La Política del Reino del Rey Dragón
Capítulo 3: La Política del Reino del Rey Dragón
Nada es tan simple.
Imaginen que hay un niño A siendo acosado por un niño B. Bueno, golpeas al niño B y el niño A está a salvo, ¿cierto? Pero con frecuencia, así no funcionan las cosas. Al final, si todos perciben al niño A como el niño que es acosado, todos lo verán como alguien débil. Terminas con un niño C y un niño D tomando la batuta donde la dejó el primer acosador.
¡Ahora bien! ¿Cómo hacer que el niño B se detenga? Primero que nada: ¿por qué el niño B está acosando al niño A? ¿Acaso los acosadores siquiera tienen una razón? ¿Acaso había algo en el niño A que lo llevó a ser acosado? Eso pasa. Al menos, asumí que ese era mi caso en mi vida pasada.
Pensé que el Reino del Rey Dragón podría estar contando una historia similar. Benedikte podría estar siendo acosada debido al desafortunado hecho de que ella tenía sangre de demonio en sus venas. Si eso era todo, yo no me quedaría de brazos cruzados. Le sacaría la mierda al niño B.
Pero ¿qué tal si había más? Tal vez existía una causa externa que estaba estresando al niño B, y se desquitó con el niño A. De ser así, el niño B podría detenerse si remueves esa causa externa. Removerla y luego destacar todas las desventajas de seguir acosando al niño A debería ser suficiente para hacerlo dejar de buscar activamente un objetivo para acosar. Con algo de suerte, el niño B era lo suficientemente listo como para ver eso.
Así que, la pregunta era, ¿cuál puede ser la causa externa? Para encontrarla, el héroe intrépido se aventuró dentro del corazón de la jungla más profunda… No, bueno, solo caminé hacia los campos de entrenamiento para preguntarle a alguien si conocía los detalles de la política dentro del Reino del Rey Dragón. Randolph dijo que encontraría a un hombre llamado Shagall que podría decirme lo que quería saber.
Como podrían esperar, yo también había escuchado sobre este individuo de parte de Orsted. Él era una de las personas más importantes dentro de todo el Reino del Rey Dragón: Shagall Gargantis, el General Supremo del Reino del Rey Dragón. Él era un cuarto elfo y tenía una forma característicamente dura de hablar, pero era decidido y un hombre de acción. Y tenía un apodo: el Generalísimo.
Él además era quien había reclutado a Randolph—el Dios de la Muerte no estaba interesado en lo absoluto, pero Shagall lo bombardeó con visitas y ofertas cada vez que pudo para persuadirlo de tomar el cargo. El tipo claramente tenía un buen ojo para el talento.
Para que conste, ahora mismo las probabilidades de que él fuese un apóstol del Dios Humano eran bajas, pero si el Reino del Rey Dragón alguna vez parecía en peligro de caer, esas probabilidades se dispararían. Supongo que él era un patriota.
“Ellos sí que tienen energía.”
“Estoy de acuerdo,” dije, mirando hacia los campos de entrenamientos con la carta de recomendación de Randolph apretada con fuerza en mi mano.
Una persona que se veía como una recepcionista me había dicho que, sin una cita, yo tendría que esperar hasta el final del entrenamiento. Por cierto, Zanoba también estaba conmigo. Eris no. Yo le había encomendado la misión de proteger a Julie y Aisha.
Los campos de entrenamiento tenían una forma ovalada y cerca del tamaño de un campo de béisbol, rodeados por asientos en fila para espectadores como un coliseo. Abajo, sobre el campo, los soldados en grupos de seis luchaban entre sí, con su estrategia dictada por las órdenes de sus líderes. El propio Shagall estaba sentado donde podía ver toda la escena. Él miraba atentamente el combate mientras le ordenaba tomar notas a algunos subordinados. Él realizaba estos ejercicios militares regularmente con pequeños grupos para mejorar las habilidades de sus oficiales. No estaba seguro de si era debido a que estos oficiales eran más adecuados para comandar ejércitos, pero individualmente no eran combatientes destacables. Aunque tal vez había algo más que podían usar.
Estos soldados se movían a través del campo de entrenamiento, cazando a su enemigo mientras esquivaban varios obstáculos. Ellos usaban señales de mano para comunicarse con sus aliados, luego rodeaban al enemigo, montando un ataque falso mientras los inmovilizaban, para finalmente acabar con ellos.
“Ah, están recreando la Batalla de Zacharia,” dijo Zanoba.
“¿Cómo lo sabes?” pregunté.
“La he estudiado. Ese hombre de ahí, él es el flanco derecho. Ese era un ejército de magos de agua quienes, ocultos del enemigo, fueron intercambiados por magos de fuego. Todos los hechizos para contrarrestar del enemigo fueron en vano y obtuvieron una victoria aplastante. Una clásica estrategia de engaño.”
“Vaya.” Ahora que Zanoba lo había destacado, yo había visto al sujeto del flanco derecho intercambiar lugares con el sujeto en la retaguardia fuera de la visión del enemigo, para luego moverse hacia el flanco izquierdo. El sujeto de la retaguardia después enfrentó a los soldados enemigos que atacaron el flanco derecho con magia… Solo para que el enemigo lo contrarrestara fácilmente con un hechizo. El ataque posterior lo venció.
Ellos estaban luchando con espadas y magia reales, pero aparentemente tenían configurados unos círculos mágicos similares a los que la Universidad de Magia usaba, debido a que sus heridas sanaban de inmediato. Debe haber habido una regla en la que quedabas fuera si eras golpeado, ya que él se fue justo después de eso. Después de él cayó otro sujeto, luego otro, hasta que, al final, el general, rodeado por tres enemigos, se rindió.
“Supongo que terminaron,” dije. El equipo que había derrotado al general dejó salir un grito de victoria, y yo me preparé, listo para ir en busca de Shagall.
“Creo que todavía hay más,” dijo Zanoba. Otro equipo entró al campo mientras yo comenzaba a caminar. Miré hacia Shagall, quien no mostraba señales de moverse, preparándose para analizar este nuevo encuentro. Ellos parecían estar trabajando con varios equipos. No había una lista de encuentros en ninguna parte, así que no había forma de saber cuántas rondas más faltaban. Ellos podrían seguir con esto todo el día. En este punto eso parecía probable.
¿Qué hago? La idea de esperar no me desagradaba, pero preferiría no desperdiciar tiempo. ¿No había forma de conseguir una cita? Al final, tener la carta de recomendación de Randolph era igual que aparecer con las manos vacías.
No estaba seguro de si yo tenía permitido ver sus ejercicios de entrenamiento. Estos fácilmente podrían ser un secreto nacional o algo así. Nadie apareció para echarme, así que asumí que estaba bien. Pero igual.
“Disculpen, ¿este asiento está ocupado?” dijo alguien a mi lado. Miré alrededor para encontrar a un hombre a principios de sus cuarentas con cabello rubio oscuro y una barba incipiente. Él tenía un aire de alguien que había sido un poco presumido en su juventud, pero que se estaba esforzando por mostrar que ya había enderezado su rumbo. Me parecía familiar, pero no podía recordar de dónde. La Orstedpedia estaba llena de información, pero no tenía ninguna imagen. Necesitaba un nombre para saber quién era. Este sujeto estaba en el palacio del Reino del Rey Dragón, así que, para empezar, yo sabía que él era parte de la nobleza o realeza—como mínimo un caballero. No había forma de que un miembro de la familia real estuviera recorriendo el lugar sin un guardaespaldas, incluso dentro del palacio, así que… era un noble o un caballero. No tenía una espada, así que probablemente un noble. Tampoco tenía guardias o asistentes, lo cual quería decir que no era uno muy importante.
“Adelante,” respondí. “Está vacío.” Decidí tratar de hablar con él un poco en vez de pedir su nombre de inmediato. Si él era un noble importante, podría ofenderse por no reconocerlo.
“Entonces me sentaré a su lado,” dijo el hombre. Él se sentó, y luego miró hacia los campos de entrenamiento. “Es un buen ejercicio, ¿no creen?”
“En efecto. Aunque admito que no lo entiendo muy bien.”
“Esa es la metodología de entrenamiento característica del Reino del Rey Dragón.”
“De seguro todos los países realizan estas simulaciones de batalla, ¿no?” destaqué. No es por arruinar su espectáculo, pero en el Reino de Asura tenían una rutina similar. La suya era de una escala un poco más grande y ligeramente más compleja, pero los oficiales al mando entrenaban duro a los soldados con batallas estilo ajedrez.
“¿Usted cree?” dijo el hombre.
“¿Quiere decir que hay algo que ustedes hacen de una forma diferente a los demás?”
“Lo hay. Tome como ejemplo a ese hombre que está actuando como el general del Ejército Occidental. Él es el hijo mayor de un noble provincial. Bajo circunstancias normales, un hombre de su posición no podría soñar con llegar a tal escenario, y si lo hiciera, sería solo para defender sus propias tierras con sus propios soldados.”
“Hah. Aun así, él está haciendo de general.”
“Hacen que todos los oficiales pasen por cada papel, tomando turnos.”
Una rotación de papeles—entiendo. Era la misma filosofía que se usaba al poner a las personas en posiciones que normalmente no tomaban. De esa forma podían entender lo fundamental mientras al mismo tiempo aprendían cómo desempeñar la posición eficientemente. Tenía sentido para mí. Entender cómo funciona una posición en la teoría era muy diferente a desempeñarla en la vida real.
“Ya veo. Eso debe permitir que todos encuentren el papel más adecuado para ellos.”
“Precisamente,” estuvo de acuerdo él.
“Y no solo eso,” continué, “puedes usarlo para descubrir talentos, como él.” El Ejército Occidental estaba dominando al Oriental ante nuestros ojos. Este hijo mayor de un noble provincial era un comandante malditamente bueno. Yo difícilmente era un experto en el tema, pero podía notar que sus órdenes eran precisas y que no dejaba espacios. Su estilo de batalla era firme y metódico—no tenía ataques sorpresa ni maniobras intrincadas.
“De hecho, en este país, las asignaciones no se basan en la posición social.”
“¿Oh?” ¿Incluso los nobles provinciales tenían la oportunidad de convertirse en generales? Para ser justos, pasar por los problemas de buscar grandes talentos para luego no usarlos era una pérdida de tiempo colosal. Usar el talento era de sentido común. Por desgracia, muchas sociedades feudales carecían de ese pensamiento.
“Apuesto a que el Reino de Asura no hace eso, ¿eh?” provocó el hombre.
“Lo dudo,” estuve de acuerdo. “Aunque yo difícilmente soy un experto.”
Hace un tiempo, Ariel me había permitido observar al ejército de Asura practicar una maniobra. Luke se sentó a mi lado explicando esto y aquello. Resultó ser que en el Reino de Asura todas las asignaciones eran determinadas por tu posición en la nobleza. Por ejemplo, un Boreas Greyrat sería colocado al frente a la derecha de la división del comandante. Las posiciones estaban basadas en las asignaciones establecidas por el comandante en la Guerra de Laplace—las habían dejado tal cual desde entonces. Como esperarías, las formaciones que usaban reflejaban los valores de ese periodo, mantenidos sin cambios hasta el presente. Si bien eran visualmente impresionantes, carecían de cualquier valor práctico. Luke se lamentó por este triste estado del asunto, debido a que el Reino de Asura no había sido parte de ninguna contienda importante desde la Guerra de Laplace.
Mientras tanto, el Reino del Rey Dragón podía asignar a todos sus comandantes a los papeles más adecuados para ellos. Algunos comandantes eran mejor empleados en el ala derecha, algunos arremetiendo hacia el flanco enemigo. Otros comandantes se desempeñaban mejor en una confrontación frontal, mientras otros sabían cómo usar a los magos para desplegar ataques mágicos con una sincronización perfecta. Ellos entendían cuáles eran sus fortalezas, lo cual les permitía sentirse satisfechos con sus papeles.
Era cierto. Eso no ocurriría en el Reino de Asura. Luke me dijo que quería mejorar las cosas, pero tomaba tiempo cambiar las viejas tradiciones como esa—sin importar lo viejas y rígidas que puedan ser, las personas siempre salen con, “Si funcionan, no hace falta modificarlas.”
“¿Está usted aquí para estudiar nuestra metodología de entrenamiento?” preguntó el hombre.
Había un extraño brillo en sus ojos. Como si estuviese buscando algo. ¿Se trataba de eso? ¿Acaso sospechaba que yo era un espía? Era evidente que yo no era del Reino del Rey Dragón, así que no podía culparlo. Además, yo había hecho un montón de comparaciones con Asura sin pensarlo.
“No, el sobrino de mi amigo es de aquí,” respondí, apuntando hacia Zanoba, quien bajó su cabeza.
“Mi nombre es Zanoba,” respondió él.
“¡Oh, debí haberme presentado antes!” exclamó el hombre. “Mi nombre es Vio Pompadour.”
Pompadour, ¿eh? Ya había escuchado ese nombre de Orsted.
Los Pompadour eran una de las casas nobles del Reino del Rey Dragón, un distinguido linaje de guerreros que incluso aparecían en las Aventuras Épicas del Dios del Norte. Si la memoria no me fallaba, ellos además estaban cercanamente emparentados con la familia real. Yo estaba bastante seguro de que la abuela del rey había sido una Pompadour.
Fiu, eso estuvo cerca. Él básicamente es de la realeza. Menos mal que no dije nada grosero.
Lo otro sobre los Pompadour era que su probabilidad de convertirse en apóstoles del Dios Humano estaba cerca del rango C—la más baja de la parte media.
“¡Un noble de la casa Pompadour! Por favor, disculpe mi ignorancia.”
“No se preocupe,” dijo él, dejando pasar el asunto. “Por cierto, ¿cuál es su nombre?”
“Me disculpo sinceramente por la presentación tardía. Mi nombre es Rudeus Greyrat. Soy un representante del Dios Dragón Orsted, segundo dentro de los Siete Grandes Poderes.”
“¡El Dios Dragón Orsted, eh! Tal parece que me he encontrado con un pez gordo. Y usted, Zanoba-sama—¿también es un subordinado del Dios Dragón?” preguntó él, dándose la vuelta hacia Zanoba.
Zanoba asintió. “En efecto, aunque yo soy, um, de menor importancia.”
“Él está siendo modesto. En realidad, es muy poderoso.”
“Me temo que mi fuerza es todo lo que tengo para ofrecer.”
No me refería al poder físico, idiota.
La Tienda Zanoba había crecido mucho—ya había sucursales alrededor de todo el mundo. Y, como dicen, dinero es poder. No estaba exagerando con eso.
“Dos individuos tan importantes…” dijo pensativamente Vio. “¿Qué los trae al Reino del Rey Dragón?”
“Um, bueno…” comencé a decir.
Hmmm. Es una situación difícil de explicar a alguien que no está involucrado. Este sujeto bien podría ser uno de los supuestos asesinos del Pequeño Pax. Lo mejor será no revelar mucho.
“Su sobrino estaba en problemas, así que vinimos a ayudarlo.”
“¿De verdad?”
“Luego llegamos aquí y descubrimos que hay un poco de agitación política, así que nos estábamos preguntando qué podíamos hacer para colaborar. Pensamos que debíamos entender mejor los eventos actuales, y para hacerlo, se nos dijo que viniéramos aquí para hablar con el General Shagall—”
“¿Tienen conexiones con el General Shagall? Este sobrino suyo debe ser muy importante,” destacó Vio.
“Oh, no, el general solo tiene muchos amigos,” respondí. El Generalísimo Shagall era conocido como una de las personas que había transformado al Reino del Rey Dragón en la poderosa nación que era el día de hoy. De acuerdo a Orsted, él había reunido a personas talentosas del ejército que habían caído en desgracia y las había usado para traer prosperidad y dominio militar. Esta metodología de entrenamiento en exhibición probablemente también era su invención. Él era un hombre popular. Tenía conexiones por doquier. Su círculo era tan amplio que nadie sabía hasta donde llegaba—así que, cuando aseguré que Zanoba y yo éramos conocidos, no debió haber sonado tan sospechoso.
“Por desgracia, el General Shagall está muy ocupado, así que nos estamos tomando la libertad de esperarlo aquí,” expliqué.
“Ya veo.” Vio se vio pensativo por un momento, pero luego levantó la mirada y asintió. “Ante los ojos de la mayoría, el sobrino de un amigo es lo mismo que un desconocido. Es admirable que haya venido en su ayuda.”
Él no había dicho mucho en palabras, pero la sensación de incredulidad que había estado sintiendo proveniente de él disminuyó y fue reemplazada por una notoria calidez. Esa amabilidad fue repentina… pero tal vez ahora estaba satisfecho de saber lo que estábamos haciendo aquí unos extraños como nosotros.
“Aunque debo advertírselos: creo que el día de hoy el General Shagall tiene la intención de seguir con los ejercicios de entrenamiento hasta la puesta de sol.”
“No me diga.” Miré hacia arriba. El sol daba hacia el sur, lo cual probablemente quería decir que quedaban al menos otras cinco horas de ejercicios.
“¿Qué tal si hablan conmigo?” sugirió Vio. “Puede que no lo parezca, pero sé mucho sobre los asuntos de mi país. Por supuesto, hay cosas en las cuales no puedo ahondar, pero puedo contarles sobre nuestra situación actual si eso les va a ayudar.”
“¿Eso está bien con usted?” pregunté. Nosotros necesitábamos saber sobre el estado actual de la nación. No necesariamente tenía que venir de Shagall. Y un miembro de la Casa Pompadour sabría mucho de eso. Yo también quería escuchar la perspectiva de Shagall, pero sentarnos aquí por horas era un desperdicio de tiempo.
“Estoy seguro de que nuestro encuentro estaba destinado. Solo que, si vamos a hablar, este lugar es… Bueno, ¿les parece si vamos a un lugar donde podamos hablar con más libertad?”
Y así, fuimos a escuchar lo que Vio tenía para decirnos.
Vio en realidad era un apóstol del Dios Humano. Zanoba y yo lo seguimos directamente hacia su trampa, sin sospechar nada. Era una situación desesperada…
¡Solo bromeaba! Él nos llevó en carruaje hacia un restaurante un poco alejado del palacio—un lugar muy elegante.
Traté de permanecer en guardia, pero incluso yo tenía que admitir que se sentía un poco demasiado obvio para ser una trampa.
Vio hablaba mucho. Dentro del carruaje, él nos contó todo sobre los atractivos turísticos—las cosas que valían la pena visitar cerca del palacio. Luego pasó al diseño del distante palacio, para terminar con las leyendas locales sobre la calle por la que estábamos transitando. Él tenía el conocimiento de un guía turístico experimentado. Me dejó impresionado.
Esto siguió durante nuestra comida, exhibiendo su exhaustivo conocimiento sobre comida. El restaurante en el que estábamos servía los platillos tradicionales del Reino del Rey Dragón, los cuales eran preparados por un increíble chef. La reciente moda en el Reino del Rey Dragón era la innovación culinaria de vanguardia, así que él no había conseguido un trabajo como cocinero real, pero era la mejor opción de los alrededores si querías una comida tradicional. El primer platillo es este, el segundo es ese, blah blah blah…
Para ser honesto, yo no era lo suficientemente glotón como para seguir todo el discurso de Vio. Aun así, su orgullo y amor por cada tema era evidente. Podía notar la intensidad de su amor por su país, su patriotismo. ¿No era genial?
Por desgracia, nada de su extenso monólogo estaba relacionado a lo que yo necesitaba.
“¿Cómo encontró la afamada comida del Reino del Rey Dragón?” preguntó él.
“Estaba muy buena. Admito que no la había tenido en muy alta estima hasta ahora. La última vez que estuve aquí, no estuve muy feliz por lo que comí.”
Él rio. “No todos los chefs tienen una habilidad igual. En ocasiones uno se puede encontrar con un gran descubrimiento.”
Este lugar, ¿eh? Este lugar era increíble. La comida del Reino del Rey Dragón giraba en torno a las frutas y vegetales. Era simple, pero indudablemente nutritiva. Mi impresión de la comida saludable era que toda era un poco insípida, pero esta había sido excepcional. Evidenciaba que los buenos ingredientes pueden terminar siendo excelentes platillos en las manos de un buen chef.
“¿Hay algo más que quiera saber?” preguntó Vio, satisfecho de habernos contado todo lo que había que saber sobre su cultura.
“Ahora que lo menciona… ¿Podría, er, contarnos sobre la situación política?”
“¿Quiere saber sobre política?”
“No sobre los secretos nacionales ni nada parecido—con los rumores bastará.”
“Entiendo. Veamos… Primero que nada, el Reino del Rey Dragón está en un estado de agitación en este momento. Esto comenzó cuando falleció el rey anterior.”
Uff, directo al tema doloroso.
El rey anterior había sido un apóstol del Dios Humano. Fue por eso que Orsted lo mató.
“Sí, oí sobre eso. Espero que esté descansando en paz,” dije yo, un subordinado de Orsted, sin ninguna vergüenza.
“Después de eso, uno de los estados vasallos del Reino del Rey Dragón fue invadido, no solo por una nación, sino que por tres diferentes países que se unieron para atacar. Parece haber sido orquestado en la zona de conflicto hacia el norte. No son naciones poderosas, pero tres al mismo tiempo es un dolor de cabeza. Por supuesto, el Reino del Rey Dragón fue en ayuda de su estado vasallo… pero verán, hay algo extraño en la forma en que esos tres países se comportaron luego de aquello.”
“¿Extraño en qué sentido?”
“Ellos no se retiran. Después de que llegaron nuestros refuerzos y provisiones, ellos derrotaron al enemigo en batalla, para luego empujarlos de vuelta hacia la frontera. Pero ahora están contratacando con fuerza. Ha habido intentos de negociar la paz detrás de escena, pero hacen oídos sordos a cada mensajero que enviamos.”
“Tal vez piensan que, si la invasión tiene éxito, pueden conseguir al menos un poco de territorio,” supuse.
“Considerando la discrepancia en su poder comparado al Reino del Rey Dragón, debería ser evidente lo imposible que eso es, incluso si estamos con nuestros propios problemas. Pero aun así…”
Cuando lo pensabas bien, incluso si estos tres países invadían uno de los estados vasallos del Reino del Rey Dragón y ocupaban un pedazo de sus dominios, el Reino del Rey Dragón, el país más poderoso aquí, difícilmente iba a quedarse de brazos cruzados. Se unirían a la guerra de inmediato, y dependiendo de las circunstancias, estaba perfectamente dentro de su poder aniquilar completamente a los invasores.
“¿Los tres países?” pregunté.
“Sí, los tres.”
Bueno, eso era extraño.
Lo entendería si fuera un simple caso de golpear al Reino del Rey Dragón mientras ellos estaban debilitados. Pero ¿por qué seguir luchando tanto incluso después de que el Reino del Rey Dragón se recuperó? Si este había sido el resultado que querían, ellos pudieron haber invadido en cualquier momento sin esperar por una brecha en las defensas del Reino del Rey Dragón. Y tres países al mismo tiempo…
“Algo huele mal,” estuve de acuerdo.
“Exactamente. También está la posibilidad de que, si Shirone se une a ellos buscando independencia, ellos puedan conquistar uno de nuestros estados vasallos.”
“Eso es cierto.”
Los más importantes dentro de los estados vasallos del Reino del Rey Dragón eran el Reino de Shirone, el Reino de Sanakia, y el Reino de Kikka, pero también había un buen número de otras naciones más pequeñas. Sus dominios eran pequeños y su influencia nacional limitada; eran la clase de países que apenas evitaban ser absorbidos por otros países gracias al patrocinio del Reino del Rey Dragón. Era muy posible que un país como ese pudiera ser eliminado del mapa. Si Shirone hubiese agregado su fuerza al ataque mientras estaban soportando un asalto de las otras tres naciones, las cosas habrían terminado en un grave baño de sangre. Podía entender la razón por la que algunos habían terminado del lado ya sea de matar al Pequeño Pax o entregarlo para tratar de evitar una potencial invasión de Shirone.
“Dejando eso de lado…” Vio siguió contándonos todo tipo de cosas sobre la política del Reino del Rey Dragón. Sobre un ministro que había tenido una hija, luego de tal hijo de un noble que se había aliado con tal facción a través del matrimonio. La mayoría eran cosas triviales, nada que pareciera estar relacionado con el Pequeño Pax. Sin embargo, siempre estaba la posibilidad de que yo estuviera equivocado, así que de todas formas planeaba investigarlo bien.
“Cielos, miren la hora,” exclamó Vio. Miré por la ventana para ver que ya había caído el ocaso.
“Me temo que tengo otra cita después de esto, así que debo despedirme de ustedes ahora,” dijo él.
“Le agradezco mucho por el tiempo que nos concedió,” respondí.
“No fue nada, el placer fue mío. No todos los días tengo la oportunidad de presumir sobre mi país. Lo disfruté mucho,” dijo Vio, para luego despedirse de nosotros y marcharse.
Nosotros regresamos a los campos de entrenamiento, pero Shagall ya se había marchado a casa. Nos demoramos demasiado. Ya no podía hacer nada al respecto, así que regresamos a nuestro alojamiento. Ahí, nos reunimos con Eris y las demás. Los cinco nos sentamos alrededor de una mesa e intercambiamos la información que habíamos conseguido.
“Por lo que escuché, parece que las órdenes de caballeros de Millis están haciéndose notar por los alrededores,” dijo Aisha.
Ella nos contó que muchos caballeros de las órdenes de caballeros de Millis estaban presentes en la ciudad—sujetos del tipo soldado usando armaduras azules con el emblema de Millis grabado, los cuales merodeaban por toda la ciudad. Cuando Aisha preguntó por los alrededores sobre ellos, ella escuchó que eran conocidos por su comportamiento tiránico. Se rehusaban a pagar por las comidas, se peleaban con los aventureros, y tenían discusiones con los gremios. Aun así, por alguna razón, había un acuerdo tácito entre los caballeros y los guardias del Reino del Rey Dragón de que los guardias no intervendrían. Esto estaba causando tensión con los ciudadanos.
Apenas necesitaba ser dicho que, si ellos tenían una presencia significativa, nuestras probabilidades de vender las figuras de Ruijerd a través de la Tienda Zanoba eran abismales. Después de todo, todas esas órdenes de caballeros odiaban a los demonios. Las personas de igual forma estaban insatisfechas sobre las alzas de precios de los bienes importados y los impuestos en aumento.
“Encontré un edificio que creo que podría funcionar como base de operaciones para el Grupo de Mercenarios,” continuó Aisha. “¿Qué opinas? ¿Tengo permiso para transformarlo en una oficina?”
“Por ahora, vamos a montar el círculo de teletransportación y las tabletas de contacto. Lo mismo de siempre.”
Yo ahora tenía una mejor idea de los problemas plagando al Reino del Rey Dragón. A continuación, le reportaría la situación a Orsted, para luego investigar un poco más la causa detrás de todo ello. No parecía ser un plan del Dios Humano, y este era un futuro que había sido alterado por mi intervención, así que no podía confiar en la información de Orsted al respecto… pero oigan, debo mantener al jefe informado.
“Maestro, ¿cómo desea proceder?” preguntó Zanoba. “Si las cosas llegan a eso, yo felizmente tomaría a Benedikte-sama y al pequeño príncipe y huiría con ellos de esta nación.”
“No… no, creo que probablemente podemos resolverlo,” dije. Yo podía encargarme de los caballeros de Millis. Y tenía una pequeña teoría sobre lo que estaba ocurriendo con los tres países invasores.
“¿De verdad? Entonces lo dejo a su juicio.”
Aunque “probablemente” es la palabra clave, ¿bueno?
Notas de los lectores
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