El Campo de Batalla de Rudeus
Capítulo 10: El Campo de Batalla de Rudeus
El Estilo del Dios del Agua tiene cinco técnicas secretas de gran poder. Todas ellas fueron creadas por el primer Dios del Agua en ocupar ese título.
Se dice que cualquiera capaz de usar tres de las cinco técnicas es digno del título de Dios del Agua. Durante la larga historia del estilo, hubo numerosos Dioses del Agua que lograron aprender cuatro—pero ninguno excepto el primero había sido capaz de aprender las cinco. La Diosa del Agua Reida Lia no era una excepción a la regla. Ella había aprendido solo tres de las cinco técnicas, como muchos otros de sus antecesores.
Reida ahora era una mujer de edad. Sus años de plenitud física habían pasado hace mucho, y con cada año su fuerza y agilidad disminuían todavía más.
¿Entonces por qué ella aun así poseía el prestigioso título de Diosa del Agua?
¿Acaso simplemente era inmensamente talentosa?
Por supuesto, eso era parte de ello. Reida Lia había sido un verdadero prodigio en su juventud, y sus dones naturales eran comparables a los de cualquier Dios del Agua antes que ella. Pero solo sus talentos no eran suficientes para compensar el paso de los años.
¿Acaso no había otros lo suficientemente hábiles como para reclamar ese título?
A decir verdad, está lejos de eso. En la actualidad, existían varios otros espadachines con vida que habían aprendido tres de las técnicas secretas del Dios del Agua. Aun así, ninguno de ellos siquiera había tratado de superar a Reida como la Diosa del Agua. Haciéndose llamar a sí mismos indignos del título, ellos lo habían dejado en las manos de Reida y quedado satisfechos con el rango de Emperador del Agua.
Pero ¿por qué?
Era porque Reida había dominado las dos más difíciles de las cinco técnicas secretas. Y al combinar astutamente estas dos, ella había creado una propia: una habilidad que podría ser llamada una especie de ilusión… o tal vez la sexta técnica secreta.
Era conocida como la Hoja de la Privación, o el Campo de la Privación. Con una cierta postura, ella podía cortar a cualquiera dentro de un cierto rango a su alrededor—sin importar dónde estuvieran posicionados. La zona de efecto era una esfera perfecta con Reida en su centro. Cuando alguien dentro de esa zona daba un simple paso, ella podía contraatacar instantáneamente.
“Que nadie mueva un músculo. A menos que quieran terminar como ellos.”
El primero en reaccionar a la repentina aparición de Reida había sido Arumanfi la Luz, uno de los leales sirvientes de Perugius. En un parpadeo, él se había movido hasta quedar directamente detrás de la mujer—solo para ser cortado limpiamente en dos. Su cuerpo sin vida se había disuelto en partículas de luz y desaparecido.
El siguiente fue Trophymus la Ola. Él había levantado su mano al frente hacia Reida y tratado de disparar algo hacia ella. Tal vez él había sido capaz de realizar el ataque. Pero Reida simplemente agitó brevemente su espada, y Trophymus también fue cortado a la mitad.
El siguiente fui yo. Alimenté con poder mágico el anillo en mi dedo y Reida instantáneamente me cortó mi mano izquierda… o, al menos, así habría sido, de no ser por el guantelete mágicamente fortalecido que yo estaba usando. Su hoja había golpeado la zona de los dedos, destruyéndola parcialmente; yo me había congelado del shock.
El siguiente fue uno de los nobles de alto rango en la mesa. Él se había puesto de pie y tratado de huir, solo para terminar con los tendones de su pierna cortados. Un segundo golpe lo noqueó, silenciando sus gritos. Reida había usado el lado sin filo de su espada.
Ninguno de los guardaespaldas podía moverse. Tampoco podía Eris, quien podrías haber esperado que fuera la primera en intervenir. Tampoco podía Ghislaine, o Ariel, o Perugius, o sus espíritus sobrevivientes.
Y tampoco yo.
Reida nos había fijado en nuestro lugar como insectos en un tablero. Para este momento, todos nos habíamos dado cuenta de que toda la habitación estaba dentro de su rango. Cualquier movimiento, cualquier intento de entrar en acción, sería instantemente fatal.
“… Tal parece que todos se congelaron. Muy bien. ¿Auber?”
Cuando Reida volvió su mirada en su dirección, Auber estaba de pie rígidamente en su lugar tal como todos los demás. Incluso un espadachín de su calibre no podía zafarse del abrumador poder de Reida.
“¿Q-qué puedo hacer por usted, señora…?”
“Para comenzar, puedes cortar un par de cabezas. Veamos… Ve y mata a Ariel y Perugius. Y también a Pantano.”
Y sí, Auber se convirtió en la única persona capaz de moverse en la habitación. Pero en vez de dar un paso al frente, él se quedó mirando hacia Reida con una expresión de vacilación en su rostro. “Usted… ¿quiere que yo lo haga?”
“Usa tu cabeza, niño. ¿Quién más va a hacerlo?”
“Pero…”
Auber dio un rápido vistazo hacia Eris. Viendo esto desde la esquina de su visión, Reida escupió despectivamente sobre el suelo.
“Supongo que tener a esa chica del otro lado siempre fue un problema, ¿eh? No me extraña que tus dos emboscadas fueran tan mediocres. Incluso los cobardes como tú quieren jugar al espadachín por sus estudiantes.”
Esas duras palabras fueron escupidas por Reida, mientras ella permanecía quieta con exactamente la misma postura.
“Escucha, niño. ¿Para qué tomaste esa gorda bolsa de dinero? ¿Solo viniste aquí a presumir tu ostentoso título, dejar que tres de tus viejos amigos murieran, y luego observar que tu cliente pierda su cabeza?”
“…”
“¿No se supone que eres el tipo que lucha sucio?”
“… Supongo que tiene razón en eso.”
Y así, Auber entró en acción. Él desenfundó una espada con su mano derecha y comenzó a caminar hacia la cabeza del salón, donde estaba de pie Ariel.
Mierda. ¿y ahora qué? ¿Qué hago? ¡No puedo moverme!
El Dios Humano nos había superado esta vez. Al colocar a un solo maestro espadachín en el momento perfecto, él había dado vuelta el tablero en un instante.
Orsted me había dicho cómo lidiar con la Diosa del Agua en batalla. Básicamente, su consejo fue nunca dejar que esto ocurriera. En el instante que la veías, supuestamente debías salir de su rango de visión antes de que ella pudiera adoptar su postura. No importaba hacia qué dirección huyeras; lo más importante era moverse mientras todavía pudieras.
Aunque ya era demasiado tarde para eso.
“… ¿¡Qué está sucediendo aquí!?”
En este punto, un grupo de guardias que probablemente había escuchado la conmoción entró de golpe en el salón. Ellos eran caballeros usando una armadura plateada… quienes, de hecho, se veían familiares.
“¡B-baja tu espa—!”
“¡Que ninguno de ustedes se mueva!”
La voz de Reida, feroz como un trueno, detuvo al grupo de caballeros novatos en su lugar. Pero uno dentro de sus filas ignoró su advertencia. Dando varios pasos dentro de la zona de control de Reida, este caballero se sacó su casco y lo arrojó al suelo.
Se trataba de Isolde Cluel, la Reina del Agua.
¿Qué estaba haciendo ella aquí? Supuestamente no debía haber caballeros de guardia dentro del palacio esta noche. Ariel se había asegurado de ello. ¿Acaso era obra de Darius? Tal vez él había posicionado a un grupo de novatos cerca, suponiendo que esto podría ocurrir. ¿O solo fue una coincidencia?
“¡Reida-sama! Qué… ¿qué diablos está…?”
“Ah. Hola, Isolde…”
“¿¡Por qué está usando su técnica en medio de esta reunión!?”
“Tranquila, niña. Lo explicaré… Lo que estás viendo aquí es un horrible crimen, perpetrado por Reida Lia y Auber Corbett.”
“¿Qué…?”
Isolde frunció su frente de la confusión, pero Reida siguió hablando.
“Verás, ellos dos estaban trabajando para… digamos que el Reino del Rey Dragón, ¿por qué no? Cegados por promesas de una gran riqueza, ellos accedieron a asesinar a todos los nobles importantes de Asura. Pero después de asesinar a Ariel y algunos otros más, Reida fue cortada por una caballera novata que de casualidad estaba de guardia cerca. Isolde Cluel se convierte en una heroína, y el Estilo del Dios del Agua perdura.”
Con una pequeña risa, Reida hizo una pausa para mirar hacia el Primer Príncipe.
“Si me permiten decirlo, es una historia bastante sólida. Hazme un favor e inventa algo así, Grabel.”
“¿¡Qué está diciendo, Maestra!? ¿¡Acaso perdió la cabeza!?”
Isolde comenzó a dar otro paso al frente, pero se detuvo a medio camino. Ella probablemente había sentido que Reida ahora estaba preparada para cortarla, tal como a todos los demás.
“… Hazlo, Auber. Y hazlo rápido.”
“…”
“¿Qué? ¿Acaso crees que vas a dañar la reputación del Estilo del Dios del Norte o algo así? Qué mal. ¡Yo estoy aquí limpiando tu desastre, niño! ¡Apresúrate y ármate de valor!”
Auber levantó su espada y se dio la vuelta hacia Ariel, pero entonces se detuvo y sacudió su cabeza de forma indecisa. El hombre evidentemente estaba en conflicto.
“¿¡Qué haces ahí parado, Auber!?” gritó Darius. “¡Mata a Ariel ahora! ¡Y también a esa prostituta mentirosa!”
¿Acaso estaba hablando de Triss? Tenía sentido que también la quisiera muerta a ella. Si quedaba alguna evidencia de sus crímenes, otros nobles podrían usarla para derrocarlo en el futuro. Incluso después de que Grabel tomara el torno. “¡No te preocupes por lo que pase después! ¡Yo me encargaré de todo!”
Por alguna razón, las palabras de Darius parecía haber ayudado a Auber a decidirse. Su rostro adquirió una expresión ligeramente diferente, y se dio la vuelta hacia Ariel.
Mierda. ¿Es el fin? ¿Estamos acabados?
“Tch…”
Podía ver a Eris reuniendo el valor para moverse—para arriesgar todo en un intento desesperado por escapar de la zona de control de Reida.
“No, Eris.”
“Pero—”
“Por favor. No lo hagas.”
“… ¿Entonces qué hacemos?”
Yo no quería ver morir a Eris. Pero ella tenía razón. ¿Qué se suponía que íbamos a hacer? Yo no tenía una buena respuesta. ¿Qué tal si actuábamos todos al mismo tiempo? No, eso no iba a funcionar. Esta no era una técnica que pudieras superar así de fácil. Y si bien yo estaba relativamente cerca de Reida, los otros estaban demasiado lejos.
¿Quizá Perugius podía hacer algo? Él no se había movido ni un milímetro en todo este tiempo. Ahora mismo, él parecía estar mirando en mi dirección con una expresión ligeramente aburrida. Casi podía escucharlo diciendo “¿Y qué planeas hacer con respecto a esta lamentable situación, Rudeus Greyrat?”
Considerando que dos de sus subordinados acababan de morir, él no se veía ni remotamente preocupado. ¿Acaso tenía un plan en mente? No, yo no podía poner mi fe en esa posibilidad. No había tiempo para hacerse ilusiones. Auber estaba a solo segundos de asesinar a Ariel, y yo tenía que hacer algo al respecto.
Tenía que actuar. Era la única opción. Tenía que atacar tanto a Auber como a Reida al mismo tiempo.
La mejor opción era mi hechizo Electricidad. También estaría golpeando a otros en el área, pero no podía permitirme preocuparme por eso ahora mismo. Incluso si no incapacitaba a Reida o Auber, había una posibilidad de que el impacto los dejara paralizados. Los maestros del Estilo del Dios del Agua incluso eran capaces de reflejar la magia, así que las probabilidades no eran las mejores… pero había una posibilidad de que funcionara.
“Rudeus… ¿vamos a hacerlo?”
Eris había leído mis pensamientos a partir de la expresión en mi rostro. Sus dedos se retorcieron suavemente mientras daba una mirada significativa hacia mí. Aparentemente, nosotros íbamos a morir juntos.
Lo siento, Sylphie. Dame un buen funeral, ¿quieres?
“¿¡Mm!?”
Pero justo cuando estaba reuniendo el valor para actuar, sentí una descarga en lo profundo de mi cuerpo.
“Santo cielo, ¿ese es…?”
Auber se estremeció violentamente y se detuvo en el acto. Una gran gota de sudor estaba bajando a través del rostro de Reida.
Esos dos no fueron los únicos afectados. Casi todos en la habitación comenzaron a temblar. Sus rostros se habían puesto pálidos, y sus cuerpos estaban temblando visiblemente, incluso mientras permanecían inmóviles, congelados en su lugar por la espada de Reida.
Una sensación de alivio me inundó. Aparentemente, yo había tenido éxito en canalizar poder mágico hacia mi anillo.
“Esto no es bueno,” murmuró Reida. “Ahora realmente deseo que no hubieras expresado tu deseo de matar a la princesa, Darius…”
“… ¿Q-qué es esto? ¿¡Qué está ocurriendo!?” gritó Darius. “¿¡Por qué no puedo dejar de temblar!?”
“Cambio de planes, Auber. Odio hacerte esto, pero ¿puedes tomar a Darius y correr por tu vida? Ahora mismo, por favor.”
Auber parpadeó de la confusión. “Pero ¿por qué Darius, y no el Príncipe Grabel?”
“Podré ser un viejo saco de huesos, pero todavía tengo una o dos deudas que necesitan ser pagadas,” dijo Reida con una pequeña sonrisa. “¡Vamos, empieza a moverte! A este paso, todos en esta habitación van a terminar muertos.”
Auber consideró esto por solo un segundo, y luego asintió. Él corrió hacia Darius, lo agarró del brazo y arrastró su pesado cuerpo lejos de la mesa.
“Por aquí, señor.”
“E-entiendo…”
Los dos desaparecieron a través de la puerta más cercana, una diferente a la que los caballeros novatos acababan de usar para entrar. Nadie pudo detenerlos. Reida todavía nos tenía en la palma de su mano.
Un silencio abrumador se posó sobre el salón.
“Santo cielo. ¿Me pregunto qué tan lejos lograrán llegar? Ahora que lo pienso, no hay garantías de que él venga por mí primero…”
“… ¿Por qué él?”
Mientras la Diosa del Agua murmuraba para sí misma, alguien más había hablado. Fue Ariel. Su expresión había permanecido tranquila y compuesta todo este tiempo, incluso en las fauces de la muerte. Pero ella parecía estar genuinamente confundida por el intento de Reida Lia de salvar la vida de Darius. Para ser honesto, para mí tampoco tenía mucho sentido.
“¡Por qué, por qué, por qué! Todos están siendo tan malditamente entrometidos el día de hoy… Escucha, no hay nada tan interesante al respecto, ¿bien?”
Reida sonrió para sí misma por un momento, viéndose genuinamente entretenida, y luego continuó.
“Te contaré una pequeña historia. Esto ocurrió cuando una cierta anciana era solo una niña escuálida. Todos la estaban llamando un prodigio en ese entonces, y claro, eso se le fue a la cabeza… Un día, esta chica le dio una paliza a un noble presumido en su salón de entrenamiento. Después él regresó por venganza con cerca de dos docenas de amigos. Ella fue abrumada en poco tiempo, y ellos estaban listos para cortarle ambos brazos. Para que así ella nunca más pudiera sostener una espada, ¿entiendes? Y en ese momento fue cuando apareció un niño noble quien era superior en rango a los demás. Y la salvó.”
… Esperen, ¿qué? ¿¡Ese fue Darius!?
“Cuando la chica llegó a ser una Reina del Agua y fue escogida como la instructora de esgrima real, ella fue a buscar a ese niño para expresar su gratitud. Pero, para ese entonces, él ya se había convertido en un hombre egoísta y regordete con el carisma de una medusa. Él ni siquiera la recordaba.”
… Hm.
“Ella claramente estuvo decepcionada. Quiero decir, este chico nunca tuvo un rostro apuesto, pero ella había asumido que él al menos era del tipo puro y de buen corazón. En ocasiones ella incluso había soñado despierta acerca de su encuentro.”
Reida parecía estar mirando lejos en la distancia. Yo casi estuve tentado a pensar que podría ser seguro moverse.
“En fin, el primer amor de esa chica terminó en ese preciso momento… pero yo no diría que se convirtió exactamente en odio. Su gratitud y disgusto se cancelaron entre sí.”
La Diosa del Agua contó su historia. Brevemente, en el poco tiempo que le quedaba. Sabiendo que a su audiencia no le importaría. Casi como si se estuviera confesando.
“A decir verdad, ella ya había olvidado todo esto. Pero de camino a Asura muchos años después, ella recibió este peculiar mensaje en sus sueños. Le dijo que tendría la oportunidad de pagar su deuda con el hombre, si es que iba a trabajar para la corte real una última vez.”
Así que ella al final sí era un peón del Dios Humano. Y ahora mismo, el hombre que quería destruir a su amo se estaba dirigiendo directamente hacia aquí. Yo podía sentir su abrumadora y aterradora aura haciéndose más fuerte mientras él atravesaba el palacio a una velocidad increíble. Auber debe estar huyendo en la dirección opuesta. Yo no tenía la habilidad de rastrear su ubicación, pero me sentía confiado de eso. Después de todo, el hombre tenía un sexto sentido para el peligro.
“Qué estúpido, ¿no? Todo esto por un hombre que ella había olvidado hace muchos años.”
Silencio.
“Pero cuando ella lo pensó bien, ahora que estaba vieja y marchita… dejando de lado todo ese estúpido asunto del romance… ella se dio cuenta de que la deuda que tenía nunca fue pagada. Solo estuvo ahí de lado por décadas, acumulando intereses.”
Reida hizo una breve pausa, y luego sus ojos repentinamente se abrieron por completo.
“… Tal parece que ya está aquí.”
La puerta hacia el salón se abrió de par en par, y un solitario hombre la atravesó.
“¡Hiiiii!”
Todos los presentes en la habitación se retorcieron del terror al verlo. Algunos perdieron el control de sus vejigas. Otros se desmayaron. Algunos miraron hacia él como si fuera su enemigo mortal. Pero todos ellos estaban pensando más o menos lo mismo: Él va a matarnos a todos.
Tal como Perugius, su cabello era plateado, y sus ojos dorados. Pero su rostro era aterradoramente feroz.
Orsted finalmente había llegado.
“Ha pasado un tiempo, Dios Dragón. ¿Estás aquí para llevar a una anciana al más allá?”
“Sí. Tú eres un apóstol del Dios Humano. Eso significa que debes morir.”
“Un apóstol, ¿eh…? Mmm… ¿así que me dejaste ir antes porque yo no era un apóstol en ese entonces? Santo cielo. Supongo que al menos dejaré este mundo enfrentando a un oponente formidable.”
Con un rápido vistazo alrededor de la habitación, Orsted comenzó a caminar en línea recta hacia Reida. Él ni siquiera vaciló.
“¡Campo de la Privación!”
La espada de Reida se volvió borrosa, con su forma cambiando a una velocidad imposible. Cada vez que Orsted daba un paso, la hoja lo golpeaba con un destello dorado, conectándolos brevemente a través de una cuerda amarilla ilusoria.
Aun así, Orsted rechazó cada ataque. Chispas danzaban en el aire a su alrededor.
Él estaba desviando sus cortes con sus manos desnudas.
Un paso. Dos pasos. Tres. Mientras él se acercaba, el aire era llenado de chispas más grandes y brillantes. Los ataques de Reida se estaban volviendo constantemente más poderosos.
Aun así, Orsted no se detuvo. En un parpadeo, él ya estaba justo en frente de Reida.
“Muere.”

Y así como así, todo terminó. Orsted usó su mano como una lanza para atravesar directamente el pecho de Reida, y arrojó su cuerpo hacia un lado como una muñeca de trapo.
“¡No! ¡Reida-sama!” gritó Isolde.
La mortífera zona de control de la Diosa del Agua había desaparecido. Aun así, nadie se movió. Era como si el tiempo se hubiese detenido completamente dentro de esa habitación. Nadie entendía lo que acababa de pasar. Pero sus mentes estaban consumidas por el miedo de que ellos podrían ser los siguientes.
Isolde fue la primera en moverse. Con sus piernas temblando, ella desenfundó su espada y la apuntó hacia Orsted.
“Cómo te atreves… ¡Cómo te atreves!”
Con su rostro mostrando la definición de la indiferencia, Orsted salió hacia la terraza y saltó de ella hacia el vacío. Isolde corrió hacia la terraza en persecución.
“¡Rudeus!” gritó Ariel, liberándose abruptamente de su propia parálisis. “¡Debes seguir a Darius y Auber! ¡No podemos permitirles escapar!”
Con esas palabras, repentinamente todo entró en acción.
Los nobles de Asura se tropezaron entre sí en sus esfuerzos desesperados por escapar. Los guardaespaldas corrieron rápidamente a sus lados. Y Eris, Ghislaine, y yo corrimos hacia la salida más cercana, siguiendo la ruta que Auber y Darius habían tomado.
“¿¡R-Rudy!? ¿¡Qué acaba de pasar ahí!?”
Casi nos estrellamos con una muy desconcertada Sylphie en la puerta. Yo por un momento consideré llevarla con nosotros, pero rápidamente decidí lo contrario. Isolde todavía estaba en ese salón, mirando abajo desde la terraza en estado de shock. Parecía ser que ella se había dado por vencida acerca de atrapar a Orsted, pero…
“¡Sylphie, tú quédate con la Princesa Ariel! ¡Mantén vigilada a Isolde—ella podría intentar algo! ¡Nosotros vamos tras Darius!”
“¡Entendido!”
Dejando a Luke y Sylphie atrás para proteger a la princesa, el resto de nosotros salimos corriendo de la habitación.
No estaba completamente seguro de por qué Ariel nos había pedido seguir a Darius con tanta urgencia en su voz. Se sentía que el resultado de nuestra lucha básicamente estaba decidido en este punto. Una parte de mí se preguntaba si realmente haría una diferencia si Darius escapaba, pero tal vez eso solo era porque yo había escuchado la historia de la Diosa del Agua sobre su pasado juntos.
Había otra razón por la que Ariel podría haber dado esa orden. Ella había jurado su lealtad al Dios Dragón, tal como yo.
De cualquier forma, nosotros íbamos a matar a Darius. Ese siempre había sido el plan.
“¡Por aquí!”
Guiados por la nariz de Ghislaine, nosotros corrimos a través de los pasillos interminables del palacio casi con una velocidad imprudente. Eris y Ghislaine ni siquiera se habían cuestionado la orden de Ariel. El enemigo había huido, así que íbamos a cazarlo y matarlo—para ellas, probablemente era así de simple.
Había algunos guardias en los pasillos. Los veíamos de vez en cuando, pero ellos parecían estar ocupados persiguiendo a alguien completamente diferente. Yo oí a uno de ellos gritar “¡Él huyó hacia la residencia del rey!” así que bien podría haber sido Orsted.
“… ¡Los veo!”
Sin nadie para interferir, nosotros alcanzamos a nuestra presa en cuestión de minutos. Darius estaba jadeando sonoramente mientras Auber empujaba su enorme cuerpo a través del pasillo delante de nosotros.
“¡Tch!”
Con una rápida mirada en mi dirección, Auber colocó a Darius sobre su hombro y huyó dentro de la habitación más cercana.
Llegamos al lugar en segundos y entramos rápidamente—pero entonces nos detuvimos de golpe. Darius estaba tendido en el suelo, y Auber estaba de pie en frente suyo, esperando con su espada ya desenfundada.
“… Kuh, ¡guuh! Gahaah… haah…”
Desde su posición incómoda, el Primer Ministro de Asura estaba mirando furiosamente hacia nosotros.
“E-esto no puede estar pasando,” murmuró él. “Está mal, muy mal…”
“Vamos, Darius-sama. En ocasiones la vida no es exactamente como deseamos,” dijo tranquilamente Auber. “Tal vez es hora de aceptar las cosas como son, y tratar de pensar en una forma de salir de este dilema, ¿no cree?”
“¡Hice todo lo que Dios me ordenó!” objetó Darius, con su rostro rápidamente tomando un matiz carmesí. “¡No está bien que yo esté arrinconado como una rata!”
“… Cielos, usted de seguro es alguien devoto. En ese caso, tal vez deba tratar de recuperar su aliento y decir algunas plegarias para mi victoria.”
Rascándose su mejilla, Auber levantó su espada con una expresión resignada en su rostro. Por primera vez, él estaba preparado para enfrentarnos en una batalla de frente.
“Emperador del Norte, Auber Corbett,” dijo él con un tono de voz firme y formal.
Eris desenfundó su espada y la levantó en lo alto sobre su cabeza. Y Ghislaine llevó su mano hacia su hoja envainada, lista para sacarla y atacar en un solo movimiento.
“Reina de la Espada, Eris Greyrat.”
“Reina de la Espada, Ghislaine Dedoldia.”
Hmm. ¿Acaso yo también debía estar dando mi nombre?
Mientras vacilaba, Darius repentinamente se puso de pie y apuntó hacia Eris. “Ese cabello rojo… ¿¡eres una Boreas, cierto!? ¡Tú eres una Boreas Greyrat!”
Eris frunció el ceño del disgusto ante el repentino interés del hombre. “No lo soy, ya no más.”
“Yo… ¡Yo he sido un aliado de la familia Boreas! ¡Un verdadero amigo!” gritó Darius, enviando a volar saliva, como si él ni siquiera hubiese escuchado la respuesta de Eris. “¡Yo los apoyé financieramente después de la calamidad en Fittoa!”
Ahora que él lo menciona… Darius fue quien había fundado el Escuadrón de Búsqueda y Rescate de Fittoa, ¿no? Yo creía recordar que él tuvo algunos motivos impuros para hacerlo, pero era difícil para mí descartar totalmente este punto. Independientemente de sus razones, ese dinero había ayudado a muchas personas desesperadas.
“¡Eso no tiene nada que ver conmigo!”
Esa es nuestra Eris. ¡No podría importarle menos!
“Yo… ¡Yo también ayudé a James!”
James… la actual cabeza de la familia Boreas, y el tío de Eris.
“¡Lo ayudé a tomar el control de la familia! ¡Yo protegí y reconstruí la Familia Boreas, cuando los otros nobles la habrían destrozado!”
Hmm. Esa parte no podría importarme menos.
“¡Es gracias a mí que Fittoa está siendo reconstruida en este preciso momento!”
¿Qué? Vamos, no empieces a mentir. “De hecho, nosotros dimos un vistazo a la Región de Fittoa en nuestro camino hacia la capital. De seguro no se ve como si la reconstrucción estuviera avanzando muy rápido.”
“¡Tú no sabes nada de estos asuntos, niño!” dijo furiosamente Darius. “¡Si la familia Boreas hubiese sido aplastada completamente, los otros grandes señores feudales ya estarían dividiendo la región para venderla! ¡Toda la zona sería una tierra cubierta de maleza!”
Eso de hecho sonaba muy plausible. Las cosas definitivamente no se estaban desarrollando rápido en Fittoa. Pero ¿tal vez todas las alternativas habrían sido peores? ¿Quizá?
“Si estabas tratando de ayudar, pudiste haber salvado al viejo Sauros también…”
Las palabras salieron de mi boca como un susurro, pero Darius de todas formas las escuchó—y su rostro se retorció de la ira.
“¿¡Sauros!? ¡No digas tonterías! ¡Ese hombre tenía la misma prudencia que un jabalí salvaje! ¡Él quería usar toda la fortuna de la Familia Boreas para reconstruir Fittoa, sin siquiera pensar en las consecuencias!”
Esa definitivamente fue una decisión audaz y valiente… pero sí sonaba estúpida bajo tales circunstancias. Si la familia Boreas quebraba, toda la región terminaría cayendo presa de los otros nobles al final.
“James me rogó que pusiera fin a esa estupidez, y yo hice exactamente eso. ¡Incité a Pilemon a entrar en acción! ¡Arrinconé a ese torpe idiota y lo hice ejecutarlo! ¡Puse a James al mando! ¡Yo soy la única razón de que la familia Boreas y la región de Fittoa todavía existan! ¡Así que, por favor, tengan piedad! ¡Déjenme ir, eso es todo lo que pido!”
Ah… entonces así fue como sucedió en realidad, ¿eh? Tiene sentido. Lo siento, pero creo que se te acabó la suerte. Si tú eres quien incitó a Pilemon y arregló la ejecución de Sauros—
“Entonces eso te convierte en el asesino de mi abuelo, ¿cierto?” dijo Eris.
“Ya veo. Eso aclara las cosas,” dijo Ghislaine, asintiendo. Luego ella mostró sus colmillos y tomó con fuerza su espada. “Voy a matarte ahora mismo.”
“¡Hiii!”
Mientras Darius temblaba y se tropezaba hacia atrás, Auber suspiró del cansancio. “Parece que nuestras negociaciones han fracasado.”
Y así, el asalto final comenzó.
“Uff… uff…”
Al parecer, Darius finalmente había comprendido la realidad.
Él se dejó caer sobre la silla más cercana, miró hacia el suelo y respiró profundamente un par de veces. Era difícil creer que él había estado gritando como loco hacia nosotros hace solo momentos. “Auber, ¿puedes ganar esta batalla?”
“Es difícil decirlo. Dos Reinas de la Espada hacen las cosas lo suficientemente desafiantes, pero ese mago es bastante problemático.”
Auber estaba de pie con Darius detrás suyo, enfrentándonos con dos espadas en sus manos. Su expresión era una perfectamente tranquila, pero sus ojos vagaban de un lugar a otro constantemente. Casi parecía que se estaban moviendo independientemente el uno del otro.
“Lo sé,” dijo Darius después de un momento. “Dios me dijo lo mismo.”
“¿Qué dijo exactamente?”
“Que un mago usando una túnica gris me asesinaría. Pero tal vez sus palabras fueron mentiras desde un comienzo. Fue Dios quien me pidió que destruyera los círculos de teletransportación, a pesar de lo desventajoso que sería eso… y llamarte a ti de regreso al palacio, donde podríamos fortalecer nuestras defensas. El resultado fue esta catástrofe.”
Así que el Dios Humano había estado moviendo las cosas detrás de escenas. Parecía ser que Orsted tenía razón—el sujeto no era un jugador de ajedrez. Él parecía ser del tipo que realmente disfrutaría matar ejércitos enteros en un juego de la saga Dynasty Warriors.
“Encárgate, Auber,” dijo tranquilamente Darius. “Te contraté para esto. Luchar contra múltiples oponentes es tu especialidad, ¿no?”
“Entendido… Pero en caso de que gane, solicitaré esa recompensa especial.”
“Por supuesto. Tal como prometí, es toda tuya.”
Mientras ellos hablaban, Auber concentró toda su atención en nosotros tres. Esta vez, él iba a enfrentarnos de frente.
Eris y Ghislaine bajaron sus caderas y se inclinaron ligeramente hacia el frente, apretando con fuerza sus armas.
“Estilo del Dios del Norte—Tinta Carmesí.”
“¡Graaaaah!”
“¡Raaaaaah!”
Mientras Auber murmuraba el nombre de su técnica de apertura, Eris y Ghislaine saltaron al ataque.
Pero yo sabía, incluso mientras se movían, qué significaban las palabras Tinta Carmesí. Orsted también me había contado sobre esto. En algún punto, Auber había logrado colocar una trampa en el suelo—en la superficie de la alfombra roja de la habitación. Yo apenas podía ver las pequeñas bolas rojas sobre ella.
Por supuesto, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto.
“¡Gah!”
“¿¡Hnh!?”
Se escuchó un sonoro bang desde el suelo a los pies de Eris y Ghislaine, como el sonido de globos explotando. Un espeso y pegajoso líquido salpicó en todas direcciones, pegando las suelas de sus zapatos a la alfombra.
Esas pequeñas bolas rojas, la creación de un maestro boticario, contenían un poderoso adhesivo instantáneo. El proceso de su fabricación era complejo, así que no podía recordar todos los detalles… pero lo importante era que cualquier onda fuerte causaría que explotasen y esparcieran su contenido en las cercanías. El adhesivo que contenían era monstruosamente fuerte. Lo suficiente como para detener de golpe a Eris y Ghislaine.
“¡Flujo Instantáneo!”
Yo rápidamente respondí con un hechizo dirigido a sus pies, el cual lavó la sustancia pegajosa. El pegamento de Auber era vulnerable al agua. Cuando entraba en contacto con la humedad, perdía todo su poder adhesivo inmediatamente.
Sin embargo, Eris y Ghislaine ya habían sido sacadas de balance. Ellas habían perdido la velocidad y compostura que necesitaban para sus técnicas más fuertes. Pero su fuerza impidió que se fueran de cabeza hacia el frente, y trataron de seguir atacando sin importar eso.
Pero ya era demasiado tarde.
Auber ya había entrado en acción. Él ya había pasado entre ellas.
La hoja de Ghislaine se detuvo, tal como la de Eris. Ambas eran maestras del agresivo Estilo del Dios de la Espada, pero incluso ellas no iban a usar la Espada de Luz en un objetivo con un aliado justo en frente. Significaría matar a ambos.
Auber no iba por Eris, ni tampoco por Ghislaine.
“Tú serás el primero, Rudeus Greyrat.”
Él estaba tras de mí.
Auber balancea desde arriba sus dos espadas hacia mí.
“¡Escudo de Tierra!”
Pero yo sabía cuándo y dónde se iba a producir este ataque. Gracias a todas mis sesiones de práctica con Eris, yo podía verlo claramente con mi Ojo de la Premonición.
Estiré mi mano izquierda hacia el frente, bloqueando la trayectoria de una espada con lo que quedaba de mi guantelete. Con mi brazo derecho, yo me moví para bloquear la otra espada con un escudo que había invocado en medio del aire.
“¡Estilo del Dios del Norte—Nebulosas Cruzadas!”
Las manos de Auber repentinamente se vuelven borrosas.
Soltando ambas espadas en medio del aire, el Emperador del Norte se agachó de cuclillas y estiró su mano hacia otra hoja en su cintura.
Yo vi todo esto por adelantado. El Ojo de la Premonición me mostraba claramente sus movimientos. Pero ese Escudo de Tierra ya estaba sobre mi antebrazo derecho, cubriéndolo como un escudo pequeño. Para desviar el ataque de Auber, yo lo había fabricado duro, y denso—y también pesado. No podía moverlo lo suficientemente rápido como para defenderme de este nuevo ataque.
Mi mano izquierda ya había recibido de frente la primera espada de Auber. Mi guantelete pesado y fortalecido mágicamente ya había perdido sus dedos más temprano, pero había resistido el impacto. Todavía se estaba aferrando con fuerza a la hoja.
Auber iba a desenfundar y atacar en un solo movimiento fluido mientras salía disparado hacia el frente. No había forma de que pudiera defenderme. No a tiempo. No tenía más opción que recibir el ataque.
Saltando hacia el aire desde una posición de rodillas medio dobladas, yo recibí el ataque de Auber con mi pierna izquierda.
Algo caliente pasó rozando mi tibia. Y cuando aterricé, la pierna se desplomó debajo de mí.
Cayendo sobre mi rodilla derecha, yo miré abajo hacia la herida. Auber había cortado justo a través de mi tibia. El resto de mi pierna estaba colgando gracias a una delgada capa de piel y tendones.
Pasó un segundo antes de ser golpeado por el dolor.
“¡Arrgh!”
Apreté mis dientes y aguanté la agonía lo mejor que pude. Desde la esquina de mi visión, pude ver que Eris ya estaba en movimiento. Ghislaine también se había dado la vuelta.
Yo había sobrevivido. Ahora nosotros tres podíamos rodear a Auber. Él no tenía hacia dónde huir.
“¿…?”
Pero entonces me di cuenta de algo—un movimiento suave en la parte trasera de la habitación. ¿Ahora qué? ¿Acaso Auber tenía otro truco ninja bajo su manga?
No. Había alguien más moviéndose en el rincón más lejano de la habitación. Era Darius, y… él tenía su mano derecha apuntando hacia nosotros.
“Permite que las enormes y benditas llamas converjan a mi orden—”
Eris y Ghislaine también se dieron cuenta. Sin embargo, sus respuestas fueron muy diferentes. Eris se dio la vuelta y se dirigió directamente hacia Darius, mientras Ghislaine se colocaba a sí misma entre él y yo y encaraba a Auber.
“¡Bola de Fuego!”
Un proyectil en llamas salió disparado de la mano de Darius, con una velocidad y tamaño suficientes para matar.
“Hmph… ¡Guh!”
Con un rápido balanceo de su espada, Eris cortó a través de la bola de fuego en medio del aire. Pero mientras lo hacía, una pequeña daga con forma de kunai vino volando desde el otro lado de la habitación para golpearla en su costado.
Yo volví a concentrarme en Auber. Todavía en la posición baja desde la que había arrojado el kunai, él estaba a punto de bloquear un feroz ataque de Ghislaine. Él no pudo detenerlo completamente. La espada de Ghislaine cortó justo a través de la de Auber e impactó su hombro. Pero el corte no fue demasiado profundo—ella no había cortado por completo su brazo.
“¡Hnh!”
“¡Graah!”
Auber retrocedió usando un salto mortal acrobático. Eris lo estaba esperando donde aterrizó; pero la daga en su costado parecía estar estorbándole, ya que Auber desvió su ataque sin dificultad.
“…”
Mierda. Él va a tomar distancia.
Yo no estaba exactamente seguro de por qué, pero mi instinto me decía que sería un gran problema para nosotros si Auber salía del rango de combate cuerpo a cuerpo.
Pero ¿por qué eso era un problema? Él tenía todo tipo de técnicas extrañas a su disposición… No, no era eso. Mi pierna estaba herida, y Eris podría no ser capaz de correr. Si Auber lograba agarrar a Darius ahora mismo y corría por su vida, Ghislaine sería la única capaz de perseguirlo.
Es cierto… Entonces tenemos que deshacernos de Darius.
Arrojando mi Escudo de Tierra hacia un lado, yo apunté mi vara hacia el hombre corpulento al otro lado de la habitación.
“¡Cañón de Piedra!”
“¿¡Mm!? ¡Hwoooh!”
El proyectil desgarró el aire a una velocidad impresionante, pero Auber desenfundó su espada y lo cortó a la mitad.
Por supuesto, yo había esperado esto. El Cañón de Piedra que acababa de disparar no era uno normal.
“¿¡Qué—!?”
Las dos mitades del proyectil, desviadas de su curso por el ataque de Auber, explotaron justo a un lado de Darius. Esta era una variación de mi confiable hechizo que había ideado mientras viajaba a través del Continente Demoniaco ya hace muchos años. Se llamaba Cañón de Piedra Explosivo.
“¡Gaaaaaaaaaaah!”
Parecía ser que los fragmentos del proyectil habían dado directamente en los ojos de Darius. Él agarró desesperadamente su rostro y cayó al suelo en posición fetal.
“¿¡Mm!?”
Los ojos de Auber se enfocaron en él por un momento.
“¡Aaaaah!”
En ese instante, Eris saltó hacia el frente y liberó su Espada de Luz.
“¿¡Hnh!?”
Auber… la bloqueó. Él realmente la bloqueó. Dando vuelta su espada, él recibió el golpe con la parte más gruesa de su hoja. La espada de Eris rápidamente cortó a través de la de Auber, y finalmente se hundió en su brazo. Pero el corte fue superficial. Su herida probablemente estaba evitando que ella ejecutara a la perfección su técnica.
“¡Graaaaah!”
Ghislaine también lo atacó.
Auber trató de esquivar su ataque. Pero la Espada de Luz no era la clase de ataque que simplemente pudieras esquivar. Era la carta del triunfo imparable e ineludible del Estilo del Dios de la Espada.
Por supuesto, existían formas de contrarrestarla. Podías perturbar los movimientos del usuario, sacarlo de balance, o posicionarte en un lugar donde no pudiera usarla. Al tomar medidas como esas de antemano, podías prevenir que ellos ejecutaran limpiamente la técnica.
Auber había hecho exactamente eso a lo largo de esta batalla. Pero al final, él simplemente no pudo seguir haciéndolo.
La infalible Espada de Luz de Ghislaine lo cortó en el hombro y siguió su camino a través de su costado.
“… Fue un trabajo espléndido.”
Murmurando estas palabras finales, Auber colapsó sobre el suelo.
Él yacía tumbado de espaldas, con una piscina de sangre formándose a su alrededor; por algunos segundos, él se retorció y convulsionó. Pero entonces la luz abandonó sus ojos, y dejó de moverse por completo.
Él estaba muerto.
“¡Aaaah, mis ojos, mis ojos! ¡Auber! ¡Auber, ayúdame!”
Al otro lado de la habitación, Darius todavía estaba en posición fetal, agarrando su rostro y chillando. Mi hechizo lo había incapacitado completamente.
Ghislaine se acercó a él y lo miró con desprecio por un momento. Ella luego miró hacia mí y Eris.
Ambos asentimos.
Sin decir palabra alguna, Ghislaine balanceó su espada sin misericordia.
La sangre salpicó lo suficientemente lejos como para darme en la mejilla.
Dejamos el cadáver de Darius ahí, tendido en el piso de esa habitación.
Esta era una solicitud que había hecho Ariel hace mucho tiempo. Sin importar dónde o cómo lo matáramos, ella quería que dejásemos su cuerpo donde murió. Era muy probable que ella fuera acusada de su asesinato más adelante, pero al parecer, Ariel creía que esto en realidad mejoraría su imagen pública. El Primer Ministro claramente no se había hecho de muchos amigos y admiradores.
“Fiu…”
Él estaba muerto, y nosotros lo habíamos asesinado. El hombre lo había visto venir… pero aun así dejó un mal sabor en mi boca. Yo no le había dado el golpe final, pero eso difícilmente era relevante. Había asesinado a Darius tanto como Ghislaine. Yo había asesinado a Auber por protegerlo, y luego lo había asesinado a él mientras estaba en el suelo, ciego e indefenso.
Por primera vez, se sintió real. Yo sabía, en lo profundo, que era un asesino.
No estaba seguro de por qué era diferente esta vez. Tal vez era porque este había sido tan de cerca y personal. Era difícil asegurarlo.
Yo sacudí mi cabeza, dejando salir un pequeño suspiro. No valía la pena pensar en ello, ¿o sí? Este era el camino que yo había escogido, y tenía que aceptarlo.
Después de la batalla, nosotros entramos en la siguiente habitación, y yo usé uno de los pergaminos de magia de sanación de nivel Real que Orsted me había dado para tratar mi herida. Funcionó todavía mejor de lo esperado; mi pierna casi cercenada fue devuelta a la normalidad en un instante.
Aunque todavía me estaba sintiendo con algo de frío. Probablemente debido a toda la sangre que había perdido.
Eris era la siguiente. Su rostro se había vuelto pálido mientras me observaba tratar mis propias heridas. Pero una vez que eso terminó, ella levantó su polera rápidamente, revelando su atractivo y bien definido—
“… ¿Eh?”
La herida en su costado tenía un color púrpura fuerte. Eso solo podía significar una cosa. El kunai de Auber había estado envenenado.
Yo traté de usar magia de desintoxicación de nivel Principiante e Intermedio sobre ella. Pero no tuvo ningún efecto.
Por un momento, yo solo me quedé mirando la herida, con sudor frío bajando a través de mi espalda. Pero entonces recordé algo que Orsted me había dicho. Auber prefería un tipo de veneno en específico, uno que no era letal, y que siempre llevaba el antídoto consigo.
Regresé rápidamente a la otra habitación, y hurgué dentro de la ropa de Auber hasta que encontré lo que estaba buscando. Hice que Eris tomara algo del antídoto, y luego también esparcí un poco sobre su herida. Solo para estar seguros, yo también tomé un poco, ya que él me había herido con su espada.
Después de unos minutos de ansiedad, el color lentamente regresó a la piel de Eris. Yo dejé salir un tembloroso suspiro de alivio. Si ese hubiese sido un veneno más poderoso, ella bien podría haber muerto.
Gracias a Dios. Eso estuvo demasiado cerca…
Mientras yo seguía trabajando en su herida, Eris murmuró, “Por cierto, buen trabajo esquivando Nebulosas Cruzadas.”
Yo quería decir que no la había esquivado exactamente. Pero había logrado evitar un golpe mortal, así que tal vez contaba. “Solo pude lograrlo gracias a todas las sesiones de practica contigo, Eris. He visto ataques incluso más rápidos, así que logré reaccionar a tiempo.”
“Sabes, yo nunca fui capaz de esquivar ese…”
Había una pizca de tristeza en el rostro de Eris mientras ella decía eso. Auber había sido uno de sus maestros en el Santuario de la Espada. Los recuerdos de aquellos días probablemente estaban atravesando su mente.
Pero, un momento después, ella sacudió su cabeza. “Bueno, no importa.”
Esta chica sí que sabe dejar atrás el pasado. Siento algo de envidia.
En fin. Lo importante era que Eris, Ghislaine, y yo habíamos sobrevivido. Habíamos ganado la batalla que vinimos a luchar.
“Muy bien,” dije, poniéndome de pie. “¿Regresamos?”
“Claro.”
“Vamos.”
Ahora, todo lo que quedaba era hacer nuestro regreso triunfal.
Cuando nosotros tres entramos al salón donde había sido efectuada la fiesta, nos encontramos con una sorpresa esperando por nosotros. Pero no una de las divertidas.
“… ¿Eh?”
Luke tenía una espada contra el cuello de Ariel, mientras Sylphie estaba mirando furiosamente hacia él con su vara en su mano, y Pilemon estaba arrodillado en el suelo.
¿Qué demonios estaba pasando aquí?
Mientras nosotros estábamos de pie en la puerta, desconcertados, la mirada de Luke se posó en mí. Y luego habló. Aunque sus palabras no estaban dirigidas a mí; él le estaba hablando a Sylphie.
“Si quieres salvar a la Princesa Ariel, mata a Rudeus aquí y ahora.”
En respuesta, Sylphie—
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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