El Niñero Definitivo
Capítulo Extra: El Niñero Definitivo
Aproximadamente un año antes de que Rudeus recibiera la carta de su padre.
El grupo de Paul había llegado al Puerto del Este, con Roxy y Talhand acompañándolos. Ellos ya habían descubierto que Zenith estaba en la Ciudad Laberinto de Rapan en el Continente Begaritt. Habrían tomado un barco desde el Puerto del Este para llegar ahí, pero había un peso dentro de la mente de Paul: sus hijas, Norn y Aisha. En el Continente Begaritt había bestias por montones, y se decía que era una tierra tan peligrosa como el Continente Demoniaco.
Paul fue un aventurero. Si bien había pasado un fugaz periodo como un borracho, él había seguido entrenando incluso después de su retiro. Agreguen a la mezcla aventureros experimentados como Talhand y Roxy, y no tendrían problemas para atravesar el Continente Begaritt—si solo fueran él y los otros adultos. Llevar a dos niñas sería un asunto completamente diferente.
Por lo tanto, Paul escogió enviar a las dos niñas con Rudeus. Esto tenía sus propios peligros, pero determinó que era preferible a arrastrarlas a un continente infestado de monstruos.
Cuatro mujeres ocupaban una mesa en el comedor de una posada: Lilia, Norn, Aisha y Roxy. Una de ellas era una adulta, mientras dos eran niñas. La última de su grupo se veía como una niña, pero en realidad era toda una adulta.
“No quiero.” Una de ellas, Norn, se estaba quejando. Ella movía la comida sobre su plato con un tenedor, pero se rehusaba a llevarla a su boca. “Yo voy con Padre.”
La razón para este agudo ambiente era evidente. Durante el desayuno, su padre había anunciado, “Aisha y Norn irán a vivir con Rudeus.” Norn había sido incapaz de ocultar su descontento desde entonces, e incluso mientras comían su almuerzo, sus mejillas estaban haciendo un puchero.
“Te lo diré una vez más, solo estarás en el camino de Padre si vas con él.”
“No, no será así.”
Aisha era quien la estaba enfrentando. A diferencia de Norn, Aisha había levantado su puño en celebración cuando escuchó que se quedarían con Rudeus, y esa también era la razón de que no pudiera soportar las quejas infantiles de Norn. Como resultado, ella había estado criticando sin descanso a Norn mientras trataba de hacerse sonar a sí misma razonable y convincente.
Aisha no tenía problemas con hacer demandas egoístas, pero si su hermana quería que esas mismas demandas fueran cumplidas, tendría que hacerlo de forma más inteligente. Ella tenía que hacerlo de una forma en que aquellos a su alrededor creyeran que habían ganado. En cambio, ella se irritaba viendo a Norn quejándose sin sentido repitiendo la misma frase una y otra vez. “No quiero.” Era patético.
“Solo no quieres ir a quedarte con nuestro hermano mayor, ¿cierto? Lo estás tratando como una persona horrible solo porque tuvo una pequeña pelea con nuestro padre hace mucho tiempo. Incluso nuestro propio Padre admitió que estaba equivocado.”
“¡Eso no es cierto!” Norn estalló repentinamente. En su mente no había dudas de que la pelea entre Rudeus y Paul había sido culpa de Rudeus. Norn no aceptaría nada más.
“Siempre eres así. Tan pronto como las cosas no van como quieres, comienzas a hacer pucheros y quejarte. Esperas a que todos los demás a tu alrededor se den por vencidos, y si alguien dice algo que no te gusta, le gritas. Qué estupidez.”
Norn apretó sus dientes. Ella no podía hacer nada más que mirar hacia su hermana menor con lágrimas brotando de sus ojos.
Sin embargo, no era solo Norn la que estaba mirando hacia Aisha. También la mujer adulta a su lado. “Aisha, ¿cómo te atreves a hablar de esa forma? ¡Discúlpate inmediatamente!”
La mujer en cuestión era Lilia, actualmente a cargo de vigilar a las dos niñas mientras Paul buscaba un barco y un guía confiable. Estas discusiones de hermanas eran una ocurrencia diaria. Paul más o menos se había dado por vencido acerca de intervenir, viéndose exasperado mientras reconocía, “Bueno, ellas son hermanas, así que van a discutir.” Pero él todavía intervenía para regañar a Aisha cuando ella comenzaba a decir demasiadas palabras hirientes.
Roxy estaba sentada a su lado, viéndose un poco incómoda por el intercambio. En el pasado, ella había trabajado como una tutora particular para la familia Greyrat. Roxy además conocía bien a Lilia, pero eso no convertía a este en un lugar agradable.
“Sí, señora. Lo siento mucho, Norn-sama, por dejarme llevar con mis palabras.”
Aisha se veía completamente despreocupada mientras recitaba su disculpa. Sus palabras fueron educadas, como también su tono, pero fue una disculpa solo en nombre. Incluso Lilia entendía que Aisha no había reflexionado sobre sus acciones en lo absoluto. Si lo hubiera hecho, entonces ella no le hablaría así a Norn cada vez que puede.
Lilia quería decirle a su hija que ella debía respetar más a la hija de la esposa legítima de Paul, pero no era capaz de expresar sus sentimientos en palabras. Pero esa no era la única razón de que Lilia se contuviera de presionar aún más a Aisha. Esta vez, su hija estaba en lo correcto.
“Norn-sama, el Continente Begaritt es una tierra increíblemente peligrosa,” dijo Lilia. “Por supuesto, el maestro actuará de forma cautelosa y hará lo que sea necesario para garantizar su seguridad. Sin embargo, los errores suceden. Si usted termina lastimada como resultado, estoy segura de que le causaría gran dolor a su padre.”
Incluso Norn entendía que eso quería decir que estaría en el camino. Pero eso no le importaba. En cuanto a ella, estar con su padre era el lugar más seguro del mundo. Nadie más la protegería. Ella no podía alejarse de su lado. “No quiero.”
“Norn-sama. No diga eso. Por favor, trate de entender.”
“¡Dije que no quiero! ¡Quiero ir con él hacia donde está mi madre!” Ella golpeó la mesa con ambas manos y se puso de pie. Su plato se había caído y quebrado, esparciendo su comida intacta a través del suelo de madera. “¡Tú también irás con él, Lilia-san! ¡Eso no es justo!”
“¡Norn-sama! Ya fue suficiente. ¡Sea razonable!” La voz de Lilia se hizo más fuerte. Ella conocía su lugar en la relación maestro-sirviente, y se preocupaba de corazón por Norn, pero también sabía cuándo debía disciplinarla.
Norn tembló, pero pronto comenzó a mirar intensamente hacia la mujer, apretando sus puños y gritando, “¡Ya tuve suficiente!” Ella pateó su silla y salió corriendo del comedor.
“¡Ah, Norn-sama! ¡Por favor, espere!” Lilia persiguió a la niña mientras ella desaparecía en el exterior. Roxy también salió en su búsqueda, pero era demasiado tarde. Para el momento que ellas salieron de la posada, la pequeña Norn ya había desaparecido dentro de la multitud.
“Hmph.” Dejada atrás, Aisha solo resopló de la molestia.
Norn corrió a través de la ondulante masa de personas, con sus ojos llenos de lágrimas amenazando con derramarse en cualquier momento. Ella estaba frustrada, irritada, y se sentía patética. Esta no era la primera vez que las cosas no habían salido como quería. Era lo opuesto: Las cosas raramente salían como quería.
Aun así, a pesar de todo eso, ella todavía quería permanecer junto a Paul. Era lo único que quería. Ella había soportado todas las cosas atroces que les había pasado todo este tiempo solo por esa razón. Por supuesto, Norn haría demandas egoístas en ocasiones, pero generalmente se abstenía de hacerlo. Desde el Incidente de Desplazamiento, todo este tiempo, ella pensó que estar con Paul era su derecho. Ahora incluso estaban tratando de robarle eso.
“Hic…” Norn no pudo evitar llorar. Mientras se limpiaba las lágrimas, ella giró en la esquina y chocó con alguien. “¡Ah!”
“¿¡Qué!?” La persona con la que ella había chocado gritó mientras algo caía de sus manos.
Norn dio un vistazo para encontrar a un robusto y barbudo hombre con una mirada de desconcierto en su rostro. A su lado estaba un tipo delgado cuyos ojos estaban bien abiertos del asombro. Había salsa derramada sobre el pecho del hombre barbudo. A los pies de Norn estaba la brocheta que él debe haber dejado caer.
Mientras el hombre miraba la escena frente a él, su rostro se puso rojo, mientras que el de Norn pálido. “¡Oye tú, mocosa! ¿¡Por dónde crees que caminas!?”
“¡Hiii!”
Él la agarró por el cuello de su camisa y la levantó en el aire. Su rostro desaliñado se acercó, con su aliento bañándola. Olía a alcohol. Él estaba ebrio.
“Eh, um, eh…” Norn estaba temblando de miedo. Sabía bien lo que podía hacer la gente ebria. Ella había visto ebrio a Paul con frecuencia cuando estaba tratando de huir de sus problemas. Aunque su ira nunca estuvo dirigida hacia ella, todavía era suficiente para que una joven Norn lo entendiera. Las personas ebrias eran aterradoras; beber es malo. Ella había aceptado el hecho de que Paul no podía funcionar sin su licor, pero su padre era la única excepción.
“¿¡Qué vas a hacer para arreglar esto, eh!? ¡Paga!”
“¡Sí! ¡Ese era el bocadillo favorito del Jefe!”
“¡Idiota! ¡Estoy hablando acerca de mi ropa! ¡Y esta mancha! ¡No voy a ser capaz de hacer que la saquen!”
“Ehhhh… hic… hic…” Norn solo podía temblar y sollozar enfrentando su intimidación. Con problemas para suprimir el terror que amenazaba con hacer mojar sus pantalones, ella miró a su alrededor con una mirada de súplica esperando que alguien pudiera ayudarla. Lamentablemente, nadie se detuvo a mirar hacia ella. Nadie estaba dispuesto a meterse en una pelea con un borracho, y todos se estaban alejando rápidamente de la escena.
“¡Ahora dime dónde está tu mamá o tu papá!”
“…”
“¡Es mejor que respondas! ¿¡Ni siquiera vas a disculparte!? ¿¡Acaso fuiste criada por animales!?”
“¡L-lo siento!”
Esperen. Hubo alguien. Una persona que recibió su desesperada mirada, escuchó su disculpa, y dejó de moverse. Su expresión estaba retorcida de la ira mientras caminaba de forma imponente hacia el hombre barbudo.
“¿Quién diablos eres tú?”
“…”
El transeúnte agarró el brazo del hombre, el que mantenía a Norn suspendida en el aire. Él tenía mucha fuerza en su agarre. El brazo del hombre barbudo era casi tan grueso como el torso de una persona normal, y aun así el transeúnte lo dobló hacia atrás como si no hubiera ninguna resistencia.
“¡Au, au, au, au!” Incapaz de soportar la presión, el hombre barbudo liberó su agarre de Norn. Ella aterrizó sobre su trasero, mirando hacia el hombre que la había salvado.
“Explícalo. ¿Qué te hizo esta niña?” El transeúnte estaba usando una bandana. Una cicatriz atravesaba diagonalmente su rostro, la cual ahora estaba torcida por la ira.
Si su cabello y su gema hubiesen sido visibles, él inmediatamente habría sido reconocido como Ruijerd Superdia. Norn, por supuesto, no tenía idea de quién era. Sin embargo, en el momento en que vio su rostro, ella inmediatamente se puso de pie y se protegió detrás suyo.
“E-esa mocosa chocó conmigo de la nada y ahora mi ropa—”
“Ella se disculpó.”
“¡Esa disculpa no hará que esta mancha—au!”
Ruijerd fortaleció su agarre del brazo del hombre, el cual crujió sonoramente bajo la presión.
“¡Bastardo! ¡Suelta al jefe!” El hombre delgado trató de agarrar el rostro de Ruijerd, pero este último fácilmente lo esquivó y los dedos del hombre apenas rozaron su bandana.
“Renuncia a la mancha o renuncia a tu vida. ¿Cuál será?”
“¡Au, au, au! ¡Lo siento, es mi culpa! ¡Yo soy quien está equivocado!”
Ruijerd lo liberó. El hombre más pequeño rápidamente corrió hacia el barbudo, preguntando, “¿¡Está bien!?”
“Tú, discúlpate de nuevo,” dijo Ruijerd, mirando hacia Norn.
Norn por un momento se vio desconcertada, pero después rápidamente asintió y bajó su cabeza hacia su acusador. “L-lo siento.”
“Tch. Todo está bien; fue mi culpa por molestarme por algo así. Vamos, salgamos de aquí.”
“¡C-como diga, Jefe!”
Los dos hombres desaparecieron dentro de la multitud. Norn lentamente cayó al suelo. Toda la fuerza de su cuerpo desapareció cuando la nube de miedo finalmente se fue y una ola de alivio la reemplazó.
“¿Estás bien?”
“Ah, sí.” Norn miró arriba hacia Ruijerd. Su mirada tenía una mezcla de sorpresa y confianza. Ella lo recordaba. Cuando vivía en Millishion, antes de que Aisha y Lilia aparecieran, Norn casi se cayó y él había extendido su mano para ayudarla. Él había acariciado su cabeza gentilmente y le había regalado una manzana. No había forma de que pudiera olvidarlo—el hombre calvo con una bandana y una cicatriz en su rostro.
El alivio rompió las puertas de la represa, y aunque era lamentable para alguien de su edad, ella comenzó a llorar desconsoladamente.
Ruijerd entró en pánico cuando la vio llorar. Otros transeúntes estaban mirando, y debido a su apariencia amenazante, nadie se les acercaba. Después de vacilar, Ruijerd se agachó y puso una mano sobre su cabeza para acariciarla suavemente. La calidez su mano y la forma en que la trataba tan gentilmente como la porcelana le trajeron a Norn tal comodidad que su llanto comenzó a desaparecer.
“Ellos fueron muy crueles. Todos ellos. Me dijeron que no, que yo estaría en el camino.”
Poco después de eso, Norn se tranquilizó, aunque siguió sollozando. Ruijerd pensó que lo mejor era regresarla con su padre tan pronto como fuera posible, pero cuando lo mencionó, ella sacudió su cabeza con fuerza. Ruijerd pensó que debe haber algún problema entre ella y Paul, así que en cambio decidió solo escuchar su lado de la historia.
“Ya veo.” Después de escuchar todos los detalles, Ruijerd apretó el agarre sobre su lanza.
La historia de Norn era unilateral y carecía de una explicación adecuada. Como resultado, había varias cosas que requerían una clarificación. Sin embargo, los puntos principales eran lo suficientemente claros para que Ruijerd pudiera inferir el resto. Y podía entender el deseo de Norn de estar con su padre.
“Eso debe ser duro.”
Ruijerd sabía lo que era ser un padre. En algún momento él había tenido un hijo y su propia esposa. En ese entonces, sirviendo en la guardia imperial de Laplace, él había viajado a través del Continente Demoniaco. Él los dejó atrás a ambos para luchar, conducido por una mezcla de ambición y lealtad. No los había dejado atrás porque se interpondrían en el camino a satisfacer esos deseos, sino porque eran tan preciados para él que quería que estuvieran en un lugar a salvo.
Sin embargo…
Cuando dejó por primera vez su aldea, su hijo aún tenía una cola pegada a su cuerpo. Pero eso fue en el comienzo de la guerra. Ruijerd luchó en la guardia imperial de Laplace por muchos años. Mientras ganaba batallas y comenzaba a unificar el Continente Demoniaco, su hijo creció. Su cola se convirtió en una lanza, su cuerpo se volvió musculoso, y se convirtió en un joven magnífico. Él creció tanto que cuando Ruijerd regresó a su aldea por última vez, su hijo se acercó a él e insistió arrogantemente, “Ahora soy un adulto. ¡Llévame contigo en tu próxima batalla!”
En ese entonces, su hijo no tenía la sabiduría para escuchar las palabras de su padre. Así que Ruijerd en cambio usó su fuerza para forzar a su hijo a darse por vencido. “Si eres capaz solo de esto, entonces todavía no eres un guerrero a mis ojos,” le dijo a su hijo antes de marcharse.
Era una forma de pensar común dentro de los guerreros. Ellos trataban de mantener a sus seres amados lejos de la batalla para protegerlos. Pero, al final, Ruijerd fue el que había sido indigno como un guerrero. Su hijo había sido el verdadero guerrero. Después de todo, fue su hijo quien derrotó a Ruijerd cuando la lanza del mal que él portaba lo hizo enloquecer. Fue su hijo quien salvó a los otros guerreros.
Ruijerd aún no sabía cómo su hijo había sido capaz de derrotarlo en ese entonces. Él recorrió todo el Continente Demoniaco pensando en esa pregunta, pero nunca había encontrado una respuesta satisfactoria. Sin embargo, él ahora tenía una idea. Su hijo de seguro había trabajado duro para volverse más fuerte de formas que su padre nunca supo. Él había seguido las instrucciones de su padre, y había entrenado con el propósito y la determinación para proteger tanto a su madre como su aldea. Ruijerd se sentía muy orgulloso.
Si Norn se sentía de la misma forma, entonces no escucharía sin importar las veces que Paul le dijera que estaba preocupado o que ella era preciada para él.
Si ella solo fuera un poco mayor. Un poco más fuerte. Si ella solo tuviera ese mismo sentido del propósito y determinación y hubiera pasado tiempo entrenando. Si ella fuera tan capaz como Rudeus, entonces Ruijerd habría tratado de persuadir a Paul de llevarla. Pero, en ese preciso momento, Norn solo era una niña frágil.
“Norn.”
“¿Si?”
Ruijerd miró directamente dentro de los ojos de la niña sentada a su lado. “Tienes que volverte más fuerte.”
“¿Eh…?”
“Si quieres estar junto a alguien, tienes que crecer, volverte más fuerte, más impresionante. Para llegar a eso, vas a tener que soportar tus actuales circunstancias.” Sus palabras fueron torpes. Él no estaba expresando lo que quería con claridad.
Pero Norn entendió. Por extraño que parezca, ella encontró significado en sus palabras. Estas resonaban de una forma diferente a las cosas que Lilia, Aisha, y los otros adultos le habían dicho, tal vez porque las palabras de Ruijerd venían desde el positivismo en vez del pesimismo.
“Ugh.” Norn frunció sus labios y miró hacia abajo.
En respuesta, Ruijerd solo sonrió y estiró su mano. Él acarició gentilmente su cabeza. “No te preocupes. Yo te protegeré en lugar de tu padre hasta que llegues ahí.”
La forma en que la tocó fue tan gentil que fue más que suficiente para tranquilizarla. Después de un largo silencio, ella dijo con una suave voz, “Bien.”
Satisfecho, Ruijerd comenzó a quitar su mano.
“¡Ah!”
Él se detuvo cuando Norn exclamó. “¿Qué sucede?”
“Por favor, acaricia mi cabeza un poco más.”
Ruijerd la obedeció. Norn llevó sus rodillas a su pecho para mantener su cuerpo perfectamente quieto mientras él acariciaba suavemente su cabello, como si estuviera acariciando a un pollito.
“Se siente reconfortante,” explicó ella.
“Ya veo.”
Ruijerd siguió acariciando su cabeza por un tiempo después de eso. Era una vista conmovedora para cualquiera que los viera a ambos. Incluso el rostro de Norn hinchado y cubierto de lágrimas finalmente mostró una sonrisa.
“¡Ah! ¡Ahí está! ¡Lilia-san, la encontré!” se escuchó una voz desde un lado de la plaza. Ellos vieron a una joven de cabello azul tratando de sostener el sombrero sobre su cabeza mientras corría hacia ellos.
“Tal parece que están aquí por ti,” murmuró Ruijerd. Él dejó caer su mano en su costado y se puso de pie.
Norn se sintió un poco triste mientras su calidez desaparecía. Ella lo siguió y también se puso de pie. “Um…” Él ya le había dado la espalda, pero ella le habló en una suave voz. “¡Por favor, dime tu nombre!”
Él miró hacia atrás. El nudo de su bandana se había soltado durante su intercambio con los dos hombres de antes y ahora se había desatado completamente. Mientras se caía, reveló una gema como un rubí en su frente. “Ruijerd. Ruijerd Superdia.”
Era una escena sacada directamente desde una novela de fantasía. Un hombre con una hermosa joya en su frente, iluminada por la luz del sol desde atrás, y con una sonrisa en su rostro mientras miraba hacia ella. En ese momento, Norn se sintió como una princesa de cuento de hadas cuyo caballero había llegado para rescatarla.
En ese mismo momento, Ruijerd impactó de una forma completamente diferente a otra chica que lo había escuchado decir su nombre. Roxy Migurdia.
Describir la gravedad de este impacto requerirá algo de explicación.
Había tres cosas que Roxy Migurdia odiaba de niña, siendo la primera los pimentones verdes. Fue el primer vegetal que comió cuando llegó al Continente de Millis. ¡En los tiempos donde creía que el mundo de los humanos era el cielo, lleno solo de cosas dulces! Y esos pimentones verdes habían sido mensajeros del infierno, enviados para hundirla en el abismo. Ella todavía podía recordar el olor único y el sabor amargo que se extendió a través de su boca cuando los comió. La forma en que inmediatamente los había escupido, solo para seguir sintiendo náuseas. El pimentón verde es veneno para la Tribu Migurd, había pensado seriamente en ese entonces. Sin embargo, ella había superado ese miedo durante su tiempo como la tutora particular de Rudeus, avergonzada de la idea de ser quisquillosa con la comida en frente suyo.
La segunda cosa que ella odiaba eran los niños. Especificadamente los niños humanos entre los cinco y quince años de edad. Especialmente los hombres. Ellos no escuchaban. Actuaban apresuradamente, basándose en sus instintos, y no en la lógica. Al conocer a Rudeus, ella comenzó a pensar que tal vez al final le gustaban los niños. Eventualmente, ella se dio cuenta de que el problema no era que odiaba a los niños. En cambio, ella odiaba a las personas que no escuchaban. En cierta forma, Roxy también había superado su odio por los niños.
La tercera cosa que ella odiaba era a la Tribu Superd. Ella había escuchado historias de ellos en innumerables ocasiones desde que era una bebé. Ellos eran una tribu diabólica, involucrada en una guerra mucho antes de su nacimiento, y que había traicionado a sus aliados. Se decía que hace mucho tiempo habían tenido conexiones con la Tribu Migurd, pero fueron perseguidos como traidores y llevados a la ruina. Los Superd mantenían una fuerte rencilla contra aquellos que les dieron la espalda, y tan pronto como veían a un demonio de otra tribu, ellos atacarían y lo matarían sin hacer preguntas.
De todos los Superd, Fin del Camino era el más conocido entre los niños. Como decía la leyenda, cuando él encontraba a un niño que se había portado mal, vendría a robárselo mientras todos estaban durmiendo para llevarlo hacia su guarida. Después él se comería sus piernas para que no pudiera huir, se comería sus brazos para que no pudiera resistirse, y después lentamente se comería su estómago, dejando su cabeza para el final para mantenerla fresca. Era por eso que tenías que portarte bien. Esas eran las historias con las que había crecido.
En el pasado, cuando se había ido de su aldea por primera vez y convertido en una aventurera novata, ella realmente había creído que estaba en peligro porque no se había portado bien. Esa ansiedad gradualmente desapareció mientras se convertía en adulta, pero su temor hacia la Tribu Superd permaneció. Era por eso que ella estuvo tan en alerta cuando descubrió que en el Puerto del Viento había alguien llamándose a sí mismo Fin del Camino.
Ahora, varios años después, ella se había encontrado con alguien de la Tribu Superd, justo mientras había estado corriendo alrededor de la ciudad buscando a Norn y finalmente pensado que había encontrado a la chica. La persona ante ella era el mismo hombre calvo que ella había visto en el Puerto del Viento. Él tenía una lanza blanca de tres puntas en su mano. En el segundo siguiente su bandana se cayó, revelando la joya roja bajo ella.
“Ruijerd. Ruijerd Superdia.”
Y se hizo llamar Superdia. Por alguna razón no tenía cabello, pero no había dudas en su mente de que él era un Superd—el mismísimo Fin del Camino. Y estaba a segundos de poner sus garras sobre Norn.
“Ah… eh…”
El miedo atacó a Roxy, comenzando en la base de sus pies y subiendo. Escalofríos recorrieron su cuerpo, y sentía como si fuera a desmayarse en cualquier momento. Sin embargo, a ella se le había confiado la tarea de proteger a Norn. Lilia estaba corriendo hacia ella desde atrás. También estaba Aisha en la posada. No… no eran solo ellas. Todos en esta plaza estaban en peligro. El corazón de Roxy le gritaba, forzándola a mantener la calma y preparar su vara.
“¡D-deja tranquila a esa niña! ¡Si te rehúsas, yo seré tu oponente!”
Todo quedó en silencio. Ruijerd se puso rígido, y Lilia se congeló. Norn en realidad estaba agarrada de Ruijerd, mirando con hostilidad en la dirección de Roxy. Roxy se dio cuenta de que había algo extraño en todo esto, pero su extrema ansiedad le impedía descubrir lo que era. Aun así, ella tenía la sensación de que estaba cometiendo un error ahora mismo. Ella había cometido muchos hasta este punto, así que ya sabía cómo se sentía.
“Ruijerd-sama, ha pasado un tiempo,” dijo Lilia, bajando su cabeza mientras aparecía desde detrás de Roxy.
Sacudida por la forma tan casual en que Lilia lo había saludado, Roxy le preguntó, “¿Eh? Um, ¿lo conoces?”
“¿No ha escuchado? Ruijerd-sama fue quien escoltó a Rudeus de regreso al Reino de Asura…”
“Oh.” Ella lo había escuchado. De hecho, incluso había escuchado que el Fin del Camino que ella vio en el Puerto del Viento era el mismo que había escoltado a Rudeus. Pero honestamente nunca creyó que él realmente era un Superd.
“No tengo ninguna intención de lastimarla,” dijo Ruijerd, mirando con cautela hacia Roxy mientras ella blandía su vara.
Roxy se dio cuenta de que había malinterpretado completamente la situación. Su rostro se puso rojo mientras bajaba su mirada hacia sus pies.
Ella odiaba mucho a la Tribu Superd.
Ruijerd escoltaría a las niñas hacia Rudeus. Cuando el grupo de Paul supo la noticia, sus reacciones fueron diversas. Lilia y Ginger, quienes conocían su verdadera fuerza y personalidad, dieron su aprobación al plan, diciendo que podían dar por sentado que las niñas llegarían sanas y salvas si Ruijerd era quien las escoltaba.
Tanto Vierra como Shierra intercambiaron miradas y asintieron como diciendo, ¿Por qué no? Ellas sabían que Ruijerd fue quien había protegido a Rudeus mientras viajaba a través del Continente Demoniaco. Él también era lo suficientemente fuerte como para ser confiable, así que no veían ningún problema con eso.
Talhand estaba en contra del plan. Tal como Roxy, él había crecido escuchando historias aterradoras acerca de la Tribu Superd, y escuchó anécdotas acerca de sus atrocidades mientras viajaba a través del Continente Demoniaco. No había humo sin fuego. Talhand no tenía dudas de que Ruijerd había hecho algo horrible en el pasado. Incluso si él ahora estaba en el camino de la redención, eso no quería decir que se le pudieran confiar los seres amados de un completo extraño.
Roxy estaba parcialmente en contra. Ella sabía que no debía juzgar a las personas basándose en apariencias o prejuicios. Era solo que… él era parte de la Tribu Superd. Incluso después de que había entendido que Ruijerd no era un peligro para ellos, ella permaneció siendo cautelosa.
No, cautelosa no era la palabra correcta. Ella estaba asustada. La Tribu Superd era la personificación del miedo que ella sintió de niña, escuchando todas esas historias. Incluso aunque su aldea ya no contaba esas historias acerca de la Tribu Superd, habían sido la forma más común de disciplinar a los niños cuando ella era joven. Era por eso que Roxy no podía ocultar completamente su terror. Aunque intelectualmente entendía que era seguro, el miedo que había sido grabado en ella de niña todavía la congelaba en su lugar y la hacía ser precavida.
Por lo tanto, ella dijo, “Si realmente creen que podemos confiar en él, entonces adelante.”
Así que había cuatro opiniones: muy a favor, parcialmente a favor, en contra, y parcialmente en contra. Paul las consideró todas. Él no conocía tan bien a Ruijerd. La única vez en la que había tenido algún contacto con el hombre fue cuando Ruijerd apareció junto a Rudeus, e incluso en ese entonces, ellos apenas habían hablado.
En ese momento, él había tenido la impresión de que Ruijerd era de confianza. Sin embargo, habían pasado varios años desde entonces, los suficientes para cambiar a una persona. Paul sabía esto a partir de la experiencia personal. Demonios, ni siquiera requería varios años—un solo día era suficiente. Por lo tanto, las preguntas eran: ¿Paul realmente podía confiar en Ruijerd? ¿Podía confiarle a las niñas?
Mientras meditaba la decisión en su cabeza, él miró hacia abajo. Ahí, agarrando la pierna de Ruijerd estaba Norn. Por un momento fue como si estuviera viendo doble—una imagen de sí mismo con Norn aferrada a su pierna se superpuso en su visión. Norn era tan tímida con las personas que no se había acercado a ningún otro adulto aparte de él. A pesar de eso, ahí estaba ella, apoyada en Ruijerd como si fuera su padre.
Por otro lado, Ruijerd fue quien la salvó. Cuando ese borracho la atacó y ella estaba llorando, pidiendo ayuda desesperadamente, Ruijerd había intervenido como si fuera su deber. No había dudas de que fue igual cuando intervino para salvar a Rudeus. Él se movía sin considerar las consecuencias. Muy probablemente él no había cambiado en lo absoluto.
“¿Puedo confiarte su seguridad?” Esas palabras dejaron la boca de Paul sin siquiera darse cuenta de que estaba hablando.
Ruijerd inmediatamente regresó su mirada. “Incluso si me cuesta la vida, las llevaré con Rudeus.” Su respuesta fue tanto sincera como alentadora. Reflejados en los ojos de Ruijerd estaba un sentido del deber y determinación. Él tenía el rostro de un guerrero, uno ganado a través de mucho tiempo, algo que Paul no poseía. Si esto era un engaño, entonces Paul ya no sabía lo que era real.
“Entonces las dejaré en tus manos.” Paul extendió su mano. Ruijerd la tomó e intercambiaron un firme apretón de manos.
Así fue como Ruijerd se convirtió en el guardaespaldas de Norn y Aisha.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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