Los Guerreros del Desierto
Capítulo 14: Los Guerreros del Desierto
Y así, partimos hacia Rapan como integrantes de la caravana de Galban.
El líder de su grupo de guardias era el guerrero Balibadom, también conocido como Ojo de Halcón. Sus compañeros eran Carmelita la Rompe Huesos y Tont la Gran Espada. Agregándonos a Elinalise y a mí, teníamos a cinco luchadores y un comerciante en nuestro grupo.
Además, había seis camellos, si es que los contabas. También consideré inventar nombres para ellos, pero decidí no hacerlo después de saber que podríamos tener que comérnoslos si nos quedábamos sin comida en el desierto. No quería que mi primer bocado de carne de camello estuviera sazonado con culpa.
Antes de salir, habíamos efectuado una reunión para trabajar en nuestra formación básica de batalla. Como una regla general, mantendríamos a Galban en medio. Balibadom estaba en el frente, acompañado por Carmelita a la izquierda y Tont a la derecha. Elinalise y yo nos posicionaríamos en la retaguardia.
Nosotros cinco formaríamos un círculo protector alrededor de nuestro empleador y sus camellos. Sin importar de qué dirección fuéramos atacados, uno de nosotros debería ser capaz de interceptar la amenaza antes de que pudiera lastimar a nuestro cliente. Básicamente era la clásica formación de Cruz Imperial.
Sentía que Carmelita o Tont serían opciones más seguras para la retaguardia, pero ellos querían dejarme a mí en la retaguardia ya que yo era un mago—y tenía sentido mantener a Elinalise cerca de mí, ya que nosotros estábamos acostumbrados a trabajar juntos.
“Muy bien. En marcha.”
Comenzamos viajando hacia el este desde Bazaar hasta que llegamos a un importante camino regional. Los nombres de los lugares no significaban nada para mí, pero esta sonaba como la ruta que era frecuentada por bandidos. Solo para estar seguro, le hice saber a Balibadom lo que yo había escuchado.
“No conocemos una ruta más segura a través del desierto,” dijo él. “Si los bandidos atacan, es para eso que estamos aquí. En ocasiones ellos solo demandan un peaje y nos dejan seguir nuestro camino.”
Un peaje, ¿eh? No había escuchado de esto, pero si podíamos comprar un viaje sin problemas en vez de luchar, mucho mejor. Los bandidos solo estaban tratando de ganarse la vida. Siempre y cuando les entregáramos lo que querían, ellos no deberían pedir más.
Para ser honesto, la idea de entregar dinero a un montón de personas que estaban amenazando a los viajeros en vez de trabajar honestamente no me parecía muy atractiva. Pero yo no era el que tendría que pagar en este caso, así que podía vivir con eso.
Aun así, había una probabilidad de que nos encontráramos con bandidos más codiciosos con un interés en más que dinero y bienes. Por ejemplo, podrían demandar que entreguemos a Elinalise, dado lo atractiva que era. Eso podría ser problemático. No es como si nosotros dos fuéramos viejos amigos de Galban y compañía. Habíamos salvado sus vidas, pero eso no quería decir que arriesgaríamos nuestros pellejos si las cosas llegaban a eso. Siempre había una probabilidad de que nos traicionaran en el momento.
“Te ves nervioso, Rudeus, pero no te preocupes tanto,” dijo tranquilamente Elinalise. “Con un mago de tus habilidades de nuestro lado, un par de bandidos no deberían ser un problema.”
“¿Tú crees?”
“Sí. Y si ocurre lo peor, usaré mi encanto en ellos.”
“Eh, ¿qué? Quieres ser llevada a su base, encadenada, y brutalmente—”
“Santo cielo, qué extremo. Siempre y cuando vayas por voluntad propia, incluso los bandidos serán gentiles contigo.”
“¿Hablas por experiencia?”
“Todos cometemos errores en nuestra juventud.”
Elinalise no se veía muy preocupada al respecto. Aun así, esos días ya estaban en el pasado, y ella probablemente estaría menos ilusionada de hacer algo como eso ahora que tenía a Cliff en su vida.
Bueno, como sea. Probablemente podíamos defendernos de un ataque sin problemas, siempre y cuando no fuéramos abrumados terriblemente en cuanto a números.
Nuestro grupo avanzó a través de los campos áridos por un tiempo, en dirección al este.
Tuvimos que luchar con muchos monstruos en el camino. Hubo Búfalos Begaritt, los cuales arremetían hacia ti en grupos, y Tarántulas Gigantes, enormes arañas que salían de la tierra furtivamente. También nos encontramos con Águilas Maestras, monstruos voladores que recitarían hechizos de viento desde los cielos. Algunos de nuestros amigos del desierto también hicieron su aparición: en su mayoría Treant Cactus y esos lagartos asesinos, los cuales aparentemente se llamaban Gyroraptores. También hubo muchos otros.
Sin embargo, Balibadom probó ser capaz de detectar a nuestros enemigos con mucho tiempo de anticipación, así que nunca nos vimos forzados a enfrentar un combate en serio. Resultó que él tenía su propio ojo demoniaco, el cual era la razón de que se hubiera ganado el apodo Ojo del Halcón.
El hombre era musculoso y alto, y probablemente a mitad de sus cuarentas, a juzgar por las arrugas en las esquinas de sus ojos. Podías notar de un vistazo que él era del tipo sobreviviente astuto. Su cabello estaba casi rapado a los lados y la parte de atrás; me recordaba un poco al capitán de ese viejo anime de baloncesto. Yo seguía esperando que él gritara, “¡Haz un rebote!” o algo así.
Su ojo demoniaco era del mismo tipo que el de Ghislaine—le permitía ver el flujo de poder mágico en el mundo a su alrededor. Esto era de mucha utilidad a la hora de detectar enemigos.
“Hay monstruos delante de nosotros. Que todos se preparen para el combate.”
Hasta ahora, él había predicho perfectamente cada aproximación de monstruos y cambio en el clima. Era casi como viajar con Ruijerd. Él no era tan preciso en los detalles, pero veía a los enemigos muy rápido. Sus muchos años de experiencia probablemente eran un factor.
“Esto me trae recuerdos,” dijo con una sonrisa Elinalise. “Ghislaine solía detectar a los monstruos así, usando su ojo y su nariz.”
Cuando tenías a alguien en tu grupo que podía detectar enemigos de antemano, el combate tendía a ser mucho menos riesgoso. Para el momento en que los monstruos estuvieron al alcance, yo estaba listo para dispararles un hechizo. Había comenzado usando un Cañón de Piedra, pero apuntarlo con precisión comenzó a volverse tedioso, así que actualmente los estaba mandando a volar a través del aire con magia de viento y después estrellándolos contra el suelo. Eso era un poco más fácil.
“Estás usando esos hechizos de forma horriblemente despreocupada, chico. ¿No te vas a quedar sin poder mágico?”
Me había estado volviendo tan perezoso en ello que Balibadom eventualmente vino a hablar conmigo, viéndose un poco preocupado.
“Debería estar bien. Creo que puedo seguir así todo el día.”
“Ya veo. ¿Entonces eres un Gran Hechicero?”
“¿Qué significa eso exactamente?”
“Es un título dado a los magos que dominan su profesión.”
“Bueno, eh, yo no diría que soy un maestro de nada todavía.”
“En cualquier caso, es raro encontrar a un mago dispuesto a usar su poder tan despreocupadamente.”
Muchos magos se aseguraban de no gastar más de la mitad de su reserva de poder mágico cada día. Eso también era lo común en los Territorios del Norte. Ya que la mayoría de los magos no eran físicamente fuertes, su reserva de poder mágico era todo lo que tenían para defenderse a sí mismos. Pero por lo que sabía, yo nunca había vaciado siquiera la mitad de mi tanque.
Guardar algo de poder mágico para emergencias era básicamente sentido común. Pero para los guerreros del desierto que no sabían mucho acerca de la magia, probablemente parecía que la mayoría de los magos simplemente eran perezosos. Balibadom parecía tener la suficiente experiencia de combate en un grupo como para entender la razón real por la que los magos se contenían. Aun así, él no parecía tener un muy buen conocimiento de la magia en general, dado que no mencionó mi conjuración silenciosa.
“Estoy feliz de tener tu poder de fuego de nuestro lado,” dijo él, “pero trata de guardar algo de poder mágico para situaciones inesperadas. Hay cinco personas en nuestro grupo, ¿sabes? Evita los ataques de larga distancia hasta que yo los necesite.”
“Entendido.”
No estaba exactamente tratando de esconder el hecho de que mi reserva de poder mágico era enorme, pero tampoco veía una razón para decírselo. Además, no estaba muy seguro de dónde estaban mis límites en realidad. No quería volverme muy arrogante y terminar causando un desastre.
De noche, los cinco tomamos turnos para hacer guardia mientras Galban descansaba solo dentro de su tienda. Se esperaba que todos durmiéramos afuera. No es como si hubiera estado esperando un trato igualitario ni nada parecido.
Fabriqué un refugió y alenté a todos a dormir adentro, pero Balibadom y los demás rechazaron mi oferta, diciendo que tendrían problemas para notar a cualquier monstruo aproximándose. De hecho, esa parecía una razón legítima para dormir afuera.
Me hizo sentir un poco incómodo usar el refugio, pero Elinalise intervino. “No hay necesidad de que te sientas mal, Rudeus. Nosotros tenemos nuestra propia forma de hacer las cosas, y seremos más útiles si estamos bien descansados mañana.”
Eso tenía sentido para mí, así que terminamos durmiendo dentro de nuestro pequeño refugio. Definitivamente era más cómodo que la alternativa.
Dos de nosotros estaríamos haciendo guardia al mismo tiempo a través de la noche. Yo había asumido que uno sería suficiente, pero aparentemente era más seguro de esta forma cuando tenías a un grupo de este tamaño. Estaríamos cambiando los turnos cada noche.
En nuestra primera noche, yo estuve junto a Carmelita.
“Hola. Supongo que esta noche trabajaremos juntos, ¿eh?”
“Si. No te quedes dormido.”
“Bueno, no estaba planeando hacerlo.”
Si bien nosotros técnicamente teníamos un trabajo que hacer aquí afuera, mirar en silencio hacia nada en particular podía volverse muy aburrido. Ambos eventualmente comenzamos a tener pequeñas conversaciones.
“Gracias por la ayuda. El otro día.”
“Ah, de nada. No fue gran cosa.”
“Eres fuerte. También la otra. La mujer.”
Carmelita la Rompe Huesos era una guerrera de profesión y este año cumpliría veinte años. Su arma preferida era una espada con una hoja gruesa y amplia de más de un metro de longitud, la cual balanceaba ferozmente en combate.
Parecía que muchos guerreros en esta región preferían las armas enormes de ese tipo. Balibadom también usaba una espada enorme. Parecía haber muchos monstruos grandes con gruesas y duras corazas por aquí; tenía sentido usar armas que no se romperían fácilmente. Sin importar lo hábil que fueras como espadachín, no querías tratar de hacer un agujero a través de una coraza de hierro con un estoque delgado.
A partir de lo que había visto, su estilo de combate también parecía ser bastante único.
“Pero la espada de tu mujer es demasiado delgada. No puedes matar nada con eso.”
“De hecho, podrías sorprenderte. Es un objeto mágico, y ella sabe cómo usarlo. La he visto cortar Grifos. Ah, y solo para dejarlo claro, ella no es mi mujer. Solo somos amigos que vamos juntos hacia Rapan.”
“Pero tienes sexo con ella, ¿cierto? ¿Cuándo ataca una Súcubo?”
“Eh, no. Yo sé magia de desintoxicación, así que solo la uso…”
“Cuando aparece una Súcubo, los hombres se excitan. La mujer tiene sexo con ellos. En el desierto, esa es la forma de hacer las cosas.”
“¿Oh?”
Carmelita continuó explicando la conexión entre las Súcubo y la forma en que funcionaban los grupos de guerreros en el desierto, sonando bastante orgullosa de sí misma.
En la actualidad, las Súcubo podían ser encontradas a través de todo este continente. La especie era originalmente nativa de la región suroeste, y sus números eran relativamente bajos, pero en la guerra de hace cuatrocientos años, Laplace las había instado a reproducirse deliberadamente. Había sido parte de su plan destruir la testaruda resistencia de los guerreros de Begaritt.
Las Súcubo eran letales contra los hombres. Sus feromonas podían incapacitar incluso a los luchadores veteranos con una gran fuerza de voluntad. Yo había experimentado esa parte en carne propia. Si dos de ellas venían hacia mí al mismo tiempo, o si una aparecía justo en frente de mí, no estaba muy confiado de poder sobrevivir.
Una vez que eran afectados por las feromonas de las Súcubo, los hombres eran reducidos a nada más que esclavos sin mente. Pero una sola Súcubo solo podía llevar un par de víctimas de vuelta a su guarida. Ellas tendían a elegir a los más fuertes, dejando a los otros atrás. Los hombres dejados atrás en estas situaciones después luchaban los unos con los otros hasta la muerte. Una vez que tu mente era envenenada por sus feromonas, cada otro hombre que veías automáticamente se convertía en tu enemigo. Para ser honesto, se parecía mucho al estado alterado Encanto.
Para curar a alguien de esta condición, tenías que ya sea disiparla con un hechizo de desintoxicación de nivel Intermedio o dejarlos tener sexo con una mujer. Y hace cuatrocientos años, básicamente nadie en este continente podía usar magia de desintoxicación.
Como resultado, muchos hombres jóvenes que eran vírgenes terminaron perdiendo sus vidas. No había mucho más que hacer—ellos no tenían a nadie con quien dormir. Probablemente murieron deseando haber tenido sexo con alguien, incluso con la Súcubo que los había condenado. Podía empatizar con ellos…
Para avanzar un poco en la historia… Con el tiempo, los guerreros del Continente Begaritt se habían adaptado a sus circunstancias. Cada grupo comenzaba a viajar con un cierto número de mujeres. Al principio, estas habían sido esclavas o prisioneras demonio, pero los guerreros rápidamente se dieron cuenta de que las no combatientes los estaban retrasando. Las mujeres tenían poca resistencia y constantemente necesitaban ser protegidas en batalla.
Los guerreros reflexionaron al respecto. Ellos estrujaron sus cerebros por años y finalmente encontraron una solución: ellos también podían entrenar a las mujeres para ser luchadoras. Exactamente la clase de solución que esperarías de un montón de clones de Conan el Bárbaro.
Y así fue como las mujeres guerreras del Continente Begaritt nacieron.
En la actualidad, cada grupo de luchadores o guardias en este continente contenía al menos un par de mujeres. Cuando el grupo se encontraba con una Súcubo, ellas eran responsables de matarla y después tener sexo con los hombres para romper el hechizo. Algunos grupos incluso tenían más mujeres que hombres, ya que enfrentar a una Súcubo era más seguro de esa forma. En general, las mujeres en este continente hacían más que solo luchar.
Carmelita no tenía problemas con desempeñar su papel. Cada vez que su grupo se encontraba con una Súcubo, ella la mataba y tenía sexo con los hombres para romper su hechizo. Por supuesto, esto en ocasiones terminaba en embarazos, pero las mujeres guerreras aceptaban esto y regresaban a casa orgullosamente cuando ocurría. El bebé eventualmente sería confiado a las personas de su aldea, y la guerrera regresaba a sus deberes. Carmelita ya había dado a luz a uno de estos niños.
Estos bebés eran criados por toda la aldea en vez de sus padres. Todos eran queridos y tratados de igual forma sin importar su herencia o raza. Se les enseñaba a luchar desde niños, y una vez que alcanzaban la adolescencia física, ellos pasaban por una ceremonia de mayoría de edad y dejaban atrás su aldea. Cuando un guerrero se volvía demasiado viejo para luchar, se ganaba el derecho de regresar a casa y dedicarse a criar a las futuras generaciones.
Sin embargo, había algunos que nunca regresaban, prefiriendo pasar el resto de sus vidas luchando. Balibadom era uno de ellos.
Naturalmente, en estas aldeas no existía el concepto del matrimonio. Era difícil imaginar a alguien en esa sociedad apegarse sentimentalmente a una persona en particular.
Para ser honesto, era un verdadero choque cultural. Había leído acerca de tribus con tradiciones similares en mi antiguo mundo, pero… definitivamente era difícil aceptarlo. Ni siquiera podía convencerme de que era excitante.
Miré hacia Carmelita por varios segundos, tratando de entender las cosas desde su punto de vista.
“Estoy agradecida contigo,” dijo ella en su tono brusco. “Pero odio a los magos. Si una Súcubo aparece, ve con otra mujer.”
Por alguna razón, dolía un poco ser rechazado de antemano de esa forma. A pesar de que yo podía lidiar con una Súcubo por mi cuenta sin problemas.
Tont la Gran Espada era un hombre callado en sus treintas con un grueso bigote, piel café clara, y músculos enormes. Él no era tan alto como Balibadom, pero sus rostros eran muy parecidos. Sin el vello facial, fácilmente podía haberlos confundido. Hablamos un poco durante nuestra primera guardia juntos, pero él no había sido muy conversador. Era un verdadero contraste con Carmelita, quien parecía disfrutar de las conversaciones.
Yo no tenía nada que discutir, pero el tiempo parecía pasar más lento cuando solo estábamos mirando hacia la oscuridad en silencio. Después de un tiempo, traté de hacerlo hablar.
“Por cierto, me gusta tu nombre,” dije. “Tont la Gran Espada. Suena muy bien.”
“Sí. La matriarca lo escogió para mí.”
“Oh, ¿de verdad? ¿No conseguiste el apodo en algún momento?”
“La matriarca escoge nuestros segundos nombres. Es así para todos los guerreros del desierto.”
Aparentemente, sus títulos no eran solo apodos, sino nombres ceremoniales recibidos por la matriarca de la aldea en el día que se iban.
Para aquellos con gran fuerza, como Carmelita, con frecuencia era algo como Rompe Huesos o Brazo Fuerte. Aquellos con buena vista, como Balibadom, usualmente eran Ojo de Halcón u Ojo de Águila. En otras palabras, usualmente podías adivinar el nombre de una persona a través de su más grande talento. Pero ya que había pocas formas de llamar a alguien fuerte, en ocasiones te encontrarías con otro guerrero que compartía tu apodo.
Tont era conocido como Gran Espada, pero su espada no era inusualmente grande para los estándares de sus iguales. Solo era una forma de decir que él era físicamente fuerte. Tal vez también había un Asesino de un Corte ahí afuera.
“Bueno, supongo que las personas solo me comenzaron a llamar Rudeus el Pantano,” dije. “Por un tiempo usé ese hechizo en cada batalla.”
“No te he visto crear un pantano ni siquiera una vez.”
“Sí, no sería muy efectivo contra los monstruos de aquí.”
El hechizo era muy útil contra monstruos que se arrastraban, gateaban, o caminaban, pero menos efectivo contra cualquier cosa que pudiera levantarse del suelo—como una Súcubo o un Grifo. Y detener a un insecto resistente y lento no hacía mucha diferencia.
De todas formas, estos días no me molestaba en detener a los monstruos antes de atacarlos.
“Tu magia siempre es llamativa. Si es tu especialidad, me gustaría verlo al menos una vez.”
“Bueno, para ser honesto, Pantano es un hechizo un poco aburrido… pero trataré de usarlo alguna vez si tengo la oportunidad.”
Asintiendo suavemente, Tont se quedó en silencio. Aparentemente, él había usado todo su suministro de palabras.
Mientras nuestro grupo se movía más hacia el este, la tierra a nuestro alrededor se hacía continuamente más verde.
Ese lugar llamado Kinkara estaba en esta dirección, y con una enorme jungla justo detrás. Me parecía un poco extraño que una jungla pudiera existir tan cerca de un desierto árido, pero no íbamos a tener la oportunidad de verla esta vez. Cuando llegamos a una gran roca vertical en la que alguien había dejado una marca, Galban cambió nuestro curso, y comenzamos a dirigirnos hacia el norte.
Después de tres días de viaje en esa dirección, nos encontramos con el camino regional principal. No estaba pavimentado, y mucho menos estaba siendo activamente mantenido; se veía más como el resultado natural de innumerables viajeros moviéndose en la misma dirección. Aunque comparado al terreno arenoso en el que habíamos estado viajando, se sentía firme y confiable bajo mis pies. A mí me gustaba.
“Señor, podríamos encontrarnos con bandidos ahora que estamos en el camino. Creo que lidiaremos con eso sin problemas, pero si las cosas se salen de control—”
“Les estoy pagando bien, ¿no? ¡Solo preocúpense de mantener a salvo los bienes!”
“… Sí. Entendido.”
Balibadom claramente quería que Galban considerase abandonar la carga en una emergencia, pero el hombre no le haría caso. Tal vez su mercancía era más importante para él que su propia vida. Para mí no tenía mucho sentido, pero ¿quién era yo para juzgar?
“Jefe, ¿estaremos bien?”
“No desperdicies tu tiempo preocupándote por eso, Cabeza Hueca.”
Por alguna razón, Balibadom y Tont con frecuencia se referían a Carmelita de esta forma. Supongo que era un cambio amistoso de su apodo de Rompe Huesos… o tal vez un insulto. De cualquier forma, tenía la sensación de que ella me golpearía en la cara si yo la llamaba de esa forma.
“Pantano, Dragonroad, quiero que ustedes dos se peguen a Galban como pegamento de ahora en adelante. Tont, tú estarás con los camellos. No dejes que ni uno solo se escape. Cabeza Hueca, tú estarás en la retaguardia. Yo rastrearé delante de nosotros y daré la señal si algo sucede. Es mejor que no se la pierdan.”
“Entendido, Jefe.”
“Bien.”
“Entendido.”
Asumiendo nuestras nuevas posiciones, retomamos el viaje cautelosamente. Al parecer, los bandidos de por aquí en su mayoría planeaban emboscadas y esperaban que las personas fueran hacia ellos; si los veías con antelación y tomabas un desvío, era posible evitar los problemas por completo.
Gracias al rastreo experto de Balibadom, fuimos capaces de detectar la primera emboscada en nuestro camino con mucha antelación. Los grupos de personas no eran tan fáciles de detectar con su ojo demoniaco, pero él había logrado verlos a la forma antigua. Tomamos un desvío largo y con muchas vueltas fuera del camino y alrededor del peligro. No encuentras muchas personas que caminan por voluntad propia hacia una trampa que ven con antelación, ¿cierto? Es natural evitarla.
Al final, esto terminó siendo un error.
Tal vez Balibadom fue visto por el enemigo durante su expedición de rastreo, y ellos lo siguieron hacia nosotros. Tal vez él solo había visto una pequeña parte de los bandidos, y nuestro desvío de casualidad nos guio hacia su fuerza principal.
De cualquier forma, fuimos atacados.
Sucedió justo después de que pusimos una distancia segura entre nosotros y la emboscada. Todos acababan de comenzar a respirar un poco más tranquilos.
Y entonces algo vino hacia nosotros silbando a través del aire.
Repentinamente, Tont tenía una flecha en su pecho. Él cayó al suelo.
Sin poder entender lo que estaba pasando, yo comencé a correr hacia él, con la intención de recitar un hechizo de sanación. Pero Elinalise me agarró de la ropa y me jaló hacia atrás.
Y mientras lo hacía, otra flecha golpeó al camello que había estado al lado de Tont.
“¡Corran!” gritó Balibadom. “¡Estamos bajo ataque! ¡Vienen desde el oeste!”
Finalmente procesé que estábamos en serio peligro, y que necesitábamos correr por nuestras vidas. Elinalise me soltó. Galban y los camellos ya estaban corriendo hacia adelante desesperadamente; yo los seguí, corriendo tan rápido como podía.
Había un grupo de hombres a caballo sobre una colina a nuestra izquierda, y estaban arremetiendo hacia nosotros. Ellos estaban montados a caballo, y nosotros a pie. Todos ellos usaban un turbante amarillo arena idéntico.
“¡Señor, tenemos que dejar a los camellos! ¡Podrían dejarnos ir si les entregamos todo!”
“¡Ni hablar!”
“¿¡Es un suicida, o solo un idiota!?”
“¡Protejan mi carga, maldita sea! ¡Para eso los contraté!”
“¡Eso no es posible! ¡Hay demasiados de ellos!”
Mientras Balibadom y Galban se gritaban el uno al otro, nuestro camello herido se tropezó torpemente. Justo cuando me di cuenta que tenía espuma saliendo de su boca, este se tambaleó hacia un costado y colapsó.
Un escalofrío de pavor corrió a través de mi espalda. Estas flechas estaban envenenadas.
“¡Tch! ¡También vienen desde la retaguardia!”
Otro grupo de hombres a caballo estaba acechándonos desde atrás, y los arqueros sobre la colina estaban preparando su próxima lluvia de flechas. La mayoría de sus disparos se estaban quedando cortos, pero algunos podían darles mucha fuerza a sus flechas; de vez en cuando, una pasaría peligrosamente cerca de darnos.
Tenía que haber cincuenta de ellos. No, cien. Y esos solo eran los que podíamos ver.
La palabra bandidos me había hecho malinterpretar gravemente la situación. Estábamos enfrentando a un ejército.
“…”
Mi corazón estaba latiendo con fuerza dentro de mi pecho, pero aun así traté de analizar la situación. Estábamos bajo ataque por el flanco y la retaguardia; al menos, no había ningún enemigo directamente en frente de nosotros. Hacia esa dirección teníamos que huir.
“¡Rudeus!” grito Elinalise.
“Cierto. Voy a usar Pantano y Niebla Profunda.”
Los hechizos aparecieron en mi mente inmediatamente. Nada más iba a funcionar aquí.
“¡Muy bien! ¡Hazlo ahora!”
Dándome la vuelta, invoqué el pantano más grande que pude. No me preocupé de hacerlo muy profundo. Solo necesitaba hacer tropezar a los caballos.
“¡Balibadom! ¡Voy a ocultarnos dentro de niebla! ¡Solo sigan corriendo hacia el frente!”
“¿¡Qué!? Eh… ¡Entiendo!”
“¡Niebla Profunda!”
Al invocar una enorme cantidad de humedad en un rango amplio a todo nuestro alrededor, efectivamente cubrí el área de una densa cubierta de niebla blanca. Casi se sentía como si estuviéramos dentro de una nube. Sin importar lo talentosos que fueran sus arqueros, ahora no podrían acertar ningún disparo sobre nosotros.
Pero medio segundo después de que ese pensamiento apareció en mi mente, una flecha se incrustó en el suelo a pocos metros delante de mí.
“¡Gah!”
Sorprendido, casi me caigo hacia atrás, pero Elinalise me atrapó antes de golpear el suelo.
“¡Todo está bien, Rudeus! ¡Ellos tienen un muy buen arquero, pero él no nos volverá a golpear!”
¿Qué? ¿Ella estaba diciendo que la misma persona había matado tanto a Tont como al camello? ¿Cómo lo sabía?
Pero no importaba. Ahora teníamos la niebla de nuestro lado.
“¡Vamos, corran!”
Asintiendo temerosamente, me puse en movimiento. Él no sería capaz de apuntar hacia nosotros de nuevo. Él no iba a darme. No era posible. ¡Yo era invencible!
¡Maldita sea! ¡Debí haberle pedido a Sylphie alguna especie de amuleto de la suerte! Tal vez pude haber sacado del templo mi recuerdo de nuestra primera noche juntos…
“¡Mierda, nos están alcanzando! ¡Desenfunda tu espada, Carmelita!”
El grito de Balibadom me trajo de vuelta a la realidad. Cuando escuché atentamente, pude oír el sonido de pezuñas aproximándose desde atrás. Algunos de los jinetes deben haber maniobrado alrededor de mi pantano. Y a pesar de la niebla que había lanzado, todos lo que ellos tenían que hacer era cabalgar directamente en la dirección en la que se habían estado moviendo.
Estábamos enfrentando luchadores montados. La caballería tenía algunas debilidades, pero su velocidad era un arma letal por sí sola.
Yo había visto al menos cincuenta jinetes corriendo hacia nosotros; ¿cuántos habían pasado por sobre mi hechizo? ¿Veinte? ¿Treinta? No quería luchar con un grupo tan grande a corto alcance.
“¡Los ralentizaré! ¡Que todos sigan corriendo! ¡Muro de Tierra!”
Invoqué un grueso muro de dos metros de alto detrás de nosotros sin bajar mi velocidad. Un caballo galopando no podía detenerse repentinamente. En esta niebla, muchos de ellos probablemente se estrellarían en él. Incluso si se daban cuenta que estaba ahí, tendrían que bajar la velocidad y rodearlo.
“Haah… haah…”
Ya no había flechas cayendo a nuestro alrededor, pero seguí corriendo como si mi vida dependiera de ello. Cada cierto tiempo, yo me detenía para invocar un nuevo muro detrás de nosotros.
Mientras huía, pensé en Tont, quien había recibido una flecha en el pecho al comienzo de la emboscada. ¿Lo estábamos dejando a su suerte?
No. Él ya estaba acabado de todas formas. Esa flecha le había dado en el corazón, y estaba envenenada. Incluso con magia de sanación Avanzada, probablemente era una herida fatal. Y más aún, no había posibilidad de que nos hubiéramos detenido a ayudarlo.
Apretando mis dientes, me concentré en correr tan rápido como pude.
No estoy seguro de cuánto tiempo seguimos corriendo, pero sentí que fueron al menos dos horas. Probablemente más. Eventualmente, Balibadom miró detrás de nosotros y dijo, “Creo que los hemos perdido,” y todos se detuvieron de golpe.
“Haah… haah…”
Por supuesto, yo estaba exhausto, y cubierto de sudor. Pero todas mis mañanas de entrenamiento no habían sido en vano. Podía seguir corriendo si tenía que hacerlo.
Aunque los tres guerreros en el grupo apenas habían perdido el aliento. Esa aura de batalla era realmente injusta.
“Gaaah… haaah… Gweeeh…”
Galban colapsó en el suelo, con su rostro pálido como un papel. Incluso para un viajero experimentado que había pasado años en el camino, correr por dos horas seguidas era mucho pedir. Al menos yo no era el único.
Por supuesto, nosotros solo habíamos perdido un camello en la emboscada. Y un guardaespaldas.
Pobre Tont. Si yo hubiera sido capaz de sacar esa flecha de inmediato y tomarme algo de tiempo para recitar hechizos de sanación y desintoxicación, había una probabilidad de que él pudiera haber vivido. Tal vez la flecha no le había dado directamente en el corazón. Si Elinalise no me hubiera agarrado de la ropa, yo probablemente habría tratado de salvarlo. Pero si me hubiese detenido para concentrarme en él, yo no habría podido escapar a tiempo. La siguiente flecha probablemente me habría dado a mí.
Elinalise tuvo la razón al decidir sacarme de ahí. Su experiencia en batalla probablemente salvó mi vida. Incluso si yo hubiera dudado por solo un par de segundos, podría haber sido fatal.
“…”
Comprobando el estado del grupo, me di cuenta de que Carmelita estaba mirando hacia mí. ¿Acaso había hecho algo para molestarla ahí atrás? Nada se me venía a la mente.
Durante la emboscada, ella había estado posicionada detrás de mí en la retaguardia del grupo. Tal vez había sido herida en algún punto y necesitaba sanación. Aunque no parecía que alguna flecha le hubiera dado.
Repentinamente, ella caminó pesadamente hacia mí y me agarró de la parte delantera de mi túnica. “¿¡Por qué!? ¿¡Por qué no los mataste!? ¡Pudiste haberlo hecho! ¡Vi tu magia!”
“Qué—”
¿Qué estaba diciendo? ¿Acaso esperaba que yo matara a ese grupo entero de bandidos?
Sonaba descabellado. Pero después de un momento, me di cuenta de que ni siquiera había pensado en intentar ese enfoque.
“¡Ya basta, Cabeza Hueca!”
“Tú también lo viste, ¿no? ¡Él hizo que los caballos se hundieran en la tierra! ¡Hizo que chocaran contra muros! ¡Hizo que todo estuviera lleno de niebla!”
“¡No estás pensando esto claramente, maldita sea! ¡Usa tu cerebro de una vez!”
“¡Cállate! ¡Si él hubiera usado su magia, podríamos haber vengado a Tont!”
“¡Había demasiados de ellos, niña! Esa fue la banda de Harimaf, estoy seguro de ello. ¡Había más de ellos detrás de esas colinas!”
“Pero—¡ah!”
Elinalise se había interpuesto entre Carmelita y yo. Ella empujó su escudo contra la guerrera y puso una mano sobre el estoque en su cintura.
“¿Tienes alguna objeción en cuanto a la forma en que manejamos eso?” dijo ella.
“¿Qué…?”
“Dada la situación, Rudeus actuó apropiadamente. Estábamos en una enorme desventaja numérica y enfrentando a una fuerza de poder desconocido. Aún peor, ellos nos estaban disparando flechas. Él detuvo a su caballería con su pantano, cegó a los arqueros con la niebla, y nos dio tiempo de escapar con sus murallas. Él es la única razón de que estemos vivos. Perdimos a un hombre y un solo camello, pero pudimos escapar. ¿Habrías preferido quedarte a luchar? Habríamos muerto como idiotas, y ellos se lo hubieran llevado todo.”
Sus palabras en concreto no significaban nada para Carmelita, ya que Elinalise estaba hablando en la lengua Humana. Aun así, su gélido tono de voz le dejó muy claro su significado. Era raro que Elinalise le hablara tan agresivamente a alguien, especialmente a un aliado.
Ella tenía razón acerca de sus números. Yo vi a cincuenta bandidos como mínimo, pero debe haber habido cien de ellos o más. Y como Balibadom había destacado, podría haber habido más en espera.
¿Podría haber matado a una fuerza de ese tamaño por mi cuenta? Era difícil saberlo. Pero yo podía usar magia de nivel Santo y probablemente tenía suficiente poder mágico para usarla repetidamente por algún tiempo.
Después de detener a la caballería con un pantano, pude haber recitado rápidamente un hechizo de amplio rango y diezmado a los arqueros. Pude haber lanzado a los jinetes fuera de sus caballos con una ráfaga de viento, y después haberlos freído con magia de fuego. Todo era teóricamente posible.
Aunque no tenía la confianza de haberlo podido lograr. Por lo que sabía, esos bandidos tenían magos experimentados. Si un solo arquero sobrevivía, una flecha envenenada podría haberme golpeado. Algunos de los jinetes podrían haber pasado a través de mi pantano y habernos cortado. Y si se hubiera convertido en una pelea cuerpo a cuerpo, no habría podido disparar mis hechizos sin matar a mis aliados.
Elinalise estaba al tanto de todo esto. Era por eso que estaba defendiéndome tan decididamente.
“Y solo para recordártelo,” continuó ella, “nosotros somos guardaespaldas, no soldados mercenarios. No nos apuntamos para luchar contra un ejército completo por nuestra cuenta.”
“…”
“¿Hay alguna razón por la que todavía me estás mirando? ¿Acaso quieres luchar? Qué niña tan valiente. Si insistes, te enseñaré tu lugar.”
Finalmente perdiendo la paciencia, Elinalise desenfundó su estoque. Carmelita apresuradamente sacó su propia espada grande. Pero antes de que las cosas pudieran escalar, Balibadom se interpuso entre ellas.
“Ya basta, ustedes dos. Escucha, es una verdadera lástima lo de Tont, pero Pantano tomó la decisión correcta. La única que quería luchar eras tú, Cabeza Hueca. De verdad eres una idiota a veces, ¿sabes?”
“… Cállate.”
Con un gran resoplido, Carmelita decidió retroceder. Ella procedió a caminar hacia donde los camellos estaban descansando, se agachó junto a ellos, y enterró su rostro entre sus rodillas.
Balibadom la observó por un momento, y luego suspiró. “Siento eso.”
“Um, todo está bien…”
“Es solo que… Carmelita tuvo un hijo con Tont, ¿saben?”
“¿¡Eh!?”
“Así que, bueno… creo que pueden entender cómo se siente. Ella solo estaba dejando salir su frustración.”
¿Esos dos tenían un hijo?
Yo había asumido que las guerreras de este continente no se apegaban emocionalmente a ningún hombre en específico, pero claramente ese no era siempre el caso. Tal vez era diferente cuando ellas tenían un bebé con alguien.
Mientras yo estaba ahí sin palabras, Elinalise enfundó su estoque y se dio la vuelta hacia mí. “No hay razón para que te sientas mal por esto, Rudeus.”
“… ¿No?”
“Ahí afuera hay algunos aventureros que juran nunca asesinar a otro ser humano. Es cierto, no hay muchos de ellos, pero existen. Y tú pronto vas a convertirte en padre. Puedo entender por qué dudarías de tomar tantas vidas.”
Sus intentos de reconfortarme estaban un poco fuera de lugar. Pero, por supuesto, ella no sabía lo que Balibadom acababa de decirme.
Para ser honesto, no había dudado en lo absoluto. La idea de matar a esos hombres ni siquiera había pasado por mi mente, a pesar del peligro mortal que estábamos enfrentando.
Por supuesto, un par de jinetes probablemente habían perdido sus vidas estrellándose de cabeza contra esos muros que invoqué dentro de la niebla. Tampoco me sentía culpable por eso. Pero la idea de usar magia para asesinar a alguien directamente simplemente me revolvía el estómago.
… Para ser honesto, era un poco patético.
“Gracias, Elinalise-san.”
Aun así, le agradecí por tratar de animarme. Pensándolo bien, ella había estado corriendo a mi lado durante toda la retirada; cuando perdí mi balance, ella había estado ahí para sostenerme. También sentía que ella se había posicionado como mi escudo para protegerme de cualquier flecha perdida.
Tenía la sensación de que ella se consideraba a sí misma mi guardaespaldas, más que cualquier otra cosa.
“No hace falta que me agradezcas, cariño,” dijo ella, dándome una palmadita en el hombro. “Siempre cuidaré a mi nieto.”
Su nieto, ¿eh? Hmm.
Para el momento que regresemos a casa, el estómago de Sylphie estaría muy grande. Ese bebé iba a ser el bisnieto de Elinalise. Estoy seguro de que ella quería que su llegada fuera una ocasión feliz. O tal vez no quería que Sylphie estuviera llorando mientras le preguntaba por qué no me había protegido.
De cualquier forma, la solución era muy simple. Solo teníamos que regresar juntos.
“Um, Elinalise-san…”
“¿Y ahora qué?”
“Te lo agradezco. En serio.”
Esta vez, puse más sentimiento en las palabras.
En respuesta, Elinalise solo me dio una palmadita en la espalda.

A pesar del ambiente de incomodidad, nuestro grupo siguió avanzando a un buen ritmo.
Balibadom estaba sorpresivamente tranquilo y enfocado, considerando que acabábamos de perder a otro de sus hombres. Su primera prioridad fue reestructurar nuestra formación. En vez de detenerse a lamentar a su camarada, él ni siquiera volvió a mencionar el nombre de Tont. Él era el mismo guardaespaldas profesional y centrado de siempre. Parecía un poco frío, pero probablemente así eran las cosas en su profesión.
Su gente estaba acostumbrada a esto. La muerte era una compañera constante para ellos; un solo error o una pizca de mala suerte era todo lo que se necesitaba para terminar con sus vidas. En retrospectiva, esta también era una actitud común en el Continente Demoniaco. Era una forma de pensar que yo no entendía muy bien.
Algunos tranquilos días después, llegamos al oasis que marcaba el punto medio de nuestro viaje. Tal como Bazaar, en su mayoría era un mercado rodeando un pequeño lago central. No me había dado cuenta antes, pero cada uno de los otros grupos armados que vimos tenían al menos a una mujer entre ellos. Presumiblemente todas ellas eran guerreras del desierto.
Galban y los demás montaron nuestras tiendas en una esquina abierta de la pequeña ciudad. Mientras estábamos en el oasis, al menos, los guardaespaldas aparentemente también dormían adentro.
“Balibadom, ¿crees que debamos contratar a alguien para reemplazar al hombre que perdiste?” preguntó Galban.
“Eso no debería ser necesario, Galban. Estos dos son más útiles que los guerreros promedio. Creo que es más inteligente dirigirnos hacia Rapan con nuestro grupo actual, y entonces contratar a algunas personas más ahí. De todas formas, no deberíamos encontrarnos con más bandidos.”
“Ya veo. Muy bien, hagamos eso. Aun así, es una lástima haber perdido ese camello…”
“Estas cosas pasan. Considerando sus números, tuvimos suerte de perder solo eso.”
Balibadom y Galban parecían estar en buenos términos. Para ser honesto, casi sonaba como si fueran compañeros de negocios.
“¿Qué sucede, Rudeus? ¿Hay algo en mi cara?” Sintiendo mi mirada, Galban se dio la vuelta para mirar hacia mí.
“No es nada. Solo estaba pensando en que usted y Balibadom se llevan muy bien.”
“Ah, sí. Hemos trabajado juntos desde los días donde yo solo era un comerciante incipiente, sabes. Confío en él más que en cualquier otro.”
Interesante. Si ellos habían pasado tanto tiempo juntos, tal vez Balibadom siempre había sido más cercano a Galban que a Tont, su compañero guerrero. Después de años y años sirviendo como un guardaespaldas líder, era posible que él hubiera comenzado a ver a sus hombres y mujeres como desechables. O al menos intercambiables, dado cuán regularmente iban y venían.
Nos detuvimos en el oasis lo suficiente para descansar y reponer nuestros suministros de bienes perecibles, y después nos dirigimos hacia el norte.
Carmelita ya no buscó más peleas conmigo, pero tampoco fue más amigable de lo necesario. Ya no hablábamos durante nuestras noches de vigilancia.
Traté de que no me afectara. De todas formas, tomaríamos caminos separados una vez que llegáramos a Rapan. Aun así, tenía que empatizar con lo que ella estaba pasando. No podía imaginar lo que se sentía perder al padre de tu hijo de forma tan repentina.
Al menos, sabía lo mucho que me lastimaría si Sylphie moría frente a mí. Yo había estado abrumado por la alegría cuando descubrí que ella estaba embarazada. Si la perdía repentinamente, la desesperación sería todavía más intensa.
“… Y supongo que voy a lamentar esto, ¿no?”
Asumiendo que el Dios Humano estaba diciendo la verdad, este viaje hacia el Continente Begaritt iba a costarme mucho de una u otra forma.
Él me dijo eso por primera vez cuando conocí a Elinalise a la edad de quince años. Yo había pasado algo de tiempo en Ranoa, pero el atajo de Nanahoshi significaba que no iba a llegar a Rapan mucho más tarde de lo que habría llegado si hubiera partido cuando conocí a Elinalise. Tenía que asumir que el peligro que me esperaba en Rapan no había cambiado en ese tiempo.
Pero, si eso era verdad, probablemente significaba que las personas que había dejado en Ranoa no corrían peligro. Después de todo, si hubiera ido hacia Begaritt de inmediato, no me habría reencontrado con Sylphie o conocido a mis otros amigos. No habría tenido razón para lamentar algún desastre en ese lugar.
Pero ahora que lo pienso, tal vez los lamentos que yacían en mi futuro ahora eran diferentes. Las cosas podrían salir sin problemas en mi ubicación, pero terminar muy mal en mi hogar. Algo podría pasarle a Sylphie, o al bebé.
“Rudeus, ¿dijiste algo?”
“Nah, no es nada…”
Tenía que dejar de especular al respecto. Podías enloquecer pensando acerca de todas las formas en que las cosas podían salir mal. Y un sujeto como yo siempre iba a cometer errores, sin importar lo mucho que se esfuerce.
No había forma de saber lo que el futuro tenía para mí.
Esta era la primera vez que había ignorado completamente el consejo del Dios Humano. Hasta ahora, me habían sucedido cosas buenas siguiendo su guía. ¿Eso quería decir que esta elección iba a terminar en desastre, sin importar lo que yo hiciera?
Nah. No me iba a comprar eso. Sabía que había peligro en mi futuro, así que debería ser posible evitarlo. Aun así, había una posibilidad real de que alguien que me importaba pudiera terminar como Tont. Si quería prevenir eso, necesitaba permanecer alerta. Y si había alguien ahí afuera que quería lastimar a mi familia, esta vez yo—
Detente. Esto no tiene caso.
Podía decirme lo que quisiera, pero no tenía razón para creer que yo era capaz de asesinar. Simplemente tendría que hacer todo lo que pudiera para mantener a salvo a mi familia.
Eso, al menos, podría prometérmelo.
Dos semanas después, finalmente llegamos a la Ciudad Laberinto de Rapan.
Habíamos llegado a nuestro destino. Ahora era el momento de comenzar la verdadera misión.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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