Combate Mortal
Capítulo 9: Combate Mortal
La hidra tenía una figura imponente, esperando por nosotros en esa espaciosa habitación. Detrás de ella había un cristal mágico. No había ni una pizca de duda en mi mente de que realmente era Zenith quien estaba sellada en su interior.
“¡Bien, hagámoslo!” Paul corrió hacia el frente. Él se agachó hasta el suelo como un perro, moviéndose como el viento—a una velocidad que nos dejó al resto de nosotros en el polvo. Excepto que esta vez, Elinalise estaba justo detrás suyo. Detrás de ella estaba el corto de piernas Talhand. Nosotros igualamos su velocidad mientras avanzábamos.
Geese permaneció en espera detrás de nosotros. Él sería inútil en esta batalla, considerando que no tenía forma de provocar un daño real. Aun así, él se quedó. Su deber era escapar y decirle a los demás lo que había ocurrido si nuestro grupo fracasaba y era eliminado.
“¡Raaaah!”
Paul llegó donde la hidra. En ese mismo instante, tres de sus cabezas se movieron para atacar. La bestia era rápida para su tamaño, ágil y lo suficientemente hábil como para que cada una de sus cabezas se viera como feroces serpientes mientras se movían.
Pero entonces Paul se volvió borroso, y en ese instante, él cortó a través de uno de los cuellos de la criatura.
¡Bien, este es el momento!
“¡Bola de Fuego!” Levanté mi vara y vertí todo el poder mágico que pude dentro del hechizo, cargando de calor las llamas antes de lanzarlas hacia la hidra.
Pero fue inútil.
Mientras más se acercaba la Bola de Fuego a su objetivo, más se encogía su tamaño. Se evaporó en el instante que dio en el blanco. La única cosa que dejó fue ese desagradable sonido, como uñas sobre vidrio—Piiing.
“Supongo que tendré que acercarme y lanzarlo directamente,” suspiré. Tendría que lanzar mi magia de fuego a corto alcance para cauterizar los cortes en sus cuellos.
“Tal como planeamos,” dijo Roxy. “Rudy, ¿puedes hacerlo?”
“Por supuesto. No es como si solo hubiera estado practicando magia,” le aseguré, incluso mientras mi corazón latía como loco.
Yo no era bueno a corto alcance. Todos mis recuerdos de combate cercano estaban teñidos de derrota, comenzando con Paul, después Ghislaine, luego Eris, y finalmente Ruijerd. Yo nunca había sido capaz de vencer a alguno de ellos a corto alcance. Seguro, ya había ganado batallas antes—contra Linia, Pursena, y Luke. También había otros a los que había derrotado con la ayuda de mi Ojo de la Premonición. Pero ¿podría alguno de ellos haber derrotado a una hidra?
No. No veía cómo ellos podrían, no cuando tanto Paul como Elinalise estaban teniendo problemas. También era ilógico pensar que yo podría ganar contra ella.
Pero esta vez no estaba luchando solo. Tenía un equipo. Paul, Elinalise y Roxy estaban conmigo. No conocía la extensión del poder de Talhand, pero si él llegaba a compararse con los demás, también probaría ser de utilidad.
Me moví tan rápido como pude, llegando justo detrás de Paul.
“¡Rudy, quédate detrás de mí!” lo oí gritar hacia mí.
A su derecha estaba Elinalise, y a su izquierda, Talhand. Detrás de nosotros, Roxy. Esta era exactamente una formación de Cruz Imperial.
“¡Shaaaah!”
Al mismo tiempo, tres de sus cabezas nos atacaron. La hidra no movía más de cuatro a la vez. ¿Tal vez ese era el límite de su habilidad para atacar? ¿O quizá simplemente era que más cabezas que eso se interpondrían en el camino de la otra?
No estaba seguro, pero eran buenas noticias para nosotros.
“¡Hah!”
“¡Mmph!”
“¡Graah!”
Elinalise desvió una de las cabezas mientras Talhand hacía lo suyo con otra. Paul cortó la tercera, la cual cayó al suelo, retorciéndose.
“¡Adelante!”
“¡Sí!”
Paul me dio la orden, y yo me acerqué a un cuello retorciéndose, lanzando mi magia hacia él. Las llamas se elevaron, iluminando el área mientras carbonizaban la herida abierta. La carne de su cuello se frio, chamuscándose.
“¿Cómo salió?” Retrocedí para observar mi trabajo, pero era demasiado pronto para saberlo.
Antes de poder confirmar algo, otras cabezas nos atacaron. Paul bloqueó una, y Elinalise desvió la otra con su escudo. En la esquina de mi visión, vi un chorro de sangre saliendo de Talhand.
“¡Gah!”
“¡Permite que este poder divino sea un nutriente satisfactorio—Sanación!” Roxy corrió en ayuda del enano en el momento que él recibió el golpe, y sanó sus heridas.
Todos ellos estaban trabajando para protegerme. Dependía de mí comprobar si mis llamas habían sido efectivas o no.
¿Cómo estaba la herida en su cuello? ¿Acaso el corte carbonizado se generaría?
“… ¡Bien!”
No había sido así. La herida estaba tal como Paul la había dejado. La carne y los huesos no se regenerarían como antes.
“¡Es efectivo!” anuncié.
“¡Genial!” Paul celebró antes de cortar el próximo cuello.
Yo también quemé ese. El calor era increíble, sofocando el aire a mi alrededor. Incluso Paul tenía sudor bajando a través de su frente. Pero si no ponía el poder de fuego necesario en estos ataques, no sería capaz de cauterizar las heridas. Si se dejaba medio tostada, la criatura se regeneraría. Siempre y cuando pudiéramos seguir con este ritmo—
“¡Ah…! ¡Cúbranme!” grité.
Mi Ojo de la Premonición predijo los movimientos de la hidra. Dos de las cabezas que previamente no se habían movido me atacarán directamente.
Podía esquivar una, pero la otra cabeza predeciría ese movimiento y se movería acorde.
“¡Déjamelo a mí!” gritó Elinalise. Mientras yo esquivaba la primera, ella voló para estar a mi lado. Elinalise bloqueó una cabeza mientras se plantaba en una posición incómoda entre el monstruo y yo, sosteniendo su escudo hacia el frente con un chirrido metálico para protegerme.
Una gota de sangre salpicó mi mejilla.
“¡Roxy!” grité, “¡Sanación!”
“¡Permite que este poder divino sea un nutriente satisfactorio—Sanación!” Ella inmediatamente entró en acción con su magia de sanación.
Después ambas regresaron a sus posiciones originales, como si nada hubiese ocurrido.
“¡Rudy, voy por la tercera!” gritó Paul hacia mí.
“¡Entendido!”
Un pilar de líquido rojo salpicó a través del aire mientras otra cabeza caía pesadamente frente a mí.
¡Quemar! Mi trabajo era quemar—quemar su carne, nada más que quemar. Cualquier otra cosa, se la podía dejar a los demás. Ahora mismo, yo solo tenía que concentrarme en el trabajo frente a mí. Paul corta, yo quemo. Elinalise y Talhand se asegurarían absolutamente de que yo estuviera a salvo, y Roxy los sanaría de ser necesario.
Quemamos la cuarta cabeza.
¡Podemos hacerlo!
Repentinamente, los movimientos de la hidra cambiaron. Las cinco cabezas restantes se movieron simultáneamente, en dirección de Talhand.
“¡Gah!”
“¡Talhand!”
Él esquivó la primera. Ya que no podía hacer lo mismo una segunda vez, él se lanzó al suelo y rodó, tratando de escapar. Tan pronto como lo hizo, sus escamas lo cortaron y su armadura pesada salió volando, resonando mientras rebotaba en el suelo. Su trasero estaba sentado firmemente en el suelo para el momento que él bloqueó la tercera cabeza con su hacha. En cuanto a la cuarta, él no pudo defenderse. Atacó frente a sus pies.
En segundos, Talhand estaba suspendido en medio del aire.
“¡Gwoooh!”
La quinta arremetió, con sus mandíbulas abiertas, amenazando con partir su torso en dos mientras él volaba, indefenso. Entonces—
“¡Hyaah!”
Un pequeño ¡boom! resonó mientras una cabeza golpeaba el suelo. El gordo y carnoso cuerpo cercenado de un enano… no estaba por ningún lado.
Fue la cabeza de la hidra la que había sido cercenada. Paul lo había hecho.
“¡Siento eso, y gracias por la ayuda!” dijo Talhand.
“¡La quemaré ahora!”
“¡Permite que este poder divino sea un nutriente satisfactorio—Sanación!”
La voz de Talhand, después la mía, y la de Roxy, respectivamente. Nosotros tres nos escuchamos simultáneamente, todos tomando acciones diferentes.
Yo quemé dos de sus cuellos cortados al mismo tiempo. Solo quedaban tres.
“¿Mm?”
Fue en ese momento que los movimientos de la hidra cambiaron una vez más. La criatura estaba comenzando a retroceder, como si estuviera aterrada de nosotros.
“¡Podemos lograrlo! ¡Voy a seguir con el ataque, Rudy!” Paul saltó hacia el frente, pero mis piernas estaban congeladas.
Esperen…
¿Acaso esto era una trampa?
Tenía la sensación de que no debíamos atacar cuando no teníamos idea de qué estaba planeando nuestro enemigo. Esa siniestra premonición atravesó mi cabeza en cosa de segundos. Y en el instante siguiente…
“¿Qué?”
Fue una de las cabezas de la hidra. Increíble… ¡Estaba sacando a mordiscos la carne quemada!
“¿¡Qué demonios!?”
Mientras observábamos, carne y hueso volvían a salir.
“¡Mierda!”
Las heridas cauterizadas no podían sanar, pero volverían a la normalidad si la hidra lograba abrirlas a mordiscos.
“¡No le den la oportunidad de regenerarse!”
“¡Haaaah!” Elinalise dejó salir un rugido feroz y saltó hacia el frente. Ella cerró la brecha, y luego dio una estocada con su gladius hacia una de las cabezas que estaba comenzando a sanar.
“¡Presento ante ti una ofrenda de hielo, tal como deseas, ahora libera las corrientes glaciales, Golpe de Hielo!” recitó Elinalise, golpeando con su magia la herida regenerándose a bocajarro. Las escamas todavía no crecían, así que el bloque de hielo atravesó la suave carne. Puñados de sangre salpicaron por todas partes como granadas mientras la cabeza—o lo que quedaba del cuello—se retorcía del dolor.
“¡Roxy!”
“¡Permite que esta llama ardiente queme junto a tu bendición, Lanzallamas!” Roxy, quien había alcanzado a Elinalise en algún momento, libero unas llamas abrasadoras. Si bien las escamas fueron capaces de absorber la fuerza de su hechizo hasta cierto grado, ella todavía logró quemar la carne, con humo saliendo de la herida.
“¡Lo hicimos!”
Paul continuó el ataque, pero la hidra no retrocedió. Esta levantó su enorme cuerpo, estirando sus cabezas—las tres restantes—casi hasta el techo, y miró fijamente hacia nosotros.
¿Acaso estaba asustada? No, no parecía ser eso. ¿Qué era esto? Se sentía familiar. Peligroso.
“¡Algo viene, tengan cuidado!” nos advirtió Paul.
“¡Sí!” Moví mi cuerpo por instinto—no, experiencia. Ya había visto a un dragón hacer algo así—ponerse de cuclillas, inhalando aire. “¡Va a lanzar un aliento! ¡Que todos vengan hacia mí!”
“¡Entendido!”
Paul retrocedió un paso, regresando donde estaba yo. Elinalise y Talhand se acercaron corriendo, casi tropezándose, hasta quedar detrás de mí. Roxy saltó hacia mí con sus brazos extendidos, como para agarrar algo.
Yo conjuré un muro de agua, tan grueso como pude.
Casi en ese mismo instante, la criatura exhaló. Gigantescas llamas salieron de las tres bocas de la hidra, cayendo en picada hacia nosotros, estrellándose contra mi barrera de agua. Enormes columnas de vapor se elevaron, calentando toda la habitación.
“¡Ah…!”
El aliento de dragón era conocido por su aterrador calor. Podía derretir el acero o evaporar un pequeño pantano en un instante. Y justo ahora, esas tres cabezas habían exhalado ese mismo aliento. Un mago ordinario por sí solo no habría podido defenderse de eso. Si cinco—no, diez de ellos se unían para levantar una barrera de agua, entonces… No, incluso eso podría no ser suficiente.
Afortunadamente, mi reserva de poder mágico no era ordinaria.
“¡Padre!”
“¡Sí!”
Después de que la criatura bajó sus cabezas, Paul arremetió hacia el frente.
El aliento de la hidra tenía usos limitados. Ya sea que lo estuviera creando a través de algún órgano en su cuerpo o si tenía que acumular poder mágico, no tenía idea. Solo sabía que no podía dispararlo en rápida sucesión.
Esta tenía que ser su carta del triunfo. Algo que podía liberar con sus tres cabezas al mismo tiempo, con un tiempo de preparación. Tal vez si solo una cabeza hubiese disparado, entonces las otras podrían haber usado la misma habilidad en sucesión. Pero no había hecho eso, muy probablemente para evitar que sus otras cabezas quedaran atrapadas en el ataque.
De cualquier forma, esta era nuestra oportunidad.
“¡Haaaah!” Paul cortó con su hoja, cercenando otro cuello.
Yo lo quemé inmediatamente.
Solo quedaban dos—un cuello grueso y otro más delgado. ¿Acaso la que tenía el cuello más grueso era la cabeza principal? De ser así, debíamos dejarla para el final.
“¡Padre, ataquemos el cuello más delgado primero!”
“¡Lo sé!” Paul corrió hacia el frente.
Elinalise y Talhand lidiarían con el más grueso. Ahora que solo quedaban dos cabezas, las cosas eran mucho más fáciles.
“¡Graaaah!”
Su espada danzó y la cabeza comenzó a caer. Mis llamas inmediatamente carbonizaron su carne expuesta.
Podemos hacerlo, me dije a mí mismo.
Solo quedaba una. Ya habíamos ganado. Después de llegar así de lejos, no le daríamos la oportunidad de recuperarse. Incluso si su cabeza final era inmortal, podíamos lidiar fácilmente con ella ahora que las otras cabezas ya no estaban.
Fue entonces, justo cuando estaba usando mi magia para cauterizar la penúltima herida de corte, que el cuerpo de la hidra tembló. No sabía lo que significaba ese movimiento. Podía verlo con mi Ojo de la Premonición, pero no lo entendía. La criatura era demasiado grande.
“¡Idiota!”
“¡Espera—!”
Antes de entender lo que estaba ocurriendo, Paul me sacó del camino. Algo enorme cayó pesadamente justo en frente de mis ojos.
Pero… ya no tenía cabeza, ¿cierto?
No—no había cabeza, pero aún tenía un cuello.
La hidra estaba agitando sus cuellos sin cabeza como un látigo con espinas—¡los ocho! Cada uno de ellos estaba cubierto de duras escamas que podían cortar la carne como un rallador de queso. Agitó esos ocho cuellos, todos a la vez, destrozando todo en sus cercanías.
“¡Ruuudyyyyy!” gritó Paul, estirando su pie hacia mí para apartarme del camino de una patada.
Casi simultáneamente, un sonido pesado resonó como si algo hubiese golpeado el suelo justo donde yo había estado hace un momento, en el alguna vez espacio vacío que había existido entre Paul y yo.
“¡Q-qué!”
Cuernos crecieron desde la frente de la criatura. Un ojo miró hacia mí—un ojo arrinconado y en pánico. Uno tratando de sobrevivir desesperadamente, aferrándose a la pequeña pizca de vida que le quedaba. El ojo de la hidra.
“¡Graaaah!”
Moviéndome por instinto, estiré mi mano izquierda directamente dentro de su ojo. Pude escuchar un sonido acuoso, como una uva reventándose, mientras el feroz calor consumía mi brazo.
La hidra parpadeó del dolor, con su pestaña cubierta de escamas bajando como una guillotina.
En el instante siguiente, disparé mi Cañón de Piedra. La parte superior de la cabeza de la hidra fue arrancada mientras su pestaña bajaba con fuerza. La fuerza de la colisión levantó mi brazo en el aire. Una rasgadura y después un crujido desagradable—dos sonidos que penetraron tan profundo en mis oídos que parecían abrirse paso desgarrando hacia mi cerebro.
“¡R-Roxyyyyy!” Aguanté el dolor mientras gritaba su nombre—el nombre de mi confiable maestra.
“¡Permite que esta llama ardiente queme junto a tu bendición, Lanzallamas!” Su voz, aunque baja, llegó a mí.
La cabeza final cayó, carbonizada debido a las llamas. Luego su enorme cuerpo lentamente comenzó a colapsar. Un estallido resonó a nuestro alrededor mientras se derrumbaba. Podía sentir que la vida se iba gradualmente de ella.
Ya no habría más regeneraciones. Su cabeza final no era inmortal.
“Haah… Haah…”
La vencimos. Realmente la vencimos. ¡Ganamos!
“Lo hicimos… ¡Urgh!” En el segundo que me di cuenta de que había terminado, un dolor intenso subió desde mi mano izquierda. Cuando miré hacia abajo, quedé perplejo. “Ahh…”
Mi mano izquierda había desaparecido.
Las escamas de la pestaña de la hidra habían cortado limpiamente mi piel y músculo, con sus músculos aterradoramente fuertes rompiendo mis huesos. Entonces, en el último momento, cuando esa cosa había levantado su cabeza, la arrancó por completo. La sangre estaba saliendo a chorros de mi arteria abierta.
“Mi mano… mi mano izquierda…”
En su ojo. Mi mano… mi mano estaba en el ojo del monstruo.
Miré hacia la cabeza. El poder de la magia de fuego de Roxy la había convertido en un pedazo de carbón. En el momento que vi eso, me di cuenta.
Mi mano izquierda nunca regresaría.
Podía buscarla, pero no la encontraría. Me desangraría si lo intentaba.
Mierda. Necesitaba sanación. Rápido.
“Ángel de los milagros, concede tu aliento sagrado al corazón pulsante frente a ti. Oh cielos bendecidos con la luz del sol, sirvientes que desprecian el carmesí, desciendan hacia el océano de luz, y extiendan sus alas de blanco puro. ¡Desaparezcan la sangre que ven ante ustedes! ¡Sanación Brillante!”
Recité un hechizo de nivel Avanzado. Este nivel no sería capaz de restaurar lo que se había perdido. Ya sabía eso. Pero lo usé de todas formas.
Carne rosa creció para cubrir el final del miembro apuntado, parando el flujo de sangre. Junto con eso desapareció el rasguño en mi rostro y el moretón en donde Paul me había pateado.
“Hah… Haah…”
Mi respiración era errática.
Tranquilízate, me dije a mí mismo, tranquilo.
Mi mano izquierda desapareció, pero la hidra había sido un enemigo increíblemente difícil. Había superado esta batalla con todo excepto mi mano izquierda. Poniéndolo de esa forma, tal vez fue un pequeño precio a pagar. Si Paul no hubiese logrado llegar para salvarme, había una gran probabilidad de que yo hubiera muerto.
“Realmente me salvaste ahí, Padre.” Miré por sobre mi hombro, buscándolo.
No hubo respuesta.
Todos estaban en silencio. Elinalise solo estaba ahí de pie. Talhand estaba en silencio. Roxy estaba mordiendo sus labios. Y detrás de ellos, Geese estaba tan pálido como un fantasma.
Paul no respondió.
“… ¿Padre?”
Todos estaban mirando hacia algo, así que seguí su mirada hacia donde estaba Paul, tendido en el suelo. Sí, tendido. Ahí, de espaldas.
Pero… él no solo estaba tendido. Paul estaba inconsciente. Sus ojos estaban vacíos.
Y… no tenía parte inferior.
“… ¿Eh?” Mi cerebro no podía procesarlo. “¿Qué?”
Oh, no. Sabía lo que había pasado.
Así es. Lo había visto. Paul me había pateado fuera del camino debido a que el lugar en el que yo había estado de pie era exactamente donde la última cabeza había caído. Él había tenido que patearme tan fuerte como pudo para ser capaz de moverme. Yo ya no era un niño, así que él tuvo que, ya saben, empujar la parte inferior de su cuerpo hacia el frente para que la patada tuviera la suficiente fuerza. Normalmente, esa clase de patada enviaría a una persona tambaleándose hacia atrás debido al retroceso, pero Paul era un espadachín. Uno hábil, uno que podía envolverse en aura de batalla, uno con una gran fuerza física. Así que, cuando me pateó, su cuerpo no se movió.
Eso quería decir… Eso quería decir que el lugar en donde yo estaba… ese lugar…
No… no quería entenderlo.
Yo solo…
“Pero… ¿por qué?”
En el momento que solté esas palabras, los ojos de Paul se movieron, enfocándose en mí. Devolví su mirada.
“…”
Paul no dijo nada. Su boca solo se ablandó—como si estuviera relajado, como dejando salir un suspiro de alivio—y sangre salió de sus labios.
Entonces la luz en sus ojos se apagó.
Paul estaba muerto.

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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