La Otra Esclava – Primera Parte
Capítulo 10: La Otra Esclava – Primera Parte
Habían pasado varios días desde ese horrible incidente que yo había llamado el Asesinato de la Carne Seca. Pursena regresó a Sharia junto a nosotros, y Eris estuvo más que feliz de adoptarla. Ella además se unió a las filas de nuestro grupo de mercenarios, pero esa es una historia para otro momento.
El día de hoy, yo estaba trabajando con Zanoba como siempre, tratando de mejorar mi Armadura Mágica. Estábamos realizando algunos ajustes mínimos a la Mark II mientras desarrollábamos unas más poderosas Mark III y Mark IV.
Yo tenía una montaña de ideas, pero la mayoría eran ya sea imposibles o casi imposibles de llevar a cabo. Nuestro desarrollo progresaba lentamente, pero yo disfrutaba del proceso de trabajar con alguien y dar pequeños pasos hacia nuestro objetivo. El día de hoy no era diferente; Zanoba y yo estábamos sentados uno frente al otro, estudiando los planos extendidos frente a nosotros.
Fue en ese momento que Zanoba repentinamente dijo, “Parece que Julie me está ocultando algo.”
“¿De verdad? ¿Nuestra Julie?”
Él asintió. “Sí. Ella ha estado haciendo algo en secreto a mis espaldas.”
“Hah.”
Era extraño que Zanoba se preocupase por algo aparte de las muñecas y figuras, pero era especialmente extraño que Julie fuera una causa de preocupación para él. Tal vez ella llegó a ser importante para Zanoba, después de haber vivido juntos por tanto tiempo.
“Así que,” dije, “¿a qué te refieres con en secreto?”
“Últimamente ella ha estado yendo sola al mercado. Incluso cuando le pregunto qué compró, ella no me responde. De hecho, ella ni siquiera me muestra la figura en la que supuestamente está trabajando. Es como si estuviese fabricando algo más sin que yo lo sepa. He tratado de preguntarle qué está haciendo, pero todo lo que hace es ignorarme…”
“Bueno, ella está llegando a esa edad. ¿Tal vez esto solo es una fase?”
Julie había tenido su primer periodo hace no mucho tiempo, y los cambios físicos con frecuencia llevaban a cambios psicológicos: en resumen, Julie estaba entrando a la pubertad. Ella había conocido a Zanoba desde que era muy joven, pero él todavía era un hombre. No era extraño que ella estuviera avergonzada de que él descubriese sus secretos. Como, por ejemplo, el color de su ropa interior. Esa clase de cosas.
“¿Qué cree usted que debo hacer?” preguntó Zanoba.
“Yo no veo más opción que dejarla tranquila.”
Todos pasaban por la pubertad en algún momento. Era una parte normal de la vida—el periodo donde una persona se transformaba gradualmente de un niño a un adulto. Los cambios siempre tenían un efecto dominó, lo cual quería decir que aquellos a su alrededor tenían que cambiar cómo trataban a la persona que estaba madurando. Tenías que comenzar a tratarlos más como a un adulto o arriesgas que se vuelvan rebeldes.
Habiendo dicho eso, Zanoba necesitaba tiempo para descubrir cómo interactuar con ella. No había un guion establecido sobre cómo lidiar con las personas. Era algo que tenías que aprender a lo largo del tiempo.
“Mm, ya que ella es una esclava, forzarla a responder sería una opción, estoy seguro de eso, pero…” dejó de hablar Zanoba.
“¿Planeas obligarla a decírtelo?”
Él sacudió su cabeza. “No, no. Puede que ella viva conmigo ahora, pero en realidad le pertenece a usted, Maestro. Yo no tengo la autoridad para hacer eso. Aunque no me opondría a su decisión si usted me lo pide.” Había vacilación en el modo que dijo eso. Llamarla mi esclava solo era una excusa; incluso si ella le pertenecía, él no tenía la intención de forzarla a obedecerlo. No podía culparlo por eso. Yo habría hecho lo mismo.
“Siempre y cuando no sea nada malo ni cause problemas, no veo lo malo con dejarla tranquila. ¿Y tú?”
“Urgh.” Zanoba frunció su rostro. “De hecho, yo sí considero que es un problema sustancial que no comparta la figura que ha terminado…”
“Supongo que entiendo a lo que te refieres,” dije. “Mmm, en ese caso, ¿por qué no le pides a Ginger-san que hable con ella?”
Si era algo que a Julie le incomodaba compartir con un hombre, tal vez ella estaría más abierta a compartirlo con una mujer. Julie era una niña entrando a la pubertad, así que probablemente era difícil para ella discutir ciertas cosas con el sexo opuesto. En fin, eso es lo que asumí.
“¿Mm? ¡Ah, esa es una idea espléndida!” El rostro de Zanoba se iluminó. “¡De seguro Ginger será capaz de manejar la situación sin problemas!”
Era difícil creer que Julie ya estaba entrando a la pubertad. El tiempo de seguro pasaba rápido. Probablemente en poco tiempo mi pequeña Lucie alcanzaría la misma etapa en su vida. Ella últimamente se había estado haciendo más apegada a mí, y una cariñosa relación padre-hija estaba comenzando a florecer entre nosotros. Por desgracia, yo estaba seguro de que llegaría el día cuando ella regrese a ser inquieta y obstinada, diciendo cosas como, “¡No quiero que laves mi ropa interior junto a la de Papi!” y “Odio entrar al baño después de Papi. ¡Es asqueroso!” Urgh, solo imaginarlo me causaba un nudo en el estómago.
Prometo que no te forzaré a entrar a la bañera conmigo, así que, por favor, al menos acepta sentarte a la misma mesa para comer.
“Por cierto, Maestro, hay otro asunto que me gustaría abordar con usted,” dijo Zanoba.
“¿Oh?”
“¿Usted tiene algún interés en las cajas?”
“¿Cajas?”
¿Acaso se estaba refiriendo a una caja de dulces? También podría estar refiriéndose a un lugar donde se reúnen muchas personas, esto a partir de la jerga de los jóvenes de hoy. Ya que yo tenía un grupo de mercenarios, y por lo tanto se me presentaban muchas ocasiones en las que se reunían grandes cantidades de personas, podría valer la pena saber de qué se trata. Seguro, yo estaba interesado.
Esperen, no hay forma de que se esté refiriendo a eso. Estábamos hablando de Zanoba. Probablemente se trata de un cofre del tesoro o algo así. Sí, eso tiene que ser. Probablemente tenía que haber muchas de estas cajas ahí afuera incrustadas con gemas y cosas así. Yo había visto algunas así en el castillo de Perugius, y eran la definición de lujo. Aunque estaban vacías.
“Sí. De hecho, encontré a un artesano maravilloso. Me gustaría que usted pudiera ver sus productos,” dijo Zanoba.
Para ser perfectamente honesto, yo en realidad no estaba interesado. Por otro lado, era raro que Zanoba me invitara a ver a un artesano.
“¿Qué clase de cajas?” pregunté.
“Unas con diseños realmente increíbles. Ya había visto antes algunas de este calibre. De hecho… Ah, no. ¡Lo mejor es que las vea con sus propios ojos en vez de que yo se lo explique!”
Hah. Había calificado a Zanoba como un sujeto que solo le importaban las figuras y nada más, pero parecía que él también tenía un ojo experto cuando se trataba de otras artesanías. Me daba curiosidad que alguien tan quisquilloso como él bañara algo con tantos elogios.
“En ese caso, supongo que iré a dar un vistazo,” dije.
Él sonrió de oreja a oreja. “Sabía que diría eso, Maestro.”
La tienda en cuestión estaba ubicada en lo profundo del distrito de los artesanos. Perdí la cuenta de cuántas cuadras habíamos caminado. Muchas menos personas caminaban a través del distrito de los artesanos que el distrito comercial, y los edificios carecían de cualquier característica que los distinguiera entre sí. Para colmo, podías perderte fácilmente en las serpenteantes calles.
A pesar de la quietud de las calles, aún había bastantes personas dando vueltas. En su mayoría eran artesanos inquietos, quienes caminaban por el lugar con ceños fruncidos grabados permanentemente en sus rostros, como si hubiesen olvidado cómo sonreír. Si yo fuera un niño, probablemente les daría un vistazo a las personas del lugar y comenzaría a llorar.
Zanoba caminaba decididamente, sin perder tiempo. Cuando llegábamos a bifurcaciones en la calle, él sabía exactamente dónde dar la vuelta. Bajamos a través de un pequeño tramo de escaleras, y luego subimos unas mucho más grandes. Atravesamos calles decoradas con cuerdas para la ropa y pasamos a un lado de un taller del que emanaba un extraño humo púrpura. Y finalmente llegamos.
La tienda era del tamaño de una pequeña casa de un civil. No era grandiosa y tampoco tenía un letrero al frente. Una delgada hilera de humo se elevaba desde su chimenea, indicando que había alguien en el interior, pero la mayoría de las personas nunca adivinarían que esta era una tienda.
“Aquí es.” Zanoba empujó la puerta para abrirla, y una pequeña campana hizo eco para alertar al dueño que tenía clientes.
El interior apenas estaba iluminado. De hecho, las únicas fuentes de luz eran los rayos de sol que entraban a través de la ventana. Algunas vitrinas sin decorar formaban líneas desorganizadas, bloqueando la mayoría de la luz de la habitación. Aun así, había suficiente luz como para ver los productos que vendían.
Las estanterías de arriba tenían muñecas femeninas con trajes llamativos. Eran similares a las muñecas de porcelana, pero estas estaban hechas de madera. Estas muñecas estaban metidas dentro de cajas de madera lujosamente decoradas, todas alineadas perfectamente. Estas muñecas y las cajas que las contenían eran extremadamente elaboradas, lo cual contrastaba con el ambiente general de la tienda y el diseño simple de las propias vitrinas.
Estas deben ser las cajas de las que Zanoba estaba hablando.
“Maestro, ¿qué opina?” preguntó él.
“Ahora entiendo de lo que hablabas. Estas cajas son muy bonitas.”
“Sabía que estaría de acuerdo.”
Para ser honesto, las cajas estaban más finamente construidas que las muñecas. El artesano había usado la misma madera de las cajas para el diseño de cada muñeca antes de cincelarlas cuidadosamente y decorarlas con joyas, y vestirlas con tela costosa. Cada caja se veía casi como un intrincado dormitorio para su respectiva muñeca. Por supuesto, no había dos cajas iguales; todas eran fabricadas para encajar. Mi única crítica era que las muñecas se veían demasiado inorgánicas comparadas a la vibra orgánica de las cajas que las contenían. De hecho, mis figuras se verían mucho mejor dentro de esas cajas, amplificando su encanto. Yo tenía la sensación de que el creador valoraba la calidad de sus cajas más que las propias muñecas.
“¿Mm?”
Me acerqué para mirar y descubrí pequeñas letras—nombres—talladas sobre las cajas. Leila, Abbey, Sofía, Clara, Francine, Natalie…
“Zanoba, ¿qué significan estos nombres?” pregunté.
“Esos son los nombres de las muñecas.”
“Ah, entiendo.”
Yo nunca les daba nombres a mis figuras, principalmente porque ellas estaban basadas en personas reales. Dicho eso, en mi antiguo mundo, muchas personas les daban nombres a sus muñecas de porcelana u ositos de peluche. Poner nombre a objetos como esos usualmente llevaba a que las personas estuvieran apegadas a ellos por más tiempo. A pesar de que las muñecas eran menos impresionantes que las cajas que las contenían, de seguro no era porque el artesano amaba más las cajas. Después de todo, ¿acaso un padre amaría menos a sus hijos solo porque eran feos? Solo para dejarlo claro, mis propias hijas eran tan hermosas y encantadoras como las gemas más finas.
“Permítame presentarle al creador,” dijo Zanoba.
Él caminó a través de las filas de muñecas y se dirigió hacia el interior de la tienda. Yo lo seguí rápidamente, dejando atrás las vitrinas para llegar a un área con un ambiente ligeramente diferente. Esta habitación tenía una sola ventana, y la luz que la atravesaba daba directamente sobre una mesa de trabajo. Un buen número de herramientas estaban esparcidas sobre ella—unas que yo conocía muy bien: madera, pegamento, clavijas de madera, un cepillo de cerdas duras, un pincel para pintar, una lima, un raspador, un cuchillo de tallado, y un cincel. Todas claramente eran cosas que uno usaría para fabricar una muñeca. Esta tienda claramente también actuaba como un taller.
Había un hombre sentado en la mesa de trabajo con su espalda dando hacia nosotros, concentrado intensamente en sea lo que sea que estaba fabricando. Una vez que Zanoba comprendió que el hombre no se había dado cuenta de nuestra presencia, él se estiró hacia una campana cercana y la hizo sonar tres veces.
Ding, ding, ding.
Fue un sonido nítido que hizo eco a través de la habitación. Los hombros del hombre se estremecieron cuando lo escuchó.
“¿Quién está ahí?” gruñó él mientras se levantaba lentamente y se daba la vuelta hacia nosotros.
El hombre era tan alto como Zanoba, con una mirada afilada, mejillas hundidas, un cabello descuidado, y manos callosas. Sus ojos se abrieron mucho mientras escaneaba el área, buscando al responsable de haber hecho sonar su campana. Cuando vio un rostro familiar, sus labios se curvaron y su voz subió varios decibeles.
“¡Bueno, bueno! ¡Miren a quién tenemos aquí! Pero si es Zanoba-sama.”
“Así es,” dijo Zanoba. “He regresado, Belfried-sama.”
“Usted siempre es más que bienvenido. ¿Qué lo trae aquí el día de hoy?” Su voz hizo eco a través de la habitación, y de alguna forma encajaba con la apariencia del hombre. Yo estaba más sorprendido de lo amigables que eran ellos. Tal vez eran hermanos de una vida pasada o algo así.
“Regresé para presentarle a mi maestro,” dijo Zanoba. “Como recordará, le hablé de él hace un tiempo.”
“¡Oh, él!” asintió Belfried. “¡El hombre responsable de la fabricación de esas hermosas chicas, ¿cierto?!”
“¡Precisamente!” Zanoba se dio la vuelta hacia mí mientras él apuntaba hacia Belfried. “Maestro, este es el dueño de este taller, Belfried-sama. Él es un artesano talentoso responsable por el gran número de excelentes cajas—o, más bien, los dormitorios de muñeca—que usted vio decorando la tienda.”
Su voz estaba cargada de más respeto del usual mientras bañaba de cumplidos al hombre. De seguro se debe sentir bien recibir una presentación tan exagerada como esa.
“Y Belfried-sama, este es mi maestro, el gran y poderoso mago Rudeus Greyrat. Él mismo es un artesano extraordinario, cuyas figuras no podrían ser imitadas por ninguna otra persona con vida—posee un talento tan raro que probablemente será comentado por muchas décadas después de su muerte.”
Sus palabras estaban tan llenas de respeto mientras me presentaba que sentí que me moría de la vergüenza. A mí no me importaba lo que la gente diría de mí después de mi muerte. Ellos probablemente solo hablarían mal de mí por ser un mujeriego que tuvo varias esposas.
“He escuchado muchos rumores acerca de usted,” dijo Belfried. “¡Usted no solo es un mago de primer nivel, sino que además un artesano inigualable!”
Yo sacudí mi cabeza. “Le aseguro que, comparado a Zanoba, yo solo soy un ignorante sobre el tema.”
“¡Y también es modesto!”
Yo no quería que ellos me colocaran sobre este enorme pedestal. Ciertamente era un completo aficionado comparado a Zanoba y Perugius, quienes se dedicaban de una manera mucho más ferviente a las bellas artes. Yo apenas tenía el conocimiento acerca de figuras que había comprado en mi vida anterior, pero incluso eso a lo mucho era superficial.
“En cualquier caso,” dije, “esas cajas eran absolutamente fantásticas. Incluso con un vistazo, yo—”
“Son dormitorios,” me interrumpió Belfried, con un tono grave. “Ahí es donde duermen mis hijas. Por favor, le pido que se refiera a ellas como dormitorios.”
Hah. Él era particularmente insistente sobre eso.
“Cierto. Dormitorios,” me corregí a mí mismo. “Entiendo. Están tan bien elaborados que la palabra dormitorios sí parece encajar perfectamente con ellos.”
“Tengo la intención de pedirle que colabore conmigo en algún punto, así que debo pedirle que sea consciente de cómo les habla a los dormitorios de mis chicas en el futuro.”
“E-entiendo.”
Bueno, podía hacer eso si era todo lo que él quería.
Yo miré hacia Zanoba, quien se veía particularmente arrepentido. A juzgar por la forma en que habló, él debe haber provocado la ira de Belfried de una forma similar. Aun así, yo estaba bastante seguro de que él se había referido a ellas como cajas cuando había hablado conmigo.
Belfried se veía un poco irritable, pero su trabajo y atención a los detalles con estos dormitorios era de primera clase. Zanoba tenía razón sobre una cosa: nosotros realmente queríamos colaborar con este hombre a su debido tiempo. Tal como uno prefería colocar sus costosas pinturas dentro de marcos de una calidad similar, lo mejor era colocar figuras extravagantes dentro de cajas que encajaran con ellas. Nosotros no necesitábamos tales cajas en nuestros planes para la figura de Ruijerd, pero tal vez podríamos encontrar un uso para ellas en una ocasión diferente. Por ejemplo, si le presentábamos una ofrenda a Perugius o queríamos vender algo a la nobleza de Asura. Había muchas formas en que sus habilidades podían ser de utilidad.
“Belfried-sama, entiendo que usted posee un talento extraordinario como artesano, pero la insolencia que le acaba de mostrar a mi maestro es—”
“Está bien, Zanoba,” lo interrumpí. “No veo problema en su solicitud. Es importante ser claro sobre ciertas cosas.”
Zanoba frunció el ceño como si no estuviera totalmente convencido, pero Belfried realmente parecía considerar sus cajas como dormitorios para sus muñecas. Él las fabricó con el deseo de darles a sus muñecas un lugar cómodo y tranquilo para dormir, y fueron esos sentimientos los que impulsaron a perfeccionar sus habilidades hasta esta calidad.
“Hablando de colaboraciones…” Belfried hizo una pausa, aparentemente recordando algo. Él pasó su miraba sobre Zanoba. “Esa pequeña fabricante de figuras suya vino a mi tienda el otro día.”
¿Fabricante de figuras?
“¿Julie?” preguntó Zanoba.
Ah, entonces se estaba refiriendo a ella.
Yo no podía sacudirme mi imagen mental de ella como una aficionada sin experiencia, lo cual era la razón de que se sintiera tan extraño escuchar que Belfried se refiriese a ella como alguna clase de artesana profesional. Sin embargo, era cierto que sus habilidades habían mejorado inmensamente. Aparte del uso de la magia, sus habilidades habían superado por mucho las mías. Basándonos en los estándares de este mundo, ella probablemente era una gran fabricante de figuras.
“Eso es extraño. No le he pedido comprar nada a Julie,” murmuró Zanoba.
“Debo decirlo, Julie-san, ella… ¡oh, ni siquiera puedo expresarlo!” Belfried siguió balbuceando, ignorando completamente la reacción de Zanoba. Por la razón que sea, él se veía extremadamente emocionado.
No me digan que este tipo es un lolicon de corazón que de alguna forma presenció el momento en que Julie hacía algo pervertido. Es decir, en ese caso ambos podríamos tener algo en común, pero yo definitivamente no lo quería ni remotamente cerca de mis hijas de ser así.
“¿Qué hizo Julie?” Zanoba entrecerró sus ojos de la sospecha.
“Las palabras, yo… ¡yo me temo que no puedo encontrar las correctas para expresar lo que ocurrió!” gritó de la emoción Belfried.
Zanoba y yo intercambiamos miradas.
Deja que yo haga las preguntas. No te preocupes, puedes dejar esto en mis manos. Puede que no lo parezca, pero como la cara de nuestra compañía, yo recientemente he entrado en el negocio de extraer información de las personas. Incluso realicé una investigación para descubrir al verdadero criminal detrás de un robo.
“Por favor, tranquilícese y explíquelo bien,” dije. “¿A qué vino aquí exactamente Julie?”
“Una figura—ella trajo consigo una figura.”
Yo lo quedé mirando. “¿Una figura?”
Él no estaba exactamente respondiendo mi pregunta, pero yo estaba dispuesto a dejarlo pasar por ahora.
“Sí. Era una que yo nunca antes había visto en mi vida. Era increíble. Absoluta, y maravillosamente increíble. ¡Una obra maestra!”
Zanoba y yo intercambiamos miradas una vez más. Julie nos había mostrado cada una de las piezas que había fabricado. Zanoba las había almacenado sanas y salvas en su bodega. Ella necesitaría su permiso para sacar una. Sin embargo, Zanoba había mencionado que ella no le quería mostrar su más reciente trabajo.
“Ah, no puedo dejar de temblar por el solo hecho de pensar en ella. ¿Ven? Mis manos están temblando debido a lo abrumadora de mi alegría.” Belfried estiró sus manos para que las viéramos, y estas estaban exactamente como las describió… aunque yo personalmente sentía algo más siniestro que alegría.
“Por lo tanto, pensé para mí mismo, Necesito usar estos sentimientos—este afecto, este placer—en mi propio trabajo. ¡Den un vistazo a esto!” Belfried regresó a su mesa y tomó algo antes de volver con nosotros. Él estaba sosteniendo una caja en sus manos.
No, no una caja. Necesitaba llamarla un “dormitorio” mientras estoy aquí en esta tienda.
Era blanca y tenía decoraciones doradas. La tela usada en ella era de un lujoso rosado claro que complementaba perfectamente el resto de los colores. A pesar de que carecía de gemas, a diferencia de las otras que había visto, esa simplicidad solo destacaba su elegancia. Casi me recordaba a un dormitorio de un palacio real.
“¡Este es el dormitorio que fabriqué para ella!” declaró Belfried. “Puedo contar el número de veces que me he sentido así de inspirado. ¡Así de impactante fue! Aah, esta es la primera vez que he sido capaz de crear un dormitorio tan fantástico en solo unos días.”
Estaba increíblemente bien fabricada; no había duda de ello. Yo había visto muchos trabajos de arte impresionantes de todo tipo, y fue por eso que instantáneamente reconocí esto como una rara gema. Estaba un paso sobre los especímenes dentro de las vitrinas, con una habilidad digna para un rey. Incluso Perugius probablemente reconocería su calidad.
“Oh, Zanoba-sama, no puedo creer que usted me hubiese hecho eso—enviar a su pequeña fabricante de figuras a enseñarme un trabajo de ese calibre.”
“Mm, pero me temo que yo no sé nada de eso…” Zanoba miró hacia mí.
Yo estaba un poco perdido, pero supuse que Julie había traído una figura aquí. Era tan impresionante que llevó a Belfried a fabricar una habitación para ella por voluntad propia. Eso fue lo que entendí. El problema era que Zanoba no tenía recuerdos de ordenarle a Julie hacer tal cosa. Eso tenía que significar que ella lo había hecho por voluntad propia. Pero ¿por qué?
“¿Por qué Julie trajo esa figura aquí? ¿Dijo algo?” pregunté.
“No tengo ni la más mínima idea. Me emocioné tanto en el momento que vi la figura que no escuché para qué la había traído. Aunque la mayoría de las personas traen aquí a sus adorables hijas para poder darles un dormitorio donde puedan dormir plácidamente. ¿Tal vez esa era su intención?”
Hah… Me costaba creer que hubiera tantas personas que querían un dormitorio para sus muñecas. Eso era tan exclusivo que solo clientes con ese interés específico probablemente vendrían a esta tienda. ¿Acaso Julie era uno de ellos?
Zanoba aclaró su garganta y dijo, “Cuando uno casa a una de sus hijas, su prometido estará mucho más feliz de tener un dormitorio para colocarlas.”
¿Casar? ¿Prometido? Parpadeé de la confusión. Ah, ya entiendo. En otras palabras, tener un dormitorio para colocar a una muñeca incrementaba su valor cuando era vendida. Eso tenía sentido.
“Precisamente,” dijo Belfried. “Es por eso que estaba esperando que esta pudiera unirse a mi familia. Traté de comprarla por doscientas monedas de oro de Asura, pero… por desgracia, su fabricante de figuras huyó de mí.”
“¿Doscientas monedas de oro de Asura…?” Me quedé mirando al hombre.
“¡Ah! Rudeus-sama, por favor, no me mire de esa forma. Usted debe estar pensando mal de mí, al tratar de comprar una pieza de tal calidad por unas míseras doscientas monedas. ¡Pero se lo juro, eso era todo lo que tenía conmigo en ese momento! Ahora tengo trescientas para ofrecer. ¡No, no! ¡Estoy dispuesto a pagar trescientas cincuenta!”
Para dejarlo claro, lo que me impresionaba era que una figura pudiera alcanzar un precio tan alto. Pero ¿esto quería decir que Julie estaba tratando de venderla?
“Pero ¿por qué trataría de venderla?” murmuré para mí mismo.
Belfried me miró de forma divertida. “¿Por qué no? Mientras más dinero tengas, mejor, ¿no? Nunca es demasiado.”
“Yo tengo más curiosidad sobre para qué lo usaría. Ella nunca ha necesitado nada hasta ahora… al menos por lo que he escuchado.” Miré hacia Zanoba. Era posible que Zanoba hubiese fallado a la hora de proporcionarle algo, lo cual llevó a que ella tratara de conseguir dinero. Si, por ejemplo, Zanoba repentinamente contrajera una enorme deuda como alguien más que yo conocía.
Zanoba sacudió su cabeza. “Últimamente sus habilidades han mejorado inmensamente, así que le he estado dando un sueldo generoso.”
Yo fui el que había salido con la idea de pagarle. Zanoba había estado sorprendido por la idea de darle dinero a un esclavo, pero él no se negó. Julie se estaba esforzando lo suficiente en su trabajo como para merecerlo. Era natural pagarle.
“Mmm… Sí, es cierto, Julie-san es una esclava, ¿no?” Belfried acarició su mentón. “En ese caso, ¿tal vez ella está tratando de comprar su libertad?”
“¿Su libertad?” repetí.
“En efecto.”
Los esclavos con frecuencia eran comprados y vendidos—comprados en un lugar y luego vendidos en otro. Sus derechos individuales diferían basándonos en el país en el que estaban y quién era su dueño. Existían algunos países que priorizaban el trato apropiado de los esclavos, y otros a los que les preocupaba mucho menos.
Era bastante fácil convertirse en un esclavo. Si no tenías dinero, entonces podías visitar a un comerciante de esclavos y venderte a ti mismo. Existían muchas personas que preferirían pertenecer a alguien más que morir. Eso era especialmente cierto en los Territorios del Norte. Además de este difícil clima, las personas que vivían aquí eran en su mayoría pobres. Si alguien no podía encontrar alguna clase de trabajo, arriesgaba morir de hambre o morir de hipotermia.
Para colmo, en realidad era bastante fácil darse por vencido, al menos en teoría. Ya que un esclavo era vendido por dinero, ellos también podían ser comprados con dinero. Uno podía ahorrar el dinero suficiente como para comprarse a sí mismo, y ser libre luego de eso. La cantidad requerida dependía de varios factores: el país de residencia, cuántos años había sido mantenido el esclavo, y cuánto dinero había sido gastado en dicho esclavo. Incluso existían algunas naciones donde los esclavos no tenían permitido recibir sueldos.
Nosotros habíamos comprado a Julie a un precio ridículamente bajo. A pesar de que le habíamos enseñado un gran número de habilidades, ella fácilmente podría comprar su libertad con doscientas monedas de oro de Asura y todavía tener algo de cambio restante. Aunque no era como si quisiéramos dejarla ir. Y había algo más importante que me molestaba.
“No puedo creer que ella haría tal cosa sin antes haber hablado conmigo…” Zanoba bajó su mirada, con una sombra posándose sobre su rostro, lo cual dificultaba ver su expresión.
Pero podía entender su sorpresa. Habíamos tratado a Julie lo mejor posible. Ella estaba en un estado horrible cuando la compramos, pero le dimos comida, ropa, un lugar cálido para dormir, la educamos, y le enseñamos habilidades prácticas. Incluso le dimos un sueldo. Nosotros la habíamos comprado por una razón en específico; Zanoba, al ser un Niño Bendito, no podía crear el arte que deseaba. Yo además quería producir en masa las figuras de Ruijerd en el futuro. Nosotros habíamos sido bastante estrictos con Julie, con la esperanza de eventualmente cumplir esos objetivos, pero nunca habíamos sido crueles con ella.
Por supuesto, si Julie realmente quería ser libre, nosotros la liberaríamos. Aunque eso no disminuía la sorpresa de descubrir que ella estaba reuniendo a nuestras espaldas los fondos necesarios para hacerlo. Era como si ella no confiase para nada en nosotros.
“… No,” murmuré para mí mismo.
Ser un esclavo no era algo fácil. Yo nunca antes había sido un esclavo, así que no podía comentar acerca de las dificultades que enfrentaban. Pero habiendo visto a Linia en ese predicamento, para mí era mucho más fácil imaginar lo que algunos de ellos podrían pasar. Cualquiera estaría estresado de no tener una verdadera libertad personal. Ellos no podían decir lo que pensaban o hacer las cosas que querían hacer.
“Creí que habíamos hecho lo correcto con Julie, pero supongo que quizá fue demasiado difícil para ella ser una esclava todo este tiempo,” dije.
Ella recientemente había comenzado la transición hacia la adultez. Tal vez eso había llevado a que contemplase con más seriedad su futuro. Sin duda se vería enfrentada a un gran número de preocupaciones—¿realmente era lo correcto seguir fabricado figuras como hasta ahora? ¿Qué pasaría en su futuro?
También era posible que ella tuviera miedo de ser la esclava de un hombre adulto ahora que su cuerpo había comenzado a madurar, sin importar lo caballero que era Zanoba. Dada su relación amo-sirviente, Zanoba mostraba poca preocupación a la hora de desnudarla—tal como había hecho durante el asunto de su periodo hace poco. Puede que Julie todavía sea joven, pero eso aun así tenía que ser vergonzoso y aterrador para ella.
“Pero si ese es el caso, ¿qué pasará con nuestro sueño?” se preguntó en voz alta Zanoba. “Maestro, usted también ha gastado bastante dinero criándola, ¿no?”
La cantidad con la que yo había contribuido no se comparaba a la inversión de Zanoba. De hecho, yo estaba un poco preocupado pensando en cuánto había invertido él en su crecimiento. No fue solo dinero, también tiempo y esfuerzo.
“Sea cual sea el caso, Julie es una persona como cualquier otra,” dije. “Si ella está ansiosa de ser libre, entonces no creo que tengamos el derecho de detenerla.”
“Ngh…” gruñó Zanoba y cruzó sus brazos sobre su pecho, todavía ansioso. Él siguió gruñendo tranquilamente por un tiempo luego de eso.
Probablemente era difícil para él aceptarlo. A pesar de mi postura de dejarla ir, no sería fácil para él renunciar a sus muñecas y figuras, y esa era la razón de su intensa contemplación.
Bueno, ¿entonces cómo hago para convencerlo?
Gracias al Guantelete Zaliff, él ahora tenía el control de la motricidad fina suficiente para no romper cosas, e incluso si liberaba a Julie, Zanoba tal vez aún podría convencerla de trabajar para él. Esos probablemente serían los mejores argumentos.
“Mm…” murmuré para mí mismo, todavía reflexionando sobre el tema.
Zanoba finalmente se dio la vuelta hacia mí, como si hubiese llegado a su decisión.
“Usted tiene razón,” dijo él. “Julie se ha esforzado mucho bajo nuestro cuidado. Tal vez lo menos que podemos hacer es concederle el deseo que tiene.”
Eso fue un poco inesperado. Conociendo a Zanoba, supuse que él se rehusaría tajantemente. Después de todo, esto significaba perder a la persona que se había estado esforzando al máximo por fabricar figuras para él cada día. Supongo que incluso con su fuerte amor hacia las muñecas, él no podría tratarla como una máquina después de vivir con ella por tanto tiempo. Zanoba incluso le había dado un nombre similar al de su hermano menor.
“Bueno, por ahora regresemos. Deberíamos preguntarle a Julie cuáles son sus verdaderas intenciones,” dije.
En este punto solo estábamos saltando a las conclusiones. Lo más importante era lo que Julie quería. Pero si ella de verdad había tenido la intención de buscar su libertad sin decirle nada a Zanoba, yo tendría que regañarla. Entendía que no era un asunto fácil de tocar, pero algunas cosas necesitaban ser comunicadas.
Y así, regresamos a la habitación de dormitorio de Zanoba.
Estaba a diez minutos en carruaje y, por razones más allá de mi comprensión, Belfried decidió acompañarnos. “Quiero ver esa figura una vez más,” había dicho él.
Yo no le creía. Sus bolsillos estaban tintineando, llenos de monedas, lo cual era una clara señal de que él no se había dado por vencido en su deseo de comprarle la figura a Julie. Tuve problemas creyendo que Zanoba se despediría de ella si realmente era tan fenomenal como Belfried aseguraba. Aunque supongo que Zanoba podría no compartir la profunda admiración de Belfried por ella. Después de todo, todos tenían sus propios gustos. Aun así, era bueno que Belfried intentara negociar por lo que quería. Él parecía ser alguien bastante excéntrico, pero al menos era un comerciante hecho y derecho.
“¡He regresado!” declaró Zanoba, abriendo la puerta de par en par sin molestarse en golpear.
El interior era tal como lo recordaba. La amante de Zanoba, la estatua de bronce de una mujer desnuda, no estaba por ningún lugar. Y, por supuesto, ni Julie ni Ginger estaban en medio de cambiarse de ropa mientras entrábamos. De hecho, Julie estaba sospechosamente ausente.
“¡Bienvenido a casa, Maestro!” Julie salió corriendo de una de las habitaciones interiores.
Olviden eso. Supongo que ella está aquí.
Ella tenía un cuchillo de acero en su mano, usado para cincelar piedras. Aparentemente Julie no estaba usando la mesa de trabajo en la habitación principal, sino que había estado fabricando algo en otro lugar. O tal vez ocultándolo, como puede ser en este caso.
Zanoba debe haberse dado cuenta de lo mismo. Sin embargo, Julie no mostraba señales de estar nerviosa por nuestro abrupto regreso. Ella en realidad estaba más feliz que nunca. Si ella realmente estuviera planeando comprar su libertad y escapar sin que Zanoba se diese cuenta, entonces ser capaz de sonreír de forma tan inocente era una actuación muy impresionante. Y también muy perturbadora.
Todo lo que puedo decir es que las mujeres pueden ser muy aterradoras a veces.
“¡Ah!” Su rostro se nubló en el momento que vio a Belfried, y ella retrocedió algunos pasos como si estuviera asustada.
¿Oh? ¿Qué significa esto? ¿Acaso ella vio a Belfried y entendió que alguien al tanto de su secreto ahora estaba aquí?
“Hola, Julie-san. Gracias por pasar por mi tienda el otro día.” Belfried sonrió macabramente hacia ella.
Un escalofrío recorrió a Julie, y ella lanzó una mirada de súplica hacia Zanoba, rogando por ayuda. Zanoba suspiró y comenzó a caminar en su dirección. Él cerró la brecha entre ellos en un instante y miró abajo hacia ella. Julie regresó su mirada de forma ansiosa, esperando.
“Julie… ¿Deseas dejar de ser mi esclava?”
Sus ojos se abrieron completamente de la sorpresa.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.