Padres
Capítulo 10: Padres
En el momento exacto que la hidra dejó salir su último aliento, el cristal mágico que había estado protegiendo se volvió líquido, y Zenith cayó hacia el suelo. Ella estaba viva. Aunque todavía inconsciente, no había dudas de que estaba respirando.
Había docenas de cristales mágicos en el área, y el suelo estaba plagado de las piedras mágicas que habían formado las escamas de la criatura. Más adentro también había una gran cantidad de objetos mágicos caídos. Se venderían por una gran suma. Pero ninguno de nosotros estaba de humor para comenzar a recolectarlos.
Yo me sentía ligero, mareado, como si estuviera en un sueño. Si alguien me hablaba, yo respondería, pero mi mente estaba completamente vacía. Era casi como si alguien más estuviera respondiendo por mí, usando mi boca. Aun así, para mi propia sorpresa, fui capaz de hacerme cargo fácilmente de las tareas sin terminar que quedaban por hacer después de eso.
Cremamos el cuerpo de Paul en esa habitación.
Mis sentimientos al respecto eran complicados. Parte de mí quería llevarlo a casa, para que al menos Zenith pudiera ver su rostro incluso aunque él había fallecido, pero, al final, seguí la recomendación de todos para su funeral.
Mi magia de fuego fue suficiente para reducirlo a huesos en cuestión de minutos. Cuando Elinalise me advirtió que enterrarlo así podría resultar en que él volviera a reanimarse como un esqueleto, hice lo que ella propuso. Aplasté los huesos, conjuré una jarra con mi magia de tierra, y puse sus restos en su interior.
Él solo había dejado tres pertenencias personales: la coraza que había protegido su torso, la espada mágica que podía hacer gran daño a los oponentes duros, y finalmente, su arma favorita que él había mantenido a su lado desde incluso antes de mi nacimiento.
“…”
Me sentía extraño. No podía decir con certeza cuál era esta emoción, pero se sentía como algo pesado aplastando mi pecho.
“Vamos a casa.”
No fui de mucha utilidad en nuestro camino de regreso. Derrotamos a nuestros enemigos y yo fui capaz de usar mi magia, pero mi caminar era errático. Era como si estuviera flotando en vez de caminar. Si no hubiera sido por Roxy, quien estaba justo a mi lado, yo podría haber pisado una trampa de teletransportación.
Sin importar cuántos errores cometiera, nadie me regañó por ello. Ni Elinalise, ni Roxy, ni Talhand, ni tampoco Geese. Nada de quejas, ni palabras de consuelo. Todos estaban sin palabras.
Zenith todo el tiempo fue cargada en la espalda de alguien. Hubo algunas batallas intensas mientras regresábamos a la superficie, pero ella nunca despertó. Eso me puso ansioso, pero el hecho de que todavía estuviera respirando significaba que ella estaba con vida. Al menos, eso fue lo que traté de decirme a mí mismo.
Nos tomó tres días salir del laberinto.
No podía recordar bien qué dijeron las tres que nos dieron la bienvenida a la ciudad cuando llegamos, pero Elinalise y Geese les explicaron los detalles. Shierra se desplomó, llorando, y Vierra cayó de rodillas con una mirada de desconcierto en su rostro. Incluso mientras veía eso, no pude decir nada.
Ni una sola palabra.
La reacción de Lilia fue diferente. Su rostro estaba inmutable, sin revelar nada mientras ella miraba hacia mí y me daba un gran abrazo. Después dijo, “Debe haber sido difícil para usted. Lo hizo bien. Trate de descansar y deje todo lo demás en mis manos.”
Sintiéndome completamente vacío, yo solo asentí.
Me saqué mi túnica una vez que regresamos a la posada. Había un agujero en el hombro, uno que sabía necesitaba remendar. Pero por ahora, solo la arrojé a una esquina de la habitación, junto con mi vara y mi mochila de viaje. Las arrojé todas al mismo lugar. Después me desplomé sobre mi cama.
Esa noche, tuve un sueño. En él, yo estaba de regreso en mi antiguo cuerpo, de regreso siendo el aislado torpe y deprimido. Pero esta vez, el Dios Humano no estaba por ningún lado. Ni tampoco la habitación blanca en la que él siempre estaba.
Este era un recuerdo de mi vida anterior. Sí, un sueño de lo que una vez había sido. No estaba muy seguro de cuándo había tomado lugar, pero el escenario se veía familiar. Era la sala de estar de la casa de mis padres. Ellos dos estaban ahí, hablándome. No podía escuchar sus voces, tal vez porque solo era un sueño. Aun así, extrañamente, sabía de qué me estaban hablando. ¿Acaso en ese entonces solo habían estado preocupados por mí?
Dejé ese mundo sin haber descubierto la razón de sus muertes. Considerando que ambos habían muerto al mismo tiempo, asumí que era una enfermedad. Tal vez un accidente, o tal vez suicidio.
Me pregunto qué habían pensado de mí justo antes de morir. ¿Acaso me consideraban nada más que un aislado lamentable? ¿Estaban enojados por cómo había terminado? ¿Avergonzados? No tenía idea de cómo se habían sentido en realidad. Mi madre todavía me visitaba ocasionalmente, pero en algún punto, mi padre había dejado de hablarme.
Me pregunto, ¿acaso aparecí en sus mentes cuando murieron?
¿Qué hay de mí? Cuando ellos murieron, yo ni siquiera fui a su funeral. ¿Qué estaba haciendo? No tomé sus huesos desde las cenizas después de la cremación, como un hijo debió haber hecho. ¿Qué mierda estaba haciendo? ¿Por qué ni siquiera fui a su funeral?
Había estado asustado de la forma en que la gente me miraría cuando vieran que yo ni siquiera estaba triste. O la forma en que mirarían a un pedazo de mierda como yo, un aislado. Su hostilidad. Su desprecio. Pero, por supuesto, esa no era la historia completa. Yo no era un buen ser humano. En ese entonces, yo ni siquiera sentí una pizca de tristeza por la muerte de mis padres. No los amaba lo suficiente como para lamentar su ausencia. Estaba más preocupado de cosas como Mierda, ¿qué voy a hacer ahora? Ni siquiera podía mirar directamente hacia mi propio futuro.
Por supuesto, no tengo la intención de justificar mi comportamiento. Pero al mismo tiempo no podía evitarlo. Imaginen estar arrinconado, perdiendo la última fuente de salvación que tienen. Ser repentinamente arrojado al océano antes de siquiera tener la oportunidad de llenar tus pulmones de aire. Cualquiera en esa situación apartaría la mirada para escapar de la realidad. Claro, yo lamentaba no haber hecho más, pero solo podía culparme a mí mismo por eso.
Aun así, ¿al menos no debí haber ido a su funeral? No tenía idea lo que estaba pensando en ese entonces, pero ¿no debía al menos haber mirado sus rostros después de que murieron? ¿No debí al menos haber recogido sus huesos?
¿Cómo se había visto Paul después de morir? La satisfacción no había estado escrita en su rostro, pero sí vi los bordes de sus labios curvarse para formar una sonrisa de alivio. ¿Qué fue lo que había tratado de decir al final?
¿Qué expresión tuvieron mis padres de mi vida anterior en sus rostros cuando murieron?
¿Por qué no la vi en ese entonces?
Desearía poder regresar y verla.
Me sentía horrible cuando desperté a la mañana siguiente. Un intenso deseo de hacer absolutamente nada abrumó todo mi cuerpo. Para escapar de la sensación, me forcé a salir de la cama y fui hacia la habitación contigua donde estaban Lilia y Zenith.
Cuando ella me vio, Lilia me miró con sorpresa. “Rudeus-sama, ¿ya se recuperó?”
“… Sí, por el momento. No puedo ser el único que no haga nada, ¿cierto?”
“Estoy segura de que nadie se quejaría si usted fuera a descansar un poco más.”
Para ser honesto, yo sí quería regresar a la cama como ella sugería, pero la sensación de que debía hacer algo—debía moverme—era incluso más fuerte.
“Por favor, permíteme permanecer aquí.”
“Muy bien,” dijo ella, “lo entiendo. Siéntase libre de tomar asiento.”
Al final, me quedé ahí y ambos miramos juntos hacia Zenith. Ella ya había estado durmiendo por días. Nos había tomado tres días salir del laberinto, un día regresar a la ciudad, e incluso ahora, ella no despertaba. Su apariencia exterior sugería que no había nada inusual. Ella simplemente se veía como si estuviera durmiendo. Y aunque había estado inmóvil y sin comer por días, no había señales de que estuviera perdiendo peso. Ella se veía completamente sana.
Había creído que ella se veía un poco más vieja, pero ese no era el caso. Sus mejillas y manos eran cálidas, y si acercabas tu oreja a sus labios, podrías escuchar su respiración. Era solo que sus ojos no se abrían.
Tal vez ella se quedaría así por siempre. Tal vez su cuerpo se deterioraría y ella moriría. Ese breve pensamiento atravesó mi mente. Pero no lo dije. Era mejor no decir cosas innecesarias.
Lilia y yo la observamos en silencio. Ocasionalmente, Vierra y Shierra aparecerían, charlando acerca de esto o aquello. Fuera cual fuera la conversación, no se había quedado en mi cabeza.
Ambos compartíamos comidas juntos, aunque ni siquiera me sentía hambriento. Yo apenas comía. Traté de bajar lo que pude con agua, pero la comida se quedaba en mi garganta y me hizo tener arcadas.
No fue hasta terminando la tarde que Zenith mostró señales de cambio.
En ese momento, justo en frente de nosotros, ella dejó salir un pequeño gruñido y lentamente abrió sus ojos.
“Mm…”
Los presentes eran Lilia, Vierra, y yo. Vierra inmediatamente salió corriendo para informar a los demás. Lilia y yo nos quedamos, observando mientras Zenith trataba de sentarse. Debería haber sido difícil después de estar inmóvil por días, pero con un poco de ayuda de Lilia, Zenith fue capaz de levantar la parte superior de su cuerpo casi completamente por su cuenta.
“Buenos días, Señora.” Lilia sonrió mientras saludaba a mi madre.
Zenith la miró con el rostro de alguien que todavía no estaba completamente despierto. “Mm…”
Su voz—era una voz que reconocía. Pensándolo bien, era la misma que había escuchado justo después de nacer en este mundo. Una tranquilizadora.
El alivio me inundó. Paul había muerto, pero al menos la persona que él había tratado de rescatar ahora estaba a salvo. A salvo, y con vida. Sus deseos habían sido cumplidos.
Estaba seguro de que ella estaría triste cuando supiera de su muerte. Incluso podría llorar. Aun así, al menos nosotros tres, con Lilia incluida, podríamos compartir esa pérdida.
“Madre…”
No tenía que decírselo ahora mismo. Podía hacerlo cuando las cosas se calmen un poco más y ella entienda lo que estaba pasando. Podíamos hacerlo lentamente, un paso a la vez. No sería sabio forzar la dura realidad sobre ella toda al mismo tiempo. Primero, necesitábamos regocijarnos de que ella estaba con vida y que finalmente estábamos reunidos. Más adelante podíamos estar tristes.
“¿Mm…?” Zenith ladeó ligeramente su cabeza.
Yo endurecí mi corazón.
Ella me había olvidado.
No podía culparla. Lo mismo había sucedido con Roxy. Mientras los días y meses se convertían en años, mi rostro había cambiado. Puede ser una gran sorpresa para ella ahora, pero estaba seguro de que ambos nos reiríamos al respecto en el futuro.
“Señora,” dijo Lilia, “es Rudeus-sama. Han pasado diez años desde la última vez que lo vio.”
“…”
Zenith miró hacia mí con una expresión vacía. Después ella miró hacia Lilia, con sus ojos como un espejo—vacíos, solo reflejando lo que veían ante ellos.
“¿Mm…?”
Ella ladeó su cabeza una vez más, y los ojos de Lilia se abrieron completamente.
Algo estaba mal. Era extraño. Ella no estaba hablando. Todo lo que hacía era gemir. Además, la forma en que se movía—era como si también hubiese olvidado a Lilia. Una cosa era olvidarme a mí, pero ¿de verdad no reconocía a Lilia? La sirvienta había envejecido, claro, pero ella no había cambiado mucho. Su cabello, e incluso su ropa era la misma que antes.
“Ohhh… Aah…”
Su voz era torpe, sus ojos estaban vacíos, y no podía formar palabras. Todo lo que hacía era mirar hacia nosotros.
“Señora… ¿podría ser…?” Lilia también parecía haberse dado cuenta.
Conocía las palabras que no habían sido dichas, las que iban al final de su oración sin terminar, pero mi corazón rápidamente las desechó.
Ambos intentamos hablarle numerosas veces.
“…”
La conclusión pronto llegó. Zenith reaccionaba a nuestras voces, pero no podía producir palabras. Ni tampoco mostraba señales de comprender lo que decíamos.
“Rudeus-sama… me temo que ella se ha ido.”
En efecto, Zenith lo había perdido todo. Su memoria, su conocimiento, su inteligencia—todos los componentes necesarios que formaban a una persona.
Ella era un cascarón vacío.
No había forma de que Zenith recordara a Paul. Ella ni siquiera nos recordaba a nosotros. Quién, qué, cuándo, cómo—ella no recordaba nada de ello. Eso quería decir que ni siquiera estaría triste de que él hubiera muerto. No podríamos compartir esa pérdida.
La realidad de eso me apuñaló como un cuchillo.
“Aah…” Un jadeo se escapó de mi garganta.
Y mi corazón se rompió en pedazos.
¿Cuántos días pasaron después de eso? Solo tenía un vago sentido del tiempo. Despertaba, dormía. Despertaba, dormía. Repetí el proceso innumerables veces.
Cuando dormía, mis sueños reproducían el momento de la muerte de Paul. Lo veía cortar hacia la hidra, lo veía cortar su cuello. Lo sentía apartarme del camino. Después lo veía moverse de nuevo, observaba una vez más los movimientos de la hidra, pero yo no podía moverme. Paul me pateaba fuera del camino, y yo veía la cabeza de la hidra bajar con fuerza justo frente a mí.
Entonces despertaba de un salto, comprobaba que hubiera sido solo un sueño, y me volvía a acostar. No tenía la fuerza de voluntad para levantarme. Todo lo que podía hacer era pensar en Paul.
Paul estaba… Él…
Bien, seguro, él no fue el mejor ser humano. Él fue terrible con las mujeres y un completo mujeriego. Era débil en frente de la adversidad y usaba el alcohol como una vía de escape. Él ni siquiera se había molestado en decir algo digno de un buen padre antes de ir hacia la batalla. Para la mayoría de las personas, Paul era un completo fracaso como padre.
Pero, aun así, yo lo amaba.
No era exactamente igual que el amor de padre e hijo que Paul sentía por mí. Para mí, Paul era más como un compañero en el crimen. Estrictamente hablando, yo era mentalmente mayor, pero él tenía más edad física que yo. Incluso cuando se trataba de experiencia de vida, él probablemente me sacaba mucha ventaja cuando considerabas las décadas que yo había pasado como un aislado.
Nada de eso importaba mucho. La edad no tenía sentido. Cuando hablaba con Paul, sentía que ambos estábamos en la misma página. No podía verlo como un padre y probablemente yo nunca pensé en mí mismo como su hijo.
Pero Paul era diferente. Él me había visto como su hijo desde el comienzo. A mí, quien había sido un pedazo de mierda de treinta y tantos completamente retraído. A mí, cuyas acciones hasta entonces tenían que haber sido extrañas desde una perspectiva exterior. Aun así, él me trató como familia, nunca dándome la espalda. Hubo áreas donde él falló como padre, pero nunca a la hora de considerarme familia. Nunca me trató como un extraño. Yo siempre, siempre fui su hijo. A pesar de mis habilidades anormales, él todavía me veía como su hijo. Paul siempre me miró a los ojos.
Él era un padre. Siempre lo había sido. Incluso mientras cargaba problemas demasiado pesados para él, Paul actuó como un padre y siguió haciendo cosas por el bien de nuestra familia. Al final, incluso me había protegido—usado su cuerpo, como un padre, para protegerme. A su hijo.
Él valientemente había puesto su vida en peligro, como si fuera lo más natural del mundo. Y murió.
Era extraño.
Yo ni siquiera era su hijo, pero Paul todavía era mi padre.
Paul tenía dos hijas de verdad. No unas falsas como yo—unas hijas reales y honestas. Dos hijas genuinas y dulces. Norn y Aisha. Si él tenía que proteger a alguien, debería haber sido a ellas.
Además, él tenía dos esposas, ¿cierto? Paul había pasado años buscando desesperadamente a una de ellas—Zenith. La otra, Lilia, había estado ahí para apoyarlo hasta el final. Dos esposas y dos hijas. Cuatro personas en total.
¿Por qué demonios las dejaste atrás, eh, Paul? pensé, enojado. ¿No eran importantes para ti?
Pero tal vez yo era igual de importante para él. Dos esposas, dos hijas y un hijo. Tal vez todos eran igual de importantes para él.
Yo nunca lo había visto como un padre, pero él había pensado en mí como una de las personas más importante en su vida.
Ah, mierda. ¿Por qué, Paul? Lo dijiste tantas veces: “Rudy, ahora te veo como un adulto. Te veo como un hombre.”
Me casé, compré una casa, me hice cargo de mis hermanas—por supuesto que me sentía como un adulto. Vine en tu ayuda, me esforcé en ese laberinto. Me vi a mí mismo como un adulto. Tú también lo hiciste, ¿no? Fue por eso que dijiste aquello al final, ¿cierto? “Sálvala, incluso si te cuesta la vida.”
Entonces, explícame: ¿Por qué? ¿Por qué…? ¿Por qué me protegiste, si soy un adulto?
¿Qué se supone que les diga a Norn y Aisha cuando regrese a casa? ¿Cómo se supone que explique lo que ocurrió? ¿Qué se supone que haga con Zenith, ahora en este estado? ¿Qué se supone que haga de ahora en adelante?
Dime, Paul. Supuestamente tú decidirías esto, ¿no?
Maldita sea. ¿Por qué tuviste que morir? Ah, mierda.
Al menos si yo hubiera muerto, él estaría aquí angustiado en mi lugar. O mejor aún, si ninguno de nosotros hubiera muerto, nadie habría tenido que sufrir.
Ah, no puedo hacerlo.
La tristeza crecía en mi interior. No podía detener las lágrimas que amenazaban con desbordarse.
En mi vida—me refiero a mi anterior vida—ni siquiera lloré cuando mis padres habían muerto. Ni siquiera me había sentido triste. Ahora que Paul estaba muerto, las lágrimas salían naturalmente. Estaba triste. No podía creerlo. La única persona que tenía que estar aquí—que supuestamente debía estar aquí—estaba muerta.
Paul era un padre. Paul era mi padre. Yo nunca pensé en él como uno, pero, aun así, Paul eran tan padre para mí como aquellos de mi vida anterior.
Pensaba y pensaba, lloraba y lloraba, hasta que estaba exhausto.
No quiero hacer nada.
Terminé holgazaneando dentro de mi habitación. Había cosas que necesitaba hacer, lo sabía, pero no podía encontrar la fuerza de voluntad para hacerlas. Ni siquiera tenía la fuerza para salir de esta habitación. Dormía, despertaba, me sentaba, ajustaba mi postura, y solo dejaba transcurrir el tiempo.
Elinalise y Lilia vinieron a visitarme en medio de esto. Ellas me dijeron algo, pero no estaba seguro de qué. Fue casi como si me estuvieran hablando en un lenguaje desconocido y mi cerebro no pudiera comprender las palabras. No es como si importara. No sería capaz de responder incluso si lo intentaba.
No tenía nada que decir, ninguna palabra que quisiera expresar.
Si, solo si, yo hubiera sido capaz de empuñar mejor una espada, entonces pude haber cortado la cabeza de la hidra. Tal vez entonces, Paul no habría muerto. Ambos podríamos haber trabajado cortando sus cabezas mientras Roxy cauterizaba las heridas abiertas. Pudimos haberla derrotado fácilmente de haber hecho eso, ¿no?
Si solo pudiera envolverme en un aura de batalla. Si solo pudiera moverme un poco más rápido. Entonces Paul no habría tenido que protegerme. Podría haber esquivado el ataque por mi cuenta.
Pero no podía, y es por eso que las cosas habían terminado así.
No era como si no lo hubiese intentado.
Tal vez debimos haber regresado a la ciudad, incluso si eso significaba golpearlo en el rostro y arrastrarlo de regreso. Pudimos haber regresado, tener una tranquila reunión estratégica, y entonces tal vez haber salido con un plan sólido. Uno más inteligente—no el plan por instinto que usamos. Si hubiéramos hecho las cosas un poco diferentes, el resultado podría haber cambiado.
Pero ya era demasiado tarde. Paul estaba muerto. Nunca lo volvería a ver—tal como en el caso de mis padres de mi antigua vida. Sin importar lo que dijera ahora, ya era demasiado tarde.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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