Primera Historia: El Sueño Final
Primera Historia: El Sueño Final
El lugar en el que me encontraba era completamente blanco. El lugar blanco de siempre. Podía contar con mis dedos las veces que había estado aquí desde que reencarné en este mundo, pero cada vez, sin excepción, seguía regresando al mismo lugar blanco y vacío.
Cuando llegaba aquí, siempre me veía como había sido en mi vida anterior, con una panza y rollos por todos lados. Mi cuerpo se sentía pesado e impotente. Por extraño que parezca, ya no me disgustaba. Ya no sentía frustración acumulándose en lo profundo de mi pecho. Ser así no parecía ser tan malo. Tal vez eso era porque no había estado aquí por un largo tiempo.
A menos que…
Esperen, ¿qué?
Qué extraño. Seguro, había pasado mucho tiempo, pero no recordaba haberme quitado el brazalete. Nunca me lo quité.
¿Por qué estaba aquí?
Esperen un momento. ¿Qué estaba haciendo antes de llegar aquí? No puedo recordar lo que había estado haciendo antes de quedarme dormido. Creo que probablemente era, ya saben, algo que tenía relación con los bebés… Olviden eso, no había hecho nada parecido por mucho tiempo. Lo había dejado de lado ya por casi diez años.
Por alguna razón, mi memoria estaba borrosa.
“Hola.”
A pesar de lo borrosa que estaba mi memoria, mi visión era perfecta. Como siempre, él estaba aquí, dentro de este espacio blanco. Ese bastardo pixelado. El Dios Humano.
Pero ¿qué significaba esto? Él se veía extraño. Su cuerpo estaba en pedazos, con cada una de sus cuatro extremidades restringidas por algo que se veía como un círculo mágico y alguna clase de cadena traslúcida.
Él se veía como el jefe final de un RPG. Era como que, no sé, si lo golpeabas en la pierna derecha, él usaría un hechizo de sanación para recuperar toda su salud. Un verdadero dolor de cabeza.
¿Qué te pasó? ¿Estás haciendo cosplay de Exodia el Prohibido o algo así?
“Ellos me derrotaron.”
¿Quiénes?
“¿Tú me estás preguntando eso?”
No veo a nadie más preguntando. ¿Qué, acaso hay alguien más aquí aparte de mí?
“… Mira hacia allá.”
Me di la vuelta y vi a un grupo de personas. Ellos estaban con sus espaldas hacia mí. No había ningún conocido. Hombres y mujeres desconocidas, demonios y humanos.
Había ocho. Pero conocía a uno de ellos. Era Orsted. Él estaba igual que siempre, pero un par de cosas habían cambiado. Él ya no estaba usando su casco negro, y había una gran cicatriz sobre su rostro que lo hacía verse más aterrador que nunca. Aun así, todas las personas a su alrededor le estaban sonriendo. El rostro de Orsted era tan aterrador como siempre, pero había cierta felicidad en su expresión. No podía escuchar sobre qué estaban hablando, pero podía ver la confianza entre ellos.
Quien estaba hablando… era un chico. Se veía como de diecisiete o dieciocho años, con el cabello corto y lo suficientemente apuesto para hacerme pensar que él sería bueno en los deportes. Era un rostro normal, y a partir de sus rasgos, asiático. Él tenía una sonrisa bonita. Supongo que la maldición de Orsted no le afectaba.
Mientras yo estaba observando al chico, una mujer del grupo se puso de pie. Al estar sentada, ella había estado oculta por los demás. En realidad, ella era más una niña que una mujer. Tenía el cabello azul y a su lado había un lobo blanco gigante.
Ah, ya la había visto antes en algún lugar. Ella se parecía a Roxy, pero no era Roxy. Definitivamente era una Migurd, pero yo nunca confundiría a alguien más con Roxy. Así que… ¿quién era ella?
Podría ser… ¿Lara?
Justo en ese momento, la chica se dio la vuelta y me saludó. No podía ser a mí. Ella tenía que estar saludando al Dios Humano.
Un hombre cerca de ella le dijo algo. Probablemente le preguntó qué estaba haciendo. Ella le dijo algo en respuesta, y él miró sorprendido en mi dirección. Él también se veía asiático. En este mundo no había muchas personas con esa clase de rostro. Podría ser japonés. Supongo que estaba en sus veintes, no más allá de los treinta. Él se dio la vuelta hacia mí y bajó su cabeza —el clásico gesto japonés. ¿Tal vez sí era japonés?
Luego, todo el grupo se giró en mi dirección. Vi rostros tanto jóvenes como viejos. Lo que al principio pensé que era un grupo de ocho personas en realidad era un grupo mucho más grande, pero estaban borrosas, lo cual dificultaba verlas bien. El único rostro que reconocía era el de Orsted, pero… ah, ¿esa era Eris? Una espadachina con cabello rojo trenzado estaba mirando en mi dirección. No, ella no se veía exactamente como recordaba a Eris…
Todos miraron en nuestra dirección y realizaron gestos de gratitud. ¿Estaban agradeciendo al Dios Humano? Probablemente no, ya que sus modales no eran los correctos para dirigirse a un dios. ¿Entonces a quién?
Mientras observaba, confundido, todos ellos dieron un paso dentro de un círculo mágico dibujado por Lara y desaparecieron. Todos ellos se habían ido, así como así. El círculo mágico siguió ahí, brillando de un color azul pálido, pero después de un tiempo, el brillo comenzó a desvanecerse, y el propio círculo desapareció. Todo desapareció.
“Esos tipos se aliaron contra mí y vinieron aquí. Luego me cortaron de esta forma y sellaron. Dijeron que, si yo moría, el mundo humano restante podría ser destruido.”
¿De verdad sería destruido?
“¿Cómo quieres que lo sepa? No es como si hubiese muerto antes.”
Ese es un buen punto. Nadie sabe lo que pasa cuando mueren.
“Y bien, ¿ya estás feliz?”
¿Con qué?
“Este es el final que querías. Yo, viviendo aquí solo, con todos mis poderes sellados. Sigo con vida solo para mantener la existencia del mundo. Ya no puedo verlo. No puedo hablar con nadie. Solo seguiré mirando hacia este vacío blanco.”
No lo sé. Es difícil decir si eso me hace feliz o no. Mi objetivo nunca fue hacerte nada. Solo quería una vida feliz con Sylphie, Roxy, y Eris. Ir a trabajar, ganarme la vida, regresar a casa a cenar con mi familia, pasarlo muy, muy bien haciendo bebés de noche. Una vida nor… no, una vida feliz como esa.
Una vida normal… la vida más feliz que pude imaginar.
“Tu felicidad es mi desgracia.”
¿Sí? Bueno, entonces estoy satisfecho. Es decir, tú ahora mismo te ves tan miserable como es posible, así que debo estar feliz.
“Tú… no puedes estar hablando en serio… ¡Me das asco!”
No podía leer la expresión del Dios Humano, pero su voz no tenía rencor. Simplemente estaba llena de tristeza. Él sonaba como si fuera a llorar en cualquier momento.
“Te odio.”
Bueno. Ese es tu—
Perdí el conocimiento.
Cuando desperté, yo estaba sobre una cama. Era una cama realmente enorme, lo suficiente como para que tres personas pudieran haber dormido cómodamente en ella, y era suave. Mi espalda estaba un poco húmeda, lo cual no me agradaba, pero aparte de eso, era placentero. No había nadie durmiendo a mi lado. Podía mover mis ojos y mi cuello, pero no tanto mi cuerpo. Era como si la manta fuese muy pesada. Moví solo mis ojos para mirar más allá de la cama y vi a una chica con cabello rojo sentada ahí. Ella tenía párpados peculiares y una línea definida en su mentón —la viva imagen de Eris, a pesar de que ella tenía su cabello peinado en una modesta trenza y era mucho más pequeña. Tanto en términos de altura y tamaño de pecho. Era obvio: ella parecía tener solo cinco años.
Cuando sus ojos se encontraron con los míos, ella dejó caer lo que estaba sosteniendo y se puso de pie de un salto. La silla cayó hacia atrás pesadamente y la niña parecía que iba a caerse con ella. De inmediato la estabilicé. ¿Cómo la estabilicé si mi cuerpo no podía moverse? No lo sabía. Ella solo estiró sus manos y se detuvo en medio del aire, para luego enderezarse a sí misma. Ella salió corriendo de la habitación tan pronto como plantó sus pies en el suelo.
“¡Mamá! ¡Mamá! ¡El bisabuelo está despierto!” Miré hacia el objeto que ella había estado sosteniendo mientras escuchaba el patrón de sus pies corriendo. Era un brazalete grabado con el emblema del Dios Dragón. No recordaba habérmelo quitado, pero —ah, sí, supongo que ella debe haberlo quitado mientras yo estaba dormido. Mis brazos temblaron incontrolablemente mientras me estiraba hacia el brazalete. Era muy pesado. No, olviden eso. No era pesado. Yo era débil. Mi brazo se había hecho tan delgado que ni siquiera podía recoger un brazalete.
Justo en ese momento, mis ojos encontraron el espejo en una esquina de la habitación, y vi a un viejo tumbado en cama que parecía que iba a morir en cualquier momento. Él tenía una barba blanca, cabello blanco, y arrugas marcadas. La sombra de la muerte era visible en cada arruga de su rostro.
Aah, ahora lo recuerdo. Cumplí setenta y cuatro este año.
Había algo extraño sobre pensar eso. No podía recordar nada más. Era como si mis recuerdos estuvieran nublados. ¿En mi casa había habido una habitación como esta…?
“¿¡Rudy!?” Una mujer de cabello blanco que parecía estar cerca de los cuarenta entró corriendo a la habitación. Una verdadera mujer de mediana edad. Cuando nuestros ojos se encontraron, ella vino directamente a mi lado y tomó mi mano que yacía sobre la manta.
“¿Sylphie…?”
“Sí… Soy yo, Rudy. Soy Sylphiette,” me dijo gentilmente ella. “¿Sabes quién soy?”
“Sí… Sí, lo sé. ¿Qué… me sucedió?”
“Nada. Es solo que te quedaste dormido por mucho tiempo.”
Así que solo estaba dormido. Es cierto. Me sentía somnoliento.
“Pero ¿por qué no puedo moverme?”
“Sí, bueno… Sí…” Sylphie no me respondió. Ella solo acarició mi mano cariñosamente. Como si estuviera siguiéndole la corriente a un viejo olvidadizo…
Esperen un momento, eso quiere decir que… ¿estoy senil? ¿Es por eso que no recuerdo nada? ¿Qué?
Setenta y cuatro años era muy temprano para eso… pero ¿de verdad tenía setenta y cuatro? Tal vez había envejecido mucho más. Tal vez había estado senil por mucho más tiempo.
Dejando eso de lado, ¿por cuánto tiempo había estado en esta cama?
“Tengo miedo…” dije.
“Todo está bien. Estoy aquí contigo.” Sylphie apretó mi mano con aún más fuerza. Ese simple acto fue suficiente para aliviar algo de mi miedo. Pero no todo.
En el instante siguiente, un torrente de personas entró en la habitación. Vi a un niño pelirrojo, un niño de cabello azul, y otro rubio. Algunas de ellas eran jóvenes, algunas ya tenían su edad, y otras eran viejas, y todas entraron para posicionarse alrededor de mi cama. Parecían ser personas que yo conocía.
“Mira, Rudy. Todos están aquí para verte.”
“Sí…”
Por alguna razón, no podía recordar ninguno de sus nombres. Ah, si conocía uno. Esa persona entró lentamente detrás de todas las demás, para luego cerrar la puerta. Era una chica pequeña con cabello azul. Ella lo tenía peinado en trenzas, tal como siempre lo usaba.
“Roxy.”
“Rudy.” Cuando dije su nombre, ella por un momento se vio como si fuera a llorar. Pero de inmediato se acercó para estar de pie junto a Sylphie, acariciando mi cabeza gentilmente justo después.
“Rudy.”
“Gracias, Roxy…” Luego, sin darme cuenta, dije, “Maestra.”
Las lágrimas comenzaron a derramarse de los ojos de Roxy. Ella las limpió rápidamente para tratar de verse feliz, pero su boca solo se retorció, incapaz de formar una sonrisa completa.
En ese momento recordé algo.
“¿Qué hay de Eris? ¿Ella no está aquí?”
Eris usualmente habría sido la primera en llegar, pero no había señales de ella.
“Ah, Rudy. Eris ya… ella se adelantó.”
“¿Se adelantó hacia dónde?”
“Ella está esperando por ti, Rudy.”
Ah, entiendo. Entiendo.
“¿Estuve ahí para ella?”
“Sí, no te preocupes. Lloraste por tres días seguidos, pero lo superaste.”
Es cierto. Estaba borroso, pero el recuerdo estaba regresando a mí.
Eris había seguido entrenando intensamente hasta pasados los setenta. Pero entonces, un día, después de salir a correr y entrenar con su espada, ella había regresado a casa, caído en cama, y eso fue todo. No volvió a levantarse. Para el momento que me di cuenta, ella ya estaba muerta. Yo había llorado porque pensé que, tal vez, si me hubiese dado cuenta antes y usado magia de sanación en ella, quizá pude haberla salvado.
Incluso había olvidado eso. Eso quería decir que tampoco me quedaba mucho…
“Lo siento,” murmuré. “Todos están aquí para mí, pero ni siquiera sé quién es quién.”
“Lo sé, no te preocupes. Veamos… Desde ahí, tenemos a nuestro nieto —ese es el hijo de Lucie, Roland, ¿sabes? Y a su lado—” Sylphie siguió apuntando hacia cada uno de ellos y mencionando sus nombres. Casi todos ellos eran mis nietos y bisnietos. ¿Dónde estaban mis hijos? Ah, es cierto, todos ellos habían abandonado el nido para vivir lejos.
“Y por ahí, con el cabello rojo, la chica que es la viva imagen de Eris. Esa es la nieta de Ars —tu bisnieta— Feris.”
“Ah, la chica que me despertó.”
La niña pelirroja se veía un poco avergonzada. Probablemente estaba nerviosa de que fueran a regañarla por tratar de quitarme mi brazalete. Tenía la sensación de que ya la había visto antes.
Es cierto. Ella había estado en mi sueño sobre el Dios Humano. Estaba bastante seguro de que había estado dentro de ese grupo de personas. Sí, eso era. Estaba seguro de que había sido ella. Feris probablemente había sido mucho mayor que ahora, pero sabía que era ella.
“Ven aquí,” dije, y ella obedeció, con lágrimas reuniéndose en sus ojos.
“¿Quitaste esto de mi brazo?” Apunté hacia el brazalete. Las lágrimas comenzaron a bajar a través de sus mejillas. Supongo que, ahora que ella sabía que el regaño era inevitable, estaba tratando de usar su llanto para zafarse de ello.
“Lo siento,” dijo ella. “Pensé que era bonito.”
“¿De verdad? Bueno, entonces puedes quedártelo.”
Ella jadeó de la sorpresa. “¿De verdad?”
“A cambio, nunca volverás a tomar cosas de las personas sin pedir permiso.”
“Lo prometo.”
“Buena chica.” Me estiré lentamente y acaricié su cabeza. Ella podría ser regañada más tarde, pero bueno, no podía evitarse. No sería mi culpa si ella terminaba siendo malcriada.
“Todos se ven saludables.”
“Sí, así es.”
Eso me tranquilizaba. Todos tenían que estar haciéndolo bien si yo tenía esta cantidad de nietos y bisnietos.
“Me alegra saberlo. Todo ese trabajo valió la pena…”
Mi mano se deslizó de la cabeza de Feris mientras la fuerza me abandonaba. Hubo murmullos a mi alrededor.
Tranquilos. Todavía no voy a estirar la pata. Planeo seguir siendo un anciano postrado por un poco más de tiempo.
Alguien entró en la habitación. Él era alto, tenía el cabello plateado y un rostro de pocos amigos.
“Rudeus,” dijo él.
“Orsted-sama.” En el momento que apareció, el ambiente en la habitación cambió. ¿Era tensión? ¿Miedo? No, era más relajado. Era seguridad, y confianza.
“¿No necesita usar el casco?”
“No. Tus nietos lloran cuando me lo coloco.” Las risas estallaron a su alrededor, junto con frases como “Ya no lloraré,” y “Cielos, sí que lloré en ese entonces.”
“¿Las personas ya no le temen a su rostro?”
“No, la maldición sigue intacta. Solo tus hijos y nietos no son afectados.”
La expresión de Orsted era mucho más blanda que la primera vez que lo vi. Él todavía estaba frunciendo el ceño, pero supongo que podías decir que estaba relajado.
“De hecho, Orsted-sama, acabo de recordar algo,” dije.
“¿De qué se trata?”
“Recién, cuando Feris me quitó el brazalete, soñé con el Dios Humano.”
Hubo una pausa. “¿Ahora eres un apóstol?”
“Bueno, no estoy seguro de eso. Pudo haber sido un sueño común y corriente…” dije. “Si yo me hubiese convertido en un apóstol, ¿qué haría? ¿Me mataría como hizo con todos los demás?”
“Naturalmente. No tengo piedad con los traidores,” dijo Orsted, completamente serio. A pesar de eso, de inmediato me di cuenta de que estaba bromeando. De hecho, todos a su alrededor rieron, y no sentía ningún tipo de hostilidad proveniente de él. Se sentía de mal gusto decir esa clase de cosa en frente de un anciano postrado a punto de morir… pero tal vez esta era una de esas frases seguras que siempre sacaban risas.
“En mi sueño, usted había derrotado al Dios Humano. Él estaba siendo restringido con magia.”
“Entonces fue un buen sueño.”
“Sí, uno realmente bueno.”
¿Acaso ese sueño había mostrado eventos del futuro? Se sintió real, aunque los sueños siempre se sentían así.
“Sé que usted se esforzará al máximo para volverlo realidad,” dije. Orsted asintió solemnemente.
Como podrías esperar, después de cincuenta años junto a él, yo podía leer sus expresiones casi a la perfección.
“Tuviste una buena vida. Puedes descansar tranquilo.”
“Jaja… Es un poco temprano para descansar.”
Quería estar despierto un poco más. Me sentía bien. Si bien no podía moverme mucho, la luz del sol sobre mí era cálida y placentera.
“Me quedaré un poco más. Solo un poco más…”
No era como si hubiera algo que realmente quisiera hacer. Solo quería mirar hacia todos los rostros a mi alrededor por un poco más de tiempo. Eso era todo. Supongo que podrían decir que yo estaba un poco triste de abandonarlos. Solo quería otra hora o dos con ellos —incluso otros diez minutos serían suficiente.
No había nada que necesitara decirles. No tenía ningún arrepentimiento. Ahora mismo, de cierta forma, solo se sentía bien. Eso era todo.
“Solo un poco…”
Mis párpados comenzaron a cerrarse, bajando poco a poco. Lo último que vi fueron los rostros de Sylphie, Roxy, y la niña que era la viva imagen de Eris.
Luego mis ojos se cerraron.
Y así como así, mi vida llegó a su fin.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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