Historia Paralela: Afilando los Colmillos
Historia Paralela: Afilando los Colmillos
En un cabo sin nombre, a solo una hora de viaje a pie hacia el norte del Santuario de la Espada, una solitaria chica estaba balanceando su espada—un balanceo simple cuya técnica no pertenecía al Estilo del Dios de la Espada ni a ningún otro. El nombre de la chica era Eris Greyrat.
Eris Greyrat balanceaba su espada mecánicamente. Ahí en ese espacio, completamente sola, sin ningún alma a su alrededor. Solo seguía balanceando su espada mecánicamente. Un balanceo con el peso de ideas sin sentido era uno inútil. Un balanceo que solo imitaba los movimientos de otros tampoco tenía sentido. Pero si tu espada era pura, sin ideas, entonces cada balanceo podía mejorar tus habilidades.
Ella seguiría perfeccionando sus habilidades, cortando pedazos cada vez más delgados hasta que pudiera ver hacia el otro lado. Cada corte la fortalecía mucho. ¿Cuántas repeticiones más eran necesarias? ¿Por cuánto tiempo tendría que continuar hasta alcanzar el nivel de Orsted?
Eris no lo sabía. Nadie lo sabía. Tal vez ella nunca sería capaz de alcanzar ese nivel, sin importar lo mucho que se esforzara.
Tales pensamientos eran exactamente los del tipo sin sentido que ella supuestamente debía evitar. “Tch.” Eris chasqueó su lengua. Ella sacudió su cabeza y se sentó a pensar.
Era molesto. Ella quería derrotar a Orsted, pero mientras más lo pensaba, más parecía alejarse de ella. En un punto, su maestra Ghislaine le había dicho, “Piensa.” Sin embargo, Eris no era buena pensando. Sin importar lo mucho que estrujara su cerebro, ella no podrá producir una respuesta satisfactoria.
Comparada a eso, su segundo maestro, Ruijerd, había sido mucho mejor. “¿Entiendes?” preguntaría él. Ruijerd la derrotaría, y después solo preguntaría si ella entendía o no. Una y otra vez, él seguiría haciéndolo hasta que ella finalmente lo entendía. Sin tener que usar su cabeza, como si fueran iguales.
Eris respetaba a Ghislaine. Ella también respetaba a Ruijerd. Frustrantemente, las enseñanzas del Dios de la Espada combinaban las partes buenas de ambas personas que ella respetaba. Él le había ordenado: “Solo balancea tu espada sin pensar. No pienses, solo balancea, y cuando te canses, entonces piensa. Cuando te canses de pensar, ponte de pie y vuelve a balancear.” Así que ella hizo justamente eso. Ella balanceó, se sentó, balanceó, se sentó. Cuando le dio hambre, ella comió. Después repitió el proceso de balancear su hoja y sentarse una vez más.
Al principio, ella hizo esto en el salón de entrenamiento. Sin embargo, cuando lo hacía, alguien inevitablemente se metería en su camino. Las culpables usuales eran las otras chicas del salón de entrenamiento. Ellas dirían, “Oye, vamos a practicar batallas esta mañana, ven con nosotras,” o, “Oye, la comida está lista, así que ven a comer,” o, “Oye, ¿puedes entrenar un poco conmigo?” o, “Oye, apestas, así que ve a bañarte.” Ese tipo de cosas.
Se había vuelto tan molesto que Eris solo se fue del salón de entrenamiento. Ella se fue y continuó caminando hasta que llegó a una tierra desocupada y comenzó a practicar ahí. Ella comió lo que trajo consigo desde la cocina del salón de entrenamiento, o cualquier monstruo que ocasionalmente trataba de atacarla. Cuando hacía frío, ella traía troncos del salón de entrenamiento y usaba magia para encender una fogata. Cuando se cansaba, ella regresaría al salón de entrenamiento y dormiría tanto como quisiera.
Esta había sido su rutina durante los últimos seis meses.
Había una cosa que Eris entendía. Dominar el uso de la espada era difícil. Cuando ella era más joven, pensaría en la esgrima como algo más simple y adecuado para ella que estudiar. Bueno, esa parte todavía era cierta: la esgrima se adecuaba mejor a ella que estudiar de un libro. Pero definitivamente no era fácil. De hecho, incluso podrías decir que aprender de libros era más fácil, siempre y cuando tuvieras a alguien enseñándote.
Todo lo que ella hacía era levantar su espada y bajarla nuevamente. Aun así, por alguna razón, no podía hacerlo bien. Ella debería ser capaz de levantarla más rápido. Debería ser capaz de atacar más rápido. Pero no había logrado la velocidad que deseaba. Ella ahora tenía que ser más rápida que hace seis meses, pero Ghislaine todavía era más rápida. Ruijerd era más rápido. El Dios de la Espada era más rápido. Y Orsted, por supuesto, era más rápido.
Ella trató de recordar la forma en que luchaban—el Dios de la Espada, Ruijerd, y Orsted. ¿Cómo se había movido cada uno de ellos? Ella trató de imitar sus movimientos, desde las puntas de sus dedos hasta sus hombros, todas las células de sus cuerpos. Después trató de ir más allá de eso, trascenderlos.
Excepto que no sabía cómo. No había forma de que pudiera.
Eris era mala pensando.
Una vez que estuvo exhausta del ciclo sin fin de pensamientos atravesando su cabeza, ella se puso de pie y comenzó a practicar sus balanceos una vez más. Ella balanceó sin pensar en nada. Arriba, abajo. Más rápido. Arriba, abajo. Más rápido. Ella realizó diez repeticiones, cien, y después mil. Cuando lo hizo, los pensamientos sin sentido comenzaron a aparecer nuevamente. Eso ocurría cuando se cansaba.
“Tch.” Ella chasqueó su lengua una vez más, y entonces tomó asiento. Sus manos dolían. Ampollas se habían abierto en ellas. Eris sacó un pedazo de tela de su bolsillo y desinteresadamente la envolvió alrededor de sus manos.
Dolía, pero no era doloroso. Eris siempre iba a recordar lo que pasó hace tres años en la Mandíbula Inferior del Wyrm Rojo. Comparado a eso, ella sentía que podía soportar cualquier cosa. El dolor no significaba nada para ella; ni el dolor en su mano, ni su frustración. Ni siquiera el hecho de que ahora estaba sola, sin él a su lado.
“Rudeus.” Ella dejó salir su nombre.
Eris ya no pensaba en eso. Ella no era buena pensando. Tampoco era muy buena manteniéndose positiva. Mientras más pensaba, más comprendía que podía romperse.
“Fiu.”
Tres años. Ella pensó que se había vuelto más fuerte, pero todavía no era suficiente.
Eris se puso de pie y comenzó a balancear su espada una vez más.
Reprimiendo su somnolencia, Eris se dirigió de vuelta al salón de entrenamiento. En su entrada estaba de pie un hombre que ella no reconocía—y para colmo un hombre llamativo. Su túnica estaba pintada de tonos del arcoíris, y debajo de ella, él usaba unas botas que llegaban hasta sus rodillas, con cuatro espadas en su cadera. En su mejilla había un tatuaje de un pavo real, y su cabello estaba levantado en un estilo que se abría en la cima, como una parábola. Cuando vio a Eris, él bajó su cabeza ligeramente y trató de saludarla.
“Yo soy el Empe—”
“Muévete.” Eris dijo esta sola palabra hacia el hombre de pie entre ella y el salón de entrenamiento. A ella no le importaba seguir hablando. Eris se había afilado hasta su límite con todos esos balanceos que había hecho. El brillo en sus ojos mientras lo miraba era el de una bestia agresiva. Sed de sangre salió de ella como una llama que lo consumía todo. Ella era un animal salvaje que no permitiría que nadie más se acercara.
“¿¡Qué…!?” El hombre inmediatamente sacó su espada.
“Estás en mi camino.” Eris dio un paso al frente mientras hablaba. Para ella, el hombre delante suyo no era más que un obstáculo. Uno de pie entre ella y su nido.
“¿Q-qué demonios es esta criatura…?” Al principio, el hombre no entendió las palabras que habían salido de su boca. Por un momento, todo lo que vio fue a una bestia hambrienta mirando su comida. Después Eris desenfundó su propia espada, y él finalmente se dio cuenta de que ella era una humana, y para colmo una espadachina.
“Mi nombre es Auber, la Hoja del Pavo Real,” dijo él. “Veo que eres una estudiante del Estilo del Dios de la Espada. Deseo que me guíes con el Dios de la Espa—”
“Te dije que te movieras.” Irritada, Eris dio otro paso hacia el frente.
Ella le estaba diciendo que se apartara de su camino. Sin embargo, aquellas palabras no se registraron en la mente del hombre llamado Auber. Todo lo que registró fue la sed de sangre de Eris. Eso y el entendimiento de que hablar era inútil. Y así, Auber—con una espada en su mano derecha—estiró su mano izquierda hacia la espada más corta en su cadera. Sin embargo, él blandió su hoja al revés, apuntando el lado sin filo de la hoja hacia ella.
A una distancia perfecta para atacar, Eris decidió que removería al obstáculo en su camino a la fuerza. ¡Zzzt! Su hoja voló como una bala a través del aire. Ella estaba usando la Espada de Luz, una habilidad perfeccionada a través de todo su entrenamiento. Un oponente normal no tenía oportunidad de contrarrestar la técnica más letal del Estilo del Dios de la Espada.

“¡Hmph!”
Sin embargo, eso era solo si el oponente era uno normal. Auber apretó con fuerza ambas espadas en sus manos y las usó para desviar el ataque. Eris había anticipado perceptivamente su reacción y ahora estaba balanceando su hoja en la dirección opuesta.
“¡Ah…!”
La espada de Eris fue detenida por la que estaba en la mano izquierda de Auber. Ella estaba usando dos manos para blandir la suya, mientas que él solo estaba usando una, pero fácilmente desvió su ataque. Su hoja se deslizó hacia el lado, apenas cortando la punta de su cabello. El cuerpo de Eris siguió el momento de su hoja, causando que ella tropezara con su pie pivotante. En ese exacto instante, la mano derecha de Auber voló hacia su expuesto cuello.
“¡Tch!” Eris soltó su espada y se agachó. El arma de Auber atravesó el espacio vacío donde ella acababa de estar. Eris se movió como un gato, volteándose a sí misma para tratar de ponerse de pie. Ella estaba tratando de recuperar su espada.
Auber pateó su arma hacia el lado y esta desapareció en la nieve. Normalmente, ese sería el fin del enfrentamiento. Pero Eris no se detuvo. En el momento que se dio cuenta de que había perdido su espada, ella en cambio voló hacia Auber con sus puños. Auber golpeó el centro de su hoja contra su mejilla con suficiente fuerza para romper su pómulo. Dejó un solo corte en su rostro.
Sin embargo, incluso después de eso, Eris todavía no se iba a detener. “¡Graaah!” Ella lanzó un puñetazo hacia su mandíbula.
Auber trató de detenerla usando el arma en su mano izquierda. “¡Mrgh!” Su mano se enredó con la de ella. Sus dedos se engancharon con la empuñadura. Auber sintió un escalofrío recorriendo su espalda mientras comprendía que ella estaba tratando de robarle su espada. Esta bestia no se detendría hasta matarlo.
Él le dio una fuerte patada a la mujer enrollada a su alrededor, mandándola a volar a través del aire. Después reajustó el agarre de su arma, así que ahora la hoja estaba de frente a ella.
Afortunadamente para Eris, cuando él la mandó a través del aire, ella cayó justo donde su espada había aterrizado antes. Su respiración era irregular mientras tomaba su arma. Ella tenía que matarlo.
Fue en ese momento que, mientras Auber volvía a blandir su hoja y comenzaba a emitir su propia sed de sangre, una voz repentinamente intervino. “Es suficiente.”
La sed de sangre desapareció. Eris ya estaba congelada en su lugar, habiendo sentido el cambio en el comportamiento de su oponente. El Dios de la Espada había aparecido sin que ellos se dieran cuenta y ahora estaba de pie en la entrada del salón de entrenamiento. Auber guardó su espada, y Eris se recostó de espalda. Ella miró hacia el cielo, todavía respirando con dificultad. Su rostro estaba retorcido de la frustración.
Auber puso su mano derecha sobre su pecho y agachó su cabeza. “Ha pasado mucho tiempo, Dios de la Espada-sama.”
“Así que viniste, Emperador del Norte.”
“Leí su carta. Y entonces esa chica atacó.”
“Ahh, increíble, ¿no?”
“Es la primera vez que veo a un espadachín tan incesante. Ella fue casi como una bestia. Ahh, así que esta es la niña conocida como la Perra Iracunda.”
Eris escuchaba su conversación mientras se ponía de pie. La forma en que ella caminaba inestablemente hacia el frente la hacía ver sobrenatural. Viéndola, Auber volvió a preparar su espada. Pero Eris solo lo miró enfadada y entró al salón de entrenamiento, desapareciendo dentro del edificio sin volver a mirar hacia el hombre que quedó perplejo por su comportamiento.
Ella limpió la herida en su mejilla mientras se dirigía por el salón hacia su habitación, sin importarle limpiarse la nieve pegada a su cuerpo. Entonces, cuando llegó a su destino, lanzó la espada hacia la base de su almohada y se desplomó sobre la dura cama. Y así como así, ella se quedó dormida. Eris estaba frustrada por su derrota, pero ahora mismo ese era un asunto trivial.
Esa tarde, Ghislaine visitó el Salón Efímero. Sentados en su interior estaban el Dios de la Espada Gal Farion y su invitado, el Emperador del Norte Auber. Las cejas de Ghislaine estaban ligeramente fruncidas, pero ella no mostró señales de prestarle atención a Auber mientras se acercaba al Dios de la Espada y preguntaba directamente: Maestro, ¿por qué no le está enseñando nada a Eris?”
El Dios de la Espada escuchó y sonrió. “Ya lo hice, ¿no?”
“¿Se refiere a cómo balancear una espada?”
“No. Cómo controlarse a sí misma,” respondió él como si fuera lo más obvio del mundo. La brusquedad normal en su voz estaba ausente. Fue una respuesta tranquila.
A Ghislaine no le importaba mucho ese lado suyo. Fue por eso que ella utilizó cada una de sus neuronas y escogió sus palabras cuidadosamente. “Usted siempre decía: Haz todo de forma lógica.”
“Tienes razón.”
“¿Entonces qué está haciendo con Eris? Ella está ahí afuera balanceando su espada cada día como una idiota que no sabe hacer nada más. ¿Qué parte de eso es lógica?”
“¿Mm?” Él se veía molesto. “¿Desde cuándo eres una gruñona?”
“¡Desde que regresé aquí!”
“¿Entonces ya no vas a escuchar lo que te dice tu maestro?”
“¡Pero—ugh!”
Ghislaine de pronto tenía una espada apuntada en su dirección. Para una persona ordinaria habría parecido que el arma había aparecido mágicamente en la mano del Dios de la Espada. Sin embargo, Ghislaine pudo verlo desenvainarla. Es solo que no fue capaz de reaccionar a tiempo. En frente del hombre más rápido del mundo, nadie podía, ni siquiera una Reina de la Espada.
“Ghislaine. Sabes, creo que estoy lamentando la forma en la que te eduqué.”
“…”
“Solías ser como un tigre hambriento, pero ahora eres como un gatito que perdió sus colmillos. Si te hubieras quedado de la forma que eras, ya serías una Emperatriz de la Espada.”
Ghislaine se tragó con dificultad sus palabras. Ella sentía que se había vuelto más débil recientemente, aunque no creía que eso fuera tan malo. Era verdad que su crecimiento con la espada se había estancado. Aun así, había ganado cosas importantes a cambio: inteligencia y sabiduría. Cosas que ella no habría sido capaz de conseguir a través del dominio de la espada.
“No voy a permitir que Eris también pierda sus colmillos.” Gal apartó su espada como diciendo, Ahora lo entiendes, ¿no?
Ghislaine puso mala cara mientras respondía. “No lo entiendo. ¿Por qué no la entrena?”
El Dios de la Espada dejó salir un suspiro, recordando que Ghislaine era de la clase de niña que necesitaba una explicación detallada para entender. “Escucha. Si alguien quiere ser mejor que yo, tiene que ser capaz de entender estas cosas por su cuenta. Después de todo, así fue como yo llegué aquí. Por supuesto, necesitará la cantidad de talento requerida y el trabajo duro para merecer el título de Dios de la Espada, pero vamos a dejar eso de lado. El objetivo de Eris es el Dios Dragón Orsted. Su existencia desafía la lógica. Él es un monstruo inimaginable. Ella no puede derrotarlo solo con mis enseñanzas.”
El hombre tenía una mirada de nostalgia en su rostro mientras terminaba de hablar. Él en realidad había luchado una vez contra el Dios Dragón, mucho antes de convertirse en el Dios de la Espada, cuando solo era un fuerte pero arrogante Santo de la Espada. Él perdió miserablemente—al punto de que todavía no sabía por qué su vida había sido perdonada, o más importante, por qué todos sus miembros todavía estaban intactos.
Habiendo recibido una paliza a su ego, él había fijado como su objetivo superar a Orsted, y había entrenado con ese propósito desde entonces. Así fue como se convirtió en el Dios de la Espada. Esa también era la razón de que no quisiera que nadie más se interpusiera en este asunto.
“Oye, Ghislaine, hacer ejercicios no es lo mismo que entrenar, ¿sabes? Especialmente si aspiras a algo. No hay razón para actuar como un perro obediente y hacer todo lo que alguien más te dice. ¿Entiendes?”
“Maestro, usted siempre dice cosas demasiado complicadas. No entiendo.”
“Hah.” Él resopló de la risa ante su respuesta. Es verdad, esta idiota no entenderá si no lo explico claramente. “En otras palabras, significa que solo aprender de mí no le hará ningún bien. Es por eso que he preparado un montón de cosas para ella, comenzando con él.”
El Dios de la Espada hizo un gesto hacia Auber, quien en respuesta bajó su mentón en forma de saludo. “Yo soy el Emperador del Norte Auber Corbett. En las calles, se refieren a mí como la Hoja del Pavo Real.”
Ghislaine frunció su rostro. Había un olor indescriptible saliendo del hombre. No era hedor corporal, sino algo poderosamente cítrico, muy probablemente colonia. Un aroma desagradable para la gente bestia como Ghislaine. “¿Y qué está haciendo aquí alguien del Estilo del Dios del Norte?”
“Respondiendo a la petición del Dios de la Espada de instruir a uno de sus pupilos.”
Su expresión pasó a una de más sospecha mientras le hacía una pregunta al Dios de la Espada. “¿Por qué alguien del Estilo del Dios del Norte? No veo cómo sus trucos deshonestos podrían servirle a Eris.”
“Porque el Dios Dragón los usará contra ella.”
La duda en el rostro de Ghislaine solo se fortaleció. Ella nunca había escuchado algo acerca de que el Dios Dragón fuera un espadachín del Estilo del Dios del Norte. “¿Quién es este Dios Dragón?” preguntó ella.
“Como si lo supiera. Lo que sí sé es que él tiene cada movimiento del Estilo del Dios de la Espada, el Estilo del Dios del Norte—todas esas escuelas de esgrima—en su arsenal. Naturalmente, eso significa que él puede usarlas, y será capaz de contrarrestar cualquier movimiento usado contra él. También tienes que aprenderlos, porque si no lo haces, no serás capaz de luchar en igualdad de condiciones.”
La expresión de Ghislaine perdió su confusión. Aprender las técnicas que tu oponente usaría contra ti era muy lógico. “Ya veo. ¿Entonces eventualmente también llamará a alguien del Estilo del Dios del Agua?”
“Sip, ya envié una carta.”
“¿En serio?” Su cola estaba agitándose felizmente.
El Dios de la Espada sonrió irónicamente ante eso. Ghislaine estaría satisfecha siempre y cuando la respuesta fuera algo que ella pudiera entender fácilmente. Esa parte de ella no había cambiado.
“Muy bien, Emperador del Norte-sama, espero que tenga una buena estadía aquí.” Ahora que las dudas de Ghislaine habían sido despejadas, ella se puso de pie y expresó su respeto hacia el Emperador del Norte. Ella puso una rodilla en el suelo, como estaba establecido en la etiqueta única del Estilo del Dios de la Espada.
“En efecto, Reina de la Espada-san. Espero que podamos tener una relación amistosa durante mi estadía aquí.” Auber puso una mano en su pecho y regresó el gesto.
Y así, el entrenamiento de Eris avanzó hacia la siguiente etapa. Un año después, ella sería reconocida como una Santa del Norte.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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