Un Mundo Repugnante
No había forma de que su madre pudiera estar en los barrios bajos. Aun así, llevada por una suave brisa, Paul oyó la voz de Valentina.
Su corazón dio un vuelco. Una alarma sonó con fuerza en su mente. Al instante siguiente, Paul impulsó sus pies contra el suelo y echó a correr.
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Corrió de regreso a la mansión. Aunque ya había pasado la medianoche, las luces de la mansión estaban encendidas.
Paul: “¡¡¡Madre…!!!”
Sin dudarlo, corrió hacia el dormitorio de su madre. Abrió la puerta con el impulso y se lanzó al interior…
Pilemon: “Uu… ¡uwaaaaah! ¡¡¡Madre!!! ¡¡¡Abre los ojos, a-abre los ojos…!!!”
Amarant: “Valentina… lo siento… ¡Lo siento por no haberte podido salvar…!”

Junto a la cama, Pilemon y Amarant estaban arrodillados. Su madre, Valentina, yacía dormida, con el rostro completamente descolorido.
Paul: “…No puede ser”
Se acercó con las piernas temblando.
Paul: “¿Madre…?”
Extendió la mano lentamente. Pero antes de que pudiera tocarla, esa mano fue apartada con brusquedad.
Pilemon: “¡No toques a Madre! ¡Es tu culpa!”
Paul: “… ¿Huh?”
Pilemon: “¡Por tu culpa! ¡¡¡Por tu culpa, Madre murió!!! ¡Devuélvemela! ¡Devuélvemela! ¡¡¡Devuélveme a Madre!!!”
Paul: “¡N-no seas ridículo! ¿Qué quieres decir con que es mi culpa!? ¡Solo porque me odias no puedes decir—!”
Amarant: “¡¡¡SILENCIO!!!”
Paul: “P-Padre…”
Ante el grito furioso de Amarant, Paul se quedó congelado. Su padre tomó a Pilemon en brazos.
Apretado contra el pecho de su padre, Pilemon comenzó a llorar con fuerza. Los ojos fríos y cargados de odio de Amarant atravesaron a Paul.
Amarant: “¿Dónde has estado hasta ahora?”
Paul: “Eso…”
Amarant: “No, basta, no lo digas. El olor a polvo facial y a perfume vulgar… Eso me lo dice todo”.
Amarant: “Estabas con una prostituta mientras tu madre estaba en su lecho de muerte. Como pensaba, al final no eres más que un maniático dominado por el sexo”.
Paul: “¡! ¡E-eso…! ¡Tenía una buena razón para—!”
Amarant: “Silencio. Aunque oyera tus excusas, Valentina no volvería a la vida…”
Amarant: “Paul, mi hijo tonto… tú eres quien mató a Valentina”.
Paul: “¿¡!? Padre, ¿qué estás diciendo…?”
Amarant: “¿Crees que no sé lo que ocurre dentro de mi propia mansión…? Valentina iba a tu habitación noche tras noche para consolarte… ¿no es así?”
Amarant: “Ella nunca fue fuerte desde el principio… Salir de su cuarto cada noche, preocupándose y estresándose por ti… su salud se fue deteriorando”.
Paul: “…No puede ser…”
Amarant: “Tu indulgencia y tu temeraria búsqueda de placer mataron a Valentina… mi amada esposa… ¡la única madre de Pilemon…!”
¿Su madre era físicamente débil? …Él no lo sabía.
¿Él había sido una carga? …Tampoco lo sabía.
La visión de Paul se oscureció, y cayó de rodillas.
Amarant: “…Llévenlo lejos. No permitan que se acerque a los restos de Valentina. Esta es una orden del jefe de la casa”.
Mayordomo: “…Como desee. Joven Amo, por aquí por favor…”
Paul: “……”
Con toda su fuerza desaparecida, el Mayordomo ayudó a Paul a salir del cuarto de Valentina.
Hasta el día del funeral, a Paul se le prohibió acercarse a su madre, y las sirvientas se negaron obstinadamente a dejarlo verla una última vez.
Paul: (Madre murió… ¿por mi culpa…?)
Paul: (¿De verdad… fue mi culpa…?)
La muerte de Valentina abrió una brecha irreparable entre Paul y el resto de la casa. Su padre, Amarant, lo había abandonado por completo y le entregó todo su afecto a Pilemon. La forma en que las sirvientas trataban a Paul estaba influenciada por el jefe de la casa.
Paul: (Este lugar se siente tan incómodo ahora… No puedo creer que siquiera haya nacido y crecido aquí…)
Paul comenzó a ir a la escuela como si estuviera huyendo de casa, pero un lugar lleno de hijos de nobles se sentía igual de incómodo que la mansión. Con el tiempo, dejó de asistir a la escuela incluso antes de cumplir doce años.
Paul: (Padre no me dice nada… Supongo que en realidad ya ni siquiera me ve…)
Amarant: “Muchas gracias a todos por venir hoy. Pilemon, saluda a todos”.
Pilemon: “¡Sí!”
Pilemon: “Todos, muchas gracias por venir hoy a celebrar mi quinto cumpleaños—¡Yo, Pilemon Notos Greyrat, me siento honrado por su presencia!”
Era la fiesta de cumpleaños de Pilemon. La fiesta de Paul también había sido espléndida, pero esta era mucho más extravagante.
Paul: (Me dijeron que participara porque soy su hermano mayor, al menos de nombre…)
Amarant llevaba a Pilemon de un lado a otro, saludando a cada invitado uno por uno. El brillo de esa sonrisa…
Paul: (De verdad parece un padre orgulloso presumiendo a su hijo.)
Paul: (Comparado con eso, yo… ¿qué soy? ¿Un adorno en la pared? Espera, ¿acaso también llaman así a los hombres…?)

Paul: (… ¿Hmm?)
Señorita A: “¡¡¡……!!!”
Señorita A: “Lord Paul…”
Señorita B: “¡No, no! ¡No lo llames! ¡Allá hay un hijo de una familia noble de alto rango!”
Señorita A: “¡P-Parece que sí! ¡Vamos a saludarlo!”
Paul: (Cómo decirlo…)
Las jóvenes a las que había conocido varias veces huyeron en el momento en que sus ojos se cruzaron con los de Paul.
Paul: (Incluso la chica con la que tuve mi primera vez…)
Paul entendía perfectamente cómo lo estaban evaluando entre los nobles.
Phillip: “……”
Paul: (Phillip…)
Phillip, a quien no había visto en un tiempo, se acercó con una expresión decidida.
Paul: (Detente. No te acerques.)
Phillip: “¡!”
Cuando Paul negó con la cabeza tras cruzar miradas con él, Phillip se quedó congelado. Satisfecho, Paul asintió levemente.
Pilemon: “Hermano, ¿así que aquí estabas?”
La estrella del día apareció frente a Paul, que se había convertido en un simple espectador. Quizás por las miradas sobre él, su hermano menor llevaba una expresión educada y formal.
Paul: “¿De verdad la estrella de la fiesta debería venir a un lugar como este?”
Pilemon: “Vi que estabas solo. ¿Te sientes mal? Si es así, pensé que sería mejor que descansaras en tu habitación”.
Paul: “No, estoy bien. No hay problema”.
Pilemon: “¿De verdad? Pero tu cara se ve tan pálida…”
Mientras decía eso, Pilemon acercó su rostro al de Paul.
Pilemon: “… ¿Acaso no lo entiendes? Te estoy diciendo que salgas del lugar porque eres una molestia”.
Hablando en una voz que solo Paul podía oír, los labios de Pilemon se torcieron en una sonrisa.
Pilemon: “Me pone triste que no estés en mi fiesta de cumpleaños, Hermano… pero tu salud es muy importante, después de todo”.
Paul: “Ya veo. Entonces me retiraré… De todos modos, ya estaba a punto de morir de aburrimiento”.
Estaba enojado—por la hostilidad de su hermano menor y por los nobles que habían cambiado su actitud hacia él tan de repente en comparación con antes. Asegurándose de que sus palabras fueran lo suficientemente fuertes para que las personas cercanas las oyeran, Paul abandonó el dolorosamente deslumbrante salón. Y de paso, también abandonó la mansión—
Paul: (Lo he pensado desde hace mucho, mucho tiempo… el mundo de los nobles no es nada divertido…)
Paul: (Es peor que no sea divertido… ahora es…)
Paul: “Qué mundo tan repugnante”.
Estaba lleno de personas egoístas que, sin dudarlo, desecharían incluso a su propia familia por beneficio, y trataban eso como algo normal.
La dirección hacia la que llevaron sus pies fue lejos del mundo de los noble que él despreciaba, hacia un lugar que podía llamarse su completo opuesto.
Matón A: “¿Qué hace aquí un mocoso noble consentido?”
Matón B: “Mira esa ropa tan elegante. Jejeje, ¡te vamos a dejar sin nada!”
Paul: “…Justo a tiempo. Ahora mismo, yo… estoy furioso. ¡Tengo ganas de desatar un poco de caos…!”
Paul se lanzó con las manos desnudas contra los matones que venían hacia él. En el día del quinto cumpleaños de su hermano, a partir de este momento, Paul le dio la espalda al mundo de los nobles y comenzó a pasar todo su tiempo en los barrios bajos――
Notas de los lectores
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