Regreso
Capítulo 13: Regreso
La nieve estaba cayendo suavemente en los Territorios del Norte.
Habían transcurrido aproximadamente cuatro meses desde que emprendí mi viaje. El otoño y la temporada de apareamiento habían pasado hace mucho tiempo, dando paso a una larga temporada de invierno. La nieve me llegaba hasta los tobillos, incluso en medio del bosque. Si hubiéramos llegado incluso un mes después, la nieve habría llegado hasta mi pecho, dificultando el resto del viaje hacia Sharia.
“Elinalise-san y yo guiaremos el camino,” dije.
Incluso si aparecía algún monstruo, lo derrotaríamos sin problemas. El poder mágico no era un problema. Zenith estaba caminando sin mostrar señales de cansancio. El armadillo estaba temblando, pero estaría bien siempre y cuando lo calentara ocasionalmente con mi magia.
Todo está bien, pensé para mí mismo mientras continuábamos.
Una noche, Elinalise y yo estuvimos de guardia juntos.
“Rudeus, hay algo de lo que quiero hablar contigo,” dijo repentinamente ella. Yo ya podía adivinar cuál sería el contenido de la conversación. Sin dudas era Roxy.
Me senté directamente frente a ella, con las piernas cruzadas debajo de mí—la postura perfecta para postrarme ante ella si comenzaba a regañarme. Elinalise se sentó en el suelo de una forma más cómoda.
Me pregunto si ella expresaría su enojo. ¿Me regañaría por faltarle el respeto a Sylphie? ¿O me retaría por dormir con Roxy?
Pero Elinalise no hizo ninguna de esas cosas.
“Rudeus, no eres un seguidor de Millis, ¿cierto?”
“¿Eh…?”
No entendía lo que me estaba diciendo, pero sí sabía que había una sola persona a la que yo podía llamar Dios. Eso no había cambiado desde que era pequeño.
“No,” dije finalmente.
“Eso creí. Sylphie tampoco, ¿cierto?”
“No, no debería serlo.”
Sylphie no era religiosa. De hecho, la única persona devota a la Iglesia de Millis que conocía era Cliff. Él tenía un amuleto de la iglesia colgando en su cuello, y una vez a la semana, él asistía a algo así como una misa. Sylphie no usaba símbolos de Millis, y no iba a la iglesia. Tal vez Cliff era una comparación pobre—era posible que ella tuviera fe, pero yo nunca la había escuchado decirlo.
“Mi Cliff es un ferviente creyente,” dijo ella.
“De seguro lo es,” estuve de acuerdo inmediatamente, habiendo pensado lo mismo de él.
“¿Sabías que la fe de Millis ordena que un hombre solo puede tener una esposa?”
“Sí.”
Elinalise continuó, “Es un mandato algo pasado de moda, que dice que un hombre debe amar a su esposa por el resto de su vida. Aun así, se siente muy bien ser el receptor de ese afecto.”
Eso sonaba correcto. No tenía dudas de que se sentía bien amar a alguien con todo tu ser y ser amado de la misma manera a cambio. Mi vacilante e infiel corazón, por otro lado, había ido por Roxy.
Yo la amaba. No había dudas de ello. Pero también recordaba lo miserable que me había sentido cuando tuve DE. Sylphie fue quien me curó y regresó la felicidad a mi vida, y por lo tanto quería pagarle con un amor que la haría feliz a ella. Esos sentimientos eran igual de fuertes.
“Sin embargo, Rudeus,” comenzó a decir Elinalise.
“¿Si?”
“Yo soy diferente. No creo que amar a diferentes compañeros al mismo tiempo este mal.”
“No estoy sorprendido de que pienses de esa forma, pero ¿eso no es poco sincero?”
Elinalise solo sacudió su cabeza. “Si abandonas a Sylphie, eso sería una cosa. Pero siempre y cuando la ames como deberías, no es poco sincero.”
“Si tienes a dos personas que amar, eso significa que el tiempo que puedes permitirte pasar con cada una de ellas sería la mitad, ¿no?”
“No es como si fueras a estar con cada una de ellas todo el día, ¿no? No terminará siendo la mitad. Podría ser un poco menos que antes, pero eso es todo.”
Entonces, ¿tomar una segunda esposa no sería un problema incluso si el afecto que daba a mi primera pareja se reducía a causa de ello? Los humanos solían ser ignorantes ante los cambios emocionales, pero bastante sensibles ante la más mínima reducción. Sería terrible si Sylphie comenzaba a pensar que mi amor por ella estaba desapareciendo.
“Trata de recordar. Después de que Paul se casó con Lilia, ¿Zenith fue infeliz?”
Feliz o infeliz—sentía que ese no era el problema aquí. Pero ahora que ella lo menciona, era cierto que Zenith no había estado particularmente infeliz. Las cosas habían sido igual que antes. De hecho, ella se había acercado aún más a Lilia, y se veía más feliz por eso. Paul puede haber estado infeliz, dado que repentinamente estaba en el lado que recibía todos los ataques de sus esposas, pero… tal vez esa era otra clase de felicidad. Una que nunca regresaría.
“¿Qué es exactamente lo que tratas de decir?” pregunté. Recordar a Paul había traído de vuelta la tristeza. Solo empeoraría si seguíamos hablando de él. Solo quería escuchar cuál era el punto de Elinalise.
“Toma a Roxy como tu esposa. La amas, ¿no?”
Me congelé. “¿Estás hablando en serio?”
“Sí, por supuesto.”
“Elinalise-san, ¿de verdad está bien que digas eso? Eres la abuela de Sylphie. ¿No deberías estar buscando su felicidad?”
No era como si tuviera el derecho de regañarla. Yo fui quien tuvo una aventura: quien rompió su juramento con Sylphie y tuvo sexo con Roxy. Ese hecho no cambiaría, sin importar las circunstancias. Aun así, terminé usando un tono acusatorio.
“Sí, puedo decirlo. Nadie más aparte de mí podría,” dijo ella secamente mientras miraba hacia mí. “Entiendo que no debería decirlo de esta forma, pero antes de ser la abuela de Sylphie, yo era la amiga cercana de Roxy.”
Por un momento no entendí a lo que se refería. Entonces me di cuenta de que ella estaba hablando del orden en que las conoció. Elinalise había conocido primero a Roxy, y más tarde conoció a Sylphie.
“Para ser honesta, no soporto ver a Roxy en la forma que se encuentra ahora mismo. Ella anhela lanzarse hacia una relación contigo, pero se está forzando a no hacerlo, solo porque de casualidad te conoció demasiado tarde.”
Me sentía mal por Roxy cuando ella lo decía de esa forma… pero también me sentía mal por Sylphie cuando lo veía desde su perspectiva.
“Si se separan en malos términos, no tengo dudas de que ella tendrá una vida miserable. Es posible que algún depravado saque ventaja de ella, la trate horrible, y después la venda como daño colateral por sus préstamos impagos, causando que al final tenga un hijo de un hombre que ni siquiera conoce.”
“¿Eso no es ir demasiado lejos?” pregunté incómodamente.
“Conozco a una mujer que terminó viviendo eso.”
Elinalise habló de forma tan honesta que por un momento me pregunté si ella estaba hablando por experiencia propia.
Elinalise continuó, “Quiero que Roxy sea feliz, incluso si esa felicidad tiene condiciones.”
“Es decir, yo quiero lo mismo.”
“Rudeus, sé que tú puedes hacerlo. Puedes amar a Sylphie y Roxy de la misma forma. Después de todo, eres el hijo de Paul. Deberías ser capaz de hacerlo.”
¿De verdad podía? Tal vez. No, definitivamente. Yo las amaba a ambas por igual. Podía y lo haría. Pero ¿de verdad eso estaba bien? ¿Estaba bien ser tan egoísta?
No. Estos eran solo los susurros del diablo. No podía escucharlos.
“No, Sylphie es mi única—”
“No planeaba decir esto,” intervino Elinalise, alzando su voz. Su tono volvió a la normalidad mientras continuaba, “Pero cuando bebimos juntas en Bazaar, Roxy me dijo que su visitante mensual todavía no llegaba.”
“¿Eh?” ¿Visitante mensual…? ¡Ah, esperen! Sabía lo que era. Eh, pero… ¿eso quería decir…?
“Bueno, todavía no es seguro,” agregó ella.
Nosotros lo habíamos hecho. Era posible. Además, la noche que ellas se habían emborrachado, Roxy había venido a golpearme en el pecho (aunque suavemente). ¿Tal vez había sido una señal?
Elinalise me miró a la cara y dijo, “Rudeus, si Roxy realmente está embarazada de tu hijo, ¿qué harás?”
Su pregunta invocó una imagen del Paul del pasado… cuando Lilia estaba embarazada de su hija. Él se había visto demasiado lamentable. Yo fui quien lo había salvado en ese entonces, cuando no tenía cómo escapar de esa. Ahora, pensaba que él era un hombre digno de respeto. Pero eso no quería decir que yo quería cometer los mismos errores que él.
“… Haré lo que deba hacer.”
“¿Lo cual es?” instó ella.
“Me casaré con ella.”
¡Casarme! En el momento que esa palabra salió de mi boca, sentí que mi corazón había caído a mi estómago.
Yo amaba a Sylphie, pero también quería casarme con Roxy y hacerla parte de mi familia. No quería que nadie más la tuviera. Quería hacerla mía. Era egoísta de mi parte. Le había dicho lo mismo a Sylphie, la había embarazado de mi hijo, y ahora deseaba a otra mujer. Era imperdonable. Solo un pedazo de basura podía pensar de la forma que yo estaba pensando.
Yo había dicho lo mismo de Paul muchas veces hasta ahora—lo había llamado un pedazo de basura—pero yo también era un hombre. Ahora que tenía a dos mujeres que amaba y quería, ¿no podía esforzarme por tenerlas a ambas, tal como había hecho Paul? Tal vez Sylphie estaría enojada conmigo y Roxy me abandonaría. Pero ¿acaso no valía la pena intentarlo, incluso si las perdía a ambas?
Ah, es cierto. Esta no era una decisión solo mía.
“Que Roxy y Sylphie estén de acuerdo es una historia diferente,” dije finalmente.
“En efecto. Bueno, iré a buscar a Roxy.”
“¿Eh?”
Dejándome con esas palabras, Elinalise inmediatamente se apresuró dentro de una de las tiendas cercanas.
Después de unos momentos, Roxy salió. Ella no se veía para nada somnolienta. En cambio, miró hacia mí con una mirada nerviosa en su rostro. Tal vez Elinalise le había dicho algo.
“Rudy, ¿qué es lo que quieres decirme?” Ella se sentó frente a mí, con sus piernas cruzadas bajo ella. Seguí su ejemplo y me senté derecho.
¿Qué se supone que dijera? Todo estaba ocurriendo demasiado rápido. Todavía no tenía las palabras para expresarlo. No, pensar no era necesario. Mis sentimientos por Roxy no eran algo que necesitaba pensar antes de hablar.
“Um, he estado queriendo decir esto por mucho, mucho tiempo,” comencé a decir.
“¿Si?”
“Te amo, Maestra. Siempre lo he hecho, desde hace mucho, mucho tiempo. Y no solo te amo—te respeto. Pareces estar consciente del hecho de que no puedes usar magia tan bien como yo, pero eso no me importa. Tus enseñanzas me han ayudado numerosas veces. Son la única razón de que haya sido capaz de llegar así de lejos.”
El rostro de Roxy se sonrojó gradualmente. El mío probablemente también estaba rojo. Hablar cara a cara de esta forma era vergonzoso.
“Bueno, te agradezco eso.”
“Pero, um,” agregué, tartamudeando, “eh, verás, también tengo una esposa.”
“Sí, lo sé.”
¿Realmente era apropiado decir, Por favor, sé mi segunda esposa? ¿No era una forma egoísta de decirlo? Pero no podía pensar en una mejor manera de expresarlo.
¿Qué debería hacer?
Solo tenía que decirlo. Sin importar qué palabras use, mi intención era la misma. Estaba sugiriendo no separarme de Sylphie, sino en cambio tratando de agregar a Roxy a la familia sin primero pedir el permiso de Sylphie. Tendría que conseguir su aprobación antes de concretarlo. Esa es exactamente la clase de cosa que haría un pedazo de basura.
Aun así, tenía que decirlo ahora. Roxy podría desaparecer si no lo hacía. Ella era del tipo que inmediatamente desaparecía cuando el trabajo en frente estaba hecho. Si no la detenía ahora, podría ser demasiado tarde.
… Suficiente. Si iba a lamentar no decirlo más tarde, entonces debía hacerlo ahora mismo. Incluso si eso me convertía en un pedazo de basura.
“El nombre de mi esposa es Sylphie Greyrat, pero ella originalmente no tenía un apellido. Ella solo era Sylphiette.”
Roxy asintió. “Sí, eso escuché.”
“¿Te gustaría llamarte Roxy Greyrat?”
Ella miró con sospecha por un momento. Pero debe haber entendido lo que quise decir en el instante siguiente, ya que ella se llevó una mano sobre su boca. Roxy recuperó la compostura casi inmediatamente. “Aprecio que digas eso, en serio. Pero ¿no deberías conseguir la aprobación de tu esposa primero?”
Por supuesto. Estábamos hablando de que una completa extraña fuera parte de nuestra familia—definitivamente tenía que consultar a Sylphie. También tenía que explicárselo a mis hermanas pequeñas. También a Lilia.
“Sí necesito su aprobación,” admití.
“En ese caso…”
Ella iba a rechazarme. Parecía que, después de todo, Roxy quería que la eligiera a ella, y solo a ella. No mucho después de que ese pensamiento apareciera en lo profundo de mi mente…
“En ese caso, por favor, pídemelo de nuevo una vez que recibas la aprobación de tu esposa,” dijo Roxy con una expresión de seriedad en su rostro, mientras la nieve caía a nuestro alrededor.
Por favor, pídemelo de nuevo. Esas palabras hicieron eco dentro de mi mente. Sentí mi cuerpo calentarse mientras registraba el hecho de que ella no me había rechazado.
Nos acercamos a la Ciudad Mágica de Sharia.
También le hablé a Lilia acerca de Roxy. Ella, con su usual cara de póker, apenas dijo, “Ya veo. Entiendo.” No parecía que me estuviera juzgando por ello, probablemente porque ella ya había estado en la misma posición de Roxy.
No, no era eso. Era porque la noción del matrimonio monógamo solo existía en Millis. De cualquier forma, me quitó un peso de encima hacerle esa promesa a Roxy y conseguir el entendimiento de Lilia. Todo lo que quedaba era llegar a casa, explicar los eventos del viaje a Sylphie, y bajar mi cabeza mientras suplicaba para conseguir que Roxy pudiera unirse a la familia.
Todavía sentía el peso de saber que tenía que explicarles la situación de Paul y Zenith a Norn y Aisha. Pero ellas tendrían que aceptarlo, tal como yo. Estaba seguro de que Norn reaccionaría enojada y me culparía, pero igual iba a hacerlo. No iba a huir. Sin importar el resultado, no tendría arrepentimientos.
“… ¿Arrepentimientos?”
Esas fueron las palabras del Dios Humano. Él dijo que yo me arrepentiría de algo.
Es cierto, estaba la muerte de Paul, Zenith convirtiéndose en un cascarón vacío, y la pérdida de mi mano izquierda. Había perdido mucho. Y por extraño que sea, no sentía tal arrepentimiento. Podía agradecer a Roxy por eso.
Sí, parte de mí pensaba: Si solo hubiera sido más fuerte, si solo hubiera aprendido cómo usar mejor una espada, si solo hubiera sido lo suficientemente fuerte para derrotar a la hidra. Pero otra parte de mí sentía que habría sido imposible de cualquier forma. Mi aptitud para la batalla no era la mejor. No podía envolver un aura de batalla alrededor de mi cuerpo, ni tampoco sabía cómo. Tenías que ser capaz de manipular tu aura de batalla para avanzar como un espadachín. Además, la hidra había sido inmune a la magia. Incluso si hubiera trabajado diligentemente para aprender hechizos de nivel Real, habrían sido inútiles. Podría haber habido alguna otra forma, pero el pasado era el pasado.
Era por eso que no tenía arrepentimientos. La muerte de Paul me permitió reflexionar acerca de mi pasado. Había preocupado a personas y les había causado problemas, pero, al final, algo bueno había salido de todo ello. Lo que sentía no era arrepentimiento—era tristeza. Solo tristeza. La tristeza fue lo único que traje conmigo desde el Continente Begaritt.
Pero también era por esa razón que ahora me sentía ansioso. Tal vez lo que realmente lamentaría era lo que estaba por venir. Por ejemplo, tal vez algo les había pasado a las hermanas menores que había dejado atrás.
Recuerda lo que él dijo.
Él había mencionado esto y aquello acerca de Linia y Pursena. ¿Eso quería decir que algo le había ocurrido a una de ellas? ¿Acaso debí haberlas ayudado en alguna clase de problema aquí?
O—no me digan—¿algo le pasó a mi esposa embarazada…?
Esas eran las únicas cosas que me podrían dejar con arrepentimientos.
A pesar de mi aprehensión, no podíamos avanzar más rápido. El clima había empeorado, y la nieve se estaba apilando rápidamente. Los otros no parecían afectados, pero Zenith estaba teniendo problemas. Usé mi magia de tierra para fabricar un asiento que pudiera colocar sobre mi espada, y la cargué. El armadillo se veía medio congelado. Tal vez después de todo debí dejarlo atrás, pero ya era demasiado tarde para eso.
Al menos debería darle un nombre para que no muera sin uno, decidí.
Dilo. Dilo era un buen nombre. ¡Esfuérzate, Dilo!
Solo nos había tomado cinco días llegar a las ruinas cuando íbamos de camino hacia Begaritt, pero nos iba a tomar alrededor de diez en el viaje de regreso. No era tanto tiempo, comparado a todas mis aventuras hasta ahora. Aun así, de alguna forma, se sentía como el viaje más largo de toda esta aventura.
Llegamos a la Ciudad Mágica de Sharia.
Yo inmediatamente me dirigí a casa, sintiendo que apuraba el paso.
“Oye, Jefe, ¿qué sucede? Parece que has visto un fantasma. ¿No deberías usar magia de desintoxicación en ti mismo?” preguntó Geese, preocupado.
Lo ignoré y solo seguí mi paso acelerado.
“Ah, así que este es el centro de la ciudad, ¿eh? ¿Deberíamos ir a conseguir una posada? No hay forma de que todos podamos quedarnos en la casa del Jefe con tantas personas.”
Había alguien hablándome desde atrás, pero sus palabras no llegaron a mis oídos.
“Oye, Jefe, ¿estás escuchando? ¿Jefe? ¡Oye, Rudeus!”
En algún punto, comencé a correr. Dejé a todos atrás y corrí hacia mi casa—atravesé las familiares calles por las que ya había caminado antes, en una ciudad en la que ya había vivido por años. Aquellos que veía me saludaban con confusión, preguntándose cuál era mi apuro, pero yo corrí tan rápido como pude, tambaleándome, completamente fuera de balance. Tal vez la falta de una mano izquierda estaba afectando mi habilidad de correr con normalidad.
Justo cuando estuve a punto de caer, alguien me agarró y me mantuvo de pie.
“¿Por qué todo ese apuro?”
Era Elinalise.
“Es solo…” comencé a decir, tratando de encontrar las palabras.
Ella esperó un momento antes de volver a preguntar. “¿Qué ocurre? Ya has estado en ese estado por un tiempo. ¿Ocurrió algo?”
“Ah, no, um, solo tuve la sensación de que Sylphie estaba en problemas.”
“¿En problemas? ¿Basado en qué?”
“En nada, la verdad.”
Me la quité de encima y volví a caminar apresuradamente. Quería liberar esta ansiedad tan rápido como fuera posible. Mi casa estaba justo adelante. Si las cosas estaban como deberían estar, el estómago de Sylphie debería estar evidenciando un bebé, y ella debería estar en casa. ¿O tal vez ya había dado a luz? De ser así, sería uno prematuro. Si eso había ocurrido, ¿entonces tal vez…?
Cualquier cosa menos eso. Cualquier cosa. Solo no quería que ninguna otra cosa mala ocurriera.
Llegué a la casa. La nieve se había apilado, pero el lugar no se veía diferente a como yo lo había dejado. El número de árboles y plantas pequeñas en el jardín se había incrementado ligeramente; asumí que era el resultado de pasatiempo de Aisha. El lugar se veía tan hermoso como antes.
Saqué mi llave de mis pertenencias, la metí en el agujero en la puerta, y tuve problemas girándola. El metal estaba frío y mi mano estaba temblando. La puerta no abriría; la llave no giraba.
“Tch.”
Estiré mi mano hacia la aldaba de la puerta. Sentía el frío en mi piel, pero igualmente la agité varias veces.
“¿Estás seguro de que no está abierto?” preguntó Elinalise desde detrás de mí.
Tal como ella sugirió, tomé el pomo de la puerta, lo giré y empujé, abriendo la puerta.
Qué peligroso, pensé mientras daba un paso dentro.
Mis ojos inmediatamente se encontraron con los de alguien en el otro extremo de la habitación, tratando de abrir una puerta.
“¡Ah! ¿¡Onii-sama!?”
“Aisha… ¿todos están bien?”
“¿A qué te refieres?” Confundida, la mirada de Aisha vagó entre Elinalise—ahora de pie a mi lado—y yo, y luego detrás de nosotros. Cuando seguí su mirada y miré atrás, vi a Roxy tratando de recuperar el aliento.
Por el momento, agarré a Aisha por los hombros. Ella debe haber sentido algo fuera de lugar, ya que miró hacia su hombro derecho y sus ojos se abrieron de la sorpresa. Visiblemente sorprendida, ella miró entre mi rostro y mi mano.
“¿Eh? ¿Qué es esto? ¿Qué le pasó a tu—?”
“Veo que estás bien. ¿Qué hay de Sylphie?”
“¿Eh? Ah, um… ¿ella está justo aquí?”
Ante sus palabras, me di cuenta de que, justo detrás de Aisha, viéndose igualmente confundida… estaba Sylphie. Su estómago se había duplicado o triplicado en tamaño. Incluso sus pechos estaban un poco caídos. Ella ya debía tener unos siete u ocho meses, y probablemente ya estaba produciendo leche… no, eso no importaba ahora mismo.
“Rudy, ¿q-qué sucede?” preguntó ella.
“Sylphie, ¿estás bien? ¿Nada ocurrió?”
“¿Eh? No, todos han sido muy buenos conmigo, y Aisha se ha estado esforzando mucho para ayudarme.”
¿Entonces Sylphie estaba bien? Sí, eso podía verlo.
“¿Qué hay de los demás?” pregunté. “¿Norn? ¿Linia, Zanoba y los demás están a salvo?”
“¿Eh? ¿A salvo? Nada ocurrió aquí,” dijo ella, todavía confundida.
“¿Nadie se enfermó o lastimó?”
“N-no, nada destacable…” Sylphie se veía completamente confundida, como si no tuviera idea de lo que yo estaba hablando.
Viendo esa expresión, me di cuenta de que… nada malo había ocurrido.
“Um, ¿Onii-sama?”
Para el momento que me di cuenta, el rostro de Aisha estaba a la altura del mío. Cielos, de seguro había crecido. No, esperen—era solo que yo había terminado en el suelo.
“Bien…” suspiré.
La tensión dejó mi cuerpo.
Al final, el arrepentimiento del que había hablado el Dios Humano era del de la muerte de Paul y la muerte de mis padres de mi vida anterior. El resto de mi ansiedad había sido preocupación sin sentido.
“Haah…” mientras estaba ahí desplomado, dejé salir un gran suspiro de alivio. “Menos mal.”
Sylphie gradualmente se acercó y puso su mano sobre mi hombro. Pude sentir la calidez extenderse a través de la tela de mi túnica. Ella inmediatamente se arrodilló y gentilmente envolvió sus brazos a mi alrededor. Yo hice lo mismo con el mío—aunque de forma torpe, debido a mi mano izquierda faltante—y la apreté con fuerza. Su aroma familiar llenó mi nariz.
“Bienvenido a casa, Rudy.”
Había muchas cosas que necesitaba decirle—acerca de Paul, acerca de Zenith, y también de Roxy. También necesitaba darle la bienvenida a mi casa a aquellos que había dejado en la plaza. Después de todo, había corrido hasta aquí de la nada. Había entrado en pánico por nada. Nada había ocurrido. Simplemente debí haberme tomado mi tiempo para llegar aquí con los demás.
Pero había algo que necesitaba decir primero, antes que cualquier otra cosa.
“Estoy en casa.”
Había regresado.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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