La Sirvienta Asustadiza
Capítulo 2: La Sirvienta Asustadiza
Lilia solía ser una sirvienta del grupo de criadas de la realeza del Palacio de Asura. Además de sus obligaciones usuales como una sirvienta personal, el papel también le pedía actuar como un guardaespaldas. Se esperaba que ella empuñara las armas y fuera a defender a su amo de presentarse la ocasión. Ella era devota a sus obligaciones, y desempeñó su trabajo como una sirvienta sin flaquear o fallar.
Sin embargo, cuando se trataba de su papel como guerrera, su habilidad con una espada como máximo era apenas adecuada. Como resultado, Lilia se encontró completamente sobrepasada cuando un asesino atacó a la princesa recién nacida, y la daga de su oponente alcanzó su pierna. La hoja había estado cubierta de veneno, del tipo usado para incluso matar a un miembro de la familia real, por lo que era una toxina problemática que no podía ser sanada por la magia de desintoxicación.
Gracias a que la herida fue atendida prontamente por la magia de sanación, y los intentos de un doctor por neutralizar el veneno, Lilia había logrado sobrevivir, pero hubo efectos secundarios persistentes. No ejercían un impedimento a su vida diaria, pero ella ya no podía correr a una velocidad normal, con su caminar reducido a un tambaleo torpe.
La vida de guerrera de Lilia había llegado a su fin. El palacio rápidamente la despojó de su posición. Lilia entendió la razón perfectamente bien. Tenía sentido perder un trabajo que ya no eras capaz de desempeñar. A pesar de que esto la dejó incapaz de incluso pagar sus gastos básicos, dada su posición en el palacio, ella se consideró afortunada de no haber sido ejecutada en secreto. Y así, Lilia abandonó la capital.
La mente maestra detrás del intento de asesinato de la princesa todavía estaba prófuga. Como una persona familiarizada con la forma en la que funcionaba el grupo de criadas de la realeza, Lilia estaba muy consciente de que ella probablemente era un objetivo. O tal vez… ¿el palacio la dejó libre para atraer a la mente maestra detrás de esta conspiración?
Cuando Lilia había sido llevada hacia el palacio, sintió curiosidad sobre la razón por la que habían aceptado a una mujer de cuna humilde como ella. Tal vez querían contratar a una simple sirvienta de la cual pudieran deshacerse fácilmente.
Independientemente de la razón, por su propia seguridad, Lilia necesitaba alejarse de la capital tanto como le fuese posible. Sin importar si el palacio la estaba usando o no como un cebo, ella ya no estaba siguiendo órdenes, así que no había nada que la retuviera.
Ella ya no sentía ninguna clase de obligación hacia su vida anterior.
Luego de hacerse cargo de una serie de diligencias, Lilia llegó a la Región de Fittoa, una amplia zona de campos de cultivo en la frontera del reino. Aparte de la Ciudadela de Roa, la ciudad donde residía el señor feudal, la región era poco más que una gran extensión de campos de trigo.
Lilia decidió que era aquí donde buscaría trabajo.
Con su pierna deteriorada, una carrera como guerrera ahora estaba fuera de la mesa. Ella probablemente aún podía enseñar esgrima, pero prefería buscar un trabajo como una sirvienta —principalmente porque pagaba mucho mejor. Aquí en las afueras del reino, había muchas personas que podían blandir una hoja y enseñar a otros cómo hacer lo mismo. Había muchas menos personas que eran sirvientas de la realeza completamente entrenadas, capaces de supervisar los asuntos de una familia completa. Incluso si la paga era menor a lo que ella esperaba, el dinero era dinero.
Ser contratada como una sirvienta del señor de Fittoa, o incluso de los nobles de alto rango que lo servían, era una posibilidad peligrosa. Las personas en estos círculos tenían una conexión directa con la capital. Si ellos descubrían que fue una sirvienta que había pertenecido al grupo de criadas de la realeza, ella tenía una buena posibilidad de ser arrastrada a las maquinaciones políticas de alguien más. Lilia no quería ser parte de eso. Ella ya había tenido un encuentro con la muerte, y eso era más que suficiente.
Sin ofender a la princesa, pero Lilia iba a hacer lo que ella quería, en algún lugar muy lejos de la guerra por la sucesión.
El problema era que las familias menos adineradas no podían permitirse mantener sus servicios. Encontrar un lugar que fuera tanto seguro como que pagara decentemente sería bastante difícil.
Después de vagar un mes por Fittoa, Lilia finalmente se cruzó con un anuncio de trabajo que llamó su atención. Un caballero de bajo rango en la Aldea Buena estaba buscando un ama de llaves. El anuncio especificaba que estaban buscando a alguien con experiencia en criar niños, y que también pudiera actuar como partera.
La Aldea Buena era una aldea pequeña en la frontera de la Región de Fittoa. Estaba en medio de la nada, incluso desde los estándares de la nada. La ubicación era poco conveniente, pero aparte de eso, era todo lo que Lilia había estado buscando. Que su empleador fuera un caballero, incluso uno de bajo rango, era otra bendición inesperada.
Aunque fue el nombre del empleador lo que realmente llamó su atención. Era uno que Lilia reconocía: Paul Greyrat.
Paul era otro estudiante del antiguo maestro de Lilia. Un día, cuando ella había estado estudiando esgrima, el hijo perezoso y bueno para nada de una familia noble había enloquecido en el salón de entrenamiento. Evidentemente, él había sido desheredado por su padre tras la pelea y terminó estudiando esgrima mientras dormía en el mismo salón.
Paul también había estudiado esgrima en casa, así que, a pesar de haber practicado un estilo diferente, no pasó mucho tiempo para que sus habilidades superaran las de Lilia. A ella no le sorprendió, pero lo atribuía todo a sus propias carencias.
Paul, por otro lado, irradiaba talento de forma positiva. Un día, sin embargo, él abandonó abruptamente el salón de entrenamiento después de causar una gran discusión por razones desconocidas para Lilia. Él se fue haciendo una declaración final: “Voy a convertirme en un aventurero.”
El hombre era como un huracán.
Habían pasado siete años desde la última vez que Lilia había visto a Paul. Y no solo se había convertido en un caballero desde entonces, ¿sino que ahora también estaba casado? Lilia apenas podía creerlo. Ella no sabía los altos y bajos que él había pasado, pero si todavía era el hombre que recordaba, entonces no era alguien malo. Si él supiera que ella estaba en problemas, probablemente la ayudaría.
Y si no lo hacía… bueno, ella simplemente tendría que sacar algunas cosas del pasado. Lilia tenía varias historias bajo su manga para usar como moneda de cambio si así lo necesitaba. Lilia se dirigió hacia la Aldea Buena después de haber hecho algunos cálculos de mercenario en su mente.
Paul recibió a Lilia con los brazos abiertos. Su esposa, Zenith, pronto iba a dar a luz, y la pareja estaba bastante extenuada. Lilia conocía las técnicas esenciales luego de asistir al nacimiento y la crianza de la princesa; además, ella era un rostro familiar en el que uno de ellos podía confiar. La familia estaba feliz de tenerla con ellos.
Además, el salario era mejor de lo que Lilia había estado esperando. Para ella, era como un sueño hecho realidad.
Y entonces el niño nació.
El parto fue uno sin complicaciones, con todo saliendo como debería de acuerdo al entrenamiento de Lilia. Incluso en los momentos en donde uno comúnmente podía esperar complicaciones, todo salió sin problemas.
Pero una vez que él nació, el bebé no lloró. Lilia comenzó a sudar frío. El rostro del infante estaba inexpresivo, con su nariz y su boca habiendo expulsado el fluido amniótico, y sin hacer ningún sonido. Por un momento, él se veía como si hubiese nacido muerto. Pero cuando Lilia lo tomó en brazos, ella pudo sentir el cálido latido y la respiración del bebé.
Aun así, él no lloró. Lilia recordó algo que había escuchado de una de las sirvientas que la habían entrenado: los niños que no lloraban en el nacimiento tendían a ser un huésped para las anormalidades.
Sin embargo, en ese mismo instante, sus pensamientos fueron interrumpidos.
“¡Aah! ¡Waah!”
El bebé giró su rostro hacia Lilia, y su expresión se relajó, haciendo sonidos al azar. El alivio inundó a Lilia.
Ella no estaba segura del porqué, pero parecía que las cosas iban a estar bien.
Al niño le fue dado el nombre de Rudeus, y qué niño tan inquietante era. Él nunca lloraba, y nunca causaba alboroto. Puede haber sido que solo era físicamente frágil, pero esa noción pronto probó estar equivocada. Una vez que Rudeus aprendió a gatear, él comenzó a abrirse camino hacia cualquier y todos los lugares de la casa —la cocina, la puerta trasera, el cobertizo, el armario de limpieza, la chimenea, y sigue. Algunas veces, quién sabe cómo, él incluso llegaba al segundo piso. Rudeus desaparecía tan pronto como alguien le quitaba los ojos de encima.
Sin embargo, él siempre sería encontrado dentro de la casa. Por alguna razón, Rudeus nunca se aventuraba hacia el exterior. Él miraría por las ventanas, tal vez todavía demasiado asustado para dejar la casa.
Lilia no estaba segura de cuándo había desarrollado un miedo instintivo hacia el niño. ¿Fue porque él desaparecía cada vez que alguien apartaba la vista y siempre necesitaba ser buscado?
Rudeus siempre estaba sonriendo. Ya sea que estuviera en la cocina mirando los vegetales, o la llama de una vela en una lámpara, o la ropa interior sin lavar, él siempre estaba casi como murmurando, riendo mientras una sonrisa desconcertante aparecía en su rostro.
Era la clase de sonrisa que asqueaba visceralmente a Lilia. Le recordaba a las sonrisas que había recibido de un particular ministro de gabinete mientras ella en el pasado regresaba desde el grupo de criadas de la realeza hacia el palacio real. Él era un hombre calvo, su cabeza suave brillaba a la luz del sol y su barriga robusta se tambaleaba mientras caminaba. La sonrisa de Rudeus le recordaba a la sonrisa en la cara del ministro cuando él miraba hacia el pecho de Lilia. Una sonrisa como esa venía de un mero bebé.
Lo que pasó cuando Lilia tomó en brazos a Rudeus fue particularmente inquietante. Su nariz se ensanchó, las esquinas de su boca se elevaron, y él había comenzado a jadear y hundir su cara contra su pecho. Su garganta se retorcería mientras dejaba salir extrañas risitas felices.
Fue suficiente para provocar un escalofrío en su espalda, casi al punto de querer estrellar al niño contra el piso por reflejo. El niño no mostraba absolutamente ninguna emoción. Su sonrisa era, en una palabra, espeluznante… la misma que ese ministro de gabinete que se rumoreaba había comprado a un buen número de mujeres jóvenes como esclavas. Y este infante sonreía de la misma forma. Nada podría ser más perturbador. Lilia sentía que estaba físicamente en riesgo debido a un bebé.
Ella solo podía preguntarse por qué este bebé era tan extraño. ¿Estaba poseído por algo maligno? ¿Había recibido una maldición? Cuando consideró esas posibilidades, Lilia supo que no podía quedarse de brazos cruzados.
Ella se apresuró hacia la tienda, y gastó una pequeña suma en lo que necesitaba. Entonces, cuando los Greyrat estaban dormidos, y sin pedir el permiso de Paul, ella realizó un ritual tradicional de expulsión de su tierra natal.
Cuando Lilia tomó en brazos a Rudeus al día siguiente, ella estuvo segura; no había funcionado. El bebé todavía tenía la misma aura perturbadora. La simple mirada en sus ojos era suficiente para asustarla.
La propia Zenith con frecuencia decía cosas como, “Cuando ese chico se está alimentando, él sí que le pone ganas, ¿no creen?” ¡Ella estaba completamente tranquila por todo el asunto! Incluso Paul, un hombre de principios débiles y un mujeriego, no tenía esa aura que tenía su hijo. El niño ni siquiera coincidía con su propia ascendencia.
Lilia una vez había escuchado una historia en el Palacio de Asura. Cuando el príncipe de Asura todavía era solo un bebé, él gatearía a través de los patios del palacio, noche tras noche. Resulta que él estaba poseído por un demonio. Sin saber esto, una de las sirvientas lo tomó en brazos, y él sacó un cuchillo que había escondido en su espalda y la mató de una puñalada en el corazón.
Era una historia horrorosa. Y Rudeus era precisamente así. Lilia no tenía dudas: este era otro caso de posesión demoniaca. Ah, el chico estaba tranquilo y manso ahora, pero una vez que el demonio en su interior despertara, él se abriría paso a través de la casa mientras la familia estuviera dormida y los mataría a todos, uno a uno.
Lilia se había apresurado demasiado. Ella nunca debió haber tomado este trabajo. En algún punto, ella supo que iba a ser atacada.
Después de todo, ella era del tipo que se tomaba muy en serio las supersticiones.
Y así, Lilia vivió con miedo durante el primer año.
Sin embargo, en algún punto, el comportamiento siempre impredecible de Rudeus cambió. En vez de desaparecer y reaparecer al azar, él permanecía encerrado en el estudio de Paul en una esquina del segundo piso. Bueno, tal vez estudio era una palabra generosa para una simple habitación que albergaba unos pocos libros.
Rudeus se encerraría allí y no saldría. Un día, Lilia dio un pequeño vistazo y ahí estaba él, mirando fijamente un libro y murmurando para sí mismo. Lo que él estaba diciendo no sonaban como palabras. Al menos, no palabras del lenguaje común del Continente Central.
Además, él era demasiado joven para estar leyendo, y ciertamente nadie le había enseñado a leer. Lo cual significaba que el chico solo estaba mirando los libros —no leyéndolos— mientras hacía sonidos al azar.
Que fuera cualquier otra cosa sería simplemente extraño.
Aun así, por alguna razón, sonaba como si Rudeus estuviese hablando con una cadencia con verdadero significado, y parecía que él entendía el contenido del libro que estaba mirando. Eso es muy extraño, pensó Lilia mientras observaba en secreto a través de una grieta en la puerta.
Y, aun así, ella extrañamente no sintió su repudio usual hacia él. Desde que el chico había tomado la costumbre de encerrarse en el estudio, su extrañeza perturbadora y difícil de definir se había aplacado un poco. Ah, claro, él ocasionalmente aún se reiría de forma siniestra, pero Lilia ya no sentía escalofríos cada vez que lo cargaba. Él había dejado de hundir su cara en su pecho y jadear.
De todas formas, ¿por qué ella había estado tan perturbada por él? En los días recientes, ella había sentido una gran seriedad y diligencia en él, con la cual estaba poco dispuesta a interferir. Lilia habló al respecto con Zenith, y ella aparentemente había tenido la misma impresión. Desde ese momento, Lilia supuso que era mejor dejar solo al chico.
Era una sensación extraña. Dejar a un infante solo no era algo que harían los adultos responsables. Pero ahora, la inteligencia brillaba en los ojos de Rudeus, en contraste a meros meses atrás, cuando solo había habido una apatía grosera. Y había un destello de una voluntad decidida junto con ese brillo intelectual.
¿Qué deberían hacer? Nada en la escasa experiencia de Lilia le había dado las herramientas para tomar la decisión correcta aquí. Le habían dicho, no hay una forma correcta de criar a un niño. ¿Eso había sido de una de las sirvientas de la realeza más antiguas? ¿O tal vez de su madre? Al menos ahora no había nada tan extraño o perturbador en el niño, nada que temer.
Al final, Lilia decidió que lo mejor era dejarlo solo. Cualquier interferencia podría causar que el niño regresara a como solía ser.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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