Referencia 6: Punto de Inflexión 2
Punto de Inflexión 2
Volumen 6
Capítulo 9
“¡Rudeus!”
En un instante, la visión de ser atravesado desapareció. Ruijerd saltó frente a mí, deteniendo la mano como cuchillo que se dirigía a perforarme. Me tambaleé hacia atrás y caí de espaldas. Sobre el hombro de Ruijerd, el hombre me miraba desde arriba. Sus ojos eran fríos.
“Ya veo… Así que eres un Apóstol del Hombre-Dios”.
Por un momento, pensé que era una acusación falsa. Pero antes de poder procesarlo, Ruijerd gritó.
“¡Corre, Rudeus!”
“Apártate, Ruijerd Superdia”.
Ruijerd blandió su lanza.
No podía moverme. No es que no intentara correr. Simplemente, no había tiempo. En cuestión de segundos, Ruijerd sería derrotado. Todo lo que pude hacer fue observar en silencio cómo lo manejaban como a un niño indefenso.
Ruijerd era fuerte. Se suponía que era fuerte.
Durante nuestro viaje, Eris nunca logró asestarle un golpe limpio. Quinientos años de experiencia en combate deberían haberlo hecho invencible. Se suponía que era más fuerte que un guerrero de clase Rey, quizá incluso más. Y, sin embargo, incluso para mis ojos inexpertos, era evidente—Ruijerd iba a perder.
Observé cada momento desarrollarse con mi Ojo Demoníaco. Si tuviera que estimarlo, la pelea entera no duró más de diez segundos. Orsted no era necesariamente más rápido que Ruijerd. Pero con cada movimiento que hacía Ruijerd, su desventaja se hacía más evidente. Tres o cuatro veces por segundo, la brecha se ampliaba. Cada vez que Ruijerd atacaba, cavaba un poco más su propia tumba.
Cada vez que recibía un golpe, su postura se debilitaba solo un poco más. Cada vez que lanzaba un ataque, su posición colapsaba apenas un instante.
Habilidad.
Era simplemente una abrumadora diferencia en habilidad.
Orsted estaba en otra liga. Incluso con mis ojos inexpertos, podía verlo claramente. Con esa diferencia descomunal, Orsted desmanteló a Ruijerd de manera sistemática. Sus movimientos tenían una precisión escalofriante.
Mínimo esfuerzo, máxima eficiencia.
Si existiera una forma perfecta de neutralizar a un oponente en el menor tiempo posible, se vería exactamente así.
Orsted conocía perfectamente el alcance de Ruijerd, manteniéndose justo dentro del rango efectivo de su lanza.
Como si se burlara de él, cada vez que Ruijerd intentaba empujarlo hacia su distancia preferida, Orsted rompía su postura sin esfuerzo. Lo hacía tropezar, creaba aperturas, lo forzaba a protegerse de ataques los cuales jamás debían impactar su cuerpo. Y entonces— Ruijerd se quedó sin opciones. No tenía salida.
Un golpe—directo a su plexo solar.
El segundo—rozó su barbilla.
El tercero—un impacto final en la sien.
Ruijerd giró dos veces en el aire antes de estrellarse contra el suelo, inmóvil. Si Orsted hubiera querido matarlo con ese tercer golpe, podría haberlo hecho.
Pero no lo hizo.
Deliberadamente lo dejó inconsciente. Incluso contra alguien como Ruijerd, se contuvo. Orsted podría haberle asestado un golpe limpio en cualquier momento. Dos, incluso.
Pero para sacar a Ruijerd de combate completamente, necesitó tres. El número mínimo absoluto de golpes necesarios.
Era una técnica que se podría describir como la forma más eficiente de neutralizar a Ruijerd.❮29❯
“Ahora bien”.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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