La Carta del Triunfo
Capítulo 2: La Carta del Triunfo
Al Dios de la Lucha le tomó un día completo aparecer. Teníamos que agradecer a Atofe y los demás por eso; ellos lo habían retenido. Pero no habían regresado. Dudaba que un demonio inmortal pudiera morir tan fácilmente, pero Atofe debe haber recibido el suficiente daño como para impedirle perseguir al Dios de la Lucha. De igual forma, gracias a su sacrificio, nosotros estábamos totalmente preparados.
El Dios de la Lucha vino a nosotros de frente. Él no trató de ocultarse o correr. Él solo caminó hacia el frente, con Geese sobre su hombro, como declarando que nada podría detenerlo.
Comenzamos las hostilidades cerca de la entrada del bosque. Yo estaba de pie sobre un muro imponente, de casi diez metros de alto y dos kilómetros de largo, el cual había construido para proteger el bosque. Desde ahí arriba, yo hice llover hechizos sobre lo que yacía debajo —específicamente Cañones de Piedra. Quería al menos tirar al suelo a Geese, así que disparé tantos como pude. El Ojo de Visión Distante no funcionaba en Badigadi. Orsted dijo que incluso él no sabía la razón, pero probablemente era seguro asumir que Badigadi era un Niño Bendito con ese poder, o que había hecho algo en el pasado que le había otorgado una resistencia a los ojos demoniacos.
Él estaba lejos, pero el dorado no pasaba desapercibido, y yo había estado practicando mi puntería disparando Cañones de Piedra desde que nací en este mundo. Mis ataques estaban impactando. De cada diez disparos, uno impactaba. Solo que, incluso a esta distancia, podía darme cuenta de que no estaban haciendo mucho daño. Se abría un agujero en la armadura cuando lograba un golpe directo, pero se reparaba a sí misma de inmediato. No la estaba penetrando, y no lo estaba ralentizando. El Dios de la Lucha caminaba hacia nosotros sin siquiera molestarse en defenderse. Mi poder de fuego debe haber sido debilitado por la distancia. No tenía más opción que golpearlo a quemarropa si quería causarle un daño real.
Ah, pero le di a Geese. Era difícil estar seguro desde esta distancia, pero él se cayó del hombro de Badigadi en el momento del impacto. Parecía decisivo. A pesar de que justo después se puso de pie como si nada hubiese ocurrido, así que aparentemente no le había causado casi ningún daño. Al menos, él sí se movió para posicionarse detrás de Badigadi en vez de volver sobre su hombro, como si lo hubiera sacudido. Un ataque a corta distancia podría haber hecho suficiente daño como para matarlo, pero dado que no lo había matado con el rayo, parecía seguro asumir que Geese se había concedido a sí mismo alguna clase de resistencia a la magia.
Al final, no pude lograr nada cercano a ralentizarlos. Una vez que el Dios de la Lucha estuvo lo suficientemente cerca, yo usé magia de fuego para quemar el muro exterior, para luego retirarme dentro del bosque. No iba a acercarme más de lo necesario.
Mientras confirmaba que el muro había sido destruido, recité una Niebla Profunda de amplio alcance para cubrir la totalidad del bosque, y después agregué un Pantano del mismo tamaño. Eran las tácticas de reconocimiento y guerrilla que le había dejado a Ruijerd y los guerreros Superd. Mis ojos demoniacos no funcionaban, pero los ojos de Ruijerd y los otros Superd definitivamente estaban siguiendo los movimientos del Dios de la Lucha.
Funcionó. Llegó un reporte diciendo que, gracias a las tácticas de los Superd combinadas con la Niebla Profunda, el Dios de la Lucha se había perdido y pasó varias horas tambaleándose dentro de la niebla. Yo seguí recitando Niebla Profunda y Pantano sobre toda la zona, con la esperanza de que él se perdiera tanto que volviera a terminar en el borde del bosque.
Entonces, después de algunas horas, Ruijerd apareció con un reporte. “El Dios de la Lucha ha decidido su dirección de avance.” Él se estaba dirigiendo directamente hacia la Quebrada del Wyrm de Tierra. Apuesto a que era obra de Geese. Si Badigadi hubiese estado solo sería una cosa, pero Geese parecía del tipo que sabía abrirse paso a través de un bosque cubierto de Niebla Profunda. Me cuestioné si la experiencia por sí sola sería suficiente para lograr algo así, pero no era difícil imaginar que él estaba usando alguna clase de implemento u objeto mágico. A pesar de que, si él hubiera tenido un implemento mágico, ellos no habrían estado vagando por horas. Él probablemente se tomó su tiempo y usó métodos tradicionales para determinar su posición y la dirección. Geese probablemente era capaz de algo así.
Así que, con Niebla Profunda, Pantano, y las tácticas de guerrilla de los Superd, nosotros habíamos logrado contenerlos por unas miserables tres horas. Tres de nuestros combatientes estaban muertos. El Dios de la Lucha había matado a los guerreros Superd que se habían acercado demasiado a él, pero sus muertes no fueron en vano. Ellos lo habían detenido lo suficiente, hasta la puesta de sol. Cuando eso ocurrió, el Dios de la Lucha dejó de moverse. Él no funcionaba a base de energía solar ni nada parecido, pero de todas formas se detuvo.
Pero yo no. No dejé de recitar Niebla Profunda ni Pantano, y los Superd tampoco detuvieron sus actividades. Yo realicé ataques de larga distancia con Cañones de Piedra. El punto era no dejarlos dormir, no dejarlos descansar. Puede que no tenga mucho efecto en Badigadi, pero afectaría a Geese.
El primer día llegó a su fin.
En el segundo día, nosotros seguimos haciendo lo que habíamos hecho durante la primera tarde. Usamos la mayor parte del día para atraer al Dios de la Lucha hacia la Quebrada del Wyrm de Tierra.
El tercer día llegó. Yo estaba de pie arriba del muro barricada que había construido al borde de la colina, al otro lado de la quebrada, manteniendo estrictamente vigilado el oscuro bosque. Justo detrás de mí estaba Ruijerd, también mirando fijamente hacia el bosque. La Quebrada del Wyrm de Tierra era extremadamente adecuada para la defensa —tenía casi un kilómetro de profundidad y, aunque yo no me había dado cuenta la primera vez que la crucé, la colina al otro lado de la aldea Superd estaba ligeramente elevada. Como regla general, el lado con el terreno más alto tenía la ventaja en una batalla. La altura daba mejor visibilidad, y escalar requería más energía que descender. Gracias por eso, gravedad. Con eso en mente, yo había usado magia de tierra para construir un muro barricada en el borde de la colina sobre el lado de la aldea Superd. Tenía casi veinte metros de alto, más pequeño que el que estaba al borde del bosque. Viendo que este era el único punto donde la quebrada se volvía más estrecha, eso no era un problema. Yo había fabricado una brecha en esa defensa cuando había fabricado un puente como una entrada, pero esa brecha había sido llenada cuando derribé el puente junto conmigo. Con esto, nosotros no tendríamos que lidiar con otro episodio como el que tuvimos con el Dios Ogro, donde repentinamente nos encontramos luchando mano a mano después de que él superó la brecha con un salto largo.
Creo.
No es por subestimar los poderes del Dios de la Lucha, pero este muro era el más alto y fuerte que pude fabricar en el corto periodo de tiempo que tuve. Si él aun así podía saltarlo, bien podríamos solo darnos por vencidos. Asumiendo que él no podía, si se aferraba a la superficie de la roca, yo podía atacarlo con Cañones de Piedra desde arriba. En esta batalla, había aprendido que, incluso si él podía neutralizar la magia, eso no se extendía a neutralizar los cambios en el entorno. La primera batalla me había mostrado que Cañón de Piedra era bastante efectivo. Y Geese, bueno, él no tenía nada de fuerza. Si le daba con un Cañón de Piedra mientras estaba aferrado a la superficie de la roca, él caería hacia el fondo de la quebrada. Incluso si atacarlo de esa forma fallaba, yo podría ser capaz de hacerlo resbalar lanzándole un enorme volumen de agua. Geese era un tipo astuto, pero inútil en una pelea.
Aunque Badi parecía tener algún truco bajo su manga, y como dije, Geese era astuto. Eran la pareja perfecta. Si bien era riesgoso guiarlos hacia el punto más estrecho de la quebrada, todavía era mejor que tenerlos cruzando sin darnos cuenta y que nos tomen por sorpresa. Yo estaba de pie sobre la quebrada junto a Cliff, Ruijerd, y los guerreros Superd. Los otros Superd estaban posicionados a intervalos regulares junto a los tramos que no estaban cubiertos por el muro, para así alertarnos de inmediato si Badigadi cruzaba ahí. Eris estaba cerca, directamente detrás del muro. Una vez que Geese y Badigadi lo atravesaran, sería una guerra sin cuartel. Habíamos ganado algo de tiempo. Lo que debería haber sido un día de viaje viajando en línea recta, había tomado tres. Nos habíamos conseguido dos días adicionales… Pero aún no había escuchado nada de Roxy, así que ese tiempo adicional puede haber sido en vano. Aun así, yo no cambiaría mi estrategia. A partir de la batalla en la playa, sabía que no podía ganar una batalla frente a frente. Quería mi carta del triunfo.
Cayó la noche. No tenía idea de cuándo aparecerían. Los Superd estaban vigilando el bosque junto a mí, pero sea donde sea que estuviera acampando nuestro enemigo, estaba fuera de su rango de detección.
Mantente alerta, pensé. Escuché a Ruijerd gritar justo en ese momento.
“¡Están aquí!”
Concentré mi vista tanto como pude para poder ver las sombras dentro del bosque. Ahí estaban. No eran más grandes que un grano de arroz, pero había alguien de pie entre los árboles. Aunque no estaba el brillo dorado. Esta persona usaba una túnica blanca. Ya había visto una túnica blanca como esa en el pasado.
Era Geese. Bueno, era posible que fuera alguien más, pero se parecía a Geese.
“¿Quién es?”
“Es él,” dijo convencido Ruijerd. La distancia entre nosotros y ellos estaba dentro del rango de su tercer ojo. Era improbable que Ruijerd estuviera equivocado. Geese parecía estar observándonos, no desde cerca del borde de la quebrada, sino desde más atrás en el bosque, entre los matorrales. Todavía estaba demasiado oscuro para ver claramente, pero de verdad parecía ser él. Y yo no podía ver ni la más tenue chispa de dorado cerca. Geese estaba solo.
“¿Eh?”
¿Solo? ¿Acaso estaba explorando por sí solo? Geese, quien conocía la magia que yo podía usar, quien sabía que yo tenía el Ojo de Visión Distante, quien sabía que había Superd aquí, ¿estaba solo? ¿Tanta confianza tenía? ¿O acaso Badigadi estaba esperando cerca? La quebrada a lo mucho tenía cien metros de un lado a otro; si Badigadi estuviera lo suficientemente cerca como para ir en defensa de Geese, Ruijerd sería capaz de verlo.
Un ataque mío lo mataría, ¿no?
Al darme cuenta de esto, mi corazón comenzó a latir como loco. Un Cañón de Piedra le daría. Geese estaba mirando en nuestra dirección, pero tenía la sensación de que él no podía verme a mí. Le daría. Eran cien metros. Incluso considerando la altura, la posición, y el arco de un Cañón de Piedra, el disparo no podía ser de más de doscientos metros. Si apuntaba cuidadosamente, esa era una distancia en la que podía dar en el blanco sin muchos problemas.
Hice una pausa. ¿Debería hacerlo? ¿Qué tal si era alguien más? Como un aventurero usando una túnica blanca. Quien acababa de perderse dentro del bosque. En medio de una batalla.
Sí. Eso era imposible.
El bosque era un desastre después de la Niebla Profunda y el Pantano del día anterior. Ningún aventurero habría llegado hasta aquí. Incluso si había estado cerca de la quebrada cuando empezó, el radar Superd lo habría detectado.
Podía acabar con Geese ahora mismo. ¿Qué hago? Estaba cien por ciento seguro de que era una trampa. ¿Qué clase de trampa? Ahora mismo, podía atacar. ¿Qué más podía hacer él? ¿Acaso ganaba algo haciéndome atacar? Digamos que, quien quiera que sea esa persona que se parece a Geese, en realidad era alguien más. ¿Podría ser alguno de mis amigos o parte de mi familia? Eso no era posible. Hasta ayer, solo habían estado ellos dos. No podrían haber logrado traer a alguien de la nada.
En cuyo caso, ¿esto era una abertura? Hasta ahora, yo había estado concentrado en ganar tiempo y no había estado atacando activamente. Ellos habían avanzado rápidamente desde la costa de la Tercera Ciudad de Heirulil hasta aquí.
Después de un relajado viaje junto a Badigadi, tal vez él estaba confiando en que obtendrían una victoria fácil. ¿Puede ser que él haya bajado la guardia revelándose a sí mismo? Atacar sería lo más fácil del mundo, y el riesgo era bajo. No hay razón para no hacerlo, ¿cierto? También era posible que él de alguna forma hubiese colocado ahí a alguien que yo no quería ver morir. Estratégicamente, ¿cuál sería el punto de eso? ¿Qué pasaría si no atacaba ahora?
Estaba corriendo en círculos. Se sentía como una trampa, pero incluso si lo era, no podía pensar en ninguna desventaja al atacar.
Muy bien, vamos a dispararle. Tal vez sea una trampa, pero no había desventajas en solo dispararle.
Si él respondía, respondía. Así de simple.
“Voy a atacar,” dije.
“Entendido.”
Concentré poder mágico en mi mano derecha. Yo estaba más interesado en la precisión que la velocidad y el poder. Aún no podía ver a Geese con el Ojo de Visión Distante, pero lo usé para hacer una proyección del terreno mientras alimentaba con poder mágico el Ojo de la Premonición, prediciendo dónde impactaría mi disparo. En caso de fallar, decidí usar Ráfaga de Cañones.
Dudé antes de disparar, solo por un instante. Ese instante pasó y un Cañón de Piedra fue disparado de mis dedos, atravesando el aire hacia el otro lado de la quebrada, en una trayectoria totalmente recta.
No hubo sonido. Mientras impactaba, la figura al otro lado colapsó como una marioneta con los hilos cortados, quedándose quieta.
El disparo había dado en el blanco, y con resultados evidentes. El tiempo pasó. Era irreal, como si nada hubiese ocurrido. La figura caída no se movía. Dentro de la luz de la mañana, todo lo que podía escuchar era el tranquilo susurro del bosque. Pasaron diez minutos. Luego veinte. No estaba llevando la cuenta del tiempo exacto, pero seguía transcurriendo.
Una sensación se apoderó de mí. Quería saber. Quería saber qué era lo que había dejado tendido con ese disparo. ¿Era Geese, o algo más? ¿Estaba vivo o muerto? Podía bajar de un salto hasta ahí y regresar en un santiamén. De seguro no habría ningún problema con eso.
Pero mientras eso pasaba por mi mente, entendí lo que estaba ocurriendo. Esto era la trampa. El plan de Geese no era hacerme atacar, sino hacerme sentir como me estaba sintiendo ahora.
Tal vez quien estaba ahí tendido de verdad era Geese, al borde de la muerte, y todo lo que yo tenía que hacer para ganar era darle el golpe de gracia. Tal vez era Sylphie —ellos la habían capturado en algún momento, luego vinieron aquí con alguna forma de engañar al tercer ojo de Ruijerd, y si yo no iba en su auxilio ahora mismo, ella moriría. Incluso si algo de eso era cierto, si bajaba a comprobarlo, el Dios de la Lucha aparecería, y yo moriría. No podía ir.
Pasó una hora. Estaba nervioso. ¿Acaso había cometido un error irreversible? ¿Después de todo no debí haberle disparado a la figura? ¿Acaso su objetivo era mantenerme aquí?
¿Qué tal si, incluso ahora, ellos estaban cruzando la quebrada en algún otro lugar? Bueno, no, yo al menos tenía a los guerreros Superd protegiendo la quebrada. Tenía que confiar en ellos.
Pasaron dos horas. ¿Después de todo debí haber ido a comprobarlo? ¿Tal vez bajar a comprobarlo me dará una pista del siguiente movimiento de Geese? ¿Acaso solo estaba evitando descubrir la verdad por alguna razón?
Pasaron tres horas. Nada se movía. Todo tipo de pensamientos cruzaban mi mente. Todas estas preguntas estaban comenzando a pasarme la cuenta. Si el plan de Geese era agotarme, lo estaba logrando.
Estuve seguro después de cuatro horas. Eso era un cadáver. No se había movido por cuatro horas, así que tenía que serlo. Pero ¿de quién? ¿De verdad era posible que Geese estuviera muerto, y que Badigadi no hubiese hecho nada? Si Roxy estuviera aquí, ella podría haber dicho algo constructivo. Cuando le pregunté a Cliff, él solo frunció el ceño y sacudió su cabeza.
Pasaron seis horas. Comí algo rápido, y luego regresé a observar el cadáver. No se movía.
Pasaron ocho horas. La tarde estaba llegando a su fin, y el sol estaba ocultándose cada vez más en el horizonte. Tal vez era debido a que había estado en alerta constante, ya que estaba cada vez más cansado. Si el sol se ocultaba y seguía sin ocurrir nada, iría a dar un vistazo.
Cuando pasó la décima hora, Ruijerd dijo abruptamente, “Rudeus. Él está aquí.”
Miré hacia el bosque, sobresaltado, justo a tiempo para ver la brillante armadura dorada saliendo de entre los árboles. Cuando la armadura se acercó, el cadáver se puso de pie lentamente. Se puso de frente a la armadura por un tiempo, como si estuviera diciendo algo, para luego mirar en nuestra dirección. Vi que se encogió de hombros. Así era como Geese se encogía de hombros, estaba seguro. Ellos se retiraron hacia las profundidades del bosque sin hacer más alboroto. El silencio reinó una vez más.
“Fiu…”
Había sido una trampa. La figura era Geese, pero él se había usado a sí mismo como carnada para atraerme. Había estado cerca de caer en ello.
La noche estaba a punto de caer. Dejaría a los guerreros Superd haciendo guardia y trataría de dormir un poco. Mi mente estaba frita. Ellos podrían regresar cuando se oculte el sol, pero de todas formas tomaría una siesta.
“Me voy a tomar un descanso,” dije. Me enrollé dentro de una manta.
El tercer día llegó a su fin.
Era la tercera noche. Parecía ser que, después de ver nuestro muro, Geese y Badigadi estaban teniendo problemas para idear una estrategia de ataque efectiva. Badigadi no podía simplemente saltar sobre el muro, y si no podía hacer eso, él no podía proteger a Geese. Yo había estado en lo correcto en cuanto a eso. También estaban los misiles que vinieron volando hacia nosotros desde el otro lado del valle. Primero fue una enorme roca que golpeó el muro a una velocidad estremecedora, derribando una sección. Más rocas y troncos le siguieron, viniendo uno tras otro a velocidades aterradoras. Desperté por el escándalo y los intercepté todos, así que no lograron realizar ningún daño significativo. Badigadi y Geese deben haber decidido que, a menos que hicieran algo sobre el muro, ellos no podrían seguir adelante. Eso explicaría este ataque. Basándome en lo que había visto del estilo de batalla del Dios de la Lucha, él podría haber usado la fuerza para abrirse paso de haber estado solo. Geese tenía que estar conteniéndolo. Si él dejaba atrás a Geese y saltaba, fácilmente podría pasar… solo que, si se les daba caza desde la retaguardia, Geese sería hombre muerto. No es como si fueran a llegar refuerzos desde fuera del bosque… Bueno, excepto tal vez por Atofe, si ella se regeneraba y luego venía en nuestra ayuda. Tal vez tenían miedo de algo así. A decir verdad, un solo guerrero Superd en el lado del bosque sería suficiente… pero era posible que ellos dos se hubiesen dado cuenta del peligro que implicaba dejar atrás a Geese después de lo de ayer.
Un guardia podría acabar con Geese si él se quedaba solo. Yo no tenía que estar ahí. No tenía que ser yo.
Esto estaba llegando al punto donde el Dios de la Lucha bien podría perder la paciencia y saltar el muro solo.
Mi carta del triunfo aún no había llegado.
El sol del cuarto día salió, y el Dios de la Lucha junto con él. Badigadi estaba solo, tal como había predicho. Él se acercó de un gran salto, tal como el Dios Ogro, para luego quedarse de pie en un punto un poco más atrás del muro. Tal como había esperado. Todo estaba saliendo como lo había planeado. En el momento que vi que Geese no estaba sobre el hombro del Dios de la Lucha, liberé un hechizo hacia el otro lado de la quebrada, dejando caer Combustión Súbita sobre una gran área. El bosque fue tragado por las llamas en un instante. No sabía si le había dado. No tenía el tiempo para revisar el bosque ardiendo en busca de un cuerpo. Mantuve el fuego de los árboles en llamas en la esquina de mi visión, pero frente a mí tenía un enemigo que requería toda mi atención. El Dios de la Lucha escaló el muro a un ritmo impactante, usando sus seis brazos para subir, como si fuera una araña. Cliff y yo disparamos Cañones de Piedra y bombas de agua gigantes hacia él para tratar de derribarlo, pero era como tratar de contener la marea. El Dios de la Lucha subió el muro a una velocidad frenética.
“¡Cliff! ¡Estamos en problemas! ¡Retrocede! ¡Ruijerd! ¡Sácanos de aquí!”
“¡Entendido!” Ruijerd nos agarró a mí y a Cliff y saltó del muro. No esperamos que el Dios de la Lucha llegara a la cima —en el momento que pisamos el suelo, yo usé magia para destruir el muro barricada y hacerlo caer hacia la quebrada.
No nos hizo ningún bien. El muro comenzó a derrumbarse con una lentitud dolorosa, para luego explotar por completo como si hubiese sido hecho por dinamita. Grandes pedazos de roca volaron a través del aire, y dentro de ellos, un conjunto de armadura dorado. Usé magia para desviar las rocas que llovieron sobre nosotros, sin despegar nunca mis ojos del Dios de la Lucha. Él descendió en un punto a menos de cinco metros de mí con un gruñido. Entonces, él lentamente se dio la vuelta hacia mí.
“Vamos a retomarlo donde lo dejamos,” dijo él. Badigadi cruzó sus brazos superiores, colocó sus manos inferiores sobre sus caderas, y apuntó hacia mí con la mano de en medio. Badigadi estaba mirando hacia mí. “¡Yo soy el Dios de la Lucha Badigadi! ¡Amigo del Dios Humano, y heredero del título de Dios de la Lucha! ¡Rudeus Greyrat, te desafío a un duelo!”
“¡Tengo una pregunta!” grité rápidamente. Sabía que él bien podría decirme que no desperdiciara mi aliento, pero lo dije de todas formas. “¡Su Majestad! ¿Por qué ha unido fuerzas con el Dios Humano? ¿¡A qué se refiere con que es su amigo!? ¿Acaso él no lo traicionó en el pasado?”
“¡En efecto lo hizo, niño! ¡Él me engañó diciendo que era para salvar a Kishirika de morir a manos de Laplace! ¡Me coloqué esta armadura, luego maté a Laplace, pero Kishirika recibió una herida mortal en el proceso!”
“¿¡Entonces por qué!?”
“¡Él Dios Humano vino a mí de rodillas para decir que lamentaba mucho eso! ¡No solo eso, sino que me rogó que le prestase mi fuerza! ¡No pude rehusarme luego de eso!”
¿El Dios Humano se disculpó? Ese bastardo nunca se disculparía. O si lo hacía, simplemente sonreiría y diría, Tee-hee, lo siento muuuuucho.
“¡Él va a volver a engañarlo!”
“¡No me importa! ¡Si sucede, él solo necesita disculparse, y yo lo perdonaré! ¡Yo soy inmortal, y Kishirika puede renacer! ¡Si él se disculpa, entonces lo dejaré en el pasado! ¿Qué más podría pedir?”
Eres demasiado generoso.
En mi opinión, él tenía un muy buen punto. Yo también pensaba que debías perdonar a las personas por una mentira menor. Solo que no tenía el lujo de calificar la muerte de un miembro de mi familia como menor. Yo no era un demonio inmortal. Yo veía el mundo de una forma diferente. Desde la perspectiva de Badigadi, Kishirika siempre iba a renacer.
“¿No lo correcto sería que usted lo traicione y se una a nuestro lado?”
“¡Nunca! Yo nunca fui un aliado del Dios Dragón. ¡No obstante, si ganas esta batalla, lo consideraré!”
Él me estaba diciendo que debía luchar para obtener lo que quería. Él y Atofe eran parecidos en este aspecto. Ahora que lo pienso, cuando conocí a este rey demonio, habíamos estado en una arena de duelo. ¿En ese entonces yo había ganado o perdido? En cualquier caso, había terminado ganándome el respeto de Badigadi. Esa debía ser la razón por la que me trataba tan bien. Para un rey demonio, de eso tenía que tratarse una batalla.
“Muy bien. Entonces acepto su desafío.”
El asunto era que esta vez Badigadi había olvidado decir combate uno a uno.
“Todos los presentes aquí seremos sus oponentes.” Desde los arbustos detrás de mí salieron Eris, Elinalise, Zanoba, y Dohga. A ellos se unieron los Superd que habían estado protegiendo el resto de la quebrada. Era el momento de una guerra sin cuartel.
Dohga y Zanoba eran los tanques de la vanguardia. Eris y Ruijerd eran los atacantes de la vanguardia. Elinalise y los guerreros Superd proporcionarían apoyo desde el medio. Yo estaría atacando desde la retaguardia. Y, por último, Cliff estaría siendo el sanador desde la retaguardia. Era una composición de grupo normal, como también las tácticas.
El plan básico era que Dohga y Zanoba recibirían los ataques, mientras Eris y Ruijerd los repartirían. Elinalise y los guerreros Superd, quienes eran superados en poder, irían por detrás de Badigadi de vez en cuando para desconcentrarlo. Para todos excepto Zanoba y Dohga, un solo golpe era potencialmente fatal. Para ser honesto, un golpe directo sería potencialmente fatal incluso para esos dos, pero ellos se cubrirían entre sí para no recibir ninguno. Todavía podrían romperse algunos huesos o algo así a lo largo de la batalla, pero Cliff y yo sanaríamos todo eso. Cliff estaría completamente enfocado en la sanación. Yo usaría la sanación de vez en cuando mientras disparaba Cañones de Piedra para hacer un poco de daño al Dios de la Lucha y desviar sus ataques. Yo no podía ver a Badigadi con el Ojo de la Premonición, pero al canalizar menos poder mágico al Ojo de Visión Distante, podía usar el Ojo de la Premonición para vigilar a mis aliados y predecir sus movimientos. Nunca antes había hecho algo como esto. Ni siquiera lo había practicado.
Aun así, por alguna razón, estaba funcionando. Sentía que estaba luchando con un ojo cerrado, pero aún podía leer los movimientos de Badigadi y mis aliados. De hecho, parecía que mis movimientos estaban siendo más fluidos de lo usual. Tal vez era porque mi papel principal aquí era proporcionar apoyo, o tal vez porque los movimientos de Badigadi eran demasiado directos. Él ciertamente no tenía la técnica de Alexander; Alexander había luchado contra Eris, Ruijerd, y Sandor en un tres a uno y apenas había recibido un golpe. Pero no era así en el caso de Badigadi —aparte de estar siendo superado en números, él además estaba siendo golpeado por prácticamente cada ataque. Esto era bueno. Los movimientos de mi oponente eran evidentes y podía predecir cada uno de ellos.
Solo que no podía ver un final.
Badigadi estaba recibiendo todos nuestros ataques, así que, a simple vista, podría parecer que estábamos ganando. Podría parecer que estábamos haciendo un buen daño. Pero solo se veía de esa forma. Cada vez que Eris lo cortaba o Ruijerd lo apuñalaba, las heridas se reparaban inmediatamente. La armadura dorada se retorcía como un ser vivo para cubrir los agujeros tan pronto como aparecían. Él probablemente también se estaba regenerando dentro de la armadura. En otras palabras, él no había recibido daño, y no estaba cansado. No llegaríamos a una situación como en el caso de Alexander, donde él parecía que estaba ganando fácilmente, pero que, en realidad, estaba cansándose más y más. La batalla solo se iba poner más y más cuesta arriba para nosotros. No había esperanzas de ganar, pero podíamos aguantar. Siempre y cuando nuestra formación no se rompiera ni nadie cayera repentinamente, podríamos aguantar. ¿Quién sabe dónde nos llevará eso? Pero era todo lo que podíamos hacer.
Y eso probó ser demasiado. Los primeros en caer fueron, por supuesto, los guerreros Superd. Ellos de ninguna manera eran débiles, pero estaban algunos niveles por debajo de Ruijerd, y no habían luchado una batalla real ya por algunos cientos de años. Puede que algunos de ellos ni siquiera hubieran nacido en la época de la Guerra de Laplace. Los guerreros que solo habían cazado Lobos Invisibles no podían soportar una batalla contra el Dios de la Lucha. Ellos cayeron en batalla en rápida sucesión, uno tras otro. Algunos claramente habían muerto instantáneamente, y otros fueron gravemente heridos, pero aún podrían seguir luchando si eran sanados. En cuanto a los demás, no estaba seguro. Al comienzo de la batalla había habido diez de ellos, pero ahora solo quedaban tres.
A continuación, perdimos a Elinalise. Ella ciertamente tampoco era débil. En cuanto a la técnica, ella estaba en los primeros lugares dentro de los aventureros. Elinalise era lo suficientemente buena como para ser vanguardia en un laberinto de rango S, y sus habilidades defensivas con un escudo no tenían igual. Pero eso era dentro de los aventureros. Su especialidad era el control de multitudes, desviando hábilmente ataques con su escudo, para luego acumular ataques de poco daño. Pero ella había perdido su confiable escudo. Yo le había fabricado un repuesto con magia de tierra, pero el ataque del Dios de la Lucha Badigadi había superado fácilmente su técnica de desvío, lanzándola a través del aire, para terminar chocando contra un enorme árbol. Ella se desmayó. Después de eso, todo se vino abajo. Cliff se distrajo a causa de la derrota de Elinalise, y en ese momento de distracción, terminó atrapado en la arremetida del Dios de la Lucha. Él salió volando como si hubiese sido atropellado por un camión y desapareció dentro de los arbustos. No estaba seguro de si él estaba muerto o solo herido de gravedad, pero no regresó. Como mínimo había sido noqueado.
Con Cliff inconsciente, Zanoba y Dohga, a quienes él había estado sanando, fueron incapaces de aguantar por más tiempo. Entre mi apoyo con los Cañones de Piedra y la cobertura de Elinalise, nosotros nos habíamos asegurado de que ellos solo recibieran uno de cada varios ataques. Ahora, ellos los estaban recibiendo casi todos. Ellos lo estaban soportando gracias a mi magia de sanación, pero no más que eso. Correr hacia ellos cada vez que el Dios de la Lucha los mandaba a volar, sanarlos, y enviarlos de vuelta al combate era imposible para mí solo. Si hubiese tenido la Armadura Mágica Mark II, tal vez habría podido hacerlo, pero ¿con mi propio cuerpo? ¿Incapaz de usar un Aura de Batalla? Sin importar lo mucho que me impulse con magia de viento, yo todavía era demasiado lento. Siempre estaba un paso atrás. Nuestra sincronización fue cada vez peor, hasta que tanto Zanoba como Dohga fueron mandados a volar al mismo tiempo. En ese mismo instante, el Dios de la Lucha se concentró en Eris. Ruijerd la cubrió, pero eso lo sacó de la batalla. Yo corrí para sanar a Dohga, luego fui hacia el lado de Zanoba, pero fui demasiado lento. Nuestra formación estaba destruida. Dohga fue mandado a volar, para luego, mientras estaba sanando a Zanoba, ver al Dios de la Lucha darle un golpe directo a Eris con su puño. Ella colapsó, tosiendo sangre. ¡Ella fue gravemente herida! gritó una voz dentro de mi cabeza. ¡Tienes que sanarla ahora mismo o será demasiado tarde! Pero fui demasiado lento. El Dios de la Lucha ya estaba cerrando la brecha hacia Zanoba y yo.
“¡Rrooooaaaaah!” rugió Zanoba.
Él bloqueó el puño superior derecho del Dios de la Lucha, luego el izquierdo. Zanoba recibió un puñetazo de uno de sus brazos inferiores en el estómago, doblándose. A continuación, un puño de los brazos del medio le dio en la cien, y fue lanzado hacia un costado. A continuación, el Dios de la Lucha se dio la vuelta hacia mí. Para el momento que había pensado “¡Ah, mierda!” ya era demasiado tarde. El puño me alcanzó justo cuando estaba tratando de lanzar Onda Sónica para alejarme. Fue uno de los brazos del medio. El impacto fue tan intenso que creí que mi cuerpo sería despedazado —y también fui mandado a volar. No estoy seguro de si fue bueno o malo no haber perdido el conocimiento. Podía sentir que todos mis huesos, desde mi hombro hasta mis costillas estaban rotos, y tal vez también mi columna, debido a que no podía sentir mis piernas. No podía moverme. Probablemente el impacto había sido tan grande que mi cerebro había suprimido todas las señales de dolor. Simplemente había perdido toda sensibilidad.
Inmediatamente recité magia de sanación sobre mí mismo mientras jadeaba, y luego me puse de pie. La escena que me recibió fue una sacada del infierno. No quedaba en pie, ni una sola persona. Después de que caí, el Dios de la Lucha había acabado con los guerreros Superd restantes. Era una verdadera carnicería. Me había equivocado tomando la decisión de cuándo retirarnos, y ahora, ni siquiera podíamos hacerlo. Ahora que lo pienso, debimos habernos retirado en el momento que cayó Elinalise. Debí haber visto que no podríamos aguantar mucho más y regresado a la aldea Superd. Luego, debí haberle dejado el resto a Orsted. Pero ya era demasiado tarde para lamentos.
El Dios de la Lucha estaba de pie frente a mí, el último en pie.
“¿Últimas palabras?”
“Para ser honesto, me gustaría rogar por mi vida.”
“Puedes intentarlo, aunque yo no tendría esperanzas de que tus plegarias vayan a ser escuchadas. El Dios Humano desea tu muerte.”
Quiero encontrar un momento para sanar a Eris, pensé mientras me sentía aturdido. No parecía que fuera a ser capaz de lograr eso. ¿No había otra forma?
Si mantenía a Badigadi distraído por cinco minutos —demonios, incluso tres servirían— tendría suficiente tiempo para correr al lado de Eris. Me conformaría con que Cliff despierte y sane a alguien. ¿No había nada que yo pudiera hacer?
“Muy bien, puedes quedarte con mi vida. A cambio… ¿podrías perdonar a mi familia?”
“¿Oh? ¿A tu familia?”
“No creo que Su Majestad esté al tanto de esto, pero ahora tengo hijos. Cuatro hijos saludables.”
“Los niños son buenos. A mí me gustaría tener los míos junto a Kishirika algún día.” Badigadi asintió. “Muy bien. Pero debes saber que, si alguno de ellos se levanta en mi contra, no tendré piedad.”
“Lo entiendo.”
Después de mi muerte, el Dios Humano atacaría a mis hijos, pero ahora, él no tendría la ayuda de Badigadi. Obtener esa promesa de él era mi único consuelo. Incluso si al final no significaba nada…
Este era mi último acto.
“¡Buajajaja, buajajajajajajajaja!” rio Badigadi, levantando su puño. “¡Entonces adiós, niño!”
Ante esto, yo levanté mis dos manos. Como mi acto final, al menos podía golpearlo con mi Cañón de Piedra más poderoso—
“¡Al suelo!”
Me lancé al suelo en cuatro como un perro. Algo incluso más bajo que yo pasó a un lado de la esquina de mi visión. Iba disparado hacia el lugar entre las piernas del Dios de la Lucha, deteniéndose detrás suyo. Tenía piel morena, orejas de animal, y la cola de un gato. Una loba negra. Había cortado a través de las piernas del Dios de la Lucha alrededor de las rodillas, y por un momento, este se tambaleó —pero solo por un momento. La armadura se reparó a sí misma de inmediato, y su puño bajó sin inmutarse.
Justo en ese momento, una falda larga revoloteó sobre mí. Yo estaba siendo cargado.
“¡Hmph!” El Dios de la Lucha desapareció de mi vista mientras balanceaba su puño hacia abajo. Sentí algo grande ser mandado a volar de una explosión hacia el cielo en algún lugar detrás de mí. Un poco después hubo un estruendo, como si algo hubiese chocado contra el suelo. ¿Qué había ocurrido? Todo lo que podía ver dentro de esta larga falda, y, sobre mí, era un par de bragas azules. La dueña de dichas bragas me parecía conocida, aunque no podía recordar de quién eran. Pero la otra, ¿la loba? Conocía a esa loba. Ya la había visto antes. ¡Como si pudiera olvidarla! Esa forma de moverse, ese cabello rubio, la piel morena oscura —además de la cola meneándose y las orejas de animal.
“¡Ghislaine!” grité. ¡Eso quería decir que la de cabello negro tenía que ser Isolde! ¡La Emperatriz del Agua Isolde! ¡Ghislaine e Isolde habían estado trabajando juntas!
“¡Sylphie!”

Sylphie se lanzó hacia el campo de batalla como un ratón. Ella fue hacia los caídos y colocó sus manos sobre ellos. Solo se necesitó eso para sanar sus heridas. Antes de darme cuenta, ella había sanado a Dohga y Zanoba. Sylphie estaba usando la conjuración silenciosa. Hasta ahora, no me había puesto a considerar que tenía esta ventaja —no había tenido la oportunidad de hacerlo. Ahora que lo veía, estaba claro como el día. Ella era increíblemente rápida. Más rápida que Cliff y yo juntos. Mientras observaba, Eris y Ruijerd aparecieron desde los arbustos y regresaron al campo de batalla, y, antes de darme cuenta, nuestra formación de batalla estaba nuevamente en pie. Isolde tomó la posición de escudo principal con Dohga y Zanoba relegados a escudos secundarios. Eris, Ghislaine, y Ruijerd eran nuestros atacantes. Y ahora, teníamos a Sylphie y su magia de sanación silenciosa como nuestra sanadora. Nuestra formación de batalla estaba mejor que nunca.
Habíamos logrado escapar de la muerte.
“¡Rudy!” gritó Sylphie. “¡Yo lo mantendré ocupado aquí, así que tú ve hacia la aldea! ¡Roxy te está esperando ahí!”
“¡Bien!” Y así, comencé a correr hacia la aldea Superd a toda velocidad. Corrí como nunca antes en mi vida.
Sylphie había llegado. Ella estaba aquí incluso aunque yo había derribado el puente sobre la quebrada. Eso quería decir que debe haber venido desde la aldea, y eso quería decir que la carta que había estado manteniendo en reserva finalmente había llegado. Después de saltar sobre las raíces de los árboles y pasar a través de cada uno de ellos, al fin logré regresar a la aldea Superd. Lo que vi ahí me llenó de felicidad. En el momento que entré a la aldea, ahí estaba, a lo lejos. La cosa por la que había estado ganando tiempo yacía sobre el círculo de teletransportación que yo había dibujado como preparativo en la parte trasera de la aldea. Seguí corriendo tan rápido como pude.
“¡Nii-san!”
“¡Gran Maestro!”
“Ah, Onii-sama…”
Durante el camino, pasé a un lado de Norn, Julie, y Aisha, pero las ignoré. Solo seguí corriendo hasta que llegué a ella. Había una chica sentada sobre el suelo cerca del círculo de teletransportación roto. Ella se veía exhausta.
“¡Roxy!” grité.
Ella miró arriba hacia mí. “Ah, Rudy.” Había ojeras bajo sus ojos, como si se hubiese quedado sin poder mágico o no hubiese dormido en días. “Lo lamento mucho. Cometí un error durante el procedimiento. La desenterré, y luego de sacarla, comencé a trabajar en el círculo de teletransportación. Si hubiese dibujado primero el círculo de teletransportación, y luego te hubiese pedido a ti desenterrarla, no me habría demorado tanto…”
“¡No hay problema! ¡Todo está bien! ¡Llegaste a tiempo!”
Detrás de ella yacía un enorme conjunto de armadura.

Tenía tres metros de alto y era de un color azul oscuro, con su mano derecha equipada con el Cañón Gatling y la izquierda con una escopeta. Además de eso, había una espada mágica con el poder de ignorar cualquier defensa pegada a su puño. La armadura era tan gruesa e imponente como el cuerpo de un luchador de sumo; estaba recostada boca abajo. No se veía tan diferente de la Mark I, pero esta no era la Mark I. Esta armadura, preparada solo en caso de una situación como esta, era mi carta del triunfo definitiva. Era un arma para batallas cortas y decisivas. Incrementar varias veces su consumo de poder mágico mejoró mucho su movilidad y resistencia. En concepto, era lo contrario de la Mark III, y por lo tanto la habíamos llamado…
“Esta es la Armadura Mágica Mark Zero,” dijo Roxy.
Este era mi as bajo la manga. Mi carta del triunfo. Si no podía ganar con esto… Al diablo con eso. Ni siquiera tenía caso pensarlo. De todas formas, las probabilidades estaban en mi contra.
“¡Regresaré pronto, Roxy!”
“¡Buena suerte en la batalla, Rudy!”
Me introduje dentro la Mark Zero. La sensación de tanto poder mágico siendo succionado de mí me hizo sentir un poco mareado mientras me ponía de pie. En ese momento vi a Orsted de pie en el centro de la aldea. Él estaba sosteniendo una espada enorme.
“¡Rudeus! ¡Úsala!” gritó él, para luego arrojar la enorme espada hacia mí como si fuera tan ligera como una rama. Yo la atrapé. Tenía el tamaño perfecto para un conjunto de armadura de tres metros de alto. Incluso yo, con un manejo de la espada que dejaba mucho que desear, podía sentir el poder asombroso que contenía con el solo hecho de sostenerla.
Esta era la Hoja del Rey Dragón, Kajakut.
“¡Orsted-sama! ¡Regresaré pronto!” grité. Orsted no respondió, solo asintió.
Regresé rápidamente al campo de batalla, llevando al límite la Armadura Mágica Mark Zero.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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