Un Dios del Norte, un Mercenario, y Más…
Capítulo 9: Un Dios del Norte, un Mercenario, y Más…
Después de separarnos de Sara y su grupo, nosotros decidimos buscar al caballero misionero que nos habíamos encontrado antes durante nuestro viaje. El Dios del Norte Kalman ya no estaba en esta ciudad, pero sí teníamos información que indicaba que había alguien parecido a Geese aquí. Dudaba que fuera él. Sin embargo, seguir la pista podría llevarnos a información valiosa.
También estaba la posibilidad de que fuese una trampa para atraerme. Aunque debo decirlo, no veo a Geese tendiendo una trampa como esta. Fue una completa coincidencia encontrarnos con esta información, así que sería bastante débil construir un plan alrededor de eso.
No esperaba que él estuviera tramando algo cuando el Dios del Norte ya tenía una alta probabilidad de ser uno de los apóstoles del Dios Humano, pero de todas formas yo estaba completamente listo para una potencial batalla. No, él esperaría por el momento en que yo estuviese más relajado. Me querría con la guardia baja antes de venir por mí.
Nah, me dije a mí mismo, ese es más el estilo del Dios Humano que el de Geese.
Sea cual sea el caso, los Caballeros Misioneros aquí en Hammerpolka ya deben haber apresado al individuo que supuestamente se parecía (o era) Geese. Nuestra primera tarea era encontrarlos. El problema era que yo no tenía idea de dónde estaban sus oficinas.
De verdad lo arruiné. Debí haber preguntado dónde podía encontrarme con ellos al llegar. ¿Simplemente debería buscar algo que se parezca a una oficina? ¿O preguntar a un peatón para ver si alguien más sabe?
“Ya te dije que no voy a vender a mis amigos.”
De casualidad oí una voz más adelante mientras vagaba a través de las calles. Fue un gruñido bajo, casi bestial, lleno de resolución. Juro que ya he escuchado esta voz en alguna parte…
“No tengo la intención de pagarte. En el nombre de Millis, te estoy ordenando que entregues a este demonio,” se escuchó otra voz, llena de confianza y autoridad.
Mientras me acercaba, me di cuenta de que había dos grupos enfrentándose a cada lado de la calle, mirándose intensamente entre sí. Asumí que uno de los lados estaba compuesto de un grupo de mercenarios. No había uniformidad en sus armaduras y armas, con cada persona vistiéndose de acuerdo a su propio estilo. Al otro lado, todos estaban cubiertos de las mismas armaduras plateadas, grabadas con el emblema de Millis. Los caballeros solo tenían a diez personas. El grupo de mercenarios los superaba dos a uno.
A pesar de esto, los Caballeros Misioneros de Millis no tenían la intención de retirarse. Supuse que parte de eso era su inquebrantable confianza en su propia fuerza. Es más, ellos tenían una fe absoluta en la justicia de su causa.
“¿Sí? Entonces déjenme decírselos de otra forma: yo no apuñalo por la espalda a mis amigos.”
De pie en el lado de los mercenarios había un hombre que se veía como un matón común y corriente que había llegado a la adultez sin hacer ningún cambio en su estilo de vida. Él tenía ojos afilados y entrecerrados, además de un rostro familiar. Se veía más viejo de lo que recordaba. Incluso se había dejado crecer un bigote.
“¡Soldat!” grité cuando lo reconocí.
Sí, este definitivamente era Soldat Heckler. Era difícil creer que, después de encontrarme con Sara, me encontraría con otro rostro familiar. Y le debía demasiado. Cuando mi problema de DE acababa de asomar su cabeza, él se había preocupado personalmente de ayudarme y cuidarme. Verlo a él y a Sara de seguro traía recuerdos.
“¿Mm?” gruñó hacia mí Soldat, entrecerrando sus ojos. “¿Quién eres…? Oigan, esperen. Reconozco esa cara.”
“Ha pasado tiempo,” dije.
“Sí. Pero ahora estoy ocupado, niño. Guárdalo para más tarde.” Y así, él regresó su atención hacia los Caballeros Misioneros.
Yo lo presioné, insatisfecho de que me dejara de lado, “Eh, ¿puedes explicar lo que está sucediendo?”
“¿Mm? Estos tipos aparecieron de la nada, demandando que entreguemos a uno de los nuestros. ¡Incluso aunque no hemos hecho nada!”
Yo asentí pensativamente. “Así que se trata de eso. Si no han hecho nada, ¿cuál es el problema con entregarlo? Los Caballeros Misioneros no van a amenazar a nadie sin una buena razón.”
“Idiota. Por supuesto que lo harían. Estos son Caballeros Misioneros de Millis, y quieren que entreguemos a un demonio. Incluso si no lo matan, no me extrañaría que le saquen un ojo, incluso los dos.”
Ah, entonces eso es lo que pasa. Así que estos Caballeros Misioneros estaban aquí bajo mis órdenes, y el otro lado se estaba rehusando a cumplir sus demandas. Soldat tenía razón en lo que dijo. Si un grupo de expulsionistas de demonios se llevaba a su camarada, él podría no regresar en una pieza.
Tal vez me había precipitado. Ni siquiera se me había ocurrido—o tal vez sí había cruzado mi mente, pero había pensado que en realidad no importaba si ellos le daban una paliza a Geese.
Pero nunca imaginé que sería uno de los compañeros de Soldat. Hmm… Supongo que, si Soldat y Geese están confabulados, yo también tendré que enfrentarlo a él. No me gustaba esa idea.
“¿Quién es el demonio que están tratando de llevarse?” pregunté.
“Él, por ahí.” Soldat apuntó moviendo su mentón. Yo miré en esa dirección, y ahí había un demonio con cara de mono.
“¿Qué mierda quieres?” rugió hacia mí el hombre en cuestión.
Nah, no es él. Sus rostros son similares, pero este sujeto es mucho más musculoso que Geese. Él parecía ser más bien un guerrero que un espadachín. Se parecía más a Goliade que a Geese.
Dada la situación tan tensa, yo podía ver algo de miedo en los ojos del hombre. Él sabía que enfrentaban a Caballeros Misioneros, pero estaba manteniendo su posición con un arma en mano, listo para luchar. Él era el opuesto exacto de Geese en cada sentido; Geese era delgado y cobarde, del tipo que huía ante la primera señal de peligro. Este sujeto era un gorila. Geese era más un chimpancé.
Me pregunto si son de la misma tribu. A pesar de que estoy bastante seguro de que Geese supuestamente es el único sobreviviente de la Tribu Nuka.
“Tú,” dije, “¿cuál es tu nombre y tribu?”
“¡Soy Glanze de la Tribu Rokka! ¡Y no me asusta que ustedes sean Caballeros Misioneros!”
No trates de engañarte, amigo. Estás tan aterrado que tus rodillas se están golpeando. No te preocupes, todo estará bien. Solucionaremos esto en un segundo.
“¿Y no tienes relación con Geese de la Tribu Nuka?”
Glanze hizo una mueca. “¿Geese? Bueno, sí, supongo que solía estar en un grupo con ese sujeto, pero… Esperen. ¿¡No me digan que de nuevo está causando problemas!? ¡Estoy harto de esa mierda! ¿¡Cómo puede ser que sea confundido con él todo el tiempo solo porque nos parecemos!? ¡La Tribu Rokka ni siquiera es una tribu de demonios! ¡Es una tribu de gente bestia!”
Bueno, al final él no era Geese. De hecho, era una víctima de sus fechorías. Encontrar a Geese aquí habría sido demasiado fácil.
“Muy bien, entiendo. Permítanme hablar con ellos,” dije.
“¿Hablar con ellos?” Soldat frunció el ceño. “Ellos no son del tipo con los que puedas—¿¡o-oye!?”
Le di la espalda y caminé hacia los Caballeros Misioneros, escaneando sus rostros. ¿Cuál de ellos era el caballero con el que me había encontrado antes durante nuestro viaje? Era imposible saberlo, ya que todos ellos estaban usando cascos con visera caída.
“Disculpen, pero ¿con cuál de ustedes me encontré recientemente?”
“Ese sería yo,” dijo uno de ellos. “Disculpe, pero ¿usted conoce a este hombre?”
Yo asentí. “De casualidad, sí, lo conozco. Y si me permite agregar, el demonio que está junto a él no es el que estoy buscando.”
“¿No lo es?” El hombre se veía confundido, como si no pudiera comprender cómo podía ser eso posible. Él era un demonio, ¿cierto?
Demonio o bestia, sea lo que sea el hombre, él no es Geese.
“Él de todas formas asegura que no es un demonio, sino parte de la gente bestia. A pesar del malentendido, aprecio mucho su ayuda en este asunto,” dije.
Listo. ¡Problema resuelto! Presioné un puño contra mi pecho de la satisfacción y bajé mi cabeza hacia el hombre. Él y el resto de los Caballeros Misioneros hicieron lo mismo antes de irse.
“Parece que te has vuelto más simpático desde la última vez que te vi,” comentó Soldat, viéndose un poco exasperado por toda la situación.
¿Simpático? Todo lo que había hecho era limpiar el desastre que yo mismo había creado. Sin embargo, habíamos confirmado mis sospechas: el hombre visto en Hammerpolka no era Geese.
Soldat era el líder de un grupo de aventureros llamado Liderazgo Escalonado, el cual operaba bajo el clan Relámpago. El clan Relámpago de casualidad era el clan de aventureros más grande de todo el mundo. Recientemente había ordenado a todos sus miembros reunirse aquí en Hammerpolka.
Cualquiera se preguntaría la razón por la que un enorme clan como Relámpago se estaba reuniendo aquí. Sin embargo, antes de llegar a ello, primero debemos considerar el motivo por el cual se formaban clanes tan grandes. En realidad, era bastante simple—las compañías de mercenarios eran uno de los pocos negocios seguros y estables en este mundo. La mayor parte de los clanes eran formados para proporcionar apoyo mutuo entre grupos. Las solicitudes que un grupo no podía completar por su cuenta podían ser compartidas entre grupos afiliados. Este método además presentaba menos peligro para los involucrados.
La fundación de Relámpago comenzó cuando tres grupos de rango S operando dentro de las Tres Naciones Mágicas trabajaron juntos para conquistar un laberinto. Esta empresa resultó ser enormemente exitosa, catapultando a su nuevo clan hacia la fama. Ellos siguieron trabajando juntos de la misma forma, aumentando sus números hasta que pudieron empezar a conquistar múltiples laberintos al mismo tiempo.
Yo mismo había estado en uno o dos laberintos. Podía decir a partir de la experiencia que, si querías enfrentar un laberinto particularmente peligroso, necesitarías un grupo altamente experimentado de rango S lleno de guerreros con un buen juicio entrenado, equipado con las mejores armas y armaduras posibles, y con refuerzos esperando en los bastidores.
Habiendo dicho todo esto, no siempre era posible estar perfectamente preparado para aquellos laberintos. El día no tenía suficientes horas como para que cada aventura individual se lleve a cabo en sus vidas normales mientras le dan mantención a su equipo, planean sus horarios del día e incursiones siguientes, y hacen todos los elaborados preparativos requeridos para explorar un laberinto. Lo normal era que un grupo pudiera ir a explorar laberintos una vez cada un par de meses.
Yo digo eso, pero existían aquellos que lograban conquistar laberintos con lo mínimo: equipo promedio, un plan a medio terminar, y preparativos insuficientes. Si tenían suerte, ellos incluso podrían encontrar objetos mágicos que se venderían a un buen precio una vez que regresaran. Sin embargo, lo más normal era que el fracaso significara la muerte.
Bueno, ahora una pregunta: ¿qué podía hacer un grupo de aventureros para permanecer en óptimas condiciones para poder explorar estos difíciles laberintos y garantizar que llegarán a sus profundidades? Si pensaron en formar un clan, ¡entonces acertaron! Tienen razón. Suficientes manos reducen la carga.
Un clan tendría a un grupo especializado en batalla que llegaría a los rincones más profundos del laberinto. Usando la información que trajeran, otro grupo realizaría una búsqueda más exhaustiva de los niveles superiores, asesinando a cualquier monstruo que se encontrasen en su camino. Finalmente, habría un grupo de apoyo a cargo de los planes, organizar la información, el manejo del dinero, y la mantención del equipo de los otros grupos. Al dividir las tareas en partes más pequeñas, estos grupos podían trabajar como una máquina aceitada para limpiar un laberinto completo. Los clanes hacían que toda esta coordinación fuese posible. Es por eso que los aventureros de rango S formaban o se unían a estos enormes clanes.
Sin embargo, debe ser dicho que no todo sobre los clanes era color de rosa. Los clanes a gran escala tenían sus propias desventajas.
Mientras más grande fuera un clan—obteniendo más y más miembros con habilidades especializadas—más altos eran los gastos. Esto podía ser costeado por la ganancia de conquistar un laberinto, asumiendo que siempre tuvieran éxito. El dinero ganado de la venta de un solo cristal mágico encontrado en las profundidades de un laberinto podía, en algunos casos, darte lo suficiente como para permitirte una mansión lujosa en el Reino de Asura. Si eran lo suficientemente afortunados, ellos incluso podrían encontrar algunos objetos mágicos a lo largo del camino. Un buen botín podía costear un año entero de vida.
Aunque no era algo seguro. Ellos no podían completar totalmente un laberinto cada vez. Otros clanes podrían ganárselos, o su equipo de vanguardia de rango S podría ser asesinado, o podrían quedarse sin fondos a mitad de camino. En realidad, había un buen número de razones, pero todas ellas terminaban en un clan abrumado por números rojos.
Estos eran los problemas que abrumaban a cualquier líder de clan. Por ansiosos que estén de explorar laberintos, ellos eventualmente se quedarían sin fondos, y, sin fondos, ellos no podrían enviar a su gente. El principal propósito de un clan era proporcionar un ambiente estable para ganar dinero, pero al final igualmente terminaban plagados de problemas financieros. A decir verdad, era un problema irónico, pero así es la vida. Nada va siempre de acuerdo al plan.
Entonces, ¿cómo soluciona sus problemas de dinero un clan a gran escala? El método más confiable era hacer que cada grupo bajo su mando tome trabajos y extraer un cierto porcentaje de las ganancias para las arcas del clan. Si no, ellos podían tomar otros trabajos que requiriesen grupos numerosos para ser completados. Por ejemplo, asesinar Wyrms rezagados.
Existía una última opción para estos grandes clanes: trabajos exclusivos proporcionados por los gobiernos de un país o comerciantes importantes. Los barcos de comercio que se aventuraban entre el Continente Demoniaco y el Continente de Millis eran un gran ejemplo. Ellos siempre tenían guardaespaldas a bordo, aventureros que habían firmado contratos exclusivos con los astilleros. Un clan a gran escala rotaría a sus miembros, ganando dinero para sí mismo a través de trabajos de protección entre las misiones de laberintos.
Vamos a considerar a Relámpago y específicamente su situación financiera. Ellos eran uno de los clanes más importantes en los Territorios del Norte, con contratos atándolos a grandes empresas en cada una de las Tres Naciones Mágicas y también con el Gremio de Magos. Tenían muchas conexiones, pero eso venía con un montón de obligaciones para personas que no necesariamente se llevaban bien. Había muchas relaciones que manejar. Y eso era un desafío en sí mismo.
¿Cómo lo enfrentaban? Para resumirlo: cada vez que un clan obtenía un objeto mágico de un laberinto, ellos necesitaban decidir si vendérselo al Gremio de Magos o a uno de sus contactos comerciantes. Para evitar fricción innecesaria, ellos limitaban con cuántos clientes adinerados firmaban contratos y en cuáles territorios realizaban exploraciones de laberintos. Aun así, sus miembros siguieron creciendo, hasta que tuvieron más de cincuenta grupos y quinientos miembros en el clan.
El líder necesitaba tratar de balancear las cosas y evitar la bancarrota mientras al mismo tiempo se aseguraba de que cada uno de sus miembros tuviera lo necesario. Un juicio errado podría significar que se disolvieran completamente o que retrocedieran en cuanto a sus operaciones. Sin embargo, requería coraje renunciar a un ejército de ese tamaño una vez que habías asumido el control de él.
El líder del clan estaba angustiado sobre qué hacer. Lo intentó todo. Nada proporcionó una solución duradera, así que estuvo forzado a tomar una decisión. Existía un solo trabajo que le permitiría alimentar a todos los quinientos miembros y mantener abierta la posibilidad de una futura exploración de laberinto: el negocio de los mercenarios. No fue una elección descabellada. Matar personas estaba fuera de lo común para la mayoría de los aventureros, pero ser uno les había enseñado a muchos las habilidades, experiencia, y juicio, los cuales eran necesarios para ser letal en una batalla. Esto es lo que llevó a Relámpago a terminar transitando los caminos de ser un clan de aventureros y uno de mercenarios, sin especializarse en ninguno.
Hubo aquellos dentro del clan que renunciaron, reacios a dejar los Territorios del Norte que llamaban hogar para aventurarse hasta la Zona de Conflicto. Sin embargo, los grupos en el núcleo de Relámpago siguieron a su líder en cada paso del camino. Liderazgo Escalonado de Soldat no fue la excepción. A partir de la forma en que lo explicó, sus días consistían de explorar laberintos y luchar en el frente.
“En realidad no todo es tan malo,” dijo él. “Aquí siempre necesitan mercenarios, y conseguimos todos los fondos que necesitamos. Durante este último par de años hemos completado cinco laberintos.”
Yo había seguido a Soldat hacia la sala del clan Relámpago, donde él me dio todos los detalles, dándonos la bienvenida como si también fuésemos miembros. Él habló de una forma tan carente de pasión como siempre, como si su trabajo fuese un recuerdo distante, con su seca voz cargada de aburrimiento.
Soldat continuó, “Pero hay algunos sujetos aquí que realmente no pueden con esto. Cortar bandidos que te atacan en las carreteras y matar personas para vivir son dos cosas diferentes, ¿sabes? Muchos de ellos planean conseguir el dinero que puedan a través de la exploración de laberintos, para luego retirarse e irse inmediatamente a casa.”
No quedaba ninguno de los miembros de Liderazgo Escalonado que recordaba de mi tiempo con ellos. Probablemente se habían retirado o estaban muertos. Considerando todo lo que habían hecho por mí, sentí un poco de pena.
“¿Qué hay de ti, Soldat? ¿No vas a retirarte?” pregunté.
Su boca terminó entreabierta. “¿Hah…?” Luego él resopló burlonamente. “Lo he pensado, pero… ya perdí mi oportunidad. Ya sea moriré haciendo lo que hago, o perderé un brazo, terminando incapaz de seguir trabajando, y desplomado dentro de una zanja en algún lugar. Eso es lo que me depara el destino.”
Él sonaba despectivo, como si no le importara su bienestar, pero Soldat había dicho la misma clase de cosas cuando viajé junto a él.
Acaricié mi mentón. “¿En serio? La verdad es que te sientes obligado a cuidar a los novatos. ¿Me equivoco?”
“¿Oh? Mírate, viendo la verdad de inmediato. Cuando eras un mocoso, nunca te habrías dado cuenta de esa clase de cosa. Pero supongo que ya has madurado, ¿eh? Obtuviste un poco más de confianza desde que solucionaste tu problema de ahí abajo y ahora tienes un hijo o dos, ¿eh? ¿Es eso?” demandó Soldat mientras envolvía alegremente su brazo alrededor de mi cuello y dejaba caer su puño sobre mi cabeza.
“¡Au, au!”
Cielos, esto me trae recuerdos.
“Y bien, ¿qué te trae a estos lares? Este no es lugar para un hombre casado.”
“Sí, bueno, será una historia larga si quieres todos los detalles, pero…” Le di un rápido resumen de los eventos que me trajeron aquí. “Y por eso estoy aquí, esperando conseguir la ayuda del Dios del Norte Kalman III. Todo es parte de un plan más grande.”
“Hah, así que ahora eres subordinado de este Dios Dragón Orsted. Bueno, siempre estuviste por encima de los demás. Supongo que no es una gran sorpresa.” Soldat se veía un poco sorprendido por este desarrollo, pero al mismo tiempo, no dudaba de mis palabras. “Si buscas al Dios del Norte Kalman, por aquí definitivamente había un sujeto que encajaba con la descripción hace un par de años.”
“Oh, ¿de verdad? ¿Y hacia dónde se fue?”
Soldat se encogió de hombros. “Tu suposición es tan buena como la mía. No sé más que eso.”
Sí, supuse que él diría eso.
“Me encontré con él varias veces. Es un sujeto extraño. Él ya tenía su edad, pero de seguro tenía mucha energía. Estaba tratando de enseñarle esgrima a nuestros miembros más jóvenes.”
“¿Sí?”
“También era muy preciso sobre todo el asunto. Podías notar que estaba usando el Estilo del Dios del Norte, pero incluso sin una espada en su mano, él todavía era ridículamente fuerte. Supuse que era alguien importante. Tiene sentido si era el Dios del Norte.”
¿Hm? Esperen un segundo. ¿No se supone que el Dios del Norte Kalman III tiene una insaciable sed de reconocimiento? Él además supuestamente poseía una increíble espada grande que había recibido de su padre. Si estaba ocultando su nombre, su espada, y pasando tiempo enseñando artes marciales a los jóvenes… Ese tenía que ser Kalman II y no Kalman III, ¿cierto? ¿Qué está pasando…?
En retrospectiva, al final podría no ser tan descabellado. No es por entrar en la teoría del caos ni nada parecido, pero muchas de mis acciones en el mundo tenían un efecto dominó, cambiando lo que varias personas deberían estar haciendo durante este bucle. No era extraño pensar que el Dios del Norte Kalman II hubiese terminado aquí, donde su hijo originalmente debía estar. De acuerdo a Orsted, padre e hijo tenían destinos muy similares.
“Ya veo,” dije pensativamente. “Gracias por la información.”
Una vez más, habíamos fracasado. Tuvimos la misma mala suerte que cuando habíamos ido a encontrarnos con el Dios de la Espada. Esto se estaba convirtiendo en una constante. Seguro, uno podría argumentar que las cosas habían sido un poco demasiado fáciles hasta este punto, pero no podía evitar sentir un poco de pánico después de fracasar en mi objetivo dos veces seguidas. Dudaba que los preparativos de Geese estuvieran encontrando esta clase de contratiempos.
“Bueno, ya que parece que no hemos tenido suerte, regresaré a casa,” anuncié.
Soldat sacudió su cabeza. “Vuelves enseguida, ¿eh? ¿Qué tal si te quedas unos días y disfrutas? Te daríamos una buena bienvenida.”
“Por desgracia, soy un hombre ocupado.”
“Tiene sentido, ya que eres un subordinado del Dios Dragón. Eres horriblemente importante ahora, ¿no? Estaré contando contigo una vez que me retire de todo este negocio de ser aventurero.”
“Ah, en ese caso, ahora mismo tengo a toda una organización bajo mi mando—el Grupo de Mercenarios Rupan. Estamos más enfocados en realizar trabajos cotidianos para las personas que el trabajo de mercenario real. Serías más que bienvenido si te unes a nosotros. De hecho, deberías venir con nosotros ahora mismo. ¡No necesitas esperar hasta el retiro!”
Tal vez no era la mejor idea invitarlo sin consultarlo antes con Aisha, pero de seguro eso no terminaría siendo un problema. Incluso si Aisha fuera a objetarlo, yo podía emplearlo en algún otro lugar. Él podía unirse a la Sociedad del Dios Dragón. Nuestra compañía tenía sus ojos puestos en el futuro, y le daríamos la bienvenida a sangre nueva en nuestras filas. Soldat era fuerte y tenía el hábito de cuidar a los demás. Personas como él podrían sernos de mucha utilidad.
Por desgracia, él no iba a aceptarlo.
“Sé que yo fui quien sacó el tema, pero tendré que rechazarlo. Puede que no parezca el sujeto más respetable, pero hay hombres que me tienen como ejemplo.”
Ya esperaba que dijera algo así. Este era el mismo sujeto que hace poco se había posicionado al frente de todos para defender a sus camaradas, incluso aunque sus oponentes eran los mismísimos Caballeros Misioneros. Él ya tenía un lugar al cual pertenecía. Algo que creía que valía la pena proteger.
“Estaré contando contigo si es que alguna vez me echan de aquí. Cuando eso pase, probablemente tendré un brazo menos. Así que podría ser totalmente inútil para ti.”
Yo sonreí. “Oye, ¿qué si lo eres? No me importa. Te estaré esperando.”
“Keh.” Soldat dejó salir un desinteresado resoplido, como si en realidad creyera que yo no lo estaba diciendo en serio. Pero debajo de toda esa bravuconería, podía sentir que mis palabras significaban algo para él.
Esta dinámica me trajo recuerdos, y con ellos, felicidad.
“Bueno, de cualquier forma, de seguro me sorprendiste. Ahora eres todo un adulto, a pesar de que antes eras solo un mocoso que no tenía idea de nada. Recuerdo la forma en que te ahogaste en alcohol en ese entonces, tanto que creí que terminarías muerto. Y tu cara estaba llena de lágrimas y mocos cuando te llevé a ese burdel.”
Oye. No tenías que mencionar eso.
“¿De qué están hablando?” demandó Eris.
¿Ves? Sabía que ella no lo dejaría pasar.
“Ah, entonces es hora de una historia, ¿no?”
“Um, Soldat, tal vez deberíamos dejar esto de lado y—”
“Claro, porqué no. No es como si te siguiera molestando lo que ocurrió hace todos esos años, ¿cierto? Toda esa saga fue un gran éxito con los otros miembros del grupo de mercenarios,” dijo Soldat.
Así que la historia de mi horrible fracaso es un gran éxito, ¿eh?
Eris frunció sus cejas, y el ceño en su rostro se profundizó. “¿Qué saga?”
“La de este amigo de aquí. Ni idea cómo lo llaman ahora, pero cuando él era un aventurero, se presentaba a sí mismo como Rudeus el Pantano. Él les sonreiría a todos, actuaría todo formal y sería súper educado. Todo eso con el objetivo de ser un aventurero de primera clase. Y no es una exageración. Él derrotó a un Wyrm Rojo rezagado por sí solo.”
Er, yo no me puse ese nombre. O me presenté de esa forma. Ni tampoco derroté a ese rezagado solo. Pero… supongo que esta clase de historias se benefician de un poco de exageración.
“Cuando él todavía estaba debatiendo cómo hacerse llamar—cuando nuestro Pantano seguía siendo solo un charquito—olviden ser una persona encantadora, él ni siquiera hablaba con los demás. Tampoco sonreía, casi como si hubiese perdido la habilidad para formar una cuando todavía estaba en la barriga de su mamá. Nah, lo que él tenía era esta ridícula sonrisa vacía en su rostro, casi como si fuera una máscara barata que había encontrado en el mercado y que decidió comprar. Lo más loco era que, aun así, lo veías en sus ojos—él estaba despreciando a todos a su alrededor, casi como si creyera que era el sujeto más miserable en todo el mundo, y que ninguno de nosotros llegaría a entenderlo.”
Mantuve mi boca cerrada mientras él hablaba.
“Era solo un mocoso deprimido. No me agradaba.” Soldat se detuvo por un momento, como si repentinamente hubiese recordado la hostilidad que me había mostrado en ese entonces. Él miró brevemente hacia mí, dejó salir una pequeña risa, y luego regresó su atención hacia Eris. “Como sea, esa clase de niño era. Entonces, un día, él apareció en el bar que yo y el resto de Liderazgo Escalonado frecuentábamos. Él comenzó a vaciar jarras como si fuera todo un adulto. Eso de verdad me molestó. No puedo explicar bien qué fue lo que me hizo enojar tanto, solo no me gustó. Así que fui hacia él, suponiendo que lo molestaría un poco. El niño no tuvo las agallas para responderme.”
Lancé una mirada de preocupación hacia Eris. Ella estaba escuchando en silencio, pero había un brillo peligroso en sus ojos. No era como si yo estuviese esperando que ella fuera a sacar repentinamente su hoja y cortase al hombre ni nada parecido, pero no descartaría que lanzara un puñetazo en dirección de Soldat.
“El niño me golpeó en el rostro de la nada. Seguro, él estaba borracho, pero por sobre todo eso, estamos hablando de un mago golpeando a un espadachín. Aunque yo no le devolví el golpe, ya que Pantano estaba llorando como un bebé. ¿Cómo podría un sujeto respetable y adulto como yo levantar la mano contra un mocoso que estaba llorando y lanzando una pataleta? No podía.”
“Cierto,” dijo Eris, con su voz casi como un gruñido gutural.
Ah, ella está enojada, ¿no? Ojalá Soldat no siga con el tema por mucho tiempo.
Por otro lado, el único propósito de esta historia no era burlarse de mí; para el final, Soldat me estaba mirando a los ojos. Era por eso que yo estaba confiado en que podía dejar seguir la historia de Soldat, con la esperanza de que él tuviera la intención de clarificar las cosas para tranquilizarla un poco. Por supuesto, asumiendo que ella no lo golpeara a la mitad, lo cual podría hacer.
“Cuando le pregunté lo que pasaba, él me dijo que había una chica con la que intentó intimar. Justo cuando los dos estaban a punto de concretar la hazaña, él descubrió que no se le paraba—todo gracias a que la chica antes de esta lo había abandonado y lo dejó traumado. Triste, ¿no? El sujeto que había derrotado por sí solo a un rezagado no podía desempeñarse bien en la cama.”
Eris no respondió ante eso, ni tampoco yo.
“Aun así, yo soy una buena persona. Quería hacer algo por Pantano, para ayudarlo a recuperarse. Ah, pero solo para dejarlo claro, no estoy diciendo que lo toqué, ¿bien? No me gustan los hombres… Oigan, eso era un chiste. Tenían que reírse en esa parte.”
“¡Jajaja! No te preocupes. Tampoco eres mi tipo.” Forcé una risa y le respondí en lugar de Eris. Mientras tanto, el ambiente alrededor de la propia Eris se había vuelto tenso y opresivo. Casi podía jurar que estaba escuchando electricidad estática en el aire.
“Bueno, sigamos. Entonces decidí que le ayudaría con su problema, y ambos fuimos a visitar un burdel. Verás, supuse que esta clase de cosas es mejor dejárselas a las profesionales. Lo llevé a un burdel de alta calidad y me fui a un bar, esperando por las buenas noticias. No tengo idea de lo que le pasó dentro del burdel—más bien, lo que intentó para sanarse. Sea lo que sea, no funcionó. Él era un hombre roto que nunca volvería a ponerse de pie. O al menos una parte de él no lo haría.”
Ah, otro chiste. Se supone que te rías aquí, Eris-san. Vamos, muéstranos una sonrisa. No más de esa mirada asesina.
“Si incluso las profesionales no pudieron arreglarlo, llegué a la conclusión de que no había nada que yo pudiera hacer. Pasamos la noche bebiendo más cerveza. Pero ni siquiera hemos llegado a la mejor parte—solo espera. Verás, mientras regresábamos, él estaba sobando a una de las damas del burde, diciendo, Una mujer con algo de rebote en sus pechos es mucho mejor que una mocosa plana. Pero de casualidad esa chica de su grupo estaba justo ahí. Sip, la misma con la que había intentado intimar para solo fracasar.”
Sí, yo recordaba muy bien ese momento. Aunque no la parte de estar sobando los pechos de alguien. Habíamos salido del burdel y estábamos de regreso en ese punto.
“¡Bofetada!” verbalizó Soldat, imitando el gesto de forma cómica. “¡Nunca vuelvas a aparecer frente a mí!” De hecho, era bastante divertido verlo contar esto. Podía darme cuenta de que él tenía bastante práctica.
“Eso fue lo que pasó. Después de haber sido completamente rechazado, Pantano tomó la decisión de dedicarse a la solitaria vida de un aventurero.”
Cuando Soldat terminó su historia, risas hicieron eco a través de la habitación, provenientes de los otros miembros que habían estado escuchando. Yo mismo casi me rio, ya que la risa era contagiosa.
Aunque supongo que sería más correcto considerarla una historia nostálgica en vez de una entretenida. Pasaron muchas cosas luego de eso. Después de separarme de Sara, yo fui hacia la Universidad de Magia, me encontré con Sylphie (quién resolvió mi problema ahí abajo), me reuní con Roxy, y perdí a Paul en ese laberinto. Yo ahora tenía cuatro hijos. Solo habían pasado algunos años, pero muchas cosas habían cambiado.
“Me trae muchos recuerdos,” dije.
“Claro. Yo todavía era joven en ese entonces. No tenía una buena razón para meterme en tus asuntos, pero lo hice,” dijo Soldat.
Le lancé una mirada. “A mí me parece que no has cambiado mucho. A menos que me equivoque.”
“¡Jaja! ¡Sí que tienes agallas, mocoso!” Él de nuevo envolvió su brazo alrededor de mi cuello, dejando caer su puño contra mi cabeza. No le tomó mucho regresar a la normalidad y mirar en dirección de Eris. “Ahora que lo pienso, supongo que esta en realidad no es una historia para esta belleza pelirroja que tienes contigo. ¿Quién es ella exactamente? Estoy bastante seguro de que en el pasado no te gustaba el pelo rojo.”
“Ah, eh…”
Es cierto. Es mejor que explique todo esto.
“No tengo nada en contra del pelo rojo, ni lo odio, ni nada. Solo tenía un pequeño trauma. Eso es todo.”
Soldat sacudió su cabeza. “Ese es un término elegante para algo que odias.”
¿De verdad? Miré hacia Eris mientras contemplaba este cuestionable trozo de sabiduría. Ella tenía sus brazos cruzados sobre su pecho, y sus piernas abiertas a la altura de sus hombros, tal como siempre. Era casi imperceptible, pero podía darme cuenta a partir de la mirada en su rostro que ella estaba inquieta. Eris debe haber sabido que yo no tenía nada contra las pelirrojas. Dejé muy claro cada día lo mucho que yo—no. Era mejor no asumir nada y decirlo directamente.
“No odio el cabello rojo,” le dije.
“¡Eso lo sé!”
Soldat silbó. “Ooh, luciéndote en frente de mí, ¿eh? Y bien, ¿esta belleza de aquí es tu mujer?”
“Sí, su nombre es Eris,” expliqué. “Eris, estoy seguro de que ya te diste cuenta a partir de su historia, pero él es Soldat, quien me cuidó cuando yo estaba pasando un momento difícil.”
Ella mantuvo sus brazos cruzando mientras miraba hacia él. “Eris,” dijo ella, a modo de saludo.
“Eh, sí… y yo soy Soldat, como ya sabes… Esperen un segundo. ¿Eris? ¿Ese no es el nombre de la mujer que causó toda esa situación?” Soldat entrecerró sus ojos.
“Ah, eh, permíteme explicarlo.” Tal como hice con Sara hace no mucho tiempo, yo le di una versión resumida de todo lo que había ocurrido. Para ser honesto, fue mucho más fácil hablar de todo esto con Soldat que con Sara.
“Mmmm. Bueno, siempre que estés bien con ello, supongo que no hay problema.” Extrañamente, la reacción de Soldat a todo ello fue una de mucha menos aceptación que la de Sara. Él hizo una mueca, mirando fijamente hacia Eris. “Mi amigo Pantano estaba en un estado realmente malo en ese entonces, ¿sabes? Estamos hablando de lo suficientemente malo como para cometer suicidio. Sabiendo todo eso, todavía tuviste la audacia de volver con él, ¿eh?”

El cabello de Eris casi parecía estar de punta, como si estuviera emitiendo electricidad de la ira que sentía hacia él. Salté de mi asiento y traté de llegar hacia ella para poder contenerla. Incluso abrí mi boca, esperando apaciguarla con algunas palabras tranquilizadoras—decirle que Soldat no lo decía con una mala intención, así que no había razón para pelearse con él.
Pero antes de que pudiera hacer algo, Eris se dio media vuelta y salió corriendo de la habitación.
“Cielos. Parece que dije demasiado, ¿eh?” Soldat golpeó su frente con su mano, empujando hacia atrás su cabello. Él miró hacia mí. “¿No le contaste nada de eso?”
“¿Eh?”
“Quiero decir, ¿no le contaste lo mal que estabas en ese entonces?”
“Creí que lo había hecho,” dije, ya no sintiéndome tan confiado.
Ahora que lo pienso, no habíamos tenido la oportunidad de hablar con nadie que me hubiese conocido en ese entonces. Soldat era el único que conocía con detalles lo mal que yo había estado. Sylphie de seguro habló con Eris sobre ese entonces. Yo también le había hablado de ello. Pero esta era su primera vez escuchando la historia con lujo de detalles, de alguien que realmente había estado conmigo en ese entonces.
Desde la perspectiva de Eris, esto probablemente servía como un recordatorio del horrible error que había cometido. A mí ya no me importaba. Pensaba en ello como una pequeña mancha de miseria que había sido borrada por mi actual felicidad. Y actualmente era libre como un pájaro, haciendo lo que me gustaba.
“Bueno, si me disculpas, voy a consolarla,” dije.
“Entiendo. ¡Nos vemos después, Pantano! ¡Y no olvides esa oferta que me hiciste sobre ofrecerme un trabajo incluso si pierdo un brazo!”
“No lo haré,” prometí mientras asentía. “Solo no pierdas la vida también.”
“Claro que no. ¿Con quién crees que estás hablando?”
Esperaba que pudiéramos seguir con esta misma relación cada vez que nos volviéramos a ver. Yo me dirigí hacia la puerta con ese deseo en mente. Soldat me volvió a hablar justo cuando colocaba mi mano sobre el pomo.
“Oye, es cierto. No sé hacia dónde se fue este tipo Kalman, pero hace un par de años fui hacia un lugar del que debes saber mientras hacía un trabajo de mercenario.”
La información que me entregó no tenía nada que ver con mi búsqueda de Geese o mis planes de derrotar al Dios Humano. Sin embargo, era extremadamente relevante para Eris y para mí.
Encontrarme con mis viejos amigos Soldat y Sara había sido una total coincidencia. Ahora que lo pienso, habían pasado diez años completos desde que Eris me abandonó en la Región de Fittoa. En ese entonces no había forma de saber lo que me depararía la vida. Había estado demasiado ensimismado como para siquiera contemplarlo. Incluso si lo hubiese hecho, nunca podría haber predicho que regresaría aquí con Eris en busca del Dios del Norte. Yo tenía un hogar, esposas, e hijos con los cuales regresar—no habría predicho eso ni en mis sueños más locos.
No era como si mi vida fuese perfecta. El Dios Humano era mi enemigo. Resultó que Geese también lo era. Geese había sido mi amigo, un subordinado—bueno, durante mi tiempo en prisión—y un salvador.
Y ahora mismo, Eris estaba angustiada. Cuando la encontré, ella estaba en el límite de la ciudad, habiéndose dejado caer sobre una poco pronunciada ladera de una colina. Sus ojos estaban fijos en el cielo encima suyo. Me pregunté qué había dentro de su cabeza y recordé nuestro tiempo en Roa. Ella con frecuencia se dejaba caer sobre una pila de paja detrás de los establos y miraba hacia el cielo de esta forma cada vez que las cosas no salían como quería.
Caminé hacia ella y me senté a su lado. Ella se estiró y agarró mi mano tan pronto como lo hice.
“Te hice algo horrible,” dijo ella.
“Yo no iría tan lejos.”
“No sabía que habías tratado de suicidarte.”
“Bueno… en realidad estaba muy borracho y no pensaba con claridad.”
Sus ojos se posaron sobre mí. “¿Sylphie lo sabe?”
Me encogí de hombros. “Lo dudo.”
Todo el asunto del suicidio fue algo del momento, y Soldat inmediatamente lo impidió. Yo nunca volví a pensar en eso. No creía que valiera la pena mencionarlo.
La pregunta más importante ahora mismo era cómo consolar a Eris. No tenía la sensación de que ella fuera a estar satisfecha si yo simplemente decía que lo que había pasado entre nosotros en ese entonces ya no me molestaba. Era un poco simple para la importancia del tema.
“¿Qué?” demandó de mala gana Eris.
“Nada. Solo estaba pensando que yo nunca habría conocido a Soldat o Sara si las cosas no hubiesen terminado así entre nosotros cuando estábamos en la Región de Fittoa.”
“Sí, bueno. Lo siento.”
“No estoy buscando una disculpa,” le dije. “Sara y Soldat son buenas personas, ¿no? Lo que estoy tratando de decir es que, ya que conocí a personas como ellos, en realidad no todo fue tan malo.”
Eris apretó mi mano con fuerza.
Ella había cambiado mucho. Eris no habría sido tan transparente en el pasado, ni mucho menos me habría dejado ver su debilidad de esta forma. Es cierto, yo era la razón principal por la que ella se sentía tan vulnerable en este momento.
“Como sabes, Eris, yo ahora mismo estoy muy bien. Hemos tenido hijos. Lo que está en el pasado está en el pasado.” Acaricié su mano, esperando que eso la tranquilizara.
“Supongo.” Ella repentinamente se inclinó hacia mí. Lo siguiente que supe era que Eris se había levantado y me había agarrado del hombro, empujando sus labios firmemente contra los míos.
Vaya, ¿qué significa esto? Sé que soy todo tuyo, pero… señorita, estamos en público, y el sol todavía está en lo alto del cielo. Aun así, ¿me besas sin previo aviso? A este paso, yo pasaría de Rudeus el Célibe a Rudeus el Amoroso.
“Nunca volveré a desaparecer sin decir nada. Nunca más,” juró Eris.
“Entiendo.”
“Sylphie estaba molesta conmigo.”
“Es cierto.”
¡Me quedaré a tu lado por siempre, mi apuesto príncipe! No, esperen. Este no era el momento para ser la damisela enamorada.
“Yo también seré más cuidadoso en el futuro,” dije.
“Sí.”
“Ahora bien, ¿qué te parece si nos vamos? Terminamos con las manos vacías esta vez, pero para la próxima de seguro encontraremos al Dios del Norte Kalman.” Hice una pausa, repentinamente dándome cuenta de algo. Había un buen número de hombres viéndonos desde lejos. A juzgar por sus rostros, ellos parecían ser mercenarios, y sus miradas estaban dirigidas totalmente hacia Eris. Yo no sentía ninguna clase de enemistad proveniente de ellos. Tampoco sentía que estuvieran aquí para retarla a un duelo, después de haber descubierto que ella era una Reina de la Espada. ¿Tal vez están aquí para pedir que los entrene, como lo que ocurrió en el Santuario de la Espada?
“¿Necesitan algo?” pregunté, un poco preocupado de que pudieran estar aquí para regañarnos por tal muestra de afecto en un lugar público.
“Ah, eh, n-no es como si estuviéramos aquí para buscar pelea ni nada.”
Yo tampoco tenía esa intención. Tampoco era necesario tartamudear tanto, chicos. Por otro lado, yo tal vez los había asustado por hablarles solo porque estaban mirándonos.
“Existe una leyenda sobre el espíritu divino al cual nosotros la gente de Markien veneramos…”
Ladeé mi cabeza. “¿Sí? ¿Les importaría decirme a qué divinidad se están refiriendo?”
“La Diosa del Bosque, Laine. Un espíritu divino de la guerra con el cuerpo de una bestia.”
¿Laine? Ese nombre sonaba familiar. La descripción de una mujer con cuerpo de bestia me hacía preguntarme si esta no era una religión de la gente bestia. No tenía mucho sentido que la gente de Markien hubiese desarrollado una fe basada en un dios de la gente bestia, pero igual.
Esperen, hablando de gente bestia… Laine suena horriblemente parecido a Ghislaine. Ghislaine definitivamente estaba tan lejos como era posible de la palabra diosa, pero en este mundo existía una tradición de ponerle el nombre de dioses o figuras respetadas a los hijos. Esa podría haber sido la inspiración para el nombre de Ghislaine. Ponerles nombres de bestias sagradas ancestrales de hace varias generaciones a sus hijos bien podría ser una tradición normal dentro de la gente bestia.
“Se dice que la Diosa del Bosque Laine estaba en busca de una chica con el cabello rojo fuego. Que, si le informabas la ubicación de esta chica, ella te concedería una bendición de victoria y buena fortuna.”
“¿De eso se trata?”
Ahora tenía sentido que tantas personas estuvieran viendo furtivamente hacia Eris dentro de la ciudad. No me sorprendería si hubiese más leyendas sobre mujeres de cabello rojo—nunca tener que volver a preocuparse por la comida si veías una, o ir al Valhalla después de la muerte, cosas así.
“Esa es la única razón por la que estábamos mirando,” dijo el hombre en nombre del grupo. “Pero sentimos haberlo hecho.”
“Ah, no. No se preocupen.”
Los hombres se fueron rápidamente después de eso.
“Bueno, puede que hayamos terminado con las manos vacías esta vez, pero hay un lugar al que me gustaría ir antes de regresar a casa. ¿Qué dices?”
“No tengo problema con eso.”
Yo asentí. “Entonces está decidido. Vamos.” La tomé de la mano, me puse de pie, y ambos salimos de la ciudad.
Nos tomó algo de tiempo encontrar la ubicación exacta que estábamos buscando. Todo lo que tenía para trabajar era lo que Soldat me había descrito, y no era como si yo conociera el lugar preciso. El nombre del país había cambiado, como también sus fronteras. Yo planeaba seguir la búsqueda por varios días como máximo, pero por pura buena fortuna nos cruzamos con el lugar. O tal vez Ghislaine me había descrito la zona en algún momento y ese recuerdo todavía estaba ahí. Más importante, terminó siendo mucho más cerca de lo que había imaginado.
Nuestro destino estaba a mitad de camino de una colina, en la base de un árbol. Pedazos de madera podridos y clavados en el suelo servían como indicadores improvisados. Uno estaba roto. Supuse que alguien había arrancado una parte para usarla como leña, o tal vez se había desmoronado a causa de los elementos y su pobre manufactura.
Estos indicadores, hechos por manos torpes pero determinadas, tenían por función indicar dos tumbas. El indicador roto solo tenía la mitad de un nombre—lda. El que no estaba roto decía: Phillip Boreas Greyrat. Probablemente era seguro asumir que el roto alguna vez había dicho: Hilda Boreas Greyrat. Las propias letras estaban pobremente escritas, con sus líneas creadas por manos temblorosas. Eran apenas legibles. Aun así, yo conocía a quien había escrito estos nombres. Conociéndola, ella debe haber estado sufriendo de una profunda negación en ese momento—rehusándose a aceptar que ambos habían muerto. Debe haber sido muy difícil. Yo ahora podía apreciar lo desgarrador y triste que debe haber sido. Esto debe haber sido parte de la razón por la que ella estaba tan agradecida de haber aprendido a escribir.
“Mamá y Papá murieron aquí, ¿eh?” dijo Eris después de una prolongada pausa.
“Sí. Eso parece.”
El desastre hace todos esos años había teletransportado aquí a Phillip e Hilda. Para los residentes de la Zona de Conflicto, fue sospechoso encontrar aquí a dos nobles de Asura. ¿Por qué habían venido? ¿Y para qué fin? Ellos ni siquiera habían tenido permitido dar sus respuestas antes de que sus captores concluyeran que eran espías.
Recordaba que Phillip había sido un hábil orador. Calculador, inteligente. Nadie podía rebatir que él era un político experto. Supuse que él debe haber tratado de negociar con sus captores. Sin embargo, dado lo repentina de su teletransportación, él de seguro estaba en un estado de shock. Incapaz de explicar cómo o por qué había sido teletransportado aquí, él no tenía forma de verificar su identidad—ni tampoco habría sabido el ambiente político de sus nuevos alrededores, quién estaba a cargo, o siquiera el nombre del país.
¿Quién habría sobrevivido a una situación como esa? ¿Con su amada esposa a su cargo, necesitando de su protección, pero sin ningún aliado?
Eris y yo podríamos haber compartido el mismo destino, de no ser por la aparición oportuna de Ruijerd y el consejo del Dios Humano de confiar en él. También había otros casos como el suyo; Lilia y Aisha habían terminado en una situación precaria. Para muchas personas, sus vidas estuvieron condenadas en el momento en que fueron desplazadas.
El Incidente de Desplazamiento fue una calamidad casi incalculable. Yo no había considerado su gravedad en ese entonces, asumiendo que tales cosas eran bastante normales en este mundo, pero nada de una magnitud similar había ocurrido desde entonces. Me impresionaba que hubiésemos sido capaces de sobrevivir a tal desastre sin precedentes.
“Padre debió odiar como terminaron las cosas,” dijo Eris.
“Estoy seguro de que fue así.”
“Si todavía estuviera con vida y pudiera vernos ahora, me pregunto qué pensaría al respecto.” Ella mantuvo su vista pegada a la tumba mientras hablaba. Yo estaba de pie detrás suyo, mirando hacia su espalda.
“Supongo que estaría feliz.”
Phillip había sido un hombre ambicioso. Él quería una unión entre Eris y yo para poder usarla para subir a la cima de la familia Boreas. Si el Incidente de Desplazamiento nunca hubiese ocurrido, él de seguro me habría empujado a hacer exactamente eso. Sin importar lo mucho que hubiera protestado sobre mi promesa con Sylphie de ir a la Universidad de Magia juntos, él habría tramado alguna forma de convencerme y arreglar que Sylphie en cambio fuese mi segunda esposa. ¿De verdad podría haber ganado poder político de esa forma? Nunca lo sabríamos.
“Supongo…” murmuró Eris.
En cierta forma, las cosas habían salido más o menos de la forma que Phillip había querido. La reina actual de Asura estaba en deuda conmigo, mis palabras habían ganado influencia, y yo tenía conexiones dentro de la nobleza de Asura. Yo difícilmente tenía alguna responsabilidad, pero eso no importaba. Si Phillip estuviese con vida—si solo hubiese sido teletransportado a otro mundo como yo, solo para regresar ahora, diez años después del hecho—entonces él trataría de usar mi posición actual para acercarse a Ariel. Gracias a lo bien que conocía su personalidad, podía imaginarlo ganándose una posición como consejero y manipulando las cosas detrás de escena.
“Madre también habría estado feliz, ¿cierto?”
Yo asentí. “Definitivamente.”
Hilda siempre se había lamentado de que sus hijos fuesen arrebatados por la casa principal de los Boreas, lo suficiente como para que ella al principio hubiese descargado sus frustraciones en mí. No hacía falta decir que yo no había sido parte de nada de eso. Ella al final me había abierto su corazón, pero no fue mucho después, antes de que realmente pudiéramos tener una conversación, que ocurrió el Incidente de Desplazamiento. Nunca la volví a ver después de eso. Y nunca lo haría.
Sin embargo, Eris y yo nos habíamos casado y teníamos un hijo juntos—un hijo llamado Ars. Él era el nieto de Hilda. Cielos, ella lo habría adorado. Podía imaginarla preocupándose por él constantemente para compensar el no haber podido criar a sus propios hijos.
Aunque Hilda era una noble de corazón, así que probablemente habría discriminado a los hijos de Sylphie y Roxy. Eso habría causado algunas peleas… Pero no, tal vez debido a que ella era de la nobleza de Asura, Hilda habría sido más comprensiva que la mayoría sobre un matrimonio poligámico. Por otro lado, quizás ella le habría dicho a Eris, “¡Puede que seas la tercera esposa ahora mismo, pero solo necesitas envenenar a las otras dos para ganarte la posición de primera esposa!”
No, sé sensible. Ella no habría dicho algo así. Tal vez yo estaba un poco sesgado debido a los encuentros intimidantes que había tenido con ella.
Estaba seguro de que ella habría estado feliz por nuestro matrimonio. Eso era lo que importaba.
El silencio reinó sobre nosotros por un tiempo. Sospechaba que Eris también estaba perdida en sus recuerdos de su vida en Roa.
Eris había estado viajando desde que todo esto comenzó. Fue un largo viaje desde el Continente Demoniaco de regreso hacia la Región de Fittoa. Desde ahí, ella fue inmediatamente hacia el Santuario de la Espada y dedicó todo su tiempo a entrenar. Ambos nos reunimos, tuvimos un hijo, y mientras trataba de criar a Ars, ella me había estado siguiendo por doquier como mi guardaespaldas personal. ¿Acaso había tenido tiempo para descansar y perderse dentro de algunos momentos de nostalgia?
“¡Oye!” gritó Eris. “¿Qué estás haciendo?”
Yo había comenzado a quitar la tierra de la tumba con mis manos, lo cual había provocado su pregunta en pánico. “Estaba pensando en llevarlos a otro lado,” expliqué. “Este lugar simplemente es demasiado solitario para ellos.”
“Ah… tienes razón. Te ayudaré.”
Habría sido muy simple usar mi magia de tierra para quitar la tierra y llegar a sus restos, pero opté por hacerlo a mano junto a Eris. Cavamos a través de la dura tierra, hasta que encontramos sus huesos. Los lavé cuidadosamente antes de envolverlos en algo de tela que había traído conmigo.
“Muy bien,” dije. “Es hora de irnos.”
“Bien.” Eris se puso de pie.
El Reino de Asura sería el mejor lugar para sus tumbas, ¿cierto? Sería más fácil para nosotros visitarlos si los sepultábamos en Sharia, pero yo creía que era más apropiado llevarlos a casa—al lugar al cual estaban más acostumbrados. La Región de Fittoa todavía estaba en medio de su reconstrucción. Ni siquiera una pizca de su antigua gloria había regresado. Yo creía que la capital, Ars, era el lugar más apropiado. Sí. El cementerio usado por la casa Boreas probablemente sería lo mejor.
“Rudeus,” dijo Eris, interrumpiendo mis pensamientos.
“¿Mm?”
“Gracias por traerme aquí.”
“Sí.” Asentí, conmovido por su sincera muestra de gratitud.
Luego de eso, Eris y yo fuimos al Reino de Asura, donde sepultamos a Phillip e Hilda. Le pregunté a Luke cuál sería el mejor lugar para darles un descanso, y él nos guio a una ubicación apropiada. Como mencioné antes, había un cementerio donde muchos de los miembros de la familia Boreas eran enterrados, pero las circunstancias nos forzaron a dejarlos descansar en un cementerio cercano. Este estaba un poco más apartado, creado por el anterior rey en secreto hace alrededor de diez años. El propio Luke se había enterado de su existencia hace poco.
Una tumba en este cementerio decía: Aquí descansa el león feroz.
Nadie hizo ninguna alusión a quién podría estar refiriéndose esta frase. Los guardias del cementerio deben haber jurado que mantendrían el secreto, debido a que ninguna pregunta obtenía respuesta. Yo ya tenía una idea de la identidad de la persona, en parte porque explicaría la razón por la que Luke decidió traernos aquí.
Ahí fue donde pusimos a descansar a Phillip e Hilda. Eris y yo colocamos nuestras manos juntas respetuosamente en frente de sus nuevas tumbas y juramos que volveríamos a visitarlos.
Nuestra visita al Santuario de la Espada y nuestra búsqueda en la Zona de Conflicto del Dios del Norte Kalman III habían terminado en fracaso. Esos fueron dos fracasos seguidos, sin mencionar que habíamos tomado un considerable desvío de regreso. Estaba de alguna forma esperando ser reprendido por ello. Podía imaginármelo como uno de esos espectáculos de variedades—a Orsted jalando de una cuerda para que el piso cediera debajo de mí, enviándome hacia quién sabe dónde a través de un tubo.
Bueno, sin importar qué, yo no podía ser culpado por cómo terminaron las cosas. Ninguno de nosotros esperaba que el Dios de la Espada desapareciera repentinamente, y ya habíamos tenido en consideración la posibilidad de que no fuéramos capaces de localizar al Dios del Norte.
Sentía una gran sensación de impotencia por no haber podido encontrar a dos personas que habrían proporcionado un poder de fuego considerable para nuestro lado. Pero mientras más nos alejábamos de los bucles que Orsted conocía, nos encontraríamos con más cosas inesperadas.
Yo planeaba ser sincero con Orsted sobre dejar de lado el plan para visitar las tumbas de Phillip e Hilda. Eso había tomado considerablemente más tiempo que mi búsqueda del Dios del Norte Kalman, a pesar de que este último era el propósito original de nuestro viaje.
“He regresado, Orsted-sama,” anuncié. “Por desgracia, la búsqueda del Dios de la Espada y el Dios del Norte fue…”
“Hmph.” Él levantó su cabeza, con una expresión tan intimidante que me interrumpió. Podía ver la ira en su rostro.
Lo sabía. Él está enojado conmigo por tomar ese desvío. Esperen, no. No está enojado. Su cara se ve así siempre.
Incluso si no estaba enojado, a mí me daba curiosidad lo que él había estado estudiando antes de mi llegada. Orsted tenía un buen número de tabletas de piedra alineadas en frente suyo. Casi se veían como lápidas, pero recordaba que esos eran los dispositivos de comunicación que habíamos instalado hace un tiempo. Placas debajo de cada uno indicaban hacia dónde estaban conectadas. No era tanto problema cuando solo teníamos al Reino de Asura, Millis, y el Reino del Rey Dragón, pero después de habernos teletransportado a través de todo el mundo, sus números se habían incrementado. Ahora se veía más como una habitación de servidores que la oficina de un Director Ejecutivo.
“Mira esto,” dijo secamente Orsted. Sus ojos se posaron sobre una de las tabletas, la cual estaba brillando tenuemente. Esta estaba conectada a la fortaleza de Atofe. El mensaje escrito en ella era corto y preciso: Hemos capturado a Kishirika Kishirisu.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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