Los Cimientos de la Confianza
Capítulo 4: Los Cimientos de la Confianza
Si tuviera que describir con una palabra la antigua aldea de Roxy, sería necesitada.
Había menos de veinte casas. Era un poco difícil describir las propias construcciones; parecía que solo excavaron la tierra y luego cubrieron el agujero con algo parecido a un caparazón de tortuga. Era evidente que las técnicas de arquitectura usadas no estaban ni cerca tan avanzadas como aquellas en el Reino de Asura. Por otro lado, incluso si traías a un grupo de arquitectos de Asura aquí, ellos probablemente no lograrían hacer nada mejor —después de todo, no parecía haber nada de madera para trabajar.
El pequeño campo que divisé desde fuera de la entrada estaba lleno de filas ordenadas de frondosas plantas marchitándose. Para ser honesto, parecía que todas estaban medio muertas. Era algo preocupante. Por desgracia, el Diccionario de la Raza Demoniaca no había incluido mucha información detallada sobre la agricultura. Todo lo que podía recordar era una breve mención de que sus vegetales tendían a ser amargos y desagradables.
Aparte de las propias cosechas, también había algunas flores alarmantemente dentudas creciendo al borde del campo. Tenían un gran parecido a las plantas mortales conocidas por estar dentro de tubos verdes en una cierta serie de videojuegos; pero era probable que estas en realidad fueran alguna clase de animal, dada la forma en que apretaban sonoramente sus desagradables colmillos desiguales. Supongo que habían sido colocadas ahí para proteger las cosechas de los animales hambrientos.
Cerca de la valla de la aldea, un grupo de chicas jóvenes se movían bulliciosamente alrededor de una fogata. Se veía como un montón de niños de primaria en una excursión, pero parecían estar concentradas en cocinar una sola gran comida. Aparentemente preparaban sus comidas en una sola olla enorme y luego distribuían porciones a todos los aldeanos.
Casi no había hombres. Vi algunos niños que aparentemente eran chicos, pero aparte de Rowin y el sabio, todos los adultos eran mujeres. Los otros presumiblemente estaban fuera consiguiendo la cena de mañana. Por lo que recuerdo, los hombres se encargaban de la cacería en estas aldeas, mientras las mujeres cuidaban sus casas.
“Ruijerd, ¿qué clase de presas se pueden cazar por los alrededores?” pregunté.
“Monstruos,” respondió él.
Esa respuesta probablemente era la verdad, pero se sentía ligeramente carente de detalles —como un pescador diciéndote que atrapa peces para vivir.
Como sea. Supongo que tendré que presionar un poco más. “Mmm… ¿Estas corazas encima de sus casas también vienen de monstruos?”
“Aquellas vienen de Tortugas Gigantes. Sus caparazones son duros, y su carne es deliciosa. Incluso puedes fabricar cuerdas para arcos a partir de sus tendones.”
“¿Entonces esas son los objetivos principales de los cazadores?”
“Sí.”
Conque una tortuga sabrosa. Era un poco difícil imaginarse una lo suficientemente grande como para llenar estos caparazones. Aquella cubriendo la casa más grande de la aldea tenía que ser de al menos dos metros.
Mientras ese pensamiento cruzaba mi mente, Ruijerd y Rokkus entraron en ese mismo edificio. Una cosa nunca parecía cambiar, sin importar dónde estuvieras: el sujeto a cargo siempre tenía la mejor casa.
“Con su permiso.”
“G-gracias por recibirnos.”
Eris y yo también entramos, agradeciendo la hospitalidad.
“Vaya…”
El interior del refugio subterráneo era mucho más amplio de lo que había imaginado desde afuera. Su piso estaba cubierto de pieles, y las paredes estaban decoradas con trabajos de arte coloridos; una fogata ardía en una chimenea hundida en el centro de la habitación, iluminando el interior bastante bien. No había habitaciones separadas o paredes divisorias; de noche, probablemente solo te abrigabas con piel y te acurrucabas a un lado del fuego. Noté un buen número de espadas y arcos colocados cuidadosamente cerca de las paredes exteriores. Era evidente que esta era una comunidad de cazadores.
Por alguna razón, las dos chicas que habían acompañado al sabio hacia la entrada no nos siguieron dentro.
“Muy bien, escuchemos su historia,” dijo Rokkus, sentándose junto a la chimenea. Ruijerd tomó asiento directamente en frente del sabio; yo me senté con las piernas cruzadas junto al Superd. Miré hacia atrás, buscando a Eris, y la encontré de pie incómodamente cerca de la entrada, insegura sobre qué hacer.
“¿Solo nos sentamos en el suelo? ¿Incluso dentro de la casa?”
“Nos sentamos en el suelo todo el tiempo durante nuestras prácticas de esgrima, ¿no?”
“E-eeeh. Sí, supongo que tienes razón.”
Eris en realidad no era del tipo que se avergonzaba demasiado sobre esta clase de cosas. Ella probablemente solo estaba confundida por la diferencia entre cómo funcionaban las cosas aquí y lo que ella había aprendido en sus lecciones de modales. Observándola sentarse en el suelo, me descubrí un poco preocupado de que la chica pudiera olvidar completamente el concepto de modales para el momento en que regresemos a casa.
Me di la vuelta para estar de frente al Sabio Rokkus, mientras sacudía suavemente mi cabeza.
Comencé diciendo mi nombre, edad, profesión, y lugar de residencia, luego expliqué que Eris era mi pupila y la hija de una familia noble. También dejé claro que habíamos sido enviados de forma muy repentina a este continente, por eventos más allá de nuestro control.
Decidí ocultar todo el asunto del Dios Humano. No tenía forma de saber cómo veían los Migurd a esa deidad en particular, y lo último que necesitaba era declararme como un mensajero de un dios malvado.
“… Bueno, eso es todo.”
“Mmm,” murmuró Rokkus, sosteniendo su mentón con una expresión como la de un niño de secundaria entendiendo un problema de algebra complicado. “Ya veo…”
Mientras esperábamos que él tomara una decisión, me di cuenta de que Eris estaba comenzando a cabecear. Ella se había visto muy enérgica hace algunos minutos, pero quizá la excursión al final sí le había pasado la cuenta. No era una gran sorpresa —esta clase de viaje era nuevo para ella, y parecía que no había regresado a dormir anoche. La chica probablemente se estaba quedando sin combustible.
“Eris, yo puedo encargarme de las conversaciones,” dije. “¿Por qué no tomas una siesta?”
“… ¿Cómo quieres que haga eso?”
“Creo que solo debes envolverte en una de las pieles.”
“Pero no hay ninguna almohada.”
“Oye, mi regazo está disponible,” dije, golpeando mis muslos con una sonrisa.
“¿Q-qué quieres decir con eso?”
“Significa que puedes descansar tu cabeza en mis piernas.”
“… ¿De verdad? Bueno… gracias.”
Normalmente, Eris habría armado un verdadero alboroto solo por la sugerencia, pero parecía que ella estaba demasiado cansada como para importarle. Sin dudarlo mucho, ella puso su cabeza sobre mi regazo. Por un momento, su rostro se puso tenso y apretó sus manos en puños, pero una vez que cerró sus ojos, se quedó dormida en cuestión de segundos.
La chica debe haber estado realmente cansada. Tomé la oportunidad para acariciar gentilmente su largo cabello rojo, y ella se retorció un poco mientras dormía.

Después de un momento, me di cuenta de que Rokkus me estaba observando desde el otro lado de la chimenea. Había una sonrisa cálida y entretenida en su rostro. No pude evitar sentirme un poco cohibido. “Mmm, ¿qué sucede?”
“Ustedes dos ciertamente parecen llevarse bien.”
“Ah. Sí, desde luego.”
Con eso dicho, por ahora seguíamos en el modo manos fuera. Esta señorita tenía algunas ideas firmes sobre el tema de la castidad, y yo no iba a pasar por encima de eso.
“En cualquier caso… ¿cómo están planeando volver a casa?”
Hmm. Él había ido directo a la misma pregunta que había hecho Ruijerd anoche. “Viajaremos a pie, ganando dinero por el camino.”
“¿Crees que un par de niños pueden ganar el suficiente dinero como para subsistir?”
“De hecho, estoy planeando encargarme de esa parte yo solo.” No es como si yo fuera un conocedor del tema, pero no podía esperar que una chica adinerada como Eris lidiara con las realidades prácticas de aquí.
“Ellos no estarán solos,” intervino Ruijerd. “Yo iré con ellos.”
Hmm. Definitivamente sería reconfortante tener a este sujeto en nuestra esquina, pero lo del Dios Humano todavía era un asunto preocupante. Sin importar cuánto quisiera confiar en él, probablemente lo mejor para nosotros era tomar caminos separados en este punto. Él bien podría ser era una bomba de tiempo a punto de explotar.
Dicho esto… ¿exactamente cómo iba a rechazar su ofrecimiento?
Antes de que pudiera pensar en algo, el Sabio Rokkus alzó su propia desaprobación. “Ruijerd, ¿y de qué serviría eso?”
“¿A qué te refieres?” respondió Ruijerd, frunciendo el ceño. “Voy a mantener a estos dos a salvo, y llevarlos de vuelta a su hogar.”
Rokkus suspiró. “Pero no puedes entrar a ninguna ciudad, ¿o sí?”
“Eh…”
Esperen, ¿qué? Él no puede… ¿entrar en las ciudades?
“Piensa en lo que puede pasar si te acercas a una ciudad con estos niños. Recuerdas lo que pasó hace cien años, ¿cierto? ¿Cuando las tropas te persiguieron y formaron un escuadrón para cazarte?”
… ¿Hace cien años?
“Bueno, sí…” tartamudeó Ruijerd. “Pero… yo podría esperar afuera…”
“¿Y no saber nada de lo que les sucede a estos dos adentro? Esa no es forma de mantenerlos a salvo,” dijo Rokkus, sacudiendo su cabeza de la exasperación.
Ruijerd apretó e hizo sonar sus dientes.
Aparentemente, los Superd eran tan temidos y odiados en el Continente Demoniaco como lo eran en Asura. ¿Realmente habían formado un escuadrón completo para cazar a un solo hombre? Eso parecía… algo excesivo. Pensarías que él era alguna clase de monstruo incontrolable.
“Si algo les pasa adentro…”
“¿Sí? ¿Qué harías?”
“Iría a rescatarlos, incluso si tengo que matar a todos los que viven en la ciudad.” Los ojos del hombre estaban completamente serios. Él ni siquiera estaba exagerando; podía darme cuenta de que estaba diciendo cada palabra de forma literal.
“No hay forma de razonar contigo cuando hay niños involucrados,” murmuró el sabio. “Ahora que lo pienso… la primera vez que te ganaste nuestra confianza fue al rescatar algunos jóvenes de un monstruo peligroso, ¿no es así?”
“Así fue.”
“¿Entonces ya han pasado cinco años desde aquella vez? Ah, como vuela el tiempo…”
Rokkus sacudió su cabeza de forma cansada mientras suspiraba. Sabía que el hombre actualmente estaba de mi lado, pero de todas formas me encontraba un poco irritado. Él simplemente emanaba la misma aura de un chico de preparatoria desagradablemente precoz expresando su exasperación ante la estupidez de los adultos.
“En cualquier caso, Ruijerd —¿realmente crees poder lograr tu objetivo por medios tan violentos?”
“Hrm,” gruñó Ruijerd, arrugando sus cejas.
¿Su objetivo? Eso sonaba importante, así que decidí intervenir. “¿Tu objetivo? Ruijerd, ¿de qué hablan?”
“Es muy simple,” dijo Rokkus. “Él quiere convencer a todos de que los Superd no son los monstruos malvados que todos creen.”
Tuve que esforzarme mucho para evitar reírme, “Bueno, eso no va a pasar.” Los prejuicios sistemáticos no eran la clase de cosa que una sola persona pudiera superar, sin importar cuán duro lo intentara. Rayos, un solo niño ni siquiera puede detener que su clase acose a alguien, y el odio hacia los Superd aparentemente se había extendido a través de todo el mundo. Quiero decir, incluso nuestra pequeña y audaz Eris gritó al ver a Ruijerd. La humanidad y la raza demoniaca creían por igual que su raza era malvada; ¿cómo ibas a convencer a todos de lo contrario?
“Mmm, bueno… es verdad que los Superd atacaron a enemigos y amigos por igual durante la guerra, ¿cierto?” pregunté tentativamente.
“¡Espera! Eso no fue—”
“Sé que los rumores se pueden salir de las manos, pero parece que hay una buena razón para que todos les teman a—”
“¡No! ¡Esa no es la verdad!” gritó Ruijerd, agarrándome repentinamente por el frente de mi camisa; sus ojos estaban ardiendo de la ira.
Sentí que yo estaba temblando. Ah, mierda…
“¡Fuimos víctimas de las maquinaciones de Laplace! ¡Los Superd no son una raza de bestias monstruosas!”
¿Q-qué demonios? Deja de gritarme. Me estás asustando. Mierda, no puedo dejar de temblar. De todas formas, ¿de qué se trata esta maquinación? ¿Este sujeto es alguna clase de teórico conspirativo o qué? Y este tipo Laplace vivió, eh, hace 500 años, ¿cierto?
“E-eh, ¿qué hizo exactamente este Laplace?”
“¡Él pagó nuestra lealtad con traición!”
El agarre de Ruijerd de mi camisa comenzó a debilitarse. Me estiré y toqué sus brazos un par de veces, pidiéndole silenciosamente que me soltara; él lo hizo inmediatamente. Aun así, podía ver sus manos temblando de la ira. “Ese hombre… ¡Ese maldito hombre!”
“Ruijerd, ¿te importaría contarme toda la historia?”
“Es una historia larga.”
“Bueno, tengo mucho tiempo.”
La historia que Ruijerd procedió a contarme describía un lado oculto de la historia de este mundo.
El Dios Demonio Laplace era conocido como un héroe que unió a las razas demoniacas, prometiéndoles los derechos que la humanidad les habían negado por mucho tiempo. Los Superd habían avanzado con la bandera de Laplace desde el inicio. Ellos poseían una agilidad impresionante y la capacidad de sentir la presencia de sus enemigos. Además, su fuerza en batalla era incomparable. Ellos servían como una de las fuerzas personales de Laplace, especializada en emboscadas e incursiones nocturnas. Gracias al tercer ojo en sus frentes, siempre estaban al tanto de sus alrededores. Era imposible tomarlos por sorpresa o evitar sus ataques mortales.
En otras palabras, eran un grupo de élite. En ese entonces, la palabra Superd era dicha con un tono respetuoso y conocida a través de todo el Continente Demoniaco.
Pero entonces estalló la Guerra de Laplace.
En las etapas medias del conflicto, justo cuando los demonios estaban comenzando su invasión del Continente Central, Laplace les pidió a sus guerreros usar un cierto tipo de arma —una que más adelante sería conocida como las Lanzas del Mal. Él ofreció estas lanzas a sus soldados, como obsequios. Estas se parecían mucho a los tridentes que los Superd blandían en combate, pero eran de un color negro azabache; incluso a primera vista, claramente había algo siniestro en ellas.
Naturalmente, algunos dentro de los guerreros se negaron a su uso, insistiendo que una lanza Superd era su corazón y alma —que nunca podrían dejar de lado sus armas por un objeto maldito. Pero este era un obsequio de Laplace, su señor. Al final, Ruijerd —el líder del grupo— les ordenó a sus soldados usar sus nuevas lanzas, debido a su lealtad pura hacia Laplace.
“¿Mm? ¿Acabas de decir Ruijerd?”
“Sí. Yo era el líder de los guerreros Superd de ese entonces.”
“… ¿Qué edad tienes ahora mismo?”
“Perdí la cuenta después de alcanzar los 500.”
“Eh, bien…” ¿Acaso el diccionario de Roxy había mencionado algo acerca de que los Superd vivían tanto? Bueno, como sea.
En cualquier caso, el grupo dejó sus antiguas lanzas en algún lugar del suelo, y comenzó a usar las Lanzas del Mal en batalla. Estas nuevas armas eran increíblemente poderosas; amplificaban varias veces las capacidades físicas de sus portadores, anulaban los efectos de la magia humana, y fortalecían los ya agudos sentidos de los Superd todavía más.
Ahora los Superd eran casi invencibles. Pero a cambio, ellos estaban siendo transformados gradualmente. Mientras más sangre probaban sus lanzas, más corruptas se volvían sus almas.
Los guerreros ni siquiera se daban cuenta de lo que les estaba pasando. Ellos perdían su cordura de forma escalonada, ninguno más rápido que los demás, y así, nadie notó cómo ellos, o aquellos a su alrededor, estaban cambiando.
Después de un tiempo, esto dio paso a la tragedia.
Los Superd perdieron la habilidad para distinguir entre sus amigos y sus enemigos, y comenzaron a atacar a todos los que se encontraban de forma indiscriminada —jóvenes y ancianos por igual. No mostraron misericordia ni a mujeres ni a niños. No mostraban ninguna misericordia hacia nadie.
Ruijerd todavía recordaba esos días con total nitidez. No mucho después, la raza demoniaca en general terminó llamando a los Superd traidores a su causa, y se extendió el rumor dentro de los humanos de que ellos eran demonios sedientos de sangre.
En ese entonces, Ruijerd y sus compañeros sonrieron felizmente ante sus insultos, tomándolos como el mayor de los cumplidos. Los Superd fueron rodeados de enemigos, pero sus lanzas malditas los hacían una fuerza a temer. Cada guerrero en su bando ahora luchaba con la fuerza de mil hombres; ningún ejército podía soñar con derrotarlos. Rápidamente se convirtieron en la unidad más temida de todo el mundo.
Sin embargo, eso no quería decir que no sufrían bajas. Ahora como un enemigo odiado tanto por la humanidad como por la raza demoniaca, fueron forzados a resistir batallas casi sin descanso, día y noche. De forma lenta pero efectiva, sus números comenzaron a disminuir.
Aun así, ninguno de ellos cuestionó el camino que estaban siguiendo. En su locura, la idea de la muerte en batalla les trajo felicidad.
Después de un tiempo, un rumor alcanzó el bando de los Superd; que una de sus aldeas estaba bajo ataque —de hecho, era la aldea hogar de Ruijerd. Era una trampa para atraerlos a su perdición, pero en este punto, ninguno de ellos estaba lo suficientemente lúcido como para sospechar de algo.
Los guerreros regresaron a su hogar por primera vez en mucho tiempo… y procedieron a atacarlo.
Fue simple. Ellos encontraban personas, y eso quería decir que debían matarlas.
Ruijerd asesinó a sus padres, su esposa, sus hermanas, y finalmente a su propio hijo. El hijo de Ruijerd todavía era joven, pero había estado entrenando para convertirse en un guerrero. Estuvo lejos de ser una pelea pareja, pero en sus momentos finales, el chico logró destruir la lanza negra de su padre.
En ese instante, el sueño placentero de Ruijerd terminó, y comenzó su pesadilla. Había algo duro y crujiente en su boca. Él lo escupió aterrado cuando se dio cuenta de que era el dedo de su hijo.
Su primer pensamiento fue suicidarse, pero logró sacarlo de su mente. Había algo que él debía hacer antes de morir —un enemigo al cual debía destruir, a cualquier costo.
En este punto, la aldea Superd estaba totalmente rodeada por el ejército demoniaco enviado para exterminarlos. Solo quedaban diez de los soldados de Ruijerd. Cuando recibieron por primera vez sus Lanzas del Mal, este había sido un grupo de casi 200 luchadores valientes y audaces. Ahora solo un puñado quedaba vivo, y todos estaban en malas condiciones. Algunos habían perdido un brazo, otros un ojo o la joya en sus frentes; pero incluso golpeados, magullados, y completamente sobrepasados en número, ellos enfrentaron de forma beligerante a la fuerza de miles rodeándolos.
Todos ellos iban a morir. E iban a morir en vano.
Ruijerd les arrebató de las manos las Lanzas del Mal a sus compañeros y las rompió. Uno a uno, los demás recuperaron la cordura, y sus miradas agresivas dieron paso a expresiones de conmoción e incredulidad. Muchos comenzaron a llorar descontroladamente, lamentando el asesinato de sus familias. Aun así, ninguno de ellos pidió ser regresado al olvido de su trance; ellos fueron entrenados para soportar todo eso.
Juntos, ellos juraron vengarse de Laplace. Ni uno solo culpó a Ruijerd por lo que había ocurrido. Estos ya no eran asesinos sin razón, ni tampoco guerreros orgullosos; eran criaturas caídas y arruinadas, con la sola idea de vengarse.
Ruijerd no sabía lo que había pasado con los otros diez, pero sospechaba que estaban muertos. Sin el poder de las Lanzas del Mal, los Superd no eran más que soldados inusualmente efectivos. No tuvieron más opción que usar cualquier tridente que pudieran encontrar, en vez de aquellos a los que se habían acostumbrado con el paso de los años de batalla. Debido a todo esto, ninguno de ellos debió haber sobrevivido. De alguna forma, Ruijerd logró atravesar las líneas del enemigo y escapó. Pero él fue herido de gravedad en batalla, y pasó los siguientes tres días y noches al borde de la muerte.
La única cosa que él había llevado consigo fue el tridente de su hijo —con el cual el niño muerto había destruido la Lanza del Mal y salvado a su padre.
Al final, después de varios años utilizados ocultándose, Ruijerd obtuvo su venganza. Mientras los tres héroes luchaban contra el Dios Demonio Laplace, él intervino para ayudarlos, logrando conectar un golpe en su odiado enemigo.
Pero, por supuesto, la derrota de Laplace no fue suficiente para deshacer todo el daño que él había causado. Odiados y perseguidos, los Superd sobrevivientes fueron expulsados de sus aldeas y no tuvieron más opción que vagar por el mundo. Para ayudarlos a escapar de sus perseguidores, Ruijerd fue forzado a matar a más de sus antiguos aliados demonio. En esos primeros años después de la guerra, los ataques sobre su gente fueron realmente brutales, y él luchó igual de brutalmente.
En este punto, Ruijerd no se había encontrado con otro Superd en casi 300 años. Él no sabía si su raza había sido exterminada por completo, o si ellos habían logrado sobrevivir y formar una nueva aldea en alguna ubicación secreta.
“Por supuesto, Laplace tiene la culpa de todo esto. Pero yo, también, cargo la responsabilidad por la desgracia que traje sobre mi gente. Incluso si soy el último de mi raza, quiero que el mundo sepa la verdad.”
Con su historia contada, Ruijerd se quedó en silencio una vez más.
Sus palabras habían sido simples y directas. Él nunca apeló a nuestras emociones. Y, aun así, Ruijerd había ocultado su arrepentimiento, enojo, y amargura a la perfección. O todo esto era verdad, o el hombre era un actor increíblemente talentoso.
“Es una historia horrible,” murmuré, tratando de reunir mis pensamientos.
Si le creíamos a Ruijerd, los Superd no eran una tribu sedienta de sangre. No estaba claro por qué Laplace les había entregado las Lanzas del Mal, pero quizás él estaba planeando usarlos como chivos expiatorios por cualquier crimen cometido por sus ejércitos una vez que la lucha llegara a su fin.
Qué acción más vil.
Estaba claro que los Superd habían sido completamente leales a Laplace. Ellos habrían dado sus vidas si se los ordenaban. Traicionarlos de forma tan cruel simplemente parecía innecesario.
“Muy bien. Te ayudaré todo lo que pueda.”
Una pequeña voz dentro de mí murmuró una objeción; ¿Realmente estás en una posición como para poder ayudarlo? ¿Qué tal si te concentras en salvar tu propio trasero? Este viaje va a ser mucho más duro de lo que crees.
No fue suficiente para evitar que mi boca se moviera. “Por el momento no tengo ninguna idea, pero tal vez tener a un niño humano de tu lado abrirá algunas nuevas posibilidades.”
Por supuesto, no estaba actuando solamente por lástima o compasión. Nosotros teníamos algo que ganar de este arreglo, en algunos aspectos. Ruijerd era un guerrero poderoso —al mismo nivel que los tres héroes legendarios— y nos estaba ofreciendo su protección. Al menos con él a nuestro lado, no seríamos asesinados por algún monstruo cualquiera de camino a nuestro próximo destino.
Su presencia facilitaría las cosas a lo largo del camino, y las dificultaría cuando llegáramos a una ciudad. Así que, siempre y cuando encontráramos alguna forma de lidiar con el problema de las ciudades, él sería un aliado excelente. No solo era poderoso, sino que era imposible emboscarlo o acercarse a él sigilosamente, incluso de noche; eso nos haría más fácil evitar ladrones o estafadores en ciudades desconocidas.
Además… aunque esto era solo intuición de mi parte, tenía la sensación de que el hombre era prácticamente incapaz de mentir. Se sentía seguro confiar en él.
“Ruijerd, haré lo que pueda por ti,” dije. “Eso es una promesa.”
“Eh… gracias,” respondió él, viéndose más que un poco sorprendido. ¿Tal vez él se había dado cuenta de que ya no lo miraba con sospecha en mis ojos?
Bueno, como sea. Decidí confiar en ti, ¿bien? Me creí por completo tu historia.
En mi vida anterior, yo solía reírme de las historias tristes todo el tiempo… pero, por alguna razón, esta realmente me llegó. Si el hombre de alguna forma me estaba engañando, que así sea. Quería creer de forma estúpida por una vez.
“Pero niño, los Superd en realidad son—”
“Rokkus, está bien. Pensaré en algo.” Ruijerd nos protegería en el camino, y yo lo protegería en las ciudades. Esta sería una relación de dar y recibir. “Ruijerd, partamos mañana. Me alegra tenerte con nosotros.”
Había solo una cosa sobre este acuerdo que me hacía sentir un poco ansioso…
En concreto, se sentía como si estuviera haciendo exactamente lo que quería el Dios Humano.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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