Santa Claus Principiante: 2016
Santa Claus Principiante
2016 - Historia corta de Navidad de Mushoku Tensei
24 de diciembre.
La Ciudad Mágica de Sharia está teñida de blanco puro por la nieve.
Como siempre, es una ventisca intensa.
Sin embargo, para los que viven en esta ciudad, es algo trivial. Yo, Rudeus Greyrat, ya he vivido en esta ciudad por casi 40 años. La nieve prácticamente no representa ningún problema.
“Jingle hmm, jingle hmm, bells go hm-hmm〜♪”
Hoy es Navidad.
Todos mis hijos ya han crecido. Muchos se han ido de casa, han formado familias o viven de manera independiente. Bien, hoy es Navidad. Y cuando hablamos de Navidad, sí, también hablamos de Santa Claus.
Normalmente siempre estoy diciendo que no se debe seguir a extraños cuya identidad es poco clara ni aceptar regalos o consejos de ellos, pero hoy es la única excepción. Es el único día del año en que está bien recibir un regalo de un viejo cuya identidad desconoces. Dicho eso, incluso si son mis propios hijos, no voy por ahí repartiendo regalos a adultos hechos y derechos.
Incluso si es Navidad.
Incluso si Lara y Lily nunca parecen madurar.
Aun así, cuando llega esta época del año, ellos regresan a casa y pasamos el Año Nuevo juntos. También traen consigo a los más pequeños, que están en la posición de ser mis nietos. Ahora bien, si se trata de nietos, entonces esa es otra historia. Un abuelo consintiendo a sus nietos es simplemente parte del orden natural de las cosas.
Por eso me convertiré en Santa Claus. Repartiré regalos como loco. Y este año, Orsted no está aquí. Ariel lo invitó a una fiesta. Aparentemente, Ariel planea presentar a Orsted como el “invitado sorpresa de Navidad”.
Lo único que puedo imaginar es una escena de pánico y gritos por el exceso de sorpresa. Alek presumió que él se encargaría de que todo saliera bien, pero estoy seguro de que sólo empeorará las cosas.
Bueno, el hecho de que yo me negara a asistir a la fiesta hoy probablemente empujó las cosas en esa dirección… pero dejemos eso de lado.
De todos modos, hoy no hay nadie más que pueda hacer de Santa.
Maldita sea, realmente quería que Orsted lo hiciera… A mi edad, usar un disfraz de Santa es algo duro. Pero si soy el único, entonces no tengo más opción que hacerlo. Ni modo. Maldición.
Pensando eso, los preparativos de este año ya estaban completos. Me puse el traje rojo y esponjoso, la bolsa blanca, la peluca blanca y la barba falsa.
Era el Santa perfecto.
Todo lo que queda es colarme en las habitaciones donde duermen los nietos, con la ayuda de mis esposas, que están al tanto del plan. Todo lo que debo de hacer es colocar los regalos en silencio. Será increíblemente fácil.
Incluso Eris parece finalmente entender el propósito detrás de esto, así que no hay obstáculos. Lily y Chris podrían seguir creyendo en Santa, así que tendré que tener cuidado de no dejarme ver por ellas… Bueno, seguro todo saldrá bien.
“Hoy es un alegre hum hum hum… uf, qué frío… debí haber traído un transporte o algo”.
Habiendo terminado mis preparativos, abrí la puerta de la oficina para dirigirme a casa. Pero cuando di mi primer paso en la ventisca furiosa—
“¿Hmm?”
Hubo un chasquido agudo bajo mi pie. ¿Acaso pisé una rama enterrada bajo la nieve? Justo cuando pensé eso—
“¡Uwahhh!”
Mis piernas fueron jaladas hacia arriba, y terminé colgado boca abajo en el aire.
“¿¡Qué demonios es esto!?”
¿¡Quién puso una trampa como esta en la entrada de mi propia compañía!? ¿¡Fue el Hombre-Dios!? ¿¡Fue el Hombre-Dios, verdad!? ¡No hay nadie más que se beneficie de algo así! ¡Ese maldito holgazán! ¡La próxima vez que lo vea, no se la voy a dejar pasar! ¡Voy a matarlo!
“¡Maldito seas, Hombre-Dios…!”
Mientras rechinaba los dientes e intentaba hacer algo con la cuerda, noté una figura emergiendo desde detrás del edificio. No podía verla con claridad debido a la ventisca… pero él también debió verme.
Caminó directamente hacia mí. Sus pasos eran firmes. Probablemente fue él quien colocó esta trampa. En otras palabras, un esbirro del Hombre-Dios.
“… ¿Hmm?”
A medida que se acercaba, su atuendo se volvió gradualmente visible. Llevaba ropa roja y un gorro rojo. Además, tenía el cabello largo y blanco, y una barba blanca. Y cargaba una bolsa blanca muy, muy grande. Además, detrás de él había la figura de una bestia tirando de un trineo. No había duda, ese era Santa.
No puede ser.
¿¡Acaso Orsted y Alek no deberían estar con Ariel en este momento!? No, no es eso. A medida que se acercó, pude ver claramente su rostro. Su rostro se veía joven. Mucho más joven que el mío. Era un rostro familiar. Ese rostro se parecía un poco al mío.
“¡Sieg…!”
Mi hijo, Sieghart Saladin Greyrat.
El segundo hijo de nuestra familia, que acaba de empezar a trabajar para el Reino del Dragón Rey. La bestia detrás de él era Leo. Por alguna razón, tenía montado en la cabeza un trofeo de taxidermia de un Gran Cuerno Furioso. En el trineo, también vi a Lara usando un abrigo hecho con la piel de un Gran Cuerno Furioso. Se veía bastante acolchonada.
“¿Qué están haciendo aquí? ¿A esta hora…?”
Tenía un mal presentimiento sobre esto.
Sentía como si mi hijo se hubiera vuelto un delincuente. No me digas… ¡los dos se han convertido en apóstoles del Hombre-Dios! ¿¡Acaso voy a tener que pelear contra un Sieg enmascarado, solo para que diga “Soy tu hijo…” al final mientras me corta la mano derecha!? No es que siquiera pueda imaginarme arrinconando a Sieg, que últimamente se ha vuelto tan fuerte.
“……”
Sieg no respondió a mi pregunta. En silencio, recogió el saco de regalos que yo había dejado caer y se lo entregó a Lara, que estaba sentada en el trineo. Lara miró dentro e hizo una mueca.
“¿Cómo lo ves, Lara?”
“…No sirven. No tiene sentido del gusto. Los niños de hoy en día no se pondrían felices con esto”.
¡Grrrr! ¡Eso duele! ¡Directo al corazón!
Bueno, claro, tal vez mi gusto es un poco anticuado, ¡pero aun así! ¡Los escogí con mucho cuidado! ¡Solo quería hacer felices a mis nietos!
“Papá los eligió con cuidado, no deberías decir eso”.
Eso es, Sieg, ¡díselo! No, espera. Eso no es lo que quiero oír.
Quiero una explicación.
“¡Sieg, ¿qué demonios está pasando aquí!? ¡Explícamelo!”
Además, agradecería mucho si me bajaras. Estoy empezando a sentir cómo se me sube la sangre a la cabeza. Al oír eso, Sieg se dio la vuelta lentamente, juntó las manos detrás de la espalda y caminó hacia mí. Sus movimientos parecían significativos, como si estuviera a punto de decir algo profundo. Quiero una explicación, claro, pero si va a decir que en realidad es un apóstol del Hombre-Dios o algo así, mejor que no lo diga.
Aunque no parece que sea el caso.
Como padre, prefiero una razón tonta y cursi.
“…Papá. ¿Qué crees que es un verdadero aliado de la justicia?”
Vaya, hijo. No deberías responder una pregunta con otra pregunta. Bueno, da igual. Tal vez esto sea solo un preámbulo para responder a la mía. Papá lo entiende, así que seguiré el juego y te contestaré.
“…Bueno, creo que hay muchos tipos de aliados de la justicia, así que no se puede decir una sola cosa”.
“Es cierto. Hay muchas respuestas. Pero para mí, un verdadero aliado de la justicia es alguien que hace sonreír a todos”.
“S-sí”.
No creo que esté mal, pero ¿por qué sacar a relucir este tema ahora? Sieg estaba mirando a lo lejos con ojos nostálgicos. Hoy hay una ventisca intensa, ¿sabes? No hay puesta de sol ni nada que justifique ponerte tan sentimental.
“Cuando era niño, solía esperar con ansias esta época del año, cada año”.
“Ya veo. Así que solías esperarlo con ansias”.
“Sí. Pero un día, descubrí quién era realmente Santa…”
“¿Te refieres a ese día…¡!?”
Eso fue hace más de diez años. Ese día también, Orsted estaba fuera por trabajo, así que me disfracé de Santa y me colé en nuestra casa.
…Y entonces caí en la trampa de Lara.
Igual que ahora, terminé colgado boca abajo, y la cruel y pequeña Lara me arrancó la máscara… bueno, la barba falsa y el gorro.
Nunca olvidaré la expresión de Sieg en ese momento.
“No puede ser… ¿Santa era Papá…?” Fue una cara así.
Para él, debió ser un shock tan grande que incluso ahora, en medio de esta ventisca, quiere mirar a lo lejos y reflexionar al respecto.
“Aquella vez, me sentí traicionado por Papá. Pensé que Santa no existía. Me dolió”.
“Lo siento. Tu viejo y tonto Papá metió la pata”.
Al día siguiente, nunca olvidaré cómo Lara se quedó todo el día con la barba falsa y el gorro de Santa, como una cazadora que acababa de derribar un oso. Tenía una expresión de satisfacción en la cara. Tampoco puedo olvidar las caras de “ay, no…” de mis esposas. Me sentí increíblemente avergonzado.

“Pero últimamente he empezado a pensar diferente. Me di cuenta de que tú nos dabas sonrisas, Papá”.
“Me alegra que lo entiendas”.
“Dicho eso…”
Sieg se giró para mirarme en ese momento.
“Un Papá cuya identidad ha sido revelada ya no tiene las cualificaciones, ¿no crees?”
“¿Cualificaciones para qué?”
“Santa es real, pero es alguien que no se debe ver. Existe, pero no debe ser visto. Esa clase de figura fantástica conmueve el corazón de los niños…”
“¿Quién te dijo eso…?”
Siento que dije algo así a Orsted hace unos diez años.
“Mi maestro me lo enseñó”.
Ah, así que fue Alek, ¿eh? Entonces Orsted debió explicárselo a Alek.
“Un Papá cuya identidad fue revelada ya no tiene derecho a ser Santa”.
“Supongo que tiene sentido… pero alguien tiene que seguir siendo Santa para hacer sonreír a los niños…”
Y fue entonces cuando entendí el significado de los disfraces de Sieg y Lara. Santa y reno. Un gran saco de regalos. Incluso prepararon un trineo, por el amor de Dios.
“Así es. La era de Papá ha terminado. A partir de este año, Lara y yo seremos Santa. ¿Verdad, Lara?”
Sieg dijo eso y miró a Lara.
Lara parecía tener frío, estar molesta y con sueño al mismo tiempo.
“La verdad, es un fastidio. Ojalá lo hicieras tú solo”.
Dijo eso, pero aun así siguió a su hermanito. Lara es una chica amable. Papá está orgulloso. Aun así, en parte deseaba que lo hubiera detenido. Tal vez que tuviera un poco de consideración por Papá también.
Así que, así están las cosas…
Quieren ser Santa, ¿eh…?
“……”
Cerré los ojos y recordé los últimos diez años más o menos. No hice de Santa tantas veces. Pero incluso ahora, cuando cierro los ojos, puedo recordar cada vez que lo hice. La emoción de colarme en nuestra propia casa, la emoción de colocar los regalos junto a sus almohadas, la sonrisa boba al imaginarme sus reacciones al abrir los regalos, la satisfacción de salir nuevamente por la chimenea. Y luego, al día siguiente, la felicidad indescriptible cuando los niños me contaban con una sonrisa radiante lo que recibieron.
Esas oportunidades son escasas.
Especialmente porque Orsted siempre quiere hacerlo. Y ahora, finalmente me tocó de nuevo después de tanto tiempo. Esta era mi rara oportunidad de ser Santa otra vez. No hay forma de que simplemente se la entregue a Sieg. ¡Aunque ya me hayan descubierto una vez!
“Bueno entonces, Papá, vendré a recogerte más tarde”.
“… ¡‘Corte de Viento’!”
Usé magia de viento para cortar las cuerdas que me ataban las piernas. Giré en el aire y aterricé en el suelo con una pose de superhéroe. Apuntando con el dedo índice al atónito Sieg, declaré:
“¡Sieg! ¡Lara! ¡No puedo entregarles este papel a ustedes dos!”
“¿¡Papá!?”
“¡Si de verdad quieren ser Santa, cásense y háganlo con sus propios hijos!”
Esas palabras dejaron a Sieg completamente impactado.
“Bueno, todavía tengo que ayudar a Pax, así que no estoy pensando en casarme todavía, o más bien…”
Sieg se veía tan decaído que daba lástima verlo.
“Pero sí me siento mal por… todo ese asunto contigo, Papá…”
Probablemente todavía se sentía culpable por haber rechazado esa propuesta de matrimonio de la princesa del Reino de Asura. La palabra “matrimonio” quizás se volvió un tabú para Sieg.
“Faa… ¡achís!”
Miré a Lara y la vi bostezando y estornudando, con la nariz goteando, completamente indiferente. No parecía lo más mínimo sorprendida. Honestamente, hubiera querido que se sintiera un poco más afectada. No es que quisiera que se pusiera histérica, pero… ¿sabes? Como papá, es triste cuando tu hija se casa, pero aún más triste cuando no lo hace. ¿Acaso no hay nadie que le guste…? Bueno, en fin…
“Eh…”
Hmm.
No quería herir a Sieg con todo esto. Lo siento, Sieg. Umm, umm… ¿qué debería decir para hacer feliz a este chico?
“…Hazlo con tu propio hijo, o si no—”
“¿O si no?”
Muy bien.
“¡Derrota a Papá y gánatelo por ti mismo!”
“¡UOOOOHHHH!”
La batalla comenzó.
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“¡Yaaah!”
“¡Gwaaah!”
Me saltaré la explicación detallada, pero para ir al grano—perdí.
Como era de esperarse, Sieg era fuerte.
Verdaderamente vivía a la altura de su reputación como el más fuerte de los hijos de los Greyrat. Quiero decir, no hay forma de que pudiera ganarle a un espadachín de clase Emperador del Norte.
“Papá… ¿por qué te contuviste?”
“No, en serio lo intenté, ¿sabes?”
¿Acaso él estaba tratando de provocarme?
“Pero no usaste el Cañón de Piedra ni una sola vez”.
“No, sí lo usé, ¿eh?”
“Lo sé, Papá. Prácticas el Cañón de Piedra casi todos los días fuera de la ciudad. Incluso con mis ojos, el objetivo se veía como un puntito en la distancia, y aun así dabas justo en el centro cada vez. Y el blanco se hacía trizas. Una placa gruesa hecha de Acero Rudo—completamente destruida, no solo perforada… sí hubieras usado eso contra mí, ni siquiera yo habría tenido una oportunidad… pero no lo usaste ni una sola vez”.
Bueno, hago ese tipo de entrenamiento como práctica. El Cañón de Piedra es básicamente mi hechizo más fuerte ahora. Es más poderoso que cualquier otro tipo de magia y se puede lanzar más rápido. He estado trabajando todo este tiempo para poder usar mi hechizo más fuerte en cualquier punto de una pelea—desde el principio hasta el final, sin importar la situación.
“Heh… como si pudiera lanzarte eso a ti…”
Ese hechizo está hecho para destrozar enemigos. No es algo que deba usar contra mi familia…
Quiero decir, tampoco es algo para usar en este tipo de disputa.
“Papá…”
Sieg me abrazó mientras yo yacía en el suelo.
“Lo siento, estaba equivocado. Tú hacías todo esto por la familia, pero yo… ¡yo solo pensaba en mí mismo!”
“No, está bien, Sieg. Yo también fui el que se equivocó…”
Sí, me equivoqué. Me entusiasmé tanto con la idea de hacer de Santa que perdí de vista lo que realmente importaba.
“Hagámoslo juntos este año”.
Claro. Sieg y yo estamos buscando lo mismo. Hacer sonreír a todos. Por eso queremos ser Santa. Sieg no es la excepción.
Disfrutemos juntos de ser Santa.
¡Iluminemos las caritas de los niños en casa con enormes sonrisas!
“¡Papá…!”
Sieg me tendió la mano mientras yo yacía allí en la nieve y me ayudó a levantarme. Ya no había más dudas. Lara, probablemente harta de todo, se había metido de nuevo en la oficina a mitad de todo el asunto, encendió la chimenea por su cuenta y empezó a calentarse, pero está bien. Aunque el reno no tenga motivación, Santa es eterno e indomable.
Cada uno agarró su saco blanco y se lo colgó al hombro. Ahora que lo pienso, ¿qué lleva Sieg en su bolsa? Hicieron tantos comentarios sobre el contenido de la mía… seguramente la suya está llena de cosas que les gustan a los niños de hoy en día. Por el bien de futuras referencias, me vendría bien una lección sobre eso…
Bueno, eso puede esperar hasta después de repartir los regalos. De todos modos, este año somos doble Santa. ¡Santa vendrá dos veces este año!
“¡Muy bien, vamos, Santa N.º 2!”
“¡Sí, papá… no, Santa N.º 1!”
Con ese pensamiento, di un paso hacia nuestra casa.
Y entonces ocurrió.
La puerta de la oficina se abrió de golpe con un estruendo.
¡!
Del otro lado de la puerta estaba una bestia. Llevaba un disfraz de cuerpo entero hecho de piel de erizo de nieve, con una cabeza disecada de un Gran Cuerno Furioso montada encima. ¿Acaso Lara se motivó de repente?
No, no era eso.
El material del disfraz era ligeramente diferente al de ella y, más importante aún, la estatura no coincidía. Los hombros eran mucho más anchos, y además, Lara no llevaría una espada ridículamente grande en la espalda.
“Ah, Alek…”
“Maestro… ¿por qué…?”
El reno —Aleksander Rybak— no respondió.
En su lugar, avanzó a paso lento, abriéndose paso por la nieve, y luego se giró. Detrás de él había alguien—oh, qué imagen.
Vestía un atuendo rojo y esponjoso, cargaba un saco blanco y una barba falsa. Con su cabello plateado natural, ni siquiera necesitaba peluca. Como si declarara ser el hombre más cercano a Santa, se erguía con orgullo.
Si ese hombre apareciera frente a unos niños, ellos llorarían, los carruajes se detendrían y hasta los viejos muertos se levantarían de sus tumbas.
Cuando me vio, alzó una ceja.
“Hmm, Rudeus”.
“Presidente… ¿por qué? ¿No estaba con Lady Ariel…?”
“Ya deberías saberlo sin preguntar”.
Así que lo echaron después de causar un alboroto. Incluso si Ariel es llamada una gran reina, invitar a Orsted a una fiesta fue demasiado.
Bueno, está bien. Me lo esperaba.
Pero las siguientes palabras de Orsted fueron inesperadas.
“Llegué tarde. Este año también haré de Santa Claus”.
Sieg y yo. Y Orsted—tres personas, triple Santa.
Si tres hombres adultos se colaran en nuestra casa, seguro que los niños lo notarían. Lo que significa que, supongo, que volveré a ser el reno este año. Vaya… Al final, solo tendré el papel de apoyo otra vez, ¿eh?
“Lord Orsted”.
Mientras pensaba eso, Sieg se colocó frente a mí. ¿Qué planeaba? Tenía un mal presentimiento. Y antes de que pudiera detenerlo, Sieg habló.
Y dijo algo innecesario.
“Si quiere ser Santa… ¡entonces derrótenos primero!”
“¿Oh?”
Orsted frunció el ceño ante esas palabras. Con una mirada intensamente aterradora, nos fulminó. Parecía puro enojo, pero yo lo sabía. Estaba pensando, “Así que así serán las cosas este año, ¿eh?”
En otras palabras, Orsted aceptaba.
“¡Papá! ¡Vamos!”
Las rodillas de Sieg temblaban del frío, pero me dedicó una sonrisa fuerte. Era el tipo de sonrisa que decía: “Si estoy contigo, puedo enfrentar a cualquiera”. Con una cara así, no podía echarme atrás. Honestamente, quería hacerlo, pero como padre, hay cierta dignidad que quiero mantener.
Mi dignidad ya está hecha trizas, pero de alguna manera, aún se sostiene un poco. Además, fui yo quien mencionó la idea de “derrotar” a alguien.
“¡Sí!”
Vamos a hacerlo.
Este año, seré Santa. ¡No un reno—Santa!
Lo tomaré. ¡Con mis propias manos—el derecho y el título de ser Santa!
“Alek”.
“¡Señor!”
A la orden de Orsted, Alek dio un paso al frente con alegría.
Parecía un perro al que finalmente se le permite unirse a la diversión. No me digas… ¿tú también quieres ser Santa?
“Bien entonces…”
Dos contra dos.
Igual en número, pero ellos son fuertes. No siento que podamos ganar en absoluto. Pero el hijo que está a mi lado me da valor.
Honestamente, podríamos ser los cuatro Santa y pasar un buen rato, pero una vez que algo está empezado, ya no hay vuelta atrás.
“¡Vamos, Sieg!”
“¡Sí!”
¡Después de todo, nuestra Navidad apenas comenzaba—!
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Al día siguiente, sobra decir que los niños encontraron cuatro veces la cantidad habitual de regalos junto a sus camas.

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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