Norn Greyrat
Capítulo 5: Norn Greyrat
No estaba segura de cuándo comencé a tenerle miedo a mi hermano. Pero no fue de esa forma desde el comienzo.
La primera vez que vi a Rudeus fue el día en que él golpeó a mi papá en la cara.
Yo amaba a mi papá. Él tenía grandes falencias, pero sabía que se preocupaba profundamente por mí, y que siempre me ponía como su prioridad. Más importante, yo tenía menos de cinco años en ese entonces. La mayoría de los niños aman a sus padres incondicionalmente a esa edad.
Yo adoraba a mi papá. Y Rudeus apareció de la nada y comenzó a golpearlo.
En ese entonces, no entendí la conversación que llevó a eso. En este momento, años después de lo ocurrido, puedo reconocer que mi papá en realidad provocó la pelea. Rudeus acababa de completar un largo y difícil viaje a través de un territorio peligroso, y papá se burló de él despiadadamente. Pero, en ese entonces, todo lo que yo vi fue a mi hermano sobre mi papá, golpeándolo repetidamente. Y todo lo que podía pensar era Él va a matarlo. Era lo único que me importaba en ese momento.
Naturalmente, no estaba dispuesta a aceptar que un monstruo como ese fuera parte de mi familia.
No estaba asustada de Rudeus en ese entonces. Solo lo odiaba.
Seguí odiándolo por mucho tiempo después de eso. No ayudó que todos sintieran la necesidad de adularlo. No era solo mi padre—cuando más adelante conocí a mi hermana y a la sirvienta de la familia, ellas también me hablaron de él en un tono de fantasía. Pero mientras más lo adulaban, más testarudo se volvía mi odio por él.
Odiaba a mi hermana casi tanto como odiaba a Rudeus. En la escuela a la que fuimos juntas, Aisha insistía en competir constantemente conmigo. Ella me retaba en la sala de clases y en el campo que solíamos ejercitarnos, y siempre me vencía sin dejar dudas. Ella me restregaba en la nariz mis fracasos.
Con ella cerca, pasé cada día sintiéndome como una perdedora. No creía que alguna vez pudiera ser su amiga.
Mi abuela estaba al tanto de todo esto, y no le agradaba en lo absoluto. Ella no hacía más que despreciar a Aisha, a quien llamaba ilegítima. Pero ella también tenía grandes esperanzas puestas en mí… o al menos grandes expectativas. Ella dijo que yo era una dama de la familia Latria. Aparentemente, eso quería decir que al menos necesitaba ser competente.
Fui forzada a asistir a clases de etiqueta y lecciones para prepararme para ceremonias específicas. Nada de ello se sentía natural para mí; me equivocaba repetidamente y era regañada todos los días. Cada vez que quedaba en vergüenza, mi abuela murmuraría, “Supongo que ese asunto de ser aventurero debe contaminar la sangre, como también el espíritu.”
Sabía que ella estaba insultando tanto a mi mamá como a mi papá con esas palabras. Mi papá se esforzaba mucho por mí, y eso era todo lo que ella le reconocía. No tomó mucho tiempo para que también comenzara a odiarla a ella.
Y, por lo tanto, cuando la maestra de mi hermano apareció y nos dijo dónde estaba mi madre, decidí seguir a mi papá en su viaje en vez de quedarme con mi abuela.
Papá no estaba a gusto con eso. Él creía que lo más seguro para mí sería quedarme atrás. Mi madre provenía de la aristocracia de Millis, y mi padre de una familia noble de Asura. Yo tenía un buen linaje, al menos en esos términos. Debido a eso, mi abuelo estaba dispuesto a aceptarme en su casa de forma permanente.
Pero yo odiaba esa idea, así que le rogué a mi papá que me llevara con él. Lloré y supliqué. Y eventualmente, aceptó que fuera con ellos.
Aun así… al final, mi papá me envió a vivir con Rudeus.
Él dijo que las cosas serían demasiado peligrosas de ahora en adelante. Dijo que Rudeus estaba viviendo en el norte, así que yo debería ir a quedarme ahí y esperarlo. Él dijo que iría conmigo una vez que encontrara a mi mamá.
Lloré. Pataleé. Le rogué que me llevara con él. Lo último que quería ahora era ser separada de él, después de todo lo que habíamos recorrido juntos. Si Ruijerd no hubiese aparecido cuando lo hizo, eventualmente pude haber convencido a mi papá. Y entonces probablemente me habría enfermado o lesionado en ese duro viaje a través del Continente Begaritt. Probablemente le habría causado todo tipo de problemas.
Gracias a Ruijerd, las cosas no llegaron a eso.
Lo recordaba como si fuera ayer. En el día que conocí a mi hermano, Ruijerd se había estirado y me había atrapado cuando me tropecé en la calle. Él había acariciado mi cabeza y dado una manzana. En ese entonces no sabía su nombre. En algún punto, había descubierto que él era el guardaespaldas de mi hermano, pero nunca tuve la oportunidad de preguntarle su nombre.
Él fue igual de amable la segunda vez que nos vimos. Me acarició la cabeza una vez más y gentilmente me persuadió de hacer lo correcto.
Y así terminé dirigiéndome al norte hacia el nuevo hogar de mi hermano.
Aisha estuvo llena de energía y entusiasmo desde el momento que nos pusimos en marcha. Ella dejó su acto de niña buena que ponía cerca de Papá y Lilia, comenzó a actuar como la líder de la expedición, y salió con toda clase de planes descabellados.
Pensé que ella estaba siendo estúpida. Parecía ridículo que ella tratara de tomar el mando cuando teníamos a dos adultos viajando con nosotros. Pero, por alguna razón, Ruijerd y Ginger la tomaron en serio e incluso estuvieron de acuerdo con la mayor parte de sus ideas.
No lo encontraba para nada justo. Sus opiniones siempre parecían tener un gran peso. Cualquier cosa que yo decía básicamente era ignorada.
La razón principal por la que podía lidiar con eso era Ruijerd. Él al menos era considerado con mis sentimientos. Siempre tenía tiempo para confortarme y escuchar mis quejas.
Pero incluso él pasaba mucho tiempo alabando a mi hermano.
Él llamaba a Rudeus un hombre extraordinario. Me dijo lo mucho que esperaba volver a verlo. Incluso sonreía suavemente cuando hablaba acerca de él, y Ruijerd casi nunca sonreía. El Rudeus que yo conocía y el Rudeus del que Ruijerd hablaba parecían personas completamente diferentes.
Tal vez en ese momento fue que empecé a temerle a mi hermano.
Rudeus era un mago poderoso. Él merecía ese respeto. Todos lo decían. Pero el Rudeus que yo conocía era un hombre que había arrojado a mi papá al suelo y lo había golpeado. Él era una persona violenta. Si yo lo hacía enojar, no había garantías de que no me golpearía de la misma forma que golpeó a mi papá.
Tenía miedo de volver a verlo, y la idea de vivir con él por meses era aterradora. En ocasiones despertaría en medio de la noche, temblando. En ocasiones ni siquiera podía quedarme dormida. Al menos, Ruijerd siempre estaba ahí para consolarme. Él me pondría sobre su regazo, y miraríamos hacia las estrellas juntos mientras me contaba historias de su pasado. La mayoría de ellas eran tristes, pero, por alguna razón, siempre me ayudaban a quedarme dormida.
Cuando volví a ver a Rudeus por primera vez en años, él estaba ebrio y pegado a una mujer.
Aparentemente, ella era una amiga de la infancia suya de la Aldea Buena, y se habían casado recientemente. Yo ni siquiera la recordaba. Tenía un vago recuerdo de una niña mayor jugando con Aisha y Lilia, pero no la recordaba parecida a esta persona llamada Sylphie. Ella debe haber cambiado a lo largo de los años.
Rudeus claramente estaba disfrutando al máximo su vida aquí.
Eso me hizo enojar. Mi papá no había tenido el tiempo de estar con mujeres por muchos años. Él dijo que estaba poniendo eso en espera hasta encontrar a mi mamá. Ni siquiera había tocado a Lilia, y mucho menos a alguna de las otras mujeres en su vida.
Por otro lado, la prioridad número uno de mi hermano era su propia felicidad. Eso me hizo enojar.
Pero no pude encontrar el valor para decirlo. Le tenía miedo. Tenía miedo de que él comenzara a golpearme si lo hacía enojar.
¿Ruijerd me defendería si las cosas llegaban a eso? Era difícil saberlo. Él se veía muy feliz de volver a ver a Rudeus. Tal vez no estaría de mi lado. Tal vez diría que yo estaba siendo grosera o egoísta.
No pude decir nada esa primera noche. Y entonces, al día siguiente, Ruijerd se marchó. Había asumido que él se quedaría con nosotros por un tiempo. No quería que se fuera. Pero él se fue de todas formas.
Estaba aún más asustada que antes. Las únicas personas que quedaron en la casa fueron Rudeus, su esposa, y Aisha. Mi hermana menor estaba muy feliz de volver a estar junto a Rudeus. Sylphie se veía como una muy buena persona, pero ella no estaba de mi lado. No tenía a nadie de mi lado.
Estaba atrapada aquí hasta el regreso de mi papá. Tendría que vivir con miedo por muchos meses.
Rudeus probablemente sería bueno con Aisha, pero estricto conmigo. Él alabaría a mi hermana y me diría que debía esforzarme más.
Aisha siempre decía que era mi culpa que no pudiera hacer nada bien. Ella decía que no me esforzaba. Pero había cosas que yo no podía hacer, sin importar lo mucho que me esforzara. Incluso cuando quería mejorar, incluso cuando practicaba mucho, no podía compararme a ella. ¿Entonces que se supone que debía hacer?
Por ahora, todo lo que podía hacer era quedarme fuera del camino. Me escondí, esperando que nadie se enojara conmigo. Esperando que nadie me dijera lo inferior que era.
La ciudad afuera estaba cubierta de nieve. Tenía miedo de ser echada a una calle tan fría.
Rudeus decidió que yo comenzaría a asistir a la escuela.
Esta universidad sonaba muy diferente de la escuela a la que había asistido en Millishion. Me podía matricular como una estudiante de primer año, pero eso no quería decir que todos mis compañeros de clases tendrían mi edad. Había toda clase de personas estudiando ahí, y la mayoría de ellas eran mayores que yo.
Para ser honesta, no quería ir. Sabía que solo terminaría siendo comparada con Aisha una vez más. Pero, al final, mi hermana no tenía la intención de volver a una escuela. Al menos, esas eran buenas noticias para mí. Sin ella cerca, tal vez yo podría hacerlo un poco mejor.
Pero mi hermano le puso una condición a Aisha. Ella tenía que tomar el examen de ingreso a la universidad. Esta era una prueba que todos tenían que tomar antes de matricularse—lo cual quería decir que yo también la tomaría.
Eso me desanimó profundamente. No había forma de que yo pudiera aprobar un examen sin siquiera haber estudiado. Pero cuando le dije eso a Rudeus, él me dijo que podía simplemente comprarme un lugar en la Universidad. Fue algo tan insensible y grosero de su parte que me enojé mucho. Entonces Aisha se enojó conmigo por estar enojada, y se convirtió en una pelea.
“Ustedes dos, ya basta.”
El tono seco de mi hermano me hizo sudar frío.
Por un segundo pensé que me iba a golpear. Estuve tan asustada que lloré un poco.
¿Iba a tener que seguir viviendo así, temblando constantemente de miedo?
En el día del examen, Rudeus me contó acerca de los dormitorios. Aparentemente, la Universidad de Magia permitía a sus estudiantes vivir en grandes edificios dentro del campus, ayudándolos a ser más independientes. Sonaba como la solución perfecta a todos mis problemas.
No tenía dudas de que mi hermana pasaría el examen, lo cual quería decir que ella no tendría que ir a la escuela. Así que, si yo me mudaba a los dormitorios, ya no tendría que verla a ella ni a Rudeus. Nadie me compararía con alguien más. Simplemente podría ser yo misma y vivir mi propia vida.
Mientras más lo pensaba, más perfecto sonaba.
Algunos días después, recibimos los resultados del examen, y mi hermano me preguntó qué era lo que quería hacer ahora. Dubitativamente, admití que quería vivir en los dormitorios.
Estaba asustada de que él pudiera enojarse. Mi papá quería que me quedara con Rudeus, y él probablemente le había dicho a Rudeus en su carta que me mantuviera vigilada. Pensé que mi hermano podría enojarse conmigo. Tal vez incluso golpearme por ser tan egoísta.
Pero, para mi sorpresa, Rudeus accedió inmediatamente.
Fue Aisha la que se enojó. Ella pensaba que era injusto que yo obtuviera lo que quería. Hasta ahora, ella siempre había recibido un mejor trato que yo. Supongo que no le gustaba el hecho de que Rudeus la hubiera probado a ella y no a mí.
Aun así, ¿por qué mi hermano había accedido a mi solicitud? No lo sabía. No lo entendía en lo absoluto. Mirando hacia atrás, me di cuenta de que él no se había enojado conmigo para nada desde que llegué aquí, excepto por esa vez que peleé con Aisha.
… Tal vez él simplemente no estaba interesado en mí.
Quizá él creía que ocuparse de mí no era más que una molestia, y vio una oportunidad de oro para echarme. Incluso podría haber estado planeando dejarme en los dormitorios desde un principio.
En mi caso, eso sería conveniente. Pero, por alguna razón, la idea me hacía sentir un poco triste.
Todo acerca de vivir en los dormitorios era nuevo para mí. Era verdaderamente emocionante.
Por primera vez en mi vida, tenía una compañera de habitación. Iba a estar viviendo con una chica mayor llamada Marissa. Ella era un demonio.
Mi abuela siempre decía que los demonios eran criaturas malvadas—monstruos que solo debían ignorarse o asesinar. Si no hubiera conocido a Ruijerd, yo probablemente habría seguido creyendo eso. Pero había conocido a Ruijerd, así que me presenté educadamente con Marissa, y ella me dio una cálida bienvenida a cambio. Necesitaba mucha ayuda, ya que estaba comenzando a mitad de semestre, y Marissa estuvo realmente para mí. Ella me enseñó cómo funcionaban las comidas aquí, dónde estaban los baños, y las reglas del dormitorio.
Mientras ella me mostraba el lugar, una chica demonio de apariencia aterradora del escuadrón de autodefensa nos vio y se presentó conmigo. “Aquí todos somos una gran familia,” dijo ella, “así que tenemos que cuidarnos entre nosotras.”
Ella era un poco intimidante, pero Marissa me dijo que era una persona de buen corazón que se tomaba en serio sus responsabilidades.
En general, estaba esperando con ansias mi nueva vida aquí. Era molesto que tuviera que regresar a la casa de mi hermano una vez cada diez días, pero él no me había exigido nada más, así que no era un problema.
Y así comenzó mi nueva vida como una estudiante transferida.
Inmediatamente, me di cuenta de que las clases aquí son muy difíciles. Creo que era en parte porque los profesores explicaban todo de una manera muy diferente comparado a los de Millis. Podría haber sido diferente si yo hubiera estado en todas las lecciones desde el comienzo, pero había llegado a la mitad. Hubo un montón de lecciones que no pude seguir.
En Millis, teníamos muchas clases acerca de la religión, pero eso ni siquiera era un tema aquí. En cambio, teníamos lecciones prácticas acerca de la magia. Yo tampoco era muy buena en esas. Los profesores no se molestaban en explicar lo básico.
Todo era un poco desalentador. Pero si mis notas eran demasiado bajas, podría terminar siendo llevada de vuelta a la casa de mi hermano. Traté de estudiar en mi habitación, pero no fue de ayuda. Y entonces, justo cuando estaba llegando al final del camino, Marissa fue lo suficientemente amable para enseñarme. Con su paciente ayuda, yo finalmente logré aprender algunos de los conceptos que supuestamente debía estar aprendiendo en clases.
Aisha probablemente los habría entendido todos en un instante. En ocasiones me odiaba por ser tan estúpida.
El campus era muy grande, por lo que me perdía de forma regular.
Las lecciones prácticas de magia y entrenamiento físico eran particularmente malas. Efectuaban esas en un montón de salas diferentes que nunca podía recordar cómo encontrarlas. Cada vez que me perdía, tenía que pedirle a uno de los estudiantes mayores las direcciones o esperar hasta que alguien de mi clase viniera a buscarme.
En una ocasión, incluso me encontré con Rudeus mientras estaba perdida. Por alguna razón, él estaba caminando junto a la estudiante más importante de toda la escuela. Fue increíblemente vergonzoso.
Todos en la Universidad le tenían miedo a mi hermano.
Al parecer, él era el jefe de una pequeña pandilla de seis matones que iban por el lugar haciendo lo que querían. Dos de esas personas vivían en mi dormitorio. Ellas eran chicas altas de apariencia aterradora que caminaban por el lugar como si les perteneciera. Marissa me había advertido que no me entrometa en su camino de ser posible.
Los rumores decían que Rudeus había ordenado a esas dos recolectar un par de bragas de cada una de las chicas lindas de esta escuela.
¿Acaso la esposa de mi hermano sabía de eso? Probablemente no. No tenía idea de qué era lo que estaba planeando hacer con toda esa ropa interior, pero me hizo enojar mucho. Mi papá estaba arriesgando su vida para salvar a mi mamá, y mi hermano solo estaba jugando como un idiota. Mi opinión de él se estaba hundiendo todavía más.
Pero a pesar de sus extrañas acciones, la reputación de mi hermano era extrañamente positiva. Las personas decían que él nunca se metía con los estudiantes normales. A pesar de hacer lo que quería, él no lastimaba a nadie ni se burlaba de ellos. De hecho, él les dijo a todos los acosadores que no se metieran con nadie más débil que ellos. Uno de los chicos más aterradores de mi clase incluso presumió acerca de haber hablado con Rudeus una vez.
Rudeus era mejor en la magia que cualquier otro en la Universidad, y aparentemente, también era un buen profesor. Las personas decían que él le estaba enseñando magia a una niña incluso más joven que yo.
Mis compañeros de clases, mis profesores, e incluso Marissa me decían que debería tratar de seguir sus pasos. Ellos querían que yo fuera como él… Que fuera como… el hermano al que le temía, odiaba, y no entendía en lo absoluto.
Yo no quería ser como él.
Pero más importante que nada, dolía saber que no podía comprarme a él. Rudeus era mejor que yo en todo, tal como Aisha.
Sin importar lo mucho que me esforzara, nunca sería competencia para él.
Yo odiaba a Rudeus. Creía que él era una persona horrible.
Pero la realidad era que yo ni siquiera podía empezar a competir con él.
Un día, regresé a mi habitación y me desplomé en mi cama.
Una gran corriente de emociones había estado creciendo en mi interior ya por semanas. Amargura, tristeza, autodesprecio, ira, y quien sabe qué más.
Ya no podía contenerlas. No pude evitar romperme.
Marissa regresó a la habitación un poco más tarde. Ella me vio llorando sobre mi almohada y gentilmente me preguntó cuál era el problema, pero yo solo dije, “No es nada,” y cubrí mi cabeza con mi manta.
¿Qué se suponía que hiciera ahora?
¿Estaba equivocada acerca de Rudeus? ¿O lo estaban todos los demás?
… Probablemente era yo. Él probablemente no era tan mala persona como yo creía.
Yo era muy joven el día que vi a Rudeus golpear a mi papá. Después de lo ocurrido, mi papá trató de explicarme que él había pasado por mucho, y que yo nunca podría entender lo que eso quería decir. Pero ahora, después de todo este tiempo, finalmente tenía algo de sentido para mí. Después de todo, yo estaba pasando por mucho en este momento.
Si me esforzaba, daba vuelta las cosas, y lograba animarme, sería horrible que alguien dijera, “Vaya, mírate. Debe ser genial tener una vida tan fácil.” De hecho, probablemente querría golpear a esa persona. Incluso si era mi propio padre.
En lo profundo, Rudeus y yo probablemente éramos parecidos. Después de todo, él no era un monstruo inhumano.
Pero, dicho eso… ¿cómo iba a ir a hablar las cosas con él ahora? ¿Qué querría de mí? ¿Cómo había logrado él hacer las paces con Papá?
Comencé a pensarlo, y lo pensé un poco más. Nada se me vino a la mente, pero eventualmente mi barriga comenzó a doler. Mi estómago se retorció dolorosamente, y comencé a sentir náuseas. Después de eso, me hundí más dentro de mi cama y no me moví.
No podía hacer nada. Ni siquiera tenía el valor para estar de pie frente a mi hermano.
En momentos como este, Papá siempre estaba ahí para mí. Cuando algo malo ocurría y yo me ocultaba en mi cama, él vendría y acariciaría gentilmente mi espalda por un tiempo. Y después de que nos separamos, Ruijerd tomó su lugar. Él me pondría sobre su regazo, acariciaría mi cabeza y me contaría historias.
Aquí no tenía a nadie así. Marissa era buena conmigo, pero ella no estaba de mi lado. Todo lo que ella podía sugerir era que debía hablar con mi hermano, o que tratara de regresar a clases.
Ya sabía todo eso. El problema era que mi cuerpo no quería moverse.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que me puse en posición fetal en mi cama?
Seguía pensando en círculos durante lo que se sentían como horas, y después me quedaba dormida del cansancio. Había repetido ese ciclo un par de veces, así que ya deben haber pasado un par de días.
Yo estaba sentada en el borde de mi cama. Y, por alguna razón, Rudeus estaba justo frente a mí. Él estaba sentado derecho en una silla y mirando hacia mí.
“Norn, yo—”
“Um, Rudeus—”
Se sentía como si fuera la primera vez que había dicho el nombre de mi hermano en voz alta.
Ambos habíamos roto el silencio exactamente al mismo tiempo. Aparentemente, yo no estaba alucinando. ¿Cómo había entrado al dormitorio de mujeres?
Estaba tan confundida que no sabía qué decir. Mi hermano también estaba en silencio. Por un tiempo, solo nos miramos el uno al otro.
Esta tenía que ser la primera vez que había mirado tan detenidamente el rostro de Rudeus. Él se veía un poco ansioso. Sus rasgos me recordaban un poco a mi papá, lo cual era algo tranquilizador. Pero por supuesto que se parecían.
“Lo siento, Norn. No ha sido fácil para ti la vida aquí, ¿no?” dijo Rudeus, con una voz vacilante. “Supongo que… ni siquiera te entiendo tan bien… Sé que esto debe ser difícil para ti, pero no estoy seguro de qué hacer.”
¿Era solo mi idea o él estaba realmente nervioso? Eso también me recordaba a mi papá.
“…”
Mi hermano volvió a quedarse en silencio. Él solo se quedó ahí sentado, sin mover ni un músculo.
Él me estaba observando con una mirada ansiosa, pero no se paró de esa silla. Mi papá probablemente habría envuelto sus brazos a mi alrededor para este momento, y Ruijerd me habría acariciado la cabeza. Pero mi hermano ni siquiera se acercaba a mí.
“Ah.”
Repentinamente, entendí la razón.
Él no podía acercarse a mí. Él estaba demasiado asustado de que yo pudiera rechazarlo.
En el instante en que esa idea pasó por mi mente, sentí que todas mis emociones negativas comenzaban a desaparecer. Ya no odiaba a Rudeus. Tampoco lo encontraba aterrador. Él era muy parecido a mi papá.
Él nunca iba a golpearme, sin importar lo que ocurriera. Y probablemente tampoco iba a volver a golpear a mi papá.
“Uhhh…”
Necesitaba perdonarlo.
“¡Mmughh!”
Ahora había lágrimas bajando a través de mis mejillas. Mi garganta estaba temblando.
Después de un momento, comencé a llorar.
“¡Lo siento, Rudeus! Lo siento…”
Lentamente, y con cuidado, mi hermano se puso de pie y se sentó junto a mí. Él gentilmente puso su mano sobre mi cabeza, y entonces me abrazó contra su pecho. Su mano era cálida, y su pecho firme.
Además, olía un poco como mi papá.
Pasé el resto de la noche llorando en sus brazos.
Rudeus
Al final, no hice prácticamente nada.
Norn no me dijo lo que le estaba pasando. Ella nunca me dijo por qué estaba molesta, o lo que había estado sintiendo. Ella solo lloró por un largo tiempo.
Y entonces, cuando finalmente terminó, ella miró hacia arriba y murmuró, “Ahora estaré bien.”
Pero, por alguna razón, Norn realmente se veía así por primera vez. Ella incluso logró mirarme directamente a los ojos.
Me sentí enormemente aliviado. Algo me dijo que ella iba a estar bien de ahora en adelante.
Y así, dejé el resto en manos de Sylphie y salí de la habitación de mi hermana.
Norn se volvió notablemente más animada después de ese incidente.
Los cambios no fueron exactamente dramáticos. Ella solo comenzó a saludarme cuando nos encontrábamos en el pasillo. Todavía no hablábamos mucho, y no se pegaba a mi como su hermana. Ella probablemente todavía estaba siendo comparada conmigo en sus clases, pero supongo que ya no le molestaba tanto como antes.
Yo todavía no entendía qué era lo que ella estaba sintiendo. Yo no había hecho nada significativo. Me hacía sentir un poco patético. Sabía cómo se sentía ser mirado con desprecio, y sabía cómo se sentía encerrarte en tu habitación. Pero yo todavía había fallado en decir algo de utilidad.
Al final del día, supongo que Norn lo había superado por su cuenta. Ella había procesado sus sentimientos y sacado ese obstáculo de su camino.
Ese probablemente era un logro realmente impresionante.
Paul y Aisha parecían pensar que Norn solo era una niña torpe y tímida sin ningún talento especial. Pero yo ahora tenía una opinión muy diferente de ella. Norn había logrado salir de un agujero en el que yo había pasado una vida completa atrapado.
Si yo hubiera sido la mitad de fuerte que ella, tal vez mi primera vida no habría sido tan miserable. Tal vez no habría terminado siendo golpeado en la cara por mi hermano de buen corazón.
Por supuesto, era imposible saberlo con seguridad. Mi situación había sido diferente a la de Norn. Incluso si hubiera puesto en orden mis sentimientos, podría nunca haber salido de mi habitación. Tal vez necesitaba renacer y conocer a Roxy para ser capaz de lograr eso.
De cualquier forma, yo no podía cambiar el pasado. Las relaciones que había destruido nunca podrían ser reparadas. Y nunca sabría con certeza lo que había estado atravesando la mente de mi hermano en ese entonces.
Aun así, de alguna forma sentía… que algo que había estado atrapado entre mis dientes por mucho tiempo acababa de encontrar su camino hacia la libertad. Si algún día Nanahoshi lograba regresar a nuestro antiguo mundo, tendría que pedirle que le lleve un mensaje a mi hermano.
“Gracias por tratar de ayudarme en ese entonces. Y lo siento.”
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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