La Niña más Traviesa
Capítulo 4: La Niña más Traviesa
Fui hacia el Reino de Asura unos días después. Cuando le pregunté a Orsted sobre la situación en el Reino del Rey Dragón, él había escupido el nombre del culpable sin inmutarse.
Todo de acuerdo a mis predicciones. A pesar de que, de hecho, yo simplemente había recordado un reporte al respecto que había llegado a Orsted. Pero bueno. Fui hacia el Reino de Asura, solo, para solucionar las cosas con la mente maestra de una vez y por todas.
Para llegar a ella, acudí a Luke, quien era algo así como el primer ministro del Reino de Asura. Una vez que expliqué lo que estaba ocurriendo, él me dio la ubicación junto con indicaciones de cómo llegar ahí. Las conexiones pueden ser útiles de vez en cuando.
Bueno, Luke era mi primo, así que esto era más parecido a tener un hermano mayor al que podía pedirle ayuda. Cuando le dije eso a Luke, él se sonrojó un poquito.
Cielos, deja eso. Lo siento, pero ya sabes que a mí me gustan las mujeres…
La mente maestra estaba en uno de los lugares más fuertemente protegidos en el Reino de Asura, pero con la autorización para circular que Luke obtuvo para mí, yo era capaz de atravesar zonas prohibidas incluso para los dignatarios extranjeros de más alto rango. La seguridad era tan fuerte como había escuchado. Pasé por un sinfín de puntos de control a lo largo del camino, pero eventualmente, llegué a la guarida de la mente maestra.
Ahí estaba yo, en pleno corazón del Palacio de Asura… fuera del aposento de la reina.
En frente de la finamente ornamentada puerta yacía un hombre enorme. Él usaba una brillante armadura dorada, y su hacha de batalla estaba plantada sobre el piso ante él. Un guardián. Su apariencia claramente gritaba guardián. Él tenía que ser cerca del doble de ancho que yo, y no estaba hablando de gordura. Podías notar a partir de la forma en que se posicionaba que él estaba cubierto por una gruesa capa de músculo. Y también del tipo bueno. Él era musculoso en el interior, no solo en el exterior. Su núcleo era musculoso. Las personas con núcleos musculosos incluso se paraban de forma diferente. Eris era igual. Incluso la forma en que se paran se ve más sólida.
Por cierto, dentro de mis esposas, la que tiene el núcleo más débil es Roxy. Es por eso que ella se pasa cayendo. Pero eso no es importante ahora mismo.
“¡Hola!” dije. “Espero que no te importe si solo entro.” Pasé a un lado del grandote y me estaba dirigiendo dentro del aposento real, cuando…
Moverse, moverse.
Él se movió para interponerse en mi camino.
“¿Eh?” Cuando traté de ir por la derecha, él se movió hacia la derecha. Traté de ir hacia la izquierda, y él se movió hacia la izquierda. Me estaba bloqueando completamente. “Así que, um, ¿crees poder dejarme entrar?” pregunté.
“No. Nadie me contó sobre ti,” respondió él. Traté de mostrarle el permiso—el cual solo era el escudo de armas de Asura, pero él no lo miró.
Bueno, sí, no hice una cita previa, pero vamos.
Ahora que lo pienso, este guardián no había estado aquí cuando vine hace no mucho tiempo. ¿Era nuevo? Tenía que serlo. Yo nunca antes lo había visto, y él no sabía quién era yo. Casi con seguridad era una nueva contratación. En serio, Ariel, Luke, ¿qué le están enseñando a los nuevos?
“Escucha, chico nuevo,” volví a intentarlo. “Es mejor que te apartes del camino o me vas a hacer enojar. Tengo permiso para estar aquí, ¿entiendes?”
“No. Es de noche. Ahora, solo Luke-sama, Sylphie-sama, o el esposo de Sylphie-sama pueden pasar.”
¿Qué fue eso? ¡Al final si le enseñaron modales! Muy, muy impresionante. Entonces el problema es solo que él no sabe cómo me veo.
“¿De verdad?” dije alegremente. “Debí haberlo dicho—lo siento mucho. Yo soy el esposo de Sylphie. Mi nombre es Rudeus Greyrat. Así que ya puedes dejarme entrar—”
“No. No hay evidencia.”
¿Evidencia? ¡Vamos, ¿cómo se supone que lo pruebe?!
¿Acaso una foto de Sylphie y yo todo cariñosos serviría? Excepto que… ¡Mala suerte! ¡En este mundo no existen las fotos! Tal vez si traía a Lucie, la manifestación física del amor de Sylphie y mío… ¿eso contaría? Ya que ella estaba en casa, eso no servirá. Todo lo que tenía en mi bolsillo era mi reliquia sagrada.
“Um, evidencia, ¿eh?” dije. Mientras vacilaba, el grandote apuntó su hacha de batalla hacia mí.
“Eres sospechoso.”
“¡Oye, no te apresures!” balbuceé. “¡Lo siento, bien! ¡Así que solo espera cinco segundos más y hablemos las cosas civilizadamente!” Mierda, la hoja de esa cosa era tan grande como mi cabeza. Parecía pesar cerca de cincuenta kilos. Él podía solo bajarla, dejar que la gravedad haga lo suyo, y yo sería papilla.
Bueno, ahora mismo, yo tenía equipada la Armadura Mágica. Estaba bastante seguro de que no moriría instantáneamente. Aun así, no quería terminar en una batalla si podía evitarlo.
Yo soy el jefe de Ariel, y tú eres su lacayo. No hay necesidad de que nosotros luchemos. Paz y amor, viejo.
“Yo soy un guardián. Tú no vas a pasar.”
“Mmmm…”
¿Qué se supone que haga ahora? La total falta de flexibilidad de este sujeto estaba comenzando a ser un problema. Si volvía a la oficina de Luke y lo traía hasta aquí, él lo resolvería en un instante, pero se había visto realmente ocupado… Intenté evitar casualmente al Señor Guardián, primero a la izquierda, luego a la derecha, pero me interceptó fácilmente. De verdad podía sentir su determinación de impedir mi paso bajo absolutamente cualquier circunstancia.
“¿Puedo hacer lo que quiera siempre y cuando no pase a través de ti?”
El Señor Guardián se veía un poco confundido, pero asintió de mala gana y dijo, “Sí.”
Lo siento, amigo, pero yo definitivamente voy a entrar.
“¡Oye, Arieeel! ¡Sal a jugaaar!” grité. Tal vez no podía lograr que mi cuerpo pase, pero ¿mi voz? Podía lograr que lo atravesara sin ningún problema. ¿Alguna vez han visto tanta ingenuidad? ¿Pensaron que Odiseo era el tramposo? Por favor. ¡Es de Rudeus de quien tienen que cuidarse!
El Señor Guardián se estremeció, terminando demasiado confundido como para actuar. La puerta se abrió no mucho después. Salió una sirvienta que yo conocía bien. La sirvienta personal de Ariel. ¿Cómo se llamaba? Recuerdo haber escuchado que ella había comenzado a trabajar aquí al mismo tiempo que Lilia.
“Rudeus-sama, ¿cuál es el problema?” preguntó ella.
“Vine a solicitar una audiencia con Su Majestad la Reina Ariel, pero este caballero no me permite entrar.”
Los ojos de la sirvienta se entrecerraron del enojo. “¡L-lo siento muchísimo!” tartamudeó ella, para luego darse la vuelta hacia el guardián. “¡Dohga! ¡Este caballero tiene permitido el paso! ¡Permítele entrar de inmediato!” Pero el guardián sacudió su cabeza.
“No. Nadie me dijo. Él tiene armas. Es de noche. No pudo hacerlo.”
“¡Dohga, él es Rudeus-sama!” volvió a intentarlo ella. “Vamos, sé que te ordenaron dejarlo pasar en cualquier momento.”
“No. No hay evidencia.”
“No puede ser…” dijo ella, exasperada, pero supongo que él tampoco confiaba en la sirvienta aún.
Este chico nuevo—cuyo nombre aparentemente era Dohga—era una nuez dura de romper. Aunque un hombre como este era perfecto para proteger la habitación de la reina. Él no parecía ser del tipo que fuera a venderse por dinero o algo así.
“Dohga,” se oyó una voz refinada desde detrás de la puerta. El tipo de voz que cautivaba a cualquiera que la escuchara. Dohga se estremeció visiblemente. “Ese caballero es el esposo de Sylphie. Debes permitirle el paso en cualquier momento.”
Ariel sonaba un poco molesta, lo cual hizo que el Señor Guardián se estremeciera de nuevo. Él se apartó rápidamente de la puerta, para luego colocar una rodilla al suelo, gruñendo respetuosamente.
¿Puedo pasar ahora? Voy a pasar, ¿bien? Yo procedí a entrar a los aposentos de Ariel, parándome alegremente de puntitas, sin despegar nunca mis ojos del hacha de batalla.
Ariel parecía haber salido recién del baño. Ella se había colocado ropa casual, y una sirvienta personal estaba peinando su cabello.
“Bienvenido, Rudeus-sama. Debo decir que es bastante poco delicado imponer una reunión con una mujer soltera en medio de la noche, ¿no cree?”
“Um, es cierto. Siento eso. Era un poco urgente.”
“Bueno, después de todo, este es un asunto entre usted y yo… No se preocupe, me aseguraré de que lo que ocurra entre nosotros no llegue a oídos de Sylphie.”
“Oye. No hay necesidad de secretos; nada va a pasar. Y, además, yo soy quien da los reportes a Sylphie.”
“¿De verdad? Qué decepcionante,” dijo Ariel. Ella volvía a usar esta broma de vez en cuando. Era para comprobar si yo sería infiel o no. Si traicionaría a Sylphie.
¿Y qué vas a hacer si de verdad caigo ante la tentación, hah? Hablando de tentación… tal vez era porque acababa de salir del baño, pero ella olía muy bien. Nunca antes me había sentido así sobre Ariel. Ella siempre se presentaba a sí misma inmaculada, pero algo sobre ella ahora parecía más humano—eso debe haber sido.
¡Agh, ni siquiera lo pienses! ¡Maldita sea! ¡Mi Diosa, dame fuerza!
Aspiré bien el aroma de mi reliquia sagrada para tratar de aclarar mi cabeza. Aparentemente, mi voto de castidad me había dejado con algo de energía acumulada.
“Veo que usted es un hombre de buen gusto, Rudeus-sama,” destacó Ariel.
“Esto no tiene nada que ver con gustos, es mi fe. Ahora bien, ¿podríamos, por favor, pedirles que se retiren a los demás? Um, no voy a hacer nada. Solo no quiero que las personas vean.”
Ariel no respondió. Ella simplemente aplaudió con sus manos y dijo, “Puedes retirarte,” sacando a la sirvienta de la habitación.
Se sentía como si yo hubiese venido a tramar una conspiración. Pero al menos ahora podíamos hablar en paz.
“Bueno. El asunto es, Ariel…”
“¿Sí?”
“Quien está detrás de todo… eres tú. ¿Cierto?”
“Sí. Eso es correcto… Aunque tendrás que ser más específico. Podrías estar hablando de muchas cosas.”
Um… Bueno. Supongo que Ariel es una reina.
Trabajar por el bien de tu país probablemente significaba ensuciarte las manos.
“¿De causalidad tienes alguna prueba de que soy culpable de lo que sea que estás asegurando?” preguntó Ariel.
“¡No tiene caso hacerse la tonta! ¡Ya tengo toda la evidencia que necesito!” grité, sumergiéndome en el personaje.
La puerta de inmediato se abrió de golpe. Me di la vuelta y vi a Dohga ahí de pie, con su hacha de batalla en mano. Él entró en la habitación para luego ir directamente hacia mí, levantando su hacha…
¡Oye, oye, oye, s-solo, solo espera un segundo…!
“Dohga, por favor, retrocede,” dijo Ariel.
“Pero Su Majestad. Él la amenazó.”
“Nadie me está amenazando. Fue una broma.”
Dohga gruñó de mala gana.
“No vuelvas a entrar a menos que me escuches gritar,” finalizó Ariel. Dohga volvió a gruñir, para luego regresar a su posición en la entrada. Él se veía deprimido después de ser echado.
Fue un poco lindo.
“Me disculpo,” dijo Ariel cuando él se fue. “Él es muy rígido…”
“No, fue mi culpa por dejarme llevar un poco.”
“Personalmente, me gusta cuando bromeas. El palacio es muy aburrido.”
Jaja. Entendido, entrenaré a un payaso y lo traeré la próxima vez. Alguien que sea bueno como guardaespaldas, que no sea solo risas. La clase de sujeto que atraerá a tus enemigos a las cloacas para luego deshacerse de ellos.
“¿De qué estábamos hablando?” preguntó Ariel, enderezándose. Parecía que ella estaba lista para tomarse esto en serio.
“De los tres países invadiendo el estado vasallo del Reino del Rey Dragón.”
“Entiendo. ¿Qué hay con ellos?” Ella habló como si fuese tan evidente que ni siquiera tenía que decirlo directamente.
Pero bueno, lo era.
Yo fui a comprobarlo con Orsted, y confirmé que los tres países invadiendo el estado vasallo del Reino del Rey Dragón estaban siendo apoyados detrás de escena por nada menos que el Reino de Asura. O más bien, Orsted había recibido un reporte sobre eso. Básicamente decía, Oiga, quiero usar a estos tres países para invadir este estado vasallo del Reino del Rey Dragón. ¿Está bien con eso? Yo mismo lo había leído.
Solo que… el Reino de Asura no estaba interesado en conquistar al estado vasallo, o expandir su territorio. No se trataba de eso. El punto era desgastar al Reino del Rey Dragón—acosarlo, tan simple como eso. Además, la razón por la que los precios al consumidor estaban subiendo en el Reino del Rey Dragón era gracias a que el Reino de Asura había incrementado muy ligeramente su impuesto sobre las importaciones y los bienes comerciados.
“¿Podrías detener la invasión?” pregunté. “Me ayudaría con unas negociaciones con el Reino del Rey Dragón.”
“Por supuesto,” respondió Ariel.
Ella tomó una pluma y escribió algo sobre una hoja de papel en frente suyo. Luego tomó lo que tenía que ser el sello real, timbró y dobló la hoja, sellándola, y luego finalmente me la entregó.
“Entrégale esto a Luke, y eso debería terminar la invasión en algunos días. Úsala cada vez que sea necesario.”
“¡Jajaja!” reí, recibiéndola con gratitud.
Ahora tenía una moneda de cambio. La amistad es importante, pero el poder lo es de igual forma.
“Ah, es cierto. Me gustaría pedir otra cosa. Me preguntaba si me permitirías usar la embajada de Asura en el Reino del Rey Dragón. Como era de esperar, resulta que las personas no respetan a la Mano Derecha del Dios Dragón.”
Ella volvió a aplaudir y la sirvienta personal de antes entró. Ariel susurró algo, y la otra mujer asintió antes de volver a salir.
“La embajada tiene de todo, pero, por favor, hazle saber al embajador si necesitas algo.”
“Agradezco todo esto.”
“No es nada,” dijo Ariel, mirando hacia mí con ojos inocentes. Exudaba sensualidad. No me gustaba esto.
“¿Fue por esto que me colocaste en esta posición?” preguntó ella.
“No—bueno, esto era lo que Orsted-sama quería, pero yo solo quería hacer feliz a Sylphie.”
“Jejeje. Entonces tengo que darle las gracias a Sylphie.”
“Jajaja. Ambos vamos a estar en deuda por siempre con Sylphie, ¿no?”
Reímos un poco más juntos. Jeje, jajajaja. Era divertido hablar con Ariel como si estuviésemos tramando algo vil. Bueno, básicamente podíamos hacer lo que sea.
“Por cierto, lamento el incidente con Dohga,” dijo ella.
“Oh, ¿el Señor Guardián?”
“Él es un guardián muy confiable, pero es un poco demasiado inflexible.”
Me pregunto qué significaba describir a un guardián como confiable en este caso, pero un hombre corpulento como él sí parecía la opción ideal para permanecer de guardia en una entrada. Era eso o ser un receptor de béisbol. Con un cuerpo como ese, él de seguro sería uno de primera clase.
“Espero que puedas disculparlo. Me aseguraré de que tenga más cuidado en el futuro.”
“No hay problema, no puedo estar enojado con un joven que es tan dedicado a su trabajo. Por favor, no lo despidas ni nada parecido por esto.”
“Nunca lo haría.”
Yo no sabía si él era joven dentro de esa armadura, pero no había razón para discutir detalles.
“Muy bien. No sería apropiado permanecer en la habitación de una mujer soltera por mucho tiempo, así que es hora de irme.”
“Santo cielo, de seguro tú no aparecerías sin aviso en la habitación de una dama, le harías demandas, y luego simplemente te irías, ¿o sí?”
“Soy todo un caballero,” dije, indignado. “Sylphie merece estar orgullosa de su esposo.”
“Al menos podrías darme un resumen de la situación,” dijo directamente Ariel.
“Ah, es cierto.”
Le había enviado la información de lo ocurrido en Millis a través de la tableta de contacto, pero algunas cosas era mejor decirlas en persona, como yo mismo había escrito. En fin, le di un resumen de lo ocurrido en Millis y lo que yo había estado haciendo desde entonces.
“… En conclusión, parece que voy a tener que luchar contra Geese. Ahora estoy reuniendo mis fuerzas.”
“Ya veo…” dijo Ariel. “En la actualidad yo también estoy reuniendo mis propias fuerzas. Cuando llegue el momento, estaría feliz de entregártelas.”
“¿Para qué estás reuniendo fuerzas?”
“Yo podría ser asesinada en mi cama en cualquier momento, así que estoy construyendo un ejército privado. Estoy segura de que, para Orsted-sama, mientras más fuertes sean sus aliados, mejor, ¿no?”
“Sin duda,” estuve de acuerdo.
Hah… Ella es realmente buena en esto.
Desde que Ariel se convirtió en reina, ella había realizado sus deberes como un pez en el agua. Ella no necesitaba que nadie le dijera qué hacer; Ariel sabía lo que quería, y siempre estaba trabajando para ello. Y sus pasos eran mucho más largos que los míos.
Convertirse en reina no era su objetivo final. Había muchas cosas más en su lista. Ella no se quedaría sin objetivos hasta el día de su muerte, ni tampoco dejaría de esforzarse para cumplirlos.
Cielos. Yo probablemente podía aprender algo de eso. Me pregunto si podía pedirle prestadas sus botas y tratar de caminar algunos kilómetros con ellas.
Aunque no iba a pedir algo así. Si lo hacía, ella las entregaría felizmente—apuesto que incluso incluiría sus calcetines gratis.
“Sabes, eres un poco aterradora, Ariel.”
“Oh, cielos. ¿De verdad?”
“Siento que, si alguna vez me ves debilitado, nos vas a traicionar.”
“Me hieres con tus palabras. ¡Después de todo lo que te debo, la sola idea…! Pero si eso te preocupa, ¿te gustaría conocer una de mis debilidades?”
“¿Qué? ¡No! No hay necesidad de llegar tan lejos. Solo recordé que tú siempre estabas en busca de una ventaja, eso es todo.”
“También soy una mujer que actúa en base a sus sentimientos,” dijo Ariel, haciendo un puchero. Entonces, como si se le hubiese ocurrido algo, ella presionó un dedo contra sus labios. “Pero acabo de tener una idea interesante.”
“¿Qué?”
“Bueno, si yo tuviera un hijo, podría llamarlo Rudeus II. ¿No sería divertido?”
“¿¡Qué—!? Por favor, no lo hagas.”
¡Nada podría ser más sospechoso! Podía imaginar a Sylphie mirando hacia mí, con sus ojos completamente fríos, y a Luke con la conmoción evidente en todo su rostro. Si ella decía algo descarado, yo podía sacármelo de encima como una broma, pero llamar de la nada a un hijo en mi honor básicamente era declarar que el niño era mío. No importaría lo mucho que insistiera en que Ariel y yo no habíamos tenido nada. Todos llegarían a sus propias conclusiones equivocadas.
Eso no es nada divertido. ¡Es una traición épica! No hacia Orsted, sino hacia Sylphie y yo.
“Um, de hecho, yo estaba hablando sobre traicionar a Orsted-sama. No solo a mí.”
“Sabes, yo estuve ahí cuando la Diosa del Agua Reida fue asesinada. ¿De verdad piensas que yo podría traicionarlos después de esa aterradora experiencia?”
La muerte de la Diosa del Agua Reida… Ella tenía razón. Eso había sido aterrador.
Reida era abrumadoramente poderosa. Nosotros habíamos sido arrinconados—incluso Perugius. Entonces Orsted apareció en el salón, repelió todos sus ataques, y la mató atravesando su pecho con su mano. Él no lo hizo de esa forma porque le favorecía, o porque era la técnica que dominaba más. Él la mató de esa forma porque era conveniente. Si yo fuera una figura de renombre, la idea de encontrar un destino similar me congelaría la sangre. La muerte podía llegar en cualquier momento, sin importar quién tratara de protegerte… Como en una película de horror, ¿saben?
“Sinceramente, no creo que vayas a traicionarnos,” le aseguré a Ariel. “Pero, solo por si acaso, ten cuidado con cualquiera que aparezca diciendo que recibió un consejo en un sueño.”
“Lo haré. Pero no necesitas preocuparte por mí. Realmente he llegado a apreciar lo mucho que vale este trono.”
“¿Eso no significa que debería preocuparme si parece que vas a perderlo?”
“Estoy ofreciendo mi ayuda al sirviente del gran y aterrador Dios Dragón por esa precisa razón.”
“Aceptaremos felizmente todo lo que puedas darnos.”
Ella sonrió. “Si las cosas llegan a eso, cuento contigo para que me ayudes a aferrarme patéticamente a mi trono. ¿Bien?”
Supongo que podría ayudarla.
A pesar de que, de acuerdo a Orsted, el régimen de Ariel duraría hasta el día de su propia muerte.
“Hablando de aferrarse,” dije, “el otro día, Lara, la hija de Roxy estaba…” Charlamos sobre cosas cotidianas por alrededor de una hora más, y, después de eso, yo dejé atrás los aposentos de la reina.
Di un paso afuera para encontrarme cara a cara con varios caballeros. Dohga, más otros tres. Ellos estaban de pie ahí como si hubiesen estado esperando por mí. Francamente, eso me asustó un poco. Creí que iba a ser arrastrado a las entrañas del castillo para recibir una paliza. Todos ellos se veían horriblemente intimidantes.
Pero la más aterradora era alguien que yo conocía, lo cual lo cambiaba todo.
“Ha pasado tiempo, Ghislaine,” dije.
“Sí,” respondió ella, asintiendo solemnemente como siempre lo hacía, pero yo pude notar a partir de la forma en que se estaba agitando su cola que ella estaba feliz de volver a verme. Ella estaba usando una armadura dorada, pero a diferencia de las armaduras de cuerpo completo de los dos hombres de pie a su lado, su armadura ligera solo cubría los puntos más cruciales—el mínimo. Y permítanme ser honesto—se veía imponente. El dorado de la armadura complementaba hermosamente su piel morena, y ella no podía verse más dura. Ghislaine estaba dando una sensación de personaje importante de rango S.
Aunque apuesto a que Paul se estaría riendo a carcajadas por lo tonta que se ve.
“Lo siento, supongo que te estoy haciendo perder el tiempo. Ya me voy…” traté de irme, pero ella agarró mi cabello.
“Espera.”
“¿Necesitas algo?”
“¿Eris está bien?”
“¿Puedes imaginarla estando mal?”
“No.”
“Sí, ella está muy bien. Igual que siempre.”
“Eso es bueno…”
Teníamos muchas cosas en las que ponernos al día, pero Ghislaine ahora mismo estaba de guardia. Bueno, ella estaba aquí afuera de los aposentos de la reina en medio de la noche completamente equipada, incluso con esa brillante armadura. Tenía que ser una emergencia. Es mejor que no me meta en su camino.
“Si bien me gustaría mucho ponernos al día, es mejor que me vaya. Estoy seguro de que tú también estás muy ocupa—”
“No, um, espera,” murmuró ella.
¿Qué sucede? ¿Te importaría aclararlo?
“Luke me dijo que estarías aquí.”
“Ah, ¿tienes asuntos conmigo? ¿De qué se trata?”
Sabes que haré cualquier cosa que me pidas, Ghislaine. Bueno, depende. Ahora mismo estoy un poco ocupado con otras cosas. Podría tener que esperar hasta más adelante si consume mucho tiempo.
“Nada serio. Él dijo que quería verte.”
¿Quién? me pregunté. Luego miré hacia los dos hombres a su lado. Ambos se veían como hombres de mediana edad totalmente normales. Uno era un poco bajo, con su cabello rubio teñido un poco de blanco. El otro, inusualmente, tenía el cabello negro. Estimaba que ambos estaban a finales de sus cuarentas, tal vez un poco más allá de los cincuenta, y se comportaban con el aire de dignidad de los guerreros experimentados. El rubio dio un paso al frente.
“Es un honor conocerlo. Mi nombre es Sylvester Ifrit. Protejo este castillo como capitán de la guardia real, y estoy a su servicio.”
“Yo soy Rudeus Greyrat, un amigo de la reina, y al servicio de Su Majestad. Es un placer conocerlo.”
Si él era el capitán de la guardia real, eso lo convertía en el caballero más importante de todo el Reino de Asura. Eso explicaba la brillante armadura dorada. Pero esperen, todos aquí estaban usando la misma armadura.
“Está siendo demasiado modesto; oí que usted es un viejo amigo de Su Majestad,” dijo Sylvester.
“A decir verdad, es mi esposa quien es la vieja amiga.”
“Asumo que habla de Sylphiette-sama. Ella posee una belleza delicada y etérea, lo cual se mezcla perfectamente con su implacable fuerza.”
“Así es. Veo que la conoce bien.”
Esa descripción fue casi perfecta.
“En fin, es completamente gracias a mi esposa que soy capaz de reunirme con Su Majestad.”
“Puede que diga eso, pero se me dijo que usted desempeñó un papel crucial en el resultado de la lucha por el trono…”
Lucha por el trono. Eso lo hacía sonar como si hubiese habido una pelea justa entre todas las diferentes partes y que nosotros habíamos resultado ganadores.
“Bueno, ya sabe… yo solo estaba actuando bajo las órdenes de mi jefe. Quien realmente merece el crédito es mi señor, el Dios Dragón Orsted.”
“Veo que también es leal.”
¿Puedes llamar a esto lealtad? Para ser honesto, yo lo dudo.
Como sea. Con algo de suerte, a través de pequeñas interacciones como esta, yo podría aumentar la autoridad de Orsted.
“De no haber sido por usted, yo nunca habría sido promovido a esta posición,” continuó Sylvester.
“¿De verdad?”
“Al final del día, yo soy el hijo de unos nobles de rango medio pobres y nada más. Sin embargo, gracias a esta posición, incluso he sido capaz de enviar a mi hijo más joven a una escuela.”
“Me alegra escucharlo,” dije. Cuando escuché capitán de la guardia real, había asumido que él era de una de las familias nobles más importantes de Asura. Aparentemente no era así. Ariel creía en la meritocracia y había estado ascendiendo al talento. Este sujeto tenía que ser una de sus contrataciones.
… Esperen un segundo, si este tipo es el capitán de la guardia real, ¿qué tan increíble es? Podría ser de utilidad tenerlo como amigo.
“Eh, siéntase libre de acudir a mí si es que alguna vez necesita consejo sobre su hijo,” dije.
“¿Disculpe?” dijo él, confundido, pero inmediatamente lo entendió. ¡Ah! Jajaja. Usted es tan gracioso como dicen. No se preocupe por eso. Mi hijo es talentoso, tal como su padre.”
“Las personas talentosas aun así tienen sus propias preocupaciones y problemas.”
“Es cierto,” estuvo de acuerdo él. “Lo tendré en mente.”
Y así, yo me di la vuelta hacia el otro sujeto que estaba cubierto de su propio conjunto de armadura dorada. Sylvester, Ghislaine, Dohga, y este sujeto—con todos ellos usando esas armaduras doradas, la habitación se sentía extrañamente brillante.
“Y, eh, ¿usted es?” pregunté.
El hombre de cabello negro me miró a los ojos, para luego dejar salir un “¡Hah!” de risa. Yo también reí. Soy un firme creyente de que una sonrisa es el primer paso para una buena comunicación. Las sonrisas salvarán el mundo.
“Es un honor conocerlo. Mi nombre es Rudeus Greyrat.”
El hombre se me quedó mirando. Él posó sus ojos desde la cima de mi cabeza hasta la punta de mis pies. También caminó a mi alrededor para mirarme desde atrás. Él tenía un aire de alguien evaluando a un animal raro; se sentía alarmantemente familiar. Es cierto, me recordaba a Kishirika. Lo cual probablemente quería decir que este sujeto tenía un ojo demoniaco.
“¿Qué?” dije.
“Nada, nada. Es muy raro tener la oportunidad de ver a un sirviente del estimado Dios Dragón, eso es todo.”
“Es cierto que no hay muchos de nosotros.”
“Lo imagino.” Él hablaba como alguien que ya se había encontrado con Orsted.
“Eh, por cierto, ¿su nombre era…?”
“Ah, qué grosero de mi parte,” dijo él. “Yo soy…” Pero entonces se congeló, y cerró con fuerza su boca. Él dejó salir otra enérgica carcajada y me lanzó una mirada de reojo. “Me temo que todavía no es el momento de que usted conozca mi nombre,” dijo abruptamente él. A diferencia de antes, su voz ahora era innecesariamente dramática. “Lo sabrá cuando llegue el momento correcto. Mi nombre, mi identidad…”
Y así, el hombre de mediana edad y cabello negro se dio la vuelta y se alejó. Incluso había algo en su caminar que parecía una teatralidad aficionada.
“¿Cuál es su problema?” le pregunté a Ghislaine.
Ella se veía preocupada. “Fue su idea. Él quería verte.”
En serio, ¿cuál era su problema? ¿Acaso nunca superó su fase de adolescente insolente?
“Maldita sea, Sandor,” murmuró ella hacia su colega alejándose. “Rudeus es mi antiguo maestro, ¿sabes?”
Entiendo, su nombre era Sandor. Por cierto, Sylvester-sama confirmó inmediatamente que el nombre del hombre de cabello negro era Sandor von Grandeur, y él era capitán de los Caballeros Dorados de Asura.
De verdad no tenía idea de cuál era su problema. Aun así… Hah. Tenía la extraña sensación de que volvería a verlo.
Supongo que nos presentaremos apropiadamente la segunda vez que nos veamos. Esa oración probablemente habría sido graciosa si la hubiese dicho en ese momento, pero me conformé con pensarla.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.