Segunda Historia: A los Treinta y Cuatro Años
Segunda Historia: A los Treinta y Cuatro Años
Desperté. Tenía la sensación de haber tenido un sueño extraño. Un sueño feliz. Sylphie y Roxy estaban ahí. Eris no, pero había una niña igual a ella. El sueño fue confuso, pero lo recordaba perfectamente. Yo había muerto en ese sueño. De alguna forma, sabía que nunca volvería a despertar después de quedarme dormido. Pero no se sintió mal. De hecho, era mi segunda vez muriendo, y fue mucho mejor que la primera.
“¿Eh?” Me di cuenta de que una niña estaba sosteniendo mi mano y que estaba ahí petrificada. Ella tenía el cabello azul atado en una sola cola de caballo. Sostenía mi mano en su derecha y un brazalete en su izquierda, y la mirada en su rostro era como la de un ciervo ante unas luces.
“… Lo siento,” dijo repentinamente ella. Debe haber sido educada para pedir disculpas cuando hacía algo malo.
“¿Lo querías?”
“… No. Mi hermana mayor dijo que había un emblema súper increíble oculto debajo de tu brazalete, Papá.”
“¿De verdad?”
No había ningún emblema oculto. Después de todo, yo no era el elegido.
Pero mirando más allá de la niña sosteniendo el brazalete, vi un pincel descansando sobre el velador. Eso definitivamente no había estado ahí antes de irme a dormir.
“¿Ibas a dibujarlo?”
“… Lo siento.”
Ella tenía el valor suficiente para tratar de convertir una mentira en realidad. ¿Debería halagarla, o reprenderla? Bueno, no, esta era una situación en la que debía reprender. Es la responsabilidad de un padre educar a su hija, así que… Sí.
“Lara, no debes decir mentiras. Ve a pedirle disculpas a tu hermana.”
“Bueno…”
Acaricié su cabeza, y ella salió de la habitación, abatida. Cuando se fue, alcancé a ver una gran bola de pelo blanco. Leo debe haber estado haciendo guardia fuera de la puerta. Estuve a punto de volver a colocarme el brazalete, pero entonces el pincel llamó mi atención. Lo usé para pintar un emblema Migurd en mi brazo, y luego salí de la cama.
“Uff, sí que me duele la cabeza… Bebí demasiado.”
Me tomé la cabeza con ambas manos. Tal vez era por la fiesta de anoche, o tal vez por el sueño que acababa de tener, pero dolía mucho.
Habían pasado diez años desde la batalla en el Reino de Biheiril. Cumpliría treinta y cuatro este año. Estos años habían sido pacíficos gracias a la ausencia del Dios Humano. Después de esa batalla, de verdad se había detenido. Yo no había visto mucho de ese bastardo pixelado ya por varios años. ¡No es como si fuera a bajar la guardia! Mientras estaba atento a posibles ataques sospechosos, yo seguí preparando todo para enfrentar a Laplace, tal como lo había estado haciendo. Las cosas eran mucho más fáciles sin el Dios Humano metiendo su nariz en todo.
Durante los primeros cinco años, yo terminé de contactar a todas las naciones del mundo. Algunas de ellas fueron difíciles de convencer, pero en su gran mayoría, todas acordaron trabajar con nosotros en preparación para la inminente guerra contra Laplace.
Ahora, yo estaba trabajando en la investigación y la enseñanza de la magia sin encantamientos en la Universidad de Magia en el Reino de Asura mientras también guiaba a las milicias del mundo para desarrollar contramedidas para las estrategias más probables de Laplace.
Para ese trabajo, yo dejé de lado el nombre Rudeus y comencé a trabajar bajo el nombre Silent Sevenstar. La teoría que había planteado Nanahoshi en el pasado podría ser o no ser correcta, pero ella había dicho, “Quiero que conviertas mi nombre en una pista, solo en caso de que un amigo de nuestro antiguo mundo termine aquí.” Yo tomé en serio sus palabras y comencé a esparcir su nombre. También le estaba creando una gran reputación, pero ¿y qué? Sin daño no hay falta, ¿no? Por el momento, darse a conocer era la prioridad, y una persona de otro mundo de seguro entendería el significado detrás de lo que yo había estado tratando de hacer en su nombre.
Últimamente, yo había estado investigando la recuperación de poder mágico para mejorar el ritmo de recuperación de poder mágico de Orsted. Había logrado crear una poción que restauraba el poder mágico, pero por alguna razón no funcionaba en Orsted. ¿Tal vez el poder mágico humano y el de la gente dragón eran diferentes? Podría ser otra cosa. Yo iba a continuar con la investigación un poco más de tiempo, pero no podía sacudirme la sensación de que estaba recorriendo un callejón sin salida. La poción había sido un gran éxito, así que no había sido completamente en vano. Además, había un montón de otras cosas que necesitaba hacer. Aún no podía descansar.
Mis hijos habían crecido. Lucie tenía diecisiete años. Lara quince, y Ars trece. Sieg tenía… ¿creo que once? Todos estaban prosperando. También habíamos tenido otros dos hijos: Lily Greyrat, con Roxy, y Christina Greyrat, con Eris. Ambas niñas. Con seis hijos, nosotros ya éramos una gran familia. Cuando Lucie cumplió los siete, nosotros tuvimos una reunión familiar para más o menos decidir nuestra política de educación para ella: hablamos de cosas como enviarla a la universidad de magia desde los siete, luego de programar su ceremonia de mayoría de edad para después de la graduación, y después hacerla asistir a la universidad nacional de Asura por tres años. Mi filosofía personal era que lo mejor era no presionar demasiado a tus hijos. Aun así, creía que debíamos decidir dónde serían educados y proporcionar guías sobre qué camino deben tomar.
Enviar a mis hijos a la Universidad Nacional de Asura fue voluntad expresa de Ariel. Yo le debía mucho. Si ella hubiese dicho, “¡Entrégame a uno como esposo para que podamos convertirnos en parientes!” yo me habría rehusado —obviamente— pero ¿algo pequeño como pedirme enviar a mis hijos a su universidad? Difícilmente podía rehusarme a eso. Quería pagar mi deuda con ella, aunque fuera poco a poco.
A propósito, Ariel tuvo su propio bebé después de la Batalla del Reino de Biheiril. Ella no se había casado con el padre, para no darle demasiado poder. Aparentemente, ella mantenía un considerable harem de hombres. Ariel ya tenía cinco hijos, pero no estaba claro quién era el padre de cuatro de ellos… al menos eso me había dicho Luke, con el rostro pálido y sosteniendo su cabeza con sus manos. En ese entonces, yo me había preguntado cómo había descubierto él quién era uno de los padres. Ahora que pienso al respecto, es posible que ese padre fuera el propio Luke.
Ariel aparentemente estaba conspirando emparejar a uno de mis hijos con uno de esos cinco. A mí no me gustaba mucho la idea de que mis hijos fueran usados como peones políticos, pero una vez que fueran adultos, si ambos estaban bien con el emparejamiento, yo lo permitiría.
Mis hijos todavía eran jóvenes, pero sabía que ellos crecerían con el paso de cada año. Lucie en particular ya era toda una adulta con mente propia. Para ser honesto, no sabía si yo mismo había cambiado. Cada vez que creía haber mejorado en algún rasgo negativo, otro aparecería. En ocasiones los rasgos negativos que había solucionado reaparecían. Se sentía como si estuviese cometiendo una y otra vez los mismos errores a lo largo de los años. La única señal real de mi crecimiento era mi rostro envejecido con el pasar de los años. Se me habían marcado algunas líneas de expresión. Sylphie me dijo, “También me gusta eso de ti,” pero me hacía sentir un poco culpable ver que ella seguía viéndose joven. Podías notar que estaba envejeciendo, pero los cambios eran minúsculos considerando que teníamos la misma edad. Eso quería decir que ella cumpliría treinta y cuatro este año, pero aún se veía de unos veinte. Su piel exudaba juventud e incluso aunque ella había tenido dos hijos, su trasero seguía siendo firme, y se sentía tan bien como siempre al tacto.
Lo único era que, en su interior, ella se había convertido totalmente en… eh, una mamá, así que había comenzado a regañarme mucho. Roxy seguía igual. Ella se veía igual y actuaba prácticamente igual que siempre. Se enojaría conmigo si le decía eso, pero lo decía como un halago. Roxy seguía siendo mi maestra, así que cada vez que yo me equivocaba en algo, ella me corregiría. Su torpeza nunca disminuyó con el paso de los años, pero ella siempre se volvía a poner de pie. Como dicen, el fracaso es un excelente maestro.
En cuanto a la apariencia, Eris era la que había cambiado más. Como yo, ella aparentaba su edad. Solo que, tal vez debido a que no se saltaba ningún día de entrenamiento, ella se veía mucho más joven que yo. Eris seguía teniendo la piel de una mujer a finales de sus veintes. Haber tenido un segundo hijo parecía haberla suavizado un poco, pero aún me golpeaba de vez en cuando. Ella difícilmente había cambiado en el interior —lo opuesto a Sylphie— pero sí sentía que se había vuelto menos violenta desde que comenzó a enseñar el arte de la espada a los niños. Eris había aprendido a sonreír y contener su temperamento iracundo. Ella aún me golpeaba si tocaba su trasero o sus pechos sin permiso, pero eso era natural.
Lilia y Zenith se veían más viejas. Ambas seguían saludables, pero Lilia, tal vez porque su pierna siempre le había dado problemas, había comenzado a tener dolor de espalda y sufrir de hombros rígidos. La magia de sanación lo aliviaría, pero en tres meses regresaría. Desarrollar una cura perfecta sería desafiante.
Todos los demás estaban envejeciendo tan bien como nosotros. Zanoba y Cliff ahora eran hombres adultos, ambos ocupados con sus trabajos y familias. Ellos estaban el uno para el otro cuando se metían en problemas.
Tanto Norn como Aisha se habían casado y mudado. Sus parejas eran un poco… complicadas como personas, pero había tenido una buena charla con ambos y terminé convencido de que valían la pena, así que no tenía el derecho de quejarme ahora.
Yo de verdad iba a cumplir treinta y cuatro años. Era una edad que tenía gran importancia para mí.
Salí de casa casi al mediodía de ese día. A las afueras de la ciudad, sobre la cima de una pequeña colina, yacían filas de piedras redondas. Era un cementerio.
“Hola. De verdad aprecio mucho tu trabajo.” En la entrada, expresé algunas palabras de agradecimiento hacia el guardia del cementerio, tal como siempre lo hacía. Durante los últimos diez años, el número de tumbas aquí se había incrementado. Las personas llegaban a este mundo y lo abandonaban, pero las lápidas permanecían aquí. En otros cementerios, en ocasiones las lápidas pueden ser destruidas cuando una familia entera muere o algo así, pero este cementerio era para los nobles. A menos que el linaje desapareciera, las lápidas seguirían aquí —especialmente ya que el Reino de Ranoa y la Ciudad Mágica de Sharia se estaban haciendo aún más poderosos. Mientras su poder se incrementaba, también lo hacía el número de nobles, y el número de lápidas aumentaba con ellos.
Me detuve frente a una tumba.
Sobre la piedra redondeada estaba escrito Paul Greyrat. Estaba mucho más gastada de lo que había estado cuando fue colocada. Usando el equipo que había traído, yo procedí a limpiar el área alrededor de la tumba y pulir la piedra. Después de eso, coloqué algo de alcohol como una ofrenda, para finalmente juntar mis manos.
No había venido aquí por un largo tiempo. Hace mucho, yo habría venido a reportar cada cosa que me sucedía, pero últimamente, mis visitas se habían hecho cada vez menos frecuentes. Aún veníamos una vez al año con toda la familia… pero, de alguna forma, eso no era lo mismo. Para mí, esa visita anual era más una costumbre que una ocasión para ver específicamente a Paul. No había suficiente gratitud en ella.
“Hola, Papá. Todos están muy bien.”
Con este primer anuncio fuera del camino, yo procedí a darle un resumen de los eventos recientes. Hacía esto cada año, pero ya saben, no lastimaba volver a hacerlo.
“Cumpliré treinta y cuatro este año.”
Treinta y cuatro era la edad que yo había tenido cuando fallecí en mi vida anterior. Sin siquiera darme cuenta, me había vuelto así de viejo. Por alguna razón, se sentía como si me hubiese tomado mucho más llegar a los treinta y cuatro en este mundo. Probablemente porque había tenido muchas más responsabilidades. Eso, y que había viajado mucho más.
“Pero incluso aunque cumpliré treinta y cuatro, anoche tuve un sueño donde muero a los setenta y cuatro.”
¿Por qué había tenido ese sueño? Tal vez solo fue eso: un sueño. O tal vez el Dios Humano me había estado mostrando mi futuro —el Dios Humano sellado, y yo satisfecho a la hora de morir. Había ocurrido en el momento que Lara me quitó el brazalete, así que el Dios Humano pudo haber intervenido con eso.
“Si ese de verdad era el futuro…”
Si el sueño me lo había mostrado el Dios Humano, entonces tal vez había visto los frutos de todo el trabajo que estaba haciendo ahora. Habíamos ganado la Batalla del Reino de Biheiril. De verdad había sido la última batalla —después de eso, el Dios Humano ya no tenía ninguna forma de derrotarnos a Orsted y a mí, así que se había dado por vencido. Habían pasado diez años sin una interferencia suya. Nada de nada.
Puede que haya estado merodeando en las sombras, pero tal como Geese y Badigadi habían dicho, yo no había sabido nada de él. A veces incluso terminaba olvidando para qué estaba haciendo todo esto.
“Eso significa que puedo dejar de esforzarme tanto, ¿cierto?”
Si el Dios Humano realmente se había dado por vencido, si mi trabajo realmente estaba llegando a su fin, entonces podía dejar de lado cerca de la mitad del trabajo que estaba haciendo ahora y vivir una vida más relajada. Podía pasar un día entero cada tres o cuatro dedicándome a traer bebés a este mundo con mis esposas, o enseñando toda clase de cosas a mis hijos… Una vida tranquila como esa no suena nada mal.
“Solo bromeo,” dije, riendo. ¡Vaya idea! ¿Qué importaba si el Dios Humano se había dado por vencido conmigo? No era como si yo ahora odiara mi trabajo. No estaba sufriendo. Estaba preparando las cosas para guiar a Orsted hacia la victoria en la próxima batalla. Era genial. Sí, hubo momentos difíciles, sin mencionar algunos dolorosos, pero nunca fue suficiente para querer huir de ello. Hubo cosas de las que tuve que encargarme, tareas que quise hacer, y nuevos retos a enfrentar. Hacerme sentir que todo estaba bien ahora podría ser parte del plan del Dios Humano.
“Voy a seguir dándolo todo, Papá.”
Solo seguiría adelante tal como lo había estado haciendo. Decidí que había sido un sueño. Un sueño nacido de la esperanza, el cual me mostró lo que quería ver.
“Por favor, cuídame desde el cielo,” dije, tal como siempre lo hacía. Luego coloqué mis manos juntas una vez más.
El hecho de que yo existía tenía que significar que existía un mundo después de la muerte. Solo que eso no necesariamente quería decir que Paul estaba aquí en esta tumba. Él de seguro estaba en otro lugar, disfrutando el momento. Incluso podría no haber ninguna razón para que venga aquí.
Yo estaba bien con eso. Este era un ritual. Desde hoy, yo iba a esforzarme al máximo, y prometer eso frente a la tumba de Paul tenía significado para mí.
“Ah, y Geese…” La tumba de Geese estaba junto a la de Paul. Coloqué una ofrenda sobre ella, para luego juntar mis manos. No estaba seguro sobre lo que pensaba Geese de esto, pero tampoco era como si él hubiese estado tratando destruirme de todo corazón.
“Si no te gusta cómo resultaron las cosas, puedes quejarte conmigo en cuarenta años más… Aunque podría vivir más. O morir antes.”
No quería restar importancia a la muerte de Geese, pero gran parte de mis sentimientos sobre ese entonces habían ido desapareciendo durante los últimos diez años. Lo que recordaba ahora era su sonrisa. Él siempre había estado mostrando esa estúpida sonrisa y hablando sobre la mala suerte. Al imaginarlo ahora, solo podía tomarlo como un buen recuerdo. Ningún ser querido mío había muerto a causa de Geese. No tenía razones para guardarle rencor.
Ahora que estaba muerto, lo menos que yo podía hacer era visitar su tumba.
“Bueno, regresaré pronto. La próxima vez probablemente con la familia.”
Me puse de pie. No iba a cambiar nada solo por haber tenido un sueño extraño. Iba a hacer lo que quería hacer, y lo que tenía que hacer. Eso era todo. Y así, regresé a la casa donde mi familia me estaba esperando.

Notas de los lectores
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