Geese y Su Aliado Final
Capítulo Extra: Geese y Su Aliado Final
Me encontraba en la Región de Biegoya del Continente Demoniaco, dentro de la mansión de un cierto alcalde. El olor a alcohol llenaba el aire. Los hombres dentro de la habitación, todos completamente borrachos, estaban medio desnudos. Los bastardos no estaban usando ni una sola prenda de la cintura para arriba.
Yo estaba justo en frente del mandamás de este grupo. Conocía la reputación del sujeto, pero él estaba un poco fuera de mi liga. Por supuesto, yo sabía su nombre. Lo había visto desde lejos. Aunque no es como si nunca hubiésemos pasado el rato juntos; tampoco hablamos tanto. Simplemente lo conocía, ¿bien? Sabía que él estaba ahí afuera en el mundo, haciendo algo. Hasta ahí llegaba nuestra relación—si es que podías llamar a eso una relación.
Últimamente me había estado acercando a este grupo, pero no estaba acostumbrado a estar a su alrededor. Mi cabeza todavía estaba adolorida.
“¡Buajaja! ¡Buajaja! ¡Glup! ¡Glup! ¡Buajajaja!”
El hombre estaba bebiendo enérgicamente de su bebida. Sus seis brazos estaban sosteniendo un barril de cerveza completo; él lo inclinó y bebió, bebió, y bebió, y bebió. La forma en que tragaba sugería que él no le estaba prestando atención al sabor. Si me preguntan a mí, es un desperdicio de un buen trago.
“Estás de buen humor,” dije, acercándome al hombre.
El hombre arrojó el barril hacia la distancia después de beberse la última gota. Sus ojos se posaron sobre mí. “¡Buajajaja! ¡Sí, tienes razón!” Él solo ofreció una breve respuesta antes de apartar su mirada. “¡Tráiganme otro, ya que me gustó mucho su cerveza! Una gran cosecha. ¡Buajaja!”
Este tipo no estaba interesado en mí. Aunque yo conocía una palabra que llamaría su atención. Estaba seguro de que, tan pronto como la escuchara, él se sentaría derecho y pondría atención.
“Y dime. ¿Has escuchado del Dios Humano?” pregunté.
Su risa se detuvo, y sus ojos me miraron fijamente. “Tú,” dijo él. “¿Dónde escuchaste ese nombre?”
“En el mismo lugar que tú. En un sueño.”
“¿Oh, no me digas? ¡Dirígete hacia la Universidad de Magia del Reino de Ranoa! ¡Ahí encontrarás a alguien con una profunda conexión con el Dios Humano! ¡Buajaja!”
Asumí que se estaba refiriendo al Jefe. Es cierto, si yo estaba conectado con el Dios Humano y quería una forma de cortarla, ese sería el lugar correcto para ello. Era un consejo razonable.
“Nop,” dije. “Tengo asuntos contigo.”
“¿Qué?”
“Soy aliado del Dios Humano. Estamos luchando contra el Dios Dragón. Únete a nosotros.”
“¿Oh?”
Su postura cambió por completo. Su sonrisa jovial se convirtió en una seria. Era un cambio alarmante, considerando que él la clase de sujeto que siempre estaba alegre.
“Si eso es lo que quieres, déjame decirte algo. Considéralo un consejo.”
Yo asentí. “Adelante.”
“Si te alías con el Dios Humano, un día vas a destruir con tus propias manos lo más preciado para ti. Huye mientras puedas.”
“Sip, lo sé. Seguí su consejo antes y eso me llevó a destruir mi hogar por completo.”
Él se me quedó mirando de la sorpresa. “¿Tu hogar? ¿Mm? ¿Y todavía sigues a ese sujeto?”
“Supongo, sí.”
Así debe sentirse observar que la opinión tuya de alguien cambie ante tus ojos. Repentinamente sentí que me consideraba una figura interesante. Curiosidad. Creo que me gusta.
“¿Destruiste tu hogar con tus propias manos y no sentiste nada?”
Sacudí rápidamente mi cabeza. “Nah, por supuesto que no. Fue un verdadero shock para mí. ¿Cómo lo digo? Fue solo cuando ya era demasiado tarde, cuando las cosas ya estaban fuera de mi control, que repentinamente lo entendí todo—no odiaba ese lugar. Lo admito, había pensado que mi familia y hermanos no eran más que basura. Pero en ese momento me di cuenta de que nunca quise que murieran. Estaba completamente arrepentido. ¿Qué he hecho? Ni siquiera pude ponerme de pie por días.”
Habían pasado ya varios años desde que comencé a seguir los consejos del Dios Humano y empecé mi viaje antes de que todo se viniera abajo. Ocurrió antes de conocer a Paul y los demás, cuando yo era un aventurero desesperado por dinero. El Dios Humano me había aconsejado ofrecer información a un cierto sujeto. Fue diferente de los consejos de siempre, dicho más bien como una solicitud. Sí sentí que había algo fuera de lugar en ese momento. Aun así, hice exactamente lo que me dijo, ofrecí la información, y conseguí una buena recompensa por mi esfuerzo.
Ni siquiera fue tanto dinero. En ese entonces lo pareció, pero solo fue lo suficiente como para estar un mes sin trabajar antes de que se acabara. A mí no me importó—estaba más feliz que la mierda. Tomé mi dinero, fui hacia una taberna, invité a todos los presentes unos tragos, y me ahogué en licor.
Al día siguiente, todo se fue a la mierda. Ese día, descubrí que la información que había entregado había provocado la ira de un Rey Demonio. Este Rey Demonio generalmente era un sujeto afable, pero todos tienen un secreto que no quieren que se sepa. Bueno, la información que yo había entregado se relacionaba directamente con ese secreto. El Rey Demonio rastreó la filtración hasta un demonio de la Tribu Nuka.
El Rey Demonio fue directamente hacia el asentamiento de nuestro clan y los masacró a todos. No mostró misericordia—a nadie. Hombres y mujeres, viejos y niños—fue una matanza indiscriminada. Ni siquiera el Rey Demonio sobrevivió a su propia masacre. La información que yo había entregado era la llave para matar a este Rey Demonio. El hombre que me había comprado esta información la vendió, y los compradores mataron al Rey Demonio.
Yo fui el único sobreviviente.
Estaba perplejo. Lloré. Pataleé. Me lamenté. ¿Por qué soy tan idiota? ¿Por qué confié en el Dios Humano?
¿Cómo creen que el Dios Humano reaccionó a todo esto? Él se burló de mí y se rio a carcajadas.
“Bastante horrible, ¿cierto? Él me hizo experimentar la peor situación imaginable, para luego patearme en el estómago mientras estaba caído,” dije, recordándolo todo.
“Y confías en el Dios Humano luego de todo eso, ¿eh? ¡Buajaja! ¡Eres un hombre interesante!”
“¿Cierto? Me lo dicen mucho.”
Dudaba que hubiera otro hombre con vida que hubiese caído hasta las profundidades de la desesperación y todavía siguiera confiando en el Dios Humano a pesar de eso. Rudeus no había hecho eso. Tampoco el hombre con el que yo estaba hablando ahora.
“Yo creo que tú también eres muy interesante,” dije.
“¿Oh?”
Aunque yo estaba escéptico a partir de todo lo que había escuchado hasta ahora, comencé a sospechar que este sujeto no era como Rudeus. Para ser honesto, él parecía ser de los míos.
“No es como si supiera todos los detalles, pero… hay una chica que te interesa, ¿cierto?”
“¡Así es! ¡Estamos comprometidos!”
“Pero no fuiste capaz de decir lo que sentías por ella, ¿cierto?” continué, presionándolo.
“Me atrapaste con eso.”
“Solo lograste decirle gracias al Dios Humano, ¿cierto? Se lo debes. ¿Cierto?”
Hubo una pausa.
“Mmm… ¡Ahora que lo mencionas, supongo que no le he pagado!”
“¿Por qué no pagas la deuda que debes prestándonos tu fuerza ahora? No es un mal trato, ¿no crees?”
Eso se sentía bastante arriesgado, considerando que él podría aplastarme a mí y a mis huesos y convertirnos en una bola solo con sus manos. Después de todo, sus intereses estaban más del lado de Rudeus. Apuesto a que él entendía el dolor que provocaba seguir el consejo del Dios Humano solo para observar lo más preciado para ti siendo pisoteado. Al mismo tiempo, apuesto a que él también podía comprender cómo me sentía yo. Sí, me habían robado algo preciado para mí, pero había salido de todo eso sin perder lo más preciado de todo.
Este sujeto tenía que ser como yo. A pesar de que había sido engañado como muchos otros antes, era el único que quedaba, debido a que, al final, él aun así había puesto sus manos sobre lo más preciado para él.
“¡No es un mal trato! ¡Sí tengo una obligación de brindar mi ayuda al Dios Humano!”
Me animé. “Sí, la tienes, ¿no?”
“¡Pero me rehúso!”
“¿Eh? ¿¡Por qué!?” grité de la incredulidad.
“¡Tú!” Él apuntó sus dedos hacia mí—los dedos índices de cuatro de sus manos. “¡Buajaja! ¡Dañaría mi reputación como un Rey Demonio si fuera a permitir ser convencido por juegos de palabras y un poco de culpa!”
No pude evitar cerrar mi boca. Ah, ya lo entiendo. Es cierto, este tipo es uno de ellos—uno de los demonios inmortales. Su larga esperanza de vida le daba una extraña preocupación por la reputación, los acuerdos, y ese tipo de cosas. Era testarudo sobre sus propias reglas autoimpuestas.
“¡Yo soy el Rey Demonio Inmortal Badigadi! ¡Si quieres luchar a mi lado, primero necesitas derrotarme!”
Es cierto. Este era el Rey Demonio Inmortal Badigadi. Él era un Rey Demonio que concedía sabiduría. Su hermana, la Reina Demonio Inmortal Atoferatofe, concedía fuerza. Ella solo podía ser forzada a rendirse por alguien más fuerte que ella. En contraste, se decía que Badigadi solo se rendiría frente a alguien que tuviera un poco de ingenio.
“Bien, entiendo. Te enfrentaré.”
“¿Una competición de ingenio? ¡Buajaja! ¿Qué tonterías estás diciendo? ¿Cuál sería el propósito de tal competición?”
“¿Qué?”
Mierda. Si él estaba buscando una contienda física, entonces yo no tenía oportunidad. ¿Debería traer a alguien para que luche en mi lugar?
“Aunque no hay mucho honor en vencer a un enclenque como yo, ¿no crees? ¿O de verdad crees que eso incrementará tu reputación como Rey Demonio?”
Badigadi sacudió su cabeza. “¡Por supuesto que no! El deber de un Rey Demonio es dar una batalla justa a los héroes potenciales.”
Ladeé mi cabeza. “Bueno, ¿entonces qué clase de competición quieres?”
El hombre levantó otro barril de cerveza. “Esto,” dijo él. “¡Por lo que se ve, apuesto a que eres un bebedor bastante ávido!”
“Disfruto de un buen trago.”
Entonces va a ser un concurso de bebidas. Yo no era muy bueno aguantando el alcohol. Sí me gustaba más que a Talhand, pero no lo suficiente como para presumir.
Badigadi tenía cerca de diez barriles vacíos esparcidos a su alrededor. Tomando eso en cuenta, tal vez yo pueda… Nah, no podía esperar tanto. Este hombre era un demonio inmortal. Sin importar lo buena que pueda parecer mi ventaja ahora mismo, apostaría a que el tipo tenía una capacidad ilimitada para beber. Él era como un pozo sin fondo. Yo no iba a ganar.
“¿Y bien?” me instó Badigadi. “¿Te acobardaste? ¿O eres del tipo que solo acepta un desafío si está seguro de que va a ganar?”
“Nah, más bien no me molesto con aceptar desafíos que sé que no voy a ganar,” dije, corrigiéndolo.
“Rudeus Greyrat era diferente. Él no se inmutó ante la idea de luchar. Él dejó salir una gran risa y disparó repentinamente un hechizo de nivel Imperial hacia mí. ¡Por supuesto, yo aun así lo vencí! ¡Buajajaja!”
“No me gusta que me compares de ninguna forma con el Jefe. A diferencia de él, yo no nací con ningún talento.”
“Hmph. ¿Qué pasa con eso de no aceptar un desafío que no puedes ganar y no tener talento? ¿Crees que Rudeus Greyrat estaba tan confiado en ese momento? ¿Que se lanzaba hacia cada batalla sintiendo que sería protegido por sus propios talentos?”
Recordé nuestro tiempo en el Laberinto de la Teletransportación. Seguro, el Jefe tenía más confianza que yo, pero había chillado de la ansiedad algunas veces. El descuido que cometió al final casi lo destruye completamente. Roxy lo había ayudado a recobrar su espíritu, pero estuvo cerca. Él había mejorado con el paso del tiempo, pero a Rudeus todavía le pasaba la muerte de Paul.
Yo estaba dispuesto a apostar que él tampoco tenía esperanzas de ganar cuando se enfrentó a Orsted. Rudeus apenas pudo enfrentar a esa hidra, pero ese tipo Orsted podría haber vapuleado a ese monstruo con una sola mano.
“También lo sabes, ¿no? Hay algunas batallas que no puedes ganar solo manipulando las cosas desde la seguridad de las sombras. En ocasiones tienes que poner tu vida en juego para aumentar tus probabilidades de victoria.”
No dije nada en respuesta.
“Lo sé,” dijo Badigadi. “Hubo una ocasión en que no lo hice, y esa fue la razón por la que terminé perdiéndolo todo. Eso fue un aprendizaje. ¡He pulido mi cuerpo, tomado toda clase de alcohol, y he hecho montones de amigos! ¡Buajajaja! ¡Desearía mostrarte el enclenque donnadie que yo solía ser!”
Yo solo sabía cómo era este Rey Demonio bueno para hablar basándome en lo poco que me dijo el Dios Humano. Aun así, dejando de lado la falta de información, había una cosa de la que estaba seguro; para un Rey Demonio, un contrato era absoluto. Esta competición no era imposible. Era solo un concurso de bebidas. Si podía obtener una victoria en esto, sabía que él honraría su promesa. Él se convertiría en el lacayo del Dios Humano y mi marioneta. El Rey Demonio Inmortal Badigadi, el sujeto que había enfrentado y derrotado a un Dios Dragón en los tiempos históricos, estaría a mí disposición y me llamaría; Geese Nukadia, el pequeño perro faldero del Dios Humano, un tipo que recoge los huesos de las demás personas para seguir adelante.
“Bien,” dije.
Si esta fuera una lucha cuerpo a cuerpo, yo no tendría oportunidad. Pero siempre y cuando este no fuera un combate físico, entonces no era imposible.
Asentí para mí mismo. “Ya tienes a un retador. Espero que no te moleste ser derrotado patéticamente, Rey Demonio.”
“¡Buajaja! ¡Ese es el espíritu! ¡Entonces vamos, muéstrame de lo que estás hecho!”
“Es mejor que no olvides tu promesa,” le advertí.
“¡El resto de ustedes! ¡Tráigannos más cerveza!”
Con los términos de nuestro concurso establecidos, todos a nuestro alrededor estallaron de la emoción.
“¡Muy bien, cara de mono! ¡Muéstranos de los que estás hecho!”
“Sí que tienes agallas para un extranjero.”
“¡Este amigo mono podría dar la sorpresa! ¡Tengan cuidado!”
Terminé siendo empujado sobre una silla por los hombres a nuestro alrededor. Escaneé el área y mis ojos se posaron sobre una pila de cuerpos inconscientes—pobres idiotas que habían retado a Badigadi solo para fracasar de manera espectacular. Había cinco de ellos apilados ahí, pero yo sospechaba que había muchos más actualmente inconscientes al lado de ellos. Eso significa que el hombre debe ser bastante resistente, pero… Cielos, ¿de verdad tengo opciones de ganar esto?
“Entonces empieza, toma tu primera jarra.”
Se me entregó una jarra—una de madera del tamaño de un puño enorme, dentro de la cual vertieron una cerveza dorada y translucida, llenando la jarra hasta el borde.
“¡Hasta el fondo!”
“¡Sí, vacíenlas!”
Logré acabarme la primera jarra sin ningún problema. Mm, sí, esta cerveza baja muy bien. Podría tomar de esta cosa casi infinitamente. A pesar de que, a juzgar por los cuerpos sobre el suelo, yo no era el único que había estado convencido de eso.
“Kejeje, todos ellos eran idiotas—pensaban que podían retar a un Rey Demonio Inmortal como yo a un concurso de bebidas,” dijo Badigadi.
“¿Acaso alguien te ha vencido alguna vez en esto?”
“¡Sí!”
Alguien me entregó una segunda jarra. Levantamos al mismo tiempo nuestras jarras rebalsándose y las dejamos secas.
“¡Fuah!” exhale una vez que había terminado de bebérmela toda. “¿Me vas a decir el nombre de este amigo?”
“¡Eso debería ser obvio! ¡Fue la Gran Emperatriz del Mundo Demoniaco Kishirika Kishirisu!”
“No me mientas. Ella no cuenta.”
“¡Buajajajaja! ¡Una victoria es una victoria, y una derrota es una derrota!”
Kishirika Kishirisu era la prometida de Badigadi. Durante la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios, los dos estaban en una relación de amo-sirviente. Apostaría a que Badigadi había perdido a propósito con ella como una muestra de sumisión.
“¿Tratas de decirme que perdiste en una lucha justa?” pregunté, escéptico.
“Sip. ¡Tú tienes las mismas oportunidades! Sería una buena historia que el último sobreviviente de los Nukadia me venza.”
Entrecerré mis ojos hacia él. “¿Por qué sabes eso?”
“¡Buajaja! Conozco a las personas de mi región. ¡Sé cuáles clanes han sido aniquilados recientemente!”
Terminé mi cuarta jarra. Era una cerveza deliciosa. Bajó suavemente a través de mi garganta.
“Geese Nukadia,” continuó Badigadi, “¿qué es lo que consideras una lucha justa, mm?”
“Esa es una pregunta extraña. Diría que es exactamente de la forma como lo dijiste antes. No perder a propósito, sin contenerse, y seguir hasta que uno de los lados sea el claro vencedor. ¿Cierto?”
“¡Sí! ¡Exactamente!”
Uno de los hombres me entregó mi quinta jarra. La tomé con mi mano. Todavía puedo seguir. Todo está bien, me dije a mí mismo.
“Pero la victoria es un concepto vago. ¿No estás de acuerdo?”
Asentí pensativamente. “Sí, tienes razón. Ahí afuera hay un montón de perdedores que actúan como si hubiesen ganado algo.”
“¡Buajaja! ¡Veo que sí lo entiendes!”
A continuación, llegó mi sexta jarra. Sentía que los bordes de mi visión estaban comenzando a volverse borrosos, pero todavía estaba en el juego. Podía seguir bebiendo. El alcohol aún no me había embriagado. Todo está bien, todo bien.
“Piensa por un momento. ¿Qué significa la victoria para ti?” preguntó Badigadi.
“¿La victoria?”
Esto no es bueno. Esta cerveza es peligrosa. Era lo suficientemente deliciosa como para bebérmela sin pensarlo. Claramente era más potente que el vino de Asura. Estaba a la par del licor fuerte de Ranoa o la cerveza que servían los enanos. Era difícil darse cuenta debido al sabor, pero esta era una bebida para personas que querían emborracharse de inmediato. Esta no era la clase de cosa que querías seguir tomando de esta forma.
Cálmate un poco, me dije a mí mismo. Tienes que bajar el ritmo o vas a perder. No podía permitirme ser derrotado. Sin importar si ganaba o perdía, no podía dejar que las cosas terminaran aquí.
“Sip, así es. Piénsalo detenidamente.”
¿Pensar? Pensarlo… ¿pensar qué? Ah, la victoria. Sí, victoria… Bueno, ¿qué es la victoria? ¿Qué significa para mí? ¿Qué debo hacer para ganar? ¿Emborrachar hasta la inconsciencia a Badigadi? Nah. Eso no es lo que busco. Debe haber algo más—alguna otra razón por la que estoy en esta competición.
“Aquí tienes, la octava.”
Ni siquiera podía recordar la séptima. Estaba llegando a la respuesta—esta para él era una batalla de agallas. Seguro, era un método indirecto, pero él me iba a emborrachar, para exponerme y que le diga algo. Lo importante no era beber más que él. Badigadi quería que yo supiera que lo importante era hacerlo admitir la derrota.
Me di cuenta de que él había estado dando pistas para obtener la victoria a lo largo de nuestra conversación. Esto era un juego. Un juego en el cual yo tenía que seguir las pistas, encontrar las palabras apropiadas, y responder correctamente.
Pfft, como si pudiese recordar siquiera una palabra que dijo. ¿Estás tratando de jugar conmigo, haciéndome beber esta cerveza fuerte solo para hacerme preguntas que requieren pensar?
“¿Estás tratando de mantenerme bailando para divertirte? ¿Es eso? ¿Hah?” me quejé con él.
“¡Buajaja! ¡Las palmas de mis manos son bastante grandes, así que debería ser fácil bailar sobre ellas!”
“¿Con quién crees que estás hablando, hah? ¡Quien estará bailando antes de que esto termine eres tú! ¡Sobre la palma de mi mano!”
La novena jarra fue colocada ante mí.
“¡Bien dicho! ¡Pero santo cielo, parece que tu cuerpo está empezando a tambalearse antes que el mío!”
“¡Ah, ya cállate!” grité hacia él.
Acepté la décima jarra con una mano que temblaba de forma incontrolable. Sabía que, si me tragaba todo esto, yo definitivamente iba a vomitar inmediatamente después. Eso no me detuvo. No tenía más opción que hacerlo. No era como si tuviera una razón en especial. Solo sabía que, si me rendía, no iba a ser capaz de vencer a Rudeus.
“Urp…”
Mi estómago comenzó a contraerse, incapaz de soportar todo el alcohol. Sentía que mi cabeza estaba girando sin rumbo. Apreté mi quijada, tratando desesperadamente de contenerlo, pero algo agrio subió a través de mi garganta y comenzó a llenar mi boca. Mantuve mis labios firmemente cerrados, pero a causa de eso fluyó hacia mi nariz. Un horrible escalofrió me recorrió.
“¡Bluuuurg!”
Vomité. Lo que salió de mí no tenía forma—era solo fluido, ácido estomacal mezclado con cerveza, el cual creó un desagradable charco sobre el suelo. Un hedor acre llenó la habitación. Los hombres a nuestro alrededor fruncieron sus rostros del disgusto incluso mientras estallaban en aplausos, adulando al Rey Demonio y su victoria.
“¡Buajaja! ¡Parece que nuestro enfrentamiento terminó!”
Yo estaba en cuatro sobre el suelo, con saliva goteando de mi mentón mientras miraba hacia el desagradable charco debajo de mí. Todo se sentía horrible. Mi cuerpo entero, mi corazón—todo. Había perdido, completamente. Yo era un perdedor.
Forcé mi cuello para levantar mi cabeza, donde pude ver al Rey Demonio de seis brazos. Él estaba de pie ahí, todavía viéndose tan solemne como siempre mientras se acercaba, con su jarra en mano. Él tenía una mirada triunfante en su rostro.
Aparté mis ojos. No podía creer que él me hubiese derrotado. Seguro, en el exterior yo sabía que no había ninguna posibilidad de victoria, pero en el fondo, sabía que tenía que haber alguna forma de ganar. Que, si solo nos estábamos enfrentando en un concurso de bebidas, yo tenía una oportunidad. Pero en realidad, yo…
Repentinamente lo entendí.
“¿Mm?”
Regresé a mi asiento y tomé en silencio mi jarra con mi mano, manteniéndola en el aire. Era la decimoprimera jarra que alguien me había servido.
“¿Quién estableció una regla donde si vomitas pierdes, hah?” dije.

El rostro de Badigadi se volvió inexpresivo por un momento. Él fue completamente tomado por sorpresa. Pero pronto sonrió y se volvió a sentar. “¡Nadie lo hizo!” admitió animadamente él.
Oh, sí. Es hora del segundo asalto.
Ya había olvidado cuántas jarras me había tomado y cuántas veces había vomitado toda la cerveza que bebí. A mitad de camino, comencé a vomitar entre cada jarra que bebía. Algunas veces incluso vomité mientras bebía. Mi cuerpo estaba más allá de su límite. Sabía eso. Mi consciencia iba y venía, mi visión era borrosa, y mis recuerdos confusos. Ni siquiera podía hablar, apenas gruñir. Me convertí en una máquina, agarrando robóticamente una jarra recién llenada solo para beberla inmediatamente. Era un verdadero milagro que todavía no me hubiese desmayado.
“Ooh… Urgh…”
“¡Buajaja! ¡Buajaja! ¡Buajaja! ¡Buajajajaja!”
La risa animada de Badigadi iba y venía a través de la neblina de mi embriaguez. Dejé de escuchar a la multitud y sus aclamaciones hace un rato. Sentía que estaba en medio de un sueño.
Esperen un momento. ¿Cuándo fue que Badigadi se cayó de lado? Nah, soy yo el que se cayó, ¿eh? Mierda…
“Mi Señor, si sigue con esto, él va a morir.”
“Mm. No esperaba que él fuera del tipo que llegaría tan lejos,” dijo pensativamente Badigadi.
“¿Qué debemos hacer con él?”
“Usen magia de desintoxicación sobre él y recuéstenlo por allá.”
“¿Qué hay sobre su competición?”
“¡Buajaja! ¡Que un cobarde como él pusiera su vida en juego fue muy heroico! ¡No tengo más opción que admitir la derrota! Ser un héroe no necesariamente significa ser físicamente fuerte, ¿o sí? ¡Buajajaja!”
Logré escuchar ese corto intercambio antes de que mi consciencia se hundiera en la profunda oscuridad.
Badigadi
¡Esta es la oportunidad perfecta! Permítanme hablar un poco sobre el pasado. Voy a contarles sobre un sujeto que pensó que era inteligente. Equivocadamente. Todos a su alrededor eran completos idiotas, así que él había estado engañado. Sus compañeros, su hermana mayor—cuyo poder no era nada en comparación con el suyo, por cierto—e incluso el monarca que él y sus pares supuestamente debían amar y respetar. Todos a su alrededor carecían de sentido común. Era natural que él asumiera que era inteligente.
Verán, todos en su tribu eran—por regla general—unos idiotas. Lo que lo hacía diferente era que él trataba de expandir su inteligencia. Él entendía la lógica detrás de ciertas cosas, podía predecir correctamente lo que las personas estaban pensando, y era hábil descubriendo soluciones a los problemas.
El padre del hombre lo llamó un prodigio entre prodigios, de los cuales nacían uno cada diez mil años. A él incluso se le dio el calificativo de Rey Demonio de la Sabiduría. Estaba claro por qué pensaba que era inteligente, ¿no?
¿Cómo? Dicen que, si él realmente era más inteligente que todos los demás que conocía, ¿entonces no estaba equivocado? ¡Buajajaja! ¡Esa es una gran suposición!
Piénsenlo por un momento: si un hombre dentro de un mar de idiotas es solo un poco más listo que el resto de ellos, ¿de verdad puedes decir que él es inteligente? ¡No, no puedes! ¡El hecho de que él mismo no lo ve prueba que no es un genio!
Nos estamos saliendo del tema. ¡Estoy contando una historia, ¿saben?!
En ese entonces, los humanos y demonios estaban enfrascados en un conflicto que más adelante sería llamado la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios. Fue poco más que una escaramuza cuando era comparada a la futura Guerra de Laplace.
Nuestra larga esperanza de vida nos hace más pacientes a nosotros los demonios, así que nuestras invasiones son lentas. Somos relajados incluso cuando se trata de perder batallas cruciales en una guerra, lo cual por lo tanto les daba a los humanos el tiempo para recuperarse y asediarnos una vez más. Ganar una batalla es menos importante que ganar la guerra.
Nuestro estúpido héroe se unió al ejército del Rey Demonio, donde se le fue dada la posición de consejero táctico. Él veía cómo su gente se involucró en la guerra y terminó consternado. Las cosas no podían seguir así. Si ellos realmente querían ganar, entonces necesitaban comprometerse con una ofensiva más agresiva—tomar ubicaciones clave en el territorio enemigo.
¿Y adivinen qué? Nadie quería escucharlo. ¡Después de todo, todos eran idiotas, incapaces de entender la lógica de la guerra!
En fin, un día—sí, estoy siendo vago, pero de verdad no era un día especial. Salió de la nada, en serio. ¿O sí lo fue? Tal vez algo había ocurrido para precipitar el evento, pero nuestro protagonista no era lo suficientemente astuto como para descubrir la causa.
¡En fin!
Un día, el hombre comenzó a tener un sueño recurrente. Una persona aparecía en él, alguien cuyo sexo era indiscernible, cuya apariencia era tan nítida como la de una sombra. Apenas podía ser llamado un sueño. Esta persona se hizo llamar Dios Humano. Literalmente el dios de los humanos.
El dios dijo, “Verás, yo soy un dios. Todos los que viven en el mundo son como niños para mí. Nunca se me pasaría por la cabeza hacerte daño. De hecho, viendo lo mucho que te has estado esforzando, me gustaría ayudarte.”
Así es, un lunático.
El hombre naturalmente sospechaba de este dios, pero el dios aun así le ofreció un pequeño consejo antes de desaparecer. Inconsecuentemente, fue un consejo fácil de seguir: él dijo que debía enviar algunas tropas—incluso pocas estarían bien—hacia las Ruinas Galgau.
Ahora bien, nuestro protagonista era serio en extremo. Él sabía que ya había un Rey Demonio situado en las ruinas con sus tropas. Él no veía la necesidad de enviar tropas adicionales, ya que difícilmente parecía una posición vulnerable, pero de todas formas siguió el consejo y desplegó algunas de sus tropas ahí.
Cuando llegaron, se encontraron con una vista espantosa. Las Ruinas Galgau ya se habían convertido en un campo de batalla. Los demonios estaban superados en números, pero los humanos no esperaban que el hombre llegara con refuerzos. Él no había llevado a tantos soldados consigo, pero eran los suficientes como para estropear la formación enemiga. El hombre terminó salvando al ejército del Rey Demonio más importante. La victoria incrementó su influencia.
Desde ese momento fue como un sueño.
El hombre manipuló al ejército del Rey Demonio detrás de escena con su astucia. Él asumió el control de los territorios de los humanos a una velocidad alarmante. También se ganó el favor de la gente bestia, quienes eran considerados una especie de demonios en ese entonces, y los convenció de unir fuerzas con los demonios. Aunque esos no fueron los únicos aliados que se ganó. El hombre incluso logró traer al tablero a la gente del mar. Juntos, sus ejércitos ganaron territorio de forma constante. Solo era cuestión de tiempo hasta que los humanos fuesen eliminados de la faz del mundo. El hombre estaba agradecido con el dios. Gracias a ese dios, nuestro protagonista pronto sería capaz de vengar a su gran y noble padre.
Eso nunca ocurrió.
Lo recuerdo como si hubiese sucedido hace solo momentos.
La estrategia que había ideado nuestro protagonista era infalible. Pensando en ello ahora, no había habido ni una sola grieta. ¡Buajaja! Estoy exagerando un poco, mi memoria no es perfecta. Aun así, una cosa se me escapó. Lo que puedo decirles es esto: el plan del hombre era perfecto y si hubiese tenido éxito, el hombre podría haber establecido un puente hacia el Reino de Asura. Los humanos no habrían tenido dónde correr. La victoria habría sido segura. Así de perfecto era.
Pero entonces, un aspecto crucial falló.
Fue extraño. Su ejército era superior en números y fuerza. De hecho, él y sus tropas tenían un mejor entendimiento de lo crucial que era esta batalla. Los humanos eran despistados. Esta era precisamente la razón por la que la fortaleza que los demonios trataban de invadir tenía tan pocas personas protegiéndola. Estos hechos le aseguraron al hombre que no podía perder.
Aun así, terminó perdiendo.
Fue una masacre. Las personas decían esa palabra con frecuencia, pero lo digo en serio. No fue limpio, no fue pulcro, todos ellos murieron, y cada muerte fue del tipo desagradable. No hubo ni un solo sobreviviente.
El hombre estuvo horrorizado cuando vio el sangriento resultado. Sus hombres superaban los diez mil, pero todos habían sido masacrados. Él ni siquiera podía comenzar a imaginar cómo había ocurrido la matanza. Lo único claro era que parecía ser obra casi en su totalidad por un solo humano. Fue la misma técnica brutal, una y otra vez.
El hombre se dio cuenta de que había nacido un monstruo tremendo entre los humanos—supongo que, desde su perspectiva, era un héroe. Durante la Primera Gran Guerra entre Humanos y Demonios, un héroe parecido había nacido y expulsó a los demonios con su fuerza abrumadora. Nuestro estúpido protagonista había escuchado la historia, lo cual le ayudó a reconocer que el culpable en esta ocasión era similar.
Ese fue el punto de inflexión. Después de eso, sin importar lo que hiciera el hombre, nada salió bien. Este héroe interferiría e impediría cada uno de sus planes. Todo era culpa de ese héroe.
¿Mm? ¿Preguntan cómo lo sabía? No, no, puede explicarse fácilmente. No todas sus tropas fueron asesinadas en cada batalla, así que él fue capaz de reunir información de los sobrevivientes. Descubrió que incluso los humanos no estaban tan seguros de quién era este héroe suyo. Él era un hombre cubierto de una armadura dorada que apareció repentinamente en batalla para guiar a los humanos hacia la victoria. Esa era la única información que tenían.
Las personas llamaban al hombre Caballero Dorado Aldebarán.
Aldebarán poseía un poder tan abrumador que pudo dar vuelta completamente el flujo de la batalla, dándoles a los humanos el impulso necesario.
Era ridículo. Sin importar lo mucho que nuestro protagonista estrujase su inteligencia, sin importar lo completo y bien pensado de su plan, él siempre era vencido por la insuperable fuerza del héroe humano.
Las personas la llamaban la Segunda Gran Guerra entre Humanos y Demonios, pero no era una exageración decir que la guerra en realidad solo era entre los demonios y el hombre llamado Aldebarán. A mitad de camino del conflicto, al hombre dejó de importarle colocarse su armadura. Él aun así logró abrumarnos.
Los demonios no podían ganar contra Aldebarán. Nuestro protagonista perdió cada batalla importante luego de eso. El ejército humano hizo retroceder sus fuerzas hasta que estaban reunidas en el último bastión de defensa de los demonios, el Castillo Kishirisu.
En ese entonces, nuestro héroe demonio tenía un fuerte sentido del deber. Él estaba convencido de que era totalmente su culpa de que estuvieran en el predicamento actual. Ellos habían perdido muchos valientes Reyes Demonio. Incluso su hermana, una de las más fuertes de todos los Reyes Demonio, fue derrotada durante el curso de todo esto. Ellos habían perdido todo el territorio que habían conquistado a lo largo de la guerra. Todo eso era su culpa. Oh, qué presumido había sido él.
En retrospectiva, eso no era cierto. No había necesidad de que él se sintiera responsable por perder contra un adversario tan poderoso. Lo que debió haber hecho era cortar sus pérdidas y correr como el resto de los Reyes Demonio, aislándose en su región para llevar una vida tranquila.
La culpa no cambiaba mucho. La guerra había terminado, y el ejército demonio se cayó a pedazos. Era solo cuestión de tiempo antes de que los humanos conquistaran todo el territorio de los demonios.
Fue entonces que, una mujer, según nuestro protagonista la más idiota de todos, le dijo, “Esto no es tu culpa. Yo me encargaré del resto—deja de atormentarte.”
Ella era el monarca que él y los demás supuestamente debían amar y respetar—un espíritu libre inhibido que vivía exactamente de la forma que quería. El hombre era abiertamente hostil hacia ella. ¡Buajaja! Pero verán, en lo profundo, él estaba locamente enamorado. ¿Por qué este Rey Demonio de la Sabiduría se esforzó más allá de sus límites como un consejero táctico? ¡Por amor, por supuesto! Para hacer feliz a su amada—a esta mujer.
Fue solo al final de todo ello que él se dio cuenta de esta verdad. En ese momento fue cuando le rezó a dios.
Por favor, ayuda a esta mujer. Ayúdanos a nosotros los demonios. Haré lo que sea a cambio, lo juro.
Esa misma noche, después de decir esa plegaria, el desconcertante ser apareció en sus sueños una vez más. Él aún no podía distinguir si el ser era hombre o mujer, ni tampoco discernir sus rasgos. Pero el dios sonrió hacia él y agitó su mano, casi como un viejo amigo saludándote desde el otro lado del camino.
“Hola,” dijo el dios.
El hombre naturalmente sentía desconfianza. ¿Por qué este dios—un dios humano—apareció para responder a las plegarias de un demonio como él?
Como para responder a sus dudas, el dios dijo, “Aldebarán es un terrible Dios de la Lucha, ¿no crees? Estoy tan asombrado por esto como tú. Al paso que van las cosas, tu amada reina y el resto de los demonios encontrarán su amargo final.”
En retrospectiva, había algo extraño sobre eso. ¿Por qué un dios humano se molestaría con algo tan trivial como la extinción de la raza demoniaca? Pero el hombre estaba demasiado desesperado como para hacerle caso a su buen juicio. Él agotaría cada recurso para dar vuelta todo esto.
“¿Qué debo hacer?” preguntó él.
Los labios del Dios Humano se curvaron para formar una intrigante y servil sonrisa. “Seguir mis instrucciones al pie de la letra.”
Y así el hombre emprendió un viaje. Podría ser difícil de creer ahora, pero él era frágil en ese entonces, todo piel y huesos. Era un demonio inmortal, así que caminó sin descansar ni dormir. Él se abrió paso justo a través del ejército humano, atravesó más de diez bosques, cruzó más de cinco ríos, y escaló más de tres montañas completas. Entonces, finalmente, se adentró en las profundidades de un laberinto que ya no existe. Ahí fue donde lo encontró: un solitario frasco de color púrpura. En el pasado había sido una medicina común y corriente, pero el denso poder mágico impregnando el laberinto la había alterado.
“Este es un elixir especial Anti-Ojo Demoniaco. Si lo bebes, ningún ojo demoniaco será capaz de verte.”
Tal vez esto había sido algo que originalmente debía caer en las manos de otro de los héroes humanos—podría haber creado otro al nivel de Aldebarán. Este elixir habría creado una debilidad en la líder más poderosa de los demonios, la Emperatriz Kishirika Kishirisu.
Los efectos del elixir continuarían hasta la muerte. Incluso sabiendo eso, el hombre se lo bebió por completo. Luego comenzó a correr una vez más. Él atravesó valles infinitamente profundos, una pradera sumergida en una tormenta de nieve, y al final, escaló la montaña más alta del mundo.
Fue ahí donde encontró la segunda cosa que él estaba buscando: un conjunto de armadura dorado. Brillaba de pies a cabeza, pero no se veía ridícula. No, esta armadura era siniestra, con el poder de hechizar a todo aquel que posara su mirada sobre ella. Esta temible armadura había estado oculta dentro de una montaña increíblemente empinada, sellada lejos de la vista.
“Cualquiera que vista esta armadura tendrá un poder invencible,” le había dicho el dios.
Es momento de repetirlo: el hombre era un idiota. Él no se detuvo a pensar en la razón por la que esta armadura había sido sellada—la razón por la que alguien la había ocultado aquí. Era el epítome de la arrogancia llamarse a sí mismo el Rey Demonio de la Sabiduría. Rey Demonio de la Estupidez habría encajado mucho mejor con él.
El hombre siguió las instrucciones del Dios Humano y liberó el sello conteniendo a la armadura. El sello era bastante complejo, pero apropiadamente para un autoproclamado Rey Demonio de la Sabiduría, removerlo no fue tan difícil. Una vez que lo removió, él se colocó la armadura… y perdió el control.
La armadura ciertamente era poderosa. Estaba imbuida con un suministro de poder mágico tan grande que había desarrollado su propia consciencia. No es como si el hombre se hubiese dado cuenta de eso al principio. Él estaba demasiado embriagado con el poder que salía de la armadura y entraba a su cuerpo. Estaba convencido de que sería capaz de vencer a Aldebarán.
Masacraré a ese Aldebarán y luego mataré al resto, pensó él.
Si todavía no es evidente, él inmediatamente perdió la razón. El hombre normalmente era inútil cuando se trataba de una batalla, pero terminó impulsado por la sed de ella. Él avanzó tan rápido como el viento. Saltó desde la montaña del tamaño de un behemoth, cruzó el valle, la pradera sumergida en una tormenta de nieve, tres montañas más, cinco ríos, y diez bosques. Él derrotó al ejército enemigo y finalmente regresó al lado de su amada.
Lo hice, pensó él. La mujer que adoraba todavía estaba con vida. Ella había luchado, estaba golpeada hasta casi la muerte, pero todavía estaba con vida.
¿Contra quién había luchado? Hm, esto podría ser un poco difícil de explicar, pero en realidad no era Aldebarán quien estaba de pie frente a ella. En cierto sentido, el oponente era igual que Aldebarán, pero no exactamente. Verán, el humano conocido como Aldebarán—el caballero dorado que apareció en la batalla inicial que lo cambió todo—ya estaba muerto para este punto.
El enemigo que yacía ante ellos era el Dios Dragón Laplace. Dios Dragón Demoniaco Laplace, si necesitan su título completo. Nuestro protagonista sabía de él.
El Dios Dragón Laplace vivía aislado en una montaña distante, solo para descender ocasionalmente a la aldea a sus pies para enseñar artes marciales a las personas. Él era un individuo afable a quien, según la advertencia que había pasado de generación en generación entre los demonios inmortales, no debían contradecir. Eso realmente era todo lo que el hombre conocía sobre Laplace.
Por alguna razón, este Laplace estaba tratando de matar a la mujer que amaba nuestro protagonista. Si el hombre hubiese estado en su sano juicio, él podría haberse detenido a considerar lo que motivó al Dios Dragón—al menos demandar una explicación. Él podría haber usado su intelecto para tranquilizar a Laplace, evitando completamente el combate.
Por desgracia, la sed de sangre del hombre lo superó. Cuando vio que su amada estaba herida, la furia se apoderó de él. El hombre dejó salir un rugido de alguna clase, uno que nunca antes había escapado de su garganta, para luego lanzarse sobre Laplace.
El Dios Dragón fue tomado por sorpresa. Por supuesto que fue así. Su oponente usaba la armadura que él estaba seguro nadie nunca encontraría. Aún peor, ningún ojo demoniaco funcionaba en él. Sin embargo, el título del hombre como el Dios Dragón Demoniaco no era solo eso. Él era el único rey sobreviviente de la ancestral raza dragón—una persona a la que nadie se atrevía a oponerse.
Si el hombre hubiese enfrentado a Laplace con su fuerza normal, su batalla ni siquiera habría durado algunos segundos. De hecho, con el primer ataque, el Dios Dragón había logrado cercenar los brazos del hombre y también descuartizarlo. Si el hombre no hubiese estado usando ese conjunto de armadura, todo habría terminado ahí. Si el hombre no hubiese sido un demonio inmortal, todo habría terminado en ese preciso momento. Esos son meros escenarios hipotéticos, debido a que el hombre estaba usando el conjunto de armadura. Él era un demonio inmortal.
Nuevas extremidades surgieron de lo que quedaba del cuerpo del hombre y la armadura se reparó a sí misma automáticamente. Forzó al cuerpo del hombre a moverse—a luchar—incluso mientras su consciencia estaba medio dormida.
Fue una batalla feroz.
Si Laplace había calculado mal algo, era que nunca imaginó que alguien más usaría la armadura que él mismo había creado.
El hombre no tenía forma de luchar, pero la armadura sí. Estaba dotada de todo tipo de armas, había imitado diferentes artes marciales, y podía analizar el flujo de la batalla. Poseía un repertorio de más de mil técnicas secretas y era capaz de seleccionar la que era más óptima para la situación. Por supuesto, dentro de sus técnicas estaban algunas que el propio Dios Dragón Demoniaco había pasado años creando.
Irónico, ¿no?
No tenía idea de lo que Laplace debe haber estado pensando para desarrollar esta técnica, pero él había salido con una que era increíblemente fatal contra sí mismo. Cuando fue usada contra él, esta lo partió en dos.
El hombre había derrotado al oponente más poderoso del mundo y protegido a la mujer que amaba. Maravilloso, ¿no? ¡Qué final tan feliz! ¡Buajajaja!
Bueno… en realidad, la historia continúa. Pero permitan que un hombre sueñe un poco.
¿Por qué no había terminado? Porque el hombre no había terminado después de vencer a Laplace. La armadura se había apoderado de su consciencia, transformándolo en un monstruo controlado totalmente por su propia sed de sangre.
Para el momento que el hombre pudo volver a sí mismo, él ya había atravesado el corazón de su amada con su espada. Él no tenía idea de por qué había regresado su consciencia. Tal vez la mujer había usado lo último de su fuerza para regresarlo a sus sentidos, o tal vez el irrevocable acto de atravesarla con un arma había producido tal conmoción que él había regresado por su cuenta.
Sin importar el cómo, ya era demasiado tarde. El hombre había asesinado a su amada con sus propias manos.
Todo lo que él había querido era proteger a esta mujer.
“Bua… jaja…” La mujer se sentía diferente. Ella rio, a pesar de las circunstancias—a pesar de ser traicionada por alguien en quien ella confiaba—aun así, rio. “No has cambiado… Todavía tienes el mismo viejo ceño fruncido… Qué hombre tan aburrido eres… Ríe.”
“¿Eh?”
“Sin importar lo que esté sucediendo… solo ríe.”
“Pero yo… Tú…”
“No me molesta,” le aseguró a él. “Eres demasiado serio… Demasiado amargado. Siempre aislándote en tu habitación…. Nunca bebiendo cerveza… ¡nunca durmiendo…! ¿Qué hay de divertido… en eso? Ríe un poco a carcajadas… duerme con algunas mujeres.”
“¿Mujeres?” Él sacudió su cabeza. “Pero yo… ¡yo estoy enamorado de usted!”
“Buajaja… pero ¿qué dices? Entonces deberías… tratar de ser más alegre… Haz eso y… me casaré contigo.”
“S-sí. Me esforzaré.”
“Muy bien… entonces, en nuestras próximas vidas, yo seré… tu prometida. Buajaja… Buaja…” La mujer rio hasta el mismísimo final. Sí, ella dejó salir una carcajada de corazón—una que hizo eco alrededor de ellos dos. “¡Buajajaja! ¡Buaja, buaja, buajajajaja!”
La luz los envolvió mientras sus vidas se desvanecían del mundo.
¿Hm? ¿Les parece extraña la luz? ¿Un poco demasiado perfecto? ¡Para nada! Ese desgraciado de Laplace había hecho explotar su cuerpo. Ese idiota rencoroso había pensado sobre qué hacer si era asesinado. Él había preparado un arte especial para ser usado a las puertas de la muerte, uno que repartiría las partículas más pequeñas de su cuerpo al morir—el Rasgo de Laplace—las cuales se esparcirían a través de toda la materia en el mundo, aguardando su hora. Desafortunadamente para él, el Dios Humano había ideado un plan para combatir esto. La técnica secreta que la armadura había usado contra él dejó su arte incompleto. Cuando su cuerpo se separó, la mitad del poder mágico que iba a usarse para realizar esta técnica se perdió. Se salió de control, explotando—una terrible, pero no total, destrucción. El inmortal Laplace murió.
Bien, bien, fue un poco más complicado que eso. Él fue separado en dos—en el Dios Demonio y el Dios de la Técnica respectivamente. Pero el ser que se hacía llamar Dios Dragón Demoniaco Laplace ya no existía. Fragmentos de él permanecían, pero el ser completo como tal estaba muerto.
En cuanto a nuestro protagonista—incluso aunque él había muerto, todavía era un demonio inmortal. Le tomó algunos años recuperarse totalmente, pero lo hizo. Hasta entonces, sin embargo, él permaneció inconsciente, perdido dentro del mundo de los sueños.
Fue ahí donde se volvió a encontrar con el Dios Humano.
“Jeje… ¡Jajajajaja!” El Dios Humano se rio burlonamente de él. “¿Rey Demonio de la Sabiduría? ¡Qué ridículo! ¡Bailaste en la palma de mi mano y mataste a la mujer que asegurabas amar! ¡No eres más que una marioneta sin cerebro!”
El Dios Humano lo sabía desde un comienzo. Él sabía que, cuando el hombre obtuviera esa armadura, lucharía contra Laplace, perdería la razón, y mataría a su amada. Él había engatusado a nuestro protagonista para confiar en él. Lo había manipulado. Sabía desde el mismísimo comienzo cómo terminaría.
“Ah, esto siempre es tan placentero, sin importar cuántas veces lo haga. Es la mejor sensación del mundo… ver la mirada estúpida en tu rostro ahora mismo. ¡Estaba esperando por esto!”
El Dios Humano humilló al hombre.
“Bueno, adiós. No creo que te vuelva a usar, pero de todas formas te deseo una vida larga, Oh, Rey Demonio de la Estupidez.”
Eso fue lo último que dijo el Dios Humano antes de desaparecer.
¿Y ahora quieres que yo, un Rey Demonio de la Estupidez, te eche una mano? demandó él, ahora que estaba de vuelta en ese vacío mundo del sueño.
“Sip. Bueno, verás, a diferencia del resto, eres un demonio inmortal. Tu amada todavía sigue con vida y ahora mismo estás disfrutando tu vida, ¿no? No guardas rencor, ¿o sí?”
Tienes razón en eso. Pero la historia podría ser diferente esta vez. Tal vez nuestro protagonista y su amada solo… desaparecen. Para siempre.
“No, vamos, eso no pasará. Estoy en un aprieto. No te perjudicaría en una situación como esa. Incluso me disculparé… Solo concédeme tu poder, ¿quieres? ¿Ves lo sincero que soy?” El Dios Humano—el ser que no era ni una mujer ni un hombre, que ni siquiera tenía una existencia corpórea suficiente para distinguir sus rasgos—bajó su cabeza.
Mm.
El gesto fue casual, llevando muy poca sinceridad a pesar de toda la insistencia del Dios Humano. Pero definitivamente era una disculpa. El Dios Humano difícilmente parecía ser del tipo que decía lo siento, dado que solo le importaba humillar a las personas. Ciertamente esperaría que presuma sobre sus fechorías, pero ¿disculparse? Es muy extraño. Aun así, aquí estaba él, bajando su cabeza.
¿Qué planeas hacer si no te concedo mi fuerza? preguntó el hombre.
“Entonces moriré. No inmediatamente, pero sí en el futuro distante.”
El hombre comenzó a contemplarlo. Sí, el Dios Humano lo había engañado. Seguir el consejo del Dios Humano había causado que su invasión de los humanos procediera a un ritmo más acelerado, despertando al león que dormía entre ellos. Más adelante, la armadura tomó posesión del hombre y causó que matara a la mujer que amaba más que a cualquier otra cosa en el mundo. El Dios Humano había jugado con su devoción, convirtiéndolo en una burla. Él sabía que el Dios Humano debe haber sabido lo que pasaría—debe haber previsto la mirada de desesperación en el rostro del hombre, la escena patética de él llorando mientras lo perdía todo. Se rio como si todo fuese un juego para él.
Él debió haber odiado al Dios Humano hasta el final de sus días.
Pero el orgulloso ejército del Rey Demonio ya no existía. El hombre ya no era un consejero táctico. Él no era más que un solitario Rey Demonio.
“Por si no lo recuerdas, sí te ayudé con ese hombre.”
Sí, estoy agradecido por eso, admitió nuestro protagonista.
“¿Ves?”
Ese consejo no había sido dado directamente a Badi, sino que llegó a él a través de alguien más. Un extraño le había ofrecido dos fragmentos de información, ambos llevándolo en una dirección prometedora. Fue solo después que el hombre pensó en preguntar al extraño cómo había obtenido la información. Este respondió, “Este dios que vi en un sueño me pidió que te la hiciera llegar.” La expresión del hombre se había vuelto amarga al escuchar eso.
Sin embargo, el hombre estaba agradecido. Ese consejo le había permitido ayudar tanto a una tribu de demonios que alguna vez habían residido en su región como al héroe que idolatraba. Este último se había visto muy feliz cuando se reunió con ellos. El hombre no olvidaría pronto la mirada en su rostro.
“Así que… Vamos, por favor,” suplicó el Dios Humano, bajando su cabeza una vez más.
Mmm.
El hombre siguió considerando el asunto. Incluso aunque el Dios Humano le había dado una pequeña ayuda, no podía eliminar los pecados imperdonables que había cometido. Por otro lado, ¿acaso había algo en el mundo que estaba completamente más allá de la redención? Tal vez para otras personas, pero él era un demonio inmortal. Él no lo había sabido en ese entonces, pero la mujer que amaba tenía un destino lo suficientemente fuerte como para que la muerte no pudiera contenerla. Ambos habían sobrevivido a ese miserable episodio.
Debería ser dicho que, si el hombre hubiese sido más joven, él habría rechazado inmediatamente la petición del Dios Humano. De hecho, él se habría aliado con su enemigo, esperando vengarse de toda la humillación y dolor que había sufrido.
Sin embargo, él había cambiado.
El Rey Demonio de la Sabiduría—el idiota engreído que era—estaba muerto. El hombre había entrenado su cuerpo, reído ruidosamente, dormido con mujeres, emborrachado, y dormido con su cuerpo desplomado en el suelo y ocupando tanto espacio como sea posible sin importar si a alguien le incomodaba. Él se había convertido en algo que realmente merecía a la mujer que amaba.
Él ya no era el Rey Demonio de la Sabiduría. No era tan débil y patético como para necesitar depender del consejo de un dios para proteger a su amada. Él ahora era el Rey Demonio Inmortal Badigadi, señor de Rikarisu—la ciudad donde los restos del Antiguo Castillo Kishirisu se elevaban hasta el cielo—y el rey de la Región de Biegoya. Él no era alguien que guardaba rencor por viejas trifulcas. Ahora era de mente abierta y magnánimo.
Un patético demonio sin ninguna fuerza lo había retado, y él había admitido la derrota. Para colmo, su enemigo jurado además había venido a ofrecerle una disculpa. Él no tenía opción.
¡Buajaja! ¡Muy bien! ¡Si insistes tanto, entonces supongo que te ayudaré!
“¿Lo dices en serio? ¡Ugh, eso sí que es un alivio!”
Y así, Badigadi se convirtió en uno de los apóstoles del Dios Humano.
¿Y bien? ¿Quién es tu enemigo? preguntó Badigadi.
“Nuestro enemigo es el Dios Dragón Orsted.”
Ajá.
El Dios Humano agregó, “Pero a quien realmente debemos derrotar es a su subordinado, Rudeus Greyrat.”
¿El chico con una ridícula reserva de poder mágico?
Badigadi solo había pasado un corto año con Rudeus. Kishirika le había contado del chico cuya reserva de poder mágico sobrepasaba incluso a la del Dios Demonio Laplace, y eso había captado su interés. Él estaba ansioso de encontrarse con Laplace una vez que su reencarnación apareciera. Al final, el chico no había sido Laplace; él simplemente poseía un poder mágico increíble. Era una rareza, pero aparte de eso era normal.
¡Buajajaja! Así que ese chico se ha convertido en subordinado del Dios Dragón, ¿eh? ¿Qué debe haber sucedido para convertirlo en el chico de los mandados de ese hombre frío? ¡Qué interesante!
El Dios Humano se encogió de hombros. “No me preguntes a mí. No tengo idea.”
Hmph. No te creo. Apuesto a que engañaste al chico y lo convertiste en un demonio vengativo, ¿no?
“Bueno, sería una molestia explicarlo todo, pero… Sí, supongo que no te equivocas.”
¡Buajajaja! ¡Entonces cosechas lo que siembras! El hombre dejó salir una risa de corazón, burlándose del dios de la misma forma que el dios se había burlado de él en el pasado.
El Dios Humano se veía particularmente molesto por ser ridiculizado. Aun así, él no tenía más opción que tragarse su descontento. Badi había accedido a convertirse en su peón, así que él tenía lo que quería.
“No importa,” dijo el Dios Humano. “Geese es quien vendrá con los detalles. Tú solo necesitas cooperar con los otros apóstoles y guiar a Rudeus a una trampa.”
¿Sí? ¿No vas a luchar contra él de manera justa?
“De ser posible, es mejor ganar sin una confrontación frontal. ¿No estás de acuerdo?”
Si él hubiese sido el mismo hombre que se había hecho llamar el Rey Demonio de la Sabiduría, entonces probablemente habría asentido sin dudarlo. Sin embargo, él ahora era el Rey Demonio de la Estupidez—el Rey Demonio Inmortal Badigadi. Era del tipo que dejaba a su oponente atacar primero, soportaba el golpe, y luego lo regresaba con uno propio para derrotar a su enemigo. Rudeus lo habría comparado con un luchador profesional.
No me agrada, dijo el hombre.
“Viendo cómo eres ahora, supuse que dirías eso. Aunque lo entiendes mejor que nadie, ¿no? Que, si tratas de enfrentar al Dios Dragón en una lucha justa, no tienes oportunidad de derrotarlo.”
Sip, absolutamente ninguna posibilidad.
El Dios Humano continuó, “Es precisamente por eso que me gustaría que te dirigieras a una cierta ubicación por mí y recuperes algo.”
Asumo que no quieres que atraviese un ejército humano, pase a través de más de diez bosques, cruce más de cinco ríos, escale más de tres montañas, atraviese un valle de profundidades desconocidas, una pradera sumergida en una tormenta de nieve, y escale la montaña más alta del mundo… ¿o sí?
“No, nada así. Solo tienes que cruzar el océano. Eso es todo.” El Dios Humano sonrió después de decir eso. “Por supuesto, lo que te estoy pidiendo recuperar es algo con lo que ya estás bastante familiarizado.”
Badigadi instantáneamente supo lo que descansaba en las profundidades del océano. Algo que debió haber detestado con todo su ser. Pero si iban a vencer al Dios Dragón, sin mencionar tener esperanzas de matarlo, entonces eso sería absolutamente necesario.
Mmm… Bien. ¡Lo haré! Badigadi solo pasó un momento reflexionando sobre el asunto antes de acceder.
Después de todo, él era el Rey Demonio Inmortal Badigadi—el prometido de Kishirika. No era tan mezquino como para preocuparse por los detalles. Él había accedido a servir a Geese si él podía derrotarlo en un concurso de bebidas. Había hecho un pacto y recibido su disculpa, así que estaba bien.
Para un Rey Demonio, un contrato era absoluto. Tal vez eso parecía superficial en vista de que el Dios Humano todavía era un mentiroso, pero el hecho era que él había accedido a esto. Si el Dios Humano quería que él recuperase esa detestable cosa, traerla de regreso, y usarla para derrotar a sus enemigos, entonces no había nada de qué dudar.
¿Y no tienes ningún otro consejo para mí? preguntó el hombre.
“Por desgracia, mi visión cuenta como un ojo demoniaco. No puedo ver tu futuro, ya que bebiste el elixir Anti-Ojo Demoniaco.”
¡Ajá, ya veo! ¡Buenas noticias para mí! ¡Después de todo, la vida sería aburrida si pudieras ver exactamente cómo termina! ¡Buajajaja!
Badigadi estaba realmente feliz. Mientras más sincera fuera su risa, el rostro del Dios Humano más se retorcía del descontento.
“Puede que no sea capaz de ver tu futuro,” dijo el Dios Humano, “pero puedo ver el futuro de otro hombre. Él tal vez no es tan inteligente como tú, pero lo suficiente, y él puede luchar incluso aunque no es físicamente fuerte. Sigue sus instrucciones.”
Buajajaja, ¿te refieres a ese hombre flacucho con cara de mono? ¡Muy bien! ¡Seré su mano derecha para ti!
“Excelente. Así que, Rey Demonio de la Sabiduría Badigadi—”
No, corrigió el hombre, Yo ya no soy ese hombre. ¡Soy el Rey Demonio de la Estupidez—el Rey Demonio Inmortal Badigadi!
“En ese caso, Rey Demonio Inmortal Badigadi, te confío esto.”
El hombre asintió vigorosamente. ¡Sí, puedes dejarlo en mis manos! ¡Buaja! ¡Buajaja! ¡Buajajajajajajaja!
Su reunión había concluido. La visión de Badigadi se tiñó de blanco, con su propia risa resonando en sus oídos.
¡Buajajajaja!
Él observó el evidente rostro de desagrado del Dios Humano con gran placer, e incluso mientras su consciencia se desvanecía, su risa no lo hizo.
Notas de los lectores
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