Un Mensaje Urgente, y los Verdaderos Sentimientos de Zanoba
Capítulo 8: Un Mensaje Urgente, y los Verdaderos Sentimientos de Zanoba
Habían transcurrido diez días desde la batalla del Fuerte Karon. Durante ese tiempo, Zanoba había propuesto un cese al fuego con el enemigo, usando a nuestro rehén de la realeza como moneda de cambio. Yo no conocía los detalles específicos, pero parecía ser que la guerra terminaría pronto de manera oficial.
También habíamos enviado a un mensajero hacia la capital sobre el caballo más rápido para informarles de nuestra victoria, el rehén que habíamos obtenido, y nuestros esfuerzos para lograr una tregua. Zanoba había comenzado las conversaciones de paz sin esperar las órdenes del rey, pero Shirone no estaba en condiciones de luchar una guerra de desgaste, así que era difícil imaginar a Pax objetando. Después de todo, ese hombre no era estúpido. A pesar de que me preocupó no escuchar su respuesta inmediatamente.
Incluso después de más de una semana, el fuerte todavía estaba comentando felizmente nuestra victoria en batalla. Roxy y yo habíamos dejado una gran impresión con nuestros hechizos grandes y llamativos, mientras el desempeño audaz de Zanoba en las líneas frontales se comentaba tanto como el nuestro. Supongo que algunos de los soldados todavía estaban sintiendo la adrenalina del momento.
Tal vez debido a mi desempeño en batalla, o por la forma en que yo había lidiado con ese ataque sorpresa, los soldados finalmente se estaban soltando un poco a mi alrededor. Ellos siempre me habían tratado educadamente, pero sus rostros parecían incómodos cada vez que me veían. Estos días yo estaba recibiendo más sonrisas de las personas que me encontraba. Incluso una pequeña charla animada. Supongo que ellos me habían reclasificado de un peligroso mago forastero que apareció de la nada a algo así como un camarada de armas. Al menos, nadie me regañó sobre los soldados que yo había asesinado accidentalmente con mi magia.
Entre eso, mis sesiones de terapia con Roxy, más los intentos de Zanoba por animarme, yo logré mantenerme estable emocionalmente. En este punto podía recordar mis acciones sin verlas como crímenes o errores terribles.
Para ser honesto, me había castigado mucho por eso. Este en general no era un mundo pacífico, y yo era un subordinado directo de Orsted. Para proteger a mi familia, yo me había puesto en contra de un dios malvado. Debí haber sabido que este día llegaría. Debí haber aceptado eso en cierto nivel, incluso a medias.
Pero, aun así—estaba seguro de que no me ofrecería para ninguna otra guerra luego de esta, sin importar quién tratara de reclutarme. Las guerras eran como… un mundo completamente diferente. Yo prefería mi mundo del día a día. No iba a matar a nadie a menos que realmente necesitara hacerlo. Al final había decidido apegarme a mi antigua regla. En primer lugar, toda esta angustia luego del hecho era agotadora. Sentía que no valía la pena tomar vidas si todo lo que sacaba de ello era un montón de colapsos nerviosos de una semana de duración, ¿saben?
En fin, yo estaba tratando de dejar todo eso atrás. Siguiendo con la situación actual…
Yo me había quedado alerta en busca de señales de peligro durante los diez días posteriores a la batalla, pero nada preocupante había ocurrido. Mi reserva de poder mágico se había recuperado totalmente para este punto, así que estaba en condiciones óptimas para el combate. También tenía la Armadura Mágica Mark I a mano, y no iba a bajar la guardia. Era difícil imaginar que el Dios de la Muerte viniera ahora tras nuestras vidas. Su ventaja habría sido mayor si él hubiese atacado durante nuestra audiencia con Pax.
La posibilidad de que el Dios Humano en realidad no estuviera jalando de los hilos aquí se volvía más plausible con el paso de los días. Tal vez era como Orsted había dicho. Quizás estos eventos habían tomado lugar en la otra línea temporal y simplemente no fueron mencionados en el diario. Zanoba pudo haber lidiado con este problema sin mi ayuda, o puede que nunca hubiese sido llamado.
Aunque yo no calificaría este viaje como un desperdicio de tiempo. La vida de mi amigo genuinamente había estado en serio peligro. Pero, en cualquier caso, la guerra ya había terminado. No había más ejércitos enemigos merodeando las fronteras de Shirone. De seguro ese logro sería suficiente para satisfacer el sentido del deber de Zanoba. Ahora solo teníamos que convencerlo de regresar con nosotros a Sharia. Yo no lo iba a dejar aquí bajo el pulgar de Pax.
“¡Hnnngh!”
Estiré mis brazos y mi espalda mientras me bañaba en la luz de la mañana. Yo no tenía una prueba sólida de que el Dios Humano no estaba tramando algo, pero dado que no habíamos tenido interferencias hasta ahora, las probabilidades de que hubiese colocado una trampa para mí eran bajas. Gracias a ese pensamiento tranquilizador, por fin había tenido una buena noche de sueño. Desperté feliz como una lombriz, y decidí ir a lavarme mi rostro en un río cercano. Un poco de magia habría sido suficiente, pero yo estaba de humor para un paseo.
Para el momento que llegué ahí, unos pequeños grupos de soldados ya estaban a la orilla del río, salpicando agua sobre sus rostros y cepillando sus dientes.
“¡Oigan, es Rudeus! ¡Buenos días, señor!”
“¡Muchas gracias por volver a cuidarnos anoche!”
“Sabes, asumí que ese enorme conjunto de armadura era alguna clase de juguete del Príncipe Zanoba o algo así. ¡Pero resultó ser un implemento mágico impresionante!”
Terminé rodeado incluso antes de poder llegar al borde del agua. Yo repentinamente me había vuelto realmente popular en el fuerte. De seguro podía acostumbrarme a esta lluvia de halagos diaria.
Por cierto, todos los soldados estaban usando poleras y pantalones café claros, la ropa normal que usaban estando fuera de su turno. El uniforme era el mismo para hombres y mujeres. Y parecía ser que las mujeres no usaban sostenes para ir a dormir, a juzgar por las protuberancias visibles que actualmente estaba mostrando esa arquera que me había dado un abrazo el otro día. Qué buena manera de comenzar mi mañana.
“Ah, ya me estaba preguntando la razón de esta multitud. Buenos días, Maestro.”
Al darme la vuelta, vi que Zanoba también se había acercado a nosotros. Él usaba exactamente el mismo uniforme que sus soldados. Gracias a su altura y brazos extrañamente delgados, se veía un poco como un aislado sin bañarse dejando su habitación por primera vez en un año.
“¡Príncipe Zanoba!”
A pesar de que su apariencia distaba mucho de la de alguien de la realeza, todos los soldados colocaron una rodilla al suelo al verlo.
“No hay necesidad de eso. Adelante, vuelvan a lavarse.”
“P-pero, Su Alteza…”
“En este momento, yo soy un soldado somnoliento tal como el resto de ustedes,” dijo Zanoba, enfatizando su punto con un gran bostezo. “Y de seguro no esperan que yo actúe de forma arrogante usando este uniforme, ¿o sí?”
El hombre había estado absurdamente ocupado este último tiempo. No podía contarles todos los detalles, pero evidentemente había miles de tareas diferentes que necesitaban ser atendidas después de una batalla a tal escala.
Por cierto, a pesar de que los caídos fueron dejados tirados en el campo de batalla, un grupo de personas de apariencia ruda aparecieron algunos días después para despojarlos de su equipo e incinerar los cuerpos. Parecía haber personas que rondaban las zonas de guerra y se ganaban la vida realizando esta clase de trabajo. Alguna clase de versiones profesionales de los aldeanos que cazaban samuráis desertores por dinero.
Zanoba y yo fuimos hacia la orilla del río juntos, y nos arrodillamos para lavar nuestros rostros con el agua.
“… Así que, ¿cómo van las negociaciones? ¿Crees que van a firmar una tregua?”
En vez de entrar directamente al modo de persuasión, yo comencé con un golpe rápido. Una vez que tuviéramos esa tregua firmada e implementada, no habría una razón real para que Zanoba siguiera en Shirone. Después de todo, la guerra habría terminado.
“Lo harán. De hecho, justamente ayer recibimos una respuesta provisoria. Si bien no se ha tomado ninguna decisión oficial, todo indica que ellos pronto aceptarán una tregua. No debería haber más incursiones por… al menos los siguientes tres años.”
Ante estas palabras, varios de los soldados cercanos que escucharon esto murmuraron de la emoción.
Ups. Tal vez esa no era una pregunta que debí haber hecho en público… pero supongo que eran buenas noticias, así que no debería ser tanto problema.
Pero esa parte sobre los tres años era interesante. Dada la forma en la que había respondido, Zanoba creía que el Reino de Bista no había abandonado completamente sus esperanzas de conquistar Shirone, a pesar de la aplastante derrota del otro día.
Tenía que asumir que ellos se desharían de la mayor parte de su estructura de comando actual, lo cual quería decir que tendrían que encontrar a nuevos generales que fueran competentes. Además, reabastecer sus fuerzas tomaría tiempo. Y ellos tendrían que encontrar una excusa medio creíble para romper la tregua que estaban a punto de firmar. Como mínimo, les tomaría tres años llevar a cabo toda esa logística. En la práctica, bien podría tomarles mucho más antes de estar preparados para otro movimiento…
“Sin embargo, ese debería ser tiempo suficiente para nuestros propósitos,” dijo Zanoba. “Durante esos tres años de paz, estoy seguro de que nuestro reino será fuerte y estable una vez más.”
Mientras Bista se estaba reagrupando, Shirone tendría la oportunidad de reconstruir completamente su propio gobierno y ejército.
“Pero ¿crees que el Rey Pax podrá lograrlo?” pregunté.
“No lo dudo ni por un momento,” respondió Zanoba mientras asentía firme y confiadamente.
Yo no estaba seguro de dónde venía esta certeza, pero tal vez había un plan en marcha. De una u otra forma, parecía ser que la guerra había terminado. Eso de seguro no tomó mucho tiempo.
“Me alegra escucharlo. Espero que firmen pronto para que podamos empezar con lo nuestro,” dije.
“En efecto…”
Por un momento hubo felicidad en el rostro de Zanoba, pero también una pizca de melancolía. Supongo que podía entenderlo. Él no tendría un papel a desempeñar aquí una vez que las cosas estuvieran en paz.
Esta parecía una buena oportunidad para pasar al ataque.
“Oye, Zanoba… ¿qué planeas hacer a continuación, una vez que esta guerra termine?”
Di un segundo golpe rápido, a pesar de que la pregunta terminó sonando más siniestra de lo que había pensado. Con algo de suerte Zanoba no tenía ningún plan de proponerle matrimonio a su amada, lo cual de seguro sería una bandera negra. Si él me respondía con “Ya he comprado el anillo,” podría estar más allá de mi poder salvar su vida.
“Primero que nada, supongo que regresaré a la capital para recibir nuevas órdenes de Su Majestad. A pesar de que él podría optar mantenerme desplegado en este fuerte por el momento…”
“¿Quieres decir que te vas a quedar aquí? ¿En Shirone?”
“… ¿Mm? Bueno, sí. Naturalmente.”
Para ser honesto, esa era la respuesta que había estado esperando. Pero casi parecía que la idea de regresar a la Ciudad Mágica de Sharia nunca había atravesado su mente. La Armadura Mágica aún no había sido perfeccionada, nuestro estudio del autómata estaba estancado a medio camino, y nuestros planes de vender figuras producidas por Julie solo estaban comenzando a concretarse. ¿No lamentaría dejar todos esos proyectos sin terminar?
Bueno, por supuesto que sí. Él sentía gran pasión por todos ellos.
“Escucha, Zanoba…”
“¿Sí, Maestro?”
“Una vez que la tregua sea firmada, ¿qué tal si regresas a Sharia conmigo? Sigamos fabricando figuras juntos.”
Maldición, eso sonó casi como una propuesta. Y yo ni siquiera compré el anillo primero.
Saben… de cierta forma, tal vez es una propuesta. No estoy buscando casarme ni nada parecido, pero básicamente le estoy pidiendo elegirme a mí por sobre su tierra natal.
Zanoba miró hacia mí inexpresivamente, con el agua bajando continuamente por su rostro. Toda la emoción se había evaporado de él. Era difícil creer que había estado sonriendo tan alegremente hace solo momentos.
Esto no era bueno. Él claramente iba a rechazarme. Lo había arruinado en grande, ¿no? Debí haberlo puesto del humor correcto antes de declarar cómo me sentía. Todos mis bien calibrados sensores de rechazo estaban gritando prepárense para el impacto. Este tipo estaba a punto de romper mi corazón.
“Eh, quiero decir… no es como si te estuviera pidiendo abandonar el reino ni nada parecido, es solo que… ¿Mmm?”
Justo en ese momento oí una conmoción proveniente del fuerte, y los fuertes sonidos de pezuñas contra la tierra. No había caballería desplegada en el Fuerte Karon. ¿Quién podrá ser?
Miré atrás hacia el fuerte a tiempo para ver a un solo jinete dar la vuelta en la esquina y dirigirse en nuestra dirección general.
“Mmm. ¿Tal vez es un mensajero de la capital?” dijo Zanoba mientras se ponía de pie. “Espero que traiga la carta de Pax que habla de nuestras negociaciones.”
“¿Entonces cuál es el plan si te dice que te quedes aquí luchando hasta que el enemigo sea completamente aplastado?”
“Ah, esa es una buena pregunta. Supongo que puede ser posible, si es que usted es lo suficientemente amable como para acompañarnos…”
Mientras reflexionábamos en voz alta, el caballo se acercó cada vez más. Me di cuenta de que reconocía a su jinete. Era alguien que ambos conocíamos bien.
“¿Ginger?”
Era ella. Y estaba dirigiendo su caballo hacia el frente con una mirada de desesperación pura en su rostro. ¿Qué estaba pasando aquí?
Ella nos vio y giró su caballo abruptamente, cabalgando directamente hacia nosotros. Los soldados cercanos se posicionaron frente a nosotros, formando un muro de protección.
“¡Se trata de mi guardia personal!” gritó Zanoba. “¡Abran paso de inmediato!”
Una expresión de alivio recorrió el rostro de Ginger mientras los soldados daban un paso al costado y Zanoba avanzaba para encontrarse con ella. Luego Ginger se bajó de su montura y se estrelló contra el suelo.
“¡Ginger! ¿¡Qué ocurrió!? ¡Háblame!”
“Haaah… haaa…”
Zanoba la levantó en sus brazos. Ella claramente estaba agotada, y su respiración sonaba áspera y pesada. Ella no tenía heridas externas evidentes, pero su rostro estaba nublado del agotamiento. Parecía ser que había estado cabalgando a máxima velocidad por días y sin descanso.
“U-una insurrección en Latakia, Su Alteza. Jade, el anterior general, se levantó en nombre del Onceavo Príncipe. ¡Su ejército ha… rodeado el palacio real!”
Ginger rápidamente cayó inconsciente, logrando apenas jadear su mensaje.
“¿El Onceavo Príncipe? ¡Pero solo había diez de nosotros! ¿¡Qué significa esto, Ginger!? Explícalo… ¡debes explicarlo de inmediato!”
“Tranquilízate, Zanoba. Ella evidentemente necesita algo de descanso…”
Después de hacer que Zanoba dejara de sacudir a Ginger frenéticamente en sus brazos, nosotros la llevamos a una habitación dentro del fuerte para que se recuperase.
El Onceavo Príncipe era un niño llamado Haruha Shirone.
Él era un niño de tres años de edad, engendrado por el antiguo rey Palten Shirone a una avanzada edad. Su madre provenía de una familia granjera, un linaje que debió haber sido descalificado completamente como una esposa potencial de la realeza. Por esa razón, la existencia de Haruha nunca fue reconocida públicamente. Encontrando empleo oficialmente gracias a uno de los nobles provinciales, a su madre se le concedió una mansión aislada en un rincón distante del reino en el cual ella crio en secreto a su hijo.
Muy pocos dentro del reino siquiera sabían de la existencia de Haruha. Estaba el propio rey; el ministro que consiguió la mansión; y el General Jade, quien de casualidad era el hermano de la madre de Haruha.
Dos de estos hombres murieron durante la purga de Pax, pero no el General Jade.
Jade había jurado su lealtad eterna al antiguo rey. A pesar de sus orígenes humildes, Palten reconoció los talentos poco comunes del hombre y lo crio hasta alcanzar su actual posición. Y esa posición le permitió a Jade levantar a su familia desde una vida de pobreza hacia una de comodidad e indulgencia. Jade juró dar su vida por el rey, y su gratitud era grande. Tan grande que cuando los ojos del rey se posaron sobre su hermana menor, él se la ofreció voluntariamente.
Durante la época del golpe de estado de Pax, Jade había sido desplegado al Fuerte Karon. En ese entonces la guarnición del fuerte tenía a casi mil soldados. Jade se llevó la mitad y regresó rápidamente a Latakia. Pero para el momento en que llegó, ya era demasiado tarde: él descubrió que el rey ya había fallecido, junto con el resto de la familia real.
Había cerca de dos mil soldados desplegados en la capital, ahora bajo las órdenes de Pax. El ejército del propio Jade ahora era de mil quinientos soldados, alimentado por las tropas que los señores feudales locales enviaron como refuerzos. Ellos eran superados en número, pero dadas las grandes habilidades de Jade como un comandante, ellos podrían haber triunfado.
Pero al final, Jade optó por no luchar. La razón detrás de esto era simple: su propio ejército ahora estaba dividido en un par de facciones rivales. La mitad de sus aliados quería sacar al usurpador Pax del trono. La otra mitad quería reconocerlo como rey de inmediato. Viendo a los nobles discutir violentamente entre sí, Jade se dio cuenta de que él no tenía una esperanza real de victoria. Él se rindió sin dar pelea, y juró su lealtad al nuevo rey de Shirone.
Por supuesto, había más en esta decisión de lo que se veía. Jade había descubierto con certeza que el hijo de su hermana, el Onceavo Príncipe Haruha Shirone, todavía estaba con vida.
Él esperaría pacientemente por el momento correcto. Se tomaría su tiempo. Y al final, vengaría la muerte del rey en nombre de su sobrino. Este fue el verdadero juramento que hizo ese día.
Durante las semanas siguientes, Jade realizó sus preparativos tranquilamente. Él buscó a quienes estaban en contra del gobierno de Pax, y los unificó en una alianza secreta. Jade buscó al Onceavo Príncipe. Él hizo los tratos necesarios con los nobles locales… y no mucho después, había levantado a todo un ejército rebelde, listo para atacar a su orden.
Ahora la victoria era una posibilidad real.
Y entonces, la oportunidad perfecta se presentó.
Los ejércitos de Bista se estaban preparando para invadir, y Pax comenzó a enviar tropas hacia las guarniciones de los fuertes del norte para hacerle frente a esta amenaza. Gracias a la partida de Jade y el caos del golpe de estado, el ejército de Shirone había sido debilitado severamente, y el Reino del Rey Dragón no estaba enviando refuerzos. Muy probablemente, esta guerra no terminaría bien. Una vez que el enemigo pasara a través del Fuerte Karon, el fuerte más defendible en las fronteras de Shirone, Pax no tendría más opción que usar su carta del triunfo y enviar al Dios de la Muerte hacia el norte. Y sin Randolph, incluso una pequeña fuerza podía tener éxito asesinando al rey.
Jade había fallado al no tomar en cuenta un factor crucial: el repentino regreso del Tercer Príncipe Zanoba Shirone. Su aparición en escena fue lo suficientemente impactante, pero él además había traído consigo a la antigua maga de la corte Roxy Migurdia—y un mago llamado Rudeus Greyrat, el cual supuestamente había derrotado en batalla tanto al Emperador del Norte Auber como a la Diosa del Agua Reida.
Tal vez Jade había considerado hablar con Zanoba, con la esperanza de que él hubiese regresado para vengarse de Pax. Pero Zanoba mostró cada señal posible de lealtad a su hermano, y partió a defender el Fuerte Karon ante sus órdenes.
El plan de Jade pronto se descarriló. Shirone repelió a los invasores en el Fuerte Karon, logrando una victoria histórica, y el Dios de la Muerte permaneció al lado de Pax.
Los ejércitos de Shirone actualmente estaban debilitados, pero se recuperarían a su debido tiempo. Y existía una gran probabilidad de que Pax pudiera llamar a los refuerzos que había enviado hacia el norte hacia el área alrededor de la capital. En particular, si el Príncipe Zanoba, Roxy Migurdia, y este Rudeus regresaban, cualquier ataque estaría condenado al fracaso.
La ventana de oportunidad de Jade se estaba cerrando rápidamente. Por lo tanto, ante la falta de cualquier otra opción—él lanzó su insurrección. Reuniendo a sus tropas rebeldes, tomó la capital con un ataque relámpago y rodeó el castillo real.
Este era el resumen de los incidentes por parte de Ginger, el cual nos dio cuando despertó más tarde después de varias horas de sueño reparador. Ella estaba en la propia Latakia cuando comenzó la insurrección, pero logró escabullirse a través de sus puertas durante las primeras horas caóticas de su ocupación. En el momento siguiente, ella cabalgó directamente hacia Zanoba tan rápido como su caballo se lo permitió.
“Cuando hui de la capital, parecía que el rey se había encerrado en el palacio con una pequeña fuerza de defensores… pero no puedo asegurar que las cosas sigan así en este punto.”
Ginger llevó su larga historia a su fin con una voz tranquila y firme.
El palacio real era una posición sólida para defenderse. Pero habían pasado días desde que las fuerzas de Jade lo rodearon. Pax bien podría estar muerto, y su castillo ocupado por los rebeldes.
Pero ¿por qué había escogido encerrarse dentro de sus muros? Su pequeña fuerza de defensores incluía al Dios de la Muerte, Randolph Marianne. Ellos pudieron haber atravesado el asedio enemigo y huido.
Aún había mucho que no sabíamos. Yo asumí que la mejor opción era moverse con cuidado y reunir—
“Ya veo. Entonces partamos hacia la capital de inmediato,” dijo Zanoba, con el tono de alguien proponiendo una parada rápida en una tienda de conveniencia. Él se puso de pie antes de siquiera terminar de hablar.
Ginger parecía aliviada por esta decisión. Pero las siguientes palabras de Zanoba congelaron su rostro de la conmoción.
“Si Su Majestad ha escapado, podemos traerlo a este fuerte para protegerlo. Si él es incapaz de huir, podemos entrar al castillo a través de un pasaje secreto que solo conoce la familia real, y escoltarlo hacia un lugar seguro.”
“¡E-espere, Su Alteza!”
Sentándose en la cama, y con un rostro lleno de desesperación, Ginger agarró la manga de Zanoba antes de que él pudiera apartarse.
Zanoba sonrió hacia ella tranquilizadoramente. “Estaremos bien por nuestra cuenta, Ginger, te lo aseguro. Quédate aquí y descansa mientras no estamos.”
“¿¡De verdad va a estar del lado de Pax en esto!?” gritó Ginger. Su tono era uno de gran incredulidad.
Zanoba se dio la vuelta para mirarla de frente, levantando una ceja con extrañeza. “Naturalmente. ¿Quién es este Onceavo Príncipe para mí? Nunca he visto el rostro de este niño, y no sabía de su nacimiento hasta ahora. Incluso estoy escéptico de que sea hijo de mi padre.”
Él tenía razón en eso. Era posible que el General Jade solo odiara a Pax por otras razones, y hubiese fabricado este nuevo príncipe para servir como su marioneta. Asumiendo que el rey realmente hubiese intimado con su hermana, sería muy fácil darle credibilidad a la historia.
Sin embargo, Ginger no iba a escuchar nada de esto. Su ceño fruncido del asombro solo se intensificó.
“Entonces tiene la intención de ayudar al Rey Pax, rescatarlo del palacio… ¿y luego hacer qué, exactamente?”
“Su Majestad decidirá nuestro curso de acción. Pero si él me ordena derrotar al ejército rebelde, supongo que esa será mi siguiente prioridad.”
“No puede estar hablando en serio, Su Alteza. ¿¡Por qué iría tan lejos como para ayudar a esa vil criatura!?”
La ceja de Zanoba se retorció ante eso. Ahora había ira en su rostro. “Ginger, ¿acabas de llamar criatura a nuestro rey? ¿De verdad fue eso lo que te escuché decir?”
“¡Estoy consciente de que estoy siendo irreverente! Pero Príncipe Zanoba, por favor—¿acaso ha olvidado lo que el Príncipe Pax me hizo?”
“¿¡De qué diablos estás hablando!?”
“¡Él tomó a mi familia como rehenes, Príncipe Zanoba!”
La ceja de Zanoba se retorció una vez más.
Yo casi había olvidado ese detalle horrible después de todos estos años, pero podías entender que el recuerdo estuviera fresco en la mente de Ginger. Ella sufrió directamente la crueldad de Pax, y tales recuerdos permanecían contigo por siempre. Si estuvieran aquí, yo tenía que asumir que Lilia y Aisha la respaldarían ahora mismo.
“¿¡Qué clase de rey chantajea a su guardia personal para obedecerle amenazando a sus familias!? ¿¡Por qué esforzarse para mantenerlo en su trono!?”
Recordé que los shogunes del periodo Edo construyeron todo un sistema alrededor de ese concepto. Qué mal que Ginger no hubiera estado ahí para regañarlos. Aunque a partir de lo que recordaba, los guardias personales de la familia real eran muy importantes en este reino. Mientras más caballeros tuviera un príncipe bajo su control directo, más arriba estaba dentro del orden de sucesión… o algo así. Los guardias probablemente se sentían orgullosos de su preciada posición. Ellos no eran subordinados ordinarios.
“Hrm,” dijo Zanoba después de un momento. “Bueno, Ginger, tengo una pregunta para ti. ¿Por qué proteges a un príncipe como Zanoba Shirone?”
“¿A qué… se refiere?”
“Como puedes recordar, yo te vendí a mi hermano. Difícilmente es un acto digno de un príncipe, o de alguien que merezca protección. ¿Por qué me sigues sirviendo?”
Ese era un punto muy razonable. En primer lugar, fue Zanoba quien puso a Ginger a merced de Pax. Él literalmente la había cambiado por una figura de Roxy que Pax había comprado en alguna parte. De cualquier forma, ¿por qué ella era tan malditamente leal a este sujeto?
Ah, es cierto. Ella le había prometido cuidarlo a su madre…
“Bueno, yo… sé que usted es mucho más sabio de lo que aparenta…”
Pero Ginger no mencionó eso. Supongo que no ayudaría a su caso que Zanoba fuera un jefe tan de mierda como Pax.
“Pax es un hombre bastante listo, ¿sabes?” respondió Zanoba.
“Tal vez sea listo, pero no sabio. Él no piensa en las consecuencias de sus acciones, solo el placer que le traen en el momento. Es el comportamiento de un idiota…”
“Y yo soy un idiota que ha dedicado su vida a las muñecas y figuras. Parece que Pax y yo somos básicamente iguales.”
“Eso no es cierto,” dijo Ginger, mirando directamente a los ojos a Zanoba sin moverse de su posición. “Usted es un Niño Bendito, Príncipe Zanoba. Revelar que usted posee tanto fuerza como sabiduría habría puesto un blanco en su espalda. Usted se hizo el tonto para evitar que sus rivales se dieran cuenta… estoy segura de ello.”
Zanoba decía algunas cosas extrañamente profundas de vez en cuando. Él había descifrado ese extraño y antiguo escrito que encontramos en el núcleo del autómata—y había fabricado la Armadura Mágica para mí. Desde que regresamos a Shirone, él también había probado ser un comandante perspicaz con una visión estratégica impecable. Había muchas razones para creer que Ginger podría estar en lo correcto.
Dicho eso, su obsesión con las muñecas era… claramente genuina. No había forma de que pudiera fingir tal pasión. De hecho, yo suponía que él no estaba interesado en mostrar su inteligencia en frente de las personas.
“Ginger, yo no tengo la necesidad de hacerme el tonto,” dijo Zanoba. “Soy la definición perfecta de uno. Todo lo que quiero en la vida es ahogarme en mis absurdos intereses.”
“En ese caso, regresemos a la Ciudad Mágica de Sharia inmediatamente. Usted puede dedicar el resto de su vida a sus pasiones en ese lugar.”
“Me temo que esa no es una opción. Una marioneta como yo solo puede moverse cuando le dan órdenes.”
“Yo… no lo entiendo…”
En este punto, Ginger se dio la vuelta para mirar hacia mí. El mensaje en sus ojos era muy claro: ¡Dígale algo! Sé que tengo razón sobre esto.
Yo estaba de acuerdo con que Pax había hecho algunas cosas verdaderamente imperdonables. Él había capturado a Lilia y Aisha, me llevó a una trampa, y trató de convertir a Roxy en su propia esclava sexual. Yo lo había visto golpear a Lilia en el rostro. Mantuve la calma en esa ocasión, pero sí que me hacía enojar pensar en eso ahora.
“Escucha, Zanoba… a mí tampoco me gusta este plan.”
“… ¿Oh?”
“Tal vez Pax sí cambió un poco durante su estadía en el Reino del Rey Dragón. Pero eso no quiere decir que él sea alguien por quien vale la pena que arriesgues tu vida.”
Zanoba ahora se dio la vuelta hacia mí, colocando una cara claramente irritada. “Difícilmente esperaba esto de usted, Maestro. Como lo he explicado antes, mi vida es propiedad de este reino. Y por supuesto, este reino es su rey. Con su vida en peligro, difícilmente puedo quedarme sentado y—”
“Zanoba, ¿recuerdas lo que me dijiste antes de partir? Es mi deber proteger Shirone de sus enemigos. Esa es la razón por la que estoy con vida… y me fue permitido relajarme durante todos estos años. ¿Eso te parece lógico?”
Zanoba no respondió a eso. Yo había memorizado cada palabra a la perfección.
“¿Por qué te importaría que sea Pax o este Onceavo Príncipe el que se siente en el trono? Tu trabajo es proteger Shirone de sus invasores, no resolver todas estas desagradables luchas por el poder. Una vez que la paz sea firmada, la guerra con Bista terminará. A mí me parece que cumpliste tu deber perfectamente.”
“Maestro, por favor…”
“¿No puedes dar el asunto por terminado? Tal vez no debería decir esto en voz alta, pero el viaje aquí no es exactamente duro. Podrías regresar a tu vida normal en Sharia, y volver cada que parezca que va a estallar una guerra.”
“Hrm.”
Zanoba se llevó su mano a su mentón y miró arriba hacia el techo. Después de un momento de contemplación, él regresó su mirada hacia mí.
“Debo admitir que es una idea muy atractiva… pero no puedo aceptar.”
“Bien, pero ¿por qué no?”
Se me estaba complicando mantener la calma. Mucho. Pero sabía que tenía que intentarlo. Gritarle a alguien era lo último que podías hacer para lograr que alguien cambie de opinión.
Por supuesto, yo sabía que había fallas en mi razonamiento. El Reino de Shirone muy probablemente no iba simplemente a dejar ir a Zanoba porque su trabajo estaba hecho por ahora. Y si él seguía apareciendo de la nada para tomar el mando en el último momento posible, eso causaría toda clase de dolores de cabeza y complicaciones.
Yo entendía todo eso. Sabía que mis argumentos eran inconsistentes. Pero Zanoba aún podía usarlos como excusas para regresar a casa con nosotros, hacia el lugar donde él era más feliz.
“Zanoba, ¿puedes al menos darme una explicación?”
“Mmm… yo mismo no estoy seguro de entenderlo bien.”
¡Ah, vamos! ¿¡Hablas en serio!?
Ugh. Bien, tranquilo. Tienes que ser paciente. Él debe tener una razón. Tiene que haber algo que lo esté volviendo tan testarudo. Solo sigue presionándolo, y llegaremos a eso eventualmente…
“Escucha, Zanoba… Creo que Pax debe estar aterrado de ti.”
“¿Aterrado de mí? Pero ¿por qué?”
“Quiero decir, él mató al resto de tu familia, ¿recuerdas? Y tú eres un Niño Bendito.”
Zanoba no le guardaba rencor al hombre, pero Pax tenía muchas razones para sentirse culpable sobre sus acciones. Los reyes en esa posición tendían a volverse paranoicos.
“Si apareces en el castillo para ayudarlo a escapar, él fácilmente podría asumir que estás ahí para matarlo. Podrías terminar siendo asesinado por el Dios de la Muerte en el acto.”
Recibí silencio en respuesta.
“Lo mismo podría suceder más adelante,” continué. “Podrías salvar su vida una docena de veces, y yo aun así no creo que Pax vaya a confiar en ti. Eventualmente, él encontrará una excusa conveniente para matarte. No tiene ningún maldito sentido que te quedes a su lado.”
Zanoba no dijo nada. Él miraba hacia mí, con un rostro impasible e indescifrable.
“Tú me dijiste que, si tu reino quiere que mueras, entonces lo aceptarás. Y puedo entender la razón por la que estarías dispuesto a morir en batalla, ¿bien? Es tu deber. Es la razón por la que te permitieron vivir. Pero ¿por qué dejarías que Pax te asesine debido a su paranoia? ¿Qué bien le haría eso a Shirone?”
Zanoba cerró sus ojos y respiró profundamente, como tratando de digerir mis palabras. Mientras exhalaba, él abrió sus ojos parcialmente.
“A pesar de todo, él todavía es mi hermano menor… y es la única familia que me queda,” dijo él.
Y así como así, él había pasado por encima de todos mis esfuerzos. El hombre ahora estaba jugando sucio. ¿Qué se suponía que respondiera ante eso?
Aparentemente sin darse cuenta de que él ya había ganado la discusión, Zanoba siguió hablando.
“Tal vez suene absurdo, viniendo de un hombre que nunca antes habló de tales cosas… pero Pax es mi hermano, Maestro.”
Su rostro era inexpresivo. No había señales de sus expresiones usuales—sin risas, gritos, o sus posturas arrogantes. Zanoba simplemente estaba mirando hacia mí. O tal vez a través de mí.
Dejé salir un largo y sonoro suspiro. Parecía ser que yo tenía que agregar persuasión a mi lista de sus habilidades y dones. Al introducir el punto de vista de él es familia, Zanoba había destruido completamente mi habilidad de oponerme a sus planes. Su terquedad repentinamente parecía entendible.
Terminé preguntándome qué haría yo en su lugar. Si Aisha asesinara a Norn, o al revés, yo obviamente estaría furioso. Era difícil imaginarme perdonando eso.
Pero ¿qué tal si yo apenas conocía a una de ellas, o tal vez a ambas? ¿Y qué tal si la asesina estaba inmersa en algo mucho más grande que ella? ¿Qué tal si ella estaba tratando de avanzar, de lograr algo significativo, a pesar de sus errores y crímenes?
Yo probablemente aun así le diría lo que pienso. Pero probablemente también trataría de ayudarla.
“Entiendo, Zanoba.”
Zanoba no tenía la intención de regresar a Sharia con nosotros. Ninguna en absoluto. Yo ahora finalmente entendía eso. No sabía lo honesto que estaba siendo sobre sus motivos. Pero incluso si él solo me estaba manipulando, Zanoba había usado la palabra familia para hacerlo. Esa era el arma más poderosa posible que podías usar en una discusión conmigo.
Él había tomado su decisión, y claramente no iba a dar su brazo a torcer.
Lo siento, Cliff. Lo siento, Julie. Parece que al final no seré capaz de llevar a Zanoba a casa con ustedes.
Realísticamente hablando, lo único que podía hacer en este escenario era proteger y apoyar a Zanoba hasta que él de alguna forma lograra ganarse la confianza de Pax.
“Para ser honesto, estaba planeando llevarte a casa incluso si tenía que revolcarme en el lodo y llorar. Pero ya que lo pones de esa forma… supongo que me quedaré contigo por un poco más de tiempo.”
“Se lo agradezco sinceramente, Maestro, y estoy feliz de que las cosas no llegasen a eso. Verlo llorando ciertamente habría debilitado mi resolución.”
“Maldición. Tal vez debí haber comenzado con eso.”
“¡Todo menos eso, por favor!”
Por primera vez en un tiempo, Zanoba y yo sonreímos hacia el otro de la alegría.
Cliff probablemente lo entendería una vez que le explique la historia completa. En cuanto a Julie, bueno… podía preguntarle qué quería, y traerla a salvo con Zanoba si ella escogía quedarse con él.
El plan de las figuras de Ruijerd tendría que ser descartado. Eso era duro, considerando que ya habíamos conseguido el permiso de Perugius para ello, asegurado la cooperación de Ariel, y colocado a Aisha en la búsqueda de empleados…. Para ser honesto, dolía saber que esos años de preparativos no llegarían a nada.
Aun así, no me quejaría. No podía. No si Zanoba lo estaba haciendo por su familia.
Él no estaba… exactamente en buenos términos con Pax en este momento. Pero eso era algo que podía cambiar con el tiempo. Ellos podían disculparse por el pasado y encontrar una forma de perdonarse. Lentamente, poco a poco, ellos podían construir una relación basada en la confianza y el respeto. Sus errores podían ser corregidos.
A mí no me agradaba nada Pax, pero era capaz de cambiar. Él ya había probado eso.
Cualquiera podía cambiar.
“No… no pueden estar hablando en serio…”
Ginger miró arriba hacia ambos, con su rostro pálido del horror.
Podía entenderla. Ella no había estado ahí durante nuestra audiencia con Pax, ¿cierto? En su mente, él todavía era el mismo Príncipe Pax que ella había conocido hace muchos años—en otras palabras, un pequeño bastardo arrogante y violento.
“Lo siento, Ginger-san. Zanoba ha dejado muy claros sus sentimientos, y yo creo que debo respetarlos.”
Bajo las circunstancias, era difícil imaginar a Pax manteniendo su trono por mucho tiempo, pero tendríamos que ver lo que podíamos hacer. Al menos, el primer paso era uno evidente. Además, había algo de espacio para el optimismo. Cuando Zanoba apareciera para rescatarlo, tal vez Pax llegaría a reconsiderar su desconfianza.
“Creo que eso concluye nuestra conversación, Ginger. Me disculpo por todo lo que te he hecho pasar.”
Con una pequeña palmada sobre el hombro de su guardaespaldas, Zanoba pasó a su lado hacia la puerta.
“¡S-Su Alteza, espere! ¡Por favor!”
Medio cayéndose de su cama, Ginger agarró a Zanoba por la pierna. Ella no parecía tener la intención de liberarlo, o de levantarse del suelo, y había una mirada de total desesperación en sus ojos.
“Entiendo que no hay forma de detenerlo, Príncipe Zanoba. ¡Pero, por favor, al menos permítame hacerle una pequeña solicitud!”
“¿Y cuál sería esa solicitud?”
“¡No muera, incluso si el Rey Pax le ordena hacerlo! Por favor… ¡solo no muera!”
Su elección de palabras fue torpe. Ella probablemente no había pensado en esto de antemano. Aun así, sus sentimientos eran claros. Al final del día, todo lo que ella quería era que Zanoba siguiese con vida.
“Hrm. Eso parece algo excesivo—”
Yo interrumpí a Zanoba y acepté su solicitud en su nombre. “Tienes mi palabra sobre eso, Ginger-san. Me aseguraré de que Zanoba sobreviva a esto, sin importar lo que deba hacer.”
Yo entendía que Zanoba sintiera que le debía su lealtad a Pax, pero su muerte no ayudaría a ninguno de ellos. Si su relación se caía a pedazos y no había forma de salvar la situación, yo tendría que llevarme a Zanoba a un lugar seguro. Ese era el trabajo que yo originalmente vine a hacer. No iba a permitirme perderlo de vista, sin importar qué más ocurriera.
“Se lo agradezco mucho, Rudeus-sama. Tiene mi más sincera gratitud…”
Ginger bajó su cabeza profundamente y no dijo más.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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