Intermedio: La Armadura
Intermedio: La Armadura
No mucho después de nacer en este mundo, mi padre me dijo esto: Existe una persona en este mundo de la cual no debes hacerte enemigo.
Le pregunté la razón, pero mi padre no me la dijo, y solo me ofreció una vaga respuesta. Tales recuerdos de mis años de infancia son placenteros y extraños.
Pasó el tiempo, y al término de la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios, un cierto dicho comenzó a esparcirse: Existen tres personas en este mundo de las cuales no debes hacerte enemigo.
Bueno, ¿no les parece interesante? De una había pasado a tres. Aun así, cuando escuché por primera vez los detalles, fui abrumado por las ganas de reír. Esos tres eran el Dios Dragón, el Dios Demonio, y el Dios de la Lucha. No pude evitar preguntar, con toda naturalidad, “¿En realidad no son cuatro personas?” Por derecho, el Dios de la Técnica debía haber estado en esa lista.
Por desgracia, pocos habían sido capaces de ver al Dios de la Técnica, y su propia existencia era a lo mucho dudosa. Como un sabio y omnisciente rey demonio, yo sabía que —ya sean tres o cuatro— nada cambiaba. A decir verdad, había habido una sola persona de la que no debías hacerte enemigo, y esa era el Dios Dragón Demoniaco Laplace. Él siempre había sido el más grande de todos hasta que fue dividido en dos durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Incluso después, él siguió tiranizando al mundo a través del miedo. Él realmente era el más grande del mundo. Por mi parte, cada vez que me encontraba a un joven borracho con su propia fuerza, yo le decía, “Existen tres personas en este mundo de las cuales no debes hacerte enemigo.” El Dios del Norte Kalman tenía un apego especial a eso, y lo repetía en cada oportunidad que tenía. Él siempre fue muy susceptible a la influencia de otros.
Ah, pero si les pedías a los jóvenes de hoy nombrar a las tres personas de las cuales no debían hacerse enemigos, podrías terminar con tres diferentes. Era esperable que algunos incluso nombraran al Dios del Norte Kalman. La amenaza de Laplace había desaparecido. Después de todo, habían transcurrido más de cuatrocientos años.
Fue para mejor. Laplace era aterradoramente poderoso. Yo he vivido durante un largo tiempo, pero nunca me he encontrado con una amenaza más grande que él.
Aun así, el Dios Humano me dijo que sí existe una amenaza más grande, en forma del actual Dios Dragón —el Dios Dragón Orsted. Ese era el hombre al cual el Dios Dragón Urupen había heredado sus habilidades. Dicen que él es, ¿qué, el centésimo Dios Dragón? Apenas puedo creer que la sucesión haya continuado por tanto tiempo, pero el gran Urupen siempre jugaba con los números. El actual número de generaciones probablemente era irrelevante.
En cualquier caso, este Dios Dragón Orsted supuestamente era aterradoramente poderoso, tanto que superaba al Dios Demonio y al Dios de la Técnica —tanto que incluso podría derrotar al Dios Dragón Demoniaco Laplace. Me sería difícil decir que creía en tal historia. Yo mismo luché contra Laplace una vez, y el terror que sentí estaba más allá de lo que podía expresar. ¿Un poder más grande que ese? ¡Inconcebible! ¡Buajajajaja!
Aun así, ese cobarde dios de los hombres que nos trataba a todos nosotros en este mundo como basura, ese modelo de la arrogancia al cual incluso Laplace no se atrevía a enfrentar —él le temía solo a este Dios Dragón. Él se había tomado muchas molestias para detener, para matar a este hombre con el semblante aterrador, y, aun así, nunca había tenido éxito. ¿Pueden creerlo? ¡Él incluso apareció ante mí y bajó su cabeza! Solo eso debería ser suficiente para hacer que uno lo crea.
Ahora bien, ¿acaso existía alguien ahí afuera que pudiera derrotar a tal ser todopoderoso? La respuesta era que no. Ni siquiera existía alguien que pudiera derrotar al Dios Dragón Demoniaco Laplace. Yo no profesaba un gran conocimiento sobre el tema, pero mi padre dijo que nadie había rivalizado con el poder del Dios Dragón por más de diez mil años. ¿Acaso era una sorpresa? Físicamente él era el más poderoso —usando su armadura invencible y sus habilidades marciales sin igual, ¿cómo alguien podía ganarle?
Hace cuatrocientos años, en la Guerra de Laplace, los poderes de los Siete Héroes Legendarios por muy poco pudieron sellar al Dios Demonio Laplace, y esa era solo la mitad de su poder.
¡No, no me digan! Tienen una pregunta sobre eso, ¿no? Quieren saber la razón por la cual el Dios Dragón Demoniaco Laplace no está aquí en la actualidad. ¿Por qué fue dividido en el Dios de la Técnica Laplace y el Dios Demonio Laplace, y por qué Orsted heredó el título de Dios Dragón?
Solo tengo una respuesta para ustedes. Fue porque apareció otro con el nombre de Dios de la Lucha. ¿Otro Dios de la Lucha? Bueno, simplemente se reduce a un caso de identidad robada. Un hombre robó la armadura definitiva de Laplace —la Armadura del Dios de la Lucha que él mismo había forjado. Esta Armadura del Dios de la Lucha era terriblemente poderosa, saben. Tal es el poder que concede a su usuario que podrías pensar que fue creada específicamente para acabar con un dios. Es cierto que cualquier persona normal moriría en el momento que se la ponga… No solo eso, sino que esa armadura mataría a cualquiera que la usara por demasiado tiempo, sin importar si era anormalmente hábil. Incluso el Dios Dragón Demoniaco Laplace luchó sin ella durante los días finales de la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. No era un objeto para tomar a la ligera.
Pero estoy divagando. El ladrón obtuvo el poder de la armadura, luchó contra el Dios Dragón Demoniaco, y terminaron derrotándose entre sí. Irónico, ¿no? Derrotado por la armadura que él mismo creó.
“… Cielos, sí que hablas mucho. ¿Cuál es tu punto?”
“¡Que, si solo tuviéramos la Armadura del Dios de la Lucha, incluso podríamos ser capaces de derrotar al Dios Dragón Orsted! ¡Ese es mi punto!”
“¿Y qué pasa si no la tenemos?”
“Entonces de seguro perderemos. El joven Dios del Norte y el Dios de la Espada sin colmillos podrán asegurar lo contrario, pero yo, alguien que ha luchado contra el Dios Dragón y sobrevivido, conozco mejor que nadie su fuerza.”
Geese se quedó en silencio.
“Aunque soy un demonio inmortal, si lucho contra él me depara la muerte, ya que conoce formas de matar incluso a los de mi raza.”
“¿Entonces cuál es el plan?”
“Por supuesto, ir y obtenerla.”
“Sí, es fácil decirlo, pero no es como si esta loca armadura simplemente estuviera esperando en algún sótano, ¿cierto?”
“¡Dicen que está estrictamente sellada y que el viaje hasta allá es peligroso!”
“Bueno, será una molestia. Entonces no podemos simplemente llegar ahí y tomarla, ¿eh?”
“Buajajaja. ¡Para mí, ese bien podría ser mi sótano!”
“Sí, bueno, no creo que se sienta de esa forma para mí…”
Geese suspiró como si estuviera harto. Era demasiado tarde; ante nuestros ojos se abría la boca de un gran agujero. Estábamos en medio del océano. Partes de un arrecife se veían por aquí y por allá. Aquí, en un pedazo de un océano normal, yacía un agujero de alrededor de cincuenta metros de diámetro. Agua salía de él. Así es, no fluía dentro —salía de él. ¿Quién sabe de dónde venía y hacia dónde fluía? Aquellos con ojos para verlo también se darían cuenta de que el agujero emitía una cantidad aterradora de poder mágico. Por supuesto, eso me incluía a mí.
“Este lugar está lleno hasta arriba de una energía extraña.”
“¡Entonces puedes sentirlo!”
“He completado el Laberinto de la Teletransportación de rango S e incluso ese no emitía nada así…”
“¡Buajajaja! ¡Pero por supuesto! Verás, este laberinto es distinto de otros laberintos. Es un punto de recolección de poder mágico que apareció durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Es donde desapareció un gran continente, habitado por las almas errantes de muchos millones de demonios. Este es uno de los tres laberintos más grandes del mundo: ¡La Cueva del Diablo!”
Desde su lugar sentado sobre mi hombro, Geese dejó salir un, “¡Hii!”
Los lugares aptos para la aparición de un laberinto eran los que tenían una alta concentración de poder mágico. La verdadera naturaleza del poder mágico todavía era pobremente comprendida, pero alteraba a los animales y las plantas y en ocasiones incluso podía provocar cambios en los materiales inorgánicos. Los propios laberintos eran cuevas y ruinas que habían atravesado tales cambios. Mientras se acumulaba más y más poder mágico, más efectos desfavorables aparecían. Los monstruos se multiplicaban, los árboles crecían más gruesos, y en ocasiones aparecían enfermedades. Era una cosa para nosotros los demonios, pero un cuerpo humano se debilitaría si era expuesto a una gran cantidad de poder mágico. Aunque parecía ser que los humanos se habían hecho inesperadamente resistentes en los tiempos actuales, ya que yo raramente escuchaba de tales casos.
Las leyes sobre cómo se reunía el poder mágico eran un misterio para mí, pero tal vez el poder mágico tenía alguna propiedad que hacía que se atrajera hacia sí mismo —los monstruos atacaban a los humanos para alimentarse de su poder mágico, y los laberintos absorbían a las criaturas que fallecían dentro de ellos. Esta es la razón por la cual los humanos construyeron sus asentamientos y florecieron en lugares donde el poder mágico era más escaso. Las ciudades y aldeas del presente surgían en lugares donde la concentración de poder mágico era baja. Incluso Rikarisu, donde en el pasado estaba ubicado el castillo de Kishirika, era igual. No existía ningún otro lugar en el Continente Demoniaco donde el poder mágico fuera tan escaso. O, al menos, lo había sido alguna vez. Ahora las cosas parecían ser diferentes.
Por cierto, nada de lo de arriba aplicaba a la fortaleza de Atofe. Imagino que ella creyó que vivir en un lugar repleto de monstruos se vería bien para un rey demonio. Mi hermana mayor tenía una mente así de simple.
Pero regresemos al tema de los laberintos. Los laberintos con frecuencia aparecen en lugares rebosantes de una alta concentración de poder mágico —las conocidas como piscinas de poder mágico. Mientras más denso fuera el poder mágico, más vastos, profundos, y enigmáticos se hacían los laberintos. Por lo tanto, los laberintos usualmente aparecían dentro de los bosques, lugares inhóspitos, montañas —lugares lejos de las personas. Tales lugares comenzaron siendo ricos en poder mágico, y, por lo tanto, eran aptos para el desarrollo de piscinas de poder mágico. Las piscinas de poder mágico aparecían naturalmente, pero tenían una capacidad limitada. Las que excedían esa capacidad límite eran, en esencia, creaciones artificiales.
Muerte. Cuando una persona moría, el poder mágico quedaba atrás. Bajo circunstancias normales, el poder mágico se disipaba rápidamente o de lo contrario era usado para convertir al cuerpo en un no-muerto.
Si una gran cantidad de vidas llegaba a su fin en una zona pequeña, el poder mágico, a través de su propiedad de atracción mutua, no se esparciría, sino que empezaría a converger. Al final de la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios, el estallido que ocurrió cuando Laplace y yo nos abatimos el uno al otro hizo desaparecer el continente, y junto con él, una multitud de personas, animales, y monstruos. El poder mágico que produjo convergió en el origen de la explosión y dio nacimiento a un laberinto. Ese laberinto era la Cueva del Diablo.
Era el peor de los peores, fácilmente a la par del Abismo del Dios Dragón en el Monte Dragoncry de las Montañas del Wyrm Rojo e Infierno en el Continente Divino.
“Fiu… Y bien, ¿bajaremos por aquí?”
Era arriesgado aventurarse a sus profundidades. Primero, había un túnel vertical de alrededor de veinte metros de diámetro que conectaba la entrada con el primer nivel. Las paredes eran cascadas fluyendo en reversa, y detrás de ellas vivían grandes enjambres de serpientes de mar lo suficientemente grandes como para tragar completa a una persona. Incluso a mí me tomaría tres días limpiar apropiadamente el lugar.
“¿El Dios Humano no te dijo nada?”
“Salta. Las serpientes irán tras cualquier idiota que avance junto a la superficie del agua, pero si caes a través del medio, a ellas no les importará.”
“Buajaja. ¡Entonces esto será fácil! ¡Hup!”
“¡Waaaa!”
¡Salté! Con Geese todavía sobre mi hombro, yo salté en medio del aire y permití que el impulso nos llevara hacia el centro del agujero. El viento rozaba mi cuerpo mientras bajaba hacia las profundidades del abismo. ¡Ah, la sensación de caer siempre es agradable! Veamos, ¿cuándo fue la última vez que salté desde un lugar elevado? ¿Fue cuando salté desde lo alto de las Montañas del Wyrm Rojo, o cuando salté dentro del gran cañón del Continente Demoniaco? Yo no puedo surcar los cielos como Atofe o Kishirika, así que tenía que ser hace bastante tiempo.
Ajá, había muchos ojos grandes observando desde la superficie del agua. Esas deben ser las serpientes de mar. Supongo que, si yo incluso rozaba la superficie del agua con mis dedos, las serpientes saldrían disparadas de su escondite para atacar. ¡Así es! Ellas tenían un nombre increíblemente aburrido: Dragones de la Caída. Los humanos tenían el mal hábito de colocarle el nombre dragón a cualquier cosa que tuviera la cabeza de un lagarto, incluso cuando no se parecía en nada a un dragón.
Ahora bien, si bien algunos monstruos siempre atacan, en ocasiones encuentras bestias como esta que yacen en espera. Es divertido cuando ocurre.
“¡O-oye, espera! Puedes aterrizar bien, ¿cierto?”
“¡Buajajaja! ¡Contrario a lo que puedas pensar, los aterrizajes son mi especialidad!”
“¡Es mejor que así sea!”
¡Qué hombre tan escéptico! Por otro lado, los miedos de Geese estaban justificados. El fondo del agujero estaba oscuro, y era difícil saber dónde caeríamos. Yo tampoco lo sabía aún, así que supongo que él no podía evitar preocuparse de que yo pudiera estropearlo.
“¡Tan ligero como una pluma!”
Yo nunca estropeaba las cosas. Golpeé el suelo con ambas piernas, usando la elasticidad de mis rodillas a su máxima capacidad para absorber el impacto, incluso mientras los huesos se quebraban. El hueso de mi cadera también se rompió. Al usar mis órganos internos como amortiguamiento, impedí que la fuerza viajara a través de la parte superior de mi cuerpo. Luego usé seis de mis dedos para levantar a Geese y maté lo último de la fuerza con mi codo.
¡Fue perfecto!
“¡Guh!”
Al menos, eso creí, pero Geese se puso azul mientras todo el aire era sacado de sus pulmones.
“Ack, ack…” Después de unos momentos de silencio, él tosió con fuerza y volvió a respirar. ¡Qué débil debe haber sido para tener problemas para respirar después de un pequeño salto como ese!
“Tenía razón, ¿o no?”
“Sí, bueno.” Él se veía molesto, pero no podía quejarse. Su vida nunca había estado en peligro.
“Ahora bien.”
Estábamos en el primer nivel. Extendiéndose en el fondo del vasto agujero había un lago subterráneo igualmente vasto. Enormes pilares se elevaban para soportar el peso del techo. A pesar de lo extraño que era decirlo, también había agua acumulándose sobre el techo. El lugar estaba inundado arriba y abajo. Tal como la clase de misterios que encontrarías en unas ruinas. Tierra era visible por aquí y por allá, pero el borde del lago casi no era visible. Si fuéramos a seguir adelante, no tendríamos más opción que sumergirnos en las profundidades…
En el fondo de este lago había pequeñas criaturas con forma de cangrejo. Me refiero a unas verdaderamente pequeñas, no más grandes que tu meñique. Ellas se acumulaban en el fondo. Al verlas por primera vez, podrías no pensar que eran una gran amenaza, pero cuando un enemigo se sumergía hasta una cierta profundidad, ellas atacarían como un solo individuo, despojando los huesos de su carne en segundos.
Yo podría soportarlo de haber estado solo. Pero convertirían a Geese en un esqueleto.
Por cierto, ninguno de los monstruos de aquí en adelante tenían nombres. Si Laplace todavía estuviera con vida, ese viejo sabueso probablemente habría venido para nombrarlos uno a uno. Dicen que él era meticuloso a ese nivel.
“¡Buajajaja! ¿Qué harás de aquí en adelante?”
“Dame un segundo,” dijo Geese, para luego bajarse de mi hombro y cerrar sus ojos. Él dio tres vueltas en círculo, para luego levantar su brazo. “Supongo que ese es el camino.”
“¡Buajajaja! ¡Fascinante! Ese es un pequeño hechizo que usa tu gente, ¿cierto?”
“Nah. El Dios Humano dijo que, si lo hacía, seríamos capaces de seguir adelante.”
“¡Buajaja! ¿Pediste la respuesta? ¡Qué aburrido! Cuando exploras un laberinto elaboras un mapa, hasta con el más mínimo detalle, ¿o me equivoco?”
“¡No tengo tiempo para eso!”
Supongo que él no lo tenía. Por mi parte, yo estaba bastante parcializado hacia realizar la clase de trabajo duro de ir explorando en busca del único camino hacia las profundidades de este enorme espacio ante nosotros. Las razas con una esperanza de vida corta siempre quieren evitar perder el tiempo. Incluso aunque perder el tiempo era lo que hacía al tiempo tan especial…
“¡Buajajaja! ¡Entonces en marcha!”
“Sí.”
Reí, para luego colocar a Geese sobre mi espalda y comenzar a nadar a través del totalmente silencioso lago subterráneo. Sentí algo retorcerse muy, pero muy por debajo de nosotros, pero estaba seguro de que no subiría.
Nadé de esa forma por bastante tiempo. Cerca del momento en que Geese comenzó a quedarse dormido sobre mi espalda, yo vi una isla asomándose sobre el lago subterráneo. Pisé tierra con algo de vacilación y descubrí que tenía un piso de piedra y, en el centro, una escalera que daba hacia abajo.
“¿Tomó esta maldita cantidad de tiempo atravesar el primer nivel? ¿A máxima velocidad? ¿Qué tan grande es este lugar?”
“En efecto…” Mientras escuchaba las quejas de Geese, yo entrecerré mis ojos hacia la escalera. Algo en ella era familiar.
Luego de eso, nosotros descendimos nivel tras nivel. Geese tenía memorizado perfectamente el método para completar cada nivel —este método, aprendido gracias al Dios Humano, era horriblemente descabellado. Yo pasé todo el viaje preguntándome cómo habíamos logrado atravesar un nivel, porque no nos habíamos encontrado con ningún monstruo en otro. Era incomprensible. ¿Acaso Geese se lo había cuestionado alguna vez…? No, claro que no. Este hombre no estaría con vida ahora mismo si alguna vez hubiese dudado de las palabras del Dios Humano. Su gratitud hacia el Dios Humano debe haber sido absoluta.
“¡Buajajaja! ¿Qué está haciendo una puerta tan grandiosa en las profundidades de un laberinto?”
“Ni idea. Supongo que incluso los laberintos tienen una imagen que mantener.”
“¡Buajajajajajaja! ¿Así que está presumiendo? ¡Eso sí que es divertido! ¡Buajajaja!”
Ante nosotros había una enorme puerta de alrededor de diez metros de alto. Era tan grande como la puerta que había sido instalada en el castillo de Kishirika durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Desde que fue construida hasta que fue destruida, esa puerta ni siquiera fue abierta una vez. Verán, el tamaño excesivo lo hacía malditamente difícil. Incluso los seres más grandes que yo usaban la puerta secundaria para entrar. ¡Eso sí que me trae recuerdos! En aquellos días, yo siempre me quejaba del porqué alguien fabricaría una puerta tan grande que ni siquiera abría, diciendo que debíamos fundir el metal y convertirlo en armas para los soldados.
Pero Kishirika me lo impidió diciendo algunas tonterías sobre “Si un héroe aparece y descubre una puerta destartalada, arruinará mi reputación como La Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco.”
Al final, ¿acaso había sido abierta alguna vez? Tal vez Laplace la abrió. Aunque si tuvo que derribarla, entonces eso quería decir que su existencia tuvo algo de significado… En ese entonces, yo creía tener la razón sobre todo. Solo ahora, cuando estaba en el lado rival, entendía el porqué era tan importante para Kishirika en ese entonces… ¡Pero no, de hecho, no lo entendía en lo absoluto! ¡Buajajaja! ¡Esta puerta claramente es demasiado grande! ¡Incluso se veía como una pared! ¡Un héroe en frente de esta puerta ni siquiera trataría de abrirla, simplemente usaría otra!
“Está ahí detrás.”
“Así parece ser.”
Estaba de acuerdo con Geese. Los laberintos tenían cosas grandiosas como esta en su punto más profundo. Mientras más fuerte fuera el laberinto, más grande era la inclinación hacia la grandeza. Dentro de aquellos que yo había visto, el punto más profundo del Laberinto Acero Negro era particularmente magnífico con su puerta dorada. A Kishirika le habría encantado.
Bueno, volvamos al asunto que nos concierne. Lo que yacía más allá de la puerta en la parte más profunda del laberinto era su guardián, por así decirlo. Cuando abriéramos esta puerta, comenzaría una batalla contra el monstruo más poderoso de este laberinto. Por supuesto, el nivel del guardián de la Cueva del Diablo estaba más allá de mis ideas más descabelladas… Pero eso no era problema. Geese había sido informado sobre cómo derrotarlo. Podrá ser una batalla difícil, pero al final saldríamos victoriosos.
De pronto perdí el deseo de reír y examiné cuidadosamente la puerta.
“¿Qué pasa, amigo? No has perdido la calma, ¿o sí?”
“Sí,” respondí inmediatamente. Geese se dio la vuelta para mirar hacia mí.
“¡O-oye! ¿Qué pasa? No puedo creer estar escuchando esto de ti. Sí, lo entiendo, ya que estamos a punto de enfrentar al guardián de este laberinto infernal, tenemos que tomarlo en serio. ¡Pero tú eres un rey demonio inmortal, ¿cierto?! No tienes nada que temer.” El tono del demonio con cara de mono era irónico. Geese siempre usaba una voz burlona cuando estaba tratando de persuadir a alguien. Luego, cuando llegaba el momento, él se ponía serio y apuñalaba con sus palabras justo en el corazón. Supongo que este era su encanto. No importa.
“… Mm.”
“¿No me digas que de verdad te sientes intimidado?”
Por supuesto, no era así. En primero lugar, como un demonio inmortal, yo no le temía a la batalla. Sea lo que sea que ocurra, yo no moriría.
En fin.
“Contempla esto.” Me di la vuelta. Detrás de nosotros, la muerte estaba por doquier. Llamas surgieron de la nada. Terremotos sin fin. Grietas se abrieron en el suelo y se tragaron todo sobre la superficie. Fueron los no-muertos quienes cayeron al vacío. Huesos rotos, fantasmas que se desvanecieron como niebla, y piezas esparcidas de armaduras negras.
“Sí, bueno, es un agujero infernal. Si llegaste hasta aquí luchando apropiadamente, esa sería una historia para ser contada por generaciones. Solo que esta vez, bueno, no le puedo decir a nadie, e incluso si lo hiciera, nadie la creería…”
“Este lugar me pone nostálgico.”
Geese miró hacia mí, perplejo. “¿Disculpa? ¿Y ahora qué? ¿Tratas de decir que ya has estado aquí antes?”
“En efecto. ¡Pero no en este lugar!”
Había sido el día en que terminó la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Para rescatar a Kishirika, yo me puse la Armadura del Dios de la Lucha y regresé al cuartel general de los demonios. Ahí fue donde lo vi. Debido a la increíblemente alta concentración de poder mágico en frente del nuevo castillo de Kishirika, todos los que murieron ahí se convirtieron en no-muertos antes de transcurrida una hora. Yo conocía los rostros de todos ellos. Todos eran verdaderos guerreros, quienes habían jurado su lealtad a Kishirika y que su poder había sido reconocido por ella —la guardia personal de Kishirika. Yo esperaba que ellos lucharan preparados para morir, pero al final, todos ellos murieron bajo la misma espada. Lo sabía, porque todos ellos se habían convertido en Dullahans sin cabeza.
Vestigios visibles de ellos permanecían en los no-muertos que enfrenté. Vi muchos de los mismos rostros; estos no-muertos habían sido generados como copias. Lo notaba claramente.
Ahora que lo pienso, todo este laberinto se había sentido familiar. Primero estaba la escalera de piedra en espiral que conectaba el primer nivel con el segundo, luego la estructura parecida al interior de un fuerte. La habitación con un techo que brillaba como si estuviese lleno de estrellas; el arma sostenida por el monstruo con forma de hombre; la fractura en la derrumbada pared exterior. Las pequeñas flores que ahora solo crecían aquí, floreciendo a un costado del camino; los monstruos que supuestamente debían estar extintos… Yo ya había visto todo eso antes —estaba siendo atacado por una gran sensación de déjà vu.
“Vamos.” Me senté para calmar mi ansiedad. “Vamos, siéntate.”
Geese no dijo nada, pero se sentó frente a mí. Sentarme frente a otro hombre me hacía querer tomar un trago, pero por desgracia, no teníamos nada para beber. Esta no era la clase de conversación que debíamos tener estando sobrios, pero bueno.
“¿Has escuchado que el mundo solía verse de una forma diferente a la actual?”
“Esa historia donde el ataque del Caballero Dorado Aldebarán no solo acabó con Kishirika Kishirisu, sino que dividió el continente y creó un océano, ¿cierto?”
“Sí, esa.”
En la actualidad, esa leyenda era tratada como pura ficción. Era realmente inconcebible que un hombre pudiera cambiar la forma de un continente. Las personas saben, cuando miran la inmensidad del mundo, que ellas son pequeñas, y que la naturaleza es abundante. ¡Yo me contaba entre ellas! Las montañas, los océanos, toda la naturaleza era simplemente magnífica y estaba muy por sobre nuestro poder.
“No puedo imaginarlo, pero tú estuviste ahí, ¿cierto?”
“Así es.”
Lo mismo podía decirse de Geese. Era por eso que estaba escuchando.
“Cuando yo nací, el Mar Ringus no existía.”
Escuché a Geese jadear. ¡Era de esperarse! ¿Quién no pondría tal cara al escuchar que el océano que ellos habían cruzado hace solo unos días en el pasado no había existido? Supongo que él lo creía porque las palabras salían de mi boca.
“El Monte Idatz, las Colinas de Ares, El Río Mimishillan, el Lago Cabre… ¿Has escuchado de ellos?”
Geese sacudió su cabeza.
“Todos son nombres de lugares que solían existir. Cada uno tenía su propia historia. Por ejemplo, el Monte Idatz era conocido como la montaña donde el gran elfo espadachín Idatzleid perfeccionó su arte.”
“Eh, vaya…” Él no sabía de ello. Idatzleid había muerto durante la Primera Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Él era un espadachín elfo que había asesinado a muchos miles de demonios. Al final, durante la batalla decisiva contra Necross Lacross, uno de los Cinco Grandes Reyes Demonio, él tuvo una muerte heroica. No quedaba ningún libro que contuviera ese episodio, ni nadie que pudiera contarlo. Incluso las montañas que lo habían simbolizado habían desaparecido. Era natural que Geese fuese ignorante al respecto. Se sentía como si toda la evidencia de que ese hombre alguna vez había vivido hubiese desaparecido… y, aun así, aquí estoy yo, recordándolo. La historia del gran espadachín Idatzleid era muy popular durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. No al nivel de que todos la conocían, pero todos aquellos que usaban una espada habían escuchado alguna versión de la historia. Ya nadie la conocía.
“Las personas, los edificios, y no solo aquellos, sino que incluso se perdió la forma de la tierra. Lo perdimos todo.” Cuando lo dije en voz alta, sentí que se me apretaba el pecho. “Ese es el poder que contiene la Armadura del Dios de la Lucha que vinimos a tomar.” Pensé en las cosas perdidas y los recuerdos perdidos. Recordé todos los paisajes hermosos que nadie recordaba. “Contiene el poder para destruir el mundo.”
¿Acaso Geese entendía lo mucho que podría perderse de ahora en adelante?
“Si en el Reino de Biheiril las cosas llegan al mismo final que la última vez, todo el Continente Divino y cerca de la mitad de los Continentes Demoniaco y Central serán eliminados.”
Geese asimiló esto en silencio.
“La gran explosión también alterará la geografía de los continentes restantes. El Continente Central dejará de ser tan prospero. El Gran Bosque podría convertirse en un desierto. Millis podría ser tragado por el océano y el Continente Begaritt podría ser empujado incluso más lejos…”
“Las razas terminarían mezcladas, y habría conflicto. Aunque no estaba registrado en ningún libro de historia, hace cuatro mil doscientos años, una era de oscuridad reinó casi por tres mil años. Todas las razas vagaban en busca de una tierra que pudieran considerar suya, luchando la una contra la otra…”
Habiendo dicho eso, no fue hasta algunos años luego del término de esa guerra que yo desperté, así que sé muy poco de esa época. ¡Buajajajaja!
Recordaba cómo, después de muchos años, los humanos desterraron a los demonios del Continente Central y nos condujeron al Continente Demoniaco.
“La geografía cambia, las culturas cambian, la manera de vivir cambia, y de allí estallan los conflictos. Aunque podría ser difícil entender tales cosas cuando apenas has escuchado de ellas.” Cuando desperté, yo estaba perplejo. El mundo se veía muy diferentes a como era antes. Había cambiado en cada aspecto posible. “Era un mundo totalmente diferente.”
El fin del mundo es menos vistoso de lo que esperarías. Después del paso de algunos miles de años, nadie recuerda el mundo que alguna vez existió excepto por nosotros, los demonios inmortales. Yo cambié después de esa guerra. Me comprometí con Kishirika y dejé de preocuparme por problemas triviales. Nosotros vivimos en la satisfacción de esos días de paz. Por lo tanto, yo solo tengo recuerdos agradables de los últimos cuatro mil doscientos años —aunque olvidé aquellos que no me agradaban. ¡Buajajajaja!
Geese estaba en silencio. Desde su posición, él no podía entenderlo.
“Con todo eso en mi mente, simplemente tenía que detenerme.” A diferencia de Atofe, yo soy relativamente rápido de mente. Pero ahora que tuve que detenerme, no me movería hasta que estuviera satisfecho. Después de todo, yo soy un rey demonio sabio. No puedo actuar a menos que sea racional. ¡Buajajajaja!
Y eso quería decir que estaba esperando ser persuadido. Este era el momento donde serían puestas a prueba las habilidades de persuasión de Geese. Este era el desafío de un rey demonio.
“… Oye, amigo.” Después de un periodo de silencio, Geese habló. “Tú eres un demonio inmortal, así que supongo que ves el mundo de una forma diferente a la de alguien como yo.”
“Eso creo.”
“Cuando la geografía cambia y la cultura cambia, bueno. Probablemente se ve como un mundo diferente para ti.”
“¿No se ve de esa forma para cualquiera?”
“Nah, no sería así. De ninguna manera.” Geese sacudió su cabeza. “De la forma en que yo lo veo, incluso si no haces nada, ir hacia el país vecino es como… diablos, es como un mundo diferente. Si regresas a tu antiguo país diez años más tarde, se verá totalmente diferente. Como una realidad completamente nueva.”
Él dijo diez años. Yo lo sabía en teoría, pero diez años realmente era una gran cantidad de tiempo para la mayoría de las demás razas.
“En solo diez años, hay muchas cosas que no cambian mucho, así que tienes momentos donde ves esas cosas y te tranquiliza. Entonces piensas sobre cómo tú tampoco has cambiado y eso realmente te deprime.” Geese habló con la misma falta de interés de siempre, pero había peso detrás de sus palabras.
“¿Destruir el mundo? Si me preguntas a mí, eso es un honor. Después de que el mundo termine, me gustaría construirme un monumento.” Sonó como una broma, pero su tono era serio. “Solo que, si sucede esa gran explosión, supongo que no sobreviviré a ella. Diablos, probablemente moriré en algún temblor a mitad de la batalla.”
Geese me miró directamente a los ojos y continuó. “El Jefe —me refiero a Rudeus— es un sujeto excepcional. Sí, puede disparar magia incluso por los ojos, pero como yo, él no puede usar un Aura de Batalla. Rudeus no deja que eso le afecte. Él se esfuerza al máximo y usa su ingenio, además de que es humilde y sabe cómo apoyarse en las personas. Eso sí, las personas no dependen de él. Él depende de ellas. Incluso aunque podrías pensar que Rudeus puede hacer lo que quiera por sí mismo, un tipo como él no puede hacerlo todo. El Jefe puede dividir las tareas entre las demás personas y ellas las harán. No hay muchos que puedan hacer algo así.”
“Yo no soy lo suficientemente fuerte para enfrentar al Jefe. Eso lo sé. Verás, esta vez, lo que yo hice fue reunir personas. Será una batalla en igualdad de condiciones. Te da ganas de ganar, ¿no? A diferencia del Jefe, yo no soy más que esto. Conseguí al Dios de la Espada, al Dios del Norte, al Rey Abismal Vita, al Dios Ogro, y ahora al Dios de la Lucha. Sí, tomé prestados los poderes del Dios Humano, pero reconozco que he reunido la mejor fuerza que pude. Empezaremos la partida con una alineación como nunca antes se ha visto. Lo planeé, los reuní, y voy a ganar. Así que no me importa si muero en el camino. He vivido una vida turbia, haciendo lo que el Dios Humano me dijo. Así es como valoro mi propio pellejo —Lo he planeado de una forma realmente cuidadosa, así que no hay forma de que vaya a perder, así es como me siento. Creí que era lo más importante, pero también pensé que tal vez podría haber algo más importante en algún lugar ahí afuera. En fin, todo termina aquí. Sé que podría morir, pero no voy a detenerme. Hay que comprometerse. ¿Mi oponente es Rudeus? Bueno, el tuyo es el Dios Dragón Orsted. Contra un enemigo incluso más poderoso que Laplace, tal parece que el mundo está condenado a terminar, ¿sabes?”
Arriesgar tu vida era una idea desconocida para mí, debido a ser un demonio inmortal. El Dios Dragón tenía el poder de matar demonios inmortales —así fue como había matado a mi padre. Aun así, a mí no me parecía real. Incluso Atofe seguía viva después de ser sellada quién sabe cuántas veces. Yo no estaba familiarizado con la muerte. Habiendo dicho eso, sabía que las personas con una vida finita la valoraban. Las personas como Geese la valoraban de una forma especial. Ellas no harían nada importante con sus vidas, pero al mismo tiempo las atesoraban.
… Eso era antes. Solo ahora que él tenía la oportunidad de hacer algo importante estaba dispuesto a arriesgar su preciada vida. No había nada que me obligara a ayudarlo… Pero había decidido oponerme al Dios Dragón. Había decidido ayudar al Dios Humano. Aunque me había dicho a mí mismo nunca más al final de la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios, yo había bajado a las profundidades de la Cueva del Diablo para recuperar la Armadura del Dios de la Lucha. En efecto, yo tenía que comprometerme. Tal como Geese.
“¡Buajajaja! ¡Que así sea! ¡Muy bien, es momento de obtener la armadura destructora de mundos!”
“¡Eso es lo que quería escuchar! ¡Vamos!”
¡Santo cielo, tal parece que mis propios pensamientos me jugaron una mala pasada! Después de ese día, debí haber sabido que era mejor avanzar sin pensar en lo que podría estar esperándote. Yo era inteligente, pero también idiota, y creía que eso me convertiría en un hombre digno de Kishirika.
¡Bueno, si así son las cosas, es mejor que comience! ¡Buajajajaja!
Yo conocía al defensor del laberinto. Él era uno de aquellos llamados los Cinco Grandes Reyes Demonio durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Cuando llegué al lugar de la batalla final, este hombre ya había muerto hace mucho. Él había sido el capitán de la guardia personal de Kishirika. Su nombre era… No, no debo dar su nombre. Este ser tenía la misma forma, pero no era él.
Nosotros estábamos en el punto más profundo de la Cueva del Diablo, así que había estado convencido de que encontraríamos a alguien idéntico a Laplace. Esto era anticlimático.
Que este hombre —alguien leal, pero rígido y del tipo que se lanzaba de cabeza hacia todo— fuera el señor de la Cueva del Diablo… Difícilmente le hacía honor a su nombre.
“¡O-oye! Este sujeto se ve peligroso…”
“¡Buajajaja! ¡Es cierto, él se ve aterrador! ¡Aunque no es una gran amenaza!” Por supuesto, de pie frente a nosotros había un caballero sin cabeza. Lo que había cambiado en comparación al pasado era que él no estaba sosteniendo su cabeza. Él estaba usando una armadura negra azabache y estaba ensartado en espadas. Cada vez que se movía, las espadas dejaban salir un horrible chirrido. Si la memoria no me fallaba, él nunca había sido de usar mucho las espadas. Lo cual quería decir… Sí, había pensado que era obvia la causa de muerte, pero, por supuesto, él había luchado hasta el amargo final. Pero no con Laplace. Él había liderado a un ejército medio destruido por Laplace contras los humanos. Al final, ellos habían cortado su cabeza. ¡Cuando no eres un demonio inmortal, mueres cuando tu cabeza es cortada! ¡Había pensado que su cuerpo había sido destruido en esa explosión, pero resultó que él estaba aquí! Ah, qué reunión tan conmovedora. ¡Estoy a punto de llorar!
Este era el momento perfecto para compartir un trago e intercambiar viejas historias de guerra. ¡En ese entonces, él y yo no nos habíamos visto a los ojos ni una sola vez, y ahora menos! Pero estaba seguro de que habríamos disfrutado beber un trago juntos. Por desgracia, nosotros teníamos que derrotar al guardián si queríamos conseguir el objeto que vinimos a buscar. Me enfoqué en ello. ¡Tampoco es como si él tuviera una cabeza para beber! ¡Buajajaja!
“¡Buajajaja! ¡Ven y lucha contra mí, si es que tienes las agallas!” Levanté mis puños y arremetí hacia el frente. En el pasado, yo podría haber vacilado ante este rey demonio. ¡El capitán había sido un hombre fuerte, especialmente en combate uno a uno! Él incluso podría haber mantenido a raya a Atofe. Atofe era inmortal y tenía una reserva sin fin de resistencia, así que él solo podría haberla mantenido a raya, ¡pero seguía siendo impresionante! Él reinaba como el más fuerte de los Cinco Grandes Reyes Demonio. Indudablemente era un poder que no debía menospreciarse. El antiguo yo estudioso nunca buscó pelea con él. Él me habría mandado a volar en un instante. Desde aquellos días, yo había entrenado y entrenado. Usando los recuerdos del tiempo que había pasado usando la Armadura del Dios de la Lucha, yo había desarrollado mi propio estilo de artes marciales único y entrenado mis músculos para poder usarlo. Me quedé cerca de Atofe, quien me hizo papilla cada día. Me esforcé para también ser capaz de actuar con una arrogancia temeraria. ¿Quién habría pensado que llegaría el día en el cual podría mostrarte los resultados? ¡Buajajaja!
“¡Nghuh!” Mientras me acercaba a él, totalmente motivado, su puño me golpeó y me mandó a volar. ¡Di tres vueltas en el aire! Mi rostro estaba hundido. Aunque eso sanaría pronto.
“¡Buajajaja! ¡Esto es malo! ¡No ganaré si sigo así!”
Me puse de pie, con mis puños levantados, pero la diferencia en fuerza era crudamente evidente. ¡Como era de esperarse del guardián de un laberinto de alto nivel! Él parecía ser más fuerte de lo que recordaba… pero no, ya había sido así. Estaba claro que, incluso con un poco de entrenamiento y trabajar en mi estilo de batalla personal, él todavía me superaba. Esta no sería una batalla fácil.
“B-bueno, ahora escucha, ¿bien? ¡Él tiene un punto débil!”
“¡Buajajajaja! ¡Eso es ridículo! ¿Él tiene un punto débil?”
“Sí, solo que, el Dios Humano dijo que su punto débil… ¡eran las palabras! ¿Entiendes lo que digo?”
Ante la respuesta de Geese yo dejé de avanzar hacia el rey demonio. En el segundo que me detuve, él me golpeó con la cara de su hoja y me envió a volar hacia atrás.
Mientras volaba, yo pensé en ello.
¿Palabras? ¡Incluso si fuera a decirlas, él no tiene oídos para escucharlas!
“… ¡Ajá! ¡Ya entiendo!”
Palabras. ¿Palabras?
Era cierto que él y yo habíamos luchado lado a lado durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Aunque no había llegado a los golpes, por supuesto que intercambiamos algunas palabras, e hicimos algunas promesas. Muchas de ellas las mantuvimos, y otras tantas las habíamos roto.
Hmm, en ese caso… ¡hay demasiadas opciones!
“¡No tengo idea!” Recibí otro corte. No, no contaba como un corte. Su espada tenía tan poco filo que no pudo perforar mi cuerpo.
¡Ajá, espadas! ¡Eso es!
“¡Hace mucho tiempo, él trató de darle una espada a Kishirika como una ofrenda! El día anterior, él dijo que alguien la rompió, pero en realidad… ¡quien la rompió fui yo! ¡Lo siento! ¡No me gustaba la idea de que siguieras ganándote su favor! ¡Fue un impulso! ¡Espero que puedas disculparme!”
“¡Graaaaaaah!” Él perdió la compostura. Aunque no tenía una cabeza, un grito de ira salió de la nada. ¡Así que podía escuchar incluso sin orejas! En el pasado, las orejas de su raza no estaban en sus cabezas, ¿así que tal vez tampoco hablaban con sus gargantas?
Pero este no era el momento para tal pregunta.
Había lamentado no haber podido ser capaz de confesar mi fechoría, pero todo lo que podrías esperar de una espada ofrecida a Kishirika era ser usada en un truco de fiesta y terminar destruida de todas formas. Así que no me sentía tan mal.
“¡Vamos, debes tener algo más!” gritó Geese. “¿No eres el rey demonio de la sabiduría?”
“¡Hay demasiadas posibilidades! ¡No puedo reducirlas!”
“¡Entonces solo repásalas una a una!”
Y eso hice.
“Recuerdas cuando tu hija…”
“¡Ese caballo azul brillante que encontramos en la Isla Ruson! Ese…”
“Cuando derrotamos al ejército humano en las Colinas Kohiba…”
Ninguna de mis palabras llegaba a él. Cada vez que decía algo, su espada era balanceada y yo era mandado a volar. Si yo fuera un demonio normal, ya habría muerto un centenar de veces. Me hacía llamar un rey demonio sabio, y aunque tenía mi propia opinión sobre la sabiduría y el conocimiento, bueno, era malditamente impresionante cómo los recuerdos seguían surgiendo. Era como si hubiese vuelto a ser el antiguo yo, reviviendo mis recuerdos. Me puse un poco nervioso.
“¿Mm?” Había pasado a través de un poco más de cien recuerdos cuando me di cuenta de algo.
“¡O-oye! Él se está moviendo un poco más lento, ¿no?”
El guardián, que se movía produciendo un horrible chirrido del choque entre las partes de su armadura y por arrastrar su espada, de seguro había perdido algo de su vigor. No estaba seguro de cuál de mis palabras había dado en el blanco, pero una de ellas de seguro lo había hecho.
“¡Bien, esta es tu oportunidad! ¡No le des tiempo de recuperarse!”
No, eso no está bien. Eso pensé mientras miraba hacia el leal guardián. Nada de lo que dije había sido la respuesta. El guardián me estaba mirando como si le doliera, como si mis historias le hubiesen hecho recordar algo. Tal vez mis viejas historias le habían permitido de alguna forma darse cuenta de que yo no era un enemigo. Él había perdido su sentido de sí mismo, pero sabía que yo no era alguien contra quien debía usar su espada. ¿Por qué se esforzaba tanto por seguir luchando? Él era el guardián; eso era parte de ello. Los monstruos estaban atados a tales papeles. De seguro fue algún arrepentimiento lo que lo convirtió en un guardián. De ser así, ahora sabía qué decirle.
“Nosotros los demonios perdimos la guerra, pero no fuimos destruidos, y Kishirika Kishirisu está sana y salva. Podemos luchar otro día. Por favor, baja tu espada.”
El guardián dejó de moverse. Entonces, en silencio, él se arrodilló lentamente, para luego caer hacia el frente. Fue como si estuviera satisfecho. Él estaba diciendo que finalmente podía descansar.
“Incluso después de convertirse en el guardián del laberinto, él todavía estaba atado por la lealtad. Qué aburrido.”
Espero no convertirme en guardián de un laberinto después de la batalla contra el Dios Dragón, pensé mientras mis pies me llevaban hacia el frente.
En el punto más profundo del laberinto estaba el trono donde Kishirika se había sentado. Actualmente estaba ocupado por un conjunto de armadura. Era hermosa. El diseño era simple, con un peto, hombreras y borla curvos. No había nada especial en ella, pero podías ver que estaba a kilómetros de distancia de algo producido en masa que puedes encontrar en una armería local.
Si hubiese estado en exhibición en una armería, no podría haber fallado en llamar la atención con su diseño perfectamente eficiente. Sea cual sea el metal del cual realmente estaba hecha, este brillaba de dorado, y en la oscuridad emitía una luz tenue. La eficiencia y el brillo dorado producían un efecto imponente que fascinaba a cualquiera que la viera.
Era un poco más pequeña que la última vez que la vi. No —no había forma de que el tamaño hubiese cambiado. Cuando la vi por primera vez, el asombro que había inspirado en mí debe haberla hecho parecer más grande. Sin embargo, ahora parecía mucho más siniestra.
“E-esta es la Armadura del Dios de la Lucha… V-vaya… Puedes notar que es realmente poderosa con solo mirarla.”
“Ten cuidado de no tocarla. Te absorberá.”
“E-entiendo…” Geese luego hizo retroceder cautelosamente sus dedos estirados.
“¡Buajajaja! ¡Solo bromeaba! ¡No pasará nada si solo la tocas!”
“V-vamos, no me asustes así… Pero, para ser honesto, se siente como si algo fuera a pasar si la tocas…”
Esta era la Armadura del Dios de la Lucha, construida por Laplace como la armadura definitiva. Nada pasaría si solo la tocas, pero maldecía a quien la usaba, impulsándolo hacia la batalla. Recordar el pasado era suficiente para darme escalofríos.
“Geese.”
“¿Sí?”
“No sé en qué me convertiré una vez que me ponga la armadura.”
Geese se quedó en silencio.
“Me esforzaré por proteger mi consciencia, pero solo será cuestión de tiempo antes de que pierda el control. En el peor de los casos…”
“¿Peor de los casos? Cielos, ¿qué demonios se supone que haga entonces?”
“Ah, no, solo necesitas llevarme hacia donde están nuestros enemigos. Yo me encargaré del resto.”
“Muy bien, eso suena factible.”
“¡Buajajajajaja! ¡Estoy contando contigo!”
“Genial. Tomó un tiempo, pero ahora tenemos toda la fuerza que necesitamos para ganar. El Rey Abismal Vita crea el caos en ellos, luego el Dios de la Espada, el Dios del Norte, y el Dios Ogro atacarán… y entonces, al final, el Dios de la Lucha elimina al Dios Dragón, y entonces la victoria estará asegurada.”
Geese sonaba complacido.
¡Entonces manos a la obra!
“¡Bueno, entonces, por primera vez en cuatro mil doscientos años, le mostraré a nuestros enemigos cómo son las cosas cuando me pongo serio!”
“¡Sííí! ¡Tú puedes, grandote!”
“¡Buajajajajaja!”
“¡Jajajaja!” La risa de alivio de Geese hizo eco a través de las paredes de la antigua sala del trono de Kishirika.
“Si bien odio hacer esto cuando estás de tan buen humor, tu tiempo se acabó.”
Yo estaba de muy buen humor durante el camino cuando el Dios Humano apareció en mis sueños para provocarme. Qué divertido.
Ah, pero qué lugar tan particular era —blanco y vacío. Siempre había sido un misterio para mí dónde podrá estar ubicado. No podías descartarlo con la excusa de simplemente ser parte de un sueño. El lugar siempre estaba igual, y por lo que había escuchado, era igual para los demás con los que había hablado el Dios Humano.
“Tch. ¿Por qué te preocupa eso? Eres demasiado molesto.”
Ya, ya, Dios Humano, tranquilízate. Sales de la nada para decir ‘tu tiempo se acabó,’ pero no tengo ni la más mínima idea de qué significa. Puede que sea el Rey Demonio de la Sabiduría, pero todavía necesito conocimiento para entender.
“El Rey Abismal Vita fue derrotado de inmediato. El Dios de la Espada y el Dios del Norte se enteraron y atacaron demasiado pronto. El Dios Ogro se unió a la batalla, pero entonces Atofe apareció para ayudar a Rudeus y tomó como rehenes a los ogros.”
Aah… Entonces fueron vapuleados.
“Esto es tu culpa, tuya y de Geese, por quedarse en el laberinto por tanto tiempo. ¡Inútiles! ¡Debieron haber barrido el piso con un laberinto como ese! ¿Qué estuvieron haciendo? ¡Y Geese! ¿Todas esas grandes palabras solo para que termine así? ¡Qué idiota fui cuando decidí contar con ustedes!”
Buajajajaja. Puedo ver cómo son las cosas. Las fuerzas que reuniste fueron eliminadas, y estás molesto. Puede que te llamen dios, pero al final, solo eres un hombre.
“¿Qué acabas de decirme?”
El problema sobre los planes es que raramente salen como quisieras. Una mirada al Dios de la Espada y al Dios del Norte debería haber sido suficiente para darse cuenta de que atacarían demasiado pronto. Especialmente Alek. ¡El niño nunca supo seguir órdenes, ni siquiera cuando era un donnadie! Tal vez las cosas no salieron como querías, pero debiste haber anticipado eso. Pero esperen… tu dependencia excesiva de ver el futuro significa que nunca has esperado otro posible resultado. Esta clase de cosas pasan todo el tiempo.
“… ¿Cuál es tu problema?”
¡Buajajaja! ¡Solo vas a terminar más herido si sigues preocupándote por cada pequeñez! ¡Pero debo decir que es inesperadamente refrescante verte poner esa cara! ¡Me gusta! En el pasado, un vistazo a esa cara podría haberme aterrado —¡pero ahora que te estoy prestando mi ayuda desde el fondo de mi corazón, no tengo nada que temer! ¡Buajajaja!
“Deja de jugar. Seguro, no puedo ver tu futuro, pero aun así puedo arrebatarte lo más preciado para ti… y lo lograré en lugares que tus ojos no pueden alcanzar.”
Ese es uno de tus defectos. No puedes ser específico sobre las cosas que son preciadas para mí.
“La Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco Kishirika Kishirisu.”
Oho… Lo admito, la idea de que pongas tus manos sobre ella no es una agradable. ¡Pero no deberías tomarte esto tan en serio! Esta es la clase de charla amistosa que se da con los aliados. En efecto, ahora tú y yo somos camaradas —compañeros de armas. Descargar tu frustración en tus aliados solo bajará su moral. No deberías hacerle eso a tus aliados cuando estás en pánico —no cuando la derrota todavía no es segura.
“¿No es segura? Sabes que más de la mitad de los aliados que puse en el tablero fueron derrotados y que ahora solo quedas tú, ¿cierto?”
No es segura. Aún no ha terminado. Después de todo, Geese y yo todavía estamos aquí.
“¿Qué, todavía hay algo que ustedes pueden hacer?”
¡Claro que sí! Ese es el asunto sobre los planes —siempre quieres pensar dos o tres movimientos por adelantado. Geese y yo fuimos capaces de anticipar que el Dios de la Espada y Alek actuarían como idiotas y atacarían demasiado pronto. Tenemos otro plan.
“¿Y estás seguro de que ganaremos con este plan?”
¡Buajajaja! ¿No has estado escuchando? ¡No existe tal cosa como un plan que garantice la victoria! En cuanto a eso, nuestro primer plan tenía por objetivo la victoria total, pero este… no. ¡El segundo mejor plan es el que viene después del mejor plan, sabes!
“No me hagas enojar. Responde la pregunta. ¿Ganaremos o no?”
Deberíamos ser capaces de satisfacer las condiciones para la victoria, incluso si la victoria no es total.
“Mejor que así sea.”
Bueno, incluso si no tuviera otro plan, simplemente lucharía con todo lo que tengo.
“Eso sería inútil.”
¡Buajajaja! ¡Esa forma de pensar es lo que te metió en este problema!
“… ¿Y qué se supone que significa eso?”
Geese dará todo lo que tiene por ti, y yo planeo hacer lo mismo. No sé lo que hizo el Rey Abismal Vita, pero vamos a asumir que él también dio todo lo que tenía. Pero ¿qué hay del Dios de la Espada y el Dios del Norte? ¿Qué hay del Dios Ogro? El Dios de la Espada y el Dios del Norte atacaron demasiado pronto. Pero si ellos hubiesen dado lo mejor por ti, si ellos hubiesen confiado en ti y en nosotros, quienes confiamos en ti, ¿qué crees que habría pasado entonces? ¿Podrían no haber entrado en pánico y atacado cuando supieron que el Rey Abismal Vita había sido asesinado?
El Dios Ogro dijo que los ogros fueron tomados como rehenes. Su trabajo es proteger a los ogros. Como su líder, ese es su deber. Así que, cuando ellos fueron tomados como rehenes, él no tuvo más opción que priorizarlos. Pero ¿qué tal si él hubiese decidido darlo todo por ti? Digamos que él hubiese dejado de lado su título de Dios Ogro y luchado por ti simplemente como otro guerrero desde el inicio. ¿No habría continuado luchando, incluso después de que los ogros hubiesen sido tomados como rehenes?
“… Yo no… no tiene caso pensar en escenarios hipotéticos.”
¡Buajajaja! ¡La vida es un ‘escenario hipotético’ tras otro! ¡Las personas hacen cosas por los demás y ayudan a otros sin esperar nada a cambio para convertir esos ‘escenarios hipotéticos’ en realidad! ¡En efecto, tal como lo hace Rudeus Greyrat!
“¿Me estás diciendo que lo imite?”
Tus interpretaciones de lo que dije no me importan. Sin embargo, te daré un consejo antes de irme. No es justo que yo siempre sea el que tome tu consejo, ¿no crees? ¡Yo soy el Rey Demonio de la Sabiduría! ¡Debo regresar el favor de vez en cuando!
“Como si quisiera tu—”
Geese y yo probablemente moriremos en esta batalla. Pero la batalla continuará. E incluso si ganamos, no significará un final definitivo de la batalla. Tú puedes ver el futuro, así que crees que, si terminas sonriendo al final, eso significa que habrás ganado. Pero otros aparecerán para amenazar ese futuro brillante tuyo. Así que escúchame: si quieres ser el que ría al último, pon atención al corazón de los hombres.
“¿El corazón de los hombres? Eso es lo más estúpido que—”
¡Y ahora me despido! ¡Buajajaja! ¡Buaja, buajaja, buajajajajajajajaja!
Notas de los lectores
✦ La conversación puede contener spoilers de este capítulo.
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