Los Cimientos de la Confianza
Capítulo 4: Los Cimientos de la Confianza
Si tuviera que describir con una palabra la antigua aldea de Roxy, sería necesitada.
Había menos de veinte casas. Era un poco difícil describir las propias construcciones; parecía que solo excavaron la tierra y luego cubrieron el agujero con algo parecido a un caparazón de tortuga. Era evidente que las técnicas de arquitectura usadas no estaban ni cerca tan avanzadas como aquellas en el Reino de Asura. Por otro lado, incluso si traías a un grupo de arquitectos de Asura aquí, ellos probablemente no lograrían hacer nada mejor —después de todo, no parecía haber nada de madera para trabajar.
El pequeño campo que divisé desde fuera de la entrada estaba lleno de filas ordenadas de frondosas plantas marchitándose. Para ser honesto, parecía que todas estaban medio muertas. Era algo preocupante. Por desgracia, el Diccionario de la Raza Demoniaca no había incluido mucha información detallada sobre la agricultura. Todo lo que podía recordar era una breve mención de que sus vegetales tendían a ser amargos y desagradables.
Aparte de las propias cosechas, también había algunas flores alarmantemente dentudas creciendo al borde del campo. Tenían un gran parecido a las plantas mortales conocidas por estar dentro de tubos verdes en una cierta serie de videojuegos; pero era probable que estas en realidad fueran alguna clase de animal, dada la forma en que apretaban sonoramente sus desagradables colmillos desiguales. Supongo que habían sido colocadas ahí para proteger las cosechas de los animales hambrientos.
Cerca de la valla de la aldea, un grupo de chicas jóvenes se movían bulliciosamente alrededor de una fogata. Se veía como un montón de niños de primaria en una excursión, pero parecían estar concentradas en cocinar una sola gran comida. Aparentemente preparaban sus comidas en una sola olla enorme y luego distribuían porciones a todos los aldeanos.
Casi no había hombres. Vi algunos niños que aparentemente eran chicos, pero aparte de Rowin y el sabio, todos los adultos eran mujeres. Los otros presumiblemente estaban fuera consiguiendo la cena de mañana. Por lo que recuerdo, los hombres se encargaban de la cacería en estas aldeas, mientras las mujeres cuidaban sus casas.
“Ruijerd, ¿qué clase de presas se pueden cazar por los alrededores?” pregunté.
“Monstruos,” respondió él.
Esa respuesta probablemente era la verdad, pero se sentía ligeramente carente de detalles —como un pescador diciéndote que atrapa peces para vivir.
Como sea. Supongo que tendré que presionar un poco más. “Mmm… ¿Estas corazas encima de sus casas también vienen de monstruos?”
“Aquellas vienen de Tortugas Gigantes. Sus caparazones son duros, y su carne es deliciosa. Incluso puedes fabricar cuerdas para arcos a partir de sus tendones.”
“¿Entonces esas son los objetivos principales de los cazadores?”
“Sí.”
Conque una tortuga sabrosa. Era un poco difícil imaginarse una lo suficientemente grande como para llenar estos caparazones. Aquella cubriendo la casa más grande de la aldea tenía que ser de al menos dos metros.
Mientras ese pensamiento cruzaba mi mente, Ruijerd y Rokkus entraron en ese mismo edificio. Una cosa nunca parecía cambiar, sin importar dónde estuvieras: el sujeto a cargo siempre tenía la mejor casa.
“Con su permiso.”
“G-gracias por recibirnos.”
Eris y yo también entramos, agradeciendo la hospitalidad.
“Vaya…”
El interior del refugio subterráneo era mucho más amplio de lo que había imaginado desde afuera. Su piso estaba cubierto de pieles, y las paredes estaban decoradas con trabajos de arte coloridos; una fogata ardía en una chimenea hundida en el centro de la habitación, iluminando el interior bastante bien. No había habitaciones separadas o paredes divisorias; de noche, probablemente solo te abrigabas con piel y te acurrucabas a un lado del fuego. Noté un buen número de espadas y arcos colocados cuidadosamente cerca de las paredes exteriores. Era evidente que esta era una comunidad de cazadores.
Por alguna razón, las dos chicas que habían acompañado al sabio hacia la entrada no nos siguieron dentro.
“Muy bien, escuchemos su historia,” dijo Rokkus, sentándose junto a la chimenea. Ruijerd tomó asiento directamente en frente del sabio; yo me senté con las piernas cruzadas junto al Superd. Miré hacia atrás, buscando a Eris, y la encontré de pie incómodamente cerca de la entrada, insegura sobre qué hacer.
“¿Solo nos sentamos en el suelo? ¿Incluso dentro de la casa?”
“Nos sentamos en el suelo todo el tiempo durante nuestras prácticas de esgrima, ¿no?”
“E-eeeh. Sí, supongo que tienes razón.”
Eris en realidad no era del tipo que se avergonzaba demasiado sobre esta clase de cosas. Ella probablemente solo estaba confundida por la diferencia entre cómo funcionaban las cosas aquí y lo que ella había aprendido en sus lecciones de modales. Observándola sentarse en el suelo, me descubrí un poco preocupado de que la chica pudiera olvidar completamente el concepto de modales para el momento en que regresemos a casa.
Me di la vuelta para estar de frente al Sabio Rokkus, mientras sacudía suavemente mi cabeza.
Comencé diciendo mi nombre, edad, profesión, y lugar de residencia, luego expliqué que Eris era mi pupila y la hija de una familia noble. También dejé claro que habíamos sido enviados de forma muy repentina a este continente, por eventos más allá de nuestro control.
Decidí ocultar todo el asunto del Hombre-Dios. No tenía forma de saber cómo veían los Migurd a esa deidad en particular, y lo último que necesitaba era declararme como un mensajero de un dios malvado.
“… Bueno, eso es todo.”
“Mmm,” murmuró Rokkus, sosteniendo su mentón con una expresión como la de un niño de secundaria entendiendo un problema de algebra complicado. “Ya veo…”
Mientras esperábamos que él tomara una decisión, me di cuenta de que Eris estaba comenzando a cabecear. Ella se había visto muy enérgica hace algunos minutos, pero quizá la excursión al final sí le había pasado la cuenta. No era una gran sorpresa —esta clase de viaje era nuevo para ella, y parecía que no había regresado a dormir anoche. La chica probablemente se estaba quedando sin combustible.
“Eris, yo puedo encargarme de las conversaciones,” dije. “¿Por qué no tomas una siesta?”
“… ¿Cómo quieres que haga eso?”
“Creo que solo debes envolverte en una de las pieles.”
“Pero no hay ninguna almohada.”
“Oye, mi regazo está disponible,” dije, golpeando mis muslos con una sonrisa.
“¿Q-qué quieres decir con eso?”
“Significa que puedes descansar tu cabeza en mis piernas.”
“… ¿De verdad? Bueno… gracias.”
Normalmente, Eris habría armado un verdadero alboroto solo por la sugerencia, pero parecía que ella estaba demasiado cansada como para importarle. Sin dudarlo mucho, ella puso su cabeza sobre mi regazo. Por un momento, su rostro se puso tenso y apretó sus manos en puños, pero una vez que cerró sus ojos, se quedó dormida en cuestión de segundos.
La chica debe haber estado realmente cansada. Tomé la oportunidad para acariciar gentilmente su largo cabello rojo, y ella se retorció un poco mientras dormía.

Después de un momento, me di cuenta de que Rokkus me estaba observando desde el otro lado de la chimenea. Había una sonrisa cálida y entretenida en su rostro. No pude evitar sentirme un poco cohibido. “Mmm, ¿qué sucede?”
“Ustedes dos ciertamente parecen llevarse bien.”
“Ah. Sí, desde luego.”
Con eso dicho, por ahora seguíamos en el modo manos fuera. Esta señorita tenía algunas ideas firmes sobre el tema de la castidad, y yo no iba a pasar por encima de eso.
“En cualquier caso… ¿cómo están planeando volver a casa?”
Hmm. Él había ido directo a la misma pregunta que había hecho Ruijerd anoche. “Viajaremos a pie, ganando dinero por el camino.”
“¿Crees que un par de niños pueden ganar el suficiente dinero como para subsistir?”
“De hecho, estoy planeando encargarme de esa parte yo solo.” No es como si yo fuera un conocedor del tema, pero no podía esperar que una chica adinerada como Eris lidiara con las realidades prácticas de aquí.
“Ellos no estarán solos,” intervino Ruijerd. “Yo iré con ellos.”
Hmm. Definitivamente sería reconfortante tener a este sujeto en nuestra esquina, pero lo del Hombre-Dios todavía era un asunto preocupante. Sin importar cuánto quisiera confiar en él, probablemente lo mejor para nosotros era tomar caminos separados en este punto. Él bien podría ser era una bomba de tiempo a punto de explotar.
Dicho esto… ¿exactamente cómo iba a rechazar su ofrecimiento?
Antes de que pudiera pensar en algo, el Sabio Rokkus alzó su propia desaprobación. “Ruijerd, ¿y de qué serviría eso?”
“¿A qué te refieres?” respondió Ruijerd, frunciendo el ceño. “Voy a mantener a estos dos a salvo, y llevarlos de vuelta a su hogar.”
Rokkus suspiró. “Pero no puedes entrar a ninguna ciudad, ¿o sí?”
“Eh…”
Esperen, ¿qué? Él no puede… ¿entrar en las ciudades?
“Piensa en lo que puede pasar si te acercas a una ciudad con estos niños. Recuerdas lo que pasó hace cien años, ¿cierto? ¿Cuando las tropas te persiguieron y formaron un escuadrón para cazarte?”
… ¿Hace cien años?
“Bueno, sí…” tartamudeó Ruijerd. “Pero… yo podría esperar afuera…”
“¿Y no saber nada de lo que les sucede a estos dos adentro? Esa no es forma de mantenerlos a salvo,” dijo Rokkus, sacudiendo su cabeza de la exasperación.
Ruijerd apretó e hizo sonar sus dientes.
Aparentemente, los Superd eran tan temidos y odiados en el Continente Demoniaco como lo eran en Asura. ¿Realmente habían formado un escuadrón completo para cazar a un solo hombre? Eso parecía… algo excesivo. Pensarías que él era alguna clase de monstruo incontrolable.
“Si algo les pasa adentro…”
“¿Sí? ¿Qué harías?”
“Iría a rescatarlos, incluso si tengo que matar a todos los que viven en la ciudad.” Los ojos del hombre estaban completamente serios. Él ni siquiera estaba exagerando; podía darme cuenta de que estaba diciendo cada palabra de forma literal.
“No hay forma de razonar contigo cuando hay niños involucrados,” murmuró el sabio. “Ahora que lo pienso… la primera vez que te ganaste nuestra confianza fue al rescatar algunos jóvenes de un monstruo peligroso, ¿no es así?”
“Así fue.”
“¿Entonces ya han pasado cinco años desde aquella vez? Ah, como vuela el tiempo…”
Rokkus sacudió su cabeza de forma cansada mientras suspiraba. Sabía que el hombre actualmente estaba de mi lado, pero de todas formas me encontraba un poco irritado. Él simplemente emanaba la misma aura de un chico de preparatoria desagradablemente precoz expresando su exasperación ante la estupidez de los adultos.
“En cualquier caso, Ruijerd —¿realmente crees poder lograr tu objetivo por medios tan violentos?”
“Hrm,” gruñó Ruijerd, arrugando sus cejas.
¿Su objetivo? Eso sonaba importante, así que decidí intervenir. “¿Tu objetivo? Ruijerd, ¿de qué hablan?”
“Es muy simple,” dijo Rokkus. “Él quiere convencer a todos de que los Superd no son los monstruos malvados que todos creen.”
Tuve que esforzarme mucho para evitar reírme, “Bueno, eso no va a pasar.” Los prejuicios sistemáticos no eran la clase de cosa que una sola persona pudiera superar, sin importar cuán duro lo intentara. Rayos, un solo niño ni siquiera puede detener que su clase acose a alguien, y el odio hacia los Superd aparentemente se había extendido a través de todo el mundo. Quiero decir, incluso nuestra pequeña y audaz Eris gritó al ver a Ruijerd. La humanidad y la raza demoniaca creían por igual que su raza era malvada; ¿cómo ibas a convencer a todos de lo contrario?
“Mmm, bueno… es verdad que los Superd atacaron a enemigos y amigos por igual durante la guerra, ¿cierto?” pregunté tentativamente.
“¡Espera! Eso no es—”
“No importa cuán mala sea su reputación, el hecho de que la tribu Superd sea aterradora sigue siendo…”
“¡No! ¡Eso no es cierto!”
Ruijerd me agarró del cuello de la camisa. Me miraba con una expresión increíblemente aterradora. Empecé a temblar. Oh no…
“¡Eso fue un plan de Laplace! ¡Los Superds no son aterradores!”
¿Q-qué? ¿Qué está pasando? Para, esto da miedo. Mi cuerpo no deja de temblar. Espera, ¿un plan? ¿Es una teoría conspirativa? Laplace vivió hace quinientos años, ¿no?
“¿Qué… qué hizo Laplace?”
“¡Traicionó nuestra lealtad!”
Su agarre se debilitó. Le di una palmada en el brazo y soltó mi camisa.
“Él… ¡Él…!”
Pero sus manos aún temblaban.
“¿Puedes contarme la historia completa?”
“Es larga”.
“No me importa”.
Lo que Ruijerd me contó a continuación era una historia oculta tras la historia, un relato que podría considerarse el otro lado de la historia.
El Dios Demonio Laplace. Fue el héroe que unió a los demonios y aseguró sus derechos frente a los humanos.
Los Superds fueron de los primeros en unirse a las fuerzas de Laplace. Con su agilidad excepcional, sus formidables habilidades de detección y su destreza en combate, se convirtieron en una de las unidades de élite de Laplace, especializándose en emboscadas y ataques nocturnos. Su tercer ojo en la frente funcionaba como un radar, lo que les permitía no ser sorprendidos y ejecutar ataques sorpresa con éxito. Eran una fuerza de élite.
En el Continente Demoniaco de aquel tiempo, el nombre “Superd” era mencionado con temor y respeto. A mitad de la Guerra de Laplace— alrededor de la época en que comenzó la invasión del Continente Central— Laplace visitó a los guerreros Superd portando una lanza especial.
El arma que trajo Laplace más tarde sería conocida como la Lanza del Diablo. Laplace otorgó esta lanza a los guerreros. Se asemejaba a los tridentes que los Superds usaban tradicionalmente, pero su apariencia negra y siniestra dejaba claro que era una lanza mágica.
Naturalmente, algunos dentro de los guerreros se opusieron. “Nuestras lanzas son nuestras almas. No podemos abandonarlas por algo así”, dijeron. Pero era un obsequio de su maestro, Laplace. Al final, su líder, Ruijerd, obligó a todos a adoptar la nueva arma. Creyó que era una forma de demostrar su lealtad a Laplace.
“¿Hm? ¿Líder?”
“Sí, yo era el líder de los guerreros Superd”.
“… ¿Cuántos años tienes ahora?”
“Dejé de contar después de los quinientos”.
“Oh… Ya veo…”
Cierto, los Superds eran longevos. Eso estaba mencionado en el diccionario de Roxy. Bueno, sigamos. Los guerreros Superd plantaron sus lanzas originales en un mismo lugar y continuaron luchando con las Lanzas del Diablo. Estas les otorgaron un tremendo poder. Aumentaban sus habilidades físicas varias veces, anulaban la magia de los humanos, agudizaban sus sentidos y les daban una abrumadora sensación de invencibilidad. Como resultado, los Superds se transformaron gradualmente en lo que se conocería como “Diablos”.
Cuanta más sangre absorbían las Lanzas del Diablo, más contaminaban el alma de sus portadores. Nadie lo cuestionaba. Todos experimentaban la misma erosión mental gradual, por lo que nadie notaba los cambios en sí mismos ni en los demás.
Y entonces, ocurrió la tragedia.
En algún momento, los guerreros perdieron la capacidad de distinguir entre amigos y enemigos, atacando indiscriminadamente. Sin importar la edad o el sexo, incluso a los niños, no mostraban piedad, masacrando a todos a su paso. Ruijerd dijo que recuerda esa época con claridad. No pasó mucho antes de que los demonios comenzaran a decir “los Superds son traidores”, y los humanos los llamaran “diablos despiadados y sedientos de sangre”.
En aquel entonces, Ruijerd y sus guerreros escuchaban esos rumores con una retorcida satisfacción. Creían que era su “honor”. En un mundo lleno de enemigos, los Superds empuñando las Lanzas del Diablo eran imparables. Se convirtieron en una fuerza temida por todos. Pero no estaban exentos de bajas. Atacados tanto por humanos como por demonios, lucharon día y noche, reduciéndose en número poco a poco.
Aun así, nadie lo cuestionaba. Estaban embriagados por la idea de que morir en batalla era el mayor honor. Hasta que, un día, se propagó un rumor—un asentamiento Superd estaba bajo ataque.
Era el pueblo natal de Ruijerd.
Era una trampa diseñada para atraer a los Superds, pero ya no quedaba nadie entre los guerreros que pudiera razonar. Los guerreros Superd regresaron a su hogar por primera vez en mucho tiempo—solo para atacar su propio pueblo.
Había personas, así que tenían que matarlas. Eso era todo. Ruijerd mató a sus padres, mató a su esposa, mató a sus hermanas, y finalmente, apuñaló y mató a su propio hijo. Aunque era solo un niño, se había entrenado arduamente para convertirse en un guerrero Superd. No fue una batalla feroz, pero al final, el niño rompió la Lanza del Diablo.
En ese momento, el sueño placentero terminó.
Y al mismo tiempo, comenzó la pesadilla.
Algo duro y crujiente estaba en la boca de Ruijerd. Cuando se dio cuenta de que era el dedo de su hijo, vomitó. Su primer pensamiento fue quitarse la vida, pero lo descartó de inmediato. Había algo que tenía que hacer primero. Incluso si moría, aún quedaba un enemigo al que debía matar aun si tuviera que morderlo hasta la muerte.
En ese momento, el asentamiento Superd estaba rodeado por una fuerza de subyugación demoniaca. Los guerreros se habían reducido a solo diez.
Los guerreros, que alguna vez fueron casi doscientos cuando empuñaban las Lanzas del Diablo, esos valientes e intrépidos guerreros, ahora eran solo diez. Diez sobrevivientes maltrechos. Algunos habían perdido un brazo, otros un ojo, algunos tenían sus gemas de la frente destrozadas. Sin embargo, a pesar de sus heridas, miraban con expresiones sedientas de batalla a la fuerza de subyugación de casi mil soldados.
Ruijerd comprendió que todos morirían en vano. Lo primero que hizo fue romper todas las Lanzas del Diablo de sus compañeros. Uno por uno, recuperaron la cordura, mirando en estado de shock. Algunos lloraron por la familia que habían asesinado. Otros sollozaron amargamente.
Pero ninguno dijo: “Déjenme seguir soñando”. No había ni una sola persona débil entre ellos. Todos juraron venganza contra Laplace. Ninguno culpó a Ruijerd.
Ya no eran diablos.
Tampoco eran guerreros con honor.
Solo eran seres miserables, consumidos por la venganza.
Qué fue de esos diez, Ruijerd no lo sabía. Asumió que no sobrevivieron. Sin las Lanzas del Diablo, los Superds no eran más que guerreros ligeramente más fuertes. Y habiendo perdido sus propias lanzas de toda la vida, no tenían forma de sobrevivir usando armas desconocidas.
Aun así, Ruijerd rompió el cerco.
Escapó, aferrándose apenas a la vida. Durante tres días y tres noches, vagó al borde de la muerte. Lo único que Ruijerd llevó consigo que sobrevivió a todo aquello fue la lanza de su hijo. Su hijo había roto la Lanza del Diablo y, con su propia lanza vinculada a su alma, protegió a Ruijerd.
Y luego… después de años de esconderse, finalmente llevó a cabo su venganza. Intervino en la batalla entre los tres héroes que luchaban contra el Dios Demonio Laplace, él intervino para ayudarlos, logrando conectar el golpe decisivo en su odiado enemigo.
Pero incluso con la derrota de Laplace, no todo volvería a la normalidad. Los Superds siguieron siendo perseguidos, y los asentamientos, además de aquel que ellos mismos habían destruido, también fueron atacados y dispersados. Para ayudar a algunos a escapar, Ruijerd tuvo que matar a más demonios.
La persecución de los Superds después de la guerra fue extrema, y por ello, la represalia de Ruijerd fue igual de feroz. Durante casi trescientos años, Ruijerd no ha encontrado a otro Superd en el Continente Demonio. No sabe si fueron exterminados por completo o si lograron sobrevivir y construir una nueva aldea en algún lugar.
“Todo esto ocurrió por culpa de Laplace. Pero la terrible reputación de los Superds también es mi responsabilidad. Incluso si soy el último que queda con vida, quiero borrar esa reputación”.
Así concluyó Ruijerd su historia.
Sus palabras eran torpes, nunca fueron planeadas para ser conmovedoras. Pero el arrepentimiento de Ruijerd, su ira, su frustración—cada emoción se sentía con claridad.
Si esta historia fuera inventada, si su tono y su manera de hablar fueran solo una actuación, entonces lo respetaría de una manera completamente diferente.
Qué historia más terrible…” murmuré, tratando de reunir mis pensamientos.
Si le creíamos a Ruijerd, los Superd no eran una tribu sedienta de sangre. No estaba claro por qué Laplace les había entregado las Lanzas del Diablo, pero quizás él estaba planeando usarlos como chivos expiatorios por cualquier crimen cometido por sus ejércitos una vez que la lucha llegara a su fin.
Qué acción más vil.
Estaba claro que los Superd habían sido completamente leales a Laplace. Ellos habrían dado sus vidas si se los ordenaban. Traicionarlos de forma tan cruel simplemente parecía innecesario.
“Muy bien. Te ayudaré todo lo que pueda.”
Una pequeña voz dentro de mí murmuró una objeción; ¿Realmente estás en una posición como para poder ayudarlo? ¿Qué tal si te concentras en salvar tu propio trasero? Este viaje va a ser mucho más duro de lo que crees.
No fue suficiente para evitar que mi boca se moviera. “Por el momento no tengo ninguna idea, pero tal vez tener a un niño humano de tu lado abrirá algunas nuevas posibilidades.”
Por supuesto, no estaba actuando solamente por lástima o compasión. Nosotros teníamos algo que ganar de este arreglo, en algunos aspectos. Ruijerd era un guerrero poderoso —al mismo nivel que los tres héroes legendarios— y nos estaba ofreciendo su protección. Al menos con él a nuestro lado, no seríamos asesinados por algún monstruo cualquiera de camino a nuestro próximo destino.
Su presencia facilitaría las cosas a lo largo del camino, y las dificultaría cuando llegáramos a una ciudad. Así que, siempre y cuando encontráramos alguna forma de lidiar con el problema de las ciudades, él sería un aliado excelente. No solo era poderoso, sino que era imposible emboscarlo o acercarse a él sigilosamente, incluso de noche; eso nos haría más fácil evitar ladrones o estafadores en ciudades desconocidas.
Además… aunque esto era solo intuición de mi parte, tenía la sensación de que el hombre era prácticamente incapaz de mentir. Se sentía seguro confiar en él.
“Ruijerd, haré lo que pueda por ti,” dije. “Eso es una promesa.”
“Eh… gracias,” respondió él, viéndose más que un poco sorprendido. ¿Tal vez él se había dado cuenta de que ya no lo miraba con sospecha en mis ojos?
Bueno, como sea. Decidí confiar en ti, ¿bien? Me creí por completo tu historia.
En mi vida anterior, yo solía reírme de las historias tristes todo el tiempo… pero, por alguna razón, esta realmente me llegó. Si el hombre de alguna forma me estaba engañando, que así sea. Quería creer de forma estúpida por una vez.
“Pero niño, los Superd en realidad son—”
“Rokkus, está bien. Pensaré en algo.” Ruijerd nos protegería en el camino, y yo lo protegería en las ciudades. Esta sería una relación de dar y recibir. “Ruijerd, partamos mañana. Me alegra tenerte con nosotros.”
Había solo una cosa sobre este acuerdo que me hacía sentir un poco ansioso…
En concreto, se sentía como si estuviera haciendo exactamente lo que quería el Hombre-Dios.


