Un Dios del Norte, una Aventurera, y Más…
Capítulo 8: Un Dios del Norte, una Aventurera, y Más…
El Dios del Norte Kalman era uno de los tres héroes que cooperaron para asesinar al Dios Demonio Laplace durante la Guerra de Laplace. Dicho eso, el Dios del Norte Kalman I—llamado así para distinguirlo de sus sucesores—era más bien aburrido cuando era comparado con sus compañeros héroes, el Rey Dragón Acorazado Perugius y el Dios Dragón Urupen. Naturalmente, él no era menos famoso.
No fue hasta que el Dios del Norte Kalman II apareció que el nombre se volvió famoso. El portador de ese título era Alex Rybak. Él viajó a través del mundo, dejando historias de sus hazañas heroicas a su paso. Estas historias más adelante fueron relatadas por trovadores y novelistas que esparcieron la leyenda todavía más. Con tantas personas contándolas, las historias de cierta forma cobraron vida propia. El punto era que el Dios del Norte solo era famoso debido al segundo sujeto que portó el título.
El Dios del Norte Kalman I hizo una aparición en La Leyenda de Perugius, pero él era más bien un personaje secundario. Dentro de ella, el Dios del Norte Kalman era descrito como un espadachín con técnicas increíbles. ¿Cuán increíbles? Él fue capaz de derrotar a la Reina Demonio Atoferatofe por sí solo. Esas habilidades con la espada salvaron a Perugius en múltiples ocasiones. Él y sus siete compañeros triunfaron en su peligroso viaje y sobrevivieron a la Guerra de Laplace.
Seguro, el Dios del Norte Kalman ciertamente era impresionante, pero él no podía manipular una fortaleza flotante completa como Perugius. Él no avanzó hacia el territorio de Laplace con sus doce subordinados, no enfrentó a Laplace de frente como el Dios Dragón Urupen, ni tampoco tuvo ninguna otra participación para hacerlo memorable. En cambio, su fuerza discreta apoyó a los dos miembros más renombrados del trio desde las sombras.
Sin embargo, había más en su historia que solo eso.
Tras la Guerra de Laplace, las fuerzas restantes del Dios Demonio siguieron resistiéndose a través de las tierras que su amo había conquistado. En ese momento fue cuando el Dios del Norte Kalman fue a enfrentar por sí solo a la Reina Demonio Atofe. Después de una prolongada batalla, él finalmente pudo quedarse con la victoria. Nadie sabía lo que ocurrió justo después. Lo que sí sabíamos era que él terminó casándose con Atofe, forzándola a retirarse de las batallas que ella todavía estaba luchando. La pérdida de una guerrera importante como Atofe dio un gran golpe a las fuerzas de Laplace restantes, y por lo tanto el mundo pronto volvió a la paz.
Kalman fue el verdadero responsable de poner fin a toda la guerra. Es cierto, lo que él hizo era positivamente descabellado. ¿Cómo más podía uno describir ir a luchar contra Atofe, derrotarla, y luego casarse con ella?
La leyenda de Perugius lo había descrito como del tipo reservado y despreocupado, pero para ser sincero, los hechos sugerían que estaba loco. Aun así, su poder era real. Podía entender por qué él se había ganado tanto del respeto de Perugius, el cual era realmente difícil de obtener.
Este Dios del Norte Kalman había fallecido hace ya mucho tiempo. Él era el hijo de un humano, y los humanos tenían una esperanza de vida comparativamente corta. Por otro lado, Atofe era un demonio inmortal. Ella había vivido significativamente más que Roxy, Sylphie, o yo, y su hijo heredó ese mismo rasgo. Por lo tanto, el hijo de Kalman iba a disfrutar de una vida larga.
El anteriormente mencionado Kalman II todavía estaba con vida. Él estaba recorriendo el mundo, esparciendo las enseñanzas del Estilo del Dios del Norte. El nombre Kalman tampoco terminaba con él, ya que había un Dios del Norte Kalman III. Él era conocido como Alexander Rybak. Era el hijo de la segunda generación y solo recientemente había heredado el nombre, ya que era un espadachín demasiado joven.
A diferencia del Dios de la Espada, no existía una regla en el Estilo del Dios del Norte que dijera que solo una persona podía poseer el título de Dios del Norte. Por lo tanto, actualmente dos personas poseían ese título. Digamos que el cabecilla de la segunda generación en este momento estaba algo así como retirado. Kalman III era el que estaba dentro de los Siete Grandes Poderes, y él era el que estaba estudiando estilos de batalla que usaban otros tipos de armas además de la espada (entre otras cosas).
El Dios del Norte Kalman III parecía ser el candidato más probable a convertirse en otro de los apóstoles del Dios Humano. De acuerdo a Orsted, las probabilidades eran bastante altas, aunque no era seguro, por lo que él era el siguiente en mi lista a localizar. Estaba esperando agregar al hombre a nuestra plantilla de aliados antes de que se uniera a la del Dios Humano. Si ya lo había hecho, entonces mi deber era deshacerme de él.
A juzgar por lo que Orsted me había dicho, Kalman III muy probablemente estaba en la Zona de Conflicto del Continente Central. Él además era, sin lugar a duda, más poderoso que yo. Necesitaría valorar cuidadosamente la situación para confirmar si él era o no un enemigo y encontrar un plan a prueba de fallas para derrotarlo de ser ese el caso.
Voy a tener que prepararme mucho para este.
En fin, así fue como terminé trayendo a Eris conmigo una vez más. Partimos hacia la parte más al sur del Continente Central, donde estaba ubicada la Zona de Conflicto.
El nombre de esta región por sí mismo era inquietante. El lugar estaba lleno de países, asentamientos, y tribus que no podían ser clasificadas como naciones soberanas, y todos ellos estaban atrapados en guerras sin fin con los demás. Era como la versión de este mundo del periodo de conflicto de Japón.
Tomen un libro de historia, den vuelta las páginas hasta llegar cuatrocientos años atrás y descubrirán que este lugar estaba sufriendo todo el peso de la Guerra de Laplace. El Reino de Asura, ubicado en la parte occidental del continente donde el suelo era más fértil, fue el único reino que logró escapar de la destrucción y mantener el control de sus territorios.
Las regiones central y sur, donde el suelo no era tan rico, no habían pertenecido a nadie en ese entonces. Los optimistas que habían sobrevivido a la guerra y ahora querían permanecer en estas áreas sin dueño y comenzar a construir sus propios países, deseaban convertir las áreas en hermosas tierras y quedárselas.
No hubo disputas entre ellos por un tiempo, pero cuando cada reino obtuvo más poder y sus fronteras fueron establecidas, estos chocaron. La situación cambió. Comenzó con pequeñas escaramuzas que crecieron, afectando a cada nación cercana. Este fue el acto de apertura del Periodo de Conflicto.
El Reino del Rey Dragón fue la primera nación en liberarse a sí misma del caos de la guerra en ese periodo. Su capital estaba ubicada en las entrañas de la región más al sur del continente—una ubicación para nada ideal. Dejando de lado el valor del terreno, sus fronteras se cerraban sobre la guarida de los Dragones Rey, de los cuales derivaba su nombre. El Reino del Rey Dragón formó un escuadrón de ejecutores para alejar a los Dragones Rey y reclamar exitosamente la montaña donde ellos habían residido. Esto le permitió al Reino poner sus manos sobre recursos minerales, y en un instante, ellos se convirtieron en el país más poderoso de la región sur.
Como el Oda Nobunaga de las provincias del sur, pensé.
En cualquier caso, el Reino del Rey Dragón esperaba usar ese impulso para reclamar los territorios en el sur y comenzó a invadir a sus vecinos. Ellos ocuparon un gran número de países a lo largo de la costa, aunque sus nombres ya se habían perdido en la historia, y conquistaron el Reino de Sanakia, el Reino de Kikka, y el Reino de Shirone como estados vasallos. Usando Shirone como punto de apoyo, el Reino del Rey Dragón estuvo preparado para avanzar hacia la Zona de Conflicto y conquistar toda la zona para agregarla a sus territorios en expansión.
Sus planes fueron truncados por dos países que intervinieron: el Reino de Asura y el País Sagrado de Millis. Ellos presionaron al Reino del Rey Dragón, advirtiéndoles que, si invadían la Zona de Conflicto, Asura y Millis no se quedarían de brazos cruzados. Los tres firmaron un pacto, accediendo a que no interferirían en la Zona de Conflicto.
Por supuesto, cada uno de estos tres poderes quería desesperadamente la tierra en el centro del Continente Central. Los tres llegaron a la misma idea por separado: ellos jalarían de los hilos de un gobernante en particular dentro de la región. Algún día, uno de los países unificaría la Zona de Conflicto, y si su campeón terminaba en la cima, ellos convertirían a este país en su estado vasallo.
Lo que eso provocó fue caos y guerra. Cada reino envió a sus propios espías hacia la Zona de Conflicto, los cuales se infiltrarían en las filas de cualquier nación que estuviera ganando poder y harían un movimiento para unificar la región. Sus intentos de provocarse entre ellos inevitablemente catapultarían a la nación prometedora hacia una guerra civil, causando su colapso. El territorio terminaría ya sea fracturado o invadido y destruido por sus vecinos, echando al fuego el sueño de una región unificada.
A ninguna de estas tres naciones involucradas desde el exterior le importaba mucho esto. La Zona de Conflicto proporcionaba una industria de importación y exportación para equipo militar, así que, incluso si no podían unificar la región y tenerla bajo su control, esto no era una gran pérdida. Solo era un lugar más con un futuro potencialmente prometedor para sus espías. La Zona de Conflicto era el lugar de una gran guerra fría, mientras públicamente las tres naciones jalando de los hilos mantenían sus manos limpias.
Durante el Incidente de Desplazamiento, Phillip e Hilda había terminado teletransportados ahí. Ellos fueron confundidos con espías y murieron después de ser torturados. Tenía sentido dentro del contexto de la historia del lugar. Tendría que tener cuidado.
Yo ya había informado antes de tiempo a la Niña Bendita de Millis y recibí un permiso de los Caballeros Misioneros. Con esto, podía atravesar fácilmente las fronteras de cada país. Pocos serían lo suficientemente estúpidos como para buscar pelea con las Fuerzas Expedicionarias de Millis.
Aun así, sería muy estúpido que baje la guardia.
Si alguien aseguraba que mi permiso era una falsificación, las personas le creerían sin importar cuál fuese la verdad. Era bastante común que los forasteros fueran marionetas de los poderes foráneos. Ellos se desharían de mí en un instante si les parecía sospechoso.
El respaldo de un poder como Asura o Millis en la Zona de Conflicto no era un activo infalible como lo era en otras partes. Era por eso que había decidido hacerme pasar por un simple aventurero para este viaje. Eris y yo éramos un grupo de dos personas—una espadachina y un mago. Un dúo de rango A que había venido hasta aquí para aventurarse dentro de algún laberinto. Esa era nuestra fachada. Tenía entendido que el Dios del Norte Kalman III también era un aventurero, así que era la excusa perfecta para entrar en contacto con él.
Con todo eso decidido, Eris y yo emprendimos el viaje hacia la ciudad de Kide en el Reino de Gardenia. Era un lugar hermoso, bendecido con la tierra fértil tan común en el Continente Central. El hermoso Gardenia era solo uno de los muchos países que constituían la Zona de Conflicto.
La arquitectura de aquí era mucho más primitiva que la que encontrarías ya sea en Asura o el Reino del Rey Dragón. La ciudad carecía de un sistema de drenaje, así que el hedor a excremento se sentía con fuerza en las calles. Mientras tanto, los ciudadanos caminando por los alrededores tenían miradas desesperanzadas, y un grupo de hombres usando armaduras inusualmente pesadas mantenían una vigilancia excesiva mientras hacían sus rondas de guardia. No era un lugar en el cual quería permanecer por mucho tiempo.
De acuerdo a Orsted, ahora mismo el Dios del Norte Kalman III tenía un cuartel general cerca de esta zona. ¿Por qué escogería un lugar tan peligroso? me pregunté. El hombre aspiraba a ser un héroe. Tal vez debido a eso disfrutaba quedarse en lugares tan volátiles, donde las cosas probablemente darían un giro repentino y violento.
Él ya era famoso dentro de los aventureros. Existían pocos en el mundo que alcanzaban el rango SS, y él era uno de ellos. Ese era el pináculo del Gremio de Aventureros. A pesar de todo su éxito, el Dios del Norte Kalman III no tenía la humildad de un maestro. Él presumía e inflaba el pecho donde nadie lo llamaba. ¿Qué era él, el protagonista de una novela ligera o algo así?
Afortunadamente, eso quería decir que debía ser bastante fácil conseguir información sobre él si visitaba el Gremio de Aventureros local.
El Gremio de Aventureros de Kide era un lugar sombrío y desgastado. El propio edificio era viejo, con señales notorias de extensas reparaciones, y estaba sucio. No intentaba ocultar el hecho de que estaba en el centro de la guerra y la muerte. Para mí, se veía como una figura solitaria en un desolado páramo, casi demasiado cansado como para seguir.
“¡Es por eso que estoy diciendo que debemos movernos ahora que podemos!”
Una vez que atravesamos la destartalada puerta vieja para entrar, la voz de una mujer repentinamente resonó a nuestro alrededor. Era misteriosamente familiar. Estaba seguro de haberla olvidado, pero en el momento que llegó a mis oídos, sentí una ola de nostalgia. Sí, es cierto. Ella sonaba así.
Esto era más relajado de lo que recordaba, y a pesar de su grito, había algo más racional sobre la forma en la que hablaba.
“No hay forma. Las líneas frontales están demasiado cerca. Terminaremos atrapadas.”
“Pero entiendes la realidad de la situación, ¿no?”
Cuando seguí el sonido de la voz, descubrí un rostro familiar que encajaba. Su cabello rubio había crecido hasta sus hombros, y además era un poco más alta. Esperen, de hecho, ¿tal vez tiene la misma altura? Su rostro ciertamente se veía más maduro que en mis recuerdos. Ella se había convertido en una mujer adulta. Su atuendo lucía costoso y más práctico, pero su armadura estaba cubierta de rasguños. Un arco y una aljaba—una extraña elección para un aventurero—colgaban de su espalda. Al principio pensé que era el mismo simple que solía usar en el pasado, pero una inspección más detallada reveló que era un impresionante arco compuesto.
Cuando la conocí, ella solo era una novata que mantenía una actitud brusca para que nadie pudiese despreciarla. Nuestro segundo encuentro fue en la Ciudad Mágica de Sharia, donde ella había aceptado un trabajo como guardaespaldas de Ariel—nosotros dos nos habíamos encontrado de casualidad. Esa vez, a mí me había parecido que ella era la columna vertebral de su grupo.
“Si nos vamos ahora, el ejército definitivamente va a descubrirnos en la frontera. El resultado será el mismo sin importar si es el ejército de Gardenia o el de Nekrina. Ni siquiera debería tener que decirlo. Sabes lo que nos pasará, ¿no?”
“¡Pero si no nos movemos, entonces el ejército de Nekrina podría arrasar esta ciudad!”
“O tal vez no.”
“Lo mismo podría decirse si no nos movemos ahora. ¡Podrían no encontrarnos!”
Esta mujer se veía mucho más como una veterana después de todo este tiempo. Ella estaba intercambiando opiniones con una mujer que supongo era la líder del grupo. Seguro, sus palabras sonaban argumentativas, pero su voz era demasiado firme como para ser una pelea de verdad. Las otras personas alrededor de ellas—asumí que eran sus otras integrantes del grupo—no me parecían personas con un exceso de confianza. Ellas tampoco estaban mortalmente pálidas ni llenas de desesperación. Simplemente estaban ahí de pie, esperando que su líder tomara una decisión definitiva. Cada una de ellas estaba escuchando tranquilamente, evaluando las circunstancias y la mejor forma de proceder.
Ya había visto antes un grupo como este. Estoy bastante seguro de que era un grupo de rango S discutiendo cosas sobre explorar un laberinto. Tal vez Colmillos de Lobo Negro había sido igual. Tampoco era como si Paul hubiese sido tan relajado como los miembros de este grupo.
Los grupos que alcanzaban el rango S no se parecían en nada a aquellos que se unían al azar; estas personas tenían opinión, y esta forjaba una sensación de solidaridad.
“Ah.”
Mientras yo estaba soñando despierto, una de las integrantes giró su mirada en esta dirección, haciendo girar un mechón de cabello en sus dedos. Ella era una maga, y usaba coletas. ¿Acaso la conocía? Su nombre era Alisa o algo así, ¿no? Recuerdo que ella estaba realmente apegada a Roxy. Era difícil olvidar a alguien que amaba tanto a Roxy.
Alisa tenía cerca de quince años de edad cuando la conocí. Si recuerdo correctamente, ella se había referido a todas las integrantes de su grupo como Hermana Mayor. Ya no quedaba nada infantil en ella. Ella también tenía un aire de veterana a su alrededor, incluso mientras solo estaba ahí sentada en su silla. Ya no exudaba esa sensación de juventud y lindura. Esta era una maga experimentada. Si nos pusieras a ambos uno al lado del otro y preguntabas cuál de nosotros dos era la opción más confiable, ella sería la apuesta segura.
Tal vez eso es natural. Han pasado cinco años.
“Es el antiguo ligue de Sara,” comentó Alisa.
Su exclamación abrupta instó a las otras mujeres a mirar en mi dirección. Yo me había acostumbrado a que las mujeres me miren así. ¿Me pregunto por qué? Supongo que mis esposas me miraban así varias veces al día. Esto se aplicaba todavía más a aquella que estaba justo detrás de mí, quien estaba de pie con sus piernas separadas a la altura de sus hombros. Eris, por favor, no me mires así. Ya no soy el mismo hombre que era en ese entonces, y nosotros ni siquiera llegamos al final. De hecho, mi antiguo ligue, si es que tengo uno, eres tú.
“¿¡Rudeus!?” jadeó Sara.
En mis años de juventud—o, para ser más específico, los años cuando estaba sufriendo de disfunción eréctil después de que Eris me abandonó—había habido una arquera en el grupo de aventuras que me había cuidado. Su nombre era Sara.
“Ha pasado tiempo,” dije.
Sí, para esta mujer, yo era un ligue.
Sara y su grupo, las Amazonas, habían venido a esta ciudad después de aceptar un trabajo del tablero de anuncios. Era simple. Todo lo que tenían que hacer era traer una carta. Era una solicitud bastante común dentro del Gremio de Aventureros. El rango asociado con ella cambiaría dependiendo de la distancia y la dificultad del envío, pero en general, la recompensa era miserable.
El grupo de Sara había tenido suerte; esta solicitud de envío tenía una recompensa relativamente impresionante con el pago de la primera mitad por adelantado. Ella y las otras mujeres habían dudado debido a que el destino estaba ubicado dentro de la Zona de Conflicto, pero ellas estaban cortas de dinero, así que decidieron aceptarla.
Resultó ser tan simple como habían esperado. Ellas habían pasado cinco días viajando para llegar a su destino, donde entregaron la carta satisfactoriamente. Probó ser poco problema y un buen descanso de su trabajo de siempre.
Lo que ocurrió después fue lo que las atrapó con la guardia baja.
Justo cuando Sara y su grupo llegaron a esta ciudad, la guerra entre el Reino de Gardenia y el Reino de Nekrina repentinamente se avivó. Las fronteras rápidamente fueron cerradas para los viajeros, y Sara y sus compañeras terminaron atrapadas.
Un país en guerra no era un buen lugar para quedarse atrapado siendo un aventurero. La seguridad pública se desplomaba, las misiones publicadas eran pocas, y los aventureros en el área eran prácticamente reclutados a la fuerza por el Gremio para actuar como mercenarios. Seguro, el pago no era nada malo, pero la tasa de mortalidad era ridícula. Ningún aventurero sería parte de tal trabajo voluntariamente, excepto por especialistas que se dedicaban a ello.
Las Amazonas eran un grupo veterano, pero no eran asesinas. Ellas estaban ansiosas de salir de Dodge, digamos, tan rápido como fuese posible. Existía un pequeño problema con esto: si trataban de cruzar la frontera a la fuerza, ellas se arriesgaban a que uno de los dos ejércitos las descubriese. Los aventureros eran un cofre de información verdaderamente valioso. El ejército de Gardenia no estaría muy feliz de permitir que la información de su país se filtre, y el ejército de Nekrina estaría babeando ante la posibilidad de poner sus manos sobre cualquier pieza de inteligencia enemiga. Ellas serían atrapadas si cualquiera de los ejércitos las descubría, y las Amazonas eran un grupo solo compuesto de mujeres. Era fácil imaginar lo que les pasaría después de ser capturadas.
“Esa es la situación. Estamos condenadas si nos vamos, y también si no lo hacemos,” dijo Sara mientras se encogía de hombros.
Ella actualmente estaba ejerciendo como la segunda al mando del grupo. Una de sus líderes había sido asesinada desde la última vez que las vi. Sara había sido la integrante más veterana en ese entonces, lo cual explicaba su posición actual. Era desgarrador perder a un miembro de grupo y camarada, pero ser un aventurero significaba caminar sobre la delgada línea entre la vida y la muerte. Esa era la naturaleza del trabajo.
Aquí, en la actualidad, Sara y sus amigas estaban en un serio aprieto. Yo no me oponía a la idea de ayudarlas. ¿Bromean? Si yo fuera a hacer la vista gorda ante unas viejas conocidas cuando me necesitaban simplemente porque estaba ocupado con mi propio trabajo, no estoy seguro de poder seguir viviendo tranquilo después de tomar tal decisión. ¿Qué tal si les ocurría algo horrible debido a eso y todas morían? Si me enteraba más tarde, eso crearía un gran vacío en mi interior.
“Creo que puedo ayudar con eso,” dije. “Mantengan esto en secreto, pero tengo un permiso de tránsito otorgado por Millis. Puede hacerlas pasar a través de la frontera si es lo que necesitan.”
Los rostros de las mujeres se iluminaron ante mi ofrecimiento.
“¿Seguro? En este momento no tenemos mucho dinero, así que no podemos pagarte por ayudarnos.”
“No necesito su dinero. Pueden pagarme de otra forma.” Mostré mi mejor sonrisa pícara hacia ellas, y en ese instante, los rostros de todas las mujeres se endurecieron. Incluso Sara me estaba lanzando una mirada asesina. Sin embargo, después de un momento, su mueca se derrumbó y dio paso a una sonrisa forzada.
“Bien. Pero hay muchas mujeres en nuestro grupo que de verdad odian a los hombres, así que… tienes que conformarte conmigo, ¿bien? Aunque quién sabe si serás capaz de hacer que se levante conmigo.”
“¡No me refería a eso! ¡Solo quiero información, bien! ¿¡Por qué todas me están mirando de esa forma!?”
Supongo que mi sonrisa pícara había sido más bien lasciva. Y yo aquí pensando que había mejorado en ello.
“Ya tengo tres amorosas esposas, ¿bien? ¡No necesito más mujeres!”
“¿Oh? Qué lástima. Estaba pensando que esta vez finalmente las cosas podrían terminar bien, no como ese día,” bromeó Sara. Ella fue la única que pareció entender que yo había estado bromeando. Aunque no había tenido la intención de que fuera una broma.
“No juegues con eso, menos en frente de mi esposa,” dije. “¿Cierto, Eris?” Miré atrás hacia ella para encontrarla en su pose usual.
Eris gruñó. “Ahora mismo Rudeus ni siquiera toca mis pechos. ¡No hay forma de que lo haya dicho con esa intención!”
¡Jaja! ¿Ven? Esta es la clase de confianza que construyes siendo un tipo decente en todos los sentidos. Además, Eris estaba exactamente en lo correcto. Yo no estaba corto de mujeres dispuestas. De ser necesario, podía esperar hasta la hora de dormir, sobar los pechos de Eris todo lo que quisiera, y despertar a la mañana siguiente, tan fresco como una lechuga. Esperen… ¿acaso eso provocaría que ella vuelva a perder la fe en mí?
Las mujeres de las Amazonas se veían muy aliviadas después de escuchar a Eris. Eso solucionó el problema… pero inmediatamente apareció otro.
El rostro de Sara se había oscurecido. “¿Eris?” preguntó ella.
“¿Qué?” le respondió Eris.
“¿Eris, como la mujer que abandonó a Rudeus?”
Oh, cielos.
“No lo abandoné.”
“¿De verdad? Pero Rudeus dijo que sí lo hiciste. Supongo que te perdonó por ello y te permitió casarte con él.”
Esa hostilidad fue lo suficientemente evidente como para que tanto Eris como yo nos diéramos cuenta. Eris frunció el rostro, molesta por la audacia de la otra mujer. Esto es muy, muy malo. Es mejor que dejes el asunto, Sara. Créeme, de verdad no quieres buscar pelea con una persona como ella. Eris no va a dejar pasar esto como una broma.
“Sara, ya déjalo,” dijo Alisa con un tono juguetón. “Discutir con la esposa no es como recuperas a un hombre.”
“¡No! ¡Eso no es lo que busco!”
Esto suscitó una pequeña risa de la multitud. La tensión se rompió, y yo pude dejar salir el aliento que estaba conteniendo.
“Así que, um, Sara, acerca de eso… Hay algunas circunstancias realmente delicadas involucradas,” traté de explicar. “Ambos tuvimos cierta clase de malentendido, o, para ser más preciso, yo entendí mal las cosas…”
“Sí, eso creí. Si no hubiese circunstancias atenuantes, tu otra esposa aterradora, el guardaespaldas, nunca habría regresado contigo.”
¿Mi otra esposa aterradora? Ah, ella debe estar refiriéndose a Sylphie. Sara sí tenía razón en eso. Sí, Sylphie me había perdonado por casarme con otras mujeres, pero ella al mismo tiempo era muy quisquillosa sobre a quién estaba dispuesta a aceptar dentro de nuestra familia. Ella había aceptado a Roxy y Eris, pero sea cual sea el criterio rígido que tenía, este había descartado a Nanahoshi. Yo estaba realmente arrepentido de cómo había manejado las cosas, pero agradecido de su misericordia a través de todo el asunto.
“Bueno, dejaré que me informes los detalles delicados más tarde. Ahora bien, ¿qué tipo de información es la que buscas?” preguntó Sara.
Ella finalmente nos permitió pasar al asunto que vinimos a atender. Toda esta situación me había provocado un nudo en el estómago, y esperaba que el tema no volviera a mencionarse.
“Cierto, verás, en este momento estoy buscando al Dios del Norte Kalman. Escuchamos que él estaba usando esta zona como su base de operaciones.”
“¿¡El Dios del Norte Kalman!?” gritó una chica desconocida mientras se ponía de pie de un salto. Ella parecía tener cerca de dieciocho años, con un cabello castaño avellana y un aire enérgico a su alrededor. Había una espada colgando en su cintura, lo cual sugería que ella era ya sea una espadachina o una guerrera. Ciertamente era una luchadora de vanguardia. Ella no era parte de las Amazonas la última vez que las vi. “¡Oh, oh! ¡Yo sé sobre él! ¡Soy una gran admiradora!”
“¡No me digas!” dije. Así que él tiene admiradores, ¿eh? Supongo que era de esperarse. Él es un aventurero de rango SS.
“Él estaba en esta zona hace cerca de tres años. ¡He escuchado rumores de que se ha ido a Hammerpolka!”
¿Hace tres años? Una información horriblemente antigua para alguien que se considera una admiradora, pero supongo que así son las cosas. A diferencia de mi antiguo mundo, este no tenía el beneficio del internet para rastrear a tus celebridades favoritas.
“¡Hammerpolka está en el País Mercenario de Markien! Está ubicado directamente hacia el sur desde aquí. ¡Ah! ¿Pueden creerlo? ¡Eso es exactamente en la dirección opuesta del Reino de Nekrina! ¡Y nosotras de casualidad queremos cruzar la frontera y dirigirnos hacia una región en el sur más segura! ¡Esto es prácticamente un mensaje divino, ¿no?! ¿¡No crees lo mismo, Antiguo Ligue de la Sublíder!?”
Ella era terriblemente habladora, pero no me molestaba. De hecho, me recordaba a Aisha. Me preocupaba que ella en realidad no fuese una admiradora del Dios del Norte Kalman y que me estuviera diciendo esto para ayudarlas a salir de su apuro. Como sea. Simplemente estaré atento para encontrar información que verifique lo que me está diciendo.
“Incluso si él estuviera en la dirección completamente opuesta de donde ustedes quieren ir, yo todavía planeo escoltarlas,” dije.
“¿¡De verdad!? ¡Supongo que debí haber esperado tal compasión del antiguo ligue de la sublíder! ¡Eres un verdadero bombón! Desearíamos poder intercambiarte por Sara… ¡lo único que hace últimamente es comer!”
Mis ojos vagaron instintivamente hacia el estómago de Sara, el cual ella rápidamente ocultó con sus brazos.
“¡No estoy gorda!” Su voz fue la más aterradora que había escuchado en todo el día. Casi me escondo detrás de Eris del miedo.
Bueno, ella estaba un poco robusta, pero yo no estaba en una posición para juzgarla, considerando mi apariencia en mi vida anterior. Eso estaba claro.
“En fin, ¿entonces qué tal si nos vamos hacia Hammerpolka?” ofrecí.
Y así, las Amazonas se unieron a Eris y a mí, y nuestro pequeño grupo partió a cruzar la frontera del país.
Atravesamos la frontera sin problemas. Creí que tal vez seríamos interrogados sobre cómo unos aventureros comunes y corrientes como nosotros llegaron a adquirir un permiso de tránsito de los Caballeros Misioneros de Millis. Yo incluso había inventado una excusa plausible en caso de que eso ocurriera—pero los hombres en la frontera simplemente miraron hacia nuestro permiso, con el desagrado dibujado en sus rostros, y nos dejaron pasar. Extrañamente fue el mismo rostro que me mostraron las Amazonas antes.
“No robaste eso ni nada parecido, ¿o sí? ¿Estás seguro de que no nos meteremos en problemas por esto?”
“Todo está bien. No nos meteremos en problemas,” dije.
Que el permiso levantara tal escepticismo significaba que era mucho más importante de lo que creía. Todos sabían las consecuencias que le esperarían a alguien que aseguraba una asociación fraudulenta con los Caballeros Misioneros de Millis. Provocaría que toda la Iglesia de Millis fuera tras de ti.
Mi yo del futuro había dejado anotaciones en el diario detallando cómo la Iglesia había asesinado a Zanoba y Aisha, así que tenía una idea de lo aterradores que podían ser como enemigos. Aunque yo lo había obtenido a través de la Niña Bendita, así que no estaba preocupado.
“¡Ustedes, los aventureros de ahí, alto!”
Escuchamos una voz gritar a nuestro alrededor mientras avanzábamos. Miré atrás sobre mi hombro, y vi a tres caballos dirigiéndose directamente hacia nosotros desde la dirección de la frontera. No se preocupen, los caballos no fueron los que gritaron. No eran parientes de Nokopara. Uno de los caballeros montándolos había gritado hacia nosotros.
Cuando los caballeros nos alcanzaron, ellos nos miraron desde arriba de sus monturas. Estaban usando armaduras plateadas de cuerpo completo inscritas con la bandera nacional del País Sagrado de Millis. Estos eran los Caballeros Misioneros.
Todas las Amazonas se pusieron mortalmente pálidas en el momento que se dieron cuenta de quiénes eran estas personas. Ellas susurraron muy bajo, “¿¡Qué hacemos!? ¡Qué hacemos!” La mano de Sara se movió hacia la espada corta en su cintura.
Miré hacia Eris. Ella ya había adoptado una postura de batalla. Alcé una mano para detenerlas y di un paso al frente.
“¿Hay algún problema?” pregunté.
“Recibimos un reporte diciendo que había un grupo de personas en posesión de un permiso de tránsito de Millis. ¿Estamos en lo correcto asumiendo que ustedes son ese grupo?”
Yo asentí. “Sí, esos seríamos nosotros.”
“No hemos recibido contacto de los altos mandos informándonos sobre ti y tu grupo. Tendremos que inspeccionar su permiso.”
Mierda. Solo ha pasado cerca de una hora desde que usamos ese permiso de tránsito y cruzamos la frontera. ¿No es un poco pronto? ¿Me están diciendo que los Caballeros Misioneros están en todas partes? Qué miedo.
“Es perfectamente comprensible. Por favor, dele un vistazo.” Les mostré rápidamente el permiso.
Uno de los caballeros me lo arrebató de mi mano y comenzó a inspeccionarlo cuidadosamente. Él rápidamente levantó el visor de su casco como si estuviera sorprendido, para luego mirar entre mi rostro y el permiso en su mano y susurrarle algo a uno de sus camaradas. Su compatriota sacó una vara para magos principiantes, la cual usó para pinchar el permiso. La joya adornando la punta de la vara emitió una luz pálida. Los hombres intercambiaron miradas entre sí, asintieron, y se bajaron de sus caballos. El hombre que había tomado mi permiso me lo regresó de forma respetuosa, acunándolo en sus manos.
“¡Ofrecemos nuestras más sinceras disculpas por tal impertinencia! No teníamos idea de que ustedes eran enviados de la Niña Bendita-sama.”
Gracias a dios. Parece que estamos libres de sospecha.
“No hay problema. De hecho, les agradezco a ustedes por su diligente trabajo,” dije educadamente, recibiendo mi permiso. A mis ojos, todo lo que veía era un gran número de emblemas de Millis estampados a través de la parte frontal del permiso, pero aparentemente algo en él indicaba que venía de la Niña Bendita. Supongo que habían hecho más que una revisión de documentos rutinaria.
Se sentía extraño que un grupo de caballeros altamente distinguidos pusiera una rodilla al piso frente a mí de esta forma. Era algo como sacado de un drama histórico.
“Sin embargo, debo preguntar, ¿qué trae a este lugar a los enviados de Su Santidad?”
“Estoy en busca de alguien,” expliqué.
“¿Podríamos saber de quién se trata?”
“El Dios del Norte Kalman. ¿Lo conoce?”
El caballero asintió. “Sí, pero el Dios del Norte ya no se encuentra en esta zona. Escuchamos rumores de que se fue hace bastante tiempo hacia Hammerpolka. Parece que recientemente también ha abandonado esa zona, así que su paradero actual es desconocido.”
Mierda, ¿en serio? Si él ya había abandonado la zona hace tres años, sí tenía sentido que ya se hubiese mudado de la nueva ciudad en la que se estaba hospedando.
“También estoy buscando a un demonio con cara de mono. El hombre se llama Geese.”
“¿Un demonio? ¿Con qué fin?” Los ojos del caballero brillaron con hostilidad, provocándome un escalofrío.
“Bueno… él es mi enemigo. Quiero saber dónde está para poder derrotarlo,” dije.
“¡Conque ese es su objetivo! No estoy al tanto del nombre del hombre, pero un demonio con cara de mono recientemente ha sido visto en Hammerpolka.”
Oigan, esa sí que es información útil. Por otro lado, no creía que Geese fuera tan fácil de localizar. Fácilmente podría ser alguien más. Aún existía la posibilidad de que pudiéramos encontrarnos con él aquí de pura casualidad. Geese probablemente estaba moviendo sus piezas sobre el tablero, tal como yo.
“Si usted lo requiere, nosotros podríamos enviar a nuestro jinete más rápido ahí para apresar al hombre,” ofreció el caballero.
Hm, ¿debería aceptar su oferta? Si era Geese y él se daba cuenta de que yo lo mandé a capturar, probablemente trataría de escapar, ¿no? Hmm.
“¿Cuántos Caballeros Misioneros tiene a su disposición?” pregunté.
“Diez en Hammerpolka.”
“Ya veo. Por favor, capture al hombre.”
“¡Sí, señor!”
El líder del grupo movió su mentón, dándole una señal a uno de los caballeros a su lado. Habiendo recibido sus órdenes, el hombre inmediatamente volvió a subir a su caballo, cabalgando en la dirección hacia la que nosotros ya nos dirigíamos. Me sentía un poco mal por pedirles esto. Después de todo, lo que yo estaba haciendo no era un asunto oficial de la iglesia.
“Muy bien,” dijo el líder, “entonces ahora regresaremos a nuestra misión.”
“Por supuesto. Se lo agradezco mucho.”
“No hay de qué, señor. Aunque, si bien entiendo que es impropio de mi parte mencionar esto, si usted es un seguidor de Millis, debo cuestionarme cuán apropiado es para usted estar viajando junto a tantas mujeres.”
“Ah…”
Desde la perspectiva de un observador, esto probablemente se veía como si yo estuviera viajando con todo un harem. En la realidad, había una sola mujer en este grupo a la que tenía permitido ponerle las manos encima, y esa misma me daría un buen golpe en el rostro si lo intentaba. Por otro lado, si admitía que no era un seguidor, las cosas solo se complicarían más.
“Simplemente he contratado a estas mujeres como guardaespaldas.”
El caballero asintió pensativamente. “No quisiera asumir lo contrario, sin embargo…”
“Si ninguna de las partes está inclinada a entablar relaciones íntimas, entonces su sexo no debería importar, ¿o sí? Y por aquellas que están inclinadas, ser del mismo sexo no necesariamente les impediría de participar en tales actos. ¿O me equivoco?”
El hombre inspiró bruscamente. “¡Sí, usted tiene razón, señor! ¡Mis más sinceras disculpas!”
Después de todo, en el Reino de Asura había muchos hombres que eran gay. Los hombres hermosos que se rodeaban a sí mismos con aquellos del mismo sexo formaban un harem gay. Así que, en resumen, el sexo de tu grupo no importaba, ¿o sí? Por suerte, Millis no era tan cerrado de mente como para prohibir la homosexualidad. Aunque los harems estaban fuera de discusión, para cualquier sexo u orientación. Al menos eran equitativos sobre eso.
“¡Ahora bien, con su permiso!”
Los dos caballeros subieron a sus monturas y se fueron, viéndose sorpresivamente complacidos con la respuesta que les había dado. Yo simplemente estaba feliz de haber logrado esquivar un problema más. Al menos, si ellos más tarde descubrían que yo no era un seguidor de Millis, no les había mentido sobre eso. Esto al menos no debería causar ningún problema más adelante. Espero.
“¿Qué?” pregunté, dándome cuenta de la forma en la que Sara me estaba mirando.
“Nada. Es solo que… al final era real, ¿eh?”
“¿Qué, creíste que usaría una falsificación y expondría a todas al peligro?”
Sara se encogió de hombros. “Quiero decir, no es algo que las personas puedan conseguir fácilmente.”
“Bueno, estoy en un tipo de trabajo donde esto es normal.”
La Sociedad del Dios Dragón siempre estaba pensando en el futuro. Por lo tanto, para proteger el bienestar de sus empleados, nuestro Director Ejecutivo había establecido conexiones impresionantes.
“¿Sí? Supongo que escalaste de posición en el mundo desde que te conocí. Ahora eres un pez gordo.”
Para ser honesto, no creo ser un pez gordo.
Esa noche acampamos a un lado de la carretera. Prendimos dos fogatas y asignamos a alguien para proteger cada una. Esa no fue una sugerencia que alguien hizo—era algo que las Amazonas hacían habitualmente. Supuse que, dada la mención de Sara de que algunas de las chicas realmente odiaban a los hombres, era un intento de distanciarse lo más posible de mí cuando durmieran.
A mí no me molestaba. Yo no era como esos hombres viejos que frecuentaban cantinas y se enojaban cuando la chica a la que le habían puesto el ojo no se sentaba a su lado. Eris dormía a mi lado, y eso era más que suficiente. Si terminaba realmente desesperado, yo además tenía un pequeño recuerdo de Roxy metido en mi bolsillo.
Tampoco era como si yo confiase en todas las integrantes de las Amazonas. Existía la posibilidad de que uno de los apóstoles del Dios Humano estuviera oculto dentro de ellas. Por esa razón, decidí que Eris y yo tomaríamos turnos por nuestra cuenta para vigilar en vez de dejarlo completamente en las manos de las Amazonas.
Eris se plantó sobre el suelo, y se apoyó contra un árbol, con su espada acunada entre sus brazos mientras se quedaba dormida. Ruijerd solía dormir de esa forma, con esa misma pose heroica y genial. Me pregunto cuándo había convertido en un hábito dormir así. Su rostro estaba sorpresivamente relajado mientras dormía. Yo estaba acostumbrado a ver su expresión disciplinada incluso cuando ella estaba profundamente dormida, pero por alguna razón Eris estaba muy feliz esta noche.
Tal vez está teniendo un sueño realmente bueno. La Eris actual era reservada y no compartía mucho sus emociones, pero en lo profundo, ella no era diferente de antes. Si bien era reconfortante verla madura, también era un poco triste.
Ya casi era hora de irme a dormir y dejarla que cubra su turno de guardia. Casi no tenía el corazón para despertarla.
“Estás haciendo un buen trabajo permaneciendo despierto,” comentó Sara mientras se sentaba a mi lado. Ella tenía dos tazas en sus manos, con hileras de vapor subiendo de ellas. Sara sostuvo una de ellas hacia mí, gruñendo como si eso fuera suficiente para que yo entendiera que debía tomarla.

“Gracias,” dije, decidiendo complacerla. Dentro de la taza había un líquido rojo relativamente opaco. Yo nunca antes había visto algo así. No se veía como sopa de tomates. Cuando la olfateé, el aroma casi quemó mis fosas nasales. Sea lo que sea, sospechaba que era picante. “¿Qué es exactamente?”
“La sopa especial de Alisa contra la somnolencia.”
Hah, así que es una especie de tónico para quedarse despierto… No tiene veneno, ¿o sí?
“Bueno,” dije, “entonces lo beberé con gusto.”
No podía recitar magia de desintoxicación justo en frente de ella. Sara se enojaría conmigo si lo hiciera. En cambio, decidí darle un pequeño sorbo y probarlo.
Solo permití que una pequeña cantidad goteara sobre mi lengua, la cual fue suficiente para que el sabor salado se esparciera a través de ella. Fue solo después de que me lo tragué que permaneció una sensación de cosquilleo tardía. Yo había imaginado algo horriblemente picante, pero sorpresivamente, no lo era tanto. Varios segundos después, sentí una sensación cálida en mi estómago y garganta—como la calidez gentil de un té de jengibre.
“Está delicioso.”
Sara sonrió. “¿Verdad?” Ella también comenzó a beber de su sopa.
Sí, señora. Pero ¿no crees que estás sentada demasiado cerca? Si cualquiera de nosotros se llega a inclinar ligeramente, nuestros hombros podrían tocarse… Nah. Probablemente solo me estaba pasando películas.
“Dime, Rudeus…” comenzó a decir Sara. “¿Qué estás haciendo ahora mismo?”
“¿A qué te refieres?”
En este momento, yo estaba experimentando palpitaciones inusuales debido a que estaba sentado demasiado cerca de una chica. Vamos, contrólate. Sí, yo ya tenía tres esposas. Entendía completamente lo inapropiado sería cometer adulterio. En este momento yo estaba tratando de mantener un voto de celibato. ¿Acaso alguien de verdad puede culparme por sentirme un poco nervioso debido a que una hermosa mujer estaba sentada tan cerca? Metí mi mano en mi bolsillo, apretando la tela dentro mientras rezaba. ¡Dios, dame fuerza!
“Bueno, supuse que todavía estabas en Sharia realizando investigaciones con el Gremio de Magos o algo así. O que estabas trabajando como un profesor, enseñando magia a otras personas.”
“¿Yo? ¿Un profesor?”
“Eras bueno enseñando magia, ¿recuerdas?”
¿Lo era? ¿Le había enseñado magia a Sara? No podía recordarlo.
Sara continuó, “O supuse que tal vez estabas en el Reino de Asura, trabajando como guardaespaldas de la Princesa Ariel junto a tu esposa. Espera, supongo que ella se coronó reina hace un par de años, ¿eh? Yo no estaba en Asura para todo eso, así que no tengo idea.”
“Sí. Yo ayudé para asegurarle el trono.”
“Así que ayudaste… Pero no es como si estuvieras directamente sirviéndole ni nada parecido.”
Ooh. Así que a eso se refería cuando preguntó qué estaba haciendo yo ahora mismo.
“Sirvo a alguien más,” dije.
“¿Alguien más?”
“Al Dios Dragón Orsted.”
“¿El Dios Dragón…? ¿Uno de los Siete Grandes Poderes?”
Ah, supongo que ella sabe de ellos. En mi experiencia, no son tan famosos dentro de los aventureros… Así que esto era una sorpresa.
Yo asentí. “Así es. Trabajo como su subordinado, apoyando sus objetivos a través del mundo.”
“¿Entonces eres su sirviente? ¿Cómo diablos terminaste en esa clase de posición? ¿Acaso entregaste una aplicación o algo así y te lo ganaste? Algo como, ¡Juro que seré de utilidad para usted, así que, por favor, conviértame en su subordinado! ¿Algo así?”
“Es una larga historia.”
“Tenemos tiempo. Todavía no vas a dormir, ¿cierto?”
Yo había tenido la intención de ir a despertar a Eris para que me reemplace, pero… Como sea.
“Supongo que no. Bueno, ¿dónde empiezo…?”
Comencé a contar mi historia justo después. Partí contándole sobre el Dios Humano, y cómo yo había seguido sus consejos mientras viajaba. Que un día, el Dios Humano me aconsejó ir a revisar mi sótano. El cómo eso provocó que mi yo del futuro viniera a detenerme, diciéndome que seguir ese consejo del Dios Humano arruinaría a toda nuestra familia.
Pero ya era demasiado tarde.
El Dios Humano amenazó la seguridad de mi familia, forzándome a una confrontación directa contra el Dios Dragón Orsted. Hice todo lo que pude para derrotarlo, pero al final fue inútil. Yo en cambio terminé suplicando por mi vida, implorándole que al menos salvara a mi familia. Él se había rehusado, pero entonces Eris fue en mi rescate. Yo estaba casi muerto cuando Orsted propuso que en cambio me uniera a su causa, y yo acepté.
“Eso inició mi carrera como su agente secreto. Me esforcé al máximo por ayudar a colocar a Ariel en el trono de Asura, tomé parte de la guerra en el Reino de Shirone, secuestré a la Niña Bendita en Millis, y me convertí en una princesa en el Continente Demoniaco…”
“¿Qué hay de ese tipo Geese que mencionaste esta tarde?” preguntó Sara.
“Él es uno de los lacayos del Dios Humano,” expliqué. “Ahora mismo, yo estoy tratando de reunir suficiente poder ofensivo como para derrotarlo. Una parte de eso es reclutar al Dios del Norte Kalman.”
“Mmmm…”
No me había dado cuenta de cuando, pero yo me había bebido el resto de la sopa en mi taza. Sin embargo, tenía magia de agua a mi disposición, así que mi garganta no se secaría.
“Suena a que conocer a Orsted fue algo bueno para ti.”
Yo asentí. “Tienes razón. De seguro estoy feliz de haberlo conocido.”
“¿Qué clase de persona es? A partir de la forma en la que hablas de él, suena a que es una persona realmente amable y con una mente abierta.”
“Bueno, si tuviera que describirlo de la forma más breve posible…” Traté de buscar todos mis recuerdos sobre Orsted. De cuando establecimos nuestra oficina, cuando nos aventuramos juntos hacia el Reino de Asura, cuando Cliff y yo trabajábamos para encontrar una forma de combatir su maldición (o, más bien, creábamos un casco para contenerla) … Por encima de todo, la que más destacaba dentro de mis recuerdos era… “Él tiene un rostro aterrador.”
Sara estalló de la risa.
Aunque era cierto. Sí, Orsted era amable, magnánimo, y de mente abierta, pero nadie podía negar que él tenía un rostro aterrador. La constante en cada recuerdo que yo tenía de él era ese ceño fruncido permanente.
“Pfft… Jaja… ¡Jajaja! Qué diablos… ¿Este tipo realmente te ayudó, y todo lo que puedes decir sobre él es que su rostro es aterrador?”
Fruncí el ceño. “Lo digo en serio, de verdad es así. Además, todos lo odian a causa de su maldición.”
“¡Buajajaja!”
Sara debe haber encontrado esto verdaderamente divertido, ya que siguió riéndose a carcajadas por varios minutos, envolviendo sus brazos alrededor de su estómago. La única razón por la que se reprimió un poco fue para evitar despertar a aquellas que estaban profundamente dormidas a nuestro alrededor.
“Cielos…” dijo ella cuando finalmente se tranquilizó.
“La única razón por la que fui capaz de arreglar las cosas con Eris fue gracias a mi batalla contra Orsted. En cierta forma, Orsted-sama es como mi propio cupido.”
Sara levantó una ceja hacia mí. “¿Un cupido con un rostro aterrador?”
“Así es.”
Sara volvió a tener un ataque de risa que la dejó sin aire y tosiendo. ¿De verdad es tan divertido? No entiendo a estos niños y su humor moderno.
“Fiu,” dejó salir ella al final, habiendo recuperado la compostura. Sara posó su mirada sobre mí. Tal vez era solo la luz de la fogata danzando en sus mejillas, pero parecía que estaba ruborizada.
Quizás está a punto de admitir que tiene sentimientos por mí… De ser así, tendré que rechazarla. Por supuesto, de una forma suave, como un verdadero hombre. Después de todo, yo ya tengo dos esposas y un esposo. A pesar de tirar chistes en mi interior para aliviar mi tensión, todo mi cuerpo se congeló de la expectativa.
“De seguro has cambiado, Rudeus,” comentó Sara. “Incluso más desde que eras guardaespaldas de la princesa.”
Sus ojos se nublaron. Vaya, ella era encantadora. Mi respiración se aceleró, y había gotas de sudor bajando a través de mi frente. Volví a meter mi mano dentro de mi bolsillo, apretando la reliquia sagrada en su interior.
“Ah, mira qué hora es,” dijo repentinamente Sara, interrumpiendo el momento. “Parece que nos perdimos en la conversación. Ya es hora de que me reemplace el siguiente turno.”
“Eh, sí. Tienes razón.”
Ella se alejó inmediatamente.
Gracias a eso pude dejar salir un gran suspiro de alivio.
Por alguna razón, en el momento en que el ambiente a nuestro alrededor fue en una dirección mucho más íntima, todo mi cuerpo se tensó. Tal vez era a causa de un trauma persistente de mi fallo a la hora de la verdad.
Alguien repentinamente se dejó caer sobre el tronco a mi lado, en el lado opuesto de donde Sara había estado momentos antes. Yo inmediatamente supe quién era sin siquiera mirar en su dirección; había sentido su mirada sobre mí ya por un tiempo.
“Eris, ¿desde cuándo estás despierta?” pregunté.
“Desde que dijiste esa cosa sobre Orsted siendo cupido.”
“¿Qué pensarías si te dijera que él realmente fue nuestro cupido?”
“Qué asco.”
Uff, eso fue directo. Pero tal vez era esperable de alguien bajo los efectos de la maldición de Orsted.
“Pero si él es la razón por la que terminamos juntos, entonces… S-supongo que podría agradecerle,” admitió ella de mala gana, apoyando su cabeza contra mi hombro.
Aah, puedo sentir el amor.
“¿Eris?”
“Qué.” Eso sonó más como una afirmación que como una pregunta. Típico de Eris.
“Déjame apoyar mi cabeza sobre tu regazo.”
“Bien.”
Ajusté mi posición, colocando mi cabeza sobre sus muslos. La rigidez que había sentido en mi cuerpo momentos antes desapareció. Tampoco seguía cubierto de sudor frío. Tal vez Eris había sentido que yo estaba siendo arrinconado y vino en mi rescate.
“Haré guardia hasta la madrugada. Puedes dormir hasta entonces,” dijo Eris.
“Mm. Gracias.”
Los muslos de Eris eran un poco firmes para ser una buena almohada, pero me trajeron alivio. Mi pequeño ahí abajo parecía sentir que el peligro había pasado y levantó animadamente su cabeza, pero con o sin peligro, él no iba a tener nada de acción. Compórtate, lo regañé, como si él no fuera yo.
Y así, me quedé profundamente dormido.
Mientras recorríamos la carretera a la mañana siguiente, vimos un monolito que se elevaba hasta el cielo, lo suficientemente grande como para poder verlo incluso desde la distancia. Mientras nos acercábamos, el humo que salía desde la base se vio con claridad. Era una ciudad. Esta era Hammerpolka, la cual yacía en la frontera del País Mercenario de Markien.
Cuando nos acercamos a la entrada, vimos un gran cartel de metal a su lado. Decía: Hammerpolka, la Ciudad de la Herrería. En efecto, la industria de la herrería de Hammerpolka estaba en su apogeo. Debajo del monolito con forma de torre yacían depósitos de minerales de la mejor calidad, los cuales los habitantes de la ciudad procesaban para refinarlos. Con esto, ellos tenían transacciones comerciales sólidas con otros países.
Los golpes del metal hacían eco a todo nuestro alrededor mientras entrábamos a la ciudad, tal como escucharías en un asentamiento enano. A pesar de esto, en la práctica, pocos se referían a este lugar como una ciudad herrera. La llamaban Hammerpolka, la Ciudad Mercenaria.
Era evidente a partir del nombre, así que no hacía falta decir que un enorme grupo de mercenarios había fundado esta nación. Ellos habían trabajado como comerciantes de la muerte, vendiendo sus servicios a (o los practicaban sobre) sus vecinos.
En esta economía, Hammerpolka era responsable de la producción de equipo militar. Era un gran lugar para el abastecimiento de los mercenarios del país. Eventualmente, mercenarios extranjeros también vinieron aquí para ese mismo propósito. Casi todos los grupos de mercenarios más famosos del mundo construían su cuartel general aquí.
Como podrían esperar, el Grupo de Mercenarios Rupan era una excepción a esa regla. ¿Qué, creen que tenemos una forma de hacerlo antes de ser mundialmente famosos? Bueno, tal vez. Pero con Aisha liderándolo y recibiendo trabajos, eventualmente llegaríamos ahí.
Como era de esperarse de una ciudad repleta de mercenarios, un montón de personas de apariencia ruda caminaban a través de sus calles. Aunque el ambiente no era ni de cerca tan opresivo como el del Santuario de la Espada, tal vez debido a que esta era una zona relativamente pacífica. O podría ser porque yo consideraba que los mercenarios eran más racionales.
Solo para dejarlo claro, no es que crea que los espadachines del Estilo del Dios de la Espada sean incapaces de tener una conversación humana básica. Es solo que… tienen una tendencia a usar sus espadas antes que sus palabras.
Muchos de los hombres que vimos en las calles lanzaron miradas hacia Eris. Ella miraría de vuelta hacia ellos, pero en vez de interpretar eso como un desafío y buscar pelea con ella, ellos sonreirían y se alejarían. Estábamos bien por el momento, pero no había forma de saber cuándo alguien sería lo suficientemente estúpido como para provocarla. Me aterraba tener una masacre en nuestras manos si eso ocurría.
“Estaba preocupada de que estuvieras demasiado confiado de que nuestro viaje terminaría bien, pero parece que fue justamente así.” Sara repentinamente dejó de caminar. “Nos has traído lo suficientemente lejos. Sabes, de verdad salvaste nuestros pellejos.”
“¿Están seguras de que esta distancia es suficiente? Si quieren, yo podría sacarlas de la Zona de Conflicto.”
Ella se burló, “¿Incluso aunque no podemos pagarte? No bromees.”
“Vamos. No es como si fuésemos extraños. Siempre puedes pagarme con tu cuerpo si te molesta tanto.” Mostré una sonrisa burlona, esperando sacarla de quicio. Incluso hice un gesto de sobar con mis manos. Todas las Amazonas se pusieron pálidas e hicieron una mueca hacia mí.
Eris tomó mi muñeca y me fulminó con la mirada.
“S-solo estaba bromeando,” chillé en respuesta.
“Sí, lo sé,” dijo Sara. “Ya tuviste tu oportunidad anoche.”
“En serio, Sara, ¿podrías dejar eso? A este paso ella va a destrozar los huesos de mi mano.” Envolví una mano gentilmente alrededor de la de Eris, persuadiéndola de dejar de triturar mi muñeca, y ella finalmente cedió.
“No somos niñas. Podemos seguir desde aquí,” me aseguró Sara.
“Entiendo.”
“Además, parece que tienes tus propios asuntos de los cuales preocuparte. Nos despediremos aquí, para así no meternos en tu camino.”
Meterse en mi camino, ¿eh…? Es cierto, si Geese estaba en esta ciudad, habría una batalla. No podía arriesgarme a que Sara y el resto de su grupo queden envueltas en eso.
“Incluso si quisiéramos contratarte como un guardaespaldas, mi cuerpo de todas formas no sería suficiente para ti,” dijo Sara.
Yo quería asegurarle que eso no era cierto, pero a juzgar por lo que ocurrió anoche, ella probablemente tenía razón. Su cuerpo no serviría como pago.
“Entonces aquí nos despedimos,” dije.
Sara asintió. “Sip. Estoy feliz de haberte vuelto a ver después de todo este tiempo.”
“Yo también.”
“De seguro has cambiado mucho. No sé cómo describirlo… te ves más distinguido que antes.”
Ladeé mi cabeza. “No veo en qué forma.”
“No, quiero decir… ya sabes. ¿Recuerdas cuando nosotros casi nos involucramos? Yo he estado siendo aventurera desde entonces, siempre haciendo lo mismo, sin ningún cambio…”
“No creo que eso sea cierto,” murmuré. Por mucho que ella le quitara importancia, Sara parecía mucho más madura que antes. Más adulta.
Mientras más hablaba con ella, más me daba cuenta de las sutiles diferencias. Solo habíamos pasado un par de días juntos, pero estaba seguro de que, si pasaba un mes entero con ella, me daría cuenta incluso de más. Todos cambian, incluso si les es difícil verlo en sí mismos.
Sara se quedó mirando hacia el suelo por un momento. Me pregunté si debía decirle algo, y de ser así, qué. Mientras yo estaba ocupando dándole vueltas a eso, ella pareció decidirse, levantando su cabeza repentinamente.
“¡Bien, ya me he decidido! ¡Dejaré de ser una aventurera!”
“¿¡Qué—!?”
La repentina declaración de Sara provocó que las otras Amazonas dejaran salir un grito casi histérico.
Ella no se molestó en mirar atrás hacia ellas, pero yo creía que debió hacerlo. Ellas eran sus compañeras de grupo, ¿saben? Sara debería estar diciéndoles esto de frente.
“¿Qué vas a hacer si dejas de ser una aventurera?” pregunté. “¿Tienes en mente algún otro trabajo que quieras hacer o algo así?”
“Nop, no tengo ningún plan. Supongo que encontraré un hombre para mí en algún lugar, me asentaré, tendré hijos, y viviré mi vida cazando o algo.”
De hecho, eso sonaba un poco como un plan detallado, pero yo no iba a contradecirla.
“Bueno, eres hermosa. Solo me preocupa que algún desgraciado se aproveche de ti,” dije.
“Heh, no te preocupes. Voy a encontrarme a un hombre que no vaya a un burdel, se emborrache totalmente y luego diga cosas malas de mí.”
“Auch.”
Esa referencia debió haber dolido, pero para mi sorpresa, ambos sonreímos, compartiendo el mismo momento de nostalgia. Fue un malentendido provocado por mis propias acciones de mierda después de mi disfunción eréctil, así que tal vez yo no tenía nada de qué reírme. Pero si Sara me perdonó lo suficiente como para reírse al respecto, entonces yo me reiría junto a ella.
“Bueno,” dije, “si alguna vez te encuentras en problemas, contáctame y yo iré.”
Sara asintió. “Sip. Y ten por seguro que lo haré si lo necesito.”
“Bueno, nos vemos.”
“Sip. Adiós, Rudeus.”
Sara agitó su mano brevemente hacia mí antes de dirigirse hacia el centro de la ciudad. El resto de las Amazonas se apresuraron tras ella. Escuché el eco de sus voces mientras demandaban una explicación de lo que quiso decir con retirarse. Ellas pronto irían a una posada y tendrían una buena discusión sobre su partida.
A pesar de las apariencias, Sara era muy decidida—o testaruda, si querían ser un poco menos generosos—así que dudaba de que alguien pudiera disuadirla de retirarse si ella ya se había decidido. Una vez que Sara y las demás salieran de la Zona de Conflicto, ellas ya sea se separarían o encontrarían una forma de seguir juntas sin ella. De cualquier forma, Sara pronto comenzaría su nueva vida.
De lo único que estaba seguro era que, a diferencia de una cierta persona que yo conocía, ella no trataría de aventurarse dentro de un laberinto sola para encontrar un hombre.
No sabía cuándo sería la próxima vez que vería a Sara, o si alguna vez lo volvería a hacer. Si lo hacía, esperaba que pudiéramos ser capaces de volver a hablar de esta forma. Yo además juré que, la próxima vez, también le preguntaría sobre ella, en vez de solo hablar y hablar de mi vida.
Ahí fue donde lo dejamos.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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