Tercera Historia: El Mundo Después de la Muerte
Tercera Historia: El Mundo Después de la Muerte
Me encontraba dentro de una habitación blanca.
“Hola.”
“¡Hola!”
El bastardo pixelado de aquí estaba en tan buena forma como siempre. Por supuesto, el hecho de que estuviera sellado aquí no quería decir que estuviera llorando. Él estaba tan pixelado como siempre, así que…
“Eso que vi hace cuarenta años… Fue una visión del futuro, ¿eh?”
“Acertaste.”
El Dios Humano seguía siendo el mismo de siempre. Pero cuarenta, incluso cincuenta años habían pasado desde la última vez que lo vi. Sus cualidades de siempre hace mucho que se habían convertido en un recuerdo distante para mí. Aunque recordaba que había sido tan arrogante como ahora cuando nos conocimos.
“Creí que, si veías eso, podrías darme un pequeño respiro.”
“Perdiste la apuesta, ¿no?”
“No importa. De todas formas, ya estaba condenado.”
Yo no tenía tan poca voluntad como para haber dejado de lado todo en lo que había trabajado solo por un sueño. Pero debo admitir que pude haberlo hecho si no hubiese sido un sueño.
“Entonces así es como te ves en realidad, ¿eh?” dijo él.
Miré hacia mí mismo. Ese cuerpo gordo y feo… no estaba por ninguna parte. Mi apariencia había cambiado en algún momento. Estaba en muy buena forma —podías ver músculos definidos, y mis abdominales estaban tonificados. Era la clase de cuerpo que parecía poder flotar como una mariposa. Era el cuerpo al que me había acostumbrado en este mundo… El cuerpo de Rudeus Greyrat. No podía ver mi propio rostro, pero no se sentía como si fuera muy viejo.
“¿No lo sabías?”
“No. Mis ojos ven directamente hacia el alma. Sabía que había algo diferente entre tu cuerpo y tu alma, pero esta es la primera vez que te veo tal como eres.”
¡Él me estaba revelando información importante justo ahora! Por otro lado, yo tampoco sabía cómo se veía realmente el Dios Humano. Técnicamente, estábamos a mano.
¿Por qué la forma de mi cuerpo cambió para verse así justo ahora? De hecho, no importa. No necesito una respuesta.
“En fin. Este es el final del camino para ti,” dijo el Dios Humano.
“Sí,” respondí finalmente.
Yo había muerto, a los setenta y cuatro años de edad. Estaba borroso, pero recordaba mis momentos finales. Estuve rodeado de mis hijos y nietos. Creo que fue un final feliz. Al menos, fue muy diferente a los momentos finales de mi vida anterior. Cuando lo comparaba a ese final solitario, patético y lleno de impotencia…
“Las cosas serán más fáciles para mí ahora que ya no estás sobre el tablero.”
“¿De verdad?”
“Mientras tú estabas con vida, todo lo que intentaba era en vano. Así que tuve una idea. Decidí seguir tu ejemplo, y reunir mis propios aliados muy lentamente.”
“Todavía no te das por vencido, ¿eh?”
El estado de ánimo del Dios Humano cambió. Ahora estaba enojado.
“Por supuesto,” dijo él. “¿Te darías por vencido sabiendo el futuro que se acerca? Siempre solo, incapaz de hacer algo, de ver algo —y pasar diez o incluso cien años de esa forma. Sé que no podría soportarlo. ¿Cómo podría darme por vencido?”
Puedo entenderlo. Aunque no puedo imaginar que sus esfuerzos vayan a serle de mucha ayuda.
Aun así, entendía un poco lo que él sentía. Si sabías que algo iba a pasarte, si conocías el tipo de futuro que te esperaba, y que lo lamentarías a menos que actuaras ahora, no serías capaz de quedarte sentado y dejar que ocurra.
“Sí, supongo que no puedes darte por vencido.”
“¿Por qué estás actuando de forma tan ambigua? ¿Crees que ya has ganado o algo así?”
“¿Entonces tienes un plan?”
“Así es. Y ahora sé que Orsted ha estado repitiendo una y otra vez los últimos doscientos años. Además, tuviste demasiados descendientes. Pensé en una forma de usar eso. He estado preparándolo todo durante los últimos cincuenta años…”
“¿De verdad?”
“¿Acaso estás escuchando algo de lo que te estoy diciendo? Voy a usar contra ti todo lo que has construido, para luego derrumbarlo. Una vez que desaparezcas de este mundo, voy a usar lo que dejaste atrás para ganar. ¡Y no hay nada que puedas hacer al respecto, porque ya estás muerto! No puedes hacer nada para evitar que tus descendientes conspiren y se maten entre sí. No podrás venir a rogarme llorando ‘¡Por favor, detén esto!’ ¡Ni siquiera serás capaz de verlo!”
Mientras continuaba el discurso animado del Dios Humano, yo me rasqué mi rostro, y ya que estaba en ello, también rasqué la parte posterior de mi cabeza. No porque sintiera picazón —simplemente no sabía cómo responder a eso.
“No me digas,” dije.
“¿¡Qué mierda!?” gritó él, pisando con fuerza el suelo una y otra vez. “¿¡Por qué mierda estás actuando como un presumido!?”
“Probablemente porque estoy muerto,” respondí de inmediato. El Dios Humano no parecía saber qué decir ante eso.
Cerré mis ojos y recordé todo lo que había ocurrido hasta ahora. En este mundo, yo había hecho las cosas que había querido hacer. Me casé, e hice amigos. Tuve hijos y muchos nietos. Incluso me destaqué en mi trabajo. Es cierto, me preocupaba escuchar al Dios Humano hablando sobre el futuro, y pensaba que había cosas que pude haber hecho mejor. Pero de alguna forma, por misterioso que parezca, yo no tenía arrepentimientos. No… tal vez debía decir que no tenía asuntos sin terminar. Estaba preocupado y ansioso, pero no sentía la necesidad de hacer algo al respecto. Al escuchar hablar ahora al Dios Humano, no sentía la necesidad de encontrar formas de resucitarme a mí mismo y salvar a mis hijos.
Si tuviera que adivinar, diría que era porque creía que todos ellos —tanto mis hijos como mis nietos— resolverían las cosas por su cuenta de ahora en adelante. Tal como había hecho yo, confiaba en que los niños iban a enfrentar cualquier problema que se les presentara y que se esforzarían para superarlo.
Caminé lentamente hacia el Dios Humano. Él era mucho más pequeño de lo que había creído. Hasta ahora, ninguno de nosotros se había acercado al otro más de lo estrictamente necesario, así que no había tenido una buena idea de su tamaño.
“Estoy feliz,” dije. Había vivido mucho. No diría que todo fue perfecto, y de seguro había dejado un par de cosas sin terminar. Cuando cerré mis ojos, no todos los recuerdos que vi fueron buenos. Había tantos fracasos como éxitos, pero incluso así, no cambiaría nada. Yo estaba muerto. Mi trabajo había terminado, y podía dejar el resto en manos de los vivos. Era descabellado sentirse así cuando el sujeto frente a mí me estaba diciendo que planeaba hacerles daño. Pero yo no podía hacer nada al respecto. Mi corazón estaba tan tranquilo que apenas podía creerlo.
“Oye, ¿Dios Humano?”
Él no respondió.
“Estoy bastante seguro de que traté de decirte esto una vez.”
“Qué,” dijo finalmente él.
“A decir verdad, no creo que te haya odiado tanto.”
El Dios Humano se veía amargado.
Seguro, tal vez solo pensaba eso porque, justo en ese momento, yo estaba ganando. Sylphie y Roxy seguían con vida, y todos nuestros hijos estaban bien. Eris había muerto antes que yo, pero ella había llegado al final de su vida —no había sido por culpa del Dios Humano. Si una sola cosa hubiese resultado diferente, yo podría haber terminado odiando al Dios Humano con cada fibra de mi ser. Podría haberme convertido en una máquina cuyo solo propósito era matar al Dios Humano, tal como mi yo del futuro. Dudo que él hubiese muerto sintiéndose tan tranquilo como yo ahora. La persona que yo era ahora era el resultado de cómo se había desarrollado todo, nada más que eso.
“¿De qué hablas?” dijo el Dios Humano.
“Ni yo lo sé muy bien. Pero creo que es gracias a ti que soy capaz de sentirme tan tranquilo. Si no hubiese tenido un enemigo tan claro, no creo que hubiese podido terminar tan feliz como ahora.”
Es cierto. Eso era. De no ser por el Dios Humano, yo probablemente habría comenzado a ser perezoso cerca de la edad de doce.
Me habría casado con Sylphie, me habría esforzado de forma razonable en mi trabajo y mi vida. Habría llegado al final de una vida razonable, sintiéndome razonablemente feliz, y entonces habría muerto. Eso habría sido todo. Una vida como esa no habría sido mala, pero por sí sola, no había forma de que me hubiera dado la tranquilidad que sentía ahora. Incluso si no hubiese lamentado nada antes de morir, yo habría querido otra oportunidad, o volver a hacer algo, o regresar a algún punto del pasado.
Solo el hecho de tener un enemigo y objetivo claros fue lo que me mantuvo en movimiento hasta este final. Eso me había convertido en la persona que era ahora.
“Sigue hablando todo lo que quieras,” murmuró el Dios Humano. “No los dejaré tranquilos tan fácilmente.”
“Ah… Bueno, um, no fue por eso que lo dije…”
¿Qué estaba tratando de decir? No era como si hubiera algo especial que quisiera decirle al Dios Humano. No odiarlo no quería decir que me agradaba. Obviamente tampoco planeaba agradecerle.
Y así, nuestra conversación se estancó y permanecimos de pie ahí, en silencio.
Entonces, de pronto, algo se me ocurrió. “Me pregunto por qué vine a este mundo,” dije, saboreando las palabras.
“Como si lo supiera,” murmuró el Dios Humano.
“¿De verdad no sabes nada al respecto?”
“Si lo hubiese sabido, lo habría impedido. De verdad saliste de la nada —tan de la nada que incluso yo no me di cuenta hasta el Incidente de Desplazamiento.”
“Hah…”
Al final, durante mi vida, nosotros tampoco llegamos al fondo del Incidente de Desplazamiento. Nanahoshi había salido con una teoría loca, que algo había ocurrido en el futuro…
“Si alguien me reencarnó deliberadamente, agradécele por mí.”
“Claro que no.”
“Sí, eso creí.” Él me había rechazado tajantemente. No importa. El Dios Humano probablemente se estaba muriendo por ventilar su frustración.
“Y dime, ¿qué me pasará ahora? Bueno, sé que morí.”
“Sí, sobre eso.” El Dios Humano miró hacia mí, todavía irritado. “Normalmente, tu alma se convertiría en poder mágico, se mezclaría con otro poder mágico, y sería convertida en algo más. Pero tú eres de otro mundo, así que no sé lo que ocurre en tu caso.”
“Entiendo.”
Había pensado qua tal vez sería capaz de volver a ver a Paul y Geese después de morir, pero supongo que no. Tenía sentido, pero aun así estaba decepcionado… No importa. Mis huesos deben estar enterrados en el mismo lugar. Tendría que conformarme con eso.
“…”
Me di cuenta de que mi cuerpo estaba desapareciendo lentamente. ¿Así se veía convertirse en poder mágico? Así debe ser la muerte en este mundo. Tal vez, justo antes de que mueren, los demás residentes de este mundo también vienen a esta habitación blanca. Solo que, si el Dios Humano no tenía ganas de verlos, ellos simplemente terminarían esperando aquí hasta desvanecerse. En ese sentido, él se parecía un poco a Yama, el Dios que te juzgaba después de la muerte. Aunque este tipo aparecía cuando las personas morían para reírse y burlarse de ellas sobre sus vidas… así que era un Yama desagradable.
“Ugh…”
El Dios Humano no estaba mostrando su sonrisa burlona usual. Él en realidad estaba golpeando el suelo con su pie como si no pudiera ocultar su molestia. Él había querido presumir sobre su victoria y verme consumido por el arrepentimiento mientras me desvanecía, pero en cambio terminó enojado de que yo no le hubiese dado importancia.
Él era todo un personaje.
Me puse de pie frente a él. “Escucha, tal vez no soy quién para decirlo,” comencé a decir. Coloqué una mano sobre su hombro distraídamente. “Pero esfuérzate al máximo, ¿bien?”
Él va a enojarse… pensé. Pero el Dios Humano solo suspiró y se encogió de hombros, para finalmente quedarse en silencio.
Mientras miraba hacia él, vi de reojo nuestros alrededores. Era todo blanco, como siempre. Y vacío. Mi cuerpo estaba a punto de desaparecer completamente, y poco a poco, mi consciencia con él. Tal vez regresaría a mi antiguo mundo. Tal vez me convertiría en algo más en este mundo. Tal vez mantendría mis recuerdos. Tal vez no. No sabía lo que ocurriría, pero sin importar lo que sea, no me molestaba. Incluso si mi mente y recuerdos permanecían intactos, incluso si nacía en un lugar un millón de veces peor que mi antigua vida, yo estaría bien con ello.
“Nos vemos.”
Esas fueron mis últimas palabras. Mientras mi consciencia se desvanecía, yo pasé a un lado del Dios Humano y empecé a caminar. Seguí derecho, sin mirar atrás…
— FIN —

Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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