tan bien y le ha dado tan buena educación que uno difícilmente creería que ella en realidad es una esclava. Simplemente no hay razón para que ella trate de comprar su libertad sin hablarlo con usted primero. Es descortés de su parte haber dudado de sus súbditos de esa forma, Su Alteza.”
Aunque Zanoba no le puso atención a su regaño. Él estaba demasiado ocupado estudiando la figura que Julie le había regalado. Zanoba había llevado un pedestal al medio de la habitación, colocado la figura sobre él, y ahora estaba caminando a su alrededor en círculos para apreciarla desde todos los ángulos. A veces él sonreiría orgullosamente, otras veces dejaría salir un suspiro de alivio, y después volvería a sonreír como un idiota. Él estaba disfrutando del mejor momento de su vida. Ginger entendió que el discurso había terminado siendo para ella misma.
En cuanto a Julie, ella siguió observando a Zanoba. Ella sonreía del alivio, con sus mejillas ligeramente teñidas de rojo.
“Julie,” dijo Zanoba después de un tiempo, dándose la vuelta hacia ella. “Esta es una figura increíble. Has hecho un buen trabajo. Nunca imaginé que tuvieras este nivel de habilidad.”
“¡Sí! Pero solo fue una coincidencia haber logrado esto. Dudo que pueda volver a reproducir este nivel de calidad.”
Zanoba ladeó su cabeza. “¿Qué dices? Esta obra maestra es un producto de tu trabajo duro. Fabricaste cada centímetro de ella cuidadosamente—y de una forma hermosa. Tal vez algunas partes terminaron perfectas por coincidencia, pero al menos la mitad de ella es producto de tus propias habilidades.”
“… Gracias. ¡Voy a seguir puliendo mis habilidades!”

“Me alegra escucharlo,” asintió Zanoba, complacido. “Y, además, Julie, dije en serio lo de hace poco. Si hay algo que desees, solo necesitas decirlo. Haré lo que esté en mi poder para conceder tu deseo.”
“Um… Permítame pensarlo por un poco más de tiempo,” dijo incómodamente ella, sintiéndose avergonzada por todos sus halagos.
Ginger miró hacia ellos. “Su Alteza, entiendo lo mucho que usted ama sus figuras, pero ya casi es hora de comer. Julie, ayúdame con los preparativos.”
“¡Ah, por supuesto!” respondió Julie. Ella creyó que el momento sería eterno, pero la intervención de Ginger la trajo de vuelta a la realidad. Tal vez la otra mujer estaba un poco molesta por ser dejada de lado.
Julie hizo lo que se le ordenó y comenzó a ayudar con los preparativos para la comida. Zanoba observó a las dos con sus ojos entrecerrados. Su vida ahora mismo era bastante simple, y distaba mucho de los lujos de una vida en el palacio. Aun así, Zanoba podía pasar todo el día contemplando sus figuras y nadie se enojaría con él. Además, ahora tenía a alguien que podía fabricarlas para él, lo cual le proporcionaba una fuente constante de nuevas figuras. Nada podía ser mejor.
Sería maravilloso si pudiera seguir viviendo así por siempre.
“¿Mm?”
Repentinamente, él se dio cuenta de la presencia de una carta sellada cerca de la puerta. Julie debe haberla recibido en su lugar mientras él estaba fuera. Zanoba caminó casualmente para recogerla, y luego comprobó el remitente.
“Ah…”
La expresión de felicidad desapareció de su rostro. Él abrió el sobre, sacó la carta, y ojeó su contenido.
“… Supongo que no había forma de que pudiera durar por siempre,” murmuró él. El sobre cayó de sus dedos y flotó a través del aire antes de caer suavemente sobre el suelo. El sello del Reino de Shirone estaba estampado en él.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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