Duelo al Anochecer
Capítulo 8: Duelo al Anochecer
A la mañana siguiente, partimos con Ariel para nuestro primer viaje al Palacio Plateado.
Solo seis de nosotros íbamos. Triss se había quedado en la residencia para comenzar los preparativos para su gran momento, y las dos asistentes de Ariel tampoco vinieron con nosotros. Eso era en parte porque Ellemoi y Cleane solo nos estorbarían en una batalla, pero ambas además venían de familias prestigiosas que podían ser aliados valiosos. La princesa les había pedido ir inmediatamente hacia la ciudad, para tratar de convencer a sus familiares y otras casas con lazos cercanos. Ariel parecía estarse tomando muy en serio ese plazo de diez días.
El Palacio Plateado de Asura era tan imponente de cerca como lo era a la distancia. Era incluso más grande que el castillo de Perugius, y aparentemente había otras estructuras en los amplios terrenos detrás de él; incluyendo las residencias principales de la familia real y un buen número de hermosos jardines.
Por supuesto, nosotros esta vez no llegaríamos hasta ahí. Yo quería ver el harem real, pero teníamos otros asuntos que atender. Nuestro viaje tenía dos propósitos principales: Ariel iba a ir a visitar a su enfermo padre, y luego reservaría uno de los salones del palacio. Mi papel principal era solo seguirla a ella y Luke.
Mientras atravesábamos los pasillos del castillo, me di cuenta de algo sorprendente.
Bueno… tal vez no debió haberme sorprendido, pero sí me hizo volver a mirar para comprobarlo.
Era una pintura de Perugius, colgando sobre la pared junto a otras dos.
La gente dragón tendía a tener rostros similares; sus rasgos eran incluso menos distintivos en una pintura. Esta versión de Perugius además se veía un poco más apuesta, y al menos varias décadas más joven. Para ser honesto, al principio ni siquiera lo reconocí. A primera vista, creí que simplemente era alguien parecido, y mi mirada pasó a otro lugar. Pero entonces vi la placa debajo de la pintura, y mis ojos regresaron de golpe a su rostro.
El nombre Perugius Dola estaba grabado en ese fleje de metal. No pude evitar parpadear de la sorpresa.
Supongo que lo más sorprendente era que la pintura estaba colocada muy cerca de los retratos de varios reyes y reinas de Asura. Era una clara señal de lo importante y respetado que era el hombre en este país.
Las pinturas a ambos lados de Perugius describían a un hombre humano que yo no reconocía, y un hombre cuyo cabello era de una mezcla de plateado y dorado. Sus rostros no me eran familiares, pero dadas sus posiciones junto a Perugius, sabía quiénes debían ser. El hombre humano probablemente era el Dios del Norte Kalman, y el mitad-humano era el Dios Dragón Urupen. Estos eran los retratos de los Tres Asesinos de Dioses de la Guerra de Laplace.
Ellos en realidad no habían asesinado al dios en cuestión, pero yo no iba a buscarle la quinta pata al gato. A partir de lo que Orsted me dijo, ellos habían luchado con todo y al final derrotado a un oponente verdaderamente aterrador. El Rey Dragón Demoniaco Laplace probablemente fue el hombre más poderoso del mundo por muchos años; sellar una mitad suya fue una hazaña increíble. Perugius se había ganado su lugar de honor en estas paredes. Hasta este día, los ciudadanos de Asura todavía lo veneraban como una leyenda viviente. Yo sentía que estaba comenzando a entender la gran importancia que tenía para Ariel haberse ganado su apoyo.
Por tres días, las cosas avanzaron sin problemas.
Ariel estaba haciendo avances constantes preparando su reunión. Los nobles que habían estado esperando su regreso iban a asistir. Durante el transcurso de mis deberes como guardaespaldas, yo había sido presentado a docenas de personas influyentes. Para ser honesto, no recordaba ninguno de sus nombres.
Yo no había conocido formalmente al Primer Ministro Darius o al Primer Príncipe Grabel. Pero sí los vi a la distancia, solo una vez.
Darius era un hombre gordo con una gran papada y un brillo desagradable en sus ojos. Básicamente, la viva imagen de un viejo zorro astuto y glotón. Yo sentía cierta conexión con él, probablemente a causa de su fealdad física.
Pero, cuando él me vio, su rostro se retorció del terror. Era como si hubiese visto a la muerte o algo así. Tal vez no era sabio sacar conclusiones de algo así, pero… la reacción del hombre fue tan evidente que ya no sentía la necesidad de dudar. Él obviamente era uno de los tres apóstoles del Dios Humano.
El Príncipe Grabel se veía como un hombre perfectamente normal. El título príncipe me hacía pensar en alguna clase de niño en su adolescencia o sus veintes con un suave cabello dorado, pero él solo era un hombre barbudo promedio a mitad de sus treintas. Aun así, cuando estudiabas con cuidado su rostro, había algo en su cara que te hacía querer trabajar para él. Supongo que poseía una clase sutil de carisma.
Ahora que lo pienso, nosotros también habíamos escuchado rumores acerca del Segundo Príncipe Halfaust; aparentemente había sido superado por Grabel y actualmente estaba bajo arresto domiciliario. ¿Tal vez Orsted de alguna forma había intervenido? ¿O quizá él simplemente había sabido que terminaría de esta forma? En cualquier caso, muchos de los nobles que habían apoyado a Halfaust y visto sus esperanzas de victoria colapsar se habían reunido para apoyar la causa de Ariel en su regreso. Ella los hizo ayudar con los preparativos de su gran evento.
La princesa estaba luchando sus propias batallas. Mi trabajo era eliminar a los enemigos que estaban tratando de detenerla a la fuerza.
De hecho, nosotros estuvimos bajo ataque repetidamente. Ellos enviaron asesinos a sueldo por nuestras cabezas cada día. Dicho eso, estos asesinos no eran nada especial—nuestra presa principal aún no mordía el anzuelo.
Los asesinos atacaban exclusivamente a Ariel. Para ser más precisos, ellos iban por Sylphie, quien ahora estaba actuando como su doble de cuerpo. Ellos iban tras ella en las calles, cuando cenaba, y mientras dormía, sin dejarnos siquiera un momento para relajarnos.
Por supuesto, la Ariel real usaba un traje de sirvienta y una peluca, comiendo comidas simples con el personal de la casa (aunque la comida todavía era mejor que la que recibiría un caballero de bajo rango), y dormía plácidamente cada noche en una cama de sirvienta común y corriente.
“Ellos nos están atacando mucho más que la última vez, ¿sabes?” comentó Sylphie en algún punto. “Hace una gran diferencia tenerte a ti y a los demás con nosotros, Rudy.”
Los asesinos estaban bien organizados, y de ninguna forma eran incompetentes. Pero conmigo, Eris y Ghislaine cerca, ellos no eran capaces de dar una buena pelea.
Dicho eso… si solo yo estuviera defendiendo, probablemente habría tenido algunos problemas. Algunos de los asesinos parecían ser jóvenes, y yo habría dudado en matarlos. En ese sentido, tener a Eris y Ghislaine conmigo fue de gran ayuda.
Hasta ahora, no nos habíamos encontrado con nadie que esas dos no pudieran cortar fácilmente por su cuenta. Yo tenía la sensación de que las personas que enviaban a estos asesinos eran otros nobles leales a Grabel, en vez del propio príncipe o Darius.
Si Darius realmente estaba determinado a guardar todo su poder de fuego para el enfrentamiento final, podríamos tener un gran problema en nuestras manos. Asumiendo que Eris y Ghislaine estarían ocupadas con el Rey y el Emperador del Norte, el próximo enemigo iría directo por mí. Y si tenían a suficientes personas, Sylphie también podría terminar bajo ataque. Yo quería creer que Orsted intervendría antes de que las cosas se salieran de las manos, pero no habíamos sido capaces de hablar con él desde que nuestro grupo llegó a la ciudad. Yo ni siquiera sabía si él estaba en Ars en este momento.
En cualquier caso… esperar lo mejor no era una estrategia. Necesitábamos reducir la capacidad de combate del enemigo de alguna forma.
Justo cuando estaba comenzando a ponerme nervioso, la Princesa Ariel se me acercó.
“Ya he realizado los preparativos para el escenario,” dijo tranquilamente ella. “Ahora creo que es tiempo de colocar nuestra trampa.”
Ese día, la princesa hizo un esfuerzo particular por hablar con un noble leal al Primer Príncipe. Durante esta conversación, ella dijo algunos chistes vulgares acerca de cómo tanto Eris como Ghislaine estaban en su periodo el día de hoy. El noble miró en dirección de Eris con un interés evidente; Eris respondió frunciendo el ceño de forma hostil.
Aparentemente, Ariel había decidido provocar un ataque al esparcir el rumor de que sus propios guardaespaldas estaban en malas condiciones.
Sin embargo, eso no funcionó. Tal vez ella había sido demasiado evidente con eso. Desde el día siguiente, incluso los asesinos ordinarios dejaron de aparecer.
Era el quinto día. Los ataques sobre nosotros se habían detenido completamente.
A cambio, el enemigo había comenzado a atacar algunos de los nobles más influyentes dentro de la facción de Ariel, específicamente aquellos que estaban realizando los preparativos para su escenario. Estos nobles tenían los medios para defenderse, y los ataques no habían logrado mucho. Pero varios de ellos terminaron lo suficientemente asustados como para jurarle lealtad al Primer Príncipe.
Durante este periodo, yo finalmente conocí a uno de los actores importantes en esta lucha: Pilemon Notos Greyrat. Tal como habíamos escuchado, el hombre había abandonado a Ariel para aliarse con Grabel.
Pilemon parecía estar a mitad de sus treintas, y él se parecía mucho a Paul. Pero en su rostro no había señales de la confianza despreocupada de papá. Él me pareció una persona temerosa e indecisa, la clase de hombre que huiría ante la más mínima señal de peligro, tal como una rata.
Personalmente, yo no tenía problemas con los cobardes, pero él de seguro se veía como la clase de hombre que el viejo Sauros habría odiado. Podía ver por qué ellos habían terminado como enemigos, y por qué Pilemon había sacado ventaja del Incidente de Desplazamiento para provocar la muerte de Sauros. Lógicamente tenía sentido. Pero, para ser completamente honesto, era difícil para mí creer que un hombre como este había sido lo suficientemente audaz como para asesinar a un rival tan poderoso. Si él tuviera las agallas para aprovechar una oportunidad como esa, Sauros nunca lo habría odiado.
Luke y Pilemon tuvieron una larga y acalorada discusión durante nuestra reunión. En realidad, fue más bien una lucha en vez de una conversación. Luke presionó a su padre a explicar su traición, y por qué él lanzó a la basura sus años de esfuerzo. Pilemon se rehusó incluso a responder, solo diciendo “Tú nunca podrías llegar a entender mis razones.”
Perplejo y con incredulidad, Luke todavía presionó, rogando a su padre volver a unirse a la causa de Ariel antes de que fuese demasiado tarde. Pero sus esfuerzos no lograron nada. Al final, un joven que parecía ser el hermano mayor de Luke preguntó despectivamente si él estaba tras su herencia, y luego salió de la habitación con Pilemon justo detrás.
Me parecía una forma bastante horrible de tratar a tu propio hijo después de que él había estado luchando en una tierra lejana por casi una década. Pero Paul había estado igual de mal en un punto, y yo tampoco era la viva imagen de la virtud. La nobleza de Asura parecía tener su propio conjunto de valores especiales, ninguno de los cuales entendía, así que tal vez no era justo que yo los estuviera juzgando.
Si Ariel triunfaba, Luke guiaría a la familia Notos como el hombre que había emergido victorioso de un peligroso conflicto. Si Grabel terminaba en la cima, ese papel caería sobre su hermano. Considerando lo serias que podrían ser las consecuencias por fallar, su actitud dura podría ser vista como una forma de mostrar su preocupación.
Por supuesto, también existía una posibilidad de que simplemente odiaran su carácter.
En cualquier caso, parecía ser que Ghislaine al final iba a tener su oportunidad de matar a Pilemon. Aun así… si Luke nos suplicaba que tratáramos con clemencia a su familia, yo estaría tentado a tratar de ayudarlo a solucionar las cosas de alguna forma. Pero otra parte de mí no quería tomar ese riesgo.
Era una situación desagradable, independiente desde dónde la vieras.
Habían transcurrido nueve días, y nuestro escenario finalmente estaba listo.
En resumen, iba a ser una fiesta. Bebidas, baile, conversaciones, esa clase de cosas. Tales eventos eran organizados regularmente en los salones del Palacio Plateado.
Este fue anunciado públicamente como un evento organizado por la Segunda Princesa Ariel en honor al Príncipe Grabel. Ya que los nombres de ambos candidatos al trono estaban en la invitación, se esperaba que asistieran todos los nobles importantes y de prestigio en Asura.
En los zapatos del enemigo, yo no me habría molestado en aparecer en un evento que evidentemente era una trampa, pero supongo que no era tan simple para los miembros de la nobleza de Asura. Aparecer en fiestas de este tipo parecía ser más o menos su deber.
Había habido varios intentos por arruinar los preparativos, pero la princesa había lidiado con todo eso de forma eficiente.
Mañana sería el momento de la verdad.
“Rudeus,” dijo Ariel, sacándome de mis pensamientos. “Acabo de darles el empujón final.”
“¿Oh?”
“Para ser más específica, he filtrado algo de información que debería hacer que el Primer Ministro Darius esté muy ansioso.”
“… Bien. Entiendo.”
Nosotros estábamos preocupados de Auber y sus amigos, pero al final era Darius quien los controlaba. Y los apóstoles del Dios Humano no siempre se comportaban de la forma que él quería. Era posible hacerlos ignorar sus palabras—especialmente por miedo, o actuando para preservarse a sí mismos. Así era como yo había terminado jurando mi lealtad a Orsted.
Hasta ahora, nosotros solo les habíamos estado dando la oportunidad de atacar. Ariel estaba tratando de convencerlos de que necesitaban tomar esa oportunidad, si es que ellos querían ganar.
“Aun así, no hay garantías. Y si ellos no muerden el anzuelo esta noche…”
“Sí. Lo sé.”
En ese escenario, nosotros tendríamos que enfrentar a toda su fuerza mañana. Eso dificultaría mucho las cosas. Uno de nosotros podría terminar muerto. Podría ser Eris, o Sylphie, o Ghislaine. Yo quería hacer todo lo posible para prevenir eso, pero el rostro de Paul seguía apareciendo en mi mente.
Solo me quedaba esperar que el plan funcionaría esta vez.
Más tarde esa noche, nosotros estábamos regresando a la residencia de Ariel. Era una noche oscura y sin luna. Ahora mismo todos nuestros preparativos estaban completos; solo era cuestión de esperar hasta mañana. Esta noche tendríamos que relajarnos y descansar lo más posible.
O eso pensaba—hasta que vi a un hombre de pie en medio del camino delante de nosotros. Él tenía orejas como las de un conejo, así que claramente era parte de la gente bestia. ¿Cuál era el nombre de su raza? ¿Los Mildett?
Si sus mujeres son conejitas, ¿supongo que este sería un conejito?
“…”
El hombre bestia usaba una armadura negra que no reflejaba la luz, y había una espada recta en su mano. Él estaba justo en medio del camino del carruaje de Ariel.
“¿¡Quién anda ahí!?” demandó Luke, avanzando desde su lugar al lado del carruaje.
El hombre bestia no respondió. Pero eso no era una sorpresa. Ningún asesino habría—
“¡Yo soy el Rey del Norte Nucklegard, una de las tres hojas del Dios del Norte! ¡Me llaman Hojas Gemelas!”
Él decidió darnos su nombre. Eh… eso no me lo esperaba.
Un segundo después, nuestro nuevo amigo Nucklegard comenzó a dividirse—una mitad se movió lentamente hacia la izquierda, mientras la otra hacia la derecha.
“Oye, Nuckle. No creo que debamos decirles nuestros nombres.”
“¡Ah, es cierto! Supongo que las cosas son un poco diferentes esta vez, ¿no? Eres tan listo, Gard.”
“¡Jejeje! Bueno, últimamente he estado estudiando…”
No, no era eso. Nucklegard en realidad eran un par de gemelos. Yo estaba mirando hacia dos espadachines con rostros idénticos.
“¡Ah! ¡Y probablemente tampoco deberíamos decirles que fue Darius-sama quien nos contrató!”
“Probablemente tienes razón. Cuando tuvimos que luchar contra asesinos, ellos nunca nos dijeron para quién trabajaban.”
“Sip, exactamente. ¡Así que asegúrate de mantenerlo en secreto, Nuckle!”
“¡Así será!”
Ellos no eran muy buenos en todo este asunto de ser un asesino, ¿o sí? Es decir, nosotros ya sabíamos quién los había contratado, así que en realidad no importaba… pero vamos.
Mientras yo miraba con incredulidad hacia los dos hombres bestia, Eris espoleó a su caballo, saltó hacia el suelo, y desenfundó su espada en un solo movimiento fluido.
“Yo soy Eris Greyrat,” dijo ella.
Las orejas de los espadachines gemelos se retorcieron mientras recibían su ansiosa y agresiva mirada.
“¡Ooh! ¡Eres la famosa Reina de la Espada Iracunda!”
“¡Sus habilidades son tan afiladas como un colmillo, y su temperamento tan feroz como el de cualquier monstruo!”
“Puede que seamos un par de insignificantes Mildett…”
“¡Pero te enfrentaremos felizmente!”
Eris levantó su espada sobre su cabeza, y los gemelos adoptaron posturas idénticas, como reflejadas por un espejo.
“Solos, somos solo medio hombre.”
“¡Pero juntos, somos un hombre completo!”
“Lucharemos contra ti dos contra uno—”
“¡Pero de seguro estarás de acuerdo que esto es lo justo!”
Eh, no. De hecho, esa es precisamente la definición de injusto…
En este punto, otra silueta emergió desde la oscuridad—esta en la calle detrás de nuestro carruaje. Era una figura pequeña; usaba una armadura de cuerpo completo de un negro azabache, y sostenía una espada negra y un escudo del mismo color.
Él no se molestó en presentarse. No esta vez. En cambio, él simplemente adoptó su postura.
Ghislaine ya se había dado la vuelta hacia él. Sin mostrar sorpresa alguna, ella desenfundó su propia espada. “Esta vez va a ser muy diferente, enano.”
Era Wi Taa.
Durante nuestra batalla en las Barbas del Wyrm Rojo, él había tenido la ventaja contra Ghislaine. Pero desde entonces, yo le había dado una descripción básica de sus trucos y cómo contrarrestarlos. No estaba seguro de cuánto había entendido o memorizado ella, pero solo saber lo que podría intentar haría una gran diferencia.
En cualquier caso, fuimos atrapados en una táctica de pinza con los conejos al frente de nosotros y el enano detrás. De alguna forma, era difícil convencerte a ti mismo que estos tres eran una amenaza real, pero era un hecho que todos ellos eran Reyes del Norte.
Yo tenía que decidir qué hacer. La opción más segura sería que ayude a Eris. Sylphie o Luke podían ayudar a Ghislaine. Igualaríamos nuestros números en un lado, y tendríamos ventaja en el otro. Desafortunadamente, yo aún no podía actuar. Auber no estaba por ningún lado; y eso era suficiente para mantenerme plantado en mi lugar.
Esta vez la Princesa Ariel no estaba aquí. Ella se estaba dirigiendo a su residencia desde el palacio usando una ruta alternativa segura. Eso quería decir que Sylphie podía concentrarse completamente en ayudar a Eris, mientras Luke apoyaba a Ghislaine. Pero si el enemigo nos veía ignorando completamente el carruaje, ellos se darían cuenta de que la princesa no estaba aquí—y en la ausencia de su objetivo, ellos harían una rápida retirada. Uno o dos de ellos incluso podrían tratar de retenernos mientras los demás iban por Ariel. La princesa era lo suficientemente lista como para que ellos probablemente no pudieran encontrarla… pero, incluso en ese caso, nuestra batalla sería pospuesta hasta mañana. El enemigo estaría listo y esperando por nosotros, y tendríamos que lidiar con más de ellos.
Esta era nuestra oportunidad. Teníamos la oportunidad de sacar del tablero a dos Reyes del Norte… o tres, supongo. Pero si no sacábamos ventaja de esto, terminaríamos en graves problemas mañana. Al menos, necesitábamos derrotar a uno de ellos ahora mismo.
Yo podía ayudar a Eris mientras Luke apoyaba a Ghislaine. Pero en ese escenario, Sylphie podría tener que luchar contra Auber, y esa probablemente era una batalla perdida. Yo quería creer que ella podría darle pelea, pero Orsted creía que ella no tendría oportunidad.
Parecía ser que yo no tenía más opción que quedarme quieto y—
“… No.”
Piensa, Rudeus.
A primera vista, el enemigo había traído a tres Reyes del Norte contra nosotros… o dos, dependiendo de cómo los cuentes. Ellos tampoco tenían a ese ejército de soldados de la última vez. ¿Realmente emboscarías a tu enemigo con una fuerza tan pequeña? Auber tenía que estar aquí ahora mismo. Era la única forma en que algo de esto tuviera sentido. Él estaba oculto en algún lugar cercano al campo de batalla en este preciso momento, observándonos tranquilamente y esperando su oportunidad de atacar.
Todo lo que yo tenía que hacer era encontrarlo. Una vez que descubriera su escondite, yo podía derrotarlo con uno de mis hechizos mortíferos. Después de eso, no habría la necesidad de preocuparse por poner toda mi atención en las otras batallas.
“No te preocupes, Rudeus,” dijo Eris, con su voz resonando a través de la oscuridad. “Yo puedo encargarme sola de estos dos.”
Ciertamente parecía que Nuckle y Gard estaban teniendo problemas acercándose a ella. Yo tenía la sensación de que, como individuos, ellos a lo mucho estaban al nivel de un Santo del Norte. Y Eris era capaz de cortar a espadachines de ese rango en un parpadeo. En otras palabras, si ellos entraban en su rango, uno de ellos moriría inmediatamente. E incluso después de eso, el otro probablemente no sería capaz de matarla a cambio.
Ghislaine y Wi Taa todavía estaban quietos a cierta distancia. Ghislaine era una mujer alta, y Wi Taa era un enano—su alcance era mucho más grande que el de él. Tampoco sería fácil para él entrar en su rango de ataque. El hecho de que ellos no hubieran hecho una retirada apoyaba aún más mi teoría: ellos tenían a otro aliado oculto en algún lugar. Con Auber aquí, no tenían una buena razón para huir.
Ellos tenían toda la intención de matarnos a todos aquí y ahora.
Piensa. ¿Dónde demonios está Auber? ¿Cuántos escondites hay cerca?
Para ser honesto, este no parecía ser el lugar ideal para una emboscada. Había una gran muralla de la ciudad a nuestra izquierda, y las mansiones de los nobles a la derecha. A primera vista, podía haber muchos lugares en los cuales ocultarse en la derecha. Todas las mansiones tenían grandes jardines rodeados por altas cercas, y había uno o dos callejones oscuros entre los edificios. Pero esta calle era amplia, y todas las mansiones estaban a cierta distancia de nuestro carruaje. No parecía ser el lugar ideal en el cual realizar una emboscada.
¿Entonces qué hay de la muralla de la ciudad? Tenías que subir mucho tu cuello para ver la cima. ¿Acaso Auber iba a bajar por ella… o tal vez solo saltaría desde la cima? Para mí sonaba como un suicidio, pero tal vez un Emperador del Norte podía lograrlo.
¿Qué hay del suelo? ¿Podría estarse escondiendo bajo la superficie, tal como la última vez? No, eso parecía improbable. Después de lo que ocurrió la última vez, nosotros habíamos estado teniendo mucho cuidado con el suelo a nuestro alrededor. Era difícil creer que de alguna forma lo habíamos pasado por alto.
Maldita sea, ¿dónde está? ¿Acaso tenemos un gran punto ciego?
Yo estaba de pie detrás del carruaje y hacia la izquierda. Luke estaba posicionado al frente hacia la derecha. Teníamos antorchas sobre el carruaje y mi espíritu de luz proporcionándonos iluminación. Era suficiente luz como para que nuestros enemigos de un negro azabache fueran claramente visibles. En otras palabras, no había un solo lugar del campo de batalla que ninguno de nosotros pudiera ver.
Tal vez sí está arriba sobre esa muralla. ¿Debería destruirla con un hechizo…? Envié al espíritu de luz hacia el aire y escaneé la amenazante muralla a nuestro lado una vez más…
“¡…!”
Y lo vi.
Yo no había visto nada la primera vez que miré en esta dirección, pero definitivamente había algo extraño a medio camino de la superficie de la muralla. Estaba cubierto de una tela exactamente del mismo color que la piedra. A la luz del día, lo habrías visto inmediatamente. Las luces de los autos también lo habrían revelado. Pero las antorchas en nuestros carruajes simplemente no eran lo suficientemente brillantes como para delatarlo. Solo fue gracias a mi espíritu de luz que yo había visto ese pequeño indicio de una sombra.
Ya habíamos ganado esta batalla.
Sin decir palabra alguna, yo apunté mi vara hacia la tela.
No había necesidad de un encantamiento. Normalmente, yo anunciaba mis hechizos para alertar a mis aliados que los estaba usando, pero esta vez no iba a hacerlo. Yo estaba convencido de que Auber evitaría mi hechizo si lo anunciaba. Pero él no estaba listo para un ataque sorpresa. Cuando estás planeando sorprender a tu enemigo, no esperas que en cambio te sorprendan a ti.
Cañón de Piedra. Máximo poder. Máxima velocidad… ¡Fuego!
“¿¡Qué!?”
Yo no me había contenido. Había disparado mi hechizo tan rápido como pude. Aun así, Auber de alguna forma lo había anticipado. Tal vez fue por puro instinto animal, o un sexto sentido que él había adquirido a lo largo de años de batallas. En ese preciso instante final, él había salido disparado de su escondite y evitado mi ataque.
No… él no lo había evitado completamente. Mi proyectil de piedra le dio en la pierna, abriendo un gran agujero a través de ella. Auber cayó de la muralla, apenas logrando un giro defensivo mientras golpeaba el suelo.
“¡Gaaah!”
Su aparición finalmente puso en movimiento la batalla. Por la esquina de mi visión vi a Eris y Ghislaine moviéndose, y Luke también se había dado cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Sin detenerme, yo disparé otro Cañón de Piedra hacia Auber.
“¡Tch!”
A pesar de su incómoda posición en cuclillas, él lo desvió sin dificultad.
“¡Traaah!”
Luke inmediatamente arremetió hacia él; pero Auber plantó su mano izquierda en el suelo, giró su cuerpo sobre ese eje, y desvió con destreza el ataque. Él golpeó las piernas inestables de Luke desde debajo y se movió para terminar el trabajo inmediatamente.
Yo puse fin a eso con un Cañón de Piedra bien colocado.
“¡Hnngh!”
Auber se inclinó hacia atrás como un resorte para esquivar el hechizo, finalmente despegándose del suelo. Claramente el hombre aún podía luchar. Pero con una de sus piernas incapacitada, su movilidad había sido severamente limitada.
Él estaba de pie sobre su pierna buena tan derecho como un flamenco, y veía desde mí hacia el carruaje, y luego hacia sus alrededores. Yo me vi obligado a seguir su mirada.
La batalla había sido decidida en los segundos posteriores desde que Auber golpeó el suelo. Eris, como era de esperarse, ya había cortado a sus dos oponentes, pero ella había sido gravemente herida. Su hombro izquierdo colgaba débilmente, y sangre salía de su brazo. Aun así, ella había vuelto su atención hacia nosotros, y sus ojos estaban fijos en Auber.
Ghislaine también había abrumado a Wi Taa. El enano había perdido uno de sus brazos y su escudo mientras Ghislaine no tenía ni un solo rasguño en su cuerpo. Para el momento que yo había mirado en su dirección, ella se estaba moviendo para darle el golpe de gracia.
Wi Taa gritó “¡Aubeeerrr!” con toda la fuerza de sus pulmones y lanzó algo hacia el suelo. Golpeó las piedras con un pesado fwumph, y una enorme nube de humo negro se esparció en todas direcciones.
Orsted me había advertido que Wi Taa usaba pantallas de humo de noche, pero yo no me había imaginado nada como esto. Este humo era increíblemente denso. Él tenía que estar usando alguna clase de objeto o implemento mágico.
Mientras yo miraba hacia la profunda y negra niebla, pude escuchar a Wi Taa corriendo, con Ghislaine persiguiéndolo.
Una espada repentinamente corta a través de la oscuridad en frente de mí.
Yo rápidamente salí del camino; medio segundo después, Wi Taa pasó corriendo a mi lado. ¿Acaso estaba tras de mí? ¡No, él iba tras el carruaje!
“¡Yo me encargo!”
En el instante siguiente, la puerta del carruaje se abrió de golpe, y Sylphie salió de él mientras disparaba un hechizo. Ella había escogido Tornado de Llamas, una combinación de magia de viento y de fuego. Dispersó instantáneamente el humo negro, e iluminó toda la zona con un breve destello de luz.
Yo comprobé la situación. Ghislaine, Luke, Sylphie, y Luke estaban relativamente bien. Vi de reojo a Wi Taa desapareciendo dentro de un callejón cercano. ¿Acaso estaba huyendo? Bueno… eso no era el fin del mundo, siempre y cuando pudiéramos derrotar a Auber.
Pero para el momento que regresé mi atención hacia el Emperador del Norte, él también había desaparecido.
¿¡Dónde está!?
“¡Rudeus!” gritó Eris, apuntando hacia arriba.
Seguí su mirada y vi a Auber escalando la muralla de la ciudad como una cucaracha con sus garras metálicas. Él se movió a una velocidad impresionante, alcanzando la cima y desapareciendo totalmente. Yo solo había apartado la vista por un instante, pero ya no había forma de que pudiéramos alcanzarlo.
Aunque no tenía tiempo para lamentarme. “¡Sigan a Wi Taa!” grité, corriendo hacia el callejón.
Fue una decisión del momento, y dudaba de ella mientras corría. ¿Acaso podríamos alcanzarlo en este punto? ¿Acaso debí haberlo seguido en el momento que lo vi entrar en ese callejón? El hombre había perdido uno de sus brazos. Él no podía estar corriendo tan rápido en esa condición, con su cuerpo tan fuera de balance… pero, por otro lado, uno nunca sabe lo que estos Dioses del Norte podrían haberles enseñado…
Me detuve abruptamente mientras daba la vuelta para entrar al callejón.
Wi Taa ya estaba muerto.
Él yacía sobre una piscina de sangre con un enorme agujero en medio de su cuerpo. Era una causa de muerte… muy familiar. Hace algún tiempo, yo había perdido mi propia vida de esta forma.
No sentía a nadie en las cercanías. Pero claramente alguien había estado aquí hasta hace solo momentos.
Y con alguien me refiero a Orsted.
“¡Rudeus! Así que lo derrotaste, ¿eh?”
Me di la vuelta. Eris estaba de pie detrás de mí. Sangre brotaba de ese horrible corte en su hombro, pero ella tenía una sonrisa de satisfacción en su rostro.
“Eh… sí…”
Antes de decir algo más, estiré mi mano para tocar su hombro y murmuré el encantamiento de un hechizo de sanación. Era una herida realmente terrible. Lo suficientemente profunda como para haber cortado un tendón. Yo sabía que Eris no vacilaba a la hora de recibir golpes en batalla, pero esto no era bueno para mi corazón.
“Gracias,” dijo casualmente ella, luego se dio la vuelta y gritó hacia la calle principal. “¡Rudeus lo hizo! ¡Él ya se encargó de Wi Taa!”
Con ese anuncio, todos finalmente dejaron salir un suspiro de alivio.
“Me disculpo. Solo estuve en su camino.”
“No, yo tengo la culpa de esto. Si solo hubiese acabado con Wi Taa, Rudeus podría haber mantenido su concentración en Auber…”
“Yo probablemente debí haber salido del carruaje un poco antes, ¿no?”
“¡Oigan, vamos! ¡Uno de ellos escapó, pero lo hicimos muy bien!”
Mientras charlábamos acerca de lo ocurrido, nos pusimos a trabajar en deshacernos de los cadáveres de nuestros enemigos. Yo tenía algunos arrepentimientos. Tal vez habría podido prevenir el escape de Auber si hubiera sido un poco más creativo con mi elección de hechizos. Si solo no hubiese asumido que su movilidad estaba limitada, podría haber usado un Pantano enseguida.
Aun así, no tenía caso lamentarse ahora. La batalla había sido muy breve, y algo caótica. Repasar cada pequeña decisión que habíamos tomado no nos iba a ayudar. Al final, habíamos matado al Rey del Norte Wi Taa y al Rey del Norte Nucklegard. Esos eran dos… o tres… enemigos menos de los cuales preocuparnos. Auber puede haber logrado escapar, pero habíamos logrado nuestro objetivo de reducir las fuerzas de nuestro enemigo. Parecía correcto llamar a esto una victoria.
Ahora solo teníamos que ganar también el enfrentamiento final.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
Sé la primera persona en dejar una nota sobre el capítulo.