La Reina de la Espada Iracunda contra el Dios Dragón
Capítulo 9: La Reina de la Espada Iracunda contra el Dios Dragón
Varios días antes de estos eventos, dos mujeres habían aparecido en las puertas de la Ciudad Mágica de Sharia. Una de ellas era una mujer gente bestia de cabello gris con unos músculos impresionantes. La otra era una humana con un magnífico cabello carmesí. La mujer gente bestia era una cabeza más alta que su compañera, pero ambas usaban abrigos idénticos, y ambas cargaban espadas en sus cinturas.
Eris Greyrat y Ghislaine Dedoldia finalmente habían llegado a su destino, después de un largo viaje desde el Santuario de la Espada.
El viaje no había sido para nada uno fácil. Eris había estado tan ansiosa de volver a ver a Rudeus que había escogido un atajo a través de un bosque, donde ellas rápidamente se habían perdido, para terminar encontrándose con un nido de monstruos, el cual les tomó algo de tiempo eliminar. Y cuando finalmente salieron del bosque y llegaron a la ciudad más cercana, un grupo de bandidos locales cometieron el error de provocar a Eris, llevando a una gran pelea, con la cual se ganaron una gran cantidad de enemigos, lo cual llevó a otra gran pelea, la cual les provocó problemas en la frontera, los cuales resolvieron una vez más a través de la violencia. Para ser perfectamente honestos, en su mayoría fue culpa de la propia Eris, y esto hizo que demoraran bastante tiempo en llegar a Sharia.
Aun así, tanto Ghislaine como Eris habían pasado algún tiempo como aventureras. En el transcurso de su viaje, ellas eventualmente habían recuperado su ritmo, y después de entrar en el Reino de Ranoa, su progreso hacia la ciudad había sido relativamente fácil.
Una vez que estuvieron en la propia Sharia, sus acciones también fueron bastante eficientes. Ayudaba que muchas de las personas en el Gremio de Aventureros local supieran exactamente dónde estaba ubicada la residencia de Rudeus. Al parecer, todos en esta ciudad conocían el nombre de Rudeus. Un local servicial incluso explicó que ellas podían encontrar su casa buscando una inusual y escamosa criatura de Begaritt en su patio—o a su compañero, un Treant de aspecto peculiar supuestamente cultivado en el Continente Demoniaco.
De hecho, el lugar terminó siendo fácil de encontrar.
Por supuesto, la residencia de Rudeus ni se comparaba a la enorme mansión en la que Eris había vivido de niña, pero era lo suficientemente grande como para que pudiera haber pasado fácilmente por alguna clase de posada. El patio además era espacioso, y parecía verse muy bien para ser usado como un campo de entrenamiento.
Mientras ella discutía por un tiempo sus impresiones con Ghislaine, Eris—mostrando un comportamiento bastante inusual—estaba dudando de entrar en la propiedad. En cambio, ella se puso de pie justo en frente de ella con sus brazos cruzados.
Por un tiempo, todo estuvo tranquilo. Ghislaine se quedó en silencio, y también Eris. Ella simplemente se quedó mirando hacia el edificio en frente suyo con su mentón hacia arriba. Al parecer, ella estaba convencida de que Rudeus de alguna forma sentiría su presencia y saldría desde el interior en cualquier momento.
Los pensamientos atravesando su mente tenían relación con los muchos rumores que ella había escuchado con respecto a Rudeus durante el transcurso de su viaje.
Se decía que Rudeus Pantano Greyrat había asesinado a un dragón rezagado y derrotado a un Rey Demonio. Como el mago más poderoso en la Universidad de Magia de Ranoa, él inspiraba miedo y asombro por igual; pero a pesar de su arrogancia y audacia, él era un amigo para el débil, y existían muchas historias cómicas acerca de su extraño comportamiento. En otras palabras, él era una figura relativamente popular.
Aquellos que lo habían visto en acción tenían problemas para describir el límite de sus poderes. Escuchar sus halagos siempre ponía una sonrisa en los labios de Eris, casi como si la estuvieran halagando a ella. Pero dentro de los muchos rumores que ella había escuchado hasta ahora, eran algunas de las anécdotas cómicas las que realmente habían calado en ella.
Por ejemplo: El tipo está loco por su esposa. Siempre los ves comprando juntos en su camino de regreso a casa desde la Universidad.
O: Lo vi agarrando el trasero de su esposa en el mercado. ¡Ella se enojó con él!
O: Juro que él se casó con una mujer que se ve como una niña.
O: Él ya tiene dos esposas, y quién sabe con cuántas terminará. Aunque no es como si el tipo fuera religioso.
En otras palabras, eran los rumores que involucraban a sus esposas. Eris fruncía el ceño profundamente cada vez que recordaba estas historias.
Ella había descubierto sus nombres poco después de cruzar la frontera hacia Ranoa: Sylphiette Greyrat y Roxy M. Greyrat. Eris no podía pensar en qué iba a decir al conocerlas. Ella sabía de ellas a partir de la carta de Rudeus, había escuchado rumores de ellas en su viaje, y pasado bastante tiempo pensando en ellas… pero al final del día, ella simplemente no sabía cómo conseguir los resultados que quería.
Y así, Eris se quedó de pie como una estatua en frente de la puerta.
Afortunadamente, el punto muerto eventualmente fue interrumpido por una considerada sirvienta.
En el momento que Eris apareció en la puerta, Aisha se había preguntado a sí misma ¿Acaso esa es Eris? Debe serlo, ¿no? y comenzó a prepararse. Ella quería estar lista para mostrarle a Eris una hospitalidad perfecta en el momento que tocara la puerta.
Sin embargo, después de esperar casi una hora, ella finalmente decidió tomar la iniciativa.
Aisha sentía que le debía mucho a Eris. Si bien ella no la respetaba tanto como a su hermano, era un hecho que Eris había desempeñado un papel importante en rescatar a Aisha de su cautiverio en Shirone. Lilia siempre le estaba enseñando a Aisha a pagar sus deudas con intereses. Por lo tanto, cuando escuchó de la posibilidad de que Rudeus podría tomar a Eris como su tercera esposa, ella había decidido silenciosamente ayudar a que ocurriera—por supuesto, asumiendo que Eris realmente amara a su hermano.
Gracias a la mano amiga de la pequeña sirvienta, Eris finalmente logró entrar en la casa. Una vez dentro, ella fue recibida cálidamente tanto por Aisha como por Lilia. Mientras Aisha corría hacia la Universidad para buscar a Sylphie y Roxy, Lilia le explicó la situación actual con lujo de detalles.
La presentación de Lucie a Eris fue un poco sorprendente para ella. Si bien su sonrisa era un poco incómoda, ella descubrió que sus sentimientos no eran particularmente negativos. Después de todo, ella siempre podía tener su propio bebé—y el suyo podría ser un niño.
Dado lo insegura que había estado ella al principio, esta era una actitud sorpresivamente confiada. Las bienvenidas amigables de Aisha y Lilia habían ayudado mucho a calmar sus nervios. Incluso cuando Sylphie, Roxy, y Norn llegaron, la conversación se mantuvo tranquila y pacífica. Las dos esposas de Rudeus estaban tal vez un poco intranquilas viendo el cuerpo más en forma de Eris, pero ellas estuvieron lejos de ser hostiles hacia ella.
Por supuesto, ayudó que Aisha y Lilia ya hubieran fijado el tono por iniciativa propia. Pero más importante, Sylphie y Roxy ya habían discutido el tema durante el curso de varias conversaciones privadas.
Como era de esperarse, el rostro de Norn sugería que ella no estaba muy feliz por la situación. Pero ya que el asunto básicamente ya estaba decidido, ella no se opuso abiertamente. Ella sabía que Sylphie, Roxy, y Rudeus estaban dispuestos a aceptar a Eris, y ella estaba tratando de ser considerada a causa de ese hecho. Además, fue evidente en cuestión de minutos lo apasionadamente enamorada que estaba Eris de Rudeus, y que también lo respetaba profundamente. Era un poco vergonzoso el solo hecho de escucharla. Y a todos les gustaba escuchar que alguien que amaban era halagado tanto.
Sin embargo, este ambiente pacífico no duró mucho tiempo. Eris finalmente preguntó dónde estaba Rudeus en este momento, y las cosas dieron un giro problemático. Cuando ella escuchó que él había ido a luchar contra Orsted, Eris comenzó a gritar enojada hacia sus esposas. Por cómo lo veía ella, era su responsabilidad acompañarlo al campo de batalla. “¿¡Por qué lo dejaron ir solo!? ¿¡Acaso quieren que lo maten!?”
“¡Tratamos de ir con él, pero nos dijo que debíamos quedarnos atrás! ¡Él dijo que solo nos interpondríamos en su camino!” protestó Sylphie, con lágrimas en sus ojos.
Sorprendida por esta reacción, Eris se detuvo a pensar por un momento—lo suficiente como para recordar que ella había estado entrenando por años para poder luchar al lado de Rudeus como una igual. Se le ocurrió que estas mujeres habían estado ahí para él mientras ella estuvo ausente. De acuerdo a su carta, ellas lo habían ayudado muchas veces a lo largo de los años. Eris terminó sintiendo tanto un poco de celos como una ligera sensación de superioridad.
Ella no sería un estorbo. Ella podía ayudar a Rudeus en su batalla contra Orsted.
Con estas fuertes y confiadas palabras, ella convenció a Roxy, Sylphie, y Ghislaine de acompañarla en busca de Rudeus.
Y así Eris llegó en el último momento.
El grupo se había apresurado hacia la zona general de la emboscada, pero terminó pasándose un poco. Sorprendidas por la gran explosión detrás de ellas, todas se apresuraron de vuelta en dirección de los sonidos del combate; Eris había comenzado a correr a través de los árboles, buscando desesperadamente con sus ojos y esforzándose al máximo para encontrar a Rudeus.
Finalmente, ella lo vio al borde de la muerte, y saltó hacia la batalla para defenderlo.
Y así, ella estaba cara a cara con Orsted.
Eris fijó sus ojos en Orsted, y levantó su arma por sobre su cabeza. Esta no era una espada ordinaria. Su nombre era la Espada Dragón del Fénix, y era una de las Siete Hojas del Dios de la Espada.
“¡Ghislaine! ¡Cuida mi espalda!”
Orsted, en contraste, no adoptó ninguna postura. Él simplemente estaba mirando hacia Eris con una mirada de sospecha en su rostro. No—no la estaba mirando solo a ella. Él también estaba observando al caído Rudeus. Y hacia las dos mujeres que habían corrido para ayudarlo.
Eris, en cambio, comenzó a estudiar cuidadosamente a Orsted.
Él estaba desnudo desde la cintura para arriba, y sangrando desde cientos de heridas. Sangre también brotaba desde su cabeza, y se veía letárgico en general. Su cabello estaba quemado en sus puntas, y había un gran moretón cerca de su hombro. Él había recibido un daño considerable.
Sin embargo, además había una gran y curva espada en su mano derecha.
Eris nunca antes había visto la hoja de Orsted, y ella no iba a pretender ser una experta evaluando armas. Pero ella podía notar que era una muy especial. Su propia espada era un tesoro del Estilo del Dios de la Espada, pero incluso su poder no podía compararse a lo que sea que escondiera esa cosa.
La última vez que se habían visto, Orsted no había blandido nada parecido. Por supuesto, no había sido necesario. Él los había abrumado a todos con sus manos desnudas. Rudeus no solo había dañado considerablemente al Dios Dragón, sino que también lo había forzado a sacar su espada. Ese hecho enviaba un escalofrío de emoción a través de todo el cuerpo de Eris.
Ahora es mi turno de mostrar lo que puedo hacer… Pero no puedo ponerme impaciente. Primero necesito ganar algo de tiempo…
Eris logró suprimir su emoción con algo de esfuerzo. Ella no podía derrotar a Orsted. Se había dado cuenta de eso instintivamente en el momento que entró a la batalla, y lo había aceptado fácilmente.
De niña, la brecha entre ellos había sido tan grande que ella ni siquiera había sido capaz de percibirla con precisión. Era muy parecido a mirar arriba hacia una torre cientos de veces más alta que tú: todo lo que realmente podías ver era que esa cosa era realmente alta. Eris había creído que podría escalar hasta la cima de esa torre.
Pero ahora las cosas eran diferentes. Ella ya se había hecho más alta, y podía ver la verdadera altura de Orsted. Eris había crecido mucho más de lo que fue alguna vez. Pero Orsted todavía era más alto. Mucho más alto. Mirar hacia él casi daba vértigo.
No era una altura que ella pudiera escalar algún día.
“Eris Boreas Greyrat… ¿acaso Rudeus es tan preciado para ti? ¿Qué hay de Luke?”
“… ¿Luke?”
“El hombre que estaba destinado a convertirse en tu esposo.”
“Eso es nuevo para mí.”
Eris desestimó las palabras de Orsted con mucha naturalidad. Ella no sabía quién era este Luke, pero el único hombre preciado para ella era Rudeus. Eris no quería a nadie más, y nunca lo querría.
“Supongo que no podría ser de otra forma.”
Orsted todavía no adoptaba una postura. Él simplemente estaba observando mientras las demás sanaban al herido Rudeus. Al parecer, él había bajado completamente su guardia. Pero Eris sabía que él estaba proyectando deliberadamente esa impresión. Orsted se estaba dejando expuesto, esperando por el ataque de Eris.
“…”
Su mente recordó su conversación final con el Dios de la Espada.
Después de llevar a Eris hacia esta habitación, el Dios de la Espada Gal Farion colocó tres espadas en frente de ella e hizo una simple pregunta.
“¿Cuál será?”
Eris tomó las tres espadas en sus manos y las examinó una a una.
Una parte de ella quería decir que la espada que había recibido hace mucho tiempo en el Continente Demoniaco era todo lo que necesitaba. Pero mientras se hacía más alta, la espada había comenzado a sentirse un poco pequeña para ella. Eris honestamente había estado queriendo algo un poco más largo. Además, ella tenía la sospecha de que su hoja no era capaz de dañar a Orsted.
Un Santo de la Espada promedio podría haber objetado que depender del poder de tu arma demostraba una falta de orgullo en tus propias habilidades. Pero Eris sabía que ese orgullo no valía ni mierda en una batalla a muerte.
“Esta.”
La espada que Eris había escogido era la más simple de todas. Su hoja era delgada y solo ligeramente curva. No había nada siniestro ni intimidante en ella; de hecho, su superficie limpia y pulida era muy agradable a la vista.
“Entonces será la Espada Dragón del Fénix.”
El arma que ella había escogido había sido un regalo para el primer Dios de la Espada de un artesano legendario conocido como el Dragón Emperador. Era una espada fabricada para Dioses de la Espada, diseñada para maximizar el potencial de su Estilo ofensivo.
“Buena elección, niña.”
“… ¿Te importaría decirme por qué?”
“Esta es una Espada Mágica. A primera vista no parece que tenga alguna habilidad especial, pero hay pequeños canales de poder mágico recorriendo toda su hoja. Ellos básicamente neutralizan el Aura de Batalla de tu oponente. El Aura del Dios Dragón es descabelladamente fuerte, así que la espada no la contrarrestará completamente… pero sí la va a debilitar un poco.”
En otras palabras, podría ser posible atravesar sus defensas con esto.
“Yo nunca probé esa espada, pero apuesto a que tú la usarás bien.”
Por cierto, la razón por la que él solo le había mostrado tres de las Siete Hojas del Dios de la Espada a Eris era porque las otras cuatro ya estaban en uso. Él mismo cargaba una, como también los dos Emperadores de la Espada y la Reina de la Espada Ghislaine. Las otras dos sin duda terminarían en manos de dos prometedores Santos de la Espada del estilo, una vez que ambos hubieran progresado un poco más en su entrenamiento.
“Ahora bien, es hora de hablar de negocios. La primera regla al enfrentar a Orsted es…”
El Dios de la Espada hizo una pausa para dar énfasis, mirando a Eris directamente a los ojos.
“Nunca hacer el primer movimiento.”
Eris no preguntó por qué. Ella sabía muy bien cuál era la respuesta.
“El hombre está en el rango Divino del Estilo del Dios del Agua. Él te matará de un solo contrataque.”
Un recuerdo amargo atravesó la mente de Eris: el recuerdo de ser mandada a volar con un solo golpe.
“Haz que vaya hacia ti. Ese es el primer paso.”
Los practicantes del Estilo del Dios de la Espada siempre buscaban dar el primer golpe. Para derrotarlos, solo necesitabas esperar y contraatacar. De acuerdo al Dios de la Espada, esta simple estrategia era la esencia de la pulida técnica de Orsted.
Así que Eris no se movió. Ella no podía arriesgarse a golpear primero contra un practicante maestro del Estilo del Dios del Agua. El Estilo del Dios de la Espada era agresivo por esencia, y el Estilo del Dios del Agua uno defensivo. Eso la ponía en una clara desventaja. Los contraataques del Estilo del Dios del Agua no fallaban. A menos que el estudiante del Estilo del Dios de la Espada fuera un tanto superior, el Estilo del Dios del Agua saldría victorioso.
Eris había aprendido esa lección de la forma difícil, gracias al entrenamiento con la Reina del Agua Isolde. Y, por lo tanto, ella no iba a cometer el error de atacar primero.
Naturalmente, solo quedarse de pie no era fácil para la reconocidamente agresiva Perra Iracunda. Pero ella de todas formas lo haría.
“¿Mmm…? ¿No atacarás?”
Mientras Eris estaba ahí de pie, simplemente manteniendo su postura, Orsted entrecerraba sus ojos de la confusión. El Estilo del Dios de la Espada siempre buscaba tomar la iniciativa. Era la base de todas sus técnicas. Aun así, ella no estaba haciendo nada.
“Todo lo que yo necesito es esperar,” respondió tranquilamente Eris. “Cuando Rudeus se recupere, podremos atacarte juntos.”
“… Bueno, esto es una sorpresa. ¿Eris Boreas Greyrat hablando de luchar junto a sus aliados? Ese parece ser otro cambio. Sí pensé que era posible que ella pudiera terminar de forma diferente, si es que aprendía a calmarse y entrenaba bajo la tutela de un buen maestro… tal vez tenía razón.”
“Ya no soy una Boreas. Solo Eris Greyrat.”
“Entonces eres una mujer diferente de la que conozco…”
Moviéndose de forma lenta y deliberada, Orsted finalmente adoptó algo así como una postura.
Con su mano izquierda todavía colgando despreocupadamente a su lado, él levantó su brazo derecho para apuntar su hoja directamente hacia Eris.
“Muy bien. Entonces yo iré hacia ti.”
Ninguno de ellos había hecho algo hasta ahora. Pero la batalla ahora estaba entrando en su segunda etapa.
Una vez más, Eris recordó su conversación con el Dios de la Espada.
Orsted puede usar la Espada de Luz con su mano desnuda en vez de una hoja. Pero después de toda tu práctica con Nina, creo que ya sabes cómo lidiar con ese movimiento. Solo corta su muñeca antes de que llegue a su máxima velocidad.
Dicho eso, no hay forma de saber si él usará su mano derecha o izquierda. Si las levanta ambas, vas a tener que adivinar. Él además podría iniciar su ataque desde arriba o abajo. Elige izquierda o derecha, arriba o abajo—ese es el segundo paso.
Aquellas habían sido las palabras exactas de Gal Farion.
Eris no pudo evitar fruncir un poco el ceño. Orsted ya había desenfundado su espada. Él estaría usando la verdadera Espada de Luz, no una aproximación de ella con su mano izquierda. La pregunta era si ella iba a ser capaz de contrarrestarla.
Eris decidió que la respuesta era sí. Orsted no era invencible. Él estaba respirando de forma un poco pesada, y estaba cubierto de heridas. Incluso ahora, había sangre saliendo del brazo que sostenía su espada.
Además… él solo estaba estirando su brazo derecho, y su espada estaba abajo, tal como ella había esperado. A pesar de sus heridas, él todavía estaba sosteniendo su arma con una sola mano.
Él realmente cree que no soy una preocupación…
Normalmente, este hecho habría hecho estallar de la ira a Eris, pero esta vez ella lo procesó con bastante calma. Se sentía extraño para ella, considerando todos esos años de enojo que había pasado demandando el respeto y el miedo del mundo—pero hoy, ella estaba feliz de ser subestimada.
“Estilo del Dios de la Espada—Espada de Luz.”
La mano de Orsted se movió a través del aire a una velocidad aterradora. Pero al mismo tiempo—
“Estilo del Dios de la Espada—Hoja de Reflexión.”
Eris también balanceó hacia abajo su propia espada.
Era un movimiento que había practicado miles y miles de veces. También era la mejor forma de contrarrestar la Espada de Luz. Con tu espada a máxima velocidad, apuntabas hacia la muñeca de tu oponente que se movía más lento y cortabas a través de ella antes de que pudiera completar su trayectoria.
La espada de Orsted giró en el aire—junto con su mano derecha.
¡Lo hice!
Por un momento, Eris creyó que se había terminado.
Pero antes de que pudiera realizar un ataque de continuación, Orsted ejecutó una respuesta impresionante. Estirándose hacia arriba, él atrapó su mano cercenada, la presionó contra su muñeca, e instantáneamente la volvió a unir a su brazo. En el mismo momento, él sacó ventaja de su movimiento hacia arriba para realizar una patada giratoria.
Eris logró esquivar este extraño ataque dando medio paso hacia atrás, pero solo porque el Dios de la Espada le había advertido que existía la posibilidad de que él pudiera intentar algo por el estilo.
“¡…!”
Orsted inmediatamente siguió su ataque con un corte con su mano desnuda, pero Eris la desvió con su espada.
Ninguno de estos rápidos movimientos había sido una Espada de Luz. Como resultado, el ataque de Eris no había lastimado a Orsted. Su hoja dio en el blanco con un sonido metálico, redirigiendo satisfactoriamente su mano, pero ni siquiera había dejado un rasguño en su piel.
Un momento después, la espada de Orsted se incrustó de punta en el suelo detrás suyo.
A primera vista, parecía que la mano derecha del hombre estaba como nueva. Y las heridas que Rudeus le había infligido también habían sido sanadas. En un parpadeo, él se había recuperado completamente con una increíblemente poderosa variedad de magia de sanación.
Es un monstruo, pensó tranquilamente Eris para sí misma.
Su último ataque puede no haber sido una Espada de Luz, pero su velocidad y poder habían sido considerables. Aun así, había rebotado de él. La Espada de Luz era su único medio para cortar a través de su Aura de Dios Dragón, incluso con la Espada Dragón del Fénix.
“Veo el ingenio del Dios de la Espada en tus tácticas. Debes haber sido su estudiante favorita, Eris Greyrat.”
Eris había regresado su espada a su posición por sobre su cabeza. Su mente estaba tranquila, y sus emociones bajo control.
Pero en vez de balancear su propia hoja, Orsted ahora liberó una clase diferente de ataque.
“¿Acaso Gal Farion te contó sus hazañas mientras yacías en su cama?”
Con todo dicho y hecho, Eris respetaba profundamente al Dios de la Espada. Durante el transcurso de los últimos años, Gal Farion se había concentrado en la tarea de entrenarla, y le confió su sueño. Su relación no había sido más que una platónica. Él simplemente era su maestro, y ella simplemente era su estudiante. Él la había entrenado porque sus intereses estaban alineados.
Normalmente, Eris habría estado furiosa por la grosera insinuación de Orsted… especialmente ya que él había hablado para que las otras tres mujeres, y Rudeus, pudieran escucharlo. Pero su maestro le había dado una clara advertencia: Si las cosas empiezan a ir bien, Orsted podría tratar de provocarte. No vayas a caer en eso, ¿me oíste?
El Dios de la Espada ya había anticipado el intento de provocación de Orsted. Por lo tanto, no tuvo ningún efecto en Eris. Ella no tenía razón para estar enojada. Orsted solo estaba probando que Gal Farion estaba en lo correcto.
“Hmph.”
“… Ya veo. De verdad te has hecho más fuerte.”
Mientras Eris se sacudía su provocación con un resoplido, Orsted murmuró estas palabras casi en un tono melancólico… y lentamente levantó ambas manos.
Al ver esto, Eris recordó el último consejo que le había dado el Dios de la Espada.
Por alguna razón, el hombre no puede ir con todo. Él es un maestro con la magia y la espada, pero trata de resolver las cosas solo con su Aura y sus artes marciales… especialmente cuando está luchando contra alguien con un estilo que él conoce. Orsted comienza con patadas y puñetazos, y después usa magia si realmente lo necesita. Pero cuando está en contra de alguien nuevo… Por alguna razón, él tiende a relajarse y estudiar las técnicas que está viendo por primera vez. Esa podría ser la grieta en su armadura.
Ahora mismo, Orsted no tenía la intención de matar. Él parecía estar jugando lentamente con ella, como un gato golpeando cruelmente a un ratón exhausto.
Eris apretó sus dientes con fuerza, sacó su mano izquierda de la Espada Dragón del Fénix y la estiró hacia la hoja sin nombre que ella había recibido en la aldea Migurd.
Su mano derecha sostenía la Espada Dragón del Fénix sobre su cabeza. Pero su mano izquierda ahora estaba sosteniendo la espada sin nombre, todavía envainada detrás de su cintura.
Era una postura extraña. Mucho más debido a que el Estilo del Dios de la Espada no tenía el concepto de blandir dos espadas. Usar dos espadas al mismo tiempo era una técnica del Estilo del Dios del Norte.
Más importante—si bien la espada que Eris sostenía sobre su cabeza era un arma mágica letal, ella no era capaz de usar la Espada de Luz con una sola mano. Y si bien existían técnicas que involucraban desenfundar una espada para realizar inmediatamente un ataque, su agarre inverso sobre la espada sin nombre hacía imposible concretar la mayoría de ellas.
En otras palabas, su postura era irracional. No tenía ningún sentido. No era la clase de error que cometería una Reina de la Espada y maestra del Estilo del Dios de la Espada. Bajo ninguna circunstancia.
“¿Mm…?”
Por esa misma razón, Orsted dejó de moverse.
Él estudió cuidadosamente a Eris, con sus manos todavía levantadas en el aire. Sus ojos estaban completamente concentrados en ella—dejando de lado a Rudeus, quien actualmente estaba siendo sanado detrás suyo.
Ella tenía toda su atención por el momento. Pero Eris no podía solo quedarse de brazos cruzados. A menos que entrara en acción, Orsted daría un paso al frente para atacar.
Afortunadamente, Eris había improvisado un cierto movimiento para este preciso momento. Estaba basado en una técnica que ella había aprendido del Emperador del Norte Auber… aunque ella solo la había visto una vez. Eris se había entrenado para ejecutar este movimiento con una sola mano, a máxima velocidad, en el mismo instante que ella desenfundara su espada. Era una técnica imperfecta, pero de todas formas era altamente mortífera.
Cuando su espalda está contra la pared, un estudiante del Estilo del Dios del Norte lanzará su espada.
La mano izquierda de Eris se movió bruscamente, pero con confianza.
Sus dedos tomaron la empuñadura de la espada, la sacaron, y dentro del mismo movimiento, mientras su brazo se extendía hacia el frente, ella la arrojó hacia Orsted. La espada sin nombre que la había acompañado por tantos desafíos y adversidades cortó limpiamente a través del aire, con su punta apuntada directamente hacia su enemigo.
El impulso del lanzamiento hizo que la mano de Eris subiera—hacia la espada que ella aún sostenía en alto. Ella agarró la Espada Dragón del Fénix tan velozmente como pudo. Y sin dudarlo ni un momento, ella balanceó hacia abajo con ambas manos, ejecutando una impecable Espada de Luz.
“¡…!”
Su aterrador ataque pasó a un lado de la espada volando a través del aire, cortando hacia la cima de la cabeza de Orsted a lo largo de la trayectoria más corta posible, a la velocidad más grande posible.
Se escuchó un agudo sonido metálico.
“… Tch.”
Eris chasqueó su lengua de la irritación mientras sostenía su espada en su posición de continuación.
Orsted había atrapado su hoja entre sus manos. Y la espada sin nombre había dado directamente en su cuerpo, solo para ser reflejada por su Aura de Dios Dragón y salir volando detrás de ella.
“Has excedido mis expectativas. Pero supongo que ya se acabó.”
“¡Nop!”
Con su hoja todavía congelada en las manos de Orsted, Eris gritó su respuesta mientras se daba la vuelta hacia donde había caído la espada sin nombre.
Rudeus estaba de pie justo ahí. Las demás habían terminado de sanarlo.
“¡Acabamos de comenzar!”
A Eris le tomó un instante procesar lo que sus ojos estaban viendo. Por supuesto, era Rudeus. Y él estaba de pie. Pero había círculos negros bajo sus ojos, y su cabello castaño claro había pasado a ser blanco. Sus piernas estaban temblando débilmente, su rostro estaba mortalmente pálido, y sus labios estaban morados. Roxy y Sylphie lo estaban ayudando a estar de pie desde ambos lados.
“…”
“¿Comenzar… con qué, exactamente?”
Como mínimo, Rudeus no estaba en condiciones de luchar. Su poder mágico estaba agotado, su fuerza se había ido, e incluso su fuerza de voluntad le había fallado. Él estaba malherido y golpeado tanto física como emocionalmente.
“… Muy pronto lo verás.”
Verlo así fue suficiente para fortalecer la resolución de Eris.
Ella inhaló y exhaló profundamente tres veces. Mientras el aire llenaba sus pulmones, ella agarró con más fuerza su espada, consciente de cada gota de sudor en sus palmas. Eris lamió sus labios después de apretar con fuerza sus muelas por un instante. Finalmente, ella tensó los músculos de su estómago—y rugió tan fuerte como pudo.
“¡Ustedes tres, saquen a Rudeus de aquí! ¡Ahora mismo!”
La voz de Eris rugió a través del aire.
“¡Mantendré a Orsted aquí, incluso si eso me mata!”
Ella dijo eso muy en serio.
Sylphie sintió la fuerza de la determinación de Eris. Ella había sentido lo mismo de sus compañeros durante el desesperado viaje hacia Ranoa con la Princesa Ariel. Eris estaba preparada para morir.
“¡E-espera! ¡Yo también lucharé!”
Las piernas de Sylphie estaban temblando, pero ella gritó esas palabras de todas formas.
Orsted era aterrador más allá de la razón. Este era su primer encuentro, pero ella sabía que enfrentarse a él significaría la muerte.
Aun así, su elección no era una difícil. No con la vida de Rudeus en juego. De hecho, ella estaba llena de arrepentimiento por dejar ir solo al hombre que amaba a luchar contra un monstruo como este. Las palabras ¿¡Acaso quieren que lo maten!? todavía resonaban en sus oídos.
Esa nunca había sido su intención. Ella había visto a Rudeus recuperar su energía y concentración de siempre, a pesar de sus miedos, y había asumido que todo saldría bien. Después de todo, él era un mago increíblemente poderoso, y él siempre regresaba con ella. Además, la Armadura Mágica había parecido abrumadora. Ella se había convencido a sí misma que nada, ni nadie, podía derrotar a esa cosa.
Solo fue su confianza en Rudeus lo que la había contenido.
Eris miró silenciosamente hacia los ojos de Sylphie por un momento, y luego asintió. “Entiendo. ¡Tú cuida la retaguardia! ¡Ghislaine, saca de aquí a Roxy y Rudeus!”
“¡Eris! ¡Mi trabajo es protegerte!”
Ahora era la Reina de la Espada gente bestia que la estaba protestando.
Ghislaine había observado a Eris abrirse paso a través de la vida. Ella la había visto entrenar con un solo objetivo en mente. Y por esa razón, ella se había quedado atrás para ver el desarrollo de esta batalla, sin interferir ni objetar. Ghislaine había visto eso como una forma de pagarle al difunto abuelo de Eris, Sauros, a quien ella le debía mucho.
“¿¡Qué!? ¿¡No vas a hacerme caso!? ¡Te estoy diciendo que protejas a las personas que me importan!”
“… ¡No lo haré! ¡Nunca podría darles la cara a Sauros-sama o Phillip si te dejo morir aquí!”
Pero ahora la chica estaba planeando tomar un camino que llevaba a una muerte segura, y Ghislaine no podía permitirlo. Su negativa era más bien reflexiva en vez de razonada. Ella no era muy buena pensando, y lo evitaba de ser posible.
“¡Ya basta! ¡Necesito que todos huyan!”
Dado su embarazo, Roxy estaba al tanto de que no sería de mucha ayuda en combate. Ella había venido aquí sabiendo que solo sería una carga si las cosas llegaban a eso. Su plan había sido guiar a Rudeus hacia los caballos esperando fuera del bosque, y después huir tan rápido como fuera posible. Existía la posibilidad de que un movimiento tan brusco pudiera causar un aborto natural, pero ayudar a escapar a Rudeus era su prioridad máxima. Honestamente, ella no había pensado muy bien en lo que venía después de eso. Por ahora, Roxy creía que ellos simplemente debían huir y reagruparse en un lugar seguro.
Eris y Ghislaine discutían; Sylphie y Roxy se preparaban para actuar. Mientras él observaba todo esto a través del borde de su visión, Orsted dejó salir un largo y sonoro suspiro.
Todos excepto Rudeus estaban en guardia. Cuatro pares de ojos miraban ferozmente hacia Orsted. Indiferente a sus miradas, el Dios Dragón alzó su voz hasta convertirla en un rugido.
“¡Rudeus Greyrat!”
Rudeus se retorció visiblemente ante el sonido de su nombre.
“Mientras sigas sirviendo al Dios Humano, yo no permitiré que escapes. ¡Incluso si eso significa matar a todos los presentes, y todos los demás esperando tu regreso en la ciudad, te cazaré y tomaré tu vida!”
Rudeus ahora estaba temblando de una forma más evidente que antes. Él miraba hacia el suelo mientras sus rodillas temblaban incontrolablemente.
“¡Si bien no confío en las palabras del Dios Humano… dado lo que te dijo, también secuestraré a tus hijos una vez que estés muerto!”
Ante estas palabras, su temblor se detuvo.
La vida había vuelto a los ojos de Rudeus. Después de golpear sus temblorosas piernas con su mano izquierda, él estiró la derecha para tomar su vara de Roxy—olvidando que había perdido esa mano hace no mucho tiempo. Él terminó fuera de balance, y pudo haber caído al suelo si Roxy no se hubiese apresurado para atraparlo. Pero incluso mientras él se apoyaba en ella, sus ojos estaban mirando ferozmente hacia Orsted. Había sed de sangre en su mirada.
“¡Sin embargo, tu imitación de la Armadura del Dios de la Lucha, la enorme reserva de poder mágico que te concedió el Rasgo de Laplace, y tu inmunidad a mi maldición pueden probar ser de utilidad!”
“¿…?”
Ante estas palabras, la ira en los ojos de Rudeus disminuyó ligeramente. Y mientras él miraba con una expresión vacilante y de cautela, el Dios Dragón siguió hablando.
“¡Traiciona al Dios Humano! ¡En cambio, trabaja conmigo!”
Dos personas reaccionaron instantáneamente a estas palabras.
“¡Tienes que estar bromeando!”
“¡Rudy, no lo escuches!”
Tanto Eris como Sylphie estaban convencidas de que Orsted estaba mintiendo. Ellas no tenían una razón lógica para creer esto, pero así era. Ghislaine y Roxy se mantuvieron en silencio, pero ellas también sentían que Orsted estaba tramando algo—que había alguna clase de trampa oculta en sus palabras.
“¡Si aceptas mi oferta, haré vista gorda a tu emboscada injustificada, y restauraré tu brazo herido a su condición original!”
“…”
Pero Rudeus era la excepción.
Él se había dado cuenta de algo en el tono de voz de Orsted. Él se había dado cuenta de que la garganta del hombre estaba temblando ligeramente. Y ese hecho le estaba molestando.
“Yo soy el Dios Dragón. ¡Una vez que estés bajo mi protección, el Dios Humano no será capaz de meterse contigo tan fácilmente!”
Había sentimientos de duda y tentación mezclados en los ojos de Rudeus.
“¡Tranquilo, él no puede escuchar lo que estamos diciendo en este preciso momento!”
“…”
“¡Si tu alianza con el Dios Humano fue contra tu voluntad, creo que esta es una oferta muy tentadora!”
“…”
“¡Escoge ahora, Rudeus Greyrat! ¿Permanecerás del lado del Dios Humano, y perderás todo a manos mías? ¿¡O te unirás a mí y lucharás en su contra!? ¡Tú no eres afectado por mi maldición! ¡Esta es una decisión que eres capaz de tomar!”
La mirada de Rudeus se encontró con la de Orsted.
Primero, él exhaló lentamente. Y después, él estudió el rostro del Dios Dragón, como si estuviera buscando una respuesta en él. Rudeus estaba tratando de ver lo que estaba oculto detrás de la expresión seria del hombre. Pero, por supuesto, sus ojos no le dirían nada de eso.
El silencio se extendió por varios segundos.
“¿Rudy?”
Finalmente, Rudeus se tambaleó fuera de los brazos de Roxy y comenzó a caminar lentamente hacia el frente. Con cada paso, él corría el riesgo de caerse de cara. Rudeus se inclinó hacia el costado y se enderezó con la ayuda del hombro de Ghislaine. Cuando perdió su balance, se sostuvo de Sylphie, quien había corrido para atraparlo. Eventualmente, él pasó a un lado de Eris.
Y luego, cayó de rodillas a los pies de Orsted.
Él no hizo movimiento alguno para tratar de ponerse de pie. En cambio, Rudeus miró arriba hacia el hombre ante él y habló.
“¿Realmente… hay una forma de proteger a mi familia del Dios Humano…?”
“¡La hay! ¡Él posee un gran conocimiento del futuro, pero no lo ve todo, y mucho menos es todopoderoso!”
“¿Es… absolutamente confiable…?”
“… No absolutamente, no. No pretenderé que conozco los límites de sus poderes.”
Orsted no hizo una promesa absoluta. Él ni siquiera ofreció palabras tranquilizadoras. Sin embargo, Rudeus miró arriba hacia él con los ojos de un hombre buscando la salvación. Había lágrimas en las esquinas de sus ojos, a pesar de que era difícil decir lo que las había provocado.
De una u otra forma, él ya había tomado su decisión.
“… Te serviré. Por favor. Ayúdame.”
Y así, desde este día, Rudeus Greyrat se puso al servicio del Dios Dragón.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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