Referencia 1: El Cuento
El Cuento
El Día que Aisha dejó de ser una Sirvienta
Capítulo 1
Redundancy Novela Web
Capítulo Borrado
Érase una vez, un niño llamado Ars.
Desde pequeño, tenía una gran determinación y una fuerza física impresionante. Para cuando Ars fue consciente de su entorno, sus padres ya no estaban en este mundo. Ars vivía en una aldea lejos de la ciudad, y su familia era de las más pobres, incluso dentro de la aldea.
Aun así, Ars era feliz.
Tenía un hermano mayor sabio y confiable, y los aldeanos los trataban amablemente, a pesar de no tener padres. Ars estaba genuinamente agradecido por esto y trabajaba muy duro y energéticamente todos los días. Afortunadamente, como Ars era fuerte, siempre había muchos trabajos que podía hacer.
Además, había una chica a la que amaba.
Ella era enfermiza y pasaba la mayor parte del tiempo en cama, y se decía que no viviría mucho más. Cada día, después de terminar su trabajo, Ars iba a su ventana, charlaba un rato con ella, y luego volvía a casa. Ese tiempo era precioso para Ars, una parte irremplazable de su vida.
A ella no le quedaba mucho tiempo.
Pero no había nada que Ars pudiera hacer al respecto. Además, ella también parecía entender que su tiempo era limitado. Nunca hacía demandas egoístas, simplemente disfrutaba de sus conversaciones con Ars.
Ars pensaba: “Seguramente, seguiré viviendo de esta manera hasta el día en que ella muera”. Sin embargo, un día… mientras ella miraba al cielo desde su cama. Era un cielo extraño, teñido de un inquietante color púrpura.
“Oye, Ars, ¿sabías esto? Dicen que el cielo alguna vez fue de un hermoso azul antes de que apareciera el Rey Demonio”.
Ars había escuchado eso antes.
El Rey Demonio había estado vivo mucho antes de que Ars naciera. Un día, el Rey Demonio formó un ejército y atacó para conquistar el mundo humano. Cuando el Rey Demonio había tomado aproximadamente la mitad del mundo, caprichosamente cambió el color del cielo.
“Antes de morir, me gustaría ver ese hermoso cielo azul, al menos solo una vez”.
Eso fue lo que ella dijo.
Era la primera vez que Ars la escuchaba expresar un deseo “egoísta”. No, tal vez ni siquiera era lo suficiente como para llamarlo egoísta. Podría haber sido solo un sueño pasajero y fugaz, algo que mencionó de pasada, algo que nunca se haría realidad. Ars lo entendió. Solo era una historia. Ella no estaba pidiéndole a Ars que hiciera nada. Pero su expresión al hablar era tan frágil y tan resignada. Ya había renunciado a la idea, convencida de que su deseo era imposible. Y entonces, Ars tomó una decisión.
Le mostraría el cielo azul.
Pero aunque Ars era fuerte, solo era un aldeano. No tenía conocimiento, ni sabiduría. No tenía idea de cómo hacer que el cielo volviera a ser azul.
“¡Hermano, quiero hacer que el cielo vuelva a ser azul! ¿Qué debo hacer?”
Así que decidió preguntarle a su hermano. Su hermano mayor, mucho mayor que él, cuando sus padres aún vivían, había podido asistir a una escuela pequeña pero adecuada. Siempre que Ars tenía problemas, podía pedirle consejo a su hermano.
“Hmm…”
Su hermano reflexionó sobre la pregunta de Ars. Era una pregunta difícil, incluso para él. Después de mucho pensar, finalmente habló.
“El Rey Demonio es quien cambió el cielo a púrpura, así que, si el Rey Demonio es derrotado, el cielo probablemente volverá a la normalidad”.
Al escuchar esto, Ars decidió enfrentarse al Rey Demonio e inmediatamente, sin ninguna duda, comenzó a prepararse para un viaje. Viendo a su hermano menor prepararse, el hermano mayor entró en pánico y dijo apresuradamente:
“Espera, hermano. El Rey Demonio es un ser aterrador. Si tan siquiera te acercas, te destrozará en un instante”.
“Pero aun así, iré”.
La determinación inquebrantable de Ars dejó a su hermano sin palabras. Una vez que Ars tomaba una decisión, nadie podía hacerle cambiar de opinión.
“Pero no puedes simplemente vagar sin rumbo y sin un plan y esperar llegar al Rey Demonio. Primero, ve a la ciudad más grande de este reino. Te dibujaré un mapa, y deberías llevar algo de comida y zapatos nuevos para el viaje”.
Su hermano hizo todo lo posible para preparar a Ars para el viaje. Sabiendo lo decidido que estaba su hermano, sabía que Ars no se rendiría. Sin embargo, el Rey Demonio era abrumadoramente poderosa. No regresaría con vida. Era un viaje hacia el más allá. Pero al menos, quería que Ars sobreviviera el mayor tiempo posible.
Y así, Ars emprendió su viaje. Con un mapa, zapatos nuevos en sus pies y la daga de su padre en la cintura…
Dejando atrás a la persona que amaba en la aldea…
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Ars cruzó llanuras y montañas y finalmente llegó a la ciudad más grande del reino. Era la primera vez que veía un castillo tan grande y tanta multitud de personas. Mientras lo observaba todo, pensó para sí mismo: “Seguramente alguien aquí sabrá qué hacer”.
“Si quieres derrotar al Rey Demonio, deberías ir al castillo. Ahorita mismo, aceptaran a cualquiera dispuesto a pelear”.
Alguien le dijo esto.
Siguiendo el consejo, Ars se dirigió al castillo.
Era el edificio más grande que Ars había visto en su vida.
“Quiero derrotar al Rey Demonio”.
Cuando Ars dijo esto en la entrada, le concedieron tener una audiencia con el Rey. El rey estaba sentado en un trono de color apagado, saludando a cada visitante uno por uno, pero cuando llegó el turno de Ars, quedó muy sorprendido.
“¿Qué? ¡Pero si eres solo un niño!”
“Puede que sea un niño, pero quiero derrotar al Rey Demonio. Por favor, dígame dónde está”.
“¿Qué puede hacer un niño como tú? Vuelve a casa”.
Un caballero que estaba cerca también habló.
“Pelear es trabajo de los adultos. Estamos aquí para proteger a los niños como tú”.
Los otros adultos presentes dijeron cosas similares.
“Eres solo un niño”.
“No deberías luchar”.
“Vuelve a casa”.
No importaba cuánto gritara Ars: “¡Quiero derrotar al Rey Demonio!” nadie lo tomaba en serio. Pero un adivino dijo esto:
“Busca a los Cinco Sabios. Seguramente te ayudarán. Pero pase lo que pase, NUNCA desafíes al Rey Demonio sin haber conocido a los Cinco Sabios antes”.
Tomando esas palabras en serio, Ars emprendió un nuevo viaje para encontrar a los Cinco Sabios.
Un viaje largo, muy largo.
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Ars continuó su viaje.
No tenía un destino.
Pero creía en lo más profundo de su corazón que si seguía buscando, los encontraría.
Caminaba, preguntando por los Cinco Sabios siempre que se encontraba con alguien, y luego seguía caminando.
Y entonces, al fin, encontró a uno.
Después de cruzar una vasta llanura, al otro lado de un gran río, en una cueva… Ars descubrió al primer sabio.
El sabio tenía unos ojos frágiles y efímeros y un cabello verde plateado brillante. A su alrededor había varios escudos que brillaban con un tono similar al de su cabello.
“Hola, Sabio”.
“Hola, hijo del hombre”.
“Mi nombre es Ars”.
“Mi nombre es Szilard, el Segundo Sabio. Vivo solo por mis convicciones”.
“La verdad es que necesito derrotar al Rey Demonio. ¿Puedes prestarme tu fuerza?”
“Lo siento, pero estoy muy ocupado. Muy, muy ocupado”.
“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy haciendo escudos para los niños del futuro distante con la esperanza de que los protejan. Estoy seguro de que las llamas del peligro caerán sobre ellos algún día”.
El sabio dijo esto y luego miró a Ars, preguntando:
“Déjame preguntarte también, hijo del hombre. ¿Por qué quieres derrotar al Rey Demonio?”
“Quiero ver el cielo azul de nuevo. Por el bien de alguien que es preciada para mí”.
“Ah, tú también tienes convicciones. Entonces te prestaré mi escudo. Seguramente te protegerá”.
“Gracias, Sabio”.
Recibiendo el escudo del sabio, Ars continuó su viaje.
No tenía un destino.
Pero creía en lo más profundo de su corazón que si seguía buscando, los encontraría.
Caminaba, preguntando por los Cinco Sabios cada vez que se encontraba con alguien, y seguía caminando nuevamente.
Y así, la encontró.
La segunda sabia estaba en el extremo norte.
Una sabia con ojos afilados y cabello blanco plateado. Estaba construyendo un gran, gran barco en el frío, frío bosque nevado.
“Hola, Sabia”.
“Hola, hijo del hombre”.
“Mi nombre es Ars”.
“Mi nombre es Dola, la Tercera Sabia. Vivo solo por la lealtad”.
“La verdad es que necesito derrotar al Rey Demonio. ¿Puedes prestarme tu fuerza?”
“Lo siento, pero estoy muy ocupada. Muy, muy ocupada”.
“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy construyendo un barco para los niños del futuro distante. Algún día, esos niños seguramente necesitarán viajar a lugares muy lejanos”.
La sabia dijo esto y luego miró a Ars, preguntando:
“Déjame preguntarte también, hijo del hombre. ¿Por qué quieres derrotar al Rey Demonio?”
“Quiero ver el cielo azul de nuevo. Por el bien de alguien que es preciada para mí”.
“Ah, así que tú también cargas lealtad en tu corazón. Entonces te prestaré mi barco. El Rey Demonio reside muy lejos”.
Recibiendo el barco de la sabia, Ars continuó su viaje.
No tenía un destino.
Pero creía en lo más profundo de su corazón que si seguía buscando, los encontraría.
Caminaba, a veces usando el barco, preguntando por los Cinco Sabios cada vez que se encontraba con alguien, y seguía caminando nuevamente.
Y así, lo encontró.
El tercer sabio estaba en lo profundo de las montañas.
Un sabio con ojos profundos y cabello negro plateado. Empuñando un enorme martillo, se encontraba ante un yunque, forjando el acero.
“Hola, Sabio”.
“Hola, hijo del hombre”.
“Mi nombre es Ars”.
“Mi nombre es Kháos, el Cuarto Sabio. Vivo solo por la búsqueda”.
“La verdad es que necesito derrotar al Rey Demonio. ¿Puedes prestarme tu fuerza?”
“Lo siento, pero estoy muy ocupado. Muy, muy ocupado”.
“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy forjando espadas para los niños del futuro distante. Quiero que esos niños sobrevivan”.
El sabio dijo esto y luego miró a Ars, preguntando:
“Déjame preguntarte también, hijo del hombre. ¿Por qué quieres derrotar al Rey Demonio?”
“Quiero ver el cielo azul de nuevo. Por el bien de alguien que es preciada para mí”.
“Ah, tú también buscas algo. Entonces te prestaré mi espada. Con esto, puedes incluso cortar al Rey Demonio”.
Recibiendo la espada del sabio, Ars continuó su viaje.
No tenía un destino.
Pero creía en lo más profundo de su corazón que si seguía buscando, los encontraría.
Caminaba, a veces matando monstruos con su espada, preguntando por los Cinco Sabios cada vez que se encontraba con alguien, y seguía caminando nuevamente.
Y así, lo encontró.
El cuarto sabio estaba en una isla en medio del mar.
Un sabio con ojos fuertes y cabello azul plateado. Estaba haciendo brazaletes de grandes piezas de cuero.
“Hola, Sabio”.
“Hola, hijo del hombre”.
“Mi nombre es Ars”.
“Mi nombre es Maxwell, el Quinto Sabio. Vivo solo por el amor”.
“La verdad es que necesito derrotar al Rey Demonio. ¿Puedes prestarme tu fuerza?”
“Lo siento, pero estoy muy ocupado. Muy, muy ocupado”.
“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy haciendo brazaletes para alejar el mal para los niños del futuro distante. Algún día, esos niños seguramente serán acechados por seres malignos”.
El sabio dijo esto y luego miró a Ars, preguntando:
“Déjame preguntarte también, hijo del hombre. ¿Por qué quieres derrotar al Rey Demonio?”
“Quiero ver el cielo azul de nuevo. Por el bien de alguien que es preciada para mí”.
“Ah, así que tú también conoces el amor. Entonces te prestaré mi brillante brazalete. Úsalo para alejar el mal”.
Ars conoció así a los Cuatro Sabios.
Y aun así, continuó su viaje.
Sin embargo, el último sabio no aparecía por ninguna parte. Nadie sabía dónde estaba, y nadie conocía su nombre. Poco a poco, Ars comenzó a preguntarse: “Tal vez el último sabio no existe”.
El primer sabio que conoció se había presentado como el segundo sabio. Lo que significaba que… tal vez nunca conocería al primer sabio.
Pero aun así, siguió buscando.
Ars buscó con todo su corazón al sabio. Sin embargo, por más que lo intentara, no pudo encontrarlo. No pudo encontrar al último sabio.
Pero en las manos de Ars, tenía una espada, un escudo y un brazalete. Y a sus pies, estaba el barco que lo llevaría al Rey Demonio. Mirando todo esto, Ars pensó:
“¡Con todo esto, tal vez pueda derrotar al Rey Demonio!”
Ah, qué trágico fue. Sin haber conocido a los Cinco Sabios, Ars se dirigió directamente hacia el Rey Demonio.
Sí, había olvidado las palabras que el adivino le dijo al principio.
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La guarida del Rey Demonio era un lugar verdaderamente aterrador. Estaba rodeada por un pantano venenoso imposible de cruzar por medios normales. Incluso si lograbas cruzar el pantano, por todas partes acechaban monstruos enormes y salvajes, del tipo que nunca nadie antes había visto, y diablos que tentaban a las personas a la corrupción.
Pero gracias al barco, Ars cruzó fácilmente el pantano venenoso. Cuando los monstruos atacaban, él tenía la espada y el escudo. El escudo era increíblemente resistente, y ni las garras ni los colmillos de los monstruos podían alcanzar a Ars. La espada era más afilada que cualquier otra, y con solo un solo tajo, Ars podía partir a los monstruos por la mitad.
De vez en cuando, los diablos le susurraban a Ars: “Con esa espada, escudo y barco, podrías convertirte en el rey de todos los humanos”, pero Ars no podía escucharlos. El brazalete protector protegía a Ars de los susurros de los diablos.
Y así, Ars finalmente llegó al bastión del Rey Demonio.
El Rey Demonio residía en un enorme y ominoso castillo negro, aún más grande que cualquier castillo en las tierras humanas.
“¡FWAHAHAHAHA! ¡Has hecho bien en llegar hasta aquí, hijo de hombre! ¿Qué asuntos tienes conmigo?”
El Rey Demonio era una criatura aterradora con un cuerpo enorme, una gran boca y un siniestro cabello púrpura.
“Quiero que devuelvas el cielo a su color original. Por el bien de mi ser querido”.
“¡Eso no puedo hacerlo! ¡Amo el cielo púrpura! ¡Fwahahaha!”
El Rey Demonio no tenía interés en escuchar. El Rey Demonio no entendía qué significaba “un ser querido”.
“¡Entonces te derrotaré y restauraré el cielo a su color original!”
Ars desafió al Rey Demonio a una pelea. Armado con una espada, un escudo y un brazalete, Ars cargó contra el Rey Demonio con plena confianza.
Sin embargo, ¡los movimientos del Rey Demonio eran increíblemente rápidos! Era como si ella pudiera ver el futuro—esquivando cada tajo de la espada de Ars con facilidad. No importaba cuán frenéticamente atacará Ars, sus golpes ni siquiera la rozaban.
“¡Fwahaha! ¡No puedes tocarme! ¡Ni siquiera te acercas! ¡Ahora es mi turno!”
El Rey Demonio se rió mientras atacaba a Ars. Ars logró bloquear el enorme puño del Rey Demonio con su escudo.
“¡Agh!”
¡Pero—qué desastre! En un abrir y cerrar de ojos, el Rey Demonio agarró el escudo de Ars, lo levantó y lo lanzó por los aires. Ars chocó fuertemente contra la pared, Ars quedó abrumado y temblando de miedo. La espada y el escudo que le habían dado los sabios eran inútiles contra el Rey Demonio.
“¡Fwahaha! ¡Te aplastaré y te devoraré desde la cabeza! ¡Te masticaré hasta los huesos!”
La monstruosa y poderosa Rey Demonio avanzaba. Ars no pudo aguantar más y huyó. No importaba cuán fuerte fuera su voluntad, esta era la primera vez en su vida que sentía tal miedo—ya no podía luchar.
Abandonando su espada y escudo, y en algún punto, incluso perdió el brazalete que se deslizó de su muñeca en algún lugar en el camino, Ars huyó del Rey Demonio, con las manos vacías, no le quedaba nada.
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Ars vagaba por las tierras del Rey Demonio. El miasma que se levantaba del pantano venenoso lentamente devoraba el cuerpo de Ars. Pero no era el miasma lo que realmente corroía el corazón de Ars; era otro tipo de veneno.
“Huí… aunque alguien preciada para mí me está esperando”.
El nombre de ese veneno era “desesperación”.
Ars continuaba caminando, con la cabeza baja. Incluso con una espada y un escudo, no pudo derrotar al Rey Demonio. Las lágrimas caían de sus ojos, dejando pequeñas manchas en el suelo. Con el brazalete perdido, diablos malvados que se alimentaban de la tristeza comenzaron a acercarse a Ars. Uno de ellos lamió las lágrimas de Ars y le susurró al oído:
“Hola, pequeño héroe. ¿Qué sucede? Estás derramando lágrimas tan deliciosas”.
“No puedo vencer al Rey Demonio”.
“Por supuesto que no. El Rey Demonio es increíblemente fuerte, y después de todo, tú solo eres un pequeño niño”.
“Solo quiero devolver el cielo a su color azul”.
“Eso es imposible. Eres un niño sin poder”.
“Entonces… ¿qué debería hacer?”
“No puedes hacer nada. No te volverás más fuerte, ni obtendrás poder. No hay nada que puedas hacer”.
Tomando los susurros del diablo como verdad, Ars fue consumido por la desesperación y se dirigió al borde del pantano venenoso. Comenzó a pensar que tal vez debería arrojarse en él. Si lo hacía, su pequeño cuerpo se disolvería en un instante. Pero Ars sentía que no tenía otra opción. Cerrando los ojos, Ars se preparó para saltar al pantano.
Pero en el último momento, vio algo extraño al borde del pantano—una casa peculiar. Parecía el caparazón de una tortuga colocado sobre un agujero, era una extraña morada.
“¿Qué es eso? Oye diablo, ¿sabes algo sobre esa casa—?”
Cuando se giró para preguntar, el diablo había desaparecido. No importaba dónde mirara, ya no estaba. Antes de darse cuenta, un aura sagrada llenó el entorno. El aura parecía emanar desde aquella casa.
“Entonces… ese debe ser el hogar de un ser sagrado”, pensó Ars. Reuniendo coraje, dio un paso cauteloso hacia adentro.
“Disculpe…”
“Hola, hijo de hombre. ¿Qué te trae aquí? Este no es un lugar para un niño humano”.
Adentro había una persona con ojos amables y de cabello de color rojo plateado.
“Mi nombre es Ars. Quería restaurar el cielo a su color original, pero perdí contra el Rey Demonio”.
“Soy aquel que ha abandonado su nombre. Aquel que no tiene un lugar fijo, soy el primer y último sabio. Vivo únicamente por mi misión”.
Al escuchar esas palabras, Ars recordó. Se suponía que debía encontrar a los Cinco Sabios antes de enfrentarse al Rey Demonio. No debía luchar sin conocerlos primero. Al regresar el recuerdo, también regresó el coraje de Ars. No todo estaba perdido. Solo había cometido un error, eso es todo.
“Mi nombre es Ars. Oh último sabio, por favor… préstame tu fuerza para poder derrotar al Rey Demonio”.
“Estoy muy ocupado. Muy, muy ocupado”.
“¿Qué estás haciendo?”
“Estoy reuniendo poder para los niños del futuro distante. Pues llegará un día donde deberán derrotar a su propio gran enemigo”.
El sabio habló y luego le preguntó a Ars:
“Déjame preguntarte, hijo de hombre. ¿Por qué buscas derrotar al Rey Demonio?”
“Quiero ver el cielo azul de nuevo. Por el bien de alguien preciada para mí”.
“Ah, entonces tú también tienes una misión. Pero dime, ¿ese deseo es realmente por el bien de tu ser preciado?”
“¡Por supuesto! Ella quiere ver el cielo azul”.
“Ya veo… Entonces te daré una parte de mi poder. Úsalo para derrotar al Rey Demonio”.
Y así, Ars recibió poder del primer y último sabio. Para el sabio, solo era una pequeña fracción de su poder, pero para Ars, era una fuerza abrumadora. Con este poder, Ars aprendió cómo usar correctamente la espada y el escudo. Descubrió cómo desatar todo el brillo del brazalete, y aprendió a volar su barco por los cielos.
Ars subió a su barco volador y se dirigió al castillo del Rey Demonio. Recogió el brazalete que estaba tirado frente al castillo, y este brilló intensamente. Como si fueran atraídos por su luz, la espada y el escudo regresaron a él.
“¡FWAHAHAHA! ¡El niño ha regresado! ¡Esta vez te devoraré de verdad! ¡Me encanta la comida deliciosa!”
Comenzó la segunda batalla con el Rey Demonio. Pero esta vez, Ars tenía el poder. Cuando blandía su espada, está cortaba al Rey Demonio, Cuando alzaba su escudo, este desviaba los ataques del Rey Demonio. Con su nueva y abrumadora fuerza, el Rey Demonio ya no era una amenaza para Ars.
“¡Ughyaa!”
Finalmente, el Rey Demonio fue atravesada por la espada de Ars, soltando un último grito antes de perecer.
Entonces, una luz de colores arcoíris estalló desde el cuerpo del Rey Demonio. En respuesta a esa luz, el color del cielo comenzó a cambiar rápidamente.
Cuando Ars miró hacia arriba, ahí estaba—¡un cielo azul claro! La misma cosa que él y su ser preciado habían anhelado por tanto tiempo.
Ars sabía que debía regresar de inmediato con su ser querido. Pero no podía—todavía no. Primero tenía que devolver lo que había tomado prestado.
Fue al primer y último sabio y le devolvió el poder.
Luego, visitó al quinto sabio y le devolvió el brazalete.
Después, fue al cuarto sabio y le devolvió la espada.
Más tarde, fue a la tercera sabía y le devolvió el barco volador.
Finalmente, fue al segundo sabio y le devolvió el escudo.
Habiendo devuelto todo lo que había tomado prestado, Ars se dirigió de regreso a la gran ciudad—la ciudad de los humanos. Cuando llegó, se estaba celebrando un gran festival.
Al ver el cielo restaurado, la gente supo que el Rey Demonio había sido derrotado. Al llegar al castillo, el rey levantó las manos con alegría.
“¡Oh, valiente héroe Ars! ¡Has regresado! ¡Has derrotado al Rey Demonio! Te otorgaré este reino y también a mi amada hija—Por favor, conviértete nuestro Rey”
A pesar de las súplicas del rey, Ars se negó. Dijo que tenía a alguien preciado esperándolo. Sin embargo, agradeció al adivino y pasó un día en la ciudad antes de regresar a casa. Después de eso, Ars finalmente regresó a su aldea.
Había pasado mucho tiempo desde que partió en su viaje. Pero lo había hecho—había restaurado el cielo azul. Quería mostrárselo a la persona que apreciaba. Quería ver su sonrisa.
Sin embargo, cuando regresó a la aldea, su hermano tenía una expresión triste y miraba decaída.
“Hermano, levanta la cabeza. ¡Mira! ¡El cielo está azul! ¡Derroté al Rey Demonio y lo restauré!”
Pero incluso entonces, la expresión triste de su hermano no cambió.
“También se lo mostraré a la persona que amo. Seguramente estará feliz de ver el cielo azul”.
Al escuchar estas palabras, la cara de su hermano se volvió aún más triste. Finalmente, Ars preguntó:
“Hermano… ¿Por qué luces tan triste?”
“Mi querido hermano. Oh… mi querido hermano. Escucha con atención… Es porque ella… ha fallecido”.
“¿Quién ha fallecido?”
“La persona que amas. Murió esta mañana”.
Al escuchar eso, Ars sonrió.
Sonrió a pesar de la soledad, a pesar del dolor
“Si fue esta mañana, entonces está bien. Debió haber visto el cielo azul. Cuando murió, estaba sonriendo, ¿verdad? Debió haber estado sonriendo, pensando en lo hermoso que era el cielo, ¿no?”
“No… estaba llorando. Lloraba porque no podía verte. A pesar de que el cielo se volvió de un hermoso azul, no le importo—todo lo que quería era verte. Mantuvo la cabeza baja y lloró, deseando verte y ansiando tu presencia hasta el último momento”.
Al escuchar esto, Ars se quedó atónito.
Pensó que había cumplido el deseo de la persona que apreciaba.
Pero no lo había hecho.
Su verdadero deseo era simplemente estar con él Solo quería atesorar el breve tiempo que les quedaba juntos. Aun si solo era un poco más, hasta el momento final. Ese era su verdadero deseo.
“… Ah…”
Ante su hermano, Ars cayó de rodillas. De sus ojos sin vida, cayó una única lágrima. Y después otra.
Ars lloro.
Y desde entonces, Ars continuó llorando, sin cesar.
Porque era demasiado tarde.
Porque no había nada que pudiera hacer.
Porque había cometido el peor error: Malinterpretó lo que realmente importaba.
Lloró y lloró… hasta el día en que murió――.
★ ★ ★
“Y ese es el final”.
Aisha cerró el libro con un chasquido.
“……”
“Hmm, fue un final un poco triste~. Supongo que la moraleja es que la felicidad está más cerca de lo que piensas. Pero personalmente, me gustan más los finales felices~”.
Sentado en su regazo estaba el pequeño Ars, mirando en silencio la portada del libro. Por supuesto, este no era el Ars de la historia, sino el hijo mayor de la familia Greyrat.
“Por el período de tiempo, debe ser una adaptación de la leyenda de Ars, el Héroe de la Primera Guerra Humano-Demonio. Es un poco diferente de la versión que conozco. Sus compañeros no aparecen, y hay un sabio extra… bueno, supongo que fue libertad creativa en una adaptación”.
Aisha comentó mientras jugueteaba con el libro, girándolo en sus manos mientras lo examinaba.
Era un libro antiguo.
Probablemente más viejo que cualquier otro libro en la casa de los Greyrat.
Su portada estaba hecha de cuero blanco, aunque Aisha no podía decir de qué tipo de cuero era. Sin embargo, era un color le resultaba extrañamente familiar y sentía que lo había visto antes, y a pesar del paso del tiempo, no tenía ni una sola grieta en la cubierta—aunque las páginas dentro estaban desgastadas.
Si este libro se había escrito justo después de la Primera Guerra Humano-Demonio, el papel debía ser increíblemente duradero.
El título era “El Cuento de Ars”.
No muy elaborado ni creativo.
“Ars, querías que te leyera esto, así que lo hice, pero… ¿de dónde sacaste este libro? Está escrito en el idioma del Dios de la Pelea”.
“De la casa de Lord Orsted”.
“¿Eh…? ¡No me digas que lo tomaste sin permiso! ¡Eso está mal! ¿lo sabes, no?”
“N-no. Cuando fui a visitar con Papá, lo vi en la estantería y me dio curiosidad, así que lo hojeé… y Lord Orsted dijo: ‘Puedes llevártelo a casa’…”
Incluso mientras Ars decía esto, su expresión era más sombría de lo habitual. Era como si… como si él mismo hubiera experimentado lo mismo que el Ars de la historia.
La historia tenía un final terriblemente trágico.
Debido a que el personaje principal tiene el mismo nombre que él, Aisha trató de ponerle más emoción mientras la leía de una manera que lo sumergiera en la historia, pero tal vez por eso mismo, parecía que Ars debió haber empatizado demasiado con él.
“Todo estará bien. Definitivamente serás feliz, Ars”.
“……”
Aisha abrazó a Ars y le acarició la cabeza. Cuando era más pequeño, eso bastaba para animarlo siempre. Pero esos días se estaban desvaneciendo. Desde que cumplió diez años, Ars se había vuelto más difícil de engañar. Incluso ahora, su expresión seguía sombría.
“Oye, ¿Aisha?”
“¿Qué pasa?”
De repente, Ars se dio la vuelta y le hizo una pregunta.
“¿En la historia… qué crees que podría haber hecho el Ars de la historia para ser feliz?”
“¿Hmm? Bueno… Si se hubiera quedado con ella, de todos modos, habría muerto. Así que supongo que, en lugar de buscar el luchar contra el Rey Demonio, debería haber preguntado a los Cinco Sabios cómo salvarla… luego casarse con ella y vivir felices para siempre. Digo, incluso si el Rey Demonio—bueno, Lady Kishirika en este caso—no hubiera sido derrotada, la humanidad no habría sido aniquilada en solo unos años. Los dos al menos podrían haber vivido felices juntos por el resto de sus vidas”.
Aisha asintió, satisfecha con su respuesta, pensando que era perfecta.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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