Epílogo
Epílogo
Acompañando a Soldat, pasé alrededor de un año yendo de ciudad en ciudad. Comenzamos en la tercera ciudad más grande del Ducado de Neris; fuimos hacia la capital, Gyuranza, donde estaba ubicado el cuartel general de Relámpago; y después hacia la ciudad de Caerleon en la frontera del Reino de Ranoa.
Mientras avanzábamos a través de las Tres Naciones Mágicas, comencé a trabajar solo, separado de Soldat. Básicamente estaba haciendo lo mismo que hice en Rosenburg: uniéndome a aventureros frecuentemente para dar a conocer mi nombre. No creía tener tanta libertad aquí para torcer las reglas como en Rosenburg, así que solo participaba en las misiones de rango B a S. También ayudaría a Soldat y su grupo con sus misiones. Avanzamos rápido de ciudad en ciudad, cambiando de ubicación cada dos o tres meses.
Los miembros de Liderazgo Escalonado nunca me trataron como una molestia. De hecho, fue justo lo opuesto: Ellos me dieron la bienvenida, aunque con expresiones que parecían decir, Oh cielos, ¿en qué se metió Soldat esta vez? Varios de ellos habían sido acogidos por Soldat bajo circunstancias similares. Ellos entendían mi objetivo y mantenían una distancia respetable.
No tenía ni la menor idea de lo que le había pasado a los miembros de Flecha Afilada. No había escuchado nada de ellos desde ese día. Quizás encontraron nuevos miembros, o tal vez los trabajos se volvieron demasiado pesados y decidieron regresar al Reino de Asura. Honestamente, ahora que las cosas se habían calmado, desearía haber tratado de hablar con Sara.
Aunque, al final, esto probablemente era lo mejor. Mi relación con Sara y los otros miembros de Flecha Afilada no había sido parte de mi objetivo original, y quedarme en Rosenburg me impedía avanzar. Me sentía arrepentido por no decirles nada antes de dejar la ciudad, pero tampoco valía la pena reconciliarse.
Estaba buscando a Zenith. Esa era la única cosa en lo que necesitaba concentrarme. Este no era el momento de estar preocupándome por mujeres como Eris y Sara. Podía preocuparme por tales cosas después de encontrar a Zenith.
Esa sola idea me sacaba un gran peso de mi pecho. Una relación con una mujer era completamente innecesaria ahora mismo, y ya que era innecesaria, no había razón para aferrarme a arrepentimientos.
Estos días, si una aventurera o alguien a quien estaba ayudando durante una misión se interesaba en mí, rechazaría amablemente sus avances. Por doloroso que fuera, el incidente con Sara me había enseñado algo. La versión del pasado de mí habría bailado de la felicidad cada vez que una mujer se acercaba y lo invitaba a la cama, creyendo que esta vez sería diferente, solo para que mis esperanzas sean repetidamente destrozadas mientras mi pequeño sigue lánguido. Es verdad, estaría emocionado si mi pequeño de pronto volviera a la vida, pero estaba muy abajo en mi lista de prioridades.
Aun así, en ocasiones recordaría mi primera vez con Eris, o la dulce sensación del suave cuerpo de Sara, o la forma en la que Elise había tratado de satisfacerme. Me decidí a encontrar una cura para mi impotencia tan pronto como Zenith fuera encontrada.
Mientras tanto, como había esperado, mi nombre terminó siendo conocido a través de las Tres Naciones Mágicas. No tanto como en Rosenburg, donde incluso las damas de compañía sabían de mí, pero era lo suficientemente famoso para que las personas supieran que yo estaba buscando a alguien.
En el este de las Tres Naciones Mágicas, en uno de los muchos pequeños países dentro de los Territorios del Norte, dos hombres estaban hablando dentro de un Gremio de Aventureros.
“Este país estará acabado en poco tiempo.”
“¿Cómo lo sabes?”
“Por los rostros de las personas. A nadie le queda espíritu. Además, hay un rumor acerca de que el Primer Ministro ansía ir a la guerra. Cuando un país es arrinconado y la guerra es su única opción, es evidente cómo van a terminar las cosas.”
“Aah… Bueno, no quiero terminar involucrado en todo eso. Tal vez debería partir.”
“Entonces lo mejor es ir hacia el oeste.”
“Sí, dejé las Tres Naciones Mágicas para ver cómo eran las cosas, pero por aquí solo es un caos.”
Aparte de los dos aventureros, los únicos ocupantes del de otra forma desierto gremio eran un grupo de aventureros deprimidos y una mujer que le estaba preguntando algo a la secretaria. Incluso el tablón de anuncios estaba casi sin misiones. Los residentes estaban empobrecidos, y tan inmersos en sus problemas que ni siquiera podían pedir ayuda. Los aventureros errantes eran pocos, así que incluso las misiones que aparecían eran ignoradas. Este Gremio de Aventureros estaba acabado.
Este país había sido diferente hace mucho tiempo. Cuando fue fundado, era una nación próspera y poderosa dentro de los Territorios del Norte. Las personas estaban seguras de que conquistaría toda la región norte.
Al final, el destino tuvo otros planes.
Ganarse la vida en el norte probaba ser una tarea increíblemente difícil. Los campos de cultivo eran escasos, los monstruos numerosos, y los viajeros raramente llegaban. Si este país hubiera trabajado para desarrollar la magia como lo hicieron las Tres Naciones Mágicas, podría haber terminado mejor; pero al final, no produjo nada. Todo lo que hizo fue consumir los recursos disponibles hasta que no quedó nada para consumir.
Ahora, la nación estaba encaminada a la perdición. Era solo cuestión de tiempo hasta que uno de sus vecinos le declarara la guerra, o que este país lo hiciera. De cualquier forma, aquellos a cargo serían reemplazados. Eso podría traer alivio al Gremio de Aventureros, pero antes de que eso pudiera pasar, cualquier aventurero que permaneciera terminaría atrapado en medio de la guerra. Cualquiera con un buen juicio huiría antes de que las fronteras fueran selladas, lo cual era exactamente de lo que estaban discutiendo los dos hombres hablando anteriormente.
“Hablando de las Tres Naciones Mágicas, escuché un rumor extraño.”
“¿Un rumor extraño?”
“Las personas estaban hablando acerca de este ridículamente fuerte mago que se ha estado uniendo temporalmente a otros grupos de aventureros.”
“No hay nada extraño en eso. Hay muchos aventureros que hacen eso para ganar algunas monedas.”
“Sí, aunque se trata de eso. Este sujeto ni siquiera busca ganar dinero. No sé lo que busca, pero dicen que básicamente no ha pedido dinero.”
“¿Y? Eso solo significa que es tan inútil que no merece una parte, ¿cierto?”
“No, tampoco es eso. Escuché que es increíblemente fuerte.”
“¿Increíblemente?”
“Sí. Solo con ese sujeto dentro de sus filas, un grupo de veinte derrotó a un Wyrm Rojo rezagado.”
“… ¿De verdad?”
“Sí. Extraño, ¿no crees? Alguien así de increíble como un aventurero… Pensarías que algún país ya lo habría contratado para tener sus servicios.”
“Eso no puede ser cierto. ¿Cómo se llama ese sujeto?”
“Ehh, si lo recuerdo correctamente… Era Rudeus el Pantano.”
“Pantano, ¿eh? Que nombre tan estúpido.”
Justo en ese momento, una sombra apareció sobre su mesa. El hombre miró hacia arriba y descubrió que la mujer de aspecto refinado—que hace solo momentos había estado conversando con la secretaria en el mostrador—había caminado hasta llegar a su lado. Ella era una elfa. Los hombres inmediatamente sintieron que era una guerrera de primer nivel. Ella era delgada, pero con músculos, y con un aspecto que sugería que había estado en muchas batallas. Ellos jadearon.
Pero había algo fuera de lugar. Había un brillo en ella que parecía impropio para una guerrera.
“¿Podrían compartir esa historia conmigo?” La mujer puso un dedo en sus labios, con una expresión casi coqueta mientras hacía la pregunta.
“¿D-de la que estábamos hablando recién?”
“Si, la historia acerca de ese aventurero, Rudeus el Pantano.”
“No sé tanto,” soltó el hombre de forma incoherente. Ahora mismo, él no estaba seguro de si ella le estaba haciendo una pregunta o dando una orden.
“¿No hay nada más que puedas recordar? Por ejemplo, ¿dónde fue visto por última vez, o algo así?”
“Ah, eh, creo que…”
“Sí, vamos, esfuérzate. Si puedes recordarlo, te entregaré mi cuerpo.”
Una ampolleta se encendió dentro de la cabeza del hombre. Los hombres eran criaturas simples: Tan pronto como entendió que ella no estaba haciendo una pregunta, sino que se le estaba insinuando, su mente comenzó a trabajar horas extra para conseguir lo que deseaba. En un rincón de su mente, él se descubrió pensando que esto tenía que ser demasiado bueno para ser verdad, pero no podía resistir el delicioso postre colgando ante él. “¡Oh, ya lo recuerdo! Basherant. Era en la tercera ciudad más grande de Basherant, Pipin.”
“Vaya, vaya, ¿de verdad? Gracias.” La mujer sonrió hacia él. Después, ella murmuró, “Así que finalmente te he encontrado.”
El hombre no escuchó esa última parte. Pero ella lo tomó de la mano, como diciendo que estaba lista para ofrecerle una recompensa por su esfuerzo.
“Ahora bien, en marcha,” anunció ella.
“¿H-hacia Pipin?” preguntó él, desconcertado.
“Por supuesto que no. Tengo que pagarte por la información. Vamos a tu habitación. ¿A menos que prefieras hacerlo afuera?”
“Jeje… ¿Qué clase de pervertida eres?”
“Tú también vienes. Vamos.”
Los dos hombres la llevaron a su habitación. No—tal vez sería más acertado decir que ella los llevó a ellos. Después de todo, ella era la que más quería tener sexo.
Los hombres, por su parte, pasarían algo de tiempo preguntándose si los eventos de ese día habían sido un sueño. Incapaces de olvidar la noche que habían pasado con ella, ellos terminaron quedándose en ese país, buscándola hasta que la guerra los atrapó.
Esa, sin embargo, era una historia para otro momento.
“Solo un poco más.”
Su piel se veía reluciente a la mañana siguiente mientras ella partía hacia Pipin, la tercera ciudad más grande de Basherant. El nombre de la mujer era Elinalise Dragonroad y tenía un solo objetivo: decirle a Rudeus Greyrat que su madre había sido encontrada.
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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