Una Audiencia con Perugius
Capítulo 2: Una Audiencia con Perugius
El hombre sentado en el trono exudaba una presencia imponente. Él tenía el cabello plateado brillante y pupilas doradas que eran pequeñas pero penetrantes. Había un aire de realeza a su alrededor.
Así que él es el Rey Dragón Acorazado Perugius.
Mis piernas comenzaron a temblar en el momento que posé mis ojos sobre él. Instantáneamente supe lo que me aterraba. Él se veía sorprendentemente similar al hombre con cabello plateado que me mató, al cual yo nunca olvidaría. Es cierto, sus ropas, estilos de cabello, y rasgos faciales eran diferentes, pero había algo indudablemente familiar entre Perugius y el Dios Dragón Orsted.
“Den un paso al frente,” ordenó Sylvaril.
Nanahoshi lideró al grupo, con Ariel justo detrás suyo. Yo fui tras ellas como ocultándome de la vista.
La cámara era enorme, con un techo alto y pilares que parecían árboles gigantes. Un deslumbrante candelabro nos iluminaba desde arriba. La extravagancia casi hizo caer mi mandíbula. Las paredes estaban cubiertas de banderas pintadas con emblemas complejos. Algunas los reconocía, como el emblema del Reino de Asura o el País Sagrado de Millis. Otros se veían familiares, pero había algunos que nunca antes había visto.
Once hombres y mujeres estaban alineados a cada lado de la alfombra de terciopelo que estábamos atravesando. Todos estaban vestidos de blanco, y solo diferían ligeramente los diseños de sus trajes. Pero cada uno usaba una máscara diferente. Algunas estaban basadas en animales, y otras solo cubrían sus ojos, pareciéndose al visor que usaba Cíclope de los X-Men. Otro usaba un casco que lo hacía verse como Robocop, y alguien más tenía lo que parecía ser una cubeta en su cabeza.
Estos tenían que ser los doce familiares de Perugius. No es como si la palabra realmente encajara, ya que todos ellos parecían humanos. Sin embargo, Arumanfi había estado a la par de Ghislaine en cuanto a fuerza de combate. Eso probablemente quería decir que todos ellos tenían poderes al mismo nivel que un Rey de la Espada. Yo definitivamente no quería hacerme su enemigo. Es mejor que sea muy cuidadoso con lo que digo, solo para estar seguro.
“Por favor, deténganse ahí,” dijo Sylvaril.
Nanahoshi se congeló en su lugar.
El trono estaba a dos pequeños escalones y diez pasos de distancia. Perugius nos miró silenciosamente desde arriba. Más precisamente, yo estaba seguro de que él estaba mirando hacia mí. Nuestros ojos se encontraron, y un escalofrío recorrió mi espalda.
Sylvaril lentamente caminó delante de nuestro grupo y se abrió paso hacia las escaleras, tomando su lugar a la derecha de Perugius. Arumanfi estaba a su izquierda. El resto de los familiares estaban alineados hacia ambos lados.
Perugius mantuvo su mirada fija sobre nosotros mientras decía, “Yo soy el Rey Dragón Acorazado, Perugius Dola.”
¡Él dijo Dola! ¿¡Como en los piratas del cielo!? Esperen, no. Castillo en el Cielo no tenía nada que ver con esto.
“Ha pasado un tiempo, Perugius-sama. Regresé, tal como prometí.”
Nanahoshi bajó su cabeza mientras hablaba. Era raro verla inclinar su cabeza de esa manera y hablar de forma tan respetuosa. Me di cuenta de que Ariel estaba haciendo lo mismo, mientras Luke y Sylphie estaban con una rodilla en el suelo. Yo vacilé acerca de cómo debía mostrar respeto, pero decidí hacer una reverencia normal—al estilo japonés.
“Así que has regresado, Nanahoshi.”
Había algo tan poderoso e intimidante en su voz que volví a sentir un escalofrío en mi espalda. El terror amenazaba con tragarme entero. Tenía tal impacto en mi corazón que tenía problemas para respirar. Sudor comenzó a bajar por mi frente. Esto es increíble. Es como si realmente fuera un rey.
“Asumo que eso debe significar que has encontrado alguna forma de invocar cosas de otro mundo.”
“Sí,” dijo Nanahoshi. “No obstante, no estoy segura de si los resultados son los que usted desea.”
“Es la búsqueda de conocimiento lo que nos da propósito a nosotros la gente dragón, no los propios descubrimientos.”
Esperen, ¿gente dragón? ¿Entonces él es una de esas personas dragón?
Nunca antes lo había pensado detenidamente, pero tenía sentido. Dios Dragón, Rey Dragón Acorazado. Ellos no eran humanos. Eran gente dragón. Ahora tenía sentido por qué Orsted y Perugius se parecían; eran de la misma especie.
Imperturbable, Nanahoshi continuó su conversación con Perugius. Él era sorpresivamente amigable con ella. Al menos el tiempo que pasó aislado en este castillo no lo había convertido en un viejo cascarrabias. “Como acordamos, me gustaría que me enseñe acerca de la magia de invocación de este mundo.”
“Muy bien,” dijo él.
Los dos debieron haber hecho un trato mucho antes que esto. Nanahoshi estudiaría cómo invocar objetos de otro mundo, y una vez que su labor diera frutos, ella compartiría sus descubrimientos con Perugius. A cambio, él le enseñaría los misterios de la magia de invocación de este mundo.
“Por cierto, has traído a un grupo bastante grande. ¿Quiénes son ellos?”
“De hecho, ellos me ayudaron con mi investigación. Los he traído a visitarlo como recompensa por su ayuda.”
“Oh.” Perugius dejó salir un suspiro de aburrimiento.
Llamarlo recompensa no me parecía muy acertado, pero ella no estaba completamente equivocada.
“Es un placer conocerlo,” dijo Ariel, dando un paso al frente. “Mi nombre es Ariel Anemoi Asura, la segunda princesa del Reino de Asura. Es un gran honor estar en presencia de alguien tan importante como usted, señor.”
“¿Dijiste Ariel Anemoi Asura?”
“Sí, espero que pronto podamos llegar a conocernos.”
Él resopló. “Ya sé quién eres. Perdiste en esa sucia y deshonesta batalla por la corona que están teniendo en Asura, pero rehúsas darte por vencida. En cambio, estás arrastrando a todos a tu alrededor a las lodosas aguas del conflicto. Niña estúpida.”
La cabeza de Luke se levantó de golpe. La ira se apoderó de su expresión, pero antes de que pudiera hacer algo, Ariel levantó una mano para detenerlo. Ella mantuvo la calma en su voz incluso mientras decía, “Esa es una forma dura de verlo, pero está en lo correcto.” Sus labios tomaron la forma de una suave sonrisa mientras lo miraba de vuelta, con una resolución evidente.
“Asumo que viniste aquí esperando que te preste mi fuerza.”
“Para nada. Usted es un renombrado héroe de este mundo. Simplemente quería conocerlo.”
“Hmph. Puedo ver perfectamente a través de tu acto.”
Como siempre, su voz exudaba carisma, pero su rostro había perdido todo su color. Sudor frío se estaba acumulando a través de su piel. Perugius la había leído como un libro abierto, y él claramente no tenía una buena impresión de ella. Ariel estaba teniendo problemas para sobrellevarlo.
Perugius la miró fijamente, como si estuviera burlándose de una niña traviesa. “Pero de todas formas viniste aquí. Eso también debe ser el destino. Te daré una oportunidad. Puedes quedarte en mi castillo.”
“E-estoy… honrada por su generosidad.” Ariel bajó su cabeza antes de retroceder. Su expresión pasó a ser una de alivio, pero aún había ansiedad en sus ojos.
“Ahora bien, ¿qué hay de ti?”
Después de que Ariel retrocedió, la mirada de Perugius se posó en mí. Era como si me considerase segundo en rango luego de ella. En ese momento miré hacia el resto y me di cuenta de que todos los demás estaban agachados con una rodilla en el suelo. Los únicos de pie eran Nanahoshi, Ariel, y yo. Era natural que yo atrajera su atención.
Puse una mano sobre mi pecho y bajé mi cabeza una vez más. “Es un placer conocerlo. Mi nombre es Rudeus Greyrat.”
“¿Rudeus Greyrat?” Él dijo mi nombre como si lo estuviera digiriendo. “Tuve muchos problemas teletransportándote aquí.”
Yo ladeé mi cabeza de la confusión.
“Normalmente, cuando usas magia de teletransportación, no puedes invocar a alguien con una reserva de poder mágico más grande que la tuya.” Él frunció el ceño. “Tu poder mágico es muy cercano al de Laplace. Si hubieras estado determinado a resistirte a mí, probablemente no habría podido teletransportarte.”
“Oh. Bueno, me disculpo por los problemas.”
Laplace era el Dios Demonio que Perugius selló hace 400 años. Cada vez que alguien elogiaba mi magia, siempre lo mencionaban. Supongo que nuestro poder mágico debe ser realmente similar.
“No importa, pero te advierto que no trates de usar esa repulsiva magia tuya en mi castillo.”
“Nunca lo intentaría,” dije.
Era como si me estuviera advirtiendo no hacer nada estúpido. No, era más que eso—era una advertencia. Pero ¿por qué desconfiaba tanto de mí? Yo no era del tipo que enloquecía sin ninguna razón. Ni siquiera enloquecería con una razón.
Ah, tal vez él recuerda lo que pasó justo antes del Incidente de Desplazamiento. Específicamente, la parte donde Arumanfi trató de matarme. Tal vez él pensaba que yo sentía resentimiento y esta era su forma de decir que ya era agua bajo el puente. “Um, si esto se trata de lo que ocurrió antes del Incidente de Desplazamiento, no tengo nada en su contra. Así que—”
“¿Mm? ¿De qué hablas?” Perugius ladeó su cabeza.
Arumanfi apareció a su lado en un parpadeo, susurrando los detalles en su oído.
“Ah, ahora lo recuerdo. Había un niño tratando de recitar magia en el cielo—uno que fue protegido por una Reina de la Espada. Entonces ese niño eras tú, ¿eh?”
Así que él no lo recordaba. Bueno, eso quería decir que había cavado mi propia tumba. Sacarlo de la nada era como anunciar que tenía algo en su contra. Al menos él no parecía tener nada en mi contra. Yo no había hecho nada malo… ¿cierto?
“Rudeus Greyrat, a partir de lo que escuché, ese también es el nombre de la persona que logró herir a Orsted.”
Si por herir se refería al equivalente a un corte con papel que le di a Orsted, claro. Él y Orsted deben ser cercanos para que sepa tanto. Supuse que ese era el caso. Orsted era la única conexión natural entre Nanahoshi y el rey de este castillo flotante. Tal parece que tenía razón.
“Aquellos con talento como tú en ocasiones sobreestiman sus habilidades. Ser capaz de herir al Dios Dragón sin duda alguna infló tu ego. Sin embargo, si eliges luchar contra mí, la muerte es lo único que te espera.”
En ese instante, sus familiares comenzaron a irradiar sed de sangre. Por favor, paren. No quiero pelear con ninguno de ustedes. Yo solo vine a preguntar por la enfermedad de Zenith y aprender un poco acerca de la magia de invocación.
Tal vez Perugius estaba bajo la impresión equivocada de que yo había luchado contra Orsted como un igual y así fue como lo herí. Aun así, él tenía a sus doce familiares aquí. Yo sabía más o menos cuáles eran sus habilidades, pero solo a partir de los libros. Eso no era lo mismo que verlos en acción en el campo de batalla. Además, los números siempre eran una gran ventaja en una pelea. Eso era lo que hacía tan aterradores a los zombis—eran débiles por sí solos, pero en grandes números, ellos podían abrumarte fácilmente. Si Arumanfi era un punto de referencia, todos ellos al menos eran tan capaces como Ghislaine. Eso sin mencionar las habilidades que el propio Perugius poseía—sin duda él también era fuerte. No había forma de que yo pudiera sobrevivir enfrentándolos a todos. Tampoco tenía la intención de hacerlo.
“Por supuesto, yo no tengo ninguna intención de tratar de oponerme a usted, Perugius-sama,” dije.
“Una decisión sabia. Me gusta la gente lista. Los idiotas solo ciegan a otros, mientras los inteligentes ayudan a los demás a crecer.”
En otras palabras, la gente lista eran aquellos que no se oponían a él. Yo ciertamente no me consideraba alguien del tipo inteligente, pero al menos era lo suficientemente listo como para no buscar una pelea con él.
“Perugius-sama,” intervino Nanahoshi. “Si me permite, um… su enorme reserva de poder mágico ha sido de gran ayuda en mi investigación. Él no es un enemigo. ¿Podría, por favor, tratarlo de una forma más amable?”
¡Sabía que podía contar con tu ayuda! Sí, tienes toda la razón. Yo no tengo interés de hacer enemigos. Vamos a tratarnos bien.
“Mm.” Perugius asintió. “Muy bien, entonces seré amable. Ya que ayudaste a Nanahoshi, ¿qué es lo que quieres a cambio? ¿Dinero? ¿O es poder lo que buscas?”
Su voz fue plana, como si ya estuviera aburrido de la conversación. Él al menos había accedido a tratarme como un invitado, pero ¿acaso las personas generalmente eran tan hostiles con alguien que acababan de conocer? Era especialmente extraño ya que yo estaba siendo muy respetuoso.
No importa. Bien podría hacerle la pregunta que había estado atormentando mi mente. “Si me permite… hay una cosa que me gustaría preguntarle.”
“¿Qué?”
“Es acerca de la enfermedad de mi madre.” Procedí a explicar los detalles de la condición de Zenith.
“Ya veo.” Él asintió luego de que terminé de hablar. “He escuchado que existen antiguos laberintos ahí afuera que toman personas como prisioneras. Esa persona se convierte en el corazón del laberinto, permitiendo que funcione. Ese poder mágico que fluye a través de ellas las transforma como resultado. Todas pierden sus recuerdos, sin excepción, y a cambio, sus cuerpos reciben un misterioso poder.”
“¿Un misterioso poder?” repetí, confundido.
“Creo que ustedes llaman a tales personas Niños Benditos o Niños Malditos.”
¿Entonces Zenith estaba sufriendo una maldición? ¿Una que le impediría volver a sonreír o llorar? “Pero ¿por qué estos laberintos usan personas?”
“No lo sé. Existe una teoría de que los demonios ancestrales crearon estos laberintos y sus criaturas en la búsqueda de crear un paraíso para sí mismos. El cristal mágico en el centro de esos laberintos supuestamente distribuye poder mágico a todos sus habitantes. De esa forma, ellos pueden sobrevivir sin volver a pasar hambre. No sería una sorpresa si estos laberintos tomaran prisioneros a los humanos para incrementar su eficiencia.”
¿Entonces los demonios ancestrales trataron de crear un paraíso donde ellos nunca sintieran hambre? Ahora que lo pienso, había muchos monstruos en el Laberinto de la Teletransportación. El lugar estaba prácticamente infestado de esos espeluznantes Diablos Devoradores. Me había preguntado de qué se estaban alimentando en esos túneles, pero esta explicación tenía sentido.
Pero esperen un segundo. Roxy dijo que ella se estaba quedando sin poder mágico en el laberinto. Así que, obviamente, no hace falta decir que alimenta de poder mágico a aquellos que lo habitan. ¿A menos que los monstruos tengan alguna forma de absorber poder mágico de un espacio vacío o algo así?
Bueno, nada de eso importaba ahora mismo. Zenith era mi prioridad. “¿Conoce alguna forma de sanar a mi madre?”
“Yo no conozco los detalles, sin embargo…” La voz de Perugius comenzó a detenerse mientras miraba hacia alguien detrás de mí. “Hay una mujer cuyo destino siguió un camino similar. Una que todavía está con vida al día de hoy. Si es información lo que buscas, ella debería ser la más informada al respecto.”
Seguí su mirada hacia la elfa en nuestro grupo con cabello rubio trenzado.
Elinalise bajó lentamente su cabeza.
“Elinalise Dragonroad, uno de mis compañeros te salvó de un laberinto hace 200 años.”
“Sí, eso es correcto,” dijo ella.
“Tú eres la mujer elfo que perdió sus recuerdos. Ya te había visto en el pasado. Ciertamente has crecido desde entonces. ¿Me has olvidado?”
“No, no lo he olvidado.” Ella apartó su vista de mí, con una expresión de incomodidad en su rostro.
¿Qué diablos estaba sucediendo? ¿Acaso esto significaba que Elinalise había pasado por lo mismo? ¿Alguien más la había rescatado de un laberinto hace 200 años? Esperen un minuto. Yo no sabía nada de esto.
“¿Por qué no se lo has dicho?” preguntó Perugius. “Ya que ustedes dos están aquí juntos, asumo que deben ser conocidos.”
“Sí, pero…”
“Tú lo experimentaste en carne propia. Sabes más al respecto que cualquier otro.”
Sus palabras silenciaron por un momento su protesta, pero ella se mantuvo firme la siguiente vez que habló. “Nunca recuperé mis recuerdos. No dije nada porque pensé que el caso de Zenith podría ser diferente.”
Su rostro se retorció del dolor, a pesar de la forma tan valiente que habló. Cliff gentilmente envolvió un brazo alrededor de su hombro. Yo estaba demasiado confundido para hablar. Seguro, en ese entonces creí que Elinalise había actuado un poco extraño, pero nunca soñé que tal cosa también le había sucedido a ella.
“Lo siento. Sentí que necesitaba decírtelo, pero últimamente has estado tan feliz que vacilé a la hora de hacerlo. Además, la maldición de Zenith no es un peligro para su vida. Pensé que tal vez ella era una Niña Bendita o que quizá se recuperaría y que no habría ningún efecto adverso.”
Ella siguió balbuceando excusas, y todo lo que pude hacer fue reunir la fuerza para decir, “Podemos discutir esto más adelante.”
“Entiendo.”
Yo ciertamente no tenía la intención de regañarla. Ella puede no haber compartido su pasado, pero dio bastantes consejos acerca de la condición de Zenith cuando estuvimos en el Continente Begaritt. En ese entonces, yo pensé que ella solo estaba compartiendo el conocimiento que había acumulado a través de los años, pero aparentemente, estaba hablando por experiencia propia.
Conociendo a Elinalise, ella probablemente tenía sus razones. Tal vez creía que Zenith podría ser diferente, que ella podría recuperar sus recuerdos. O quizá simplemente no quería abrir la herida después de la muerte de Paul. Estaba seguro de que ella lo había mantenido en secreto pensando en mí. Aun así, sí deseaba que hubiera dicho un poco más acerca de la maldición que Zenith podría tener.
“¿Hay algo más?” preguntó Perugius, desinteresado.
Yo sacudí mi cabeza. “No.”
La conversación solo duró unos minutos, pero me dejó exhausto, como si hubiéramos estado hablando por horas. Aún había más que quería preguntar—por ejemplo, acerca de la magia de invocación, la Guerra de Laplace o el Incidente de Desplazamiento, pero mi cerebro estaba repleto. No podría guardar más información incluso de haberlo querido.
“¿Qué hay del resto de ustedes? ¿Hay algo que deseen?”
Zanoba se puso de pie. “¿Me permitiría hacer una pregunta?”
“¿Y tú eres?”
“Me disculpo por no presentarme antes. Yo soy Zanoba Shirone, tercer príncipe del Reino de Shirone.”
“Un príncipe, ¿eh? ¿Y tú también deseas mi apoyo para poder apoderarte del trono de tu país?”
“No, tal cosa no tiene ningún valor para mí,” respondió Zanoba, sin perder un segundo. Él sacó una pequeña libreta de su bolsillo. Había un emblema dibujado en su superficie—uno que yo reconocía.
Esperen un minuto. Ese es el que vimos en mi sótano, en los planos dejados por el fabricante del autómata.
“Este emblema se parece al suyo y al de Maxwell-sama. Veo que hay otros emblemas sobre esa pared de ahí. ¿Sabe a quién pertenece?”
Seguí su mirada hacia la pared cubierta de numerosos emblemas. Varios de ellos se veían familiares. Uno de ellos era el mismo que había visto tallado en el monumento para los Siete Grandes Poderes. Otro pertenecía al Dios Dragón Orsted. Otro estaba tallado en un implemento mágico que ayudaba a mantener ocultas las ruinas de teletransportación. A juzgar por el encantamiento que habíamos usado para entrar, el emblema probablemente pertenecía al Emperador Dragón Sagrado Shirad. Aquel a su lado era el mismo emblema dibujado en la libreta de Zanoba.
“Claro que lo sé. Pertenece al Rey Dragón Maníaco, Caos.”
“¡Ooh!”
Ajá, así que eso fue lo que Zanoba vio en la puerta. Él debe haber visto el emblema de Maxwell y haberse dado cuenta de su parecido con aquel en los planos. Naturalmente, él asumió que debían estar conectados. ¡Increíble! ¡Estoy impresionado!
Zanoba dio un paso al frente, incapaz de apaciguar la euforia por este descubrimiento. “¿P-puedo preguntar dónde está este Rey Dragón Maníaco Caos ahora mismo?”
Perugius sacudió su cabeza. “Él está muerto. Murió hace algunas décadas, y desconozco si tiene un sucesor.”
La libreta se deslizó entre los dedos de Zanoba, aterrizando en el suelo. Sus hombros se desplomaron. “Y-ya veo…” En un instante, su rostro pareció haber envejecido cinco años. Eso era increíble, ya que Zanoba ya se veía mucho más viejo de lo que era en realidad.
Perugius se inclinó hacia el frente en su asiento. “Por cierto, ¿dónde encontraste ese emblema?”
Zanoba siguió viéndose deprimido mientras respondía, “Ah, encontré esto en la casa de mi maestro—en una mansión en ruinas en la Ciudad Mágica de Sharia. Estaba dibujado en los planos de una muñeca autómata.”
“Mm. Una muñeca autómata, ¿eh?” Perugius asintió para sí mismo. “¿Y cómo era la muñeca? ¿Increíble?”
“¡Ah, sí, más de lo que las palabras pueden expresar! Los detalles de la fabricación eran completamente fascinantes. ¡Podías notar solo al mirarla lo inmenso que era el amor del creador por las muñecas! ¡Yo comparto el mismo afecto, así que pude sentir en carne propia las profundidades de su adoración!”
Una sonrisa atravesó el rostro de Perugius, llegando incluso hasta sus ojos. “Tal parece que tienes un gran aprecio por el arte. Eso me complace. Tengo un gran número de creaciones de Caos en mi habitación de tesoros. Te las mostraré más tarde.”
Su voz fue tan gentil que no pude creer que este era el mismo hombre que había hablado tan hostilmente conmigo hace solo minutos. ¿Por qué Zanoba estaba recibiendo un trato especial? Aunque no era como si me importara mucho.
“¡Sería un honor para mí!” El rostro de Zanoba se iluminó mientras se hundía en el suelo, postrándose. Evidentemente, él estaba tan feliz como Perugius. Mejor aún, él se había ganado el favoritismo del Rey Dragón. Lo envidiaba por eso. Yo quería hacer lo mismo.
“¿Hay algo más?” preguntó Perugius.
Sylphie levantó su mano. “Sí, yo tengo algo—quiero decir, si no le molesta, hay algo que me gustaría preguntar.” Ella hizo una reverencia que evidenciaba su nerviosismo.
“¿Y tú eres?”
“Sylphie Greyrat, esposa de Rudeus Greyrat y un guardaespaldas de la Princesa Ariel.”
Sylvaril se inclinó hacia el frente, susurrando algo en el oído de Perugius. El hombre gruñó, con su expresión amargándose. “Entonces fueron ustedes dos…” murmuró él.
¿Sylphie y yo? ¿Acaso nosotros dos habíamos hecho algo para hacerlo enfadar? Sylphie sí tenía una reserva de poder mágico bastante grande, pero no era tan enorme como la mía. ¿Acaso le molestaba que ella hubiera tenido el cabello verde en el pasado?
“Antes de responder tu pregunta, quiero que primero me respondas algo. ¿Ustedes dos tienen un hijo?”
Su pregunta salió tan de la nada que Sylphie vaciló por un momento, confundida. Ella lentamente sacudió su cabeza. “¿Eh? No, pero tengo una hija.”
“Muy bien. Si alguna vez das a luz a un niño, tráelo ante mí. Le daré un nombre por ti.”
“Eh, um, entendido…”
Él dejó salir una delgada y espeluznante sonrisa.
Bueno, eso es un tanto perturbador. ¿Acaso él estaba insinuando que habría algún problema con nuestro hijo si teníamos un niño? ¿O acaso buscaba darle a nuestro hijo un nombre súper vergonzoso? Después de todo, este era el hombre que le había puesto a su castillo Martillo del Caos.
“Ahora bien.” Perugius aclaró su garganta. “¿Cuál es tu pregunta?”
“Me gustaría preguntarle acerca del Incidente de Desplazamiento. ¿De casualidad sabe quién lo causó?”
Eso era algo en lo que yo no había pensado últimamente. El Incidente de Desplazamiento fue lo que teletransportó a Nanahoshi hasta aquí desde Japón. Tenía sentido que una magia tan poderosa como para sacar a alguien de su dimensión tuviera alguna clase de efecto secundario. En mi caso, yo reencarné aquí de casualidad, pero tal vez las leyes de la física o la magia eran diferentes cuando alguien venía aquí con su cuerpo original. Por supuesto, lo opuesto también podría ser cierto. Tal vez alguien estaba tratando de lograr algo más, y el efecto secundario de su magia de causalidad invocó a Nanahoshi. Lo cual quería decir que todo solo fue un accidente.
“No he confirmado nada aún. En ese entonces, sospeché que era obra de alguien conectado a Laplace, pero…” Él miró hacia Nanahoshi antes de continuar. “Incluso yo no soy capaz de invocar a alguien como ella, y si yo no soy capaz, nadie en este mundo lo es.”
“¿Lo cual significa?”
“Esa calamidad no fue obra del hombre. Fue un accidente.”
Eso pensé. Era posible que alguien más capaz en la magia de invocación que Perugius fuera el responsable, como Orsted. Aunque sería grosero sospechar de un culpable detrás de esto cuando Perugius ya había declarado tajantemente que no había uno. Simplemente me guardaré eso. No siento la necesidad de hacer enojar a este sujeto más de lo que ya lo había hecho.
“Ah, entiendo. Muchas gracias.” Mientras yo estaba considerando las diferentes posibilidades en mi cabeza, Sylphie bajó sus ojos y terminó la conversación.
“¿Alguien más?” preguntó una vez más Perugius. Esta vez, nadie respondió. Elinalise mantuvo sus ojos pegados al suelo, y Cliff estaba demasiado nervioso para incluso moverse. En cuanto a los demás, Ariel ya había actuado, y Luke todavía estaba arrodillado en silencio.
“En ese caso, disfruten su estadía en mi grandiosa fortaleza.” Él asintió de forma exagerada, y nuestra audiencia con él terminó.
Sylvaril nos guio hacia el área de invitados, donde casi veinte habitaciones idénticas yacían vacías. Dentro había muebles de madera oscura, camas de plumas, y espejos enormes claros como el cristal. Cada habitación estaba equipada con una vitrina repleta con lo que asumía era alcohol. La única cosa que difería entre ellas eran las pinturas en cada una. Las comodidades eran mucho más lujosas que en un hotel de negocios normal. Para hacer una comparación con mi vida anterior, era como una suite real en el Empire Hotel. Aunque no era como si tuviera alguna experiencia quedándome en una suite o el Empire Hotel, claro está.
“¿Ustedes doce tienen a cargo un castillo así de inmenso?” comentó Ariel.
Esa fue una muy buena pregunta. Apenas había una mota de polvo en las esquinas de las habitaciones. Se veían como si nunca antes alguien las hubiera usado. No lo llamaría exactamente espeluznante, pero tenía un aire de soledad, como comprar un mando extra para tu consola incluso aunque no tenías amigos con quienes jugar. Aunque Perugius había insinuado que ellos ocasionalmente recibían visitantes.
Después de escoger nuestras habitaciones, nos separamos para hacer lo que quisiéramos. Zanoba y Ariel partieron a ver más del castillo. Por supuesto, Luke y Sylphie los acompañaron en su travesía.
En cuanto a mí, yo me quedé en mi habitación. Estaba exhausto. Nuestra audiencia había durado poco más de una hora, pero fue como si hubiese guardado un día completo de conversaciones en mi cabeza. Parte de mí quería ver más de la fortaleza, pero por ahora, descansaría.
Me desplomé sobre la cama. “Ahh, es tan suave.” De hecho, tan suave que sentía que iba a pasar a través de ella, llegando directamente al suelo. Me pregunto si podíamos llevarnos una de estas camas…
No. Por ahora dejemos de lado las camas. Yo estaba sorprendido por los emblemas que vi. Un montón de nombres impresionantes que no reconocía aparecieron en nuestra conversación, tales como el Rey Dragón Abismal y el Rey Dragón Maníaco. Si recordaba correctamente, ellos eran parte de los Cinco Generales Dragón. En la era mitológica, ellos se enfrentaron contra el Dios Dragón y todos perdieron la vida. Pero de seguro no eran las mismas personas que en los mitos. Los que aparecían en la historia probablemente eran de muchas generaciones antes que las personas nombradas en nuestra conversación.
De esos cinco, tres habían sido mencionados hoy: Rey Dragón Acorazado Perugius, Rey Dragón Abismal Maxwell, y Rey Dragón Maníaco Caos. También estaba el que cuyo nombre había escuchado en el encantamiento para las ruinas de teletransportación, el Emperador Dragón Sagrado Shirad. Esos eran cuatro. Supuestamente había un Emperador Dragón y cuatro Reyes Dragón, lo cual quería decir que faltaba un Rey Dragón. Ahora que lo pienso, solo vi cuatro emblemas que se parecían al del Dios Dragón en esa pared. ¿Tal vez el último de su grupo estaba en malos términos con Perugius?
En cualquier caso, yo estaba más sorprendido por la conexión con la muñeca. Sabía que había visto el emblema en esos planos en alguna parte, pero pensar que pertenecía a uno de los reyes dragón… yo no sabía nada del lenguaje en esas notas, pero tal vez podíamos pedirle a Perugius que lo descifre para nosotros. Eso nos daría un increíble empujón. Tal vez sí debería pedírselo.
O no. Él no me tenía en tan alta estima. De hecho, parecía estar en alerta. Mejor le pediré a Zanoba que le hablé al respecto. Ellos dos parecen tener el mismo aprecio por el arte.
Esperen un momento. Si ese emblema pertenecía al Rey Dragón Maníaco, eso quería decir que él en algún momento había vivido en mi casa. De todas las personas, un Rey Dragón se había encerrado en mi sótano para jugar con muñecas. Debe haber tenido un tornillo suelto. La forma en que operaba la muñeca era bastante loca. Bueno, dado que Caos y Zanoba parecían estar en la misma longitud de onda, el título maníaco tenía mucho sentido. Él debe haber amado mucho las muñecas.
Dejando eso de lado, yo estaba esperando aprender magia de invocación de Perugius, pero a este paso, no parecía muy probable. Él era demasiado hostil hacia mí. Si le pedía enseñarme, él podría decir, “¿Qué? ¿Planeas invocar a Laplace con todo ese poder mágico que tienes?”
Hmm. Me pregunto si tal cosa era posible.
Perugius dijo que era imposible invocar a alguien cuyo poder mágico fuera más grande que el tuyo. Ya que el mío estaba a la par con el de Laplace, ¿eso quería decir que yo de hecho podía invocarlo? ¿Podía montar un siniestro altar bajo tierra y traer de regreso a la vida al Dios Demonio? Por supuesto, yo no haría algo así, pero podía entender su animosidad hacia mí si eso fuera cierto.
“Bueno, pudo haber salido peor.” A pesar de que Perugius me odiaba, él no me había echado de su castillo o tratado de comenzar una pelea conmigo. Por el momento, podía respirar tranquilo. No salió a la perfección, pero al menos salió bien.
Y así, mi primer día en la fortaleza flotante llegó a su fin mientras reflexionaba silenciosamente.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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