La Sugerencia de Orsted
Capítulo 6: La Sugerencia de Orsted
“… Y eso fue lo que pasó.”
Después de mi reunión con Ariel, yo inmediatamente partí a encontrarme con Orsted e informar lo que había sido discutido. Si Luke era el mensajero del Dios Humano, yo era el de Orsted. Yo le informaría hasta el más mínimo detalle. En esencia, yo era un informante. Podrían decir que yo era Rudeus el Soplón.
“Mm, así que ya investigaron a Gaunis…” murmuró Orsted.
“¿Qué debemos hacer a continuación?” pregunté, a pesar de esperar que él mirase hacia mí y me dijera que en ocasiones debía pensar por mi cuenta.
Solo para dejarlo claro, yo no era del tipo que buscaba la aprobación de otros para cada pequeña cosa que hacía, ¿bien? Yo tenía la intención de ser tan independiente como pudiera, pero solo me había convertido en subordinado de Orsted recientemente. Todavía no estaba muy seguro de qué era lo que necesitaba reportarle y qué podía manejar por mi cuenta. Mientras estaba descubriendo ese límite, yo me estaba apoyando en él para la mayoría de los avances de nuestra misión actual. No quería que se enojara conmigo por hacer las cosas sin pedir su consentimiento primero.
Además, yo estaba pidiendo su opinión, no buscando una respuesta concreta. Él no tenía que resolverlo todo por mí; él solo necesitaba guiarme en la dirección correcta. De esta forma, yo aprendería lentamente cómo quería que fueran manejados estos asuntos. Además, yo sí tenía una sugerencia útil si me decía que pensara por mí mismo: Orsted y yo podíamos usar los círculos de teletransportación para infiltrarnos en la biblioteca de Asura, donde podríamos tomar los registros necesarios. Eso era lo que yo tenía planeado si él no tenía ninguna otra sugerencia.
“En ese caso, deberían dirigirse hacia la Biblioteca Laberinto.”
Su respuesta me pilló desprevenido. Yo ladeé mi cabeza. “¿Biblioteca Laberinto?” ¿Qué diablos es eso?
Orsted vio la confusión en mi rostro. “Un laberinto donde están almacenadas las copias de los libros de todo el mundo,” explicó él.
No sabía que algo así existía…
“¿Cómo son copiados esos libros?” pregunté.
“Un cierto Rey Demonio ratón de biblioteca usa el poder de su ojo demoniaco para copiarlos.”
Considerando que las primeras personas que se me vinieron a la mente cuando él dijo Rey Demonio fueron Badigadi y Atofe, imaginaba que esta persona era similar—alguien con una risa insoportable y ocho brazos, cada uno sosteniendo el volumen de un manga. Parte de mí se preguntaba si alguien haría eso dentro de una biblioteca, pero cuando Orsted dijo que era un Rey Demonio… De alguna forma, esa fue toda la explicación que necesitaba.
“Bueno, suena como algo que debe ser bastante útil,” admití.
Si la biblioteca tenía cada libro de todo el mundo, eso quería decir que contenía una enorme cantidad de información. Seguro, ahí afuera había información que nunca llegó a los libros, pero una vasta mayoría de ella sí. Era como Wikipedia, pero con magia. Probablemente podías encontrar cualquier cosa que busques ahí.
“No tanto,” dijo Orsted. “El lugar no está para nada organizado.”
“Ah, entiendo…”
Tener una gran cantidad de información no servía de mucho si no podías buscar sistemáticamente lo que necesitabas. Los diccionarios solo servían porque estaban en orden alfabético, permitiéndote encontrar rápidamente la definición para cualquier palabra que busques. Por otro lado, esta biblioteca tenía un vasto número de libros repartidos al azar por todo el lugar. Era difícil calcular cuántas horas, días, o incluso semanas podríamos necesitar para ubicar un libro en específico.
“En ese caso,” dije, “¿No será difícil para nosotros encontrar la información que necesitamos?”
“La gran mayoría de la literatura acerca de Ganius Freean Asura está agrupada por la fecha de publicación. Será difícil reunir todo lo escrito sobre él, pero aun así obtendrían más ahí que en la biblioteca nacional de Asura.”
Hah. Así que aparentemente este Rey Demonio no había copiado los libros al azar, sino que en orden de la fecha en que fueron escritos, del más antiguo al más nuevo. Si ese era el caso, no será imposible localizar lo que necesitábamos, especialmente en el caso de Gaunis. Él fue un gran rey y héroe de guerra. Tenía que haber muchos libros acerca de él.
“Bueno, ¿entonces dónde está este lugar?” pregunté.
“En el Continente Demoniaco. Concretamente en la Región de Hyleth, en lo profundo del Bosque Fantasma.”
“Y asumo que vamos a llegar ahí por medio de…”
“Usando círculos de teletransportación,” terminó él en mi lugar.
Viajar de seguro se había vuelto cómodo últimamente, todo gracias a estos círculos de teletransportación. Me hacía sentir nostalgia por el tiempo que pasé con Ruijerd y Eris, viajando desde el Continente Demoniaco hasta el Continente Central.
“Entiendo. Se lo sugeriré a Ariel y los demás,” dije.
Aunque sería un poco raro que yo sugiriera una ubicación tan siniestra de la nada. Tal vez lo mejor sería decir que yo había acudido a Orsted por información y que fue así cómo supe acerca del lugar. Ya podía imaginarme la oposición ante mi mención de su nombre, pero eso me daría una oportunidad para exhibir mi destreza en la persuasión. Orsted probablemente me había reclutado esperando que yo fuera de utilidad de esa manera.
Justo cuando me di la vuelta para marcharme, él me habló. “Rudeus.”
“¿Si?”
“Si no puedes encontrar tu respuesta incluso después de haber revisado mucho material acerca de Gaunis, prueba esto.” Él me entregó un dibujo que yo solo pude asumir se trataba de la portada de un libro. Estaba hermosamente dibujada. Me pregunto si lo había hecho él mismo.
“¿Y esto es?” pregunté.
“Lo entenderás una vez que lo leas. Por supuesto, si los libros que encuentres sobre Gaunis te proporcionan la respuesta que buscas, entonces no necesitas molestarte con eso.”
Sus palabras, aunque vagas, parecían contener un significado oculto. Por el momento, yo guardé en mi bolsillo el dibujo que él me había entregado y me marché.
Era tarde de noche para el momento que regresé a la fortaleza flotante. Ahí no había un toque de queda, así que Arumanfi me dejó entrar como siempre. Él me advirtió que Perugius ya se había ido a descansar, así que debía guardar silencio mientras recorría los pasillos.
Eso significa que Ariel probablemente también está dormida.
Tal vez debí haber ido a casa en vez de volver aquí rápidamente, pero ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto. Podía pasar la noche aquí y hablar con Ariel acerca de la Biblioteca Laberinto a primera hora de la mañana.
Con eso en mente, comencé a caminar hacia la sección de invitados, solo para notar algo moviéndose en la esquina de mi visión.
Mierda, ¿una cucaracha? ¿Incluso a esta altitud? Supongo que ni siquiera los espíritus de Perugius pueden protegerse de una plaga. Tiene sentido, considerando las ratas que vi en el sótano.
Pero entonces me di cuenta de que esta cosa, fuera lo que fuera, estaba de pie fuera de la ventana cercana. Luz plateada se filtraba a través del vidrio, y un hermoso jardín se extendía más allá de él. La luna no proporcionaba mucha luz, pero entrecerré mis ojos y vi que alguien estaba sentado en la mesa exterior.
¿Quién podrá estar afuera a esta hora?
Tal vez Sylvaril estaba trabajando horas extra. Sea cual sea el caso, decidí salir y descubrirlo.
“Hah.”
Un paisaje hermoso me recibió cuando di un paso fuera del edificio. El pasto brillando tenuemente estaba guiando mi camino, bañado por la luz de la luna. Daba hacia un terreno con flores que eran aburridas durante el día, pero que con el brillo de la luna de noche brillaban como un espejismo. Podía entender por qué Sylvaril alardeaba acerca de este jardín en cada oportunidad posible.
Había una chica sentada en la mesa donde Perugius y Ariel con frecuencia disfrutaban su té. Ya que ella no estaba usando una máscara, podía ser una sola persona.
Bueno, Nanahoshi recientemente no ha estado usando su máscara, así que supongo que técnicamente hay dos posibilidades.
Sin embargo, la persona sentada ahí era una belleza sinigual. En otras palabras, era Ariel. Ella estaba distraída—o más precisamente, parecía estar casi inmóvil—mientras miraba hacia el fantástico jardín.
“¿Princesa Ariel?” dije.
“¿Eh?” Sus hombros saltaron mientras ella se daba la vuelta para verme. “Ah, eres tú, Rudeus-san…”
“¿Qué está haciendo aquí a esta hora?”
El cansancio era evidente en su rostro mientras desviaba su mirada. “No podía dormir, así que me escapé hasta aquí.”
“¿Sin avisarle a Sylphie o Luke?”
“Sí, me disculpo. Simplemente quería disfrutar un poco el aire nocturno yo sola.”
Yo no la estaba juzgando por ello, pero al mismo tiempo, ella tenía a personas que se preocupaban por su vida. Ella sabía eso mejor que nadie. Tal vez eso fue lo que la motivó a disculparse.
“Bueno,” dije, “todos tienen momentos así.”
“¿Incluso un rey?” preguntó Ariel.
“Un rey todavía es un ser humano. Así que por supuesto.”
Ella se quedó en silencio.
Yo había escuchado que los reyes supuestamente ni siquiera debían mostrar debilidades, pero eso solo significaba que no podían exponerlas, no que no las experimentaban. Todos tenían sus momentos de vulnerabilidad donde necesitaban ordenar sus pensamientos.
“¿Entonces sobre qué pensaba?” Tomé asiento a su lado en la mesa. Ella probablemente no quería ser molestada, pero yo de todas formas tenía algo de qué hablar con ella. Si bien podía esperar hasta mañana, lo mejor parecía ser decirle tan pronto como fuera posible.
“Estaba pensando en si yo realmente estoy calificada para ser reina o no,” respondió ella.
Esas definitivamente no eran las palabras que yo estaba esperando escuchar.
“Bueno, para mí usted será una reina espléndida,” dije.
“La realeza es buena usando una fachada para engañar a las demás personas. Es simplemente una ilusión.”
“Ah, ¿entonces hay algo en su interior que la está abrumando?”
Ella se quedó en silencio por un momento antes de decir, “Al final, yo solo estoy recorriendo este camino porque no pude enfrentar a los demás. Tal vez no estoy hecha para ser reina. Tal vez habría estado mejor aceptando un matrimonio arreglado con algún noble que fuera adecuado para mí y bromear con Luke como un igual, como solía hacerlo en el pasado.” Su voz fue cada vez más baja. Yo nunca antes la había visto mostrando tal fragilidad.
“B-bueno…” tartamudeé.
Mierda. ¡Mierda, mierda, mierda! Ella está tan deprimida que está yendo en una dirección peligrosa. Si comienza a pensar en serio que quiere darse por vencida en tomar el trono, yo estaré en graves problemas.
Especialmente ya que Orsted estaba creando planes para ayudar a convertirla en reina. Dejando de lado esas circunstancias únicas, yo todavía tenía una muy buena opinión de Ariel. Ella puede haber sido exiliada de Asura después de perder la lucha política, pero no se había dado por vencida. Ella estaba luchando con uñas y dientes para fortalecer su posición y crear cimientos sólidos para perseguir sus objetivos. Le había tomado cinco o seis años llegar hasta aquí; personalmente, yo me habría rendido a mitad de camino. No, yo habría levantado mis manos en derrota en el momento que fuera exiliado del país—tal como hice cuando creí que Eris me había abandonado.
Yo no quería que Ariel se diese por vencida ahora. Yo sabía que incluso si se rompía por dentro, ella probablemente mostraría una fachada fuerte cuando fuera la hora de ir hacia el Reino de Asura. Pero ¿cómo se supone que ella iba a ganar si no tenía la ambición para hacerlo? ¿Quién querría apoyar a una persona que no tenía vida en sus ojos? La Ariel de la que mi yo del futuro escribió debe haber sido así. Ella fracasó a la hora de ganarse el apoyo de Perugius y fue hacia Asura de todas formas, solo para ser traicionada y asesinada.
Por supuesto, todo eso eran especulaciones, pero cuando llegara el momento, su estado mental podría ser el factor decisivo. No es como si la fuerza de voluntad lo fuera todo, pero cuando una persona era empujada a su límite, su mentalidad podía hacer la diferencia entre la victoria y la derrota.
“Princesa Ariel…”
Dije su nombre incluso aunque no tenía palabras útiles que ofrecerle. Yo no estaba planeando ser rey, no había conocido muchos reyes antes, ni tampoco podía simpatizar con lo que ella estaba atravesando. Todo lo que yo había visto era la máscara que ella le mostraba al mundo exterior. Sea lo que sea que diga, se resbalaría de ella como agua sobre la espalda de un pato.
“Orsted-sama tiene una idea de dónde podríamos encontrar una gran variedad de libros acerca de Gaunis Freean Asura,” comenté.
“¿Eh?”
“Antes de que decida si usted realmente es adecuada o no para el trono, ¿por qué no trata de buscar estos libros y ver lo que encuentra?”
Los ojos de Ariel se abrieron de la sorpresa. Ella miró hacia mí y murmuró, “¿Orsted-sama…?” jadeó ella. “¿Y dónde podemos encontrar estos libros?”
“En un lugar llamado la Biblioteca Laberinto…”
“Iremos.” Ariel lo decidió antes de que pudiera terminar mi oración. No dudo ni siquiera un segundo.
“De seguro no perdió tiempo debatiendo si debía ir o no.”
Ella había comenzado a darse la vuelta, pero su mirada inmediatamente regresó a mí. Había poder dentro de ella—pasión. “Puede que ahora mismo me esté sintiendo vulnerable… pero todavía no me he dado por vencida.”
“Es bueno saberlo.”
Ella en este momento se veía tan frágil como el vidrio, pero Ariel todavía era una mujer con sus ojos puestos sobre la corona. Si no tuviera las agallas, ella no habría llegado tan lejos.
“Muy bien. Hay que prepararnos para partir,” dije, asintiendo con tanta determinación como ella acababa de mostrarme.
Tres días después, yo estaba dentro de un edificio a las afueras de Sharia. Era una cabaña diferente a la que Orsted había tomado como residencia, y en su interior había un círculo de teletransportación emitiendo una luz pálida y cautivadora.
“Así que este es el círculo de teletransportación que tomaremos,” comentó Ariel a mi lado.
Después de que habíamos hablado, ella inmediatamente fue con Sylphie y Luke y comenzó los preparativos para partir. Yo regresé rápidamente con Orsted para poder actualizar la situación. Él luego limpió el sótano de este edificio y colocó el círculo de teletransportación que usaríamos. Este era del tipo inerte que requería poder mágico para funcionar, tal como los que Perugius usaba frecuentemente.
“No es la primera vez que veo uno,” dijo la princesa, “pero admito que estoy un poco nerviosa ante la idea de dar un paso en su interior.” Ella lo observó cautelosamente. De pronto, su mirada se apartó mientras escaneaba elegantemente el área, como si repentinamente hubiese recordado algo. Finalmente, ella se dio la vuelta hacia mí. “Por cierto, me doy cuenta de que Orsted-sama está ausente.”
“Esta es su forma de mostrar consideración, ya que su maldición solo sería una distracción innecesaria.”
“Ah, entiendo. Estaba esperando al menos presentarme con él,” dijo Ariel.
Si Orsted aparecía, ellos tres probablemente se rehusarían a usar el círculo mágico que él había creado. A pesar de que su maldición no parecía afectar completamente a Ariel, no había forma de saber qué efecto tendría si ella estuviera frente a él.
“Qué lástima.” Ariel frunció el ceño, decepcionada. ¿Acaso no sentía miedo, o disfrutaba estar cara a cara con cosas aterradoras?
De cualquier forma, yo no podía dejarla encontrarse con Orsted. La peor parte de su maldición hacía que aquellos que lo miraban perdieran toda racionalidad. Incluso Sylphie y Roxy, con su sensibilidad y conocimiento de dicha maldición, no podían aceptar confiar en Orsted. Era imposible saber qué efecto podría tener sobre Ariel. Ella estaba bien por el momento, pero si lo veía de frente, probablemente estaría tan aterrada que mantendría su distancia, incluso de mí.
Sería genial si Ariel pudiera hablar con Orsted tan abiertamente como lo hacía yo, pero el riesgo hacía que mantener nuestra distancia fuera la mejor opción. Ella todavía lo encontraba intimidante, pero también entendía que podía hacer uso de él. De hecho, cuando le mencioné que fue Orsted quien sugirió visitar la Biblioteca Laberinto, ella aceptó sin pensar en sus intenciones. Tal vez era algo natural—un ahogado aferrándose a un salvavidas—pero la maldición de Orsted usualmente era tan poderosa que la mayoría de las personas no aceptarían su ayuda incluso estando arrinconadas.
“Pero este círculo es algo que fabricó Orsted, ¿cierto?” preguntó Sylphie.
“¿Estás seguro de que no es peligroso? No quiero terminar dentro de una multitud de monstruos,” se quejó Luke.
Ninguno confiaba en Orsted. Si Ariel fuera a lidiar con él directamente, ella podría terminar tal como ellos. Tenía que evitar eso a toda costa.
“Ustedes dos, no hablen de esa forma. Rudeus-san nunca pondría en peligro a Sylphie, ¿o sí?” Ariel miró hacia mí.
“Por supuesto,” dije. “Solo para estar seguro, yo ya lo usé una vez.”
No había nada inusual acerca de nuestro destino, aparte del olor a moho y estar cubierto de polvo. Es cierto, yo no me había aventurado muy lejos, ya que el lugar supuestamente era un laberinto.
“Entonces pongámonos en marcha… o eso me gustaría decir, pero primero…” Ariel se quedó de pie en frente del círculo mágico, con su mirada fija en mí, o—para ser más preciso—en las dos mujeres detrás de mí. “¿Te molestaría presentarlas?”
Miré detrás de mí, donde Eris y Ghislaine estaban de pie. Cuando le dije a la primera que iría a la Biblioteca Laberinto, ella se emocionó por la palabra laberinto y pidió acompañarme. Yo no creía que ella fuera a ser de mucha ayuda buscando libros. Y Orsted me había asegurado que el lugar no era muy peligroso, pero nunca sabes lo que puede pasar. No haría daño tener algo más de poder de batalla. Y así, con ninguna buena razón para decirle no a Eris, le permití venir.
Yo tenía un motivo oculto para traer a Ghislaine. Esta era la oportunidad perfecta para presentarla con Ariel. A pesar de que pude haber esperado hasta hacerme más cercano a Su Alteza, Ariel ya tenía una opinión muy buena de mí, así que no creía que fuera un problema acelerar un poco las cosas. Además, ella tendría problemas para confiar en Ghislaine si yo esperaba presentarlas cuando estuviéramos a punto de partir hacia Asura. Yo creía que esta exploración de laberinto sería una buena oportunidad para probar las aguas.
Cuando mencioné encontrarnos con Ariel a Ghislaine y Eris hace unos días, Ghislaine dijo que ella no sabía nada acerca de etiqueta, así que no estaba segura de cómo presentarse. Eris, como siempre, estaba ansiosa de si su vestimenta sería aceptable para reunirse con la realeza. Era irónico, dado que ellas normalmente nunca decían tales cosas.
Sylphie había intervenido para tranquilizarlas. Mientras suspiraba para sí misma, ella explicó que la Princesa Ariel no esperaba demasiado de los modales de otras personas. Ella también dijo que la ropa de Eris estaba perfectamente bien. Pero si ambas estaban preocupadas, ella estaría feliz de enseñarles. Durante el transcurso de los últimos tres días a nuestra partida, ellas se habían esforzado mucho preparándose.
Eris dio un paso al frente, como si hubiese estado esperando todo este tiempo que Ariel se diera cuenta de ellas. Yo estiré una mano para detenerla.
“¿Qué?” dijo ella hacia mí.
Espera un segundo. ¡Yo te presentaré, lo prometo!
“Princesa Ariel, ella es Eris. Como estoy seguro que sabe, se ha ganado el apodo de Reina de la Espada Iracunda. Ella nos acompaña el día de hoy como mi guardaespaldas.” Miré hacia ella y susurré, “Bien, ahora es tu turno.”
Ella comenzó a cruzar sus brazos antes de detenerse y en cambio poner una mano sobre su pecho, bajando su cabeza. “Mi nombre es Eris Greyrat.”
Su actitud no fue la más educada, pero Ariel de todas formas sonrió cálidamente hacia ella. “Es un placer conocerte, Eris-san. Yo soy la Segunda Princesa Ariel Anemoi Asura. He escuchado muchos rumores acerca de ti desde que yo era pequeña.”
“Hmph. Apuesto que nada bueno.”
Ariel sonrió. “Es cierto, aquellos que llegaban a la capital no eran los más halagadores. Sin embargo, yo no juzgo a las personas basándome en rumores que escucho de ellas. Después de todo, son solo rumores.”
Eris no respondió.
“El hecho de que estés al lado de Rudeus-san es prueba de que no todos deben ser creídos,” dijo Ariel. “Las personas que él mantiene a su lado pueden tener sus rarezas, pero ninguna de ellas es mala persona.”
Complacida, Eris asintió y cruzó sus brazos. Ella como siempre se paró con sus piernas separadas, olvidando completamente la etiqueta de la nobleza que ella supuestamente debía seguir.
“Así es,” dijo Eris. “Rudeus es increíble. Es bueno que lo entiendas.”
“En efecto. Habiendo dicho eso, si bien puede que no estemos juntas por mucho tiempo, lo espero con ansias.” Ariel hizo una reverencia elegante.
Eris solo apuntó su nariz hacia la princesa y resopló, a pesar de que ella sí bajó su cabeza ligeramente.
“Ejem.” Sylphie aclaró su garganta, rascando la parte de atrás de su oreja.
“¡Ah!” Eris jadeó silenciosamente, bajando sus brazos. Ella hizo una mueca mientras retrocedía algunos pasos.
Yo forcé una sonrisa incómoda mientras indicaba que Ghislaine era la siguiente. “Y ella es la Loba Negra Ghislaine Dedoldia. La traje para presentársela con la esperanza de que ella se convierta en uno de sus guardaespaldas, Su Alteza.”
Ghislaine dio un paso al frente y puso una rodilla al suelo. Ella entrecerró su ojo descubierto, observando detenidamente a la princesa. “Ghislaine,” gruñó ella.
“También es un placer conocerte, Ghislaine-san. Yo soy la Segunda Princesa Ariel Anemoi Asura. Cuando tú todavía estabas viviendo en la Región de Fittoa, yo—”
“Tengo una pregunta,” dijo Ghislaine, interrumpiéndola. “Se me dijo que, si la servía, yo sería capaz de vengar a Sauros-sama. ¿Es eso cierto?”
Fue tan grosero y abrupto que me pregunté por qué ella siquiera había estado practicando etiqueta con Sylphie durante los últimos tres días. Por otro lado, podía entenderla; este no era un asunto que Ghislaine pudiera dejar de lado.
“Es cierto,” respondió Ariel, sin perder tiempo.
A decir verdad, yo ya había preparado las cosas para asegurarme de que sus demandas fueran aceptadas; le había dicho a Sylphie que su objetivo era vengar a Sauros.
“Si me acompañas al palacio de Asura, encontraremos a quien realmente fue responsable—quien jaló de los hilos para asesinar a Sauros-sama. No, no nosotros—yo seré quien lo encuentre para ti. Y cuando lo haga, por favor, usa esa hoja tuya para hacer justicia.”
Por alguna razón, ella miró de forma significativa hacia Eris cuando dijo eso.
¿Qué se supone que significa? ¿Acaso le puso el ojo a Eris? ¿Acaso está interesada en ella? Es decir, sí, Eris sí se veía bastante masculina y poderosa, pero… ¿en serio?
No, no podía ser eso. Ghislaine era quien quería vengar a Sauros, pero Eris tenía la razón más grande para querer vengar su muerte. Ariel probablemente creía que Eris estaba tras lo mismo y que estaba actuando como mi guardaespaldas solo de nombre.
Yo no conocía los pensamientos de Eris sobre ese asunto, pero si a ella se le presentaba la oportunidad de matar a los asesinos de Sauros, probablemente lo haría. Yo no iría tan lejos como para cazarlos y asesinarlos, pero si había una mente maestra tras de todo y de casualidad aparecía frente a mí, yo haría justicia.
La muerte de Sauros fue el resultado de una conspiración para reducir el poder de la familia Boreas, ya que ellos eran una de las cuatro familias que gobernaban una vasta extensión de las tierras del reino, mientras al mismo tiempo debilitaban la influencia del primer príncipe. Existían tantos culpables potenciales que era difícil reducirlos.
“Lo haré,” le dijo Ghislaine a Ariel, bajando su cabeza. Su cola se sacudió detrás de ella mientras se daba la vuelta para mirar hacia Sylphie. “Bueno, ¿entonces qué debo hacer?”
“Um, por el momento, tendrás que acompañarnos como el guardaespaldas de la Princesa Ariel. Por favor, protégela de las cenizas de la batalla.”
“¿Cenizas?” La frente de Ghislaine se arrugó. “¿Vamos a luchar contra un monstruo que escupe fuego?”
“¿Eh? No, um… Lo que quise decir fue que te encargues de cualquiera que intente atacarla.”
“Así que a eso te referías. Entendido. Además, no hace falta que me traten con tanto respeto. Solo llámenme Ghislaine.” Habiendo dicho lo suyo, Ghislaine regresó a su lugar detrás de mí.
“Bueno, fue un honor conocerlas a ambas,” dijo Ariel, realizando una reverencia hacia nosotros una vez más. Yo hice una reverencia por reflejo, lo cual instó a Eris a imitarme. Por otro lado, Ghislaine simplemente bajó su cabeza en reconocimiento. Ambas solo eran conocidas en este punto, pero de seguro se formaría la confianza entre ellas mientras más trabajaran juntas.
En ese mismo sentido, yo necesitaba que este primer trabajo saliera bien, esto para profundizar la confianza entre Orsted y yo.
“Muy bien,” dije. “En marcha.”
Era la hora de entrar en la Biblioteca Laberinto.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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