La Locura de Luke
Capítulo 11: La Locura de Luke
Poco antes de que Rudeus regresara al salón…
Las cosas finalmente se habían calmado un poco.
La mayor parte de aquellos que permanecieron en el salón fueron los nobles de alto rango de Asura considerados particularmente poderosos e influyentes. Ellos eran los miembros de las familias venerables que habían servido al reino por muchas generaciones—Greyrat, Bluewolf, Purplehorse, Whitespider, Silvertoad, y otras parecidas. Su necesidad de ver la conclusión de los eventos del día de hoy los mantuvo aquí, incluso mientras los demás habían huido después de la repentina desaparición de Orsted.
Por supuesto, la fiesta no se había reanudado. Pero nadie había olvidado lo que había tomado lugar antes de su violento final. Darius había sido humillado, y Perugius había entrado a este salón. Estos dos eventos habían dejado una fuerte impresión en los nobles de que Ariel sería reina.
Naturalmente, muchos de ellos habían sido perturbados y confundidos por la repentina aparición de Orsted. Pero dado que Ariel había permanecido tranquila, ellos se sintieron obligados a imitarla.
Sin embargo, debajo de sus fachadas compuestas, los nobles estaban aterrados. Cuando ese hombre aterrador entró de repente en esta habitación, él efectivamente había salvado la vida de Ariel. Él había asesinado a Reida y se había ido de una manera tan repentina como había llegado, sin siquiera molestarse en decir su nombre. Para los nobles, la explicación más simple era que este hombre era uno de los sirvientes de Perugius. Su cabello y ojos eran muy similares, sus rostros tenían un cierto parecido, y la poderosa aura de autoridad de Perugius los encaminaba a esta conclusión.
Perugius tenía bajo sus órdenes a un hombre que podía matar a un Dios del Agua de un solo golpe.
¿Y quién tenía el apoyo de Perugius? Ellos habían descubierto esto solo minutos antes.
Cualquiera que se opusiera a Ariel podría terminar siendo el siguiente objetivo de ese monstruo. Este pensamiento, por sobre cualquier otra cosa, los había llevado a someterse a ella. Ellos no hicieron ninguna pregunta innecesaria acerca de la identidad del hombre. Habían aceptado la realidad de su nueva monarca como la propia.
Ariel había regresado a Asura como una asesina sin misericordia. Puede que Darius haya escapado de esta habitación, pero él de seguro ya estaba muerto. La princesa tenía toda la intención de asesinar a cualquiera en su camino.
Casi todos en la habitación, incluyendo al Primer Príncipe Grabel, ahora creían esto. Era una prueba del poder de la maldición de Orsted.
Pero había una excepción.
Había un hombre en la habitación que conocía a Ariel mejor que nadie en este mundo. Un hombre que había escuchado acerca de Orsted de parte del Dios Humano. Un hombre que todavía sospechaba de Rudeus, a pesar de que los argumentos de Ariel lo habían silenciado.
Su nombre era Luke Notos Greyrat.
Y en este momento, Luke se estaba haciendo una pregunta: ¿Acaso realmente solo debía obedecer la voluntad de ese horrible y malvado hombre, y su sirviente Rudeus?
El corazón de Luke estaba lleno de incertidumbre y miedo. Él no podía sacudirse la sensación de que estaba mal unir fuerzas con Orsted, sin importar el resultado. Incluso Darius parecía menos cruel, menos despreciable.
El Dios Humano había visitado a Luke en sus sueños, exudando una luz celestial. Con palabras amables, gentiles, y consideradas, él le había ofrecido a Luke una guía para enfrentar el camino delante suyo—explicando cómo ayudar a Ariel a tomar el trono, y advirtiendo que Rudeus había sido seducido por las palabras de un despiadado enemigo.
Pero Ariel insistía en que este dios era malvado. Ella insistía en que él estaba engañando a Luke, y tratando de destruirlos a todos.
Y claro, muchas de las aseveraciones del Dios Humano al final habían terminado siendo mentiras. No… no fueron exactamente mentiras. Sus palabras habían sido vagas y ambiguas en una forma que llevó a Luke a llegar a las conclusiones equivocadas. Tal vez él compartía la culpa por saltar a las conclusiones.
En cualquier caso, Luke era el caballero leal de la Princesa Ariel. Él estaba inclinado a aceptar su palabra sobre la de un supuesto dios con intenciones inciertas. Incluso si él no lograba creer en las mismas cosas que ella, Luke estaba preparado para respetar su juicio, y seguirla hasta el amargo final.
Pero ahora, en la última escena del juego, sus sentimientos al respecto habían cambiado abruptamente. Ver a Orsted con sus propios ojos lo había cambiado todo.
Luke se consideraba a sí mismo un hábil valorador de mujeres. Por el contrario, no era muy bueno valorando las cualidades de un hombre. Esta era una debilidad de la que él estaba consciente.
Aun así, él sabía sin una pizca de duda que Orsted era malvado.
No existía ni la más mínima posibilidad de que ese hombre trabajara junto a alguien para lograr algo significativo. Él era un auténtico villano, un dios oscuro que llevaba a los hombres a su ruina. Ariel simplemente estaba equivocada acerca de él. Muy probablemente Rudeus también había sido engañado por él.
Pero incluso si ese era el caso… ¿qué podía hacer Luke? ¿Qué acción debía tomar, ahora que él estaba seguro de que la princesa estaba siguiendo un camino que veía como equivocado?
Sí, él podía expresar su opinión. Pero ¿qué lograría con eso? Orsted ya había entrado en acción. Él ya había hecho su parte. Darius y Grabel ya estaban acabados, y Ariel esencialmente ya había asegurado el trono. En este punto, tal vez ya era demasiado tarde.
Luke no era un maestro en la espada ni la magia. ¿Qué podía lograr ahora por su cuenta? La respuesta era nada. Él lo sentía en sus huesos.
No soy más que un ser humano impotente…
Pero justo cuando estaba empezando a darse por vencido completamente, hubo movimiento en la esquina de su visión. Uno de los nobles se estaba acercando trotando a Ariel.
Cayendo de rodillas ante la princesa, él se inclinó tanto que su frente tocó el suelo.
“¡Princesa Ariel!”
Era Pilemon Notos Greyrat, el propio padre de Luke.
Con una sonrisa tonta plasmada en su rostro, él se dirigió a ella con una voz lo suficientemente alta como para que todos en el salón pudieran oírla.
“Felicidades, Su Alteza. ¡Pensar que este día finalmente ha llegado, luego de todos mis años de espera!”
Su voz estaba cargada de felicidad, y él levantó su cabeza para mirar arriba hacia la princesa.
“Yo juré lealtad a la causa de Grabel para así poder debilitarlos cuando fuera el momento correcto, pero tal parece que mi plan nunca fue necesario. ¡Usted se ha convertido en una figura muy formidable en sus años en el extranjero!”
Un buen número de nobles sonrieron a la distancia ante el evidente oportunismo del hombre. Ellos sabían que Pilemon había enviado personalmente asesinos tras Ariel después de su regreso. Ellos lo observaban con un frío desprecio en sus ojos, asombrados de lo fácil que salían las mentiras de sus labios.
“Pilemon-sama…”
“Todo está bien, Su Alteza, sé lo que está pensando. Con pocos aliados, yo estuve obligado a comportarme de una manera que algunos podrían criticar duramente. ¡Pero le aseguro que todo lo que hice fue por su bien! Ahora que ha pasado el peligro, todo puede ser exactamente como antes. Yo le proporcionaré todo mi—”
Ariel no le permitió continuar.
“¡Pilemon Notos Greyrat!” gritó ella, con una voz lo suficientemente alta como para abrumarlo. “¡Tenía que considerar su familia! ¡Tenía que considerar su seguridad! ¡Tal vez su traición sea entendible, dado lo débil que era mi posición!”
Pilemon miró arriba hacia Ariel con sus ojos completamente abiertos. Esta era la primera vez que ella le había gritado de esta forma.
“¡Pero una vez que has traicionado a tu aliado, tienes la obligación moral de permanecer como su enemigo hasta el final! ¿Una vez que fue derrotado, usted vuelve arrastrándose hacia su antiguo aliado? ¿¡Acaso no tiene vergüenza!?”
“Ah… eh…”
Pilemon se tomó un momento para sacar una respuesta, con sus ojos girando frenéticamente.
“Mis… mis más sinceras… disculpas…”
Algunos dentro de los nobles no pudieron contener sus risas ante esta patética escena. Un rubor carmesí se esparció por su rostro mientras Pilemon se tomaba la cabeza de la vergüenza.
Pero Ariel todavía no terminaba de ventilar su enojo.
“Una parte de mí vio su cambio de bando como algo justiciable, ya que usted buscaba asegurar la prevalencia de su familia. ¡Siempre y cuando usted entregase su posición a Luke y se retirase tranquilamente a sus tierras, yo no tenía la intención de seguir castigándolo! Pero ¿¡ahora suplica a los pies de la mujer que traicionó!? ¡Las palabras no pueden describir lo despreciable que es su comportamiento! ¡Está claro que su existencia no será más que una carga para este reino!”
Ante estas palabras, el rostro de Pilemon su puso pálido.
“¡La muerte es la única disculpa apropiada!”
Fue en este momento que Luke se dio cuenta de algo: Ah. Todo esto es otra farsa, ¿no? Ariel probablemente había esperado esto desde el comienzo. Tal vez había una posibilidad de que sus palabras fueran ciertas, y ella no había tenido la intención de ejecutar a Pilemon. Su promesa con Ghislaine difícilmente era vinculante. Ella podría haber convencido a la mujer de perdonar su vida, y tal vez había tenido la intención de hacerlo.
Por muchos años, Pilemon había sido el aliado más grande de Ariel. Ahora mismo, él se estaba aferrando a sus pies y rogando por misericordia, pero hasta su huida hacia Ranoa, este hombre había sido la figura de liderazgo más prominente de su facción. A veces su manejo de las cosas no había sido muy hábil, pero él aun así había ayudado a Ariel de innumerables formas. Fue Pilemon quien organizó su escape hacia los Territorios del Norte. Y fue Pilemon quien la había enviado hacia el norte con numerosos guardaespaldas, quienes la ayudaron a sobrevivir ese peligroso viaje.
En cierto sentido, ella le debía la vida a este hombre. Ariel no había olvidado eso. Pero si ella simplemente lo perdonaba después de su clara traición, el mundo vería esto como una señal de debilidad. Y eso comprometería su habilidad para gobernar Asura.
Ella podría haber tolerado dejarlo irse en desgracia, pero ahora que las cosas habían llegado a esto, su única opción era tomar su cabeza.
“¡Luke! ¡Préstame tu espada! ¡Le daré el honor de hacer esto con mis propias manos!”
Pilemon se dio la vuelta hacia su hijo con una mirada de terror puro en su rostro. Sus ojos le estaban suplicando silenciosamente que dijera algo en su defensa.
Y al recibir la mirada de su padre, Luke vaciló.
Luke
Yo sabía que mi padre era un cobarde. Pero también sabía lo comprensible que era eso.
Si bien se convirtió en la cabeza de nuestra familia a una temprana edad, él nunca fue realmente adecuado para ese papel. Yo era su propio hijo, pero incluso yo podía ver el líder torpe, raro, y ansioso que era. Cada vez que sus decisiones como el señor feudal de nuestra región terminaban mal, él era comparado de manera negativa con su padre severo y de voluntad firme. Incluso sus propios asistentes murmuraban a su espalda que su hermano Paul habría sido un mejor señor feudal. Yo lo vi pasar muchas veces durante mis años viviendo en casa.
Mi padre había sufrido y tenido problemas, todo en vano. No había duda de por qué él había crecido con amargura y perdido el coraje que poseía.
Ahora él iba a ser ejecutado justo frente a mis ojos. Sus propias acciones fueron la causa, pero la promesa de Ariel a la Reina de la Espada Ghislaine probablemente también tenía algo que ver.
Sería una mentira asegurar que yo nunca había considerado la posibilidad de que mi padre hubiese participado en la muerte de Sauros Boreas Greyrat. Después de todo, ellos se odiaban. Sauros había sido muy cercano a mi abuelo, la anterior cabeza de la familia Notos. De hecho, ambos eran casi como hermanos. Por otro lado, a él le desagradó mi padre desde el inicio. En su primer encuentro, Sauros había gritado “Te ves como un enano escuálido, ¿no crees?” en la cara de mi padre; y ese solo fue el comienzo de sus insultos y críticas. Sauros lo menospreciaba en cada oportunidad, incluso después de que mi padre tomó el liderazgo de la familia Notos.
El Incidente de Desplazamiento había dejado a Sauros terriblemente vulnerable. Yo podía creer que mi padre habría aprovechado esa oportunidad para vengarse. De hecho, era difícil imaginarlo desperdiciando esa oportunidad, aunque las mentiras del Dios Humano me habían convencido de lo contrario por un tiempo.
Yo estudié en silencio el rostro de mi padre.
No lo había visto en ocho años. El hombre se veía mucho mayor, y mucho más pequeño de lo que recordaba. Terminé deseando poder hablar con él, sin ninguna de las mentiras o la arrogancia de por medio.
Cuando yo era un niño, nosotros habíamos hablado de muchas cosas. Él me había ocultado los asuntos más importantes, pero cuando iba con preguntas, él siempre satisfacía mi curiosidad. Por supuesto, mi padre no lo sabía todo. Él con frecuencia me daba respuestas que eran simplemente incorrectas. Aun así, él siempre me decía algo. En ocasiones mi padre me diría que lo piense bien por mi cuenta, pero incluso entonces, él me estaba dando la mejor guía que podía.
En retrospectiva, yo sentía que él me había dado más que a mi hermano mayor. Tal vez sentía una cierta conexión conmigo, como un compañero segundo hijo. En resumen, eso era mi padre: un hombre raro que tomaba decisiones extrañas de las formas más torpes.
Pero a pesar de todas estas falencias, él contribuyó enormemente a la causa de la Princesa Ariel por muchos años. Antes de nuestra huida de Asura, él había tenido problemas contra innumerables enemigos por su bien, tratando de posicionarla en el trono.
Es cierto, sus motivos siempre fueron egoístas. Pero como la cabeza de nuestra familia, él tenía la obligación de protegerla. ¿Quién podía culparlo por unirse a otra facción en nuestra ausencia, cuando todo parecía perdido?
Él había enviado a sus hombres para liderar el primer ataque sobre nosotros. Pero, por otro lado—él de seguro lo había hecho para proteger a la Familia Notos. Mi padre debe haber estado desesperado por ganarse la confianza de sus nuevos aliados en la facción de Grabel.
“Su Alteza, tengo una petición.”
“¿De qué se trata, Luke?”
“¿Puede encontrar en su corazón la forma de perdonar a mi padre?”
Ariel se dio la vuelta hacia mí. Había una frialdad en sus ojos que yo había visto mucho durante estos últimos días… particularmente después de que descubrió la traición de mi padre.
“… No puedo hacer eso.”
“¿Debido a Ghislaine?”
“No. Debido a que no puedo pasar por alto su traición.”
Por supuesto que no podía. Mi padre le había dado la espalda públicamente, enviando sus tropas personales en un intento de tomar su cabeza. Sin importar lo amigables que habían sido en el pasado, perdonar esto sería dañino para su reputación.
Yo entendía muy bien esto. Pilemon Notos Greyrat estaba condenado, y nada podía cambiar eso ahora. Tal vez ese dios malvado había participado en organizar esto. Tal vez tanto Rudeus como la Princesa Ariel habían sido engañados. Eso no cambiaba el hecho de que mi padre nos había traicionado, o que él había intentado descaradamente dejar de lado su traición.
Aun así…
Yo no quería ver su muerte.
Así que desenfundé mi espada.
“… ¿Luke?”
“¡Lo siento mucho!”
“¿¡Eh!?”
Ni siquiera sabía por qué estaba haciendo esto. Pero antes de darme cuenta, yo había colocado a la princesa Ariel en mis brazos… y presionado el costado de mi espada contra su cuello.
“¿¡Luke!? ¿¡Qué estás haciendo!?”
Sylphie reaccionó inmediatamente. Ella miró hacia mí con sed de sangre en sus ojos. Rudeus difícilmente la reconocería—ella nunca lo dejaba ver esta clase de ira en su rostro.
En su mano, ella sostenía la clase de vara que usaban los magos novatos. En esencia era una vara en miniatura, adecuada para practicar lo más básico de la magia. Pero en sus manos, podía disparar hechizos tan poderosos como aquellos de los capitanes de los Magos Reales.
Ahora mismo, esa vara estaba apuntando directamente hacia mí.
“Sylphie, ¿no puedes ver lo extraño que es todo esto?”
“¿¡Acaso has perdido la cabeza!? ¡Aparta esa espada de ella!”
Era una pregunta razonable—¿acaso me había vuelto loco? Para ser completamente honesto, yo ni siquiera estaba seguro de qué quería lograr con este acto.
Las miradas de los nobles de alto rango en el salón estaban fijas en mí. Sus rostros estaban confundidos.
… Tal vez yo también me había condenado. Pero que así sea.
“Dime, Sylphie—¿de verdad confías en ese hombre?”
“¿¡Qué hombre!? ¿¡Estás hablando de Orsted!? ¿¡Qué tiene que ver él en todo esto!?”
“¡Solo responde la pregunta!” grité ferozmente.
Con su vara todavía apuntando hacia mí, Sylphie hizo una breve pausa, y luego respondió en voz baja. “No confío en él en lo más mínimo.”
“¿Entonces por qué obedeces cada orden de Rudeus sin hacer preguntas? ¡Tal vez él lo hizo por su familia, pero le ha jurado lealtad a ese monstruo!”
“¿Por qué? ¡Porque yo confío en Rudy, por eso!”
¿¡Cómo eso tiene algún sentido!? “Rudeus está actuando de parte de Orsted, como su subordinado directo. ¿No has notado últimamente cambios en su comportamiento? ¿Estás segura de que Orsted no lo está engañando de alguna forma?”
No era como si tuviera alguna esperanza real de cambiar de lado a Sylphie. Pero desde que se casó con Rudeus, yo sentía como si ella hubiese dejado de tomar sus propias decisiones. En vez de vociferar su opinión, ella le dejaba todo a su esposo, o hacía exactamente lo que él pedía.
Irónicamente, yo fui el que le enseñó a comportarse de esa forma. Yo le había dicho que una esposa debería escuchar y obedecer en silencio a su esposo si ella quería permanecer a su lado. Mi propia madre había sido una mujer impulsiva, y mi padre nunca la había amado de verdad. Su matrimonio terminó en divorcio.
“Sylphie, ¿acaso siquiera estás pensando por tu cuenta? ¡Rudeus puede cometer errores, tal como todos los demás!”
“¿¡Crees que no lo sé!? ¡Pienso en ello constantemente!” gritó indignada Sylphie. “Pero Rudy está haciendo lo que cree que es mejor para nosotros, ¿bien? ¡Él se traga su orgullo y se somete a nosotros! ¡Rudy hace todo lo que puede, sin importar lo humillante que sea! ¿Qué se supone que haga, que discuta con él y haga las cosas aún más difíciles? ¡Al menos de esta forma, yo puedo sacar algo de la carga sobre sus hombros!”
La respuesta de Sylphie fue clara y firme. En su mente, Rudeus era la prioridad—incluso más que ella misma. Se sentía como si ella hubiera cambiado mucho durante estos últimos años. Pero tal vez simplemente yo no conocía a la chica tan bien como creía.
“¿¡Y qué tal si tu lealtad ciega pone en peligro a la Princesa Ariel!?”
Mientras yo decía estas palabras, presioné mi espada contra el cuello de mi preciada princesa. Yo estaba usando el costado de su hoja. Naturalmente, esto no evitaría que fuera ejecutado como un traidor, pero no podía arriesgarme a cortar a la Princesa Ariel. Simplemente estaba mal dejar una cicatriz en la piel de una mujer.
“¡Tú eres quien tiene una espada contra su cuello!”
Debo admitir que ese es un excelente punto…
Justo en ese momento, la puerta hacia el salón se abrió y Rudeus entró en la habitación.
Sus ojos me encontraron y se abrieron completamente del asombro.
“Escucha, Sylphie,” dije. “Al aceptar todo lo que Rudeus dice, te estás convirtiendo en un peón de ese horrible monstruo llamado Orsted.”
“… Bien. ¿Y eso qué?”
“Considera lo que eso puede significar, en una situación como esta.”
Miré hacia Rudeus. Él estaba escaneando la habitación, tal vez tratando de darle sentido a lo que estaba ocurriendo aquí. Su mirada se detuvo en cierto lugar, y luego la apartó viéndose claramente decepcionado.
Mirando en esa dirección, me di cuenta de que él había estado mirando hacia Perugius. A pesar del drama desarrollándose ante él, el hombre estaba sentado casualmente en su silla, viéndose bastante tranquilo. Había una pequeña sonrisa de diversión en su rostro.
“Si quieres salvar a la Princesa Ariel, mata a Rudeus aquí y ahora,” dije.
Los ojos de Sylphie se abrieron completamente.
“Si yo hiciera tal demanda, ¿cuál sería tu respuesta?”
Ella no se dio la vuelta, a pesar de que claramente sabía que Rudeus ahora estaba de pie detrás suyo.
“Podrías ser forzada a escoger entre ellos dos. ¿Qué harías en ese caso?”
Yo sabía que era una pregunta horrible e injusta. Ni siquiera estaba seguro de por qué la estaba haciendo. ¿De verdad era esto lo que yo quería decir?
“Escogería a Rudy.”
Sylphie no necesitó mucho tiempo para pensar al respecto. Su respuesta fue casi instantánea.
“Odio decirlo en frente de la Princesa Ariel. Pero si Rudy no fuera la persona más importante para mí en este mundo, para empezar yo nunca me habría casado con él. Yo nunca habría tenido un hijo con él.”
Me puso un poco triste escuchar aquellas palabras. E imagino que la Princesa Ariel se sentía igual.
Rudeus se llevó ambas manos a su boca, pero falló a la hora de cubrir completamente su sonrisa arrogante. Ese hombre podía ser verdaderamente desagradable en ocasiones.
“Yo me quedaría al lado de Rudy sin importar qué,” dijo Sylphie. “No sé cómo terminará todo. Por lo que sé, Orsted podría decidir que ya no nos necesita… pero sin importar lo sombrías que sean las cosas, yo voy a estar ahí para ayudar a Rudy. Quiero decir, eso fue lo que prometí al casarnos, ¿no?”
Esas palabras me golpearon en el pecho como una flecha.
Ella tenía razón. Lo sentía en lo profundo de mi estómago. Acababa de encontrar una de las respuestas que había estado teniendo problemas para encontrar.
“… Hah.” Dejé salir un pequeño suspiro. ¿Qué estaba haciendo ahora mismo? ¿Qué estaba pensando?
Mi papel era ayudar a la Princesa Ariel—incluso si ella tropezaba, incluso cuando ella tomaba una mala decisión, e incluso si su causa parecía perdida. Yo quería ser el hombre que siempre estaría ahí para ella, sin importar las circunstancias. Eso fue lo que yo había prometido, como su caballero.
¿Qué importaba si Orsted era un dios malvado? Es cierto, yo habría preferido obedecer al Dios Humano que a esa criatura. Pero ¿escogería al Dios Humano por sobre Ariel?
Ni siquiera valía la pena considerar la pregunta. Mi deber era respetar sus decisiones, y arriesgar mi propia vida para protegerla si ella tomaba una mala decisión. Nunca había sido más complicado que eso.
Mis propias palabras habían regresado para golpearme en la cara.
“Ahora bien, Luke.”
Supongo que la Princesa Ariel había escuchado mi suave suspiro. Ella escogió este momento para romper su silencio.
“Ahora que Sylphie ha escogido a Rudeus, ¿me cortarás la cabeza?”
“¿Eh?”
“De ser así, primero me gustaría un poco de tiempo para hablar con mi hermano. Tal vez él permita que Sylphie y los demás salgan sanos y salvos de Asura. ¿Te importaría?”
Su voz sonaba… extrañamente tranquila.
“¿No va a preguntar por qué estoy haciendo esto?”
“No.”
Eso me entristeció. Yo difícilmente podía defenderme ahora que las cosas habían llegado así de lejos… pero parecía ser que la princesa realmente creía que la había traicionado. Yo había estado a su lado desde que éramos niños, apoyándola en cada forma posible. Había puesto sus intereses y necesidades por sobre las mías. Y ella aun así creía que yo era capaz de darle la espalda, al mismísimo final de nuestro largo viaje.
O eso creí, hasta que escuché las siguientes palabras.
“Hay una sola cosa que sí quiero decirte, Luke.”
“¿Mm…?”
“Yo soy tu princesa.”
Casi no pude contener las lágrimas. Esas palabras eran una recompensa lo suficientemente buena para mí. Incluso después de lo que yo había hecho, la Princesa Ariel todavía me veía como su caballero. Ella nunca había creído que yo podría traicionarla. Ella confiaba en mi lealtad—incluso ahora, con la hoja de mi espada presionada contra su cuello.
Arrojé mi espada hacia un lado. Resonó contra el suelo, y la tensión en el aire finalmente desapareció. Liberé a la Princesa Ariel de mis brazos, retrocedí unos pasos y me arrodillé ante ella. Cuando miré hacia arriba, vi que ella estaba mirando hacia mí con esa misma frialdad familiar en sus ojos.
“Dime, Luke. ¿Qué eres tú?”
“Soy… su caballero.”
La princesa sonrió cálidamente ante estas palabras.
Yo estudié su rostro por solo un momento, y luego me incliné hacia el frente y aparté mi cabello para exponer mi cuello.
“Estoy listo, Su Alteza. Concédame el castigo apropiado para mi traición.”
Yo no quería morir. Aún había muchas cosas que yo tenía que hacer.
Pero que así sea. Podía aceptarlo.
“…”
La Princesa Ariel se agachó para tomar mi espada, levantándola incómodamente con una mano—y golpeó mi cabeza con el costado de su hoja. Un dolor sordo se extendió a través de mi cráneo.
“Parece ser que tu legendaria lujuria por las mujeres te llevó a enloquecer, Luke. No puedo imaginar ninguna otra razón para que hubieras tomado a una princesa en tus brazos y hubieses abusado de ella de tal forma.”
“¿…?”
“Normalmente, tal crimen significaría un castigo severo. Pero te permitiré salir impune esta vez, ya que de casualidad estoy de humor para un poco de manoseo.”
Miré arriba hacia la Princesa Ariel. Ella respondió mi mirada con una sonrisa juguetona y un guiño. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había visto esta expresión en su rostro? Estos días, sus sonrisas en su mayoría eran forzadas. Pero cuando éramos niños, ella con frecuencia me sonreía de esta forma.
“¡Jaja!”

Parecía ser que yo había sido perdonado. Mis palabras y acciones, sin duda alguna, deberían haber sido consideradas como una traición. Pero ella ni siquiera iba a castigarme por ellas.
“Ahora bien…”
Haciendo una pausa para respirar, la Princesa Ariel se dio la vuelta hacia mi pálido padre. Tan pronto como su mirada se fijó en él, mi padre se postró sobre el piso ante ella.
“¿Qué debemos hacer con usted?”
El asunto de su castigo permanecía sin resolver. Ahora que ella había perdonado mi traición, el ambiente de la habitación había cambiado. Casi se sentía como si ella tuviera que encontrar una forma de perdonarlo.
Pero los crímenes de mi padre eran graves. Él había unido fuerzas con nuestros enemigos y tratado de asesinar a la princesa. Ella no podía simplemente inventar una historia conveniente para justificar esto, tal como había hecho por mí.
Necesitábamos encontrar alguna justificación. Alguna razón para perdonarlo.
Mientras yo estaba tratando de pensar en algo, Rudeus dio un paso al frente para hablar.
“Cuando nosotros lo arrinconamos, Darius reveló que él fue quien había orquestado la muerte de Sauros. Al parecer, Pilemon-sama solo fue un peón en su tablero.”
“… ¿Y qué sucedió con Darius?” preguntó la princesa.
“Él está muer… Nosotros lo matamos.”
“Ya veo. En ese caso, creo que bien podríamos atribuirle toda la culpa.”
Mientras ella decía estas palabras, la Princesa Ariel dirigió su mirada a alguien detrás de mí. Yo me di la vuelta y descubrí que Ghislaine y Eris se había escabullido hasta ahí en algún punto. Ellas podrían haberme cortado por la espalda si yo hubiese seguido sosteniendo a la Princesa Ariel por más tiempo.
“Ghislaine, ¿puedes aceptar eso?” preguntó la Princesa Ariel.
“Bueno…”
Ghislaine se veía claramente descontenta por la sugerencia. Tal vez estaba determinada a matar a mi padre. Pero antes de que ella pudiera objetar, Eris estiró su brazo y jaló de su cola. Con un grito de sorpresa, Ghislaine miró hacia su pupila.
Eris cruzó sus brazos y levantó su mentón hacia el aire. “¡Ghislaine! Ya vengamos al Abuelo Sauros, ¿bien? ¡No seas codiciosa!”
“… Si usted lo dice, Eris-sama.”
Al escuchar estas palabras, la Princesa Ariel se dio la vuelta hacia mi padre con una expresión satisfecha en su rostro. “Ahí lo tiene, Pilemon-sama. Entregaré mi veredicto sobre usted en el futuro cercano.”
“¡S-sí, Su Alteza!”
Mi padre se postró una vez más, retorciéndose de la gratitud. Por supuesto, él no saldría de esta sin ningún castigo. Pero parecía ser que le habían perdonado la vida.
“Lo… Lo siento mucho, Luke…”
Las palabras apenas pudieron escucharse, pero yo estaba lo suficientemente cerca como para escucharlas claramente. Una ola de alivio me inundó.
Miré alrededor de la habitación. Rudeus estaba hablando tranquilamente con Sylphie, quien tenía sus brazos a su alrededor, mientras él acariciaba su cabeza. Ella bajó su mirada tímidamente, pero se veía bastante feliz. Eris y Ghislaine estaban discutiendo algo con voces tan altas que yo podía escuchar la conversación claramente. Eris estaba explicando orgullosamente que en ocasiones tenías que leer el ambiente. Al parecer, esa era una frase que Rudeus le había enseñado.
Perugius estaba igual que siempre. Todavía sentado en su silla, él estaba mirando en esta dirección con una expresión ligeramente entretenida en su rostro. Para ser completamente honesto, yo ni siquiera podía comenzar a imaginar qué encontraba tan entretenido el famoso Rey Dragón Acorazado.
Mi padre todavía estaba postrado en el suelo. Él todavía se veía muy pequeño, pero el color estaba regresando lentamente a su rostro.
La caballera novata Isolde estaba llorando silenciosamente mientras acunaba el cuerpo de la Diosa del Agua en sus brazos. Ella no parecía querer venir en nuestra dirección.
Parecía ser que Darius estaba muerto. El Príncipe Grabel, quien había perdido a un gran aliado, se desplomó sobre su silla, viéndose exhausto. Incluso ahora, había un pequeño grupo de nobles reunidos a su alrededor… pero era difícil imaginarlo intentando algo a esta altura.
Los nobles de la facción de la Princesa Ariel estaban mirando con un evidente asombro en sus rostros. Triss estaba dentro de ellos, de pie junto a sus padres.
Ya no teníamos enemigos dispuestos a luchar.
La batalla por Asura había terminado.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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